TSUKIAKARI NI JINSEI
(Vidas a la Luz de la Luna)
-por Jinsei no Maboroshi-
página III
Fecha de publicación: 8 de julio de 2006 - Corrección: Ogawa Saya
7pm.
Ken llegaba finalmente. Tetsu y Yukihiro sólo garabateaban acordes nuevos, o letras para continuar con aquel disco. Ya no podían hacer más que eso.
Tetsu: ¡Ken! ¡Te dije a la tarde! ¡Ya es casi noche!
Ken: Bueno, es que...
Yukihiro: Se divierte por ahí y regresa a cualquier hora... Sí. Un irresponsable, como siempre -apuntaló con desinterés forzado.
Ken: ¡Oye! ¿¡Tú también ahora estás del lado de él! Si estuviera Hyde me defendería... Por cierto... -miró a los costados, buscando a su amigo nombrado.
Tetsu estaba inquieto en demasía desde que lo había llamado y aún no había respuesta.
Tetsu: Voy a buscarlo. Es extraño que no venga. Al menos contestaría malhumorado el teléfono.
Ken: Tal vez se fue a otro lado.
Tetsu: ¿Tú sabes?
Ken: No, claro que no. ¡Pero él se divierte, no como ustedes dos! ¡Amargados! -comentó en son de broma. Yukihiro lo miró con indiferencia, y Tetsu sólo hizo una mueca.
Tetsu: De todos modos, iré a ver qué ocurre. Yukihiro, muéstrale los conflictos de algunas canciones. Hay acordes extraños, fíjate si Ken puede mejorarlos.
Yukihiro: Sí. No te preocupes. Ve.
Tetsu abandonó el estudio.
Ken miró a Yukihiro, que apoyaba sus dedos sobre su frente, con el cigarrillo entre ellos, leyendo las canciones.
Ken se sentó a su lado, y, juntando las sillas, miró por sobre el hombro de Yukihiro lo que estaba leyendo.
-Pídemelo si quieres leer -dijo suavemente, y le entregó la hoja, girando un poco. El movimiento había generado una pequeña brisa que llevó a Yukihiro el perfume impregnado en Ken.
-¡Ah! Gracias. ¿Donde está el problema con esto?
-¡Mierda! ¿Podrías bañarte antes de venir, no te parece? -dijo algo molesto.
Ken lo observó con sorpresa. Acercó su nariz a sus propios hombros y respiró fuertemente. Tenía el aroma de las chicas mezclado con aromas ácidos.
-Realmente no me di cuenta... Perdona, Yukki –dijo, con algo de culpabilidad. Había decidido que esa noche fuera la última vez que se acostaba con desconocidas por mera diversión. Se lo había jurado a sí mismo, pero aún así, no había siquiera pensado en el aroma. Yukihiro tenía razón. Tal vez él nunca podría dejar esos vicios. Yukihiro observó la seriedad que había incorporado súbitamente el guitarrista. Lo contempló con sorpresa. ¿Acaso había dicho algo erróneo?
-¡Oye, tampoco para deprimirse! En definitiva, la has pasado bien, ¿verdad? -le sonrió con clemencia-. ¿Eran las chicas sado que deseabas? -sabía que hablar de ello repondría el humor de Ken. Siempre lo hacía.
Pero esa vez se había equivocado.
-Sí, eran ellas. Pero no me gustó -dijo con seriedad.
-¡Ja! ¡No lo puedo creer! ¿Qué te han hecho para que hables así? ¿No me digas que te han capado? ¡Jooo! -sonrió abiertamente Yukihiro. Ken lo observó con una sonrisa, negando con su cabeza.
-¡Rayos! ¡Qué rápido aprendes! ¡No está Hyde, pero le reemplazas a la perfección!
-¡Vamos, vamos! Es la primera vez que te escucho decir que una noche no fue buena. ¡Yo ya esperaba tu relato entusiasta que sueles hacer tras tus noches de travesuras! -dijo con ironía, fumando con serenidad.
-¡Vaya! Pues acostúmbrate. He dicho basta de esas locuras –comentó, estirando sus brazos y llevándolos a la nuca, para reclinarse en la silla.
Yukihiro giró su rostro para mirarlo fijamente, mientras tosía con levedad ante el humo mal aspirado por la sorpresa del comentario.
-¿Qué? Oye, ¿estás bromeando?
-No, claro que no.
-¿Qué pasó? ¿Realmente, no te han capado?
-No, Yukki. Solamente me he cansado. Tienes razón.
-¿De qué?
-Yo las usaba. Nada había de especial en eso.
-¿Mm? ¿Y el placer?
-Ya lo conozco. Me he cansado de sólo placer. Sabes, cuando estaba sobre ella y me hacía...
-¡De acuerdo! ¡De a cuerdo! ¡No me des detalles, habla en general! ¡Por favor!
-Jajajaja, bien. Anoche descubrí que por más que eligiera a quien eligiera, todas son iguales. Todas son la misma mujer. Reaccionan de formas iguales, y entiendo su comportamiento. No hay nada especial. Es…
-Es vacío.
-Exactamente. Tú sabes de eso, ¿verdad?
-¿Nh? ¿Qué quieres decir? -lo miró con recelo.
-¿Tú has pasado por lo mismo? Tú me estabas previniendo de este desengaño, ¿verdad?
-Pues. De alguna forma, si. Y no, no he pasado por ello, pervertido -le comentó, buscando hallar un tono humorístico para destensar el ánimo de Ken.
-Perdona, Yukki -su seriedad era grave.
-¿Qué cosa?
-Las bromas de anoche... Sabes, creo que al final de cuentas, conoces más que yo... -le sonrió con tristeza, apoyando su mano sobre el hombro de Yukihiro. Éste lo miró extrañado. Realmente algo había cambiado en él, pero no dudó en pensar que al poco tiempo renunciaría a tal solución. Yukihiro sabía que Ken era un hombre demasiado libre, que no podía siquiera encadenarse a sí mismo por propia decisión.
-¡Ah! ¡Olvida! Yo no las recuerdo -le sonrió con cariño. Esa era la esencia de Ken que más amaba. El Ken tierno y simple que aceptaba sus errores. El gran amigo.
Ken le sonrió en agradecimiento. Un secreto pacto de reconocimiento de yerros. Yukihiro notó en esa simple confesión un convenio. Ken quería que él fuese testigo de ese juramento secreto, para que ante cualquier amenaza, la voz de la conciencia latiera. En otras palabras, para que Yukihiro le alertara.
-Bien, veamos los acordes -finalizó el tema.
-Mira, éste de aquí. Suena como si patinara.
