TSUKIAKARI NI JINSEI
(Vidas a la Luz de la Luna)
-por Jinsei no Maboroshi-
página IV
Fecha de publicación: 15 de julio de 2006 - Corrección: Ogawa Saya
Los meses pasaron, y la presentación del nuevo disco no se hizo esperar. Asistieron a varios programas de televisión, mostrando que el grupo no se había disuelto como se rumoreaba. Las fans gritaban en cada lugar donde ellos se asomaran y les entregaban a cada uno de ellos peculiaridades asombrosas.
Ken solía recibir de aquellas japonesas osadas ropa interior escandalosa, quien aceptaba las ofrendas por complacerlas. Tetsu siempre criticaba tal actitud: era un hombre adulto, debían dar el ejemplo. Pero Ken no tenía absoluto interés en eso, y prefería mantener aquella reputación de conquistador, de joven chico amante. Yukihiro era asediado por jovencitas sonrojadas, tímidas, y chillonas. Le regalaban chocolates, dulces varios, y algún que otro libro. Yukihiro les sonreía en agradecimiento, generando suspiros en cadena en aquellas aglomeraciones.
Tetsu, por su parte, simplemente sonreía a cada una de ellas. Las fans de él resultaban recatadas y maduras. Las apreciaba. Valoraba que, a diferencia de las chicas que preferían a sus amigos, éstas fueran las más ubicadas. Siempre buscaba la forma de tocarles las manos, con una sonrisa en su rostro, en un gesto de agradecimiento por tal comportamiento.
Muchas veces, algunas eran invitadas a bailar o charlar amenamente con él si las encontraba de casualidad por algún lugar, como había hecho tantas veces en el bar recóndito de la ciudad de Tokyo. Ellas se lo retribuían, manteniendo siempre la calma, siendo reservadas. Era un pacto que él y ellas habían establecido sin darse cuenta.
Las más excitadas, no sólo en actitudes sino en cantidad, eran las fans de Hyde. Él podía coleccionarlas. Ellas arrojaban a Hyde absolutamente todo objeto. Podía recibir ropa interior, cristales azules, o bombones. Era el preferido de Japón. El chico malo, de belleza angelical. El contraste del demonio y ángel. Tanta imagen para tanto misterio. Todas ellas lo amaban, aunque él siempre sabía aquello: sólo amaban su imagen, ellas no tenían ni recóndita idea de su ser.
Rápidamente el disco Smile obtuvo éxito rotundo. El grupo volvía a sus andadas. Las giras se extendieron más allá de Japón y Asia. Viajaban, visitaban países promocionando su disco, y meses después regresaban al mismo lugar a dar el concierto.
Toda aquella adrenalina, todo aquello que era nada menos que la esencia de L'Arc~En~Ciel, había provocado en Hyde un leve sopor nostálgico. Recordó los inicios del grupo y los fantasmales memorias aparecieron, apesadumbrando lentamente su carácter.
Tetsu advirtió aquel progresivo ensombrecimiento. Nuevamente Hyde ingresaba en las profundas desolaciones.
Ken había dejado, para sorpresa de todos, sus romances pasajeros. Una noche en Tailandia, el joven amante les había confesado la verdad.
Se hallaban en un bar de la zona, viendo espectáculos tradicionales, mientras bebían sin culpa. Los cuatros aún cansados, habían decidido compartir un par de horas en grupo íntimo como, hacía tiempo las responsabilidades profesionales, les impedían.
Hyde: ¡Vaya! ¿Observaron esa chica?
Yukihiro miró lo que Hyde.
Yukihiro: ¿Qué tiene?
Hyde: Ja ja ja. ¿No te das cuenta?
Yukihiro: ¿Qué?
Tetsu: Oye, yo tampoco entiendo de que estás hablando. ¡Ah! Sí. ¡La bailarina! Si es típico de Tailandia tener esas bailarinas con la habilidad de torcer los dedos. ¿Te sorprende eso? -preguntó descreído.
Hyde: No soy imbécil. ¡Sé de su habilidad, pero yo no sabía de esa chica!
Ken: ¿Es famosa? -preguntó observando con interés el objeto de curiosidad del vocalista.
Hyde: No lo sé. Pero es la primera vez que veo una chica así.
Tetsu: ¡Vaya! ¿Ya te afectó la cerveza?
Hyde: ¡Estúpido! -le dijo con censura, y se dirigió a Ken-. Oye, ¿por qué no la vas a buscar? Te aseguro que tendrás mucha 'agresividad' -Hyde le guiñó el ojo a Ken, quien comprendió, junto con sus otros dos amigos.
Tetsu: ¿En serio? ¡Rayos! ¡Aquí se debe ir con cuidado! -sonrió al reconocer su propia confusión.
Ken: Naaa... ¡Olvídalo! -Hyde lo observó extrañado.
Hyde: Oye, hace rato que no te veo molido de esa forma que sólo una noche de puro sexo te genera. ¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto impotente?
Yukihiro y Tetsu rieron abiertamente. Ken había adquirido una leve tonalidad sonrosada.
Ken: ¡Vaya! ¡Ahora el pesado es otro! -dijo con una sonrisa irónica.
Hyde: Ja ja ja. En serio, Ken, ¿qué ocurre? ¿Te dejaron de gustar las mujeres?
Ken: ¡Eso quisieras tú! -contestó con soberbia. Hyde aceptó la derrota. Había sido una excelente contestación. Si no hubiera estado con sus amigos, hubiera sentido la incomodidad.
Hyde: De acuerdo. De acuerdo. Es que me preocupas. Ya no te veo merodear por la noche. Vas temprano al departamento a dormir.
Ken: ¡Estamos trabajando!
Hyde: ¡Esa excusa a otro! ¡A mí no! ¡Te conozco! -sonrió, mientras que los otros dos reían abiertamente.
Ken: De acuerdo. Son mis amigos... Deben saberlo.
Tetsu: ¿Es algo malo? -preguntó circunspecto súbitamente.
Ken: No, no. Es serio en cuanto a que lo he decidido.
Se mantuvieron en silencio. Yukihiro miraba con cierto descreimiento. ¿Iba a decir lo que creía que iba a decir ante Hyde y Tetsu? ¿Iba a decir que había dejado ese vicio? Yukihiro pensó un poco más. ¿Qué nuevo vicio habría escogido a cambio? Lo miró con mayor escepticismo, mientras tomaba su soda.
