TSUKIAKARI NI JINSEI
(Vidas a la Luz de la Luna)
-por Jinsei no Maboroshi-
página VI
Fecha de publicación: 29 de julio de 2006 - Corrección: Ogawa Saya
Una extraña palidez ingresaba al cuarto. La luna, nuevamente, miraba por la ventana la existencia de esas víctimas del fatalismo, de la ironía del destino. Con impune maldad, observaba los destrozos de humanos, que otros humanos habían generado. Sin embargo, en esa ventana, algo hizo que se detuviera a ver el cuadro. Se paralizó, comprendiendo lo que
había ocurrido.
Yukihiro había tomado conciencia. Había retornado de aquel sueño. Regresaba lentamente al sentir el aroma a canela de su habitación. ¿Aroma a canela? Abrió con mansedumbre los ojos, y sintió que alguien bajo su cuerpo respiraba con profundidad.
Apreció ese aroma. El aroma de Ken. El aroma que estaba impoluto de ácidos, de aromas repugnantes. El aroma, estaba en su propia piel. Con lentitud se movió, para apoyar ambos brazos en el pecho semoviente de Ken y posar su mentón en ellos para observar con alegría el sueño de Ken. Parecía un niño dormido, un inocente ser. Lo miraba con detalle, recordando, grabando a fuego cada momento vivido, cada centímetro de piel de su amante. Observó ese lunar en el cuello con paz. Sentía las manos de Ken descansar sobre su espalda. Estaba rodeado por su abrazo, por su aroma, tanto por fuera como internamente. Era bello sentirse así. Se sentía completo. Pero sabía que no debía engañarse. Cuando Ken despertara, todo regresaría a la normalidad. Todo terminaría, y se transformaría en una aventura, en una experiencia más. Ken había notado la absoluta carencia de agresividad en él, y sabía que ello lo aburriría. Ken necesitaba acción. Y él no se la había dado.
Miró con tristeza los labios levemente separados de Ken. Deseaba no despertarlo, perpetuarlo en esa forma hasta la muerte. Detener el tiempo, y vivir el resto de su existencia con aquella sensación de completitud, con ese aroma en su piel, con ese ser dormido bajo su cuerpo.
Deseaba tenerlo por siempre.
Movió su cabeza en signo de negación. Ya había comenzado. Ya había dado inicio a su gran perdición. Habiendo accedido al primer paso, había disparado el proceso de autodestrucción que se cerraría sobre sí mismo. Ahora ya no sería deseo de ser una vez, sino de ser siempre. El deseo de ser eternamente. Y los celos lo consumirían. Tendría desprecio por su propia esencia, y se hundiría en la más aberrante soledad, sólo para dejar de sufrir la inconsciente estupidez cometida, arrepintiéndose todos los días de su futura existencia el haber accedido a ese impulso, el haber dado inicio a ese proceso catastrófico, incapaz de olvidarlo, porque había memorizado todo con sumo detalle... Y de esa forma se destruiría. Sonrió con tristeza, y, lentamente, se acercó al rostro de Ken, besando sus labios.
Los rozó primero, los mordió con delicadeza luego, y finalmente deseó arrebatarle el aliento, ahondando el beso, ingresando con miedo la lengua en aquella boca que pronto sería prohibida. Con lentitud, Ken comenzó a responder de igual forma, y aquellos brazos muertos hasta ese momento sobre su espalda, comenzaron a acariciarlo con ternura.
El beso fue finalizado por Yukihiro, que, con cierta vergüenza, miró fijamente a Ken. Éste le mostraba una pura sonrisa de satisfacción, de completitud. Podía ver que ese hombre se sentía como él. Lleno. Pero tenía miedo de que él mismo se mintiera, en busca de ser siempre. En busca de querer ver sólo lo que deseaba, y prefirió creer que sólo era la satisfacción de Ken, el agradecimiento hacia él por haber dejado que fuera una experiencia nueva.
El silencio estaba allí, presente, mirándose uno al otro, con extraño miedo. Yukihiro no deseaba romper ese encanto, y Ken, meditaba sus palabras, feliz de haber encontrado la verdad en medio de su confusión. Yukihiro se veía triste, apenado. Él se había jurado que no lo dañaría.
Nunca se perdonaría hacerle un mal a ese ser que tan cálidamente se había entregado a él, sólo para ser un experimento en busca de hallar la verdad. Finalmente, ese sentimiento que Ken sentía, ¿qué era? ¿Era un juego o era amor? ¿El amor? ¿Un conjunto de necesidades complementadas? Tal vez. Un bello complementar de carencias. El delicado y placentero llenar de espacios por la otra persona. ¿Eso era el amor? Ken comprendió su gran verdad, y sonrió con luz propia. Yukihiro lo observó con felicidad. Veía cuán feliz era su amante aún sabiendo que todo se desvanecería.
-Veo que te has despertado más descansado, Ken -le dijo con ternura-. ¿Ves? Tu cuerpo necesitaba eso... -bajó esquiva la mirada.
-No. Mi cuerpo no necesitaba nada de eso -Yukihiro cerró sus ojos con fuerza. Había creído sentir un rudo tono en esas palabras, a pesar de que habían sido dichas con una bella sonrisa. Ken observó que Yukihiro estaba pensando que se avecinaba el rechazo. Tomó con una mano su rostro, y le suplicó con el gesto que le observara a los ojos.
-Ya veo... Yo te dije Ken, que esto...
-¡Shhhh! No me dejas terminar -le dijo guiñándole el ojo.
-Sólo no me mientas -le rogó una vez más, con una lánguida mirada.
-¡Shhhh!
Yukihiro comprendió que Ken sólo necesitaba silencio, y lo contempló fijamente.
-Mi cuerpo no necesitaba eso. Pero mi alma, si. Es la primera vez que hago el amor, Yukki -Yukihiro se tensionó, y tragó con dificultad, mirando a su amante con sorpresa. ¿Acaso eso era una confesión? Contempló con profundidad la mirada de Ken, buscando la mentira, pero sólo hallaba honda sinceridad-. ¿Sabes? Es estúpido andar buscando definiciones del amor... Lo importante es sentirlo... ¿No lo crees? -Yukihiro comenzó a parpadear rápidamente, buscando comprender esas palabras. Eran sinceras, pero ¿cómo podía ser?-. Pero... De las que he escuchado, la que más me gustó fue la tuya, ¿sabes? Yukki, ¿aceptarías enseñarme? ¿Aceptarías que aprendamos juntos todas las formas necesarias para completar nuestras carencias, para sentirnos acompañados en la soledad? ¿Me dejarías? ¿Aceptarías a un estúpido inmaduro como yo en tu vida, para dejarle adorarte?
Yukihiro lo miró con una sonrisa incrédula. Sus ojos brillaban bellamente, y Ken se perdía en ellos.
-¡Eres un bobo! -le dijo con una gran sonrisa, lanzándose sobre su cuello, abrazándolo.
La luna celosa, observó en silencio aquella alcoba. De las relaciones más improbables surgen los lazos más fuertes, pero ¿por cuanto tiempo?
Y así, ambos regresaron a dormir, con la satisfacción del cuerpo y el alma, con la seguridad de haberse encontrado en la sinceridad. Yukihiro suspiró feliz. Ken lo abrazó con protección. No permitirían que el otro sufriera. Nunca se dañarían mutuamente, en aquel silencio, en aquel abrazo, habían pactado con sangre, con alma, con mente, aquel secreto acuerdo. Pero una fugaz duda rasgó la mente de Yukihiro antes de caer en el profundo sueño. Ken, un hombre demasiado libre, ¿podría mantener una cadena? ¿El mismo Ken, que nunca pudo controlar su anhelo de libertad? Sintió una leve punzada en su pecho, antes de caer profundamente en las hondas secciones del sueño.
El sol los despertó. Yukihiro aún estaba encima de Ken, y al abrir sus ojos soñolientos, encontró el rostro de su amante sonriente, recuperado, con la mirada limpia, y sus ojeras desparecidas. Parecía que toda la vitalidad que por meses había carecido, se evidenciaba en su rostro, recuperada nuevamente. Ken había regresado a ser el que era antes. Yukihiro lo observó con alegría. Amaba verlo bien.
Se movió lentamente, y se sentó en la cama, bajando sus piernas al suelo. Ken se estiró, ronroneando con satisfacción, y lo miró. Yukihiro no dejaba de sonreírle.
-¡Me alegra tanto verte con esa sonrisa! -comentó Ken, apoyando sus manos en la nuca, exhibiendo su torso desnudo sin vergüenza ante su amante.
-Es que realmente te ves tan bien. Has regresado a ser el de antes.
-No -le corrigió. Yukihiro lo miró con extrañeza sin dejar de sonreír-. No. No soy el de antes. Soy un nuevo Ken.
-Ah, tú y tus extravagancias. Nunca cambias... –dijo, negando con su cabeza, reconociendo el sutil mensaje de su amante. Ken había tomado una decisión, y eso era lo nuevo.
Yukihiro se levantó y comenzó a vestirse dándole la espalda a Ken. Éste lo miraba, reconociendo los movimientos delicados de su amigo, observando las líneas de su cuerpo.
