Título: Segundas Oportunidades.
Declaimer: Mobile Suit Gundam: Iron Bloded-Orphans no me pertenece si no a sus respectivos creadores.
Advertencias: AU. Ciertos personajes si vivieron.
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La guerra contra el director Rustal y su sección Arianrhod había finalizado con importantes bajas para los miembros de Tekkadan. Luego del fallido intento de Shino por derribar la nave principal, apenas si pudieron resistir el intento de asesinato hacia Orga. Incluso a duras penas lograron operar después de que su base fuese prácticamente destruida. La victoria se adjudicó a la sede terrestre de Gjallarjonrn. Los miembros que lograron escapar, se dedicaron mayoritariamente a trabajar en la granja de la señora Sakura, a esperas de que tanto su líder como el resto de pilotos Mobil Suits se recuperaran.
Tanto Mikazuki, como Akihiro y Shino, se encontraban delicados en un hospital secreto al que Tekkadan se había aliado durante los primeros meses de mandato de Orga, pero, dadas las profundas e importantes heridas de los tres jóvenes, no había prontas esperanzas de que despertaran pronto. El golpe hacia la organización fue duro, quizá el más grande que hayan recibido, ya que muchos de los integrantes al notar las condiciones deplorables en las que se encontraban no dudaron en entrar en pánico. Afortunadamente, Eugene manejó la situación de la forma más profesional que consideró.
El arduo trabajo de la señorita Kudelia rindió sus frutos, y actualmente, el grupo Tekkadan pudo volver a operar bajo estrictas reglas, ya que no podían atentar contra todos los convenios de derechos por los cuales la rubia luchó tanto. Su principal función actual, era proteger a Marte de posibles enemigos que los asediaran.
Mientras la base estaba en proceso de construcción, el trabajo era de nunca acabar, especialmente para la sección mecánica. Esta debía colaborar no solo con las reparaciones ordinarias, sino también velar por los tres Gundam que prácticamente quedaron destruidos por la batalla. Uno de los que más peso tenía era Yamagi. Al rubio, por ser quien más conocimientos adquirió de las legendarias máquinas, le fue encomendada la tarea de rearmar todos los Mobile Suits propiedad de la organización, pero, además, instalar mejoras y actualizaciones. Desde que iniciaron había estado trabajando por días enteros, con apenas unos escasos espacios de descanso.
Sin embargo, para el rubio, todo ese sobrecargo físico no era nada comparado con el desgaste mental que sentía. Cuando creyeron que Shino había muerto, Eugene le reveló que el castaño conocía los sentimientos que tenía por él, lo cual aceptó. Lo aceptó porque pensó que ya no lo vería más, pero al sobrevivir las cosas serían distintas. Shino sabía que él – un chico – lo amaba, lo cual, a su percepción, tornaba las cosas un poco incómodas para el rubio. ¡Incluso podría decirse que Shino lo rechazó al decir que era imposible por considerarlo familia! ¡Rayos! Jamás en su vida podría darle la cara nuevamente al chico.
Quizá exageraba en cuanto a su reacción, es decir, Shino era una persona amable, era la luz de Tekkadan, pero incluso con todas esas características que tanto amaba, sabía que al castaño podría llegar a incomodarlo, más tomando en cuenta su excesivo gusto por las chicas.
Tener todas esas cosas en mente lo estaban enloqueciendo, y eso que Shino ni siquiera había salido del hospital.
-¡Oye Yamagi! – la voz del señor Kassapa lo sacó de su tortuosa cavilación.
-¡S-Si! – respondió el rubio con interés.
-Necesito que vengas conmigo al hospital. Orga despertó ayer por la tarde y según lo que me comunicó Eugene, quería vernos a ambos.
En cuanto el hombre mayor terminó de hablar, Yamagi sintió todas sus alarmas encenderse. Si iban al hospital eso quería decir que Shino estaría también ahí. ¡Él definitivamente no estaba listo para explicarle al castaño las razones de por qué se comportó de la manera en que lo hizo durante los últimos momentos que estuvieron juntos!
-P-Pero…¿quién quedará a cargo del sector mecánico? – preguntó con la primera excusa que se le vino a la mente.
-Déjalo así, continuaremos después. Dante y Chad quedarán a cargo mientras no estamos. – finalizó su jefe sin darle muchos espacios para intentar replicar.