Ken: Pues bien... ¡Que me he unido al club de Yukki!
Yukihiro se atragantó con el liquido, y tosió suavemente.
Hyde: ¿Club?
Tetsu: ¿Qué cosa?
Yukihiro: ¡Antes de hablar cualquier estupidez te digo que ya me has quitado todo el humor bueno que tenía! Mejor cállate, y molesta a Hyde. ¡A él le gusta! -dijo con indiferencia, mientras tomaba de vuelta su soda.
Hyde: ¡Oye! ¿De qué estás hablando, Ken?
Ken: ¡El club de los célibes!
Tetsu y Hyde se miraron entre sí con desconfianza, pero una intuición súbita los unió. Ambos iban a molestar a Ken, en defensa de Yukihiro.
Tetsu: ¡Ken! Yukki no pertenece a ese club. ¡Te lo puedo asegurar!
Hyde: Yo también.
Yukihiro levantó una ceja, con el ceño fruncido. Eso verdaderamente ya no le gustaba, y menos de parte de Tetsu. ¿Qué tramaban? ¿Por qué Hyde reaccionaba en conjunto con Tetsu? ¿Acaso Tetsu... habría faltado a su palabra?
Ken: ¿Qué? -dijo con asombro.
Hyde: Yo no sé, pero Yukki ha estado muy callado últimamente, ¿no lo crees, Tetchan?
Tetsu: ¡Seguro!
Yukihiro envió una mirada fulminante a Tetsu. Él la observó y le sonrió con un guiño de ojo, lo suficientemente leve, para que sólo Yukihiro lo notara. Ante ello, comprendió. Era sólo un escarmiento para Ken.
Yukihiro: Vaya. Se han vuelto perceptivos, ¿ne?
Ken observó el rostro de malicia fingida que hacía Yukihiro. Sintió un dolor en el pecho.
Ken: ¿Qué?
Hyde: ¿Tú no te has dado cuenta, Ken? ¡Qué poco observas a Yukki! ¿No has visto esa chica tímida, de sonrisa angelical que lo ronda desde hace un par de meses?
Ken: ¿Qué?
Yukihiro: ¡Rayos! –dijo, simulando desagrado por el ilusorio secreto descubierto.
Ken: ¡Oye, Tetsu! Me están tomando el pelo estos dos, ¿verdad?
Tetsu: Oh, no. ¡Claro que no! Yo también la vi. Es un primor. Un gusto exquisito. Por ello no lo veíamos con muchas chicas. Eligió una belleza que roza la ilusión.
Hyde: ¡Qué pena no haberla visto antes! ¡Te juro que no se me escapaba! –decía, simulando deseo.
Ken: De acuerdo, par de graciosos, ¿qué están diciendo?
Hyde: ¿Qué te pasa? ¿Herido en el amor propio? ¿Te sorprende que Yukki tenga algo que tú no has tenido antes? Te gusta ser el que prueba primero, ¿verdad? -le dijo con sensualidad malévola.
Tetsu: Deberías felicitarlo. Es un primor esa joven.
Ken: ¡Yukki! ¿Qué es esto? ¿Por qué no me dijiste nada? -comentó con tono seco, traicionado.
Yukihiro: ¿Eh? ¿Y por qué debería contártelo? ¡Para que gozaras con las perversiones! ¡No! -explicó con una sonrisa satisfecha en su rostro.
Hyde: ¡Esa chica nunca se acercaría a un pervertido como tú, Ken! Definitivamente.
Ken: ¿Qué mierda dices? Esto es una estúpida broma de los tres. No puede ser que Yukki...
Hyde: ¡Ja! Tienes envidia de no tener lo que él sí, ¿verdad? -interrumpió el berrinche de Ken.
Ken se detuvo en seco. Recordó lo que hacía meses comenzaba a percibir de Yukihiro. Esa esencia, esa sensación tan diferente del vacío. Esa percepción por lo otros. Era verdad. Deseaba tener esa capacidad que había perdido. Se inquietó. La había perdido de tal forma, que no había reparado en aquello que Hyde y Tetsu decían. No había reparado en el ánimo de Yukihiro. ¿Acaso no estaba permanentemente tratando de entenderlo? ¿Tratando de aprender de él lo que tanto le faltaba? No. Ya no podría aprenderlo. Ya no. Porque lo había perdido. Pérdida absoluta e irrecuperable. Dejó que esa broma hiciera eco en sus amigos, que reían con delicadeza. Se levantó con seriedad, haciendo que los tres, con sorpresa, le observaran con culpa repentina.
Ken: Mejor me voy. Hoy no estoy de humor -acotó, y se retiró al hotel donde se hospedaban los cuatro.
Hyde lo observó con absoluto descreimiento, y Tetsu sintió culpa. Yukihiro sólo distinguía cómo esa triste figura se alejaba.
Tetsu: Creo que se nos pasó la mano, ¿verdad?
Yukihiro: Parece.
Hyde: Ja. ¡Se lo merece!
Yukihiro y Tetsu lo observaron con curiosidad.
Hyde: No me engaña. No tiene derecho a hacer lo que hace con quien lo hace –dijo, fumando su cigarrillo ante la mirada de aquellos dos.
Tetsu: ¿Por qué siento que sabes algo que nosotros no? -dijo con ameno tono.
Hyde: Es evidente. Cualquiera lo notaría, menos ustedes dos, par de bobos.
Yukihiro: ¿A qué te refieres?
Tetsu: ¿Crees que realmente esté impotente? -Hyde lo miró con escepticismo. ¿Podía ser verdad que Tetsu, el más ubicado del grupo, cayera en tal ingenuidad? ¿No podía reconocer la verdad del chiste?
Hyde: Oye, tú todavía sigues creyendo en el kappa, ¿ne? –ironizó, mostrándole a Tetsu su cara de absoluta extrañeza. (kappa: criatura mitológica japonesa)
Yukihiro: ¡Tetchan! ¡Eso fue un chiste! -explicó con cierta vergüenza ajena.
Tetsu: ¡Oh! Pero como lo tomó tan a pecho...
Hyde: Eres un ingenuo. Definitivamente -negó con su cabeza, afectando indignación.