-¡Oye! ¿Qué piensas que haces? ¿Me vas a abandonar aquí? -comentó bromeando. Yukihiro lo miró por sobre su hombro, sintiendo cómo ese peculiar humor había regresado a Ken.
-¿Abandonarte aquí? ¡Es mi departamento! ¡Ni loco! -le dijo irónico.
-Entonces me dejarás estar aquí, contigo, ¿no? -le expresó con voz ronca, suave. Yukihiro, ya vestido, se sentó en la cama a su lado, enfrentándolo con curiosidad.
-¿Qué dices? -¿habría dicho lo que supuso que dijo?
-Me aburro en mi departamento...
-¿Pensé que tenías mucho que producir para SOAP?
-Sí, bueno... Pero... ¡Contigo produzco más rápido y mejor! -le guiñó un ojo con travesura. Yukihiro sonrió con vergüenza. Ahora las bromas iban a ser más audaces, aunque ya no le molestarían.
-De acuerdo. ¿Quieres quedarte aquí por un tiempo? ¡Seguramente me lo pides porque tu departamento es un asco! ¡Eres un sin vergüenza! -le regañó con humor.
-Te lo pido porque el dueño debe hacerse cargo de sus pertenencias...
-¿Mn? -lo miro afinando sus ojos. ¿Qué quería decir?
-Te pertenezco, Yukki... -Yukihiro lo miró con un asombro infantil.
Era ridículo que ese hombre tan independiente hablara de esa manera.
-Eres un estúpido, no cambias, ¿ne? -le dijo cruzando sus brazos, aceptando con placer aquel comentario.
-¿No me crees?
-¡Tal vez no! -jugó pícaramente. Ken lo miró retándolo ante la broma.´
-Velo con tus propios ojos -Ken giró sobre la cama, y le mostró a Yukihiro su espalda. Sentía el leve ardor de la piel, pero no se quejaba.
Yukihiro desfiguró su rostro sonriente, y se detuvo en seco. Recordó súbitamente los relatos de Ken, y cómo en ellos siempre comentaba con odio el disgusto que le generaban cuando esas mujeres marcaban su espalda con las uñas. Ken odiaba aquello con profunda repugnancia. ¿Acaso tenía que ver con lo que le estaba diciendo? ¿Acaso las odiaba porque eran la marca que esas mujeres le dejaban? ¿Una marca indeseada? ¡Pero Ken le sonreía! Y Yukihiro se lamentó.
-¡Rayos! Perdona, Ken. Yo sé que odias esto…
-¡Shhhhh! -comentó con suavidad, regresando a su posición inicial y sentándose frente a Yukihiro, mirándolo con una sonrisa profunda-. ¿Ves que me desagraden?
-Pero... Pero...
-¡Pero nada! Yukki, lo que tú expreses, en la forma que lo expreses, no me molesta. Si así sientes, si así te hice sentir, yo estoy feliz.
Yukihiro lo miraba con un suave sonrosado en sus mejillas. Ken se mostraba tan tierno. Era lo que más amaba de ese hombre, esa ternura, esa simpleza de emociones, cuando expresaba sus sentimientos sin vergüenza, sin tapujos. Era un ser que siempre le enseñaba a sentir, demostrando lo sentido. Era algo que debía aprender de él. Saliendo de sus cavilaciones, Yukihiro notó que Ken había tomado sus manos entre las suyas al decirle esas palabras. Y se atrevió a preguntar la duda. Debía expresarse, debía aprender con Ken, como habían pactado. Debía comenzar a mostrar sus dudas y miedos, sus sentimientos, sin vergüenza.
-Ken… Aceptas esas marcas... Porque... Porque... -pero calló. Era demasiado fuerte.
-¡Porque eres tú! -le dijo con sonrisa-. Sólo tú, y no una simple experiencia.
Yukihiro lo miró con agradecimiento. Era la confesión deseada. Era lo que más hubiera deseado en toda su existencia, y el simple de Ken, se la ofrecía, se la entregaba, con sinceridad. Porque era verdad. Yukihiro acarició la mejilla de Ken y se levantó de la cama.
-¡Levántate, vago! Tenemos que trabajar en algunas producciones, ¿no?
-¡Ah! Sí -asintió con seriedad. Y Yukihiro comprendió. Habían pensado en Hyde. Debían trabajar para ayudar a Tetsu, y para que entre ellos, pudieran recuperar a Hyde.
Yukihiro abandonó la habitación.
Comenzaba a preparar el desayuno. Ken había salido del baño, vistiendo sólo los pantalones, pero con un rostro de alegría. Caminaba animado, sin aquella pesadez que hacía tiempo había adquirido. Se sentó en la mesa, mientras veía a Yukihiro preparar café y tostadas.
-¡Rayos! ¡Las 10 de las mañana! ¿Pero cuántas horas he dormido? -dijo sorprendido.
-Sí. Muchas. Más de 11 -le sonrió con felicidad. Ken había podido finalmente dormir-. Y se ve que te han sentado muy bien. Ya no tienes esa actitud cansada -le sirvió el café a su íntimo amigo, y se sentó a su frente.
-Gracias -le dijo Ken, mirándolo con profundo agradecimiento.
-No es nada -le sonrió, sabiendo que aquella palabra no había sido por el café-. ¡Ah! Por cierto, ¿gustas con leche?
-¡Ah! ¡Yukki! ¡Qué zafado! -le dijo bromeando, fingiendo vergüenza.
Yukihiro se sonrojó con molestia.
-¡Ken! ¡Deja de molestar! ¡Eres un estúpido! -le dijo mirando su café.
Ahora enfrentaría las verdaderas bromas de su amante.
-Jajaja... ¡Me encanta ver tu vergüenza! -sonrió alegre- Sí. Yukki, dame un poco... Está muy caliente el café.
Yukihiro no lo miró, aún avergonzado, y se levantó de la mesa. Abrió el refrigerador, y vio aquel envoltorio por primera vez. Sacó el envase de leche, y lo puso sobre la mesa, regresando a aquel paquete y tomándolo.
-¿Qué es esto? -preguntó sorprendido. Ken se sirvió un poco de leche fría en su café, y miró el bulto. Sonrió. Había olvidado el regalo.
-¡Ah! ¡Eso!
-¿Qué es?
-Es para ti. ¡Ábrelo!
-Mmm... ¿Pero por qué?
-Lo había comprado para que me perdonaras por aquella broma... ¿Recuerdas?
-¡Ahhh! Sí. Y supuestamente debí de haberlo visto antes de anoche, ¿no?
-¡Tal vez! -sonrió cerrando sus ojos, divertido-. Vamos, ábrelo.
-Pero... Espera... ¿Por qué? ¡Si yo no estaba molesto contigo!
-Bueno... Yukki, ¡no entiendes nada! A veces hay que buscar excusas... -le guiñó un ojo. Yukihiro lo miró con una mueca simple de resignación a aquella actitud galante de su amigo. Suspiró. Sí. Le creía. Era una excusa para buscar al amigo con el que necesitaba hablar, una excusa para ingresar a su departamento, aún sabiendo que no debía de haber nadie. Una excusa para sentir la ausencia de Yukihiro. Evocó algunos momentos vividos hacía horas, y sonrió con un leve sonrojo. Procedió a abrir el paquete, encontrándose con una caja de cartón. Levantó la cúbica tapa, y vio aquel bello comestible.
Yukihiro miró con sorpresa el detalle. Era tierno. Era como Ken. Una pequeña réplica de una batería compuesta en el chocolate más fino de Tokyo. Sacó un platillo de aquella obra artesanal, y lo saboreó. Degustaba el gesto de Ken, la calidez, el simple acontecimiento. El instrumento que él tocaba, y el dulce que a él más le gustaba. Ken lo conocía. Tomó otro pequeño platillo y miró al guitarrista.
-Delicioso chocolate. ¿Quieres probar?
-No, está bien, Yukki. Es para ti -le dijo con ameno gozo al ver la felicidad de Yukihiro. Hyde tenía razón. Yukihiro era fácil de hacer feliz. Sólo había que mirarle con detalle.
-Vamos. Este te gustará -se acercó a Ken, tratando de colocar el chocolate en su boca. Ken abrió un poco sus labios para probar el dulce, pero rápidamente notó que Yukihiro lo había ingresado a sus propias fauces, y con un profundo beso, saboreaba el chocolate, la boca de Yukihiro, y su infinita esencia brotando de su ser, ingresando a su alma.
Yukihiro se separó de él, y Ken lo observó con sorpresa. Yukihiro no era de hacer esas cosas. La efusividad del baterista siempre era reprimida. ¿O era que comenzaba a aprender? Sí. Ambos comenzarían el aprendizaje a dúo.
-¡Vaya! ¡Yukki! Nunca en mi vida probé algo tan delicioso.
Yukihiro se sonrojó, y se sentó en su lugar para tomar el desayuno juntos. Tenían mucho de qué hablar. Y para ello, tenían toda esa semana... La disfrutarían en compañía del otro.
