TSUKIAKARI NI JINSEI
(Vidas a la Luz de la Luna)
-por Jinsei no Maboroshi-
página VIII
Fecha de publicación: 12 de agosto de 2006 - Corrección: Ogawa Saya
Yukihiro estaba haciendo unas anotaciones para su propio álbum de mixes. Buscaba nuevos elementos, y combinaba pentagramas con su mente. Ken salía del baño, aseado y perfumado. Yukihiro lo miró con una sonrisa doliente por el golpe, y regresó a sus apuntes. Ken se acercó por detrás del sillón, y apoyando los brazos sobre el respaldo, miró curioso las producciones de Yukihiro.
-¿Qué haces, Yukki?
-¡Lo que ves! -le dijo con tono burlesco.
-¡Oye! No me contestes así. ¡Duele! -había dicho con fingida ofensa.
-Vaa. ¡Más duele tener que hablar con el golpe! -comentó molesto de sentir aquella inflamación por varios días. Su cuerpo no se recuperaba con facilidad de las lesiones físicas.
-¡Vamos! ¿Es tu primera vez? -había apoyado sus antebrazos sobre el respaldo, y acercado su rostro al de Yukihiro por detrás de su cuello, sonriéndole con picardía. Yukihiro lo miró negando con la cabeza.
-¡Eres pesado!
-¡Es verdad! -comentó con curiosidad-. Nunca antes te habían golpeado, ¿no?
-No, Ken -le dijo con algo de vergüenza-. En el colegio no tenía malas relaciones con nadie. No había necesidad de peleas.
-¡Vaya! ¡El tierno Yukki en su infancia! ¿Siempre has sido tan dulce? -le preguntó con sensualidad.
-¡Basta! ¡Basta! ¡Deja de decir tonterías! -le dijo, avergonzado pero gustoso del comentario. A pesar de aquella actitud, Ken sabía que esas palabras sinceras ayudaban a que el joven baterista sintiera con fuerza la seguridad que deseaba brindarle. Ya había pasado muchos placeres en su vida como para querer buscar en el futuro otros inestables. Ken estaba tan determinado a ser siempre con Yukihiro. Ser único siempre, en cada vez-. ¿Tú no deberías trabajar en producciones de SOAP?
-¡Ja! -sonrió con malicia. Se dirigió a un mueble y sacó de allí unas carpetas que eran suyas. Las tomó, y se sentó en la pequeña mesa, frente a Yukihiro. El movimiento sorprendió al baterista. No se había percatado desde cuándo Ken había adquirido sus propios lugares en el departamento, y había perdido la cuenta de cuándo había sido la última vez que había dormido solo. En el fondo le agradaba, y se sentía feliz con esa simpleza-. Aquí esta todo -mostrándole la carpeta, Yukihiro la tomó y la abrió con curiosidad. En diversos momentos de toda su estadía en el departamento, Ken había compuesto la música, y un par de canciones.
Canciones para que las leyera Yukihiro antes que nadie, y pentagramas, que esperaban, antes que nadie la opinión de él.
-¡Ken! ¡Aquí está el trabajo de prácticamente un disco!
-Sakura hizo un par de canciones al igual que Ein, y van a funcionar bien con las composiciones. Pero desearía que me dijeras qué opinas de ellas.
-¿Para qué?
-Me gustaría saber tu opinión antes que nada.
-¡Ah! ¡Ken! Te has vuelto tan…
-¿Dependiente? -preguntó con una sonrisa. Yukihiro se entristeció, y miró la carpeta. No deseaba hacerle notar a Ken aquello. ¿Y si Ken se descubría demasiado agobiado? ¿Si Ken descubría que se había equivocado?
-Sí, Ken...
-¡Deja de pensar estupideces! -dijo con voz alegre-. Sé lo que estás pensando, y créeme, es una dependencia de lo más libre -Yukihiro lo miró con extrañeza. Ken había aprendido a leerle los gestos, las posiciones, a entenderle en el miedo y en la preocupación. Cuánto había aprendido. O simplemente, descubierto.
-¿Dependencia libre? Ja, es irónico -sonrió con tristeza.
-Yukki. Me siento más libre que nunca, liberado de los vicios, del vacío y de la soledad. ¿Crees que eso es para poner esa cara? -le comentó con una sonrisa amena, simple. Yukihiro le sonrió. Tenía razón. El sentía lo mismo.