Tetsu: Bueno, sabelotodo, ¿qué le pasa a Ken?
Hyde: Está mal.
Yukihiro: Ciertamente, eres muy sagaz -comentó con sarcasmo.
Hyde: Perdió algo que no puede hallar.
Yukihiro: Evidentemente, la dignidad.
Hyde lo miró sorprendido, esbozando una sonrisa. ¿Desde cuándo Yukihiro había adquirido esa ironía? Una muy buena respuesta.
Tetsu: ¿Será que está pasando mal amoroso?
Hyde: ¡Tú piensas que todo el mundo sufre de eso!
Tetsu: No todo el mundo, pero él podría. Si ha dejado el vicio de las mujeres, es porque algo está ocurriendo en su interior. ¿No lo crees, Yukihiro?
Yukihiro lo observó en silencio. Podría ser. La lógica de aquel razonamiento no era del todo descabellada. Levantó sus hombros en señal de desconcierto, y tomó su soda.
En pocos meses, estuvieron de regreso en Japón. Los cuatro regresaron agotados. Tetsu había decidido darles unas vacaciones. Cada uno por su lado, como quisieran. Lo habían aceptado con sumo gusto, a excepción de Hyde que, ante aquella proposición, simplemente calló. Tetsu notó esa actitud sabiendo que no era buena.
El tiempo de descanso sería de un mes.
Tetsu: ¡Bien! Ahí tienen sus vacaciones. ¿Qué piensan hacer? -dijo el líder, echándose sobre la silla del estudio. Los había reunido luego de la gira para darles la noticia.
Yukihiro: Yo iré a Osaka.
Hyde: ¿Ah? Con la linda chica, ¿no? -dijo amenamente. Aquella mentira se había mantenido dentro de los tres para resguardar a Yukihiro de la inclemencia humorística de Ken.
Yukihiro: Eso no importa. Iría a visitar a mi familia y amigos de la infancia. ¡Es bueno regresar a las raíces!
Tetsu: Sí. Muy buena elección. ¿Y tú, Ken?
Ken: ¿Yo? Solamente me quedaré en mi departamento. Muchísimas noches de mal sueño. Es que si no duermo en mi cama, no puedo.
Hyde: ¡Vaya! ¿Eso justifica tu vicio? ¡Mira qué curiosa causa! -había dicho con ironía.
Ken: ¡No molestes!
Tetsu: ¿La pasarás sólo? ¿Todo un mes sin hacer nada encerrado en tu departamento? -lo miró con curiosidad.
Ken: ¡Oye, que no salga de Tokyo no significa que me quedaré encerrado hasta que L'Arc~En~Ciel saque otro disco! Simplemente trabajaré con tranquilidad en mis trabajos con SOAP.
Hyde había sentido un leve dolor punzar su pecho.
Tetsu: Como gustes. Vacaciones a criterio de ustedes. ¿Y tú, Hyde?
Hyde: Haré lo mismo. Me quedaré en casa.
Tetsu lo observó con preocupación. No deseaba que Hyde pasara mucho tiempo solo, meditando en sus problemas, y más ahora que Megumi había desaparecido. Tetsu intentó hacerle cambiar de opinión pero no tuvo éxito. Hyde iba a quedarse en su departamento.
Yukihiro: ¿Y tú, Tetchan? ¿Qué harás?
Tetsu: Yo... Tomaré vacaciones reales. Me iré con Kaori a Kyoto.
Ken: ¡Eso suena a luna de miel! -bromeó con socarronería.
Tetsu: No, ¡por favor! -había sonreído con vergüenza. Hyde lo observaba, con una tristeza que lentamente se acomodaba en su corazón. Recordó esas palabras en el bar. Entonces era verdad. Tetsu amaba a esa joven, y ella era su devota. Suspiró con abatimiento. Lo perdería con el casamiento.
Ken: ¡Ey! Hyde, ¿qué te pasa? ¿Por qué tienes esa cara...?
Hyde: Nada. Sólo que lo vamos a perder.
Yukihiro y Ken se miraron sorprendidos, para luego preguntar con sus ojos en silencio.
Hyde: ¿Cuánto falta realmente para que te cases? -le preguntó secamente, yendo directo al punto.
Tetsu: No. No hay fecha. ¡Y Hyde, aunque me case en algún futuro, yo no voy a perder a mis amigos! -sonrió con seguridad, con sutileza, con aquella única sonrisa de benevolencia que le pertenecía sólo a él. Hyde amaba esa sonrisa y toda la calidez que le transmitía. Pero aún así, sabía que lo perdería.
Hyde: Todos dicen lo mismo...
A los dos días de aquella reunión, Yukihiro ya había partido hacia Osaka, y Tetsu se preparaba junto con Kaori para marchar. Había tardado sólo cuatro horas en empacar toda la ropa necesaria para el viaje, y había ido a buscar a Kaori. Ella complaciente en todo, había aceptado entusiasta. La joven salió de su casa con una pequeña maleta. Tetsu la observó con seriedad. Era una chica bella, agradable y solícita. Cualquier hombre de Japón la querría. Ella siempre aceptaría sus deseos, porque no era una novia, sino una devota. Tetsu dudaba de mantener aquella relación. Siempre lo hacía, pero nunca lograba dar el primer paso hacia el final. Buscaba excusas, buscaba justificaciones para continuar con esa farsa. Pero allí, en ese preciso momento en que salía de su hogar, Tetsu observó con asombro cómo ella sujetaba la maleta. Y la vio en su muñeca. Aquella gótica pulsera, la pulsera de la muerte. Y a pesar de la aberración que ella tenía para con esa alhaja, la usaba para él. Porque había sido su regalo. Tetsu suspiró resignado, antes de fingir la sonrisa a su novia. El tenía la culpa, y nunca la dejaría. Porque su culpa y la devoción de ella ya habían pactado.
-¡Tetsu! ¿Cómo estás? -saludó al subir al auto.
-¡Bien! ¿Y tú?
-¡Contigo siempre estoy bien! -Tetsu suspiró otra vez. ¿Realmente amaba esa complacencia? ¿O la culpa era sólo lo que la relacionaba con ella?
Alejó esos pensamientos de su mente, y se mintió una vez más. El la amaba, y ella a él. Era todo.