Había colgado el teléfono a Ken. Estaba desesperado. Hyde estaba muriendo. Lo haría en cualquier momento. La llamada de Ken le había ayudado a desahogar su impotencia sólo un poco. Estaba sentado en el salón de su departamento, pensativo. Kaori había dejado frente a él el té con unas galletas suaves, y se había sentado a su lado, con la mirada fija en la mesa. Sabía que Tetsu no quería hablar. Lo había escuchado llorar, gritando con desesperación al que lo estaba llamando por el teléfono. Veía a Tetsu desmoralizado, sufriendo por ese amigo que en su egoísmo estaba arrastrando a Tetsu de una forma extraña. Ella no quería comprender. Sólo debía estar al lado de su novio para que hallara la fuerza en ella. Sólo deseaba verle feliz. ¿Hasta donde podría resistirlo?
-Kaori... Perdóname -le dijo mirando su té. Ella levantó el rostro y lo miró con pena.
-¿Qué debería perdonarte? No me has hecho nada -le comentó en un tono ameno, para hacerle sentir mejor. Tetsu odiaba cuando no dejaba de complacerlo. Odiaba que se sometiera de esa forma, pero era su culpa. Él nunca le había exigido otra cosa.
-Sí. Estoy con este problema, arruiné tus vacaciones, y no me puedo sentir bien sabiendo que en cualquier día encuentro a Hyde muerto...
-¡Tetsu! -le susurró compartiendo aquel dolor. Tomó la mano de Tetsu en las suyas, en un símbolo de apoyo.
-¿Qué hago, Kaori? ¿Qué hago?
-Si no quiere hablar, entonces tendrás que distraerle -Tetsu la miró fijamente. Ella tal vez, podría captar algo que se le iba de sus propias manos. Kaori percibía todo, más allá de la apariencia, tal vez ella...
-¿Qué sugieres? -le dijo con temor.
-Trabajo, producciones, promueve un nuevo disco. Incentívale de alguna forma a continuar. Exígele algo. Vivirá por eso. Tal vez con ello, puedas lograr obtener el tiempo que deseas para hablar, para entenderlo...
-Yo no lo puedo entender...
-¡Mentira! -le dijo con una leve molestia. Tetsu la miró sorprendido. ¿Acaso era una reclamación hacia él?-. Perdona... No quise contrariarte -suspiró... Creyó por un instante que Kaori podría perder esa complacencia absurda. Pero estaba equivocado. Nunca lo haría.
-¿Tú dices que yo lo puedo entender?
-Sí.
-Pero entonces, ¿por qué no sé qué hacer?
-Porque te mientes a ti mismo -ella apretó con fuerza sus manos en la de él. Le dolería lo que le iba a proponer.
-¿Qué? No te entiendo.
-Olvídalo -le dijo, mostrándole una complaciente sonrisa, una más de las tantas que le obsequiaba, y de las cuales estaba harto.
Tetsu apoyó un codo sobre la mesa, y abandonando la mano de Kaori, tomó su frente con la mano que descansaba sobre el codo y cerró sus ojos. Era una posición de la más pura preocupación.
-Déjame hablar con él. ¿Podré? -le sugirió con una voz temblorosa.
-¿Eh? ¿Qué dices?
-¡Sólo si tú lo deseas! -Tetsu la observó con intriga.
-Olvida lo que deseo, y dime ¿por qué?
-Tal vez, hablando conmigo, pueda buscar una forma de darle más tiempo... Hasta que tú hables con él seriamente.
-No lo sé... Hyde es muy grosero, y más en las crisis.
-No te preocupes. Permíteme hablar con él...
-Bien, iremos mañana...
-... -Kaori lo miró con sorpresa.
-¿Qué pasa? ¿Dije algo malo?
-… -no dejaba de observarlo con asombro.
-Por favor, dime qué pasa.
-Sería mejor a solas... Si tú lo deseas...
Tetsu se intrigó. Extraña petición. Extraña forma. Sabía que ella haría lo imposible para que Hyde recapacitara, porque en realidad, ella estaba haciendo todo eso sólo por él. Porque era su devota. Sólo por él. No soportaba verle triste, ver como fingía una felicidad a su lado, que nunca tuvo, ni tendría jamás. Pero preferían mentirse.
Estaba decidido. Tetsu la llevaría al apartamento de Hyde, y que ella hiciera lo que debiera. ¿Y si Hyde se descontrolaba? ¿Y si Hyde ingresaba en un acceso de furia? ¿La asustaría? ¿La golpearía? ¿La mataría?
Tetsu se sorprendió de aquel misterioso y repulsivo sentimiento. Sacudió su cabeza. Aceptaría que Kaori hablara con el vocalista a solas, aún si Hyde la mataba. Después de todo... ¿Qué era Kaori para él?
-Ven, Tetsu, vamos a dormir. Tienes que descansar -le dijo suavemente, recogiendo su taza de té helado, de la que no había probado un solo sorbo, y lo llevó a la cama. Intentó besarle, pero el sólo rehuía de esas caricias. Ella complaciente, aceptó el rechazo, y se durmió a su lado, apoyando una mano sobre su pecho. Tetsu, no podía dormir, pensando en lo que Hyde estaría haciendo a esa hora. Probablemente, tomando alcohol, bajo la luna, escribiendo sus canciones cada vez más peligrosas.
Tetsu había alcanzado a Kaori en su auto hasta el departamento de Hyde. Le había dejado en la puerta del edificio con la indicación necesaria para llegar hasta el apartamento. La había despedido con un frío beso, y la había abandonado en su misión. Ella percibió esa triste actitud. La desamparaba, para que Hyde hiciera de ella lo que deseara. Era un sacrificio. Un sacrificio para recuperar al Hyde, al cantante que Tetsu tanto apreciaba. Que apreciaba de manera sospechosa. Kaori movió su cabello con valentía, y cambiando aquella actitud complaciente, adquiriendo un leve grado de soberbia, ingresó al edificio.
Rápidamente encontró el número de aquel demonio caído en desgracia, y golpeó la puerta con fuerza. Una fuerza para nada femenina. Una fuerza que carecía de toda la delicadeza que Tetsu siempre había visto en ella. Pero nadie contestaba.
Apretó el timbre varias veces, pero todo estaba inmutable. Mantuvo apretado el timbre por más de 2 minutos, cuando desde las profundidades de aquella guarida, una voz molesta, iracunda, y con la tonalidad de la resaca, gritó con insultos groseros al que llamaba a la puerta.
Hyde, que se hallaba sobre la cama, no había podido pasar inadvertido el sonido estridente de la campanilla que hacía más de 5 segundos no se detenía. Era insistente. Seguro que era Tetsu. Se levantó malhumorado, molesto por el dolor de cabeza que tenía. Tambaleando, caminó hasta la puerta.
-¡Hijo de puta! ¡Deja de tocar así el timbre de mierda! ¿Qué te pasa? ¿No pasaste bien la noche con tu perra, Tetchan? -gritó con absoluta seguridad que sería el molesto Tetsu, pero al terminar de pronunciar ese nombre, y abrir la puerta, observó la mirada odiosa de Kaori. Hyde parpadeó un par de veces, y tragó saliva con dificultad. Kaori, soberbia, pasó por delante de Hyde e ingresó al departamento sin pedir permiso. Observó el lugar, que tenía un par de espejos rotos, botellas de vodka vacías, y otras tantas destruidas en cercanía con los espejos. Suspiró enfadada. Giró para ver a Hyde, que la miraba aún atónito, y entrecerraba sus ojos con una natural dificultad para ver. En un momento, creyó que esa joven era Megumi.
-¿Megumi? -el alcohol lo confundía.
Kaori lo observó. Era una sombra espeluznante. Un alma en pena, un muerto que aún respiraba. Lo miró a los ojos, y vio la profunda desolación de ese ser. Hyde a cada segundo que pasaba, sentía con mayor incomodidad ese contemplar. Rehuía de fijar la vista en sus ojos. Notaba cómo lo leía.
-No. No soy Megumi -comentó con voz altanera.
-¡Ah…! Perdona... Yo... -dijo reconociendo con mayor vergüenza el error.
-¿Estás borracho?
-No. Sólo es que me duele la cabeza...
-¡Siéntate!
Hyde parpadeó ante la orden impartida. La joven lo miró con un cierto rencor, y se dirigió a su cocina. Hyde no comprendía aquella personalidad, que las pocas veces hallada junto con Tetsu, era tan maleable, tan delicada.
Kaori había ido a la cocina de Hyde, y había preparado un café sumamente fuerte.
Regresó al salón, y se lo ofreció con cierta molestia.
-¡Tómalo caliente! -le dijo con aquel mismo tono, y se sentó en el otro sillón.
Hyde estaba asombrado. ¿Acaso la había enviado Tetsu? ¿Pero para qué? ¿Qué tenía ella que ver con él? ¿O acaso a Tetsu le había ocurrido algo?
-¿Le pasó algo a Tetchan? -preguntó con temor.
-No. Vine por mi cuenta -aseguró con circunspección.
