TSUKIAKARI NI JINSEI

(Vidas a la Luz de la Luna)

-por Jinsei no Maboroshi-

página II

Fecha de publicación: 1 de julio de 2006 - Corrección: Ogawa Saya


-¡Tetsuuuuu!

-¿Eh? ¿Kaori?

La joven muchacha fue a su encuentro. Tetsu estaba caminando distraído por la gran ciudad, y era difícil encontrar gente amena en ella. La joven apenas estuvo cerca de él, rodeó con elegancia el brazo del bajista con el suyo.

-Vamos a pasear juntos, ¿quieres?

-Por supuesto -Tetsu le sonrió. Gustaba de tenerla cerca.

Los periodistas no se cansaban de seguirles y sacarles fotos. A Tetsu le incomodaba un poco esa situación.

-Vamos, no hagas que ellos te arruinen el día -sonreía con su luz propia.

-Ah, no lo sé. Es que no puedo creer que sean tan molestos. Uno no puede estar en paz.

Kaori no tenía inhibiciones. Ella accedía a lo que Tetsu le decía. Lo amaba profundamente.

Había hallado en él lo que en ningún otro chico había hallado combinado: simpatía, inteligencia y responsabilidad. Tetsu no sabía divertirse en demasía, por eso ella le ayudaba. Salían a bailar, a comprar ropa, y a realizar participaciones especiales combinadas en diversos programas, como también en algunas producciones individuales de Tetsu.

Tetsu era un niño buscando ser un hombre, ¿o quizás a la inversa? No lo sabía con exactitud, pero se sentía a gusto con él. Compartían todos los agrados musicales. Hablaban mucho. Ella intentaba contentarlo en todo. Lentamente se perdía su esencia en su absurda necesidad de agradar. Lánguidamente Kaori comenzaba a disipar su personalidad, para transformarse en lo que deseara Tetsu. Su pasión por el joven la había hecho abandonar toda ambición que no

fuera exclusivamente él. En sus comienzos, Tetsu solía hablar de moda, y literatura, buscando las conexiones que no existían entre ambos.

Las diferencias saltaban cotidianamente.

-Oye Tetsu, ¿quieres que vayamos a comer esta noche?

-De acuerdo. ¿Qué tal Norizume?

-No, mejor Akimono.

-Pero Akimono es muy ruidoso -sugería sonriente.

-Oye, no eres un viejo.

-Pero Norizume es más reservado y tranquilo, para una velada de charla amena.

-Mm... Si tú lo deseas... ¡Será Norizume! -sonreía complaciente.

En un comienzo Tetsu agradaba esa anuencia de parte de Kaori. El que ella siempre aceptara sus pedidos, lo había sumido en una sensación de bienestar agradable. Consideraba que habían nacido el uno para el otro. Comenzó a creer que realmente amaba a esa joven que siempre le sonreía. Era una chica con estilo, con elegancia. No tenía las actitudes típicas de las niñas. Era toda una mujer, con una voz suave y levemente ronca, que no exasperaba en lo absoluto. Su belleza era una rareza sutil, y sus gustos eran siempre los mismos. Creyó que era su alma gemela. Pero lentamente comenzó a notar con el paso de los meses que ya no surgían siquiera las discrepancias del comienzo. Ella ya no proponía, sino que se atenía a sus deseos. Ya no eran 'gustos en común', sino que ella 'adoptaba' sus gustos.

Ring, ring...

El celular había sonado.

-¿Sí? ¿Kaori? ¿Cómo estás?

-¡Tetsu! Dime, ¿deseas salir a comer?

-Mm, no. La verdad...

-Bueno, entonces no te molesto más, ¡quería darte un besito! Nos vemos luego, ¡cuídate, amorcito!

Y le colgaba. Tetsu cerraba el celular, mirándolo con extrañeza. Ya ni siquiera ella insistía por sus propios deseos, por sus propias realizaciones. Todos los días, en donde compartían su vida, era lo mismo.

Aquel día que fueron a comprar ropa, ella no daba consejo alguno a lo que Tetsu se ponía.

-¿Y qué te parece éste? Lindo, ¿no?

-¡Hermoso! ¡Te queda tan bien!

Tetsu no iba a comprar esa ropa. El la odiaba. Solamente la había puesto a prueba, demostrándole que la Kaori que había conocido se había perdido en algún momento de la relación en lo más profundo del sentimiento de aceptación.

Tetsu suspiraba. Los recuerdos que tenía del avance de esa relación, solamente llevaban a una espiral que terminaba en él mismo. Pensativo en ellos, continuaba caminando con el brazo de Kaori en el suyo.

-¿Sabes, Tetsu? ¡Te amo! -le sonreía con enamoramiento, con el brillo delicado en sus ojos.

-Yo también.