-Sabes, quiero ir a visitar a mis dos amigos antes de partir. Quiero saludarlos, y bueno... Tú sabes que Hyde es delicado...
-Él es el depresivo, ¿cierto?
-Ajá -su preocupación se plasmaba en su rostro. Ella lo había sujetado del brazo con alegría infantil.
-¡Tetsu! ¡Eres magnifico! Aún así, te preocupas por tus amigos. ¡No me merezco tan buen hombre!
Tetsu la observó con resignación. ¿Acaso, verdaderamente él era un buen hombre? ¿Manteniendo esa relación, era un buen hombre? Sí, debía serlo, porque la amaba. Tenía que amarla. Aunque no pudiera.
Rápidamente llegó al departamento de Hyde. Dejó en el auto a Kaori, quien como siempre, había aceptado tal deseo sin siquiera realizar una mueca. Tetsu tocó la campañilla del timbre, frente a la puerta del departamento de Hyde, pero nadie respondía. Una sensación de temor volvió a socavar su espíritu como había ocurrido la primera vez.
Giró el picaporte, que no tenía llave, y sintió esa sensación de repetición. ¿Una y otra vez acontecería lo mismo?
Corrió al cuarto de Hyde con miedo. Abrió la puerta y logró verlo sobre la cama, mirando a través del ventanal. Ante su presencia, Hyde se transformó en aquella imagen desfachatada, y lo miró. Tetsu estaba helado. ¿Acaso Hyde estaba más oscuro que nunca antes, y ahora se ocultaba mejor?
-Tetchan... ¿Qué haces aquí?
-Vine a despedi… -su voz disminuía hasta desvanecerse.
-Que tengas suerte. Tráeme algo bonito, ¿quieres? -Hyde se mostraba alegre, desenfadado, y absolutamente fingido. Tetsu temblaba ante la idea de lo que podría ocurrir en su ausencia. No se iría tranquilo. Debía exigirle a Hyde cordura. ¿Pero cómo podría exigirle a él? ¿Cómo podía obligarle a un ser tan rebelde?
-Hyde... Prométeme que estarás bien. Yo te traeré unos cristales de Kyoto, ¿sí? Pero dime que estarás bien.
-Ja. ¿De qué tienes miedo? ¿De que me mate? -Tetsu lo miró con inquietud-. Es eso, ¿verdad?
-Hyde, no quiero perderte -susurró con miedo. Hyde lo observó sorprendido.
-De acuerdo. Ya deja de ser mi madre, ¿sí? -le sonrió con una escondida felicidad. Hyde amaba sentirse especial. Sentir que había personas que lo apreciaban, superando sus defectos. En definitiva, ¿qué ser en la tierra no desea sentirse especial, así sea sólo para una persona?
Tetsu lo saludó y se fue. Hyde estaba solo, sentado en la cama, mirando por la ventana una vez más.
-¿Perderme? Yo desearía tanto perderme a mí mismo… -susurró en su profunda tristeza.
-¿Ken? Perdona, no puedo ir a tu casa, se me hace tarde, perdona que no te salude personalmente -decía Tetsu a su celular, mientras conducía con suma cautela.
-¿¡Por qué mierda me llamas! -dijo una ronca y soñolienta voz por aquel aparato.
-¿Qué? -Tetsu abrió sus ojos, alejando el celular de su oído, mirando con asombro el aparato.
-¡Rayos! Tetchan. Hace meses que no puedo dormir más de 5 horas, y hoy que lo estaba logrando, ¡me despiertas! ¡Esto es injusto! -comentó con tono resignado, con pena.
-¡Ay, perdona, Ken! Pero créeme que es importante –sonrió, apenado de haber arruinado el descanso de su amigo, pero sabía que era necesario.
Acercó nuevamente el celular a su oído.
-¡Vete de una vez, y déjame dormir! -había dicho en un tono de broma.
Tetsu sonrió.
-No, es Hyde.
-¿Pasa algo malo? -dijo con seriedad súbita.
-No, no aún.
-¿Qué quieres decir?
-Sabes, lo fui a despedir y lo vi muy mal. Está peor que antes.
-¿Qué? Pero si en la gira se veía muy bien.
-Sí, sí, precisamente. Se lo ve muy bien, pero si lo encuentras desprevenido, está profundamente decaído. Temo por él. ¿Te puedo pedir que no dejes ni un día de visitarlo o llamarlo o espiarlo si es necesario? No quiero que caiga, Ken.
-Ni yo. De acuerdo. Yo lo cuidaré.
-Gracias.
-¡También es mi amigo! ¡No te preocupes!
Tetsu cerró su celular.
-¿Sabes? Si está tan mal, ¿por qué mejor no nos quedamos? -dijo Kaori con serio rostro.
-¿Mn? Eso es bueno.
-Creo que es lo mejor.
-No. No la idea, sino que tú me contradigas -dijo sonriente.
-¡Ah! ¡Perdóname! Yo no quise…
-No, no te preocupes. Es que me gusta que no estés de acuerdo con todo lo que pienso.
-Sólo deseo que seas muy feliz, y haré todo lo que pueda por mi parte.
-Gracias, pero no es necesario tu sacrificio. Tenemos que vivir a la par. ¿Sí?
-Si -regresó a aquella complacencia-. ¿No vamos a quedarnos?
-No. Vamos a tomar las mejores vacaciones.
-Pero, Tetsu… Tú deseas quedarte -susurró con voz triste, casi traicionada.
Tetsu la observó, desdibujando su sonrisa. Kaori lo miró un instante, y colocando sus manos en su regazo, bajó la vista hasta sus propios zapatos. Tetsu regresó su visión a la carretera, y se quedó en silencio. Sólo pensando en el silencio.
Los días pasaban, y Ken cumplía con aquella encomienda. Se inquietaba por Hyde, había notado exactamente lo dicho por Tetsu. Un Hyde muy primoroso en apariencia que moría internamente.
El timbre sonó insistente en el departamento.
-¡Mierda! ¡Ya voy! ¡Ya voy! ¿Ni en mi propia casa puedo bañarme en paz? -gritó acercándose a la puerta, que al abrirla, mostró a Ken con una guitarra en mano-. ¡Mierda! ¿Tú otra vez? -le dijo con fastidio.
-¡Oye, me aburro, qué quieres! Yukki no está en su departamento para molestarlo.