Hyde suspiró. Era molesto tener a esa joven en su frente. La joven que tenía el cariño de Tetsu, que lo hacia feliz, o que al menos, simulaban ambos serlo. Ella era la devota de Tetsu. Ella era por quien Tetsu lo sumiría a él y todas sus vivencias en las más profundas zonas del olvido. ¿A qué había venido? ¿A criticarle? ¿A verle derrotado? ¿A darle el cuchillo para finalizar lo que Tetsu había detenido?
-¿A qué has venido?
-A hablar.
-¿Mm…? ¿De qué? -le dijo algo molesto.
-Por tu culpa Tetsu está muy mal.
-Ya le dije que no se preocupara por mí... Es un idiota.
-¡Lo es por quererte! -acotó con el ceño fruncido. Hyde apoyó el café en la mesa, con una ceja levantada, enojado por aquella actitud altanera en la jovencita que nunca se mostraba más peligrosa que una mosca muerta.
-Ajá. ¿Y tú qué mierda vienes a pintar por estos lados? ¿Qué? ¿Vienes a reclamarme que te ha hecho mal sexo?
-¡Eres un cretino! ¡Grosero de mierda! ¡No aprecias a nadie! Eres un bastardo que se cree importante, que se cree que puede tener a todo el mundo a sus pies por la estúpida idea de querer matarse, pero ¿sabes? ¡Eres un cobarde! Tú y toda esa soberbia que llevas a cuestas.
-¡Ve al grano! ¿Qué te pasa? ¿Qué quieres?
-Quiero que dejes de lastimar a Tetsu.
-Él es quien siempre se hace culpable de todo. ¡Vete tú a consolarle con trucos de puta! No me rompas los huevos con escenitas de niña fatal. Anda, vete a llorarle, a decirle que te he tratado mal.
-¿¡Cómo te atreves a decirme eso! -Kaori se levantó de su asiento y rápidamente se dirigió a Hyde, abofeteándole con suma fuerza. Hyde se sorprendió del golpe y de la forma en que le había dolido. Llevó su mano a su mejilla, y la frotó. La miró con odio-. ¡Eres un estúpido! ¡Yo vengo aquí a darte una mano y tú sólo muestras una triste superioridad de nada! ¡Despierta, imbécil! ¡Te estás muriendo, y no ves a los que te estás llevando! ¡Estás entristeciendo a mi Tetsu! El te aprecia como... -un llanto rompió sus palabras, y con fuerza resurgida, continuó hablando, secando con rabia las lágrimas desprendidas-… como un hermano, y tú lo estas destruyendo. Eres un imbécil... Tetsu me dejaría por ti, me abandonaría si de ello dependiera tu vida... ¿no lo entiendes? Si tú te mueres, yo no sé qué hará el...
-¡Estás loca! -le dijo incomprensible a esas palabras.
-¡Niño imbécil! ¡Abre tus ojos! ¡Mira a Tetsu por un momento, y deja de pensar en tu estúpida soledad! ¿No ves que todos estamos igual? ¿No ves que vivimos mintiéndonos a nosotros mismos? Fíjate que Tetsu no deja de mentirse, por ti, por mí, por sus sueños, por no querer herir. Se miente, y se hace infeliz, pero cuando dejas de notar la mentira, y lo crees verdad, es cuando más duele. Abre tus ojos, no creas real lo que no es, y ¡estúpido! ¡No permitas que Tetsu llore una vez más! ¡No le hagas llorar! -amenazó, con la respiración agitada. Hyde la miró sorprendido, serio, intentando comprender sus palabras. Ella se acercó a él, y parada a su frente habló con soberbia-. Yo sé que me odias. Me odias porque sabes que tengo a Tetsu...
-Imbécil... -dijo Hyde, ocultando su profunda sorpresa. Sus dudas emergían. Aparecía Anemone en su mente, y aquellas manos cálidas.
-¡Tengo razón! Y te duele -le dijo con una sonrisa torcida-. Sé también que lo que sientes por Tetsu no es reciente. Sé que estás así en parte por él. Tienes miedo del rechazo. Tienes un gran complejo no resuelto. ¡Toda tu soberbia se destruyó hace tiempo, cuando sentiste que perdías a Tetsu! Tetsu es mío, y por eso me odias. Tetsu es de "la mosca muerta de Kaori", de "la perra de Kaori" como tú dirías, pero no es "del fabuloso, del colosal, del soberbio vocalista" del grupo más reconocido de Japón. No. Es sólo 'el amigo'.
-¡Cállate! -le gritó con molestia.
-¡No, no me callaré, hasta que entiendas lo que te pasa, hasta que despiertes, Hyde! ¡Tú y tus malditas canciones! He pasado las vacaciones con un Tetsu que sólo repetía tus horribles canciones, que se preocupaba por tu vida, por el alcohol que estás tomando en exceso. Yo lo sufro. ¡Tú no! ¡Tú estás aquí, encerrado en tu propio egoísmo! Eres un pobre diablo...
-¡Cállate maldita perra de burdel barato! -Hyde se levantó bruscamente, y abofeteó con el dorso de la mano a Kaori. Ella cayó hacia atrás-. ¡Ahí tienes! ¡Ahí tienes la prueba que buscabas, imbécil! ¡Ahí la tienes! ¡Ve a decirle a Tetsu, y aléjalo de mí! ¡Llévatelo, puta! -Hyde la miraba con odio. Ella, sentada en el suelo, seguía viéndole con soberbia. Y le sonreía con una mueca.
-¿Eso es? -dijo con sorpresa. Hyde levantó una ceja, esperando cualquier otro descubrimiento borrascoso-. ¿Es eso? Tienes miedo de que lo aleje de ti, ¿verdad? ¿No es odio a que lo tenga? -dejó de sonreír. Y lo miró con sorpresa, incorporándose-. Entonces, ¿estás así por eso?
-¡Cállate y vete! ¡Déjame en paz, no quiero verte nunca más en mi vida! ¡Ve a calentar a Tetsu, que es lo único que puedes hacer!
-Hyde... -le miró con cierta tregua-. Estás tan perdido como yo. Sólo te digo una cosa. Escucha a Tetsu con atención. Escucha cómo habla de ti. Y luego, escucha lo que dice de mí.
Kaori pasó por su lado, con cierto desánimo. Había intentado alimentar el odio de Hyde para mantenerlo con vida, quería haberle arrebatado con aquella actitud alguna promesa de venganza, alguna promesa de que haría lo imposible para separarle de su amigo, pero no lo había logrado. Todas sus contestaciones sólo la insinuaban con Tetsu. Hyde sentía que ella lo alejaría de él. Pero Hyde estaba perdido en su propia soledad. Ella comprendió en ese instante que ese joven muchacho carecía de absoluta percepción. El no sabía reconocer en el otro la verdad. Se había envuelto en su egoísmo, y se mentía, de la peor manera. Se mentía reconociéndola como verdad. Al menos ella se mentía con resignación, sabiendo en el fondo que todo era quimera.
Hyde y Tetsu. Ambos se mentían de la peor forma. A ella le dolió el descubrimiento.
Suspiró al atravesar la puerta de salida, y observó a Hyde que la miraba sin comprender. No había podido alimentar su odio, no había podido moverlo a ternura, conmoverlo, no había podido siquiera a través de la agresión violentar ese hermetismo, porque Hyde estaba completamente vacío. Nada lo detendría. Pero tal vez alguien sí.
Kaori tomó el picaporte de la puerta, dispuesta a cerrarlo, pero dijo unas palabras más.
-Hablaré con Tetsu.
-Ja. Ve a llorarle... -respondió molesto, mirando hacia un costado.
-Sólo te pido algo -Hyde levantó su rostro enojado-. No lo alejes de mí -y cerró la puerta.
Hyde miró la portezuela con ojos muy abiertos. Estaba sorprendido por aquellas palabras. ¿Alejarle? ¿De ella? Se arrojó al sillón, y miró el techo.
¿Que escuchara a Tetsu? ¿Que le viera realmente? ¿Que escuchara lo que decía de él y de Kaori? ¿Que no lo alejara de él? ¿Que ella hablaría?
¿Hablaría con él?
Hyde se intranquilizó. Ella lo había notado. Todas sus palabras tenían sentido. Había notado su gran desesperación, su gran secreto, oculto incluso para él mismo. Oculto, a veces con un velo. Reconocido como secreto, ocultado como verdad aún no descubierta.
Hyde dejó ese café y fue hasta el modular principal. De allí extrajo un par de botellas de vodka, y comenzó a tomar agresivamente. La resaca del día anterior lo perturbaba. Kaori lo había molestado, pero de una extraña forma. Había generado en él la intriga. Una estúpida forma de darle un tiempo. Un tiempo que desconocía que utilidad podría tener. Pero ella había logrado que al menos por un corto período, Hyde abandonara esa idea de muerte, sólo para ver en Tetsu, todos aquellos secretos que había sugerido de soslayo aquella joven. Miró la botella. ¿Preocuparse por cómo tomaba? ¡Sólo Tetsu podía inquietarse por ello! Sólo Tetsu sufría con propio dolor la desgracia ajena, sólo Tetsu podía sufrir con la miseria de Hyde. Una miseria levemente mostrada. Una mínima porción, comparándola con el verdadero dolor que acarreaba desde hacia años, y que día tras día, ahondaba el gran vacío de su espíritu. Su infinito vacío.