Sus propias palabras lo sumieron en una profunda reflexión. ¿A partir de cuándo había dejado de pronunciar aquellas palabras, y las había reemplazado por un correcto 'también'? Un dolor invadió su pecho. La culpa no le dejaba ser él. ¿Acaso él también se perdería como ella en el sentimiento de culpa? ¿Comenzaría a aceptar todo lo que ella dijera por el simple hecho de sentir culpa? ¿Se condenaría de esa forma?

-¡Tetsu! ¿Qué piensas? -le dijo intrigada. Tetsu le sonrió. Era demasiado buena como para dañarla.

-No, no es nada. Es sólo que mañana regreso con los chicos.

-¿Se reúnen verdaderamente?

-Sí. ¡Nunca había sido definitivo!

-Bueno. Todo el mundo había pensado eso.

-Está mal...

-Sí, sí, claro que está mal que piensen así -agregó en ese tono complaciente que tantas veces fastidiaba a Tetsu.

-No, ¡no digas que sí porque yo lo digo!

-No, claro que no, no lo hago -sonreía con luz propia nuevamente.

Tetsu la observaba con temor cuando actuaba de esa forma. La perdía a cada instante, sin poder remediarlo.

-La cuestión es que mañana comenzaremos con el nuevo CD de L'Arc~En~Ciel. Ya hemos tenido unas charlas por teléfono, y todos tenemos algunos proyectos para este nuevo lanzamiento.

-Es verdaderamente genial.

El silencio se instalaba amenamente entre ellos. Tetsu la observaba de reojo, leyendo el brillo animado de sus ojos. El entusiasmo que emanaba era contagioso, y también por ello, él gustaba de esa relación. Sin pensar mucho, descubría que Kaori le acompañaba, y le daba fuerza. Lo apoyaba, sin resistencia, a diferencia del resto de técnicos, representantes, miembros, amigos con los cuales tenía que lidiar a diario. Era su descanso. Pero le preocupaba que Kaori se ahogara en su propio silencio, en su propia sumisión. Después de todo, Tetsu quería una compañía, y ella se la daba. No debía preocuparse de más. Y así se trataba de convencer.

Llegaron a una cafetería alejada de las zonas transitadas, e ingresaron. Se sentaron en una mesa de la entrada, y pidieron cafés. Tetsu tenía el deseo de comentarle a ella que opinaba del matrimonio a futuro. Después de todo, su relación era extremadamente estable. Tenía que hallar la forma, y nada mejor que ese día: el cumpleaños de Kaori.

-¿Qué vas a pedir, Kaori?

-Lo que tú quieras.

-Vamos...

-¿Tú qué vas a pedir?

-Bueno… Café…

-Entonces yo también.

-¿No te cansas de siempre darme los gustos? -le preguntó con suavidad.

Ella lo miró con una gran sonrisa.

-Si yo no te doy los gustos, ¿quién te los dará?

-¿Es eso una muestra bella de celos? -dijo en tono bromista. Kaori llevó su mano a los labios y sonrió con elegancia y delicadeza.

-¿Celosa? ¿Yo? Si tengo el mejor novio del mundo. No veo que coquetees con nadie...

-Las fans siempre rondan.

-Aunque eres amable con ellas, no las miras de igual forma que a mí -sonrió nuevamente, llevándose la mano a los labios. Tetsu gustaba de ese humor refinado y suave. Era tan perfecta que ni celos tenía. Ella era su mujer ideal. Aunque en medio de aquellas cavilaciones, siempre volvía la misma duda: ¿sería ella realmente, o era sólo la imagen de la pura complacencia? Se levantó levemente de su asiento, y reclinándose sobre la mesa, apoyó sus labios en los de ella. El rojizo de las mejillas le dio una cálida imagen de inocencia en el rostro blanco de la joven. El apreciaba tanto esa imagen pura.

El mozo había llegado y tras recibir el pedido de ambos, regresó con éste en la bandeja, ofreciéndoselo a la pareja.

-Kaori, tengo dos noticias buenas. Una mejor que otra. ¿Cuál deseas primero?

-La que tú gustes.

-Vamos, elige.

-Ya sabes que soy indecisa, elige la que tú más quieres.

-Ya hablamos de eso. No debes decir que sí a todo lo que yo deseo. Debes elegir tú también.

-De acuerdo. Si deseas que elija, elegiré.

-¡No!

-¿Eh?

-No, Kaori. Lo haces de vuelta.

-Pero me has dicho que tenía que elegir -lo miró con sorpresa, ladeando su cabeza.