-Sí, claro. ¿Y me escogiste a mí como tu víctima? Eres un demonio.
Ken pasó al salón, y esperó que Hyde se cambiara. Al poco tiempo estaban creando las nuevas canciones para un nuevo disco.
-Cuando Tetsu lo escuche, se pondrá muy contento -decía sonriente Hyde al escuchar las tonadas en las guitarras, y acompañándolas con una voz marcada.
-Parecen buenas, ¿no?
-No. ¡Lo son!
Pasaban horas perfeccionando canciones y modificando acordes. Ken había hallado una excusa perfecta para mantener controlado a Hyde, o simplemente, hacerle fingir un equilibrio inexistente. Al menos servía para ello. Se sentía un poco mejor al verse hábil, para reanimar a un amigo, o simular reanimarlo. Ken hacía noches enteras que no dormía. Sus ojeras estaban profundizadas, y su cuerpo estaba pesado. No dormía ni descansaba. Estaba agotado, tanto como el mismo día de regreso de la gira. Por su parte, Hyde se mostraba mejor, a pesar que en momentos de descuido, lograba mostrarle a Ken lo perdido que se hallaba.
-¡Esta le fascinará a Tetchan! -dijo muy sonriente-. ¡Tiene las variaciones tonales de las que es muy adepto!
-Ja. Tú trabajas sólo para Tetchan, ¿no?
Hyde lo observó, manteniendo la sonrisa que le había generado la canción y la tonada. Trabajaba para Tetchan, componía para Tetchan, y daba vida a sus canciones para él. Anemone. Esa canción, había sido especial. Hyde la había escrito con sumo placer y dolor, y como tantas otras, la había compuesto para Tetchan. Sí. Trabajaba para él. Creaba para él.
Porque sólo gracias a Tetchan, Hyde aún existía. Si no fuera por él, ya se hubiera perdido en la más profunda soledad.
-¡Ey! ¿¡Hyde! ¿Y no has compuesto una para mí? -dijo con tono triste fingido, despertando a Hyde de su ensimismamiento.
-Claro. Aún no la termino. Se llama 'el imbécil pervertido' -le guiñó el ojo. Ken lo miró con osadía.
-¡Demonio enano! -se levantó hasta él y frotó su mano en la cabeza de Hyde, despeinándolo.
-¡Qué mierda haces! -le gritó.
Rieron un rato y, comiendo algunas galletas junto con cerveza, continuaron creando más canciones, entre chistes y conversaciones.
En ese tiempo, Hyde descubrió el gran cambio en Ken. Del pervertido que había conocido, se había transformado en un ser algo taciturno, serio, que cavilaba en silencio y, en momentos, lo sorprendía en sus más profundas meditaciones, lejos de aquel lugar, a pesar de dejar su cuerpo en el sillón. Hyde lo despertaba repentinamente de aquel ensimismamiento, y sonreía con cara de idiota. Quizás una forma de excusa, una forma de vergüenza a su manera. Inmediatamente regresaba a su humor picaresco, pero aún así, el vocalista notaba el cambio en su amigo.
El cuerpo de Ken había cambiado. Caminaba sin energía, con pesadez. Frecuentemente bostezaba, y estiraba sus extremidades, con suma pereza. Sus ojos mantenían un color rojizo, y sus ojeras contrastaban más aquella expresión cansada de su rostro. Del elegante y primoroso Ken, quedaba esa figura debilitada, una sombra del que había sido. Hyde tenía gran curiosidad por aquella actitud. ¿Acaso era todo debido a su nueva forma de vida?
-¡Aaaaaahhhh! ¡Grrrrrr! ¡Gmmmmmrmrrrrrrrrrrrrrrr! -Ken hacía sonidos mientras estiraba su cuerpo, y frotaba con su mano el ojo derecho.
-Ken, cada día luces peor.
-¡Eso es ser amigo, definitivamente! -sonrió divertido por la franca realidad.
-Oye, no es broma, lo digo en serio. ¿Estás tomando drogas?
-¿Qué? -lo miró sorprendido.
-No serías ni el primero ni el último... además, recuerda que uno siempre ha probado algo en su vida -comentó con una sonrisa malévola.
-¡Naaaaa... Eso es pasado, Hyde! ¡Ya te digo, no duermo! ¡No puedo!
-¿Cómo que no duermes? ¡Estás prácticamente cabeceando en mi sillón!
-Bueno, aquí, pero regreso a mi casa, y ya no puedo.
-De acuerdo. ¡Habla!
-¿Hn? -lo miró con curiosidad.
-Te está ocurriendo algo, Ken. ¿Será perjudicial para tu salud el haber dejado el vicio tan rápidamente?
-¡Tengo otros! -dijo con la misma sonrisa, prendiendo un cigarrillo e invitando a Hyde, quien aceptó.
-Sí, pero no creo que sirva para eso... -le dijo con ironía.
-¡Quién sabe! -una nueva pelea de respuestas audaces habían comenzado sin percatarse.
-Vamos, Ken. ¡Apuesto que estás muriendo por una noche de sexo desenfrenado! -comentó sin inhibición.
-Vaa, no me sirven.
-Tu cuerpo no parece decir eso -lo miró con sensualidad. Ken lo observó. Sabía que si continuaban en esa pelea, el perdería aún más, pues Hyde lo llevaría por caminos que no deseaba. Hyde no se detendría hasta humillarlo, hasta destrozar aquella reputación de conquistador innato que a pesar de todo, renegaba de abandonar.
-De acuerdo, ¡ganas! ¡Mejor respuesta! Ahora, en serio. Ya te dije, no me interesa -Hyde se recostó sobre el sillón, y apoyó su brazo extendido sobre el borde del respaldo.
-¿Y qué es lo que te interesa? ¡Algo te está molestando, no puede ser que no duermas! -dijo con un tono de seriedad. El juego había terminado.
-¡Ah! No lo sé. No paro de pensar ciertas cosas.
-¿Qué cosas?
-Mmm... Respuestas de personas. Me confunden. Me siento extraño, y no sé qué es lo que quiero con seguridad.
-¿Respuestas? Vaya, al menos no son preguntas. Créeme que son más molestas -sonrió-. ¿De qué personas?
-De personas. ¡No importa!