-Ajá. Veamos... -Ken se levantó de la silla y se dirigió hacia su guitarra. La llevó hasta la silla, y sentado al lado de Yukihiro, comenzaron a probar.
Pasaron horas mejorando las canciones. E, incluso, compusieron una a la que le faltaba letra.
-¡Esa suena bien para un mix! -sonrió como si hubiera dicho una travesura.
-¡Eh! Sí -asintió Ken, algo preocupado. Miró el reloj sobre la pared. Eran 9 PM. Yukihiro había acompañado la mirada de Ken hacia el reloj, y se habían quedado pensativos-. ¿Por qué demonios no han venido aún?
-Es extraño. Tetchan debió de llamarnos.
-Llamaré al departamento de Hyde.
Ken se incorporó y se dirigió hasta el teléfono del estudio. Llamó varias veces al aparato en cuestión, pero nadie atendía.
-Yukki, esto me preocupa.
-A mí también.
Quedaron en silencio. Yukihiro se mostraba muy intranquilo. Tomó las letras de las canciones y las leyó una vez más.
-¿De qué estaban hablando tú y Tetsu antes de que viniera? -preguntó, tratando de romper ese silencio perturbador.
-¿Eh? ¿Por qué?
-Lo vi realmente preocupado.
-Simplemente le dije lo que pensaba.
-¿Sobre qué?
-Sobre las letras de Hyde, sobre sus producciones en solitario. Son terribles.
-¿Qué? ¡Si me parecen excelentes!
-Técnicamente sí. Pero, Ken, lee la canción. ¿No ves que Hyde sólo puede expresarse a través de la música? La canción que más me impacientó fue la de su single.
-Ah, sí. Sí, es verdad. Esa es realmente extraña...
-Yo le tengo temor.
-¿Piensas que él…?
-Por supuesto. Él puede.
Ken bajó su mirada hasta las letras de las canciones que allí estaban escritas. Sintió una leve vergüenza. Él nunca habría notado aquello. Yukihiro era realmente muy susceptible a los estados anímicos de sus amigos. Él podía conocerlos, pero para Ken, Yukihiro simplemente era neutro.
Le parecía imposible descubrir los sentimientos más profundos de su amigo, e, inclusive, aún cuando éste pusiera en evidencia su malestar, Ken difícilmente diferenciaba su ánimo especial del resto de los días. Él no podía sentir eso. Y se avergonzaba. Tantos años de banalidades habían destruido el sentimiento sutil de captar el ánimo de sus amigos. Vio en Yukihiro toda una gama de sutilezas nunca antes apreciadas.
¿Acaso el joven había pasado inadvertido para él durante tanto tiempo?
¿Cómo pudo abandonar a un amigo tan valioso en ese tiempo? Eliminó el sentimiento de culpa de su alma. Debía empezar de nuevo, incluso sus amistades. Debía empezar, e ir por un buen camino. Él quería más que la vaciedad de las cosas. Él quería esencia.
-¿Cómo lo haces?
-¿Eh? ¿Qué cosa? –preguntó, sorprendido ante la rotura del silencio.
-El entender a todos. Reconocer el ánimo de cada uno siempre. Y siempre sabes decir las palabras justas. Te admiro, Yukki.
-¿Eh? -Yukihiro se sonrosó levemente, sorprendido de aquellas palabras. Realmente la decisión de Ken lo afectaba. Sonrió con tranquilidad-. ¡Rayos! ¡Ken! ¡El celibato ya te está sentando mal, y aún no pasas de un día!
Ken lo observó contento. Yukihiro ya no lo trataba con esa rispidez que hacía poco tiempo se había instalado entre ellos. Tal vez le alegraba que Ken hubiera tomado esa decisión. ¿Pero, por qué? Ken se preguntaba, cuando el teléfono sonó chirriantemente.
El guitarrista se levantó con rapidez, y atendió el teléfono.
-¡Tetchan! ¿Qué rayos pasa…? ¿Qué…? ¿Intoxicado…? ¡Mierda! Pero no hay peligro. Bueno… De acuerdo. Nos quedaremos aquí. ¡Cuida a ese imbécil! Nos vemos.
Ken colgó el teléfono. Yukihiro estaba ansioso. Había escuchado la conversación con muy poca información.
-¿Intoxicado? ¿Hyde?
-¡Sí! El imbécil estaba intoxicado por exceso de alcohol. Por suerte Tetchan llegó a su casa y llamó de inmediato una ambulancia.
-¡Mierda! ¿¡Cuánto entonces había tomado el día anterior!
-¡Quién sabe! Últimamente está bebiendo mucho.
-¿No te dijo nada más?
-No. Sólo que continuáramos con el trabajo sin preocuparnos. Está fuera de peligro, pero necesita recuperarse.
Yukihiro suspiró. Ken tomó su guitarra, y continuó planeando canciones, sin dejar de pensar en su amigo Hyde.
Yukihiro encendía otro cigarrillo y se lo ofrecía a Ken quien lo aceptó.
-De eso también hablábamos con Tetsu anoche.
-¿Hn? -dejó que la reverberación de la última nota se extinguiera en el aire, para observar a Yukihiro a su frente, pensativo, mirando los papeles sin sentido.
-A Hyde le está pasando algo grave, pero no sabemos qué es. ¿Existe la posibilidad de que algo realmente grave le afecte? ¿Qué podría ser?
-No lo sé, Yukki. Es realmente muy difícil descubrirlo viniendo de él.
-¿No tienes absoluta idea?
-No... -pensó por un instante-. Creo que la soledad. Eso es algo que nos lastima a todos.
Yukihiro lo miró receloso.
-¡Oye! ¿Estuviste escuchando las conversaciones con Tetchan?
-No. ¿Por qué?
-Olvídalo.
Continuaron con los acordes hasta altas horas de la noche. La preocupación no les dejaba dormir.
Ken estaba cansado de tocar, y dejó su guitarra a un costado. Buscó dos tazas de café y le entregó una a Yukihiro, quien seguía leyendo las partituras.
-Yukki, ya deja de trabajar.
-¿Qué podemos hacer aquí?
-Podríamos hablar.
Yukihiro lo miró receloso. No había quedado tranquilo ante la idea de que ese alto japonés hubiera escuchado de alguna forma la conversación con Tetsu en la noche anterior.
-¿De qué? -preguntó sin dejar de ver las partituras.
-De ti.
-¿Qué? -se tensionó levemente. Parecía que Yukihiro había presentido tal situación. Antes de escuchar palabra alguna, sin mirar a Ken, comentó con voz contenida-: No sé qué hayas escuchado anoche por ahí Ken, pero créeme que el alcohol también me afecta.