-¿Pero por qué debes hacer todo lo que yo te digo? -su voz sonaba triste. Kaori por primera vez se vio perdida. Ella quería complacer en todo a Tetsu. ¿Lo que le pedía era también un deseo de él? ¿No se mezclaba con su propio egoísmo? Suspiró aliviando la situación, que no debía ir a mayores escalas. Endulzó levemente el café y lo revolvió con delicadeza. Miró con afecto a Tetsu, y con esa sonrisa que lo embelesaba, dijo en voz baja:

-Vamos, Tetsu. No te alteres. Vamos, dime lo que quieres decir.

-Bueno... -Tetsu renunció una vez más a luchar con esa complacencia absurda. Desde que la había detectado luchaba por hacerle entender a Kaori que esa forma de ser no era la que le agradaba. Buscaba desesperadamente hablar con ella del tema, pero ella siempre lo evadía. Lo esquivaba o simplemente asentía. Ninguno de los dos quería pelear por ello. Una disputa por causa de esa complacencia lo único que demostraría era cuán alejados realmente estaban uno del otro. Esa pelea, sólo expondría que ellos no eran almas gemelas como lo creían, que no eran más que espejo y reflejo. Nada más que uno sobre el otro. Si llegaban a reñir por ello, sabían inconscientemente que todo lo que habían vivido iba a ser una falsa, y todas las palabras dichas, adquirirían un nuevo significado que no eran más que deseos del otro, deseos por complacerlo, deseos para que la culpabilidad no hiriera el propio espíritu. A pesar de todo, Tetsu irreflexivamente había descubierto que comenzó a amar a Kaori, a partir de aquella complacencia. Era un círculo vicioso, una relación simbiótica enfermiza, de la cual ninguno de los dos estaba dispuesto a salir, a reconocer la anormalidad. Para ellos, todo era correcto. Así debía ser.

-¿Y bien? -le susurró expectante.

-Hoy es tu cumpleaños, y deseaba darte esto.

Kaori abrió sus ojos con curiosidad, al recibir en sus manos un pequeño paquete. Tetsu la había comprado no sabía por qué. Reconocía que ese tipo de accesorio no eran los que usaba ella. Pero lo había visto perfecto. ¿Perfecto? ¿Para quién? ¿Para ella? Suspiró al buscar mentirse una vez más.

Kaori desenvolvió el paquete finamente decorado. El estuche de lo que se hallaba dentro era alargado y revestido de un terciopelo negro. El joyero tenía la forma rectangular que sugería una fina gargantilla.

Miró a Tetsu antes de abrirlo, con los ojos brillosos. Tetsu sólo le sonrió con culpa, sabía que ella no lo notaría. Haría lo necesario para no notarlo.

Finalmente abrió ese estuche, y su rostro fue de sorpresa, pero un asombro decepcionado. Miró aquella alhaja con extremada extrañeza. Vio a Tetsu, y sorprendido por la complacencia que había perdido, sonrió nuevamente. Buscó emocionarse con aquel regalo.

-¡Vaya! Tetsu, es bellísima. ¡Nunca había tenido una! -sonrió, buscando mentirse, buscando mentirle. Ella sabía que Tetsu no vería su decepción. No debía hacerlo. Haría lo necesario para no notarlo.

-Me agrada que te guste.

-Es fantástica.

La joven sacó la extraña pulsera y la colocó en su muñeca. Era una especie de brazalete a tamaño pulsera, con serpientes y calaveras decorando todo el rededor del armazón, dejando una única calavera con ojos de incrustaciones de rubí rojo. Era mortalmente agresiva. No podía nunca formar parte de ella.

Sin embargo, engañados en esa mentira, se dejaron llevar. Ella aceptó la alhaja.

-¿Y bien, Tetsu? ¿La otra noticia?

-¿Otra noticia?

-Sí… Me habías dicho que tenías dos...

-Qué mal que cuento - suspiró con tristeza. Se reconoció a sí mismo.

Ella siempre lo complacería. Esa pulsera no era para ella, inconscientemente no lo era. Pero no podía distinguir cuál había sido el sentimiento que le había llevado a comprarla. ¿Quizás un engaño más? ¿Quizás una mentira más? No lo sabía. Pero sabía que esa joven sólo lo complacería eternamente. Prefirió ahorrar esas palabras de casamiento futuro, para cuando el tiempo se acercara más. No podía reconocer a quien amaba más. Si a Kaori o a su complacencia. Pero eso no era correcto. Él debía amarla a ella, en su completitud. Y si él no podía, su sentimiento de culpabilidad la amaría por él.

-Tetsu, me tengo que ir. Pronto tengo una sesión de fotos. Nos vemos amor, ¿sí? Y gracias por la pulsera -le sonrió con aquella luz tenue de calidez. Y Tetsu sólo la despidió con el beso recibido y un suave gesto de su mano en la lejanía. Miró su café. Estaba frío. Tanto como él.