Kaori regresó al departamento de Tetsu. Rápidamente tomó sus cosas y se dirigió a su pequeña casa de Nagoya. Le llamaría al celular, inventaría cualquier excusa. Ella no debía permitir que Tetsu la viera con aquel moretón en su rostro. Una semana alcanzaría para borrar esa marca. Sonrió con tristeza. No sabía por qué actuaba de esa forma. Si era por ella misma, por Hyde o por Tetsu. Solamente se dejaba llevar por lo que consideraba correcto. De esa forma, abandonó el departamento.
Tetsu estaba en el estudio de grabaciones. Había tratado de crear alguna canción para su propio trabajo que había descuidado hacía mucho tiempo, pero nada surgía en su cabeza. Sólo el problema de Hyde, y su relación con Kaori se mostraban como dificultades complejas, enredadas, en las cuales no podía hallar origen, y mucho menos, predecir un final. Miró un par de discos de L'Arc~En~Ciel que se hallaban sobre una mesada. Vio algunas fotos del grupo en la tapa. Eran buenas épocas. Se preguntaba a dónde iba a parar todo el esfuerzo de los cuatros. A donde iría toda ilusión adquirida en ese sueño bello que era el ser famosos, el ser músicos, y el ser exitosos. Todo aquello, toda esa rebeldía, toda esa bella sensación de ser especial... Para nada. Cada uno de ellos sumido en sus propios problemas, incapaces de comunicarse, incapaces de sentirse especiales.
Y es que sus fans sólo veían la imagen. No veían a la persona. Tetsu sonrió con tristeza. ¿Acaso sus fans, aquellas que más madurez mostraban, podían descubrir en su interior la inseguridad que lo acomplejaba? ¿El miedo a perder lo conseguido? ¿El miedo a perder? ¿Podían ver esas risueñas jóvenes todo el dolor pasado por ellos para lograr ese anhelo, y ver con ojos realistas que nada era como lo habían esperado? ¿Qué había ocurrido? ¿En alguna grabación, L'Arc~En~Ciel había quebrado y él no se había dado cuenta? Pensó en Yukihiro. ¿Cómo su gran amigo pasaba en silencio su gran tortura? ¿Cómo él podía mantener su estoicismo ante ese Ken libertino? Tetsu suspiró y recordó aquella bella respuesta. 'si él está feliz con su vida, pues yo me sentiré bien'. Mostraba la esencia resignada de Yukihiro.
'Pero... Sé que él no es feliz. Nadie en esta puta tierra lo es'.
Exhaló rendido, infeliz, insatisfecho, desilusionado. 'Yo no quiero nada. Sólo que se sienta bien. Si para ello yo me debo alejar, estará bien... No tengo otro deseo'. ¿Otro deseo? Tetsu miró el disco que hacía poco había sacado Hyde. Un disco duro, con letras escritas a sangre.
Comprendió el sentimiento de impotencia de Yukihiro. ¿Qué poder hacer con alguien, si ese alguien no es conciente de su situación? Miró el reloj. Era prácticamente mediodía, cavilando sólo en sus meditaciones.
Tomó su celular e intentó llamar a Ken. Su departamento estaba vacío. Sólo la contestadora atendía.
Tetsu sonrió. Tal vez, finalmente, cansado del agotamiento que aquella decisión le había generado, Ken había decidido ir a dejar sus penas en lo que siempre usaba como relajante medicina: los burdeles.
Suspiró una vez más. Quería trabajar para olvidar. Pero no tenía con quién. Sería mejor hablar con Hyde, y pedirle que le ayudara a componer. Tal vez era buena idea. Así, quizás, el joven ángel caído pasaría su tiempo en mejor estado que en el que se hallaba siempre.
.
El celular sonó insistentemente. Probablemente Ken. ¿Habría llegado recién a su casa?
-¿Hola? -respondió Tetsu.
-¿Tetsu?
-¡Kaori! ¿Estás bien? ¿No te pasó nada?
-Jajaja, no, no. Estoy bien.
-¿Qué ocurrió?
-Hablé con él. Estuvo algo agresivo, sí...
-¡Yo sabía! ¿Te hizo algo?
-¡No, nada! ¡Si está tan deprimido! Me da pena, Tetsu...
-Sí. Lo sé.
-Está perdido en sus propias mentiras. No quiere ver la realidad. Quizás un poco como tú...
-¿Qué? -le preguntó sorprendido.
-¡Nada! ¡Olvídalo! Ja ja ja -rió con nerviosismo-. ¡Amor! Yo pasaré unas semanas en mi casa de Nagoya...
-¿¡Qué te hizo el bastardo!
-Nada, nada. Sólo que he recibido una llamada de mi madre. Está algo enferma. Nada grave, pero deseo cuidarla yo misma. No te molesta, ¿Tetsu?
-Ah, no. Claro que no. Sabes que adoro que tomes tus decisiones.
-Gracias, amor. Y por favor, no lo descuides a Hyde. Escucha cómo habla de ti, y cómo habla de él.
-¿Eh? ¿Te dijo algo en especial?
-¡Nada en particular! -sonrió con ironía. Tetsu se asombró. Aquella expresión era una de las favoritas de Hyde. (betsu ni = nada en particular).
Tetsu se quedó en silencio, sobrecogido. Kaori había hecho algo más profundo de lo que le estaba diciendo. ¿En código, debía traducir aquel mensaje de escuchar a Hyde sobre cómo hablaba de él y de sí mismo? Kaori no le dio mucho tiempo. Se despidió con gran ternura, y cortó la llamada. Tetsu estaba sumamente extrañado. No se detuvo más, y partió en dirección al departamento de Hyde.
Frente a aquella molesta puerta, nuevamente, apretó el timbre. Una voz insultándole, le abrió con desidia.
-¿Tetchan? ¿Qué haces aquí? ¡Ahhh! ¡No me digas! ¡La estúpida esa te fue con el chisme!
-¿Qué? -recorrió con la vista al cantante, sorprendido, indagando cualquier rastro de evidencia que explicara mejor aquella situación.
-¿Ya la viste?
-¿Eh? -Hyde estaba borracho. Caminaba con inestabilidad. Hizo pasar a Tetsu al salón, y éste se impresionó al ver los espejos rotos, algunas botellas rotas contra éstos, y muchísimas vacías esparcidas por el lugar. Su corazón se paralizó. ¿Acaso le habría hecho algo a Kaori?-. ¿Le golpeaste con una botella? -le preguntó con molestia, viendo el lugar. Hyde se había arrojado al sillón, y bebiendo del recipiente aquella fuerte bebida, fumaba con parsimonia un cigarrillo. Tenía el rostro lastimado. Notó las marcas profundas de una fuerte bofetada. ¿Acaso podría haber sido de Kaori? ¿Con aquella brutalidad había marcado el rostro de su amigo? Pero aún así, sonaba tan tranquila por el teléfono. Pero creyó en esa mentira. Creyó en la madre enferma. Lo creía, porque prefería no saber qué le había hecho su amigo. No quería saber. Se negaba a saberlo.
-¿Te dijo eso? ¡Qué basura!
-No. No me dijo nada. No la he visto. Me llamó por teléfono diciendo que se iba a su casa en Nagoya porque tenía a su madre enferma...
-¿Y le creíste?
-¡Hyde! -¿Qué se suponía que era esa respuesta? Tetsu lo miraba con desconcierto. ¿Acaso el propio Hyde le diría lo que había pasado? Pero en el fondo, ¿le interesaba?-. Hyde, ella te pegó, ¿verdad? Tu rostro...
-¡Arde! La hija de puta pega como boxeador. Es una falsa. ¡Siempre mostrando esa actitud de mosca muerta, y es flor de puta!
-¡Hyde! ¡Basta! ¡No te permito! -le dijo molesto.
-Vaaa... ¿Tú también me vas a venir con eso? ¡Anda, di lo que quieras! ¡Pega a Hyde! ¡Que yo estoy aquí, en este estado, para que cualquier imbécil que tenga un poco de tiempo meta su maldita nariz a mi departamento, y me escupa! ¡Soy un simple monigote al que deben pegarle para ganar puntajes, o al menos, un premio consuelo! -decía irónico, fumando, tragando a grandes bocanadas ese líquido fuerte.
Tetsu se sentó en el sillón, y miró una vez más el desastre de la habitación. Tenía miedo de preguntar. Pero debía hacerlo.
-¿Todo esto lo provocó ella?
-No. Sólo fui yo, anoche -aquella respuesta era peor que haber pensado en la pelea.
-Por favor, cuéntame...
-No pasó nada. Vino a pedir que te dejara de hacer sufrir, que me detuviera. Sólo eso -guardó el secreto del golpe. Tal vez Kaori lo había ocultado por algo. Tal vez ella, en realidad, le había dado una mano. Al menos, le había dado tiempo. Se sinceró consigo mismo-. Al final de cuentas, es una buena chica... -suspiró con resignación. Tetsu lo observó con sorpresa. Hyde, aún ebrio, nunca diría eso de ella, y sin embargo...
-¿Y qué piensas hacer? -inquirió con tranquilidad.