-Bien. Veamos qué hay por aquí… -comentó dando por terminado el tema, y comenzando a sacar un par de hojas. Ken ingresó en un estado infantil, y como niño inquieto, comenzó a preguntar las variaciones, las letras, las rimas de cada una de las hojas, con inocente curiosidad, agobiando a su amante con aquella ansia repentina. Yukihiro lo veía maravillado. La infantilidad de ese hombre, nuevamente, sólo para él. Y sin darse cuenta, sin controlar su cuerpo, sin reprimirse, lo besó para callarlo, para agradecerle las palabras, para mostrarle cómo él también aprendía con el guitarrista. Ken sorprendido en un instante, correspondió aquel beso, reconociendo toda la carga emotiva. Se separaron con suavidad. Se miraron profundamente en silencio, percatándose de la sensación de simple bienestar que tenían. Eso era suficiente.
Ken se sentó al lado de Yukihiro en el sofá, y terminó de preguntar las dudas, recibiendo con gozo las recomendaciones del amigo.
Hyde estaba nuevamente en su habitación, arrojado contra la cama, sintiendo lentamente el desangrar del tiempo, aburrido, sumido en sus tinieblas, en su soledad, en toda la oscuridad que por años lo habían consumido, y se mostraban con esplendor.
Ya no soportaba la sensación de ahogo. Quería perderse definitivamente. Un solo intento más. Pero efectivo. Comenzó a observar su cuarto. Los cristales azules no podían hacer nada. Pero observó allí primero, como una forma de escape. Se preguntó hacía cuánto tiempo que aquellos elementos habían perdido la calidez que había creído hallar en el pasado.
Suspiró. Miró un tomacorriente. Tal vez con un metal, introducido, pudiera finalizar, pero no estaba seguro que no generara un corte, y luego, resultara sobreviviendo una vez más. Miró la puerta del baño. Tal vez habría algún medicamento, pero nada tan peligroso que un lavado de estómago a tiempo evitara. No era bueno. Tal vez podría intentar de vuelta lo de la tina y la música, pero la idea le asustaba.
Miró la pared. Tal vez golpeándose la sien. Pero eso iba a ser muy doloroso, y nada le aseguraba que el golpe fuera certero.
Un golpe certero. Si Tetsu no hubiera ordenado aquella vez la habitación, ahora tendría en ese cuarto la pistola. Tetsu la había encontrado en el lugar más recóndito del cuarto, y nunca había dicho qué había hecho con ella.
Suspiró. Miró el techo, y vio cómo el parante central del mismo, se mostraba como una excepcional horca, pero carecía de elegancia. Algo de estilo debía tener, incluso en el final.
Miró sus muñecas que había elevado sobre su cabeza, y su vista se desvió al balcón. La luna comenzaba a aparecer por allí, a ingresar en su cuarto, riéndose de su desgracia. La hechizante y maligna luna.
Se sentó en la cama, y observó el místico balcón. Volar. Apreciar qué se sentía remontarse con verdaderas alas. Con alas. Ser finalmente el ángel caído que mostraba ser. Reconocer finalmente que podía elevarse.
Una voz fantasmal azotó sus recuerdos y con voz perversa le hizo recordar cómo le había arrancado las alas. Cómo las había desgarrado, sólo para que el joven poeta quedara preso a la tierra, para que no pudiera volar, para que nunca más alcanzara su libertad. Condenado a la tierra.
Pero no más.
Se levantó y caminó decidido al balcón. Se sentó en la baranda fina, y colocó sus pies al vacío. Un 13er piso. No podía haber solución. No podía haber regreso. Debía volar, debía probarse por última vez si esas alas habían sido arrebatadas realmente, o aún las conservaba intactas. Tal vez sí volaba. Tal vez.
Y de un solo salto, se arrojó al vacío.
Creyó remontarse por un instante, creyó que se elevaría, que aquellas alas se desplegarían, mostrándole que nunca habían sido arrancadas por aquellas pueriles garras, pero sintió la gravedad al siguiente momento, y descubrió con horror la verdad. Las había perdido. Habían sido destrozadas. Alas de ángel caído, rotas para nunca regresara a su hogar. Destruidas por la crueldad. Destruidas junto con su alma.
Cerró sus ojos vencidos, y esperó el comienzo del final.
Sin embargo, sintió que su brazo fue atrapado, y ante tal asimiento repentino, provocó que Hyde golpeara contra el balcón, quedando suspendido entre el vacío y la vida.
Miró hacia arriba, miró hacia el cielo, buscando el por qué, y encontró ese rostro enojado, sufriente. Otra vez. Y por su culpa. Una vez más.