-¿Eeeehh? ¿De qué estás hablando? -preguntó intrigado. Yukihiro lo observó frunciendo levemente el ceño.
-¿De qué ibas a hablar?
-Pues mi intención era preguntarte qué era lo que está ocurriendo contigo. Ya sabes, ayer habías estado muy extraño en todo el día, y mis bromas no parecieron haberte caído nada bien cuando por lo general no les das importancia. Pero veo que tienes algo más interesante para contar... ¿Te has portado mal? ¡Cuenta! –dijo, con una sonrisa socarrona. Yukihiro suspiró aliviado, negando con su cabeza la actitud del amigo. Aunque hubiera renegado de la acción, nunca podría detener la palabra. Ken, siempre sería un pervertido.
-No tienes remedio, ¿ne?
-Vamos, cuéntame cómo es eso de que eres muy feliz con el celibato.
-¡¿Empiezas de vuelta? -dijo malhumorado.
-No, no. Pero es que me da curiosidad. ¡Necesitas relajarte! -Ken necesitaba bromear, se levantó de su asiento, y se acercó al respaldo de Yukihiro, allí lo abrazó sensualmente como Hyde había hecho con él en el bar, y rozó su propia mejilla con la de Yukihiro-. ¡El celibato no sienta bien a nadie! -le bromeó en el oído. Buscaba hacerle pasar un mal rato al amigo.
Yukihiro se detuvo en seco al sentir los brazos de Ken. Su corazón parecía que se había detenido y los últimos bombeos de su sangre los recibía en sus oídos. Tragó con dificultad, al sentir la mejilla de Ken contra la suya. Su cuerpo se electrificaba, sin siquiera poder controlarlo. El sentir las palabras de Ken, con su ronca voz en su oído lo excitaron de sobremanera. Sintió que caía en el juego que no deseaba, que terminaría con todo lo que había mantenido por años con la más absoluta discreción. Pero su cuerpo lo necesitaba, su espíritu lo pedía. Tenía que rendirse, porque ya no tenía caso continuar en una lucha contra sí mismo. Fue en ese momento, que el aroma de Ken lo invadió de repugnancia. Otra vez sentía ese aroma a flores ácidas.
Un fuerte odio lo invadió. Se levantó de súbito, desprendiéndose rápidamente de los brazos de Ken, haciendo que la silla chocara con las rodillas de éste, y, ante el dolor, cayera al suelo.
Yukihiro se acercó un poco, y, mirándolo desde arriba, gritó con la mayor desidia:
-Que te quede bien claro. ¡Yo no soy ningún juguete con el que te puedas divertir! ¡Yo no soy experimento de nadie!
Ken lo observó con asombro. La mirada de Yukihiro se había transformado en veneno que lo dañaba. Pudo ver en aquella actitud del pacífico amigo, la repugnancia y el odio.
Yukihiro no esperó que respondiera. Se retiró indignando, manifestando tal sentimiento al cerrar la puerta del estudio con tremenda fuerza. Pudo sentir el eco del golpe aún ya habiendo pasado éste.
Ken se mantuvo en el suelo, razonando aquella actitud. Estaba desconcertado. Nunca Yukihiro había actuado de esa forma. ¿Qué le ocurría? Ken no podía contestarse. No sabía. Había perdido eso que tanto admiraba de Yukihiro: su percepción. Había perdido la poca capacidad de reconocer las dolencias ajenas. Sus noches de excesos sólo lo hicieron ser más frío, más frívolo, sin esencia. Yukihiro rebasaba en ella. Debía aprender de él. Necesitaba aprenderlo de él.
Inclinó su cabeza levemente, acercando la nariz a su hombro y olió aquel perfume. Por primera vez le desagradó.
Tetsu aceleraba con desesperación. La ausencia de Hyde en el estudio había preocupado de sobremanera tanto a Yukihiro como a él. El baterista tenía razón. Hyde estaba cambiado, estaba más sombrío que nunca. Bebía reciamente, y se dejaba llevar por las sensaciones.
Semáforo en rojo.
-¡Mierda! ¡Cuando más necesito correr!
La noche se develaba ante su parabrisa. Allí en la fina línea del horizonte escalonada por molestos edificios, el sol suspiraba por última vez en ese día. La noche se acercaba, y la luna podía ser observada en la lejanía del lentamente oscurecido naciente.
Un recuerdo afloró a su mente.
Aquella vez que había visitado el bajo club de Osaka. Un lugar recatado de la modernidad, donde las primeras bandas amateur buscaban con desesperación el éxito. Allí estaba él, con una extraña banda, con una apariencia agresiva, con cabellos revueltos y largos, y maquillajes oscuros, casi demoníacos. El sonido estridente de aquellos instrumentos era compensado por su voz privilegiada. Una voz que podía cantar sin perder entonación, un lamento desgarrador. Podía simular el llanto, el grito desahuciado, el susurró nocturno, el cantar triste. Podía variar aquella voz a su antojo, sin nunca perder el sonido melodioso. El talento era innato. Era un verdadero artista.
Lo observó en todo su espectáculo. Sus movimientos agresivos con una sensualidad que rayaba lo femenino, demostraban que ese ser era un ángel caído.
Tetsu sonrió. Lo había hallado. Un vocalista. El vocalista que necesitaba para el grupo. Finalizado su espectáculo, fue a buscarlo al camarín. Allí había encontrado no sólo a Hyde sino también a Ken por primera vez. Ambos estaban charlando, cuando golpeó la puerta.
Hyde: ¿Sí? ¿Quién es? -comentó con una suave voz ronca.
Tetsu: ¡Permiso! ¿Puedo tener un poco de su tiempo? -tanto Hyde como Ken lo miraban con curiosidad.
Ken: Pues sí. ¿Quién es usted?
Tetsu: Soy Ogawa, Tetsu. Estoy tratando de armar una banda. Necesito un vocalista de lujo, y quiero que tú lo seas -le había dicho a Hyde con una gran sonrisa.
Hyde: ¡Ah! ¡No, creo que se ha equivocado! Yo no soy vocalista. ¡Sólo guitarrista!
Tetsu: Pero le he visto cantar hoy mismo...
Hyde: Sólo fue una excepción. Nuestro vocalista está muy dañado de su voz, usted sabrá... El alcohol...
Tetsu: Claro -asintió comprendiendo.
Ken: ¡Oye, Hyde! No puedes perder esta oportunidad. Ogawa san parece una persona de refinado gusto -Tetsu lo había visto con curiosidad, tratando de hallar el sentido a aquellas palabras. ¿Acaso seria un sarcasmo?