-Oh, sí que importan... Según quién responde, es como te afecta. Si yo te digo imbécil te dolerá menos que si te lo dice Tetchan, ¿no? -Ken lo miró con una mueca. Tenía razón-. ¿De quiénes? -insistió.
-No quiero que sepas, ¿sí?
-¡Are, are! ¿Cómo es eso de que no quieres que me entere? ¡Oye, esto es nuevo! ¿Qué está ocurriendo? ¿No puedo saber de quiénes? ¿Tú, el gran contador de anécdotas cochinas? ¿Y no quieres que me entere de los nombres? Mmmm… Eso suena grave... -dijo con una sonrisa irónica.
-Pues no sé. Será o no, pero no me deja dormir. Créeme.
-Bien, no puedo saber quiénes, ¿puedo saber qué es lo que ocurre con esas respuestas?
-Me confunden.
-Mmm.. Etooo… Yo soy quien realmente está confundido. No duermes por causa de respuestas… a preguntas que no me vas a decir… de personas que tampoco me dirás su nombre, que te hacen confundir… ¡eso puede ser tan general! ¿Qué sientes?
-No lo sé.
-¡Genial…! ¿Por qué no me puedes decir?
-Es que... No sé.
-¡Ahhhhhrgg! ¡Ken, pareces Tetchan! ¡Por favor! ¡Muéstrate decidido en algo o te juro que me arrojo por el balcón! -comentó con algo de enojo. Ken lo miró sorprendido, con un hilo de sonrisa.
-Bueno, no es fácil. Dime, tú que tanto escribes, ¿sabes realmente lo que es el amor? -Hyde recibió la pregunta como un golpe en seco. Su enojo se desvaneció y a su mente se desplazaron dos imágenes. La del fantasmal pasado, y la del cálido presente. Ambas perdidas en el tiempo.
-¿Amor? Ken... ¿es verdad entonces lo que dijo Tetchan? ¿Estás así por un problema de amor…? ¿Por eso dejaste el vicio…? Por eso...
-¡Basta, basta! No sé lo que sea, tal vez es un capricho más. Pero para conseguirlo necesito hacer buena letra -comentó con tristeza. No gustaba decir aquello, pero sintió necesidad para no quedar en evidencia.
-No. Ken. Con una treta así no me vas a preguntar del amor -Hyde era inteligente. No caería en aquella simple excusa.
-Bueno... La cuestión es: ¿sabes lo que es?
-¿Definición? ¿Para qué quieres una definición? -lo miro con la nariz contraída.
-Pues, necesito algo de donde partir… Yo no sé qué mierda me pasa, así que necesito cualquier cosa...
-Vaaa... No existe el amor, Ken. No busques definiciones -le dijo finalmente, dejando caer su cabeza sobre el respaldo del sillón-. Lo único que existe es la carne.
-¿Hyde? ¿Y tú compones eso? -le dijo con una leve sorpresa, señalando la mesa con las letras de las canciones.
-Compongo lo que quieren escuchar. El amor no existe...
-Pero tú sabes bien que hay muchas personas que se ven muy enamor...
-¡Estupideces! Son sólo excusas. Amor, como todos esos imbéciles lo creen, es sólo un nombre para tapar las necesidades que tienen del otro.
-Bueno, ¿el amor resulta entonces una necesidad?
-¡El amor no existe! No como debería ser concebido. Sólo existe ese pacto entre dos personas para llenar las necesidades de ambos. Nada más. Una vez saciadas, todo se desvanece -Ken miraba a su amigo que había hablado sin dejar de contemplar el techo, con la cabeza caída hacia atrás. Tal vez era una forma para ocultar su profundo interior. Sin verlo a los ojos, Hyde ponía una impenetrable barrera.
-¿Y cuál es el amor que no existe, Hyde?
-No lo sé. Si no existe, ¿cómo podemos concebirlo?
-¡Oye! ¡Me tomas el pelo! Acabas de decir que el amor no existe como 'debería' ser concebido. Tú tienes tu propio concepto de ese idealismo. ¿Cuál es? -Hyde se mantuvo en silencio mientras Ken observaba si tal vez dejaba de mirar el techo, pero parecía muy concentrado en él.
Probablemente, se hallaba buscando la respuesta en los más recónditos lugares de su ser.
-Tal vez, sea esa sensación de vivir sólo por esa persona, aún cuando ya no tengas deseos de vida. Seguir viviendo sólo para no extrañarla más de lo que en tu propia soledad la extrañas. Es la persona con la que compartes tu soledad. No es compañía, es soledad compartida...
-Hyde. Eso es completar necesidades. Es tu misma definición de lo que tú no consideras amor. Eres contradictorio.
-¿Sí? -bajó su rostro para verlo a los ojos-. Puede ser. ¿Sabes? Me has sorprendido. Y preocupado -esbozó una triste sonrisa-. Ahora no sé si lo que yo creo amor es la misma burda cosa que odio, o simplemente es que en realidad, no existe. Somos incapaces de alcanzar el amor. Eso no existe, o al menos, no nos es posible alcanzarlo. Y nos mentimos con esa ilusión de necesidad mutua. ¡Rayos! -dijo con angustia, mirando sus letras-. ¿Podré continuar con ellas?
Ken lo observó con miedo. Había sido una profunda confesión en código. Pero su respuesta no le había ayudado a esclarecer. No podía hablar abiertamente con Hyde, él era oscuro, y Ken sólo recibiría en respuesta aquella oscuridad, como lo había recibido en ese instante.
Dejando a un lado su propio dolor, Ken observó el pensativo Hyde. ¿Habría cometido una negligencia hablando de aquel tema? Fue cuando Hyde reaccionó.
-¿Sabes? Sería bueno que le preguntaras a Tetchan sobre eso. A final de cuentas, parece que él si consiguió el verdadero amor -comentó con una sonrisa amarga.
-¿Tetchan? Pero... ¿no le habías dicho que era mentira…?
-A veces lo creo, a veces no.
-Hyde, te está haciendo mal estar tan cerca de Tetsu, te contagia su contradicción permanente -sonrió buscando aliviar esa situación, pero Hyde sólo lo miró con profunda tristeza, y sonrió con la mueca del resignado.