-¡Mierda! ¡Hyde! ¡Qué estás haciendo! ¡Sujétate! -le dijo con esfuerzo.
Hyde sólo lo miraba en silencio.
Tetsu había ingresado al departamento de Hyde sin golpear, sin hacer ruido, con una extraña sensación urgiéndole a ingresar. Había abierto la puerta, y sin mirar a otro lugar, observó la de la habitación de Hyde, que apenas estaba entornada. Desde aquella oscuridad, notó pasar su figura hacia el balcón, y sorprendido ante la súbita idea de lo que posiblemente iría a hacer, Tetsu dejó las maletas, y corrió hacia el encuentro del vocalista, que justo en ese instante se arrojaba al vacío.
Tetsu lo había sujetado del brazo, con desesperación, golpeando con fuerza su estómago contra el borde de aquella baranda, intensificado por la resistencia de la caída evitada, con el peso de Hyde.
Con locura, con fuerza desconocida, Tetsu logró levantar con un solo brazo el peso completo de Hyde. Aliviado, una vez puesto a salvo, Tetsu cayó de rodillas ante él. Se sentía tan acabado como el vocalista. La confusión y la culpa no le dejaban existir.
-¡Qué quieres! ¡Qué quieres! ¡Hyde! ¡Detente, por favor! Te lo suplico. Yo ya no doy más. No pidas más de mí, te juro que ya no tengo nada para dar. Detente por un tiempo, tan sólo. Permite recuperarme. Déjame ayudarte, pero dame un respiro -le dijo con voz mansa, mirándolo con súplica. Hyde simplemente se levantó y caminó al salón. Se sentó en el sillón. Había fallado una vez más, comprobando con horror cómo había perdido sus alas, cómo el fantasmal recuerdo había desgarrado el único tesoro que le restaba, aquél de bellas, suaves y blancas plumas.
Tetsu suspiró aún arrodillado en el balcón. Miró a la luna por un momento. Estaba realmente cansado de luchar. Cansado de pelear contra lo que no tenía arreglo. Pero ya estaba perdido. Él como Hyde. Qué sentido tenía rendirse ahora. Si había que morir, lo haría de pie. Unas lejanas palabras de Yukihiro en aquel oscuro bar afloraron a su mente en un borroso recuerdo y le dieron fuerza. Debía continuar, aún cuando ya nada le quedara.
Se levantó con pesadez, y regresó al salón. Allí estaba Hyde sentado, perdido en las tinieblas de sus pensamientos.
Prendió la luz, y con ella, buscó en la profundidad de su alma, aquella sonrisa perdida hacía tiempo, y le entregó una réplica de aquel gesto a su amigo.
-No prendas la luz -le había sugerido Hyde, pero no insistió.
-Esto cambiará a partir de hoy, Hyde.
-¿Qué? -lo miró con extrañeza.
-A partir de hoy, me quedo a vivir contigo.
-¿Qué? -frunció el ceño.
-Lo que escuchaste.
-¡No! No. ¡No quiero soportarte! ¡No eres mi madre! Ya bastante afuera. ¡No necesito tu ayuda! No la quiero.
-¡No me importa! -Hyde lo miró con asombro marcado. Tetsu no solía imponerse de esa forma.
-¿Qué dices?
-No me importa lo que digas. Yo me quedaré aquí. Kaori me echó -sugirió con cierta mentira. Si no decía aquello, Hyde no le hubiera permitido ni siquiera el atrevimiento de exigirle.
-Vaya. ¿Qué pasó? ¿La perra viciosa no se sació? -sonrió con maldad.
-No le digas así… Por favor… -Hyde mantuvo el silencio. Tetsu comprendió su exceso, su impostura inadecuada.
-Y bien… Si tú quieres -miró las maletas que estaban en el suelo y que sólo la luz había evidenciado.
-Gracias.
El silencio se mantuvo un tiempo. Hyde no sabía qué decir. Era agradable tener a Tetsu cerca. Era lo que hubiera deseado desde siempre... Pero...
Su sonrisa se esfumó. No tenía sentido pensar de esa forma. Ya no tenía nada que ofrecerle. Nunca lo había tenido.
Tetsu, se sentó al lado de Hyde, y apoyó con duda la mano en la espalda del joven. Rodeó sus hombros, buscando ayudarlo de alguna forma. ¿Cómo podía Tetsu decirle a Hyde que estaba a su lado? ¿Que le ayudaría? Con palabras no había funcionado, tal vez con actos.