-No lo sé. Lo que ocurre, es que ninguno de ustedes entiende... Estoy cansado de vivir... Siempre lo mismo, siempre el mismo vacío. Me siento muerto.
-Pero no lo estás, Hyde. Aún sufres, y eso demuestra lo vivo que estás.
-¿Y es bello eso? ¿Es bello vivir sufriendo? ¿Vivir agonizando en el propio vacío? -comentó con un leve grado de alteración. Tetsu bajó su vista, y miró sus manos.
-Si a final de cuenta, todos morimos... ¿Qué necesidad de adelantar la partida?
-Porque ya no hay sentido.
-Hyde, por favor, tan sólo susúrrame lo que sientes, tan sólo dime qué es lo que te está matando...
-Déjalo. Todo es pasado. Ya no se puede cambiar. El vacío es todo lo que me queda. Pero al menos, Kaori me dejó unas dudas. Tal vez me ayuden. En realidad, no sé si quiero ayuda. No sé lo que quiero. ¿La muerte? ¿La vida? ¿La ayuda? ¿El sufrimiento? ¿La desilusión? ¿O tú?
-¿Eh? -dijo sorprendido.
-¿Cuándo nos vas a hacer trabajar? Necesito trabajar en algo...
Tetsu lo miró con extrañeza. ¿Acaso ese 'tú' había referido a aquello? Se mintió una vez más. Hyde sólo quería trabajar.
-Pues bien, Hyde. Trabajemos.
Durante toda la semana, Tetsu notaba que Hyde continuaba con sus noches de bebidas. Dormía poco, y la resaca no le dejaba trabajan con tranquilidad. Tetsu no descansaba, pensando en los estragos que Hyde cometería cada noche.
Cada mañana, iba al estudio, a esperar con frustrada resignación, que el vocalista llegara en condiciones más detestables que el día anterior, y cada vez más lejos de la hora acordada. Hyde pasaba mucho tiempo tocando la guitarra, dando música a sus letras, y Tetsu acompañaba aquella música con su intervención.
-Tu bajo siempre acompaña en su exacto toque -había comentado una vez Hyde, al pasar. Pero Tetsu, sensible a todo lo que transitaba por la mente de su amigo, buscaba hallar significados. Y los encontraba, pero prefería mentirse. Prefería creer que sólo hablaba por hablar.
Toda la semana había llamado al teléfono de Ken, sin haber siquiera respuesta. Había ido al departamento personalmente, y habiendo pedido la llave al conserje, había ingresado, con cierto miedo. Tal vez Ken estaba más deprimido que Hyde, y éste envuelto en su propia angustia, no habría notado los signos del guitarrista. Pero allí estaba todo en orden.
No había más que una cama revuelta. Ken había decidido pasar una semana en otro lugar, sin avisarle. Tal vez el estrés de todo ese tiempo con Hyde habría oscurecido su alma, y en busca de purificarse, hubiera abandonado la ciudad. Esperaba que dentro de una semana más, regresara, al igual que Yukihiro. Necesitaba al grupo trabajando, produciendo y promocionando sus discos. Había decidido crear un nuevo CD. Debía hacerlo por la salud de Hyde. Aunque él estuviera agotado de tanto trabajo.
Ya sólo faltaban dos días para que Yukihiro regresara, y aún Ken no aparecía. Tetsu estaba muy nervioso. Kaori le había llamado hacía tiempo, diciéndole que su madre había empeorado y que tal vez pasaría un mes allí. Tal vez más. A Tetsu ya no le importaba. Ya no estaba interesado en ella. Había descubierto que la ausencia de esa joven, le aliviaba. No era necesario aparentar. Se sentía mal con gusto, reconociendo su malhumor diario, su necesidad de soledad. Cosas que con ella a su alrededor, con su complacencia insoportable, no hacía más que ahogarle. Pero lo que más le sofocaba era Hyde.
-Rayos, Tetchan. Ya quiero empezar con ese disco. ¿Por qué no llamas a Yukki? Tal vez ya llegó.
-Hubiera avisado.
-¿Tú crees? -dijo pensativo. Tetsu lo miró con sospecha. Pero era cierto. Yukihiro estaba también sumido en su dolor. Tal vez, no pensaba con claridad.
Telefoneó desde el apartamento de Hyde.
Hyde miraba unas letras, fumando con gran placer el cigarro, mientras leía en la lejanía el pentagrama, y movía su cabeza con el ritmo que generaban los acordes en su mente. Tetsu lo observaba mientras esperaba que el teléfono fuera atendido. Era agradable ver a Hyde de esa forma. Una extraña sensación de agrado parecía recorrer su espíritu. El trabajo le ayudaba. Tal vez no lo llenaba pero le observaba bien. Recordó a Ken. Nada lo llenaría, pero tal vez alguien sí. ¿Quién podía ser ese alguien?
-¿Sí? -una voz provino del tubo.
-¿Yukki?
-¿Ah? Sí... ¿Quién habla?
-¡Tetsu! ¿No me reconoces?
-¡Ah! ¡Ah! ¡Sí! Perdona... Oye, ¿no paso nada? ¿No? -comentó con preocupación el baterista, al percatarse de alguna causa posible de tal llamada.
-No, tranquilo, tranquilo. ¡Creí que aún no habías llegado!
-¡Ah! Perdona, Tetchan. Es que la verdad, he perdido la noción del tiempo y de las responsabilidades -del otro lado del tubo, Yukihiro miraba con reclamo al Ken que le sonreía con una mueca torcida.
-Bueno, es fantástico. Ahora sólo tengo que encontrar a Ken.
-¿A Ken? -dijo mirando al susodicho con curiosidad. Éste había dejado de torcer su sonrisa, y negaba con la cabeza, en un símbolo de reclamo hacía sí mismo. El también había perdido sus responsabilidades, sabiendo cómo se hallaba Hyde.
-¿Tienes idea a dónde habría ido?
-Mmmm... Por cómo es Ken, ¡seguro a un burdel! -sonrió, guiñando el ojo. Ken se fingió molesto, y se levantó. Su venganza iba a ser peor.
-Yo también supuse eso, pero hace una semana que lo llamo todos los días, en diversos horarios a su departamento y no lo puedo contactar. Comenzaremos a trabajar. Intenta hallarlo. Mañana, con puntualidad, estaremos Hyde y yo en el estudio. Quiero abordar un nuevo disco.
-¿Ya? ¿Tan pronto? ¡Aún no dejas que se venda por completo el 'smile'! ¡Ah! -comentó con tensión, al sentir la venganza de Ken, besándole tiernamente el cuello expuesto sin el tubo telefónico. No podía contener lo suspiros.
-¿Te encuentras bien, Yukki?
-¡Eh! Sí. Sólo que me duele la muela... -se excusó ruborizado. Ken jugaba con su oído, divertido de aquella situación embarazosa a la que sometía a su amigo.
-Bueno, mejórate. Y recuerda, mañana con puntualidad. Si encuentras a Ken, ¡llévalo!
-Adiós... ¡ah! -Tetsu sintió el corte de la llamada y miró el tubo telefónico curioso.
Hyde lo contempló con las cejas levantadas en un gesto de interrogación.
-¿Qué pasa?
-Es extraño...
-¿Qué?
-Yukki se quejaba de su dolor de muelas, pero no me parecía un dolor...
Hyde lo miró sin importancia. Tetsu era un paranoico.
-¡Rayos! ¡Deja de hacer eso! -le recriminó Yukihiro, acomodando el teléfono.
-¡Es que eres muy sensible! -se justificaba.
-¡Mañana comenzamos a trabajar! Te han estado tratando de ubicar por todas estas dos semanas.
-¿Dos semanas?
-Sí. A mí tampoco me lo parecen -comentó con una sonrisa.
-Es que contigo, uno puede perderse sin moverse de la cama... -le susurró sensual, abrazándolo por detrás.
Yukihiro sonrió con vergüenza, sonrojado.
-Ya, deja de decir tonterías, y vete a tu casa.
-¿Qué? ¿Me echas? ¿Pero no puedo quedarme aquí?
-¿Te levantarás temprano?
-Vamos ya a dormir... -susurró nuevamente, con picardía.
-¡Ay! ¡Ken! ¡No cambias! -dijo con una agradable expresión.
Al día siguiente, Tetsu pasó por el apartamento de Hyde para ir a buscarlo. Lo halló fatigado. Había conciliado el sueño en la madrugada, y como siempre, con unas botellas de vodka tomadas. Si Hyde aún no estaba enjaulado en el alcohol, pronto lo estaría. Tetsu pensaba que el trabajo, podría estimularlo a cambiar su vida, pero no veía que surtiera efecto.
Lo despertó, y preparó su desayuno, mientras Hyde se vestía. Había regresado a los tonos oscuros. Como en las épocas de los P'unk En Ciel. Aunque su personalidad era más sombría que la de aquella época. Finalizado su desayuno, rápidamente llegaron al estudio, donde hallaron a Ken y Yukihiro, probando los instrumentos y tocando unos acordes.
Tetsu y Hyde se sorprendieron de ver el estado de Ken.
