Décima Escena.
El mundo no se detenía pero, si se lo preguntaban, Yamato sentía que sí lo hacía cuando Tai se atrevía a cosas así.
Velocidad.
Tal vez, de una vez por todas, debía de dejar la banda...
Y no que les estuviera yendo mal pero los años estaban pasando y la popularidad que tenían no despegaría si acaso no ponían toda su concentración en ello; en teoría no lucía como algo complicado pues sólo tenía que tocar y componer canciones, ambos cosas le gustaban y sabía que podría vivir de ellas.
Era igual, o muy parecido, para sus amigos.
Sin embargo, convertirse en profesional implicaba viajar y alejarse de casa; significaba pasar menos tiempo con Tai y también que su vida privada se convertiría en pública.
Año atrás, definitivamente pensaba en volverse famoso y jamás abandonar esa vida pues le gustaba la música y si podía aferrarse a ello se sentiría satisfecho con su persona; a la fecha seguía adorando el componer y tocar pero, ahora estaba Tai.
Finalmente estaban juntos, se encontraban bien, y venían labrando un largo camino -superando obstáculos- para abandonarlo todo como si no importara.
La banda resultaba importante pero Tai lo era mucho más.
Mientras caminaba, con el bajo colgando a la espalda, la infaltable sonrisa confirmando aquello apareció en su rostro ni bien leyó el mensaje que acababa de recibir.
"Estoy en el café, te espero."
Inconscientemente se encontró apresurando los pasos en esa dirección; si abandonaba el grupo, no perdería el cariño que le tenía a la música y seguiría tocando aunque no diera ese salto a la fama.
Su vida con Tai, valía más que ser un músico reconocido.
Eso, le era muy claro...
Y cuando finalmente dobló en la esquina del café, se encontró al moreno recargado en una motocicleta; Tai estiró el brazo y le saludó efusivamente para llamar su atención. Cómo si no le viera, pensó rodando los ojos. En esas últimas semanas, un poco más de un mes, Tai estaba más extrovertido cuando se trataba de expresar sentimientos aún estando en el exterior.
–¿Y eso? –inquirió, apuntando al armatoste.
–Es una nena...
–¿Montas una nena? –se burló.
–Calla –le pasó un brazo por los hombros–, te dije que era un buen trabajo –Tai recalcó aquello con gran orgullo.
Y aunque no se lo esperaba, el chico le plantó un beso en la mejilla a plena luz del día y en medio de la calle. Aquella no era precisamente una hora pico pero las mesas junto al ventanal de la cafetería se encontraban ocupadas y nunca faltaban las personas que esperaban el cambio de luz en las esquinas, o que se estacionaban y bajaban de sus autos.
El mundo no se detenía pero, si se lo preguntaban, Yamato sentía que sí lo hacía cuando Tai se atrevía a cosas así.
–¿Seguro que sabes conducir esto?...
–¡Claro! –el moreno sonrió entusiasmado–. Es igual que un auto pero sin puertas, un asiento y sólo dos llantas.
–Idéntico...
Yamato arqueó una ceja, mirándole con cautela. Tai no era el mejor conductor del mundo y, a decir verdad, él tampoco..., les faltaba el auto para practicar e ingresos para conseguirlo.
–Anda –le insistió–, no la puedo dañar o tendría que pagarla.
–Y nuestra cuenta del hospital –agregó.
–Yama –Tai le observó, firme en sus palabras–, sólo póntelo.
El moreno hablaba como si la motocicleta se tratara de un juguete nuevo y, en teoría, lo era; aquella mañana cuando le contó que le habían hablado para una entrevista de trabajo, jamás imaginó que el dichoso trabajo implicaría darle un medio de transporte.
Menos uno como ese.
¿No podía ser un auto?, y no quisiera quitarle diversión a Tai o ponerse exigente pero... sí que lo consideraba muchísimo más seguro; al menos había una coraza de metal protegiéndoles y no simplemente irían sobre varias toneladas de metal.
Con el casco extra entre las manos, Yamato suspiró y terminó colocándoselo antes de subir a la moto.
–Ve con cuidado –pidió–. ¿Sí?
–Ok
El motor ronroneó, palabra que seguro el moreno usaría, pero su breve instante de relajamiento se quedó varios metros atrás cuando Tai pasó de cero a cien kilómetros por hora. Se aferró a éste, sintiéndose que la escena había sido arrancada de alguna de esas películas de acción o, en todo caso, de los doramas que de vez en cuando terminaba viendo con Hikari.
Igual de vergonzoso...
–¿Yama?
En medio del zumbido en los oídos, a causa del viento, escuchó la voz de Tai.
–Abre los ojos y no te sueltes...
Pensó en hablar pero al darse cuenta de que el moreno tenía razón, y sabía lo que él estaba haciendo aún sin poder verle, simplemente obedeció; por rápido que fueran y por peligroso que resultara, no iba solo ni carecía de dirección.
Ese viaje era, precisamente, como su relación.
Y aunque llevaba mucho tiempo creyendo que él tenía más control, acaba de darse cuenta de que no era sí; Tai estaba a su lado, eran iguales, y como ahora... también había momentos en los que debía de ceder.
Ceder, sin miedos ni recelos pues Tai no se iría.
Y él, tampoco.
oOo
Dos meses más y, junto con el año, se termina la historia; el siguiente capítulo será dramoso.
PD: Y sip, Yama ve doramas con Hikari -pero, es un secreto- xD~