-No. No lo creas. Tetchan es el que menos me hace mal -Ken borró su sonrisa, y observó el brillo en lo ojos de Hyde. Tenía que ser delicado, porque cualquier pregunta cerraría de súbito la personalidad de Hyde. Estaba al borde del lloro o de la confesión. Tal vez descubría el mal que le aquejaba.
-Tetchan es bueno -evitaba preguntarle directamente a Hyde qué era lo que le ocurría. Aquella pregunta siempre lo retraía.
-Demasiado.
-Lo dices por Kaori, ¿verdad?
-Lo digo por todo. Tetchan es la persona más amable que encontré en mi vida. Nadie se preocupa como él. Parece mi madre -sonrió con tristeza una vez más. Ken sólo observaba el rostro de Hyde que había bajado su vista hasta la mesa pequeña donde tenía esparcidas las letras compuestas-. ¿Sabes? Cuando peleé con Megumi había destruido la habitación. Al regresar y hallar todo en su lugar, creí que ella había ordenado como forma de disculpa. Lo creí, quizás sin desearlo verdaderamente. Pero no. Había sido Tetchan. Incluso me compró cristales azules de gran rareza, para reemplazar los que había roto. Son muy bonitos. Resulta que él siempre está a mi lado y, aunque a veces me fastidie, yo aprecio su preocupación. Pero cuando se case... Él me dejará... Nos dejará -levanto su vista para ver a Ken-. Nos olvidará para vivir feliz en su sueño de amor, en esa ilusión de necesidades, porque no entiende que no existe el amor, que no existe más que la carne, y las carencias del otro. No existe más que la ilusión que queremos transformar en verdad.
-Hyde, Tetchan no nos olvidará.
-Eso es lo que dicen todos.
-¿Has tenido a muchos que te han olvidado? Tienes miedo de que se repita, ¿verdad?
-No. Ken. No es temor a que se repita, sino a que suceda. Nunca me han olvidado, porque nunca nadie me ha tenido en su mente antes... -dijo con dolor, recordando ese rostro fantasmal.
-No digas eso, Hyde... No puede ser verd…
-¡Lo es! -le dijo con decisión.
-¡Yo no te olvidé! Y hace muchos años que estuve casado. Tampoco te olvidaré, no pienso dejar de molestarte, créeme, ¡me case o no alguna otra vez! -dijo buscando extraer una sonrisa de Hyde con esa broma, pero Hyde sólo lo miraba con una sombra de resignación.
-Todos dicen eso.
-¿No será que tú nos olvides a nosotros? -preguntó buscando la forma de quitarle a Hyde esa sensación de soledad en la que lentamente se sumía.
-¿Qué?
-Tú te puedes enamorar y casar. Vivirás con tu felicidad o lo que sea que te haga sentirte bien, y te olvidarás de nosotros. No eres inmune, después de todo.
-Imposible.
-Ja, ¡Hyde! ¿Qué? ¿Crees que no caerás en eso? -rió con jactancia.
-No.
-Ah, ¿sí? ¿Y por qué estás tan seguro?
-Porque ya no hay nada en mí que sea digno de amar. Y ya nunca más en mi vida podré sentir aprecio similar alguno.
-¡Qué tragedia! -bromeó Ken-. Oye, ¿estuviste viendo muchos dorama? ¿Qué mierda se te ha metido en la cabeza? (dorama: novelas típicas japonesas muy malas, que por lo general son actuadas por los idols del momento)
-Es la verdad. Ya no podré sentir como todos.
-¡Oye! ¡Eso suena a que te han capado! ¿Lo ha hecho tu madre?
-¡Ey! No. ¿¡Qué dices! -dijo serio a pesar del tono burlesco del comentario del guitarrista-. Sólo que ya no tengo nada con lo que pueda sentir.
-Estás dramatizando. Tal vez aún no te llega la persona, Hyde, pero cualquiera puede enamorarse, o sentir esa completitud de carencias, como tú le dices.
-No. A mí ya no. Porque soy infinitamente vacío. En el infinito ya no cabe más. Nada podrá completarme. Nada.
-¿Nada? ¿Y alguien? ¿Alguien tal vez? Estoy hablando de una persona, no una cosa -Ken notó que Hyde había virado el objeto de amor a una cosa en concreta, a su profesión, seguramente, pero no a una persona.
-No. Yo no puedo, ni esa persona.
Ken se sentó recto sobre el sillón, sorprendido. 'Ni esa persona'. ¿Hyde se referiría a Megumi? Pero... No sonaba como tal...
-¿Qué persona?
-No lo sé. ¿Si tú no me has dado nombres, acaso piensas que te daré los míos? Mejor terminemos esto, y continuemos con un par de acordes. Ken, si quieres hablar del amor, pregúntale a Tetchan o Yukki. Ellos aún tienen más espíritu para percibir las sensaciones.
Ken suspiró sonoramente, mientras Hyde iba al baño. Sintió que había sido una confesión por parte de Hyde, pero que había terminado antes de siquiera haber dicho las pistas suficientes. Hyde había regresado a su total conciencia, recreando todas aquellas barreras impenetrables. Todo porque él le había preguntado sin delicadeza. Sintió malestar al reconocer su torpeza. El no era Yukihiro. Sabía que Yukihiro, en su lugar, hubiera hecho hablar a borbotones a Hyde. Yukihiro tenía la extraña capacidad de perder al hablante en sus ojos, y con sus suaves palabras, hacerle hablar hasta las más profundas añoranzas. Yukihiro lo habría hecho dialogar a su antojo. Como tantas veces había hecho con Ken. La actitud suave de su impostura daba tranquilidad, y sus palabras medidas, sin tonos bruscos, generaban un cálido ambiente en el cual podía relajarse y conversar, sabiendo que Yukihiro nunca comentaría aquellas confesiones. Era la profunda tranquilidad de ese ser lo que ayudaba al desesperado hablante a declarar todo, por un deseo inconsciente de alcanzar esa
tranquilidad, esa paz, que él exponía con timidez. Pero lamentablemente, él no tenía esa capacidad, ni Yukihiro estaba allí.
Ken llevó las manos a su rostro y frotó una vez más los cansados ojos. Tenía que buscar consejo o bien, aclarar esas extrañas sensaciones con alguien que no tuviera una visión tan catastrófica de la vida. Necesitaba hablar con Tetsu o con Yukihiro. Prefería hacerlo con Tetsu. Sabía que si Yukihiro hablaba tan sólo una vez con él, en ese trance de paz al que sometía a su hablante, Ken enunciaría todo, sin recato, y se arrojaría al vacío. Tetsu era más medido. Con él debería platicar.