Al día siguiente debía reencontrarlos a todos de vuelta. Pero ya no sabía con exactitud qué era lo que quería de su vida. Sacudió su cabeza levemente. Tenía que dejar esas tonterías. El amaba a Kaori y ella a él. Era la única verdad que debía creer. Si su alma no lo creía su culpabilidad debía. Tal vez el día siguiente, hallando a todos en el estudio de grabaciones le ayudaría.

Tetsu regresó de aquel pensamiento, del recuerdo de lo que había experimentado el día anterior.

Se hallaba allí, junto con Ken y Yukihiro, que continuaban fumando y bebiendo. El ya no hacía más que pensar en ese día, en esa pulsera, y en lo que le había dicho Hyde. ¿Por qué le habría dicho tal cosa? ¿El orgullo herido le obligaba a reaccionar ante la verdad, porque no soportaba que un ser tan patético como Hyde, asegurara que toda su relación con Kaori fuera una mentira? Nunca podría dejarla. Nunca, porque su culpabilidad la amaba. Era la gran frustración que había encontrado. Era la gran verdad hallada el día anterior.

Ken: ¡Ey! ¡Tetsu, arriba! ¡Hyde está loco! Siempre hace lo mismo. Se larga cuando se cansó de herir a un pobre tipo como tu. Además, ya sabes. Siempre te tiene de blanco. No sé por qué.

Yukihiro codeó con fuerza en las costillas de Ken, quien molesto lo miró, para callarse nuevamente, frotándose la zona del golpe. Yukihiro prendió otro cigarrillo más, y miró a Tetsu en silencio. El bajista sintió la mirada suave del colega, y levantó su vista hasta la de él. Yukki le sonrió levemente.

Yukki: Ya sabes, Tetchan. Cuando gustes, aquí estamos para escuchar.

Tetsu le devolvió una sonrisa, agradecido por el gesto. Miró de nuevo a Ken.

Tetsu: ¿Ves? ¡Aprende, salvaje! Así se habla cuando uno no se siente bien.

Ken: Oye, para eso lo tienes a él. Yo te voy a decir siempre lo que me parece. ¡Aaaaahhhh! ¡Sin Hyde esto se transforma en réquiem! No, no. Me voy a buscar un poco de diversión por ahí. Nos vemos.

Tetsu: Oye, mañana por la tarde, al estudio. Si es necesario, trabajaremos toda la noche -amenazó con un rostro un triste, con aquella responsabilidad que ni en las situaciones más críticas podía desligarse completamente.

Ken se levantó del asiento y, con gesto desfachatado, asintió ante la petición del muchacho, y desapareció tras la masa de gente que bailaba.

Luego de un rato podían apreciar su sombra en la lejanía del baile, en un rincón, con un par de muchachas.

Tetsu: ¡Qué facilidad la suya! -suspiró resignado, a la figura del camarada con las jóvenes.

Yukihiro sólo frunció levemente el ceño, y dirigió su mirada a otro lado, intentado no prestar atención ni a lo que veía, ni escuchaba. El no quería ver aquello que le dolía.

Tetsu observó ese disgusto en Yukihiro. Apoyó un codo sobre la mesa, para sostener con su mano la cansada cabeza. Yukihiro sintió esa mirada, y sumisamente la correspondió.

-¿Yukki, qué te ocurre?

-No molestes con lo mismo -dijo defensivamente.

-Yukki, yo no soy ni Ken ni Hyde. Tú lo sabes. Me preocupas. ¿Qué te sucede?

Yukihiro lo observó y suspiró, tenía razón. Estaba tratado a su gran amigo como uno más de aquellos dos bromistas.

-Perdóname, Tetchan.

-Naaa... Si me hablaras, me sentiría mejor, ¿sabes?

El joven se dejó caer más sobre la silla, y fumó un poco el cigarrillo en silencio. Necesitaba hablar. No era malo.

-No lo sé.

-¿Mn? ¿Te sientes mal por el regreso de L'Arc~En~Ciel?

-No, no es nada de eso.

-¿Y entonces? ¿Será verdad que tienes una pena de amor?

Yukihiro lo miró molesto, pero notó la sincera preocupación de Tetsu. Ablandó su gesto, y suspiró pensativo.

-No lo sé.

-¿Soledad? Tú mismo me lo has dicho. El mal que nos afecta a todos. Sí. Todos tenemos la gran soledad abrazándonos. Nadie podría negarlo.

-Sólo un imbécil como Ken. Ciertamente él no siente esa soledad. Siempre tiene a su lado alguien que le ayude a olvidar.

-¿Piensas tan simple de Ken?

-¿Acaso tú piensas distinto?

-Antes no te molestaban tanto las extravagancias de Ken.

-Antes era más joven. Tetchan, ¿no te molesta que juegue así con todas esas mujeres?

-Pero ellas aceptan ese juego…

-Creí que pensabas diferente, Tetchan.