Tetsu: ¿Perdón? –dijo, con cierta molestia. No gustaba de las actitudes tan desfachatadas.
Ken: No me malinterprete. Es verdad. Hyde tiene una gran voz, pero odia ser vocalista. Yo creo que debe obligarle a aceptar la propuesta. Hyde, es tu oportunidad.
Tetsu había observado a Hyde cómo dudaba. Ken lo presionó durante toda la conversación.
Hyde: De acuerdo. Aceptaré en plan de prueba. Quiero ver cómo es el grupo que se creará, y desearía que, al menos, me permitieran poner algunas canciones...
Tetsu: ¡Todas! ¡Todas las que tú desees! No hay ningún problema. Sé que en este grupo tú eres el compositor de las mismas, y créeme, que es eso también lo que buscaba. ¡Si pude hallar dos cosas en un mismo lugar, y además, guitarrista, créeme! Siento que es una bendición.
Hyde le había sonreído con sinceridad. En su primer encuentro, había notado la amabilidad de ese ser. Aún sabiendo que para grupos como los de él, la bendición era que fueran elegidos por desconocidos, aquel sujeto de sonrisa fácil agradecía el de haberle encontrado. Totalmente inverso. Un buen presentimiento lo embargó. Podía ser realmente su oportunidad. Ese líder aceptaría todas sus creaciones. Lo vio en sus ojos. Tetsu le había prometido la mayor libertad de expresión. Eran las alas que deseaba.
El semáforo cambió, y aceleró haciendo rugir las llantas.
Recordaba en su carrera contra la desesperación las tantas veces que aquel individuo extraño que era su amigo había caído en profundas depresiones.
Las más imponentes eran las que se habían producido tras el conflicto con Sakura. Nunca pudo descubrir el origen del gran odio que Hyde había generado por el ex baterista. Se culpaba de no poder llegar a esa sima.
Los años le habían permitido descubrir las pequeñas sutilezas del carácter de Hyde. Las simples contestaciones estaban llenas de sentimiento.
El tono, y las palabras usadas, demostraban toda su alma, como lo hacían las canciones. Tetsu notaba que las mejores canciones habían sido producto de algo más profundo que una necesidad mercantilera. Pero no alcanzaba para comprender aquel problema pasado. Sabía que Hyde ocultaba algo, tanto, que era inclusive probable, que ni el propio vocalista lo conociera.
Finalmente había llegado al edificio. La gran ventana del departamento de Hyde estaba sin luz. Pensó por un segundo irse, convencerse a sí mismo de que seguramente, hubiera pasado la noche y el día con otras personas, como solía adjudicársele siempre. Tal vez con Megumi. Tal vez no.
La duda hizo mecha en su pensamiento.
Subió por las escaleras, hasta la puerta del departamento. No había rastro de luz, ni de vida alguna. Posó su mano en el picaporte, pero sólo lo rozó. Él no tenía las llaves, ¿cómo iba a ingresar? Después de todo, si Hyde se enterara, se enojaría con él. Pero otra sensación extraña lo llevó a apoyar por completo la mano sobre aquel metal frío. Y el sonido de la apertura reverberó.
-¿Abierto? ¿Acaso…?
Prefirió no pensar. Ingresó lentamente, observando que todo estaba en su lugar. Vio la puerta cerrada de la habitación de Hyde. Se acercó a ella.
-¡Rayos! ¡Qué estupidez, seguro está durmiendo! –pensó, intentado replantearse su sandez. Pero un vacío lo tomó por sorpresa. Debía ver si estaba durmiendo. Debía hacerlo. Lo necesitaba. Quería tener la tranquilidad de que todo estaba bien.
Giró la perilla del picaporte, y la apertura de tal puerta, sonó a vidrio molido. Vio el suelo asustado, observando los pequeños cristales azules esparcidos por todos lados. La cama estaba apoyada contra la pared, dada vuelta, y las sábanas estaban revueltas.
Buscó el escritorio y halló cerca de él el cuerpo de Hyde, iluminado apenas por la luna que ingresaba por el ventanal.
Corrió a su encuentro. Parecía desmayado, pero su palidez tenía una tonalidad amarilla, ¿o era la luna? No buscó comprobarlo, y tomó su celular, llamando de inmediato al médico. Intento tocar partes de su cuerpo, para saber si no estaba lastimado de alguna forma, y lo rodeó con sus brazos.
-¡Hyde! ¡Despierta! ¿Me oyes? ¡Hyde! ¡Rayos, por lo que quieras, despierta! ¡Me tienes preocupado!
Le susurraba con un leve movimiento. El rostro del vocalista, que se hallaba girado hacia un costado, se detuvo en el pecho de Tetsu, movido por aquel suave zarandeo que el bajista realizaba para despertarle. Fue cuando Tetsu notó el gran golpe en su mejilla. Era una mancha roja, que denotaba con precisión los dedos y la palma de quien fuera el dueño. ¿O la dueña?
Tetsu comprendió, y lo abrazó con más fuerza. Reconoció su error. No debió de haberle hablado de esa forma la noche anterior. No debió desengañarlo. No debió decirle que lo que observaba por meses entre Hyde y Megumi era un gran vacío. Hyde estaba realmente solo. Hyde había descubierto la soledad de su propia condición humana. Miró el cuarto, y comprendió la escena. Podía recrearla con precisión. La discusión, el abandono y la ira. Hyde estaba solo. Muy solo.
La ambulancia rápidamente llevó al cantante al hospital, siendo internado. El amarillo de su palidez era extraño. Tetsu había esperado pacientemente en el salón que se encontraba fuera de la habitación del paciente. Los médicos habían hablado con él.
-¿Señor? ¿Usted viene por el paciente...?
-¡Sí!
-No se preocupe. Está estable, están haciendo un lavado de estómago, y medicándolo para desintoxicarlo.
-¿Intoxicado de qué? -temió sin respirar.
-De alcohol. Tiene un altísimo porcentaje en sangre, y aún así, su estómago contenía más. Créame, debe vigilarlo. Si esto no es usual, supongo que no debería pasar a mayores, pero no permita que se haga rutina. Si se repite, deberá buscar ayuda profesional.
-Vaya -suspiró con tristeza-. Sí, doctor.
Tetsu obtuvo el permiso para ingresar al cuarto. Se había ubicado al lado de la cama de Hyde, quien seguía inconsciente. Tetsu lo observaba con duda. No sabía qué hacer. El joven con aquellas alas de libertad tatuadas en su espalda nunca aceptaría que el alcohol lo dominaba. Y aún así, nunca su esencia le permitiría buscar ayuda, porque Hyde era así. No pedía ayuda. Nunca la había pedido. Solamente se mostraba autosuficiente.