Aquel contacto había resultado, y Hyde dejó caer su cabeza en el hombro del bajista, con cansancio, con abatimiento, con esa sensación de ser el único en quien podía confiar, con aquel sentir triste de haber esperado tanto tiempo ese simple apoyo, para sentir esa calidez en silencio, sin nada más que el vacío y la soledad rodeándolos. Cerró sus ojos, y apreció con desánimo esa tibieza, ese aroma a mujer. Hyde había fruncido su ceño, al distinguir ese aroma, y abriendo sus ojos se alejó nuevamente, sentándose sobre el respaldo del sillón.
-¿Sucede algo, Hyde? -le preguntó con mansa voz al sentir aquella molestia de su parte.
-¡Hueles a esa puta! -recordó el aroma que ella había dejado en ese mismo salón, el mismo aroma que le había dejado en la mejilla, un aroma a jazmines blancos y puros. Un aroma de pureza, que Hyde odiaba. La odiaba, porque tenía tanto de lo que él había perdido, de lo que le habían arrebatado. Suspiró con tristeza.
-¡Basta! ¡No le digas así! ¡No te permito! -Tetsu expresó con incomodidad. No gustaba que se refiriera de esa forma. Tetsu no lograba descubrir el origen del odio que había generado Hyde por Kaori. O tal vez lo sabía, pero como siempre, se mentía. Sólo era su imaginación.
-Bueno. Me iré a dormir -le dijo levantándose con los ojos contraídos por la luz artificial de la habitación.
-¿Qué? ¿Así tan de repente?
-¿Qué quieres? ¿Una fiesta de bienvenida? -le dijo con grosero tono.
-¿Acabas de arrojarte al vacío, y te vas a la cama tan tranquilo? ¿Así? Es como si hubieras visto una película, ¿verdad? -le respondió con ironía. Hyde levantó una ceja, con molestia.
-¿Ya empiezas? ¿Ya tengo que escuchar tus reclamos de vieja? -le contestó sin burla, sin tono irónico, con el más profundo dolor, con el más hondo odio.
-¡Hyde! –dijo, temiendo aquel tono, aquella mirada endemoniada, aquellas barreras que emergían del suelo, invisibles que rodeaban a Hyde. No sabía qué hacer. ¿Cómo hablar? ¿Cómo actuar? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? ¿Qué hacer? Se repetía en su mente. ¿Qué hacer?
-¡Usa la casa, pero no me rompas los huevos! -le gritó con molestia, y caminó a su habitación.
-¡Espera…! No hagas locuras… Por favor... -comentó en súplica, temiendo que tras el cierre de aquella puerta, Hyde terminara sin que él pudiera hacer nada.
-Ya me has puesto de muy mal humor… -comentó con rabia, y cerró con fuerza esa puerta. Tetsu se mantuvo de pie, observando aquella barrera. Hyde. Estaba tan perdido. Y Tetsu, intentando hallarlo, se había extraviado también.
Se acomodó en el sillón, y miró el lugar donde Hyde había estado sentado hacía un instante. Cómo se había rendido a él por un segundo, y tras el siguiente, se alejó, ahuyentado por ese aroma. Tetsu tomó su ropa, y la acercó a su nariz. Sólo olía su perfume, quizás con un suave aroma de jazmines. Kaori. Ella no era una mujerzuela como Hyde le decía. Ella era demasiado mujer. Una mujer que sufría por su culpa. Por su única culpa. Pero él la amaba.
Consideró que aquel perfume debía ser desterrado por un tiempo, si tanto desagrado le generaba a Hyde. Se desvistió e ingresó al baño. Tomaría una ducha.
Hyde estaba recostado sobre la cama, escuchando los movimientos de su amigo. No podía huir estando él ahí. La culpa que poseía Tetsu le haría continuar el mismo camino que él estaba trazándose. Miró la luna una vez más. ¿Cuándo lograría tener su redención? ¿Cuándo? Cerró sus ojos, y suspiró inconforme, escuchando cada sonido de vida de aquella persona que se hallaba tras la puerta.
Tetsu salió del baño y fue a la cocina. Tomó una manzana que había sobre la mesada, y, comiéndola, regresó hasta aquél salón. Tomó las maletas, y las apiló en un rincón. De ellas sacó una manta, y cubriéndose con ella, se sentó en el sofá. Estiró sus piernas sobre el mismo y, apoyando la cabeza en una almohada contenida con el posa-brazo, dejó que sus cavilaciones lo sumieran en el sueño. Sin embargo, sabía que no dormiría bien, que no podría profundizar su inconciencia, pues Hyde pendía de un hilo, y cualquier simple movimiento lo despertaría.