Al final, la señora Merribit fue la encargada de llevarlos a ambos al hospital. Durante el trayecto, sus pensamientos lo empezaron a sofocar, incluso estaba sudando de los nervios. Quería y no quería ver a Shino. Nada lo hacía más feliz que el hecho de que estuviera vivo, pero ya con un rechazo era suficiente, no aguantaría otro más.
Luego de unas horas más de viaje, llegaron a las instalaciones médicas. La rubia los guio directamente a la habitación donde se encontraba Orga. Conforme se acercaban, lograron notar ruidos desde el pasillo, no había que ser un genio para saber de quiénes se traban: Orga y Eugene estaban discutiendo.
Cuando el señor Kassapa ingresó, arremetió contra ambos jóvenes por lo irresponsables que eran. Ninguno consideraba que estuvieron al borde de la muerte.
-Demonios…no sobrevivieron para esto. – exclamó el moreno con molestia.
-Lo sentimos mucho. – se disculpó el líder de Tekkadan con un gesto de genuino arrepentimiento.
-La mayor disculpa que nos puedes dar, jefe, es recuperarte. – comentó la siempre cálida Merribit haciendo que el moreno menor se sonrojara.
Orga era fuerte en muchos aspectos, pero definitivamente uno de sus puntos débiles era esa mujer y sus actitudes de…eso, mujer. Yamagi por su parte, se mantenía al margen de la conversación, se enfocaba en evitar a toda costa cruzarse con el castaño.
-Y bien, Orga ¿de qué querías hablar? – nuevamente el mayor tomó la palabra.
-Eugene me dijo que todas las máquinas quedaron en un estado deplorable. ¿Han podido reconstruirlas? – el chico de cabellos blancos miraba con seriedad a los dos representantes mecánicos.
Luego de emitir un suspiro cansado, el viejo le cedió la palabra a Yamagi para que este explicara con mejor detalle la situación actual de las máquinas. El rubio, dio un paso al frente y empezó a detallar uno por uno las necesidades que cada Mobile Suit tenía, así como las limitaciones y problemas que habían tenido dada la escasez de materiales y presupuesto.
-Eso no es todo. – continuó el rubio – Las máquinas que tienen mayores problemas son los tres Gundam. No es solo el hecho de reconstruirlas, necesitan otras actualizaciones al sistema, también mejoras, pero desafortunadamente no hemos podido hacer mucho. No tengo el conocimiento suficiente.
Otra de las cosas que molestaba a Yamagi, era el hecho de no tener tanto conocimiento sobre los Gundam. Con Flauros trabajó muchísimo, pero aún así, no logró entenderlo a la perfección. Había conocimientos que se escapaban de su compresión, lo cual le generaba muchísima frustración, así no podría proteger a los miembros de Tekkadan.
-Eso nos genera un problema más, Orga. Sumado al hecho de que ni Mikazuki, Akihiro o Shino han despertado. – recordó Eugene. En estos momentos, estaban muy vulnerables.
-¡Maldición! – exclamó el peliblanco – así que hasta aquí llegamos…
-Eso no es cierto. – intervino el señor Kassapa llamando la atención de los presentes – Estuve conversando con el viejo mecánico de Teiwaz. Mencionó que MGuillis Fareed les permitió acceso a las bases de datos de Gjallarhorn durante la alianza que creó con Tekkadan antes de morir. Ahí tienen información valiosa sobre los Gundam, el único problema es que…él viejo se dirige a la tierra y estará un largo tiempo allá. Quizá si uno de nosotros va, podría solucionar el problema con los Gundams.
-¿Ir a la tierra? – preguntó Merribit con pánico. Si su amado se iba a la tierra no lo vería por un largo tiempo.
-¿Crees poder ir? – preguntó Orga con preocupación. No pasó por alto el gesto de la rubia.
-Será difícil que un viejo como yo entienda el sistema Gundam. Estaba pensando en Yamagi.
El aludido abrió los ojos con sorpresa. ¿En serio el jefe quería enviarlo a él? Francamente no se creía merecedor de tal honor.