Se hallaba sonriente, tocando con gran ahínco su guitarra, parado con elegancia, con desfachatez. Había logrado perder ese cansancio, esa imagen de derrotado, de agotado por la vida de placeres. Sus ojos había dejado su coloración rojiza, y aquellas profundas ojeras habían desaparecido. Era el Ken de antes.
Hyde: ¡Mierda! ¡Macho! ¿¡Que has hecho! Hacía dos semanas estabas peor que yo, y ¡ahora mírate! ¿¡Dime a dónde vas! -le dijo con sorpresa y alegría.
Tetsu: Qué bien te ves, ¡Ken! Realmente me alegro tanto por ti -lo habían saludado con emoción. Mientras tanto, Yukihiro dejó su puesto en la batería y se acercó a los tres, prendiendo un cigarrillo, y tomando su típica soda-. Y tú, Yukki, ¿cómo estás?
Yukihiro: Bien.
Tetsu: ¿Qué tal el viaje?
Yukihiro: Bueno. Visité a mis padres, y me reencontré con viejos amigos. ¿Y tú, Tetchan?
Tetsu: Bien.
Yukihiro: ¿Hyde? -le dijo mirándole sin ningún cambio. Todos notaban al Yukihiro de siempre.
Hyde: ¡Sobreviviendo! ¡Con éste como mi madre, hago lo que puedo! -había dicho con sombrío gesto, señalando a Tetsu. Eran sus intentos de parecer el antiguo Hyde, el que nada le importaba, y a pesar de que sus amigos sonreían ante el chiste, ya no era lo mismo. Sabían por lo que atravesaba.
Hyde había ido al rincón del estudio a tomar su guitarra y unirse a Yukihiro y Ken. Caminaba hacia ellos, mientras Tetsu ordenaba unos papeles, y pensaba las canciones a probar en ese día. Fue cuando notó que Ken intentaba ocultar sin éxito unas largas marcas en su espalda. Aquella musculosa blanca que solía utilizar no cubría por completo las del omóplato, que se exhibían al haber sido corridas por el cinturón de la guitarra.
Hyde se sorprendió y con sigilo, por detrás de Ken, levantó su remera rápidamente, sin darle tiempo a negarse. Tetsu ya había escogido los temas, y había tomado el bajo, acercándose a ellos, cuando observó el movimiento de Hyde.
Ken: ¡Ay! ¡Pervertido! ¡Socorro! ¡Me quiere violar! -gritaba con gestos groseros y chistosos. Yukihiro lo vio con una gran sonrisa. Ahí estaba el Ken que había creído perder. El fastidioso y ocurrente Ken.
Hyde: ¡Mierda! ¡Ken! ¿¡Qué ha pasado!
Tetsu: ¿¡Pero qué has hecho en este tiempo! ¿De vueltas a las andadas? -dijo con preocupación.
Hyde: ¡Te acostaste con todas las putas del burdel al mismo tiempo! ¡Mira esta espalda! -comentó horrorizado.
Ken: Dejen de sorprenderse, señoritas. ¡Parecen vírgenes horrorizadas! -comentó con ironía.
Ken miró a Yukihiro en la batería, y éste lo notó.
Yukihiro: ¡Dejen al infeliz ése! No puede con el vicio -comentó con una sonrisa medida.
Recordó ese día.
Yukihiro y Ken miraban la televisión sentados en el sillón de la forma más despatarrada posible. Yukihiro apoyaba sus pies en el regazo de Ken, y éste, frente al televisor, extendía una pierna sobre aquella pequeña mesa, y la otra, sobre un sillón contiguo, movido para que su pie descansara en el almohadón.
Miraban una película sin sentido, compartiendo ese momento de aburrimiento.
Yukihiro había cavilado sobre el tema en su soledad, en su ensimismamiento pero quería saber qué opinaba su amigo y amante.
-Ken...
-¿Sí? -le dijo fumando.
-¿Le diremos esto a Tetsu y Hyde?
-Seguro. ¡Si quieres a la prensa! ¡Sabes cómo se pondrían las fans! Entrarían en crisis. ¡No podrían odiar al otro! -se divertía con la idea, ya que era conocido el desprecio de las fans por la pareja del artista predilecto.
-No. No. ¿¡Qué dices! Siempre extremista... -sonrió, regresando a su mesura-. ¿Te parece bien ocultarlo? Por un tiempo...
-Ah, ya veo. ¡Te doy vergüenza! Seguro... -comentó con seriedad. Aceptaba aquella actitud, porque sabía que su pasado le influía.
-No, Ken. No es vergüenza. Es precaución -Ken lo miró a los ojos.
-¿Precaución? ¿De qué?
-Hyde y Tetsu están muy sensibles. Por el momento lo mejor es que los cuatro nos concentremos en Hyde y en Tetsu.
-¿En Tetsu también? ¿Por qué lo dices, Yukki? ¡El está así por Hyde! Si Hyde se recupera...
-No lo sé. Pero sería mejor...
-De acuerdo... -comentó seguro. Confiaba en Yukihiro y en su intuición para esas cosas-. Además, creo que no será malo jugar...
-¿Jugar? -Yukihiro lo miró con extrañeza.
-¡Ya sabrás! -declaró con una gran sonrisa de travesura.
Y sí. Yukihiro entendió en ese momento lo que Ken había llamado 'jugar'. Regresar a aquella imagen de vicioso, pero con la tranquilidad de que Ken sólo fingía. Hyde lo miraba con barrabasada.
Hyde: ¡Ey! ¿Y no probaste lo que te dije?
Tetsu: ¡Hyde! ¡Basta! -trataba de amenizar las cosas. Sabía que a Yukihiro le hacía mal. Lo miraba a cada instante, y sólo podía observar cómo fingía el agrado por aquellos chistes. Aunque ahora parecía que había adquirido mayor habilidad en el arte de ocultar, pues a Tetsu le parecía tan natural aquella calma del baterista.
Hyde: ¡Vamos, Ken! ¡Cuenta! ¿Qué frutilla comiste anoche?
Ken: La más deliciosa y dulce de todas, ¡no sabes! ¡Es fantástica! ¡Una frutilla invaluable!
Tetsu: No queremos detalles... -agregó rápidamente, mirando al techo con resignación.
Hyde: Ey, ¡pero no me contestas! ¡Hiciste la sugerencia!
Ken: ¡Por supuesto! -comentó con felicidad. Yukihiro lo miraba con algo de temor. A Ken se lo veía muy bien. Mejor que nunca antes, mejor incluso que en los comienzos de L'Arc~En~Ciel. Se había sonrojado sin saberlo, y trataba de tranquilizarse. Debía actuar como nada. No era tan difícil. Había actuado tantos años ocultando ese sentimiento contenido, y ahora que lo poseía con plenitud, no podía ser tan arduo cubrirlo con un poco de impostura.
Hyde había quedado sorprendido ante la repuesta de Ken, como también Tetsu.
Tetsu: Entonces estás así... porque...
Ken: ¡Sí! ¡Una sensación inolvidable, que quiero repetir todas las noches!
Hyde: ¡Noooo! ¿Realmente te has cambiado de banda?
Tetsu observaba incrédulo a Ken. Estaba bromeando, y Hyde estaba cayendo. Eso debía ser.
Tetsu: Jajajajaja... Buena treta. ¡Has hecho caer a Hyde!
Hyde: ¿Qué?
Ken percibió que la situación no era conveniente, y era mejor aceptar aquella extraña sugerencia.
Ken: Je, je. ¡Tetchan es ya un maestro en reconocerme! Me extraña que tú no, ¡Hyde!
Hyde le sonrió con tristeza.
Hyde: Sí. Es que yo estoy muy extraño últimamente. Mejor empecemos.
Y dándose media vuelta, dio la orden para comenzar la canción.
Interpretaron la mayoría de las canciones que había creado Hyde en ese corto tiempo. Resultaban de gran tristeza, con tonalidades variadas, pero de carácter gótico. Era una música pesada, ahogante, que moría al final del canto. Por otra parte, la canción que habían realizado esa misma mañana Yukihiro y Ken, mientras esperaban a sus dos amigos, resultó ser muy amena. Tetsu gustó de aquel tema. Era un poco de aire puro a la oscuridad hermética en la que Hyde sumía a la música. Era una canción desenfadada, luminosa, con variaciones fuertes y enérgicas que le daban un carácter entusiasta. Era una buena canción.
Tetsu: Increíble que semejante canción la hayan compuesto en tan poco tiempo... -expresó dando un momento de receso, y se sentó en la mesa de trabajo.
Ken: ¿Verdad? Yukihiro hizo prácticamente la letra.
Hyde: ¡Compones excelentemente! -sonrió a su amigo, y ofreció un cigarrillo que éste aceptó-. Una música muy animada. Realmente dudo que sea mentira.
Ken: ¿Qué cosa? -lo miró con sorpresa irónica. Yukihiro ya se había sentado en la mesa, prendiendo un cigarro más. Tetsu lo observó, y Yukihiro le miró expectante. Hyde y Ken conversaban entre ellos animados, con bromas duras, y situaciones embarazosas. Una vez más aquellas disputas de la mejor respuesta. Quién respondía de forma tal para dejar en mayor ridículo al amigo.