Las horas pasaban, y la luna se mostraba orgullosa, elevándose cada vez más en el centro del cielo. Hyde había dejado de escuchar movimiento en el salón, y miró con curiosidad el reloj. Era probable que se hubiera dormido, ¿pero dónde? ¿Acaso Tetsu estaba descansando en el sofá? ¡Pero ese mueble era muy chico! Un leve sentimiento de culpa le embargó.
Todo el dolor, el sufrimiento que su amigo pasaba sólo para rescatarle de aquella inevitable precipitación contra el vacío.
Se levantó de la cama, y abrió con lentitud la puerta. Un sonido mínimo había realizado, convencido de que Tetsu no despertaría. Sus pasos huecos sonaban con timidez en la madera del piso. Caminó hasta quedar frente a Tetsu. La luna iluminaba ese cuerpo estirado sobre el incómodo mueble, con un rostro de inquietud. ¿Acaso dormiría siempre con aquel rostro? Se sentó en la pequeña mesa, frente al sofá donde descansaba su amigo.
Tetsu tenía las dos manos a la altura de su cuello, tomando esa actitud de auto-recogimiento. Parecía un niño. Era un niño adulto. Un niño teniendo que ser adulto. Hyde sonrió ante aquella idea. Qué inmaculada esencia. Acercó su rostro un poco más, para observar el rostro de aquel ser, en ese cuadro claroscuro que la luna le ofrecía. Un bello espectáculo acrisolado. Hyde habría deseado pintar esa escena, perpetuarla en el infinito, aún cuando su rostro mostrara esa preocupación. Mostraba con simbología los secretos del bajista, un fingimiento, un interesante no ser.
Hyde no pudo contenerse, y posó un dedo en aquellas manos que descansaban con tranquilidad. Eran cálidas, siempre emitían ese calor que contrastaba tan agradablemente con sus frías manos. Posó dos dedos, y tres, buscando recordar aquella sensación tan agradable que esa tibieza le había dado, cuando Tetsu había tomado sus manos entre las suyas.
-Perdóname... -le susurró con suavidad, encantando por el hechizo de aquel niño adulto dormido.
Tetsu dejó de fingir, y movió sus párpados. Miraba al suelo, a los pies de Hyde, quizás con cierta vergüenza de haber aparentado dormir. Cuando había sentido el simple caminar de Hyde en su propia habitación, mucho antes de que abriera la puerta, había despertado con intranquilidad, con un cierto miedo. Pero al percatarse que Hyde sólo se acercaba a él, prefirió simular que se hallaba dormido. Por culpa. Todo por la conciencia de la culpa.
-¡Oh! ¿Te desperté? Lo lamento -le sonrió Hyde, cuando advirtió que parpadeaba observando el suelo, con vergüenza.
-No. No... No te preocupes… -le dijo, mirándole con ojos cansados.
Hyde tenía sus manos entrelazadas, apoyándose en sus rodillas. Tetsu miró esas manos iluminadas por la luna. Eran fantasmales, eran de un pálido tan místico, tan enigmático. Parecían perder el contorno buscando reflejar el éter de la luna sobre su tersa superficie.
Apenas algunos tendones sobresalían del dorso marmóreo de las mismas, producto de los años de guitarras, de tensiones, de fuerza en busca de rapidez musical. Eran tan bellas.
Extendió sus puños, exponiendo sus brazos desnudos al frío de la noche, y tomó aquellas manos nuevamente entre las suyas. Sabía que Hyde deseaba ese contacto. Por alguna extraña razón, Hyde hacia años que gustaba de sentir las manos de Tetsu en las suyas. El simple contacto de la piel más expuesta de su cuerpo, la piel más gastada, era lo que más apreciaba. ¿Cuál era la causa? Hyde era un libro de simbologías, era un ser que veía y vivía a través de símbolos. Tetsu antes que nada, debía aprender a comprender el significado de todos esos emblemas. Hyde le sonrió al sentir aquellas manos, y dejó que las tomara, que las rodeara con sus dedos cálidos, que acariciara con el pulgar el dorso de las mismas, en un intento de darle un calor imposible.
-Tienes manos heladas, ¡Hyde! Te enfermarás... -le susurró mirando hechizado el encanto de aquella ilusión que acariciaba con sus manos.