-Yamagi…es tu decisión. – la mirada suplicante de Orga lo intimó. Por un lado, sabía que la oportunidad era única. Como mecánico profesional, aspiraba tener un conocimiento basto, especialmente sobre los Gundams – sobre Flauros – que le permitiera ser de mayor provecho para sus amigos, pero por el otro, sería no ver a Shino por una larga temporada. Aunque…quizá era mejor que tomara la opción, de seguro Shino se sentiría incómodo con él ahí.
-¡Acepto! – respondió con firmeza. Eugene notó el semblante dudoso del rubio. A diferencia de los presentes, él si estaba enterado de la compleja situación sentimental que rodeaba a su mejor amigo y al mecánico. Apostaría lo que fuera a que Yamagi aceptó irse con tal de evitar a Shino, pero bueno, no lo culpaba; Shino ni siquiera tenía conocimiento sobre sus propios sentimientos hacia el mecánico. Quizá lo mejor para el muchacho era olvidarse de su amigo y cambiar de aires.
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3 años después.
En el ahora no tan desértico Marte, se podía observar un complejo edificio; en su parte más alta, se alzaba campante y orgullosa una flor pintada en blanco, que contrastaba con el resto de tonos grises y negros. Se podía observar a un grupo de jóvenes venir de aquí para allá, laborando arduamente.
Durante los primeros meses, la recuperación del trío fue lenta. El primero en despertar fue Akihiro, posteriormente Mikazuki y finalmente, Shino. Los tres, tardaron alrededor de año y medio para lograr reincorporarse a las labores ordinarias de Tekkadan. Mikazuki se instaló con Atra y Kudelia cerca de la casa Sakura, ahí, los tres se encargaban de criar al retoño que pertenecía a los tres. Si, ellos convivían en una especie de poligamia que ninguno en la organización se atrevía a cuestionar. Por su parte, Akihiro, seguía siendo el mismo, con la diferencia de que, ocasionalmente era visitado por la señorita Lafter. Esta última había sido otra que estuvo a punto de morir por culpa de las acciones de Iok Kujan. Afortunadamente, sobrevivió y estaba al mando de las Turbines en compañía de Azee y Eco.
Shino siguió siendo el mismo de siempre. A concepto de Eugene, seguía siendo el bullicioso de siempre, con la única diferencia de que ya no visitaba los buldeles locales. Ese cambio en la actitud de su mejor amigo era de las cosas que más le había llamado la atención; aunque bueno, al menos él ya se intuía por dónde iba la cosa.
Cuando Shino despertó, la primera palabra que pronunció fue "Yamagi". Acto seguido, no dejó de preguntar por el chico mecánico, hasta que él intervino explicándole la situación. La reacción del castaño fue de genuina molestia, algo que lo sorprendió. Desde entonces, Shino evitó buscar mujeres.
Un sonido violento, sacó al rubio de sus pensamientos. Finalmente, los tres muchachos habían podido volver a conectarse a los Gundams, sin embargo, estos continuaban fallando.
-¡Rayos! – exclamó el viejo Kassapa mientras se acercaba a Eugene y juntos esperaban a Shino.
-No hay manera. – se quejó Shino – Ryusei-Go no responde. Cada vez que me conecto a él siento como si estuviera dormido o no quisiera despertar.
-Por lo visto Flauros se niega a que alguien, que no sea Yamagi, lo toque. A diferencia de Barbatos y Gusion, este ha sido el que más problemas causa.
-A lo mejor Ryusei-Go quiere a Yamagi. – soltó mordaz Eugene. Su oración – cargada de absoluto doble sentido – causó la molestia en su amigo. ¡Ah si! Lo había olvidado. Eugene le confesó a Shino, que le había revelado su anterior conversación a Yamagi. Este hecho hizo que Shino lo golpeara, alegando que él no debía meterse entre su persona y Yamagi.
-Ah si es. Hasta que Yamagi no vuelva, estamos estancados. – finalizó el hombre mayor.
Shino miraba con detenimiento la enorme máquina. Desde que volvió a verla, no podía evitar imaginar a Yamagi sobre ella consintiéndola. Ese Gundam era más de Yamagi que suyo, incluso en las grabaciones que extrajo de la máquina, pudo escuchar las veces que Yamagi hablaba con él. Desde que despertó lo único que todo su ser le pedía era ver a Yamagi, sentía que en ocasiones dejaría de respirar si el rubio no volvía.
-¡Hola a todos! – saludó Orga – Veo que de nuevo Flauros sigue dando problemas.