Hyde no necesitaba del amor, no necesitaba de los sentimientos, y mucho menos, necesitaría profesionales. Sólo necesitaba libertad.
Tetsu suspiró, y contempló la mano de Hyde que se hallaba reposando a su costado. Acercó más la silla a la cama y tomó esa mano con las suyas. Estaba fría. Se preocupó, y posó sus dedos sobre la muñeca, percibiendo el pulso. Suspiró una vez más aliviado.
-¡Aún no me muero, idiota! -dijo una voz desanimada, cansada, que mostraba en su tono lo mal que se sentía.
-¡Hyde, despertaste! ¡Qué suerte! -Tetsu sostuvo con ternura aquella palma. Buscaba su perdón, buscaba redención por su culpa.
-¡Ah! ¡Mierda! ¿Dónde estoy? –preguntó, observando con molestia el cuarto tan blanco-. ¡Baja esa maldita luz! ¡Me está matando! -comentó con rabia.
Tetsu atendió el pedido y se levantó, dejando la mano del vocalista sobre aquellas sábanas. Hyde sintió esa rotura en el contacto. Su mano estaba cálida. Lo sentía. El líder bajó las luces de la habitación, y regresó a su lugar. Hyde lo miró, y no pudo contener sus palabras.
-Tienes manos cálidas -susurró para que su cabeza no explotara con su propia voz reprimida.
Tetsu parpadeó un instante, y volvió a tomar aquella mano que se iba enfriando.
-¿Quieres que traiga unas mantas? -le preguntó, buscando imitar ese susurro, que en su voz tomaba una tonalidad aún más ronca.
-No, no es necesario.
Hyde giró su rostro para no ver a Tetsu, y miró por la pequeña ventana del cuarto. Allí estaba la luna. Suspiró molesto, y regresó su vista cansada a la de Tetsu. Éste deseaba hablar, deseaba preguntarle lo que había sucedido, pero sabía que no debía, tenía que callar. Hablaría con él cuando se recuperara.
-¿Hace mucho que estoy aquí?
-Unas 5 horas, más o menos.
-¡Mierda! ¡Perdona la molestia!
-No, ¿qué piensas? Me preocupé mucho por ti -le sonrió, buscando darle ánimos.
Hyde lo contempló. Contempló una vez más aquella sonrisa, la sonrisa de la benevolencia, mezclada con la culpabilidad. Lo conocía lo suficiente, como para reconocer el carácter sufriente de su amigo. Sabía con certeza que Tetsu se culpaba de su estado. Y aquella idea le hizo sonreír. Tetsu mantuvo su sonrisa, pero cambió a una extraña curiosidad.
-¡Eres un imbécil! ¿Sabes? -le dijo Hyde, negando con su cabeza.
-¿Eh? ¿Por qué? -le preguntó sorprendido.
-¡Porque ya te estás culpando! ¡Ya puedo ver tu cara de culpa! Ni pienses por un instante que tienes la culpa de algo. Yo tomo mis decisiones. ¡Que te quede bien claro! –dijo, con un cierto tono de soberbia.
Tetsu no sonrió. Aquello parecía una señal más de lo que tanto él como Yukihiro pensaban que Hyde cometería un día cualquiera. ¿Sus propias decisiones? ¿Llegar a ese estado era su propia decisión? Si en verdad, lo único que estaba ocurriendo es que a Hyde se le escapaba el control de todo. Lo observó con culpa en silencio. Hyde correspondió su mirar, y sólo suspiró, girando su rostro para observar la luna.
Tetsu no pudo contenerse más. Hyde se mostraba como el condenado a la muerte. Estaba rendido y resignado a aquella situación. Lo iba a perder. Iba a perder a su amigo, a esa rareza, a esa personalidad tan peculiar. Hyde se iba perder en la desidia.
-¿Qué te ocurre, Hyde? ¡Por favor! ¡Háblame! ¡Dime! –dijo, con voz contenida. Aún en ese momento, su inconciencia pugnaba para que tomara la calma. Creyó que eso molestaría a Hyde, creyó que el gritaría, que al menos, separaría su mano de las de él, herido en su orgullo de autosuficiencia. Pero no. No ocurrió. Sólo observaba la luna.
-No lo sé. No lo sé. Pero tú tenías razón...
-¿Qué? -preguntó sin quererlo. Preguntó con culpa. Sabía la respuesta.
-Megumi no me quería, ni yo a ella.
-¡Perdóname! No te dejes llevar por mis...
-No. Es verdad. Me lo dijo hoy.
-¿Hoy?
-Acaso, ¿no fue hace 5 horas lo del bar?
-No, Hyde. Casi ha pasado un día.
-¡Oh! –comentó, mirando a Tetsu con asombro. Un asombro fingido, un asombro sin real preocupación. Regresó a contemplar la luna. Suspiró una vez más-. Sabes, Tetchan… Realmente... Estoy muy solo...
Tetsu lo observó con dolor. No podía ver en lo que se había transformado su amigo. El gran Hyde, suspirando de soledad. Apretó levemente sus manos y Hyde sintió aquella impotencia, como también sintió, con fascinación, la preocupación del amigo.
13 PM. El sonido insistente del teléfono irrumpía en la tranquilidad de aquel ordenado cuarto.
-¿Sí…? ¡Quién rayos habla! -contestó la llamada el joven muchacho, soñoliento.
-¿Yukki?
-¿Ken? ¡Qué quieres! -le dijo en un tono más agresivo aún. No olvidaba lo que hacía horas había insinuado el pervertido.
-¡Es Hyde!
-¿Qué? -cambió su inflexión súbitamente.
-Está en el hospital, Tetsu está allí. Pasó toda la noche. Quiere que vayamos a reemplazarlo. Está cansado.
-Mm... Yo iré...
-Yo también...
-¡No molestes! -regresó a aquel tono agresivo.
-¡Es también mi amigo! ¡Histérico! -le gritó con enojo.
-¡Vete al demonio, imbécil! -Yukihiro colgó el teléfono.
Estaba en la cama. Había dormido poco, cavilando en sus propias dudas, en la realidad, en su sentir, en Ken, y en todo lo que la maldita existencia humana solía poner en juego para hacer sufrir a las víctimas teatrales de tan indigna comedia. Miró por la ventana, cómo aquel cálido sol ingresaba hasta su cama.
-No, Ken. ¡Yo no soy juego de nadie! -negó con su cabeza, mirando de soslayo el suelo.