Hyde salió del baño, con el rostro fresco. Había lavado su cara. Ken lo miró extrañado. Mucha charla para su profundo y dolido espíritu.
-¿Seguimos con las letras? -preguntó el vocalista, sentándose nuevamente en el sillón, colocando la guitarra en su regazo.
-Mejor.
Continuaron con su trabajo hasta altas horas de la noche. Tras unas horas, Hyde preparó un par de cafés. Un nuevo receso había dado inicio. Ambos estaban sumidos en un gran silencio. Hyde profundizaba sus ideas, recientemente descubiertas por la extraña conversación de Ken, sobre el amor, y su concepto que había sido quebrantado. Ken, por su
parte, continuaba meditando en la negligencia que había cometido con Hyde al hablar de esa forma. Necesitaba recomponerlo, necesitaba hacer pensar a Hyde en lo que le haría sentir bien, no sólo fingiendo tal sensación. Así que inició su charla con la más absoluta indiferencia.
-Hyde, cuando regrese Yukki quiero comprarle algo para que no se enoje más conmigo...
-¿Se volvió a enojar antes de irse? -lo miró con asombro.
-No, pero sigue mal.
-¿No te había perdonado? A mí me pareció que aquella vez en el hospital...
-Sólo en apariencia.
-Mmm. Ustedes dos sí me llaman la atención –dijo, sorbiendo el café y prendiendo un cigarrillo, con placer.
-¿Qué quieres decir? -preguntó levemente alterado.
-Están muy misteriosos. Ninguno de los dos me quiso decir qué fue lo que tú le habías hecho a Yukki.
-Una broma pesada... Sólo eso... demás, ¡ya te había dicho!
-Sí, ¡pero no lo que le dijiste!
-Es irrelevante.
-Ken, nosotros dos molestamos con las palabras, más que con cualquier gesto... -comento con soberbia, creyendo su habilidad macabra en el uso de las ironías.
-Bueno. No importa. La cuestión es que quiero darle algo que le alegre y me perdone definitivamente.
-Mmm... Yukki es simple. Cualquier cosa le hace feliz -dijo con un poco de anhelo.
-Sí. Es verdad -asintió Ken, sabiendo perfectamente que era de esa forma.
-Yukki se fija más en el gesto que en el objeto. Regálale algo simple, ¡una barra de chocolate! -Ken lo miró con una sonrisa. Sí, era un buen regalo.
Ken contemplaba fijo a Hyde. A pesar de aquella barrera, de aquella imagen de desfachatez, el vocalista escondía una personalidad delicada, sensible y profundamente herida. Nunca antes lo había notado con tanto detalle sino hubiera sido por ese tiempo que compartían a diario. Tetsu había viajado con mucha preocupación. Era cierto. Hyde no era sólo esa extravagante personalidad con algo de oscura sombra existencialista. En realidad, era esa sombra, y todo lo que veían los demás, era sólo una cáscara decorativa. Ken estaba intranquilo. Hyde se acercaba cada día más a la imagen del suicida. Temía por él, por ello, antes de dejar su apartamento, debía hacerle pensar en algo que lo animara, y no abandonarle con aquella desilusión de su propio concepto del amor.
Hyde, notando aquella intensa mirada, sacó su cigarrillo de sus labios, con sensual movimiento, y se recostó en el respaldo del sillón.
-Ken, ¿por qué me miras así? ¿Acaso estás pensando en hacerme esa propuesta? -le guiñó el ojo. Ken lo miró sorprendido y un poco desencantado.
Era una vez más la actitud holográfica del Hyde que buscaba con desesperación ocultar la tristeza de su alma.
-No. ¡Qué cosas dices! -le comentó con una sonrisa.
-¿Y entonces?
-Buen... Me preguntaba... -quería hablar de Tetsu, quería hallar la forma de encontrar el sentimiento de bienestar de Hyde. Creía que sólo el líder era capaz de hacerlo, pero ante su ausencia, lo único que podía ayudarle era evocarlo. ¿Pero si erraba? ¿Cómo haría para descubrir el profundo dolor de Hyde?-. Naa... Mejor olvídalo...
-¿Mm? Dime, ¡me intriga tanto misterio! -fue un empujón inconsciente.
Tal vez en el fondo, Hyde necesitaba de ello, y sus instintos le hacían insistir. Debía decirlo, aunque hiciera mal.
-¿Qué sientes por Tetchan? -Hyde lo miró con seriedad. Una pregunta extraña, con una respuesta igual de extraña.
-Pues, es mi amigo. Ya te dije, es el que siempre me ha ayudado en las crisis más profundas de mi vida. Llega a donde nadie, y me calma -notó lo que había dicho. Se sonrojó un poco, y miró sus manos en el regazo.
Recordó aquella calidez en el hospital, aquel calor que las manos de Tetsu le daban.
-No lo sabes con exactitud, ¿verdad? -intentó hallar su propia respuesta reflejada en Hyde.
-Sí. Si lo sé. Sólo que es muy…
-¿Especial? -Ken le sonrió, y Hyde lo miró con un poco de curiosidad. No entendía a dónde apuntaba el tema-. Sabes, él también te cree especial en su vida.
-¿Lo crees? -le dijo con un poco de indiferencia. Parecía el común argumento para convencer a los niños.
-No miento, Hyde. Él me pidió que te cuidara en su ausencia, como él te cuidaría -Hyde lo miró sorprendido-. Me dijo lo mal que te hallabas. Estaba muy inquieto. Yukki y yo también. Hyde, no estas sólo. Piensa eso siempre.
Ken finalizó el cigarrillo y apretó la colilla incandescente en el cenicero. Se levantó y tomó su guitarra.
-Ya es madrugada. Mejor me voy a ver qué puedo hacer en mi cama, ojalá sea dormir, y no desvelarme. Cualquier cosa, llámame, ¿sí? Y piensa lo que te dije.
Ken se despidió del amigo, saliendo del departamento. Hyde lo había observado con sorpresa.
-Tetchan... -susurró con delicadeza, mientras miraba sus manos una vez más.
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