Doceava Escena.

Las voces llenando el departamento y la risa de Tai, valían las horas en la cocina y el romper con su rutina.


Resoluciones

–¡Oh! –el chico dudó–. Entonces, ustedes…

–¿De verdad?

La novia de Mark, tras preguntar, alcanzó a sonreír pero éste miró a uno y luego al otro, como si no terminara de entender de qué manera y en qué momento había ocurrido algo así; quizás por eso, Tai arqueó una ceja apresurándole para atar cabos y salir de esa incómoda conversación. Si bien no lo estaban ocultando, tampoco había necesidad de gritarlo a los cuatro vientos y sin duda aún le ponían un poco irritable los encuentros y cuasi interrogatorios como aquel.

Al día siguiente, siendo Mark un compañero de soccer, quizás todos lo sabrían. Si no es que antes, Tai arrojaría el teléfono por la ventana si comenzaban a llegarle mensajes raros; augurando su enfado, Yamato se había acercado para dar un apretón sobre su mano y recordarle que seguía ahí.

–Estamos juntos –declaró el rubio.

–Oh, ya…

Pero Mark no parecía salir de su asombro, y no estaba siendo muy elocuente para agregar algo más; la chica que le acompañaba tuvo que darle un ligero pero evidente codazo para que reaccionara.

–¡Ah! ¡Sí! ¡Sí! Debía de ser obvio…

–¿Obvio? –Tai arqueó una ceja–, pues te estás viendo ligeramente lento…

–¡Eh!, amigo…

Mark se encogió de hombros y Tai rodó los ojos, consciente de que estaba innecesariamente a la defensiva; en ocasiones aún le ocurría pero, poco a poco, lograba darse cuenta de ello y frenarse a sabiendas de que no siempre ocurriría lo mismo y de que no todas las personas reaccionaban igual.

Y sí, en el camino habían perdido un par de amigos y descubierto quienes eran incondicionales…

Eran cosas que pasaban, algunas dolían, pero no desaparecían lo que él sentía por Yamato y el hecho de que querían estar juntos; por eso ya no le preocupaba darse algún fugaz beso en público o andar de la mano si acaso lo deseaban, eran pareja y no se avergonzaría de ello.

Si alguien les veía, no tenían nada que ocultar.

–Bien por ustedes –agregó Mark, dándole dos palmadas al hombro de Tai–. Se nos hace tarde para el cine, nos vemos en el entrenamiento…

Ambos se despidieron, la chica les sonrió, y fue Yamato quien tuvo que mover al moreno para arrancarle de sus pensamientos.

–Vámonos, o te juro que huiré antes de que digas "Cena de Navidad" otra vez…

–¿¡Qué! ¡No te atreverías! –afilando la mirada, Tai le siguió–. De los dos, eres el único que sabe cocinar…

–Te lo he dicho, puedo enseñarte...

Arrugando el entrecejo, Tai hizo un mohín.

–El próximo año –alegó sonriente–, ¿bien?

–Supongo.

Pero aún así, Yamato rodó los ojos consciente de que seguiría cocinando porque al moreno le gustaba su comida y esa era razón suficiente para continuar con el hábito hogareño…, aún cuando el otro aprendiera a entrar a la cocina sin quemar algo o herirse en el proceso.

oOoOoOo

Tenían toda la vida por delante pero si meses atrás Tai le hubiera dicho que estaría cocinando una suntuosa cena para Navidad, Yamato se hubiera reído con toda la sinceridad del mundo alegando que él no acostumbraba esa clase de cosas y que no, si apenas podía estar de invitado en una, no lo haría y menos invitaría gente a su hogar.

Navidad era como cualquier otro día, sobre todo para ellos que no creían en el significado religioso del asunto; un simple pretexto para reunirse con la familia y los amigos, un motivo para comer y charlar poniéndose al día.

Y ahí estaba él, contribuyendo a propagar una festividad occidental.

Yamato suspiró y revisó el horno una vez más, se había bañado y vestido pero llevaba buena parte del día ahí y eso era lo último que le faltaba para tener la cena lista y poder irse a dormir… o, a escaparse por la ventana si el ambiente festivo y la convivencia obligada le asfixiaban.

Solía pasar esa fecha en casa, a veces con su padre, pero sin ninguna clase de alboroto; las cenas con la familia Yamagi habían estado bien, pero no habían sido tantas como para que él pudiera acostumbrarse y emocionarse como Tai.

En realidad lo hacía por éste, Yamato lo sabía.

–No puedo creer que hayas comprado eso –murmuró, al mirarle.

–¿Por qué no? –alegó sonriente–, luce bien ¿eh?

El chico arreglaba la pecera y ésta había pasado de ser una esfera con piedritas y un par de plantas, a ser un acuario demasiado grande para dos pescaditos (probablemente llegarían más y ojalá no fuera a modo de regalo navideño). Pero más importante que eso, era la decoración navideña de la nueva pecera… piedras rojas y verdes, una casita que parecía la cabaña de Santa Claus, bastones de caramelo y cosas diversas que hacían ver el ambiente empalagosamente festivo.