-Tetchan... Es incómodo el sillón. ¿No quieres dormir en la cama? -le comentó, viendo el encanto del que era presa su amigo.
Tetsu lo miró con un rápido parpadeo, con curiosidad, inquiriendo con suavidad. Hyde observó aquella mirada, y una leve coloración rojiza le iluminó las mejillas. Bajó su vista con vergüenza de sus palabras.
-No, Tetchan... Sólo dormirás del lado izquierdo... -intentó enmendar aquella incómoda situación en la que se había encerrado, reconociendo que más palabras, sólo aumentaban su tensión. Tetsu no comprendió. No quiso comprender. Todo era su imaginación. Le sonrió con clemencia.
-No. Mejor no... Ve a dormir, mañana hay que levantarnos temprano -susurró.
Hyde lo observó algo confuso. Era obvio. El vocalista se levantó con visible vergüenza, y regresó a su cuarto, sintiendo con dolor el fin de aquel bello contacto. No había que decir nada. El silencio lo cubría todo, porque Hyde era vacío, era soledad. Nada que él tuviera podría ofrecerle a Tetsu. Nada de él servía, sólo era una gran vorágine, que se alimentaba de otros. Debía sucumbir. Debía hacerlo.
Se recostó en su cama, dejando abierta la puerta. Tetsu observó aquello, asomándose por sobre el nivel del respaldo del sofá, y regresó a su posición inicial. Debían descansar. Un poco de tiempo para recuperarse. ¿Acaso eso era la tregua que Hyde le daba? No lo sabía. Sólo quería que todo cambiara. Sólo deseaba descansar. Sólo deseaba detener aquello.
Ambos querían detenerlo, pero no podían. No podían, porque era inevitable.
Un aroma a comida casera le despertó, junto con un suave sonido, melodías instrumentales, y el sol ingresando por su cuarto, como promesa de un nuevo y espléndido comienzo.
Hyde giró sobre su cama, y observó a través de la puerta de su habitación el salón. Nada parecía moverse allí. Se levanto soñoliento, y se dirigió a la cocina. Allí estaba su amigo, vestido en aquellos extraños y cortos pantalones, con chalecos tan infantiles como su personalidad.
-¿Tetchan? ¿Qué haces? –susurró, frotándose el ojo izquierdo. No entendía nada de lo que había pasado. Todo había parecido tan efímero.
-¡El desayuno! -le comentó con una sonrisa.
-¿Cocinas? -se extrañó, mirando con recelo lo que preparaba.
-¡Por supuesto! Vamos, aséate, y ven a comer -no dejaba de batir aquella preparación con interés. Hyde juntó sus labios y los torció a un costado. Era una extraña sensación de desconcierto, pero le agradaba. Miraba aquella elaboración con curiosidad.
-¡Anda! ¡Ve a asearte! -exigió con tono amistoso.
-¡Mamá! ¡Ya no voy al colegio! -comentó con fastidio.
-No, pero hay que ir a trabajar -se había girado un instante para señalar a Hyde con la cuchara de madera, y guiñarle un ojo.
-¿Qué? ¿A estas horas? -le dijo con molestia.
-Ah, sí. Aquí las cosas van a cambiar. ¡Una de ellas, es tu vagancia! -regresó a la preparación, habiendo dicho aquella frase con satisfacción, con orgullo de liderazgo readquirido.
-¡Genial! -suspiró con desgano, caminando con molestia al baño. En el fondo una agradable sensación cubrió su mal humor. No era una mala noticia después de todo.
Los días comenzaron a pasar, y Hyde notaba cómo la presencia de Tetsu ayudaba a su enclenque espíritu. Era una bocanada de aire fresco, aunque supiera que era temporal.
Despertaban temprano, Tetsu mucho antes que Hyde, preparando comida casera desde muy al amanecer, con devoción. Tetsu necesitaba recuperar al Hyde de años. Viendo el pasar de los días, y la leve mejoría de su amigo, aumentaba su ahínco en cada una de sus actividades, sintiendo que en realidad, lo que ayudaba a Hyde era el propio entusiasmo. Era contagiarle las ganas de vivir, adquiriendo retos, sin culpas, sin temores. Era regresar a la rebeldía de hacía tiempo, era retornar el tiempo hacia atrás, de una forma inconcebible, de una manera nunca antes hecha. Y sorprendentemente parecía que se podía. Tetsu creía que se podía. Hyde creyó que se podía. Pero... ¿Realmente se podía?