El joven de elegante traje se acercó al trío. Mientras el resto lo ponía al día sobre las nuevas fallas, el sonido de unos gritos infantiles los interrumpió:
-¡Ryusei-Go! ¡Es el titán Ryusei-Go! – una niña morena de escasos cuatro años se sostenía a duras penas del barandal. Miraba con ilusión a la máquina y no dejaba de repetir la frase una y otra vez.
-¿Eh? ¿Qué hace esta niñita aquí? – preguntó Shino mientras se acercaba amistosamente a la pequeña. – Oye linda, ¿tú quién eres?
-Mi nombre es…
-¡Lila! – otro grito llamó la atención de los presentes. Shino miró con confusión al recién llegado. No lograba identificar bien de quién se trataba, pero se quedó totalmente embelesado al detallarlo mejor. Era un joven de una altura promedio – aunque más pequeño que él definitivamente – de tez blanca, ojos celestes y cabellos rubios amarrados en una coleta. Vestía un traje mecánico en tono palo rosa y se notaba algo agitado. – Te dije que no te alejaras de mí.
-¡Papa Yamagi!
-¿Papa Yamagi? – preguntó Eugene incrédulo. - ¡Esperen! ¡¿Yamagi, eres tú?! – ninguno se podía creer la nueva imagen. Es decir, el viejo Yamagi y este eran totalmente distintos. ¡Incluso tuvo una hija!
-¿Eres tú, Yamagi? – cuestionó el viejo Kassapa. Vaya, ese chico si había crecido.
-C-Claro que soy yo. No entiendo de qué se sorprenden tanto, avisé a la señorita Merribit que volvería a Marte hoy. – exclamó molesto el chico. No se creía tal recibimiento.
Los ojos celestes recorrieron a cada uno de los presentes, deteniéndose justo en los orbes cafés de Shino. Yamagi sintió todo su cuerpo temblar, era Shino. El castaño lucía muy distinto a como lo recordaba; estaba más grande, más varonil, pero lo que más le llamó la atención, era las cicatrices que sobresalían de su cuello y brazos. Sintió una punzada de dolor en su pecho.
-Acabo de recibirlo. Se unirán al equipo mecánico mañana temprano. – advirtió el peliblanco. – Yamagi vino con otras dos personas.
-¡Ah! Yamagi, ahora eres un representante de Kassapa, lo había olvidado. - ¿Qué rayos pasaba ahí? ¿Acaso estaban en un universo paralelo? Eugene miró de reojo a su amigo con el fin de expresarle su confusión, pero rápidamente se dio cuenta de la mirada perdida que este tenía. Estaba totalmente absorto mirando al rubio.
-¡Así es! Mis subordinados y yo, nos pondremos al corriente. Definitivamente haré que los Gundams reaccionen. – comentó con confianza el chico.
-¡Papaaa! ¡Es Ryusei-Go! – nuevamente la niña interrumpió. Estaba emocionada, su querido papá Yamagi le había contado que el logo en su espalda pertenecía a un legendario Gundam Flame llamado Flauros, pero que su piloto, el caballero más radiante de todos, lo había bautizado Ryusei-Go. Al notar que el hombre alto de cabellos castaños llevaba puesto un traje de piloto, sus ojitos se abrieron con renovadas ilusiones. - ¡Oye, oye! ¿Tú eres el caballero? ¡Dime si eres el caballero!
Cuando al fin Shino quitó su mirada del rubio, la dirigió a la pequeña criatura. Yamagi se sonrojó, no pensó que Lila diría algo como eso, menos frente a Shino.
-¡Así es! ¿Conoces a mi Ryusei-Go IV? – esa pequeña era adorable. Por lo visto Yamagi siguió con su vida. Eso hacía que sintiera un molesto dolor en su pecho.
-Si, lo conozco. ¡Voy a pilotearlo algún día! – exclamó la niña para sorpresa de todos.
-Vaya, vaya. – mencionó Eugene con una sonrisa burlona. Al parecer las cosas se pondrían divertidas.
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¡Otro fic yaoi de Gundam! ¡Qué viva el Shinoyama, señores!
Espero que disfruten mucho la historia y cada capítulo. No olviden agregarlo a sus favs y dejar reviews.
¡Nos leemos!