Justo como la esquina de la casa en donde estaba el árbol que Tai había comprado y arreglado con ayuda de Yamato, aunque el rubio se limitó a pasarle las esferas y escucharle hablar sobre cómo se hacían esa clase de cosas.

Yamato, sin darse cuenta, seguramente había arrugado la nariz con el sólo recuerdo.

–¡No seas gruñón! –Tai soltó la replica pero le rodeó por la cintura–. Es parte de la cena…

–Uhm…

Al rubio bien podía no gustarle celebrar a lo grande, le bastaba una cena con Tai y ya, pero no pudo evitar sonreír al sentir la barbilla del moreno en su hombro y el abrazo firme en torno a su cuerpo. Sí, Yamato tendría que admitirlo, todo eso no estaba tan mal.

No era la cena de Navidad que Tai acostumbraba en casa de sus padres pero, aquella también era una cena en su hogar.

–¿Crees que vengan? –inquirió.

–Si no lo hacen, tendremos comida para todo el año…

Sin embargo, Yamato suspiró, esa no era una respuesta real; la pregunta de Tai era difícil de responder pues aunque les habían invitado aquella conversación tampoco acabó bien, e Hikari les había dicho que los Yagami aún estaban algo tensos con todo el tema.

–No te preocupes –añadió–, hay otra cena para Año Nuevo, ¿no es así?

Y vendrían más, que siempre estarían abiertas para recibirles.

–¡Oh!, ¿y cocinarás? Vi una receta que…

Un beso, eso fue lo que hizo callar a Tai.

Yamato le había tomado por sorpresa y aunque Tai estaba al tanto de que éste pretendía cambiar de tema, sintió el grato cosquilleo de los dedos ajenos en su cuello y prefirió besarle que hablar.

–Cocinaré.

–¡Genial! –la emoción era palpable en la voz de Tai–. Hay una semana para comprar las cosas, y…

–No hay prisa, además –de sólo pensar en la cocina, el rubio suspiró–. Ya verás cuanto va a quedar de hoy.

Tai ladeó la cabeza, restándole importancia, y simplemente se pegó a Yamato delineándole la espalda con los dedos pues, aunque fuera un truco bajo, sabía que el otro se rendía más fácil ante un mimo como aquel.

–Sabes que te amo –le acarició la nuca para poder terminar de hablar–, ¿verdad?

–Ajá, creo que lo he escuchado un par de veces…

–Oh, ¿sí? –Tai sonrió y se encaramó un poco más–. Y también sabes que te gusto más cuando me pongo muuuuy cursi, ¿cierto?

Yamato le dio un ligero empujón, separándose con fingida indignación pues iba a defenderse alegando que Tai tenía momentos cursis sin su ayuda, cuando el timbre rompió el momento y les regresó a la realidad de la pregunta que, repentinamente, ya no era tan aterradora.

Si los padres de Tai llegaban bien, y si no…

–Anda –pasando una mano entre el cabello, le pidió el favor a Tai–. Te toca abrir.

–Vaya anfitrión que eres…

El rubio no negó el reproche y sólo observó como Tai, su pareja, se arreglaba sin notarlo mientras caminaba rumbo a la puerta, anunciando -a gritos- que ya abriría; por su parte, sonrió al verle más animado y supo que no debía de preocuparse tanto.

Si los padres del chico no llegaban, y aunque sonara cruel, podrían vivir con eso.

Eran ya adultos, en poco menos de un año terminarían la universidad. Tai los extrañaría y él lamentaría la brusca separación pero, había personas que no entendían lo que tenían…, y sería absurdo separarse por problemas que no eran de ellos y que no estaba en sus manos cambiar. Cuando se amaba de esa forma, como Tai y él lo hacían, perderse el uno al otro sería desgarrador.

Las voces llenando el departamento y la risa de Tai, valían las horas en la cocina y el romper con su rutina.

Además, lo habían superado ya todo…

–¡Yama!, ven...

… incluso, las diferencias del vivir en pareja.

FIN


Uhhhhhhh, ¡llegamos al final! (está de más decir que nunca había hecho un fic tan largo y me siento orgullosa de haberlo concluido xD). Tai y Yama han crecido como pareja y, bien, el mundo no es color rosa pero se aman y están dispuestos a enfrentar los retos de la vida~… bajo esa idea, y leyendo de principio a fin, creo que cumplí mi cometido (aunque dicho de esta forma sonó bastante cursi).

Han sido doce meses muy largos, con un par de atrasos mensuales de mi parte pero con la historia terminada justo al acabar el año. Gracias a los que han leído desde el principio y a los que se sumaron en el camino, espero les haya gustado.

Sin más que decir, se agradecen los reviews como retroalimentación para mejorar.

Oh, y Feliz Año Nuevo~

PD. Por cierto, ¿qué dirían si para el 2012 me acompañarán con la precuela de esta historia?