Tetsu: Bien, muchachos, ¡quiero unos buenos gestos! -había dicho con ese tono que hacía poco tiempo había renovado en su espíritu de liderazgo. El grupo reconocía al viejo dirigente en esos momentos, y grababan con fantástico entusiasmo. Algunos video clips demandaban grandes esfuerzos, pero todos exponían con gusto todo su ser en ellos.
Las grabaciones de los pv de las canciones eran ahora la cuestión esencial del trabajo. Resultaba molesto, pues ya no era solamente viajar al cómodo estudio de grabaciones, sino que era inclusive, pasar semanas en otra prefecturas, en busca de escenarios con vida propia.
Y así, en la prefectura de Nara, L'Arc~En~Ciel comenzaba a finalizar su trabajo.
Director: Muy bien, descanso -gritó para alivio del grupo. Regresaron a sus asientos, y comenzaron a beber soda. Los tres amigos habían renunciado al alcohol en presencia de Hyde. Ken prendió su cigarrillo, y le ofreció uno a Yukihiro que lo aceptó con agrado. Hyde encendía el propio, y Tetsu caía rendido en su silla, con un manojo de papeles que leía, utilizando esos anteojos de marco negro que resaltaban aquella expresión de inocencia.
Tetsu: Pues veo que el trabajo es muy bueno. Creo que nos quedaremos por una semana en Nara.
Ken: ¿¡Una semana! ¡Oye! ¡Tengo mis cosas que hacer!
Tetsu: ¡No me importa! Tú estás aquí con L'Arc~En~Ciel. ¡Trabajas para L'Arc~En~Ciel! -le decía burlonamente.
Yukihiro: Bueno, bueno -buscaba mediar con una sonrisa.
Hyde sonrió al grupo. Se sentía bien. No era el Hyde aquellos años pasados, pero tampoco aquel suicida de hacía unas semanas. Estaba en recuperación. Aunque sabía que se estancaría en esa impresión.
Tetsu: Ken, ¿tú qué opinas de esta parte de la canción? ¿Qué podríamos hacer? Tienes que salir en ella... -le comentó acercándose a él, señalando en el papel la parte de la canción que aún no tenía video asociado.
Ken: ¡Uuy! ¡Es la parte caliente!
Tetsu: ¡Tú siempre ves partes calientes en todas las canciones! -le comentó con ese gesto de sonrisa torcida que generaba aquel diminuto hoyuelo en su rostro. Hyde sonreía complacido ante el pequeño secreto que parecía ser inadvertido al resto.
Ken: ¡Quiero acción ahí! ¡Me visto de mujer, si quieres! Y me hago el amor a mi mismo, ¿ne?
Tetsu: ¿Queeeeeeeee? -lo miró intentando comprender aquella extraña sugerencia.
Yukihiro: ¿Qué? -parpadeó intentando comprender a su secreto amante.
Hyde: ¡Aaaaaahhhh! ¡Rayos, Ken! Eres un perverso.
Ken: Será divertido. ¿Crees que las fans lo noten? ¡Se morirían de envidia! Jajaja -reía con desfachatez.
Yukihiro: Tus fans te odiarán... Además, ¿cómo piensas hacer tal cosa? -le comentó reprobando tal idea.
Ken: Bueno, ¡puedo usar un reemplazante, y luego el editor superpondrá las imágenes! -sugirió con socarronería a Yukihiro, quien miró de soslayo simulando no entender el tema.
Hyde: ¿Y cuál sería tu reemplazante? -preguntó divertido con aquello.
Tetsu negaba con su cabeza, en aquella sonrisa torcida que marcaba aún más ese pequeño hoyuelo.
Ken: Mmm… ¿Yukki? -Yukihiro lo miró sorprendido, absolutamente rojo.
Tetsu miró a su amigo como estaba siendo puesto en ridículo.
Yukihiro: ¡Ken! ¡Pervertido! -le gritó con molestia fingida. Ken deseaba mostrarse como era, y lo hacía permanentemente.
Hyde: ¡Hoooora! ¿Y esa proposición, Ken? -preguntó sonriendo torcido, mostrando aquellos ojos endemoniados de perversión. Una simple apariencia.
Ken: Vaaaa… Seguro que tú quieres una, ¿no, Hyde? -una vez más, Yukihiro y Tetsu comprendieron que se iniciaba aquel juego de respuestas audaces. Tetsu miró el cielo, suspirando ante aquel infinito repetir, y observó a Yukihiro, que le sonreía con ánimo. En esa mirada secreta, ambos reconocían que las cosas comenzaban a encaminarse.