-¡Oye! Yo no jugaría ese juego, pero no por ello voy a condenar a quienes lo juegan.

-Ah, ¿no?. Pues parece que condenas bastante el juego de Hyde -dijo con un poco de malicia.

-Ey, Yukki. Eso dolió -comentó con tristeza.

-Perdón -habló apenado. La rabia y la impotencia le hacían actuar mal.

Se movió en su silla, apoyando sus codos en la mesa, descansando su mentón entre sus manos enlazadas, con el cigarro en la boca. Miró en la lejanía aquella sombra. Parecía estar besando con suma pasión. Yukihiro dirigió su mirada a un costado, con un leve sonrojo en las mejillas.

-Yukki, ¿es él?

-¿Qué? -dijo sorprendido, mirándolo con temor.

-Entiendo.

Yukihiro prefirió que el silencio dejara las cosas en su lugar.

Como lo había sentido en su primer encuentro, Tetsu iba a ser un gran amigo. El amigo que en el silencio traduce, que en la desolación acompaña. El amigo presente, aún en su ausencia.

Yukihiro había renunciado a su felicidad hacía muchos años. Reconocía en toda la existencia humana la triste condición de la imposibilidad. Siempre las cosas tenían una variable que se escapaba de las propias manos. En su caso, su variable era el cariño de otro. En otros casos, eran las situaciones, las familias, las etnias, las ideas absurdas. Pero siempre existía algo en el ser humano que favorecía a su infelicidad.

Al ingresar al grupo, nunca había sentido interés en ese obsceno ser. Era un hombre divorciado, y muy necesitado de libertad. Siempre deseaba hacer lo que quería, y no se detenía hasta conseguirlo. Era un individuo que siempre alegraba al grupo, aún a pesar de las bromas pervertidas de las cuales Hyde siempre formaba parte, apañándolo.

Lentamente, con el pasar de los años, el grupo comenzó a mimetizarse. Ya los cuatros se reconocían mutuamente, podían descifrarse y aún en las peleas más ríspidas, reconocían al amigo tras el profesional. Muchas veces habían compartido en grupo penas y disgustos. Se aconsejaban entre ellos.

Sin percatarse, esa amistad había pasado el límite con Ken. El imponente e intimidante japonés, tenía una gran capacidad de expresión corporal. En la alegría abrazaba a sus amigos, y en las penas, siempre apoyaba la mano en el hombro, o frotaba con calidez la espada del apesadumbrado. Era un hombre de carácter, de sencillez, de libertad. Necesitaba esas cosas para vivir. Necesitaba hacer siempre lo que deseaba. Necesitaba sentir la vida a través de sus sentidos. Por ello gustaba de las mujeres con exceso.

Yukihiro odiaba esa parte de él. Sentía que el hombre al que respetaba, se sumía en las más profundas acciones instintivas del animal. Sentía que sólo usaba a esas mujeres, y en definitiva, él también era usado.

Su dolor no radicaba en los celos, sino en la simple idea de la soledad. Yukihiro no deseaba que Ken se fijara en él, solamente que fuera feliz, en la porción en que los humanos pueden acceder a ella. Quería que, al menos, dejara de sentir esa soledad. Veía en Ken que tanta libertad lo dejaba solo. Tanta superficialidad alegre, sumía al verdadero Ken en la más profunda de las lagunas de las tristezas. Deseaba ayudarlo. Yukihiro, por sobre todas las cosas, deseaba que Ken sintiera la verdadera compañía. No importaba si era una mujer, pero

deseaba verlo pleno. Y simplemente agradecería al destino si continuara siendo su amigo para compartir aquella sensación en la lejanía y la confidencia fraternal.

Su mayor concepto de felicidad, era ver a Ken feliz. Era a lo máximo que podía aspirar.

En aquellas noches donde la verdad de sus sentimientos emergía, y la desvela se hacía presente, buscaba respuesta a preguntas irrealizables. Buscaba cosas que a pesar de desear hallar, sabía que nunca serían reales.

Inclusive, en aquellos primeros años de desesperación ante la verdad, había pensado inclusive proponerse como un juego más de los que ya traveseaba Ken. Ser una noche de sexo experimental. Tal cual como lo había sugerido Hyde posteriormente en aquella noche en el bar.

El tiempo le hizo recapacitar, y descubrir que tal decisión sólo lo llevaría al dolor profundo. Pensaba que, tal vez, la idea de lo imposible alejaría la imagen del guitarrista sobre sus sentimientos, pero sólo intensificaba ese querer, ese deseo, esa necesidad de ser.

Había descubierto que el amor era una droga. Sabía que no debía caer en el juego del que Ken formaba parte, porque percibía que no lo resistiría. Aún así, su alma y cuerpo sufrían por el dolor, por el placer, sabiendo que tras la hipotética noche, sólo la desesperación y nuevas

carencias aparecerían. Ya no sería sólo una noche, sino el deseo de ser siempre. Sería la necesidad de ser único en su vida. El egoísmo lo consumiría lentamente, porque sabía que Ken era imposible de atrapar.

Con aquella idea, y el temor, había logrado evitar caer en tales errores. Una vez aceptada la primer parte, el proceso se dispararía, y no culminaría hasta el final de su existencia. Sabía que no iba a ser capaz de detenerlo.

Prefirió creer que la felicidad propia era la felicidad de Ken. Una felicidad lastimera, resignada a que nunca podría compartir con ese obsceno japonés nada más que una amistad. Sabía que no debía aceptar ningún juego de su parte, porque lo único que le quedaba, su amistad, estaba en peligro. Pero temía. Temía porque la soledad empujaba a sus víctimas a las más terribles y perversas equivocaciones, arrojaba a los seres al objeto de su deseo con las más bellas ilusiones que al amanecer desparecían, y se evidenciaban como pesadillas. Temía que todo se derrumbara por su debilidad. Un solo titubeo, y todo su estoicismo por años caería al vacío.

Lo único que le tranquilizaba, es que sabía que Ken nunca lo aceptaría. Aunque ya tuviera en su mente la idea perversa que Hyde había sugerido, nunca lo aceptaría, porque él no iba a ser parte de ese juego doloso, porque no quería lastimarse, porque lo amaba, y porque en definitiva, a pesar de todo, Yukihiro no tenía absoluta agresividad. No tenía aquello que exclusivamente buscaba Ken. No era lo que Ken necesitaba, no era lo que ese grosero japonés quería. No eran nada especial para el guitarrista. Sólo un amigo.

Yukihiro suspiró, y arrojó la colilla del cigarrillo al suelo.

-¿Tanto se nota? -preguntó con desdén, mirando a un costado.

-Eso es un sí, irremediablemente -afirmó Tetsu, reconociendo la respuesta a su anterior pregunta.

Mantuvieron el silencio. Yukihiro necesitaba desahogar esa pena, ese secreto que lo consumía siempre. Al menos, a su amigo Tetsu. Al menos a una persona. Debía buscar ayuda, debía pedir una mano para soportar el duro peso de la vida y sus injusticias.

-Y no, Yukki. Sólo relacioné -Tetsu miró de vuelta aquella figura que se había alejado aún más, sumiéndose en un rincón lejano y oscuro, mientras una joven se hallaba arrodillada frente a él. Sonrojado, se concentró en Yukihiro que no hacia más que ver esa imagen con gran tristeza mientras fumaba su amargura en un nuevo cigarrillo-. Yukki, esto te daña. ¿No quieres que salgamos...?

-¡Deja, deja! -giró su rostro para ver directo a los ojos a Tetsu-. Años de ese comportamiento ya no me molestan.

-¡Mierda! Yukki, ¡yo no sabía en lo más mínimo! Te juro que no sé cómo darte una mano...

-Ya te dije, Tetchan. Los humanos vivimos en nuestras propias limitaciones, en nuestra infelicidad diaria. Si él está feliz con su vida, pues yo me sentiré bien... Pero...

-¿Pero?

-Pero... Sé que él no es feliz. Nadie en esta puta tierra lo es -dijo esas palabras con una voz dolida e impotente a la vez.

-Amigo... -Tetsu bajó su vista hasta la mano de Yukihiro que cerraba con tensión, con odio, con impotencia. Luego de unos segundos, esa tensión desapareció.

-Si él no se da cuenta de que está perdiendo su vida en ilusiones, pues... No podemos hacer nada. Él debe percatarse. Él debe buscar a quien realmente llene su soledad. Yo no quiero nada. Sólo que se sienta bien. Si para ello yo me debo alejar, lo haré... No tengo otro deseo... -decía melancólicamente.

-¡Yukki, no digas eso!

-¡Ah! ¡Olvídalo! Necesitaba decir eso a alguien. Gracias por escucharme, Tetchan -Yukihiro sacudió su cabeza, y miró el techo. Luego esbozó una amena sonrisa para su amigo-. Al menos tú sí estás muy a gusto con tu relación, ¿verdad? Que lo hubieras mantenido en secreto es sólo señal de que deseas proteger ese tesoro.

Tetsu lo observó, y miró su vaso vacío. Pasó los dedos por el borde, serio y pensativo. Yukihiro no vio aquello como buena señal. También su amigo Tetsu era víctima de la crueldad.

-No, Yukki. Ni tanto. No es protegerlo. Es ocultarlo.

-¿Ocultarlo? ¿Acaso te da vergüenza?

-Sí. Se podría decir que sí.

-¿Por qué? Es una chica muy amena.

-Vive para aceptar mis ideas. Eso no es bueno. Y me da pena dejarla. No puedo hacerlo, porque siempre ella es tan detallista conmigo. Ella me ama con locura y devoción. Haría todo lo que le pediera. Pero eso no es lo que busco... -suspiró.

-¿Y qué buscas, Tetchan?

-No lo sé.

-Te entiendo.

El silencio había tomado a los compañeros nuevamente. Buscaban a Ken en las penumbras del lugar, pero ya no se lo podía observar. Ambos sabían a dónde había ido y en compañía de quiénes.

-Tal vez halló a la chica sado que deseaba -bromeó Yukihiro con amargura, tomando el resto de cerveza de su vaso.

-Mm... -afirmó sin convicción.

-¿Te puedo pedir un favor, Tetchan?

-¿Eh? Claro.

-No le insinúes nada a nadie. Ni a Hyde, y muchos menos a Ken.

-Por supuesto. No hace falta pedirlo... ¿Pero si Ken lo sugiere? Tú sabes... Hyde le metió la idea en la cabeza...

-Nunca me lo digas, y quítale la idea. Yo no quiero ser experimento de nadie.

-Sí. Te entiendo.

-Ya es tarde. Mañana tenemos que seguir con el CD. Luego de todo este alcohol no sé cómo amaneceremos los tres, ¡y no sé si Hyde amanecerá! -comentó buscando bromear con sutileza. Tetsu lo miró con desdén.

-¡Oye! ¡Qué dices!

-¿No has visto lo que ha tomado? ¡Vodka! ¡Está loco!

-Algo me dice que ya está acostumbrado a beber de esa forma.

-Claro que lo está -Yukihiro dejó la oración tal cual como la había sugerido. Ambos imaginaron inmediatamente la primera copa de Hyde, y como de una sola vez, la había consumido en su totalidad.

-¿Qué nos pasa? L'Arc~En~Ciel irá al demonio.

-No, Tetchan. No somos nosotros. Son todos -sonrió con tristeza amarga-. Mejor me voy. Quiero descansar, y evitar lo más que pueda los terribles efectos de la resaca. Nos vemos, Tetchan.

Yukihiro se levantó y se fue, prendiendo un cigarrillo. Tres paquetes. En tan pocas horas, había fumado un record. Tetsu se quedó en esa mesa un rato más, a gusto de sumirse en la vibración de la música, en el bullicio de la gente. Mañana todo debía continuar como si nada aconteciera.

Ken se hallaba en un motel, cercano a la zona, eliminando las últimas consecuencias de la resaca. Había conseguido a dos bellas chicas, que aseguraban tener la perversidad y la violencia que necesitaba. Quería probar con ellas si las cosas eran diferentes, si podía sentir algo más allá de la carne y el placer. Un placer que cada vez le disgustaba más cuando la conciencia regresaba a su cuerpo.

En aquella habitación, se dejó llevar por las jóvenes a las más perversas situaciones. Lo excitaban con dolor y caricias, pero sólo podía sentir su cuerpo.

En medio del proceso de excitación, Ken se descubría a sí mismo vacío. No había nada en ellas ni en él que los relacionara más que ese instante de carne. Las sensaciones se agolpaban en sus sentidos, pero nada de ello resignificaba sentimientos o simplemente generaban algo distinto del mero placer. Placer de la carne, de la piel, de las sensaciones. Nada más que eso.

Cansado de no sentir nada de lo que buscaba, nada que fuera distinto a lo que hallaba siempre, decidió tomar la situación por su propia iniciativa. Lastimaba a las jóvenes sin importarle. Las chicas gritaban entre el placer y el dolor, y a él no le afectaba. Rabiado de no hallar nada nuevo, impelía con fuerza, lastimaba con impotencia. Nada allí era para él. Nada allí le serviría.

Al finalizar la experiencia, no pudo más que desilusionarse. Nada lo había cambiado. Buscaba en cada una de ellas una nueva sensación, algo que lo arrebatara de la rutina, de la cotidianeidad absoluta. Sabía a cada momento lo que cada chica deseaba o sentía. Había estado con tantas a lo largo de la vida, que por más que eligiera con exquisitez, todas resultaban la misma. No por una cuestión de simplicidad, sino porque nada las relacionaba con él. No eran especiales, no había vínculo alguno. Cada una venía y se iba, sin siquiera algún gesto, algún comentario, alguna acción que lo sorprendiera. Siempre era lo mismo. ¿Acaso había perdido su interés por las mujeres?

No, no podía ser eso. Lo que había perdido era la vitalidad. La sensación de sentirse vivo, porque vivir era ser sorprendido siempre. Con dolores, con penas y alegrías, pero siempre descubriendo. Así era su sentido de vida, y de libertad. Hacer sólo para sentir, para percibir las consecuencias a través de sus sentidos y demostrarle que estaba vivo.

Despertó de aquellas cavilaciones rendido, al lado de dos jovencitas. Estaban exhaustas, tanto como él. Pero no podía dormir con ellas. No lo deseaba, no quería despertar y verlas partir a la mañana sin nada especial, sin un gesto que las diferenciara del resto. Todas eran iguales, eran la misma. Tan sólo un cuerpo ajeno que le satisfacía el propio, o al menos, eso creía, pero la verdad había llegado. Ya no sabía qué buscaba. A partir de ese día, decidió eliminar esas costumbres. Había decidido concentrarse en conocer gente, antes de arrojarse a la cama. Aunque su cuerpo sufriera la abstinencia decidió a partir de ese momento buscar lo que quería, pues más se dañaba de esa forma, viviendo tan vacía vida.

Se incorporó, y vistiéndose con rapidez abandonó aquel motel en medio del amanecer. Regresó a su departamento, y durmió solo en su cama. Tenía que cambiar aquello. Debía hacerlo.


5p.m.

Tetsu se hallaba en el estudio, practicando unos acordes, junto con Yukihiro. Veían las letras, hablaban. Trataban de evitar el aburrimiento.

-¡Rayos! ¡No diste hora, Tetsu! ¡Para ellos la tarde, puede ser cualquier momento del día! -suspiró molesto, arrojándose contra la silla de la mesa de trabajo.

-De todos modos, dando hora o no, llegarían al horario que quisieran -sonrió con resignación-. Me imagino que Hyde debe llegar en cualquier momento.

Tetsu había estado llamando a Hyde a su departamento hacía un momento. No contestaban, ni aún el más pesado de los sueños podía evitar que Hyde escuchara aquel sonido taladrante, pues la insistencia era lo que caracterizaba al líder.

-¡Será! -suspiraba Yukihiro, comenzando a fumar nuevamente.

Tetsu practicó un par de veces los acordes de las dos composiciones de Hyde en su bajo. Sonaban lindas. Eran tristes y duras. Y la letra, con aquella voz especial, le daba las tonalidades necesarias para recrear el ámbito entristecido.

-Qué bien que compone. Me gusta mucho -comentó con placer al leer las variaciones de las notas, e imaginar esa voz dando letra a éstas.

-Peligroso.

Tetsu se detuvo, y lo miró fijamente. Yukihiro sólo lo observaba con el cigarrillo entre sus dedos, recostado sobre el respaldo de la silla.

-¿Por qué lo dices?

-Esas dos canciones, y su última producción me asustan -dijo con seriedad.

-¿Última producción?

-El gran single.

-Mmm... ¿Evergreen?

-Exactamente. ¿La escuchaste con atención?

-Pues… Sí… Es…

-Es una declaración.

Tetsu dejó su bajo a un costado y se dirigió a la mesa, sentándose frente a Yukihiro. Lo que acababa de decir era muy serio.

-Oye, Yukki, no bromees...

-¿Lo estoy haciendo? -lo miró con tristeza.

-¿Declaración de Hyde? Pero… Es una canción de muerte…

-¿Y? Es Hyde. Es su esencia.

-Oye, ¡qué rayos estás sugiriendo!

-Tetchan, tú siempre buscas evitar ver las cosas, ¿cierto? -le preguntó con inocencia, con sutileza. Tetsu sólo lo observó, tal vez, en el fondo, él tenía razón.

-No lo sé…

-Tetchan, hay que vigilar muy bien a Hyde. No me gustan las motivaciones de sus canciones, más viendo su estado. No está fuerte como siempre. Algo se quebró muy profundamente... Y tú sabes desde cuándo…

-¿También lo has notado?

-Claro. Hyde busca aparentar, pero sus canciones le delatan, como todo artista.

Yukihiro volvió a tomar las notas de aquella hoja de dibujo. Estaba seguro que lo que Hyde estaba sufriendo era serio. Lo sentía. Tetsu intentaba cambiar de tema. Hablaría con Hyde cuando fuera necesario.

-Yukki, ya que nos aburrimos, dime, ¿tienes idea de algún nombre para este disco?

-Mmm -fumó un par de veces el cigarrillo, mirando a los costados, tratando de visualizar algo que le iluminara. Sólo vio las canciones esparcidas por la mesa, y miró a Tetsu-. Sería irónico.

-¿'Irónico'? ¿Así lo llamarías?

-No. El nombre que pensé es algo sarcástico para la situación.

-Mm... ¿Cuál?

-'Hohoemi' (sonrisa).

-Ja ja ja. Sí. Irónico. Pero para nada malo. Después de todo, deberíamos estar muy sonrientes al regreso del grupo, ¿no lo crees?

-Seguro -comentó con algo de inseguridad.


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