Tetsu: ¿Yukki, te sientes mejor?
Yukihiro: ¿De qué? -le miró con algo de curiosidad.
Tetsu: De tu muela... -le sonrió.
Yukihiro: ¿Qué cosa? -lo observó con extrañeza.
Tetsu: ¡Yukki! ¡Me dijiste ayer por teléfono que te dolía la muela! -le dijo con sospecha. Era extraño que su amigo no captara rápidamente.
Yukihiro: ¡Ah! ¡Eso! -sonrió con alivio-. No, ya me siento mucho mejor.
Tetsu lo contempló ambiguo. Yukihiro estaba extraño. Observó a sus dos amigos que se disputaban el honor con las respuestas más zafadas y groseras hasta el momento.
Hyde: Así que has ido a un burdel barato y te llevaste a todas a la cama, ¿no?
Ken: ¿Qué? ¿Celoso?
Hyde: Claro que no. Me reiré cuando tengas sífilis.
Ken: Quédate tranquilo, ¡nos reiremos juntos entre gemidos!
Hyde lo miraba con soberbia. Cada vez respuestas más fuertes, y él ya no tenía artillería.
Tetsu: ¡Basta ustedes dos! ¡No entiendo ese juego que siempre hacen! ¡Dejen de molestarnos! -dijo con vergüenza ajena, al escuchar las groseras palabras de Ken. Hyde y Ken se acercaron a la mesa, y se miraron con resignación, suspirando al unísono.
-¡Vírgenes espantadas!
Yukihiro simplemente mostraba desinterés en el chiste, y Tetsu sólo negaba con su cabeza los infantilismos de esos dos.
Discutieron un par de acordes, y entre cerveza, cigarrillos, y leves afines en guitarras, con alguna intervención de Hyde con su voz, habían finalizado el día. Ken y Yukihiro se habían retirado primero, y Tetsu había quedado en el estudio para arreglar algunos sintetizadores de la cámara de grabación. Al día siguiente grabarían los primeros singles.
Hyde fumaba con tranquilidad en el estudio, sentado sobre la mesa, mirando el rincón donde los instrumentos descansaban luego del arduo día. Repasaba con su mente la leve mejoría adquirida, lo bien que se sentía cantando, y en compañía de esos alocados amigos. Pero lentamente, esa huella se desvanecía con la caída de la noche, con el transitar de los segundos. Porque reflexionaba que todo en la vida era sólo un simple llenar de vacíos, un simple entretenimiento para no pensar en el triste destino del humano.
Tetsu había regresado al estudio, dispuesto a dar fin a la jornada, cuando vio a aquel pensativo Hyde fumando, sentado sobre la mesa. Caminó hasta quedar a un costado, y dirigió la vista hacia donde Hyde observaba. Los instrumentos. ¿En que pensaría? Era en esas veces que moría por conocer aquellos secretos de ese profundo y misterioso ser.
-¿En qué piensas, Hyde?
-¿Mn? -despertó de súbito ante la voz del joven, y parpadeó un momento.
-¿En qué estabas pensado?
-En cómo me suicidaré hoy...
-¿Qué? -Tetsu creyó que su corazón se detenía.
-Estúpido -lo miró a los ojos con una sonrisa divertida-. Eso es lo que tú pensabas que yo diría, ¿no?
-... -Tetsu lo miraba atónito, sin poder articular palabra. Aquella frase lo había sorprendido.
-¡Estoy bromeando! ¡Bobo! Sólo pensaba en lo bien que se veía Ken.
-¿Seguro? -preguntó con ingenuidad.
-¡Sí, quédate tranquilo, Tetchan! -le dijo con una suave sonrisa, regresando a ver aquellos instrumentos-. ¿Tú crees realmente que a Ken le hacía mal su abstinencia?
-Pues, supongo que la abstinencia hace mal siempre -dijo, sentándose en la silla.
-¡Uuuyyy! -comentó con socarronería, y miró a Tetsu bajando su vista para mirarle el rostro, mientras apoyaba su mentón en su propio hombro-. ¿A nuestro querido Ogawa también le hace mal la abstinencia? -Tetsu lo miró torciendo una sonrisa de disconformidad. Aquel gesto siempre generaba que en su rostro apareciera un hoyuelo en su mejilla derecha.
-¿No te bastó con Ken? ¿O es que realmente te ganó una vez más?
-¡Ah! Cambiando de tema siempre, ¿no? ¡Siempre buscas la forma de evadirte! -Tetsu miró con desidia a Hyde, y suspiró con resignación. Fijó su vista en los instrumentos-. ¡Pero nuestro querido Ogawa no ha respondido!
-¡Basta!
-Vamos, ¿qué te cuesta?
-¡Qué te importa! -le dijo molesto con levedad. Hyde lo miró. Tal vez tenía razón. No debía importarle. Pero...-. ¡Cambiemos los roles…! ¿Y al gran Takarai le hace mal la abstinencia?
-¿Qué quieres escuchar, Tetchan, una mentira o la verdad? -Tetsu miró por un instante a Hyde, quien observaba los instrumentos nuevamente. Parecía que sus palabras habían perdido aquel dejo chistoso, y se habían tornado un poco más serias. Se asombró de aquella intimidad.
-¿Tú te abstienes? ¿Realmente? -lo miró sorprendido. Cualquier respuesta hubiera sido más soberbia que aquella proposición de mentira o verdad.
-¡Ja…! -sonrió con disgusto amargo-. Claro que sí... ¿Por qué crees que Megumi me abandonó de esa forma…?
-¿Eh? -Tetsu tomó una actitud seria, y lo escuchó con atención. No podía comprender aquello que le decía.
-Sí, Tetchan. No puedo... -dijo algo abatido al sentir los maltratos de manos fantasmales que aparecían en su recuerdo.
-¡Ah! Yo... ¡No sabía! ¡Hyde! Pero, no te preocupes. Puedes llamar a un especialista. Eso no tiene absoluta importancia, y la recuperación es en pocos meses... Si quieres te puedo acompañar... -Hyde lo miró con el ceño fruncido, sin comprender las palabras, hasta cuando comenzó a cavilar lo que su amigo estaba sugiriendo.
-¡Nooo! ¡Tetchan! ¡Eres un ingenuo! -rió con fuerza-. Tú crees... Ja ja ja ja, tú crees que yo... Ja ja ja... ¡Por favor! ¡Nunca hubiera imaginado que tú me insinuarías eso! ¡Es más propio de Ken! -reía con soltura. Tetsu sonrió al ver aquella actitud que era tan rara en la personalidad de Hyde, a pesar de no comprender el error.
-¡Pero Hyde! Tú estabas hablando de que no podías... ¡Tú sabes!
-¡Ja ja ja! No, no. No es eso...
-Y entonces, ¿qué es? -preguntó con aquella sonrisa. Hyde regresó a la actitud grave, y miró a Tetsu.
-Es raro. Quiero pero no puedo -Tetsu buscó tener la suma delicadeza. ¿Acaso era algo más profundo? ¿Acaso era algo relacionado con el sexo lo que estaba oscureciendo a Hyde?
-¿Pero qué sucede? ¿Por qué no puedes?
Hyde iba a hablar, pero se detuvo. Miró intensamente los ojos de Tetsu que lo veía hacia arriba. La altura desproporcionada hacía que Tetsu mirara con una extraña e involuntaria forma peculiar. Su mirar alzado le daba un plus de inocencia, con aquellas cejas arqueadas levemente. Un niño buscando un tesoro. Hyde le sonrió. Era tan bello notar cómo Tetsu guardaba en su ser aquella inocencia impoluta, transparente, cristalina. Deseaba tanto tener la suya, mirar con esos ojos, sentir con aquella ingenuidad, ser de una forma similar a Tetsu. El bajista lo miró un momento más, y cansado de aquel prolongado silencio, movió con levedad su rostro, inclinando su cabeza sutilmente, en un gesto de reclamo por una respuesta.
-¿Sabes? ¡Me encanta verte así! -Hyde le regaló una sonrisa más, y con un pequeño salto, bajó de la mesa y se dirigió a la salida. Tetsu lo miró con sorpresa.
-¡Ey! No me has respondido...
-¡Eso a ti, qué te importa! -le dijo juguetonamente-. ¡Y vamos! ¡No tengo ganas de ir solo a mi departamento, quiero que me lleves! -le dijo con suave afirmación mientras Tetsu apagaba las últimas luces y salía con Hyde.
Ambos ingresaron al coche, y Tetsu lo encendió. Miró por un momento a Hyde que prendía un cigarrillo más.
-¡Hyde! ¿No crees que más que haberme exigido, debiste de haberme preguntado si tenía el tiempo necesario para llevarte? Tú qué sabes si tengo mis actividades... -le dijo con una sonrisa.
-¿Actividades? ¿Tejer en tu casa le llamas actividad? ¡Vamos! ¡Con ese cuento a otro, yo te conozco! ¡Bobo! ¡No tienes nada que hacer!
Tetsu le miró con agradable sensación. Hyde era extraño. Bellamente extraño.
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