Tetsu había pasado toda la noche en aquella silla, dando calidez a la mano de Hyde con las suyas. Abandonó aquel contacto y se llevó una mano al cuello, frotando sus músculos cervicales. Movió su cabeza hacia un costado, haciendo que la contractura fuera liberada.
Hyde despertó, en parte por el fin del contacto, en parte, por el sonido desagradable.
-¡Oye! ¡Esto es un hospital! ¡Silencio! -comentó con sarcasmo. Tetsu le sonrió. Se alegraba de aquel comentario. Cuando más ironizara su amigo, era más similar al Hyde que había conocido.
La puerta de la habitación se abrió, dejando pasar a Ken y Yukihiro, que parecían tener malhumor entre ellos. Tetsu los observó, y notó tal tensión.
Ken: ¡Ey! ¡Hyde! ¿Cómo estás, amigo?
Hyde: ¿Ves a dónde llego cuando quiero superarte en tus excesos? -bromeó con suavidad. Tetsu lo miró desconcertado. Había aparecido de súbito aquel Hyde antiguo. Ese que nada le importaba, que sólo vivía para sí, y que la condición humana sólo era un tema al cual escupir. Allí caviló: ¿Acaso ese Hyde que él decía llamar 'el de antes' no era más que esa apariencia desenfadada? ¿Acaso el verdadero Hyde siempre había sido oculto? ¿Cuál Hyde era el verdadero? ¿Cuál de los dos había comido al otro?
Yukihiro: En serio, ¿cómo estás? Al menos no te veo amarillo -sonrió con agrado.
Hyde: Vaa, ¡es que Tetsu no sabe diferenciar mi piel del maquillaje de base!
Todos sonrieron menos Tetsu. Él observó el cambio con tristeza. ¿Quién era realmente Hyde? ¿Dónde estaba el verdadero amigo? ¿O era que su amistad sólo estaba en aquella superficie? ¿En aquella imagen de desfachatez?
Yukihiro notó esa ausencia en el bajista, e intervino.
Yukihiro: Tetsu, ¡ve a dormir! Estás muy cansado.
Tetsu aceptó aquella ayuda del baterista. Se despidió de los tres, saludando a Yukihiro con un apoyo de su mano sobre su hombro, al pasar por su lado.
Tetsu: ¡Cuídenlo al cascarrabias ese…!
Hyde se quedó con aquellos dos sujetos. Necesitaba continuar con su farsa, mostrar que nada había sucedido, como siempre lo hacía, como siempre solía hacer, desde el origen de aquellos fantasmales recuerdos.
Hyde: ¡Ey! ¡Ken! ¿Probaste lo que te dije? -sonrió con picardía.
Yukihiro: ¡No estamos para esas bromas! -dijo molesto. Hyde lo observó con sorpresa. El tranquilo sujeto nunca explotaba sin ser antes terriblemente asediado... A menos, de que ya lo estuviera.
Hyde: ¡Uy! ¡Yukki! Veo que Ken te ha molestado mucho en este tiempo, ¿no?
Yukihiro resopló, sentándose al lado de Hyde, con un gesto de disgusto.
El vocalista volteó a ver a Ken, pero estaba serio. Algo ocurría.
Ken se sentó un poco más alejado de la cama, sobre un cómodo sillón.
Hyde esperó que alguien conversara. El silencio se mantenía, y lo haría hasta el infinito. Notó la tensión del ambiente, e irritado por ese mutismo, utilizó su artillería.
Hyde: ¿Peleas conyugales? -sonrió con un gran sarcasmo ególatra y observó a ambos.
Yukihiro: ¡No molestes tú también! Que estés en cama no te detiene para seguir jodiendo la vida ajena, ¿cierto? Ya con Ken es suficiente -Hyde detuvo aquella incipiente broma que comenzaba a realizar. Yukihiro malhumorado y Ken serio eran las peores actitudes de aquellos dos. Hyde sintió incómoda la situación. Prefería a Tetsu, aún con esa manía maternal.
Hyde: Oigan, vayan a buscar a Tetchan. Con él al menos hablo.
Ken: Perdona a Yukki, Hyde. Está algo molesto, creo que me he pasado con ciertas bromas –dijo, apenado. Parecía una disculpa indirecta.
Yukihiro lo miró por un instante. Ken se veía sincero.
Hyde: ¿Qué le hiciste?
Yukihiro: ¡Me molestó! ¡Y punto!
Hyde: ¡Vaya! Por una maldita vez en mi vida, voy a sentirme igual que Tetchan -suspiró ante la curiosidad de los otros dos ante sus palabras-. Oye Yukki, ¿le puedes perdonar a Ken lo que haya hecho?
Yukihiro: ¿Qué?
Hyde: Vamos... O mejor, no, ¡al revés! -miro a Ken-. ¡Ey! Dile que lamentas haberle bromeado pesadamente -Yukihiro observó a Ken, quien lo miró fijamente.
Ken: Él sabe que soy un tipo muy molesto, y mis bromas no siempre caen bien. Sabe que lo lamento. Siempre termino eligiendo mal... -finalizó mirando el suelo.
Yukihiro: ¿Y bien, Hyde? ¿Cómo estás? -la entonación del joven baterista había regresado a un tono común, al amable de siempre. Ken notó con una sonrisa que lo había perdonado.
Hyde: Ya te digo, mejor. Con Tetchan dando vueltas, ya sabes. ¡Es como tener a mi madre! ¡Rayos! -dijo con cierto espanto simulado.
Yukihiro: Dos aquí no hacen mucho. Necesitas más tranquilidad. Vendré a la noche a cuidarte, hasta tanto... -miró a Ken como el amigo que siempre era-… cuídale bien, ¡por favor!
Yukihiro se fue, quería visitar a Tetsu y ayudarle con el disco, pues, a pesar de todo, el trabajo debía continuar.
Ken quedó a solas con Hyde.
Hyde: ¿Qué le hiciste?
Ken: ¡Nada!
Hyde: ¡Oyeee! ¡Yukki no se molesta a menos que lo hastíes!
Ken: ¡Ya te dije…! -Ken se veía algo apático.
Hyde pensó un rato en silencio, observando a Ken. Éste, sintiendo la intensa mirada, lo observó. Hyde levantó una ceja, y, torciendo su boca en una mueca de desagrado, de bizarría, lo miró con sorpresa.
Hyde: ¡Ken! No me digas que le propusiste a Yukki lo que te sugerí...
Ken: ¡Oyeeeee! ¡No, no! ¿Cómo crees?
Hyde: Tú eres capaz de todo... -comentó con obviedad.
Ken: ¡Es un amigo! ¡No!
Hyde: ¿Qué le hiciste?
Ken: Sólo lo abracé como tú lo hiciste anoche, ¿recuerdas? Para molestarlos.
Hyde: Ah, ¿sí? ¿Y eso lo enojó de tal forma?
Ken: Bueno, dije algunas cosas... ¡Ya sabes cómo lo toma Yukki!
Hyde lo observó negando con la cabeza. ¿Algunas cosas? Sabía que 'esas cosas' habían sido graves. Ken no tenía remedio. Le sonrió con reprobación.
Hyde: ¡No seas así con Yukki!
Ken lo observó. Parecía que algo más allá de las palabras estaba oculto.
Hyde, en menos de tres días, fue dado de alta, y regresó a su casa, a tratar de ordenar su departamento. Sin embargo, al llegar, notó cómo todo se hallaba en perfecto estado. Inclusive, había nuevos adornos de cristales azules en reemplazo de los rotos. Su habitación estaba impecable.
Hyde miró sorprendido el lugar. ¿Acaso su estado le habría hecho alucinar su ira destructiva? Se acercó a la cama, y allí vio un papel.
-Megumi -susurró con una sonrisa soberbia. Desdobló el papel, y leyó la prolija letra:
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"¡Hyde! No te preocupes, ordené todo, así no te molestabas, pero a cambio, necesito algo importante: sé puntual y ven al estudio a las 5 PM.
PD: encontré en el mercado unos cristales azules extraños, están sobre tu escritorio.
Tetsu. ^_^ "
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Hyde sonrió ante aquella carita dibujada. No, ¿cómo iba a pensar que era Megumi? No luego de lo que le había dicho. Se sentó en la cama, y releyó el papel.
Tetsu. El gran amigo. Siempre que él lo necesitaba, él aparecía. Evocó memorias. Evocó aquella traumática época, cuando el grupo había quedado sin baterista. Recordó su angustia, su desesperación, sus noches en desvela. Estaba siendo estragado.
Los recuerdos fantasmales una vez más atacaron su mente. Recordó aquella sensación de vacío, de estar perdido en la multitud. Nadie podía acercarse a él. Él no lo quería, y no podía. Deseaba, sin éxito. Fue en esa época que encontró al verdadero Tetsu.
El Tetsu que se preocupaba por cada uno de los integrantes. El Tetsu que lo acompañaba, a pesar de su rechazo. Sus nervios habían sido dañados, su alma había sido rasgada, y su más profunda inocencia había sido degollada.
Y a pesar de todo, allí estaba Tetsu con su sonrisa, con su mirada amiga, con su mano extendida, dispuesto a ayudarle siempre.
Recordó esa tarde. No había asistido al casting de bateristas.
Preocupado, como siempre, Tetsu había ido a su en aquel entonces nuevo apartamento, para obligarlo a presentarse. Sin embargo, ese día estaba destruido.
Tetsu había llamado a la puerta, pero Hyde sólo estaba arrojado en su cama, observando con ausencia el atardecer. Tetsu había forzado la puerta para ingresar, y se dirigió a su habitación. Allí lo había contemplado.
Todos sus reclamos fueron amenizados, aún no comprendiendo el por qué del estado de su vocalista preferido.
-¿¡Hyde! ¿Te sientes bien?
-Excelente -había dicho, sin moverse, con absoluta oscuridad.
-¡Rayos! ¿Qué te ocurre? Te necesitamos en el casting, tenemos que probar tu voz junto con el sonido de la batería.
-Pon un disco.
-¡Hyde! -había reclamado, con impotencia. No podía dejar de alarmarse por el estado de su amigo. No lo comprendía, y el joven no hablaba. Nunca podría ayudarlo en esos términos-. ¡Mierda! ¡Hyde! Por favor, por lo que más quieras, dime, ¿qué te pasa?
-¡Nada! -gritó, incorporándose rápidamente de la cama, mirándolo con rabia, con odio, porque quería que lo dejaran en paz. Deseaba desaparecer del mundo, deseaba detener el tiempo, y sumirse en el olvido. Pero a pesar de ello, siempre Tetsu aparecía a molestarle, a preguntarle lo que le ocurría. Hyde sólo deseaba desvanecerse en la inconsciencia, pero su amigo insistía en mortificarse por él. A pesar de que estaba enfadado, también reconocía cierto agrado por aquella actitud. Era la primera vez que veía a Tetsu en su totalidad.
-¡Basta! ¡Dime qué te ocurre! ¡Me preocupas, imbécil! -le había respondido con cierto enfado.
-¡Qué te importa! ¡Qué mierda te interesa! ¿O es que tienes miedo de perder la incipiente fama del grupo? Es por eso, ¿verdad? Sólo te interesa que esté bien para sacarme provecho. ¡Eres como todos! -había dicho, sin desearlo. Tetsu lo había mirado dolido. Eran palabras duras, eran palabras que, en el fondo, Hyde sabía que no tenían absoluta verdad.
-¿Y piensas eso de mí? Pues bien, ¡deja el grupo! -contestó con autoridad.
-¿Qué? -Hyde, malhumorado, observó sentado en su cama al líder, con asombro, con una cierta admiración, y por sobre todas las cosas, con una profunda alegría oculta.
-¡Que dejes el grupo! Si es el grupo lo que te está haciendo esto, entonces, déjalo. Regresa al arte, a las pinturas, a la vida más tranquila. No me interesas en lo más mínimo como producto. No quiero el Hyde que se muestra en las revistas. Yo quiero a mi amigo, y se está ahogando. ¿Podría dejarme ayudarle? -la última frase había sido entonada con ternura. Con aprensión. Hyde estaba sorprendido. Sabía que era sincero, que Tetsu vivía preocupándose por el grupo, por sus amigos. Era un buen líder, después de todo. Hyde había suspirado, posando su vista arrepentida en el suelo.
Tetsu se había acercado al joven y se había sentado a su lado. Había puesto una mano sobre su hombro, e, inclinándose levemente, lo observaba a los ojos.
-¡Hyde! Yo me preocupo por ti, no por lo que me puedas dar.
Hyde había quedado atónito. Sintió su cuerpo temblar, y una congoja lo había atacado. Conteniendo las lágrimas, había abrazado a Tetsu con fuerza, agradeciendo las palabras. Siempre decía lo justo, lo necesario, lo vital. Finalmente había visto a Tetsu en completitud. Había visto lo que su fantasma había opacado por casi cinco años. Ese día, a pesar de nunca haber hablado más del tema con él, habían sellado un pacto de amistad. Un pacto en donde Hyde y Tetsu reconocerían que el día en que estuviera preparado, Hyde hablaría con él. Sólo con él, y Tetsu, aceptaría esa ofrenda, ese dolor, y lo compartiría. Hasta ese día, el pacto se mantendría indisoluble. Aún después de la verdad dicha.
Hyde dobló aquella carta, y miró a su costado, en el mismo lugar donde Tetsu había estado sentado en aquella oportunidad. Ahora comprendía esas sensaciones extrañas que le había generado el amigo de sonrisa fácil. Movió su cabeza negándose algún deseo secreto, y se incorporó para ir a ver el escritorio. Observó los bellos cristales que había comprado Tetsu. Eran bellos, eran puros, eran de tan cristalina esencia. Parpadeó un momento. Tan sólo eran cristales fríos. ¡No poseían esas cualidades!
Tocó uno en forma de montaña. No. Eran tan cálidos. Sonrió con tristeza para sí mismo.
5 PM.
Tetsu: ¡Será que nunca vendrán temprano! ¿Será que nunca me harán siquiera sentirme así de feliz? -renegaba con resignación el líder frustrado.
Yukihiro: ¡Ya, ya! Tetchan, ¡no te amargues! Ya sabes... ¡Es mejor que descansen bien a que vengan o malhumorados, en el caso de Hyde, o terriblemente pesado en el caso de Ken! -comentaba sonriente, mientras fumaba con agrado un cigarrillo acompañado de una soda.
La puerta del estudio se abría con lentitud.
Tetsu lo observó con una sonrisa benévola. Hyde había llegado a tiempo. El vocalista vio con extrañeza esa felicidad impresa en Tetsu. Le devolvió la sonrisa. Tetsu era simple. Era fácil hacerle sonreír, hacerle sentir bien.
Hyde: No te mal acostumbres. Sólo esta vez, ¿sí? -había dicho con elegancia, mientras se acercaba a la mesa de trabajo, donde sus otros dos compañeros continuaban leyendo y escribiendo.
Tetsu: ¡No, claro! -comento con una risa.
Yukihiro y Tetsu veían con tranquilidad el estado de Hyde. Desde que había despertado en el hospital, lentamente había adquirido un equilibro anímico extraño.
Prosiguieron con la selección de textos, de acordes, las sugerencias de mejoría, y demás, hasta que pasadas las dos horas, apareció un agotado Ken. No habría dormido en toda la noche, sus ojeras evidenciaban aquello. Sin embargo, a diferencias de todas las veces que lo hacía, carecía de ese ánimo satisfecho que solía sumirlo una noche salvaje.
Yukihiro lo observó. ¿Acaso habría perdido la palabra dada? ¿Acaso habría roto lo que se había jurado a sí mismo frente a él como su testigo? Pensó un instante y, resignado, comprendió que hasta inclusive, era probable que aquello hubiera sido sólo un desvarío de su amigo. Seguramente, cuando se acercara, sentiría ese aroma repulsivo.
Ken: ¡Hola! ¡Perdón por llegar tarde! He dormido tan mal.
Hyde: ¡Vaya! Encontraste la agresividad, ¿no? -le sonrió con picardía.
Tetsu: ¡Hyde! -censuró con cautela. Observó a Yukihiro que sólo simulaba leer aquella canción, una vez más.
Ken: Vaaaa... Nada de eso...
Hyde: ¡Mentiroso! -continuó molestando.
Ken pasó por detrás del asiento de Yukihiro, para sentarse al costado de él, apoyándose en el lado libre de la mesa.
La brisa generada a su paso llevó al olfato de Yukihiro el aroma que tenía. Un aroma a canela y tabaco. ¿El perfume de Ken? Lo observó con curiosidad. Era el aroma que siempre tenía. Era su propio aroma. Yukihiro supo que decía la verdad.
Yukihiro: ¿Pasa algo malo? -preguntó con preocupación.
Ken: Nada. Qué va a pasar… Sólo dormí mal -suspiró con resignación, prendiendo un cigarrillo.
Hyde: Mmm... ¡Rayos! ¡Te ves hecho mierda si te acercas!
Ken: Bueno, Hyde. No estoy de humor para bromas -la seriedad no era típica del pervertido del grupo. Tetsu lo observó con curiosidad, y miró a Yukihiro. Éste sólo observaba con igual de intriga el estado del guitarrista.
Hyde: Buen, ni modo. ¡A trabajar!
Tetsu: ¡Muy entusiasta! ¡Me agrada! –dijo, satisfecho. Hyde lo observó con una sonrisa agradecida.
Pasaron las horas en aquel estudio. Las correcciones y mejorías se hacían sin descanso. Finalmente habían terminado el disco. La compilación de temas, el orden de los mismos, los acordes, la música, los instrumentos y el tono que Hyde usaría en cada una de ellas. Sólo era cuestión de ir al centro de grabación para plasmar el trabajo en el CD.
Hyde: Por cierto, ¡hay que ponerle nombre a nuestro bebé! -dijo con orgullo.
Tetsu: Yukihiro había pensado uno interesante.
Hyde: ¿Ah, sí? ¿Cuál?
Yukihiro: No. No. Sólo era broma, Tetchan. ¡No era en serio! -sonrió con incomodidad, pero Tetsu no se detuvo.
Tetsu: 'Hohoemi.'
Ken: No está mal, ¿qué te parece, Hyde?
Hyde: ¿Por qué pensaste en darle ese nombre?
Yukihiro: Sólo delirio de medianoche. ¡Ya sabes! ¡Mucho cigarro y soda! -respondió con embarazo. No deseaba decir la verdad, del desencanto que había tenido al pensar en aquel nombre.
Hyde: De acuerdo. ¡Ese nombre será, pero en inglés!
Ken: ¡Ah! Tú siempre queriendo quedar mejor, ¿no?
Hyde: ¡Por supuesto! El disco se llamará 'smile'. ¿Qué tal?
Los tres aceptaron. Tal vez no era tan desacertado. Hyde estaba curado. Sintieron que habían recuperado a Hyde, a pesar de que él nunca les había dicho de la causa de aquella depresión.
Tetsu había explicado a generalidades, lo que había supuesto al haber ingresado a aquella habitación, encontrando a su amigo en tan deplorable estado. Los tres comprendieron, conociendo a Hyde, que si él no hablaba, era imposible insistirle y conseguir algo a cambio. Tal vez, el orgullo del cantante estaba herido, y ellos, sus amigos, no estaban dispuestos a humillarlo. Tal vez más adelante hablara, tal vez.
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