Hyde: ¡No frente a una cámara! Pero tal vez en la intimidad… -le comentó con divertida sonrisa.
Ken: No podrías, porque eres como Tetsu, ¡una virgen asustada! -Hyde dejó de sonreír y se levantó de su asiento para sorpresa de todos.
Hyde: ¡No estoy asustado, ni Tetsu es una virgen! -comentó con ojos entrecerrados, molestos, pasando por delante de sus amigos, e internándose en la lejanía, caminando en dirección al bosque que se mostraba a distancia.
Tetsu: ¡Perfecto, Ken! Ahora tendremos que trabajar sin él -comentó con pesar resignado. Ken había quedado parpadeando. Nunca una broma le había caído tan pesadamente a Hyde. Hyde lo conocía, él era Ken. El único que podía jugar de esa forma, sabiendo con tranquilidad que no se molestarían. Siempre había sido así.
Ken: O sea… ¿Que Tetsu es el asustado y él el virgen? -Tetsu abrió sus ojos con molesto gesto, y levantando una ceja miró con reprobación aquel comentario.
Tetsu: ¡Oye! ¡No digas eso!
Ken: ¡Lo dijo él!
Tetsu: ¡No! ¡Él bromea! ¿Qué les pasa? Nunca se habían puesto así...
Ken: Yo no sé... -miró aquella figura que caminaba lejana a ellos-. Pero me parece, Tetchan, que él no estaba bromeando. Eso le dolió. ¿Qué pasa con ustedes dos? -le preguntó redirigiendo su mirada a Tetsu. El líder sintió la mirada de Yukihiro adicionársele a aquella pregunta. Sus dos amigos sabían que Tetsu había decidido ir a vivir con Hyde para que su presencia detuviera esa locura, pero aunque notaban esa mejoría en la personalidad de Hyde, había tanta oscuridad sin aclarar.
Ken: Recuerda, Tetchan, que te dije que sólo tú podías ayudarle. Nosotros te ayudaremos a ti -le comentó con una sonrisa de costado.
Yukihiro: ¿Qué le pasa? Dinos, Tetchan...
Tetsu: No lo sé... -se recostó sobre la silla, y dejó caer su cabeza hacia atrás, mirando el cielo despejado-. Estoy siempre presente, pero no siento que él lo esté…
Ken: Bueno. Es reciente. Al menos no se ha querido… Tú sabes...
Tetsu: Pues sí. Al menos no que yo me haya dado cuenta -suspiró ruidosamente-. Ya no sé cuándo las cosas pasan o son sólo mi imaginación -comentó en un tono que parecía buscar su propia realidad, más que relatarles a los amigos.
Ken: Oye, Tetsu. Creo que esa frase la estamos escuchando desde que te conocemos. Creo que seria bueno dejarla, ¿no crees?
Tetsu: ¿Qué quieres decir? -le miró con curiosidad.
Ken: Deja de mentirte, y abre tus ojos. Mira lo que es real, y no te inventes más.
Tetsu: Pues bien. ¿Dime qué es lo que crees que estoy inventando?
Ken lo miró con resignación, y giró su vista a Yukihiro. Éste, que escuchaba la conversación con absoluto silencio, fumando, simplemente levantó sus hombros ante aquella mirada. Tetsu notó esa complicidad extraña.
Tetsu: ¿Qué traman?
Ken: Tetchan... -le comentó con seriedad-. Mira a Hyde. Sólo míralo. Velo, velo más allá de tu necesidad de mentirte… -añadió confidente.
Tetsu: ¿Qué? ¿Qué rayos dices? ¡Estás loco, Ken! Ya no sé cómo hablar con él.
Yukihiro: Tetchan. No es hablando a veces como se obtiene el secreto... –comentó, mirando el suelo. Recordó aquella vez que con su cuerpo ofrecido en simple ofrenda había descubierto el gran tesoro. Tetsu tendría otra forma de hallarlo.
Tetsu se levantó de la silla y los vio con rostro desconcertado. No entendía sus palabras, los veía sin aprehender, advirtiendo que no veía. Y recordó a Kaori una vez más. Sintiendo cómo la culpa le hacía amarle. ¿La extrañaba? No. No lo hacía, pero sólo la amaba, con aquella profunda culpa.
Se alejó de Ken y Yukihiro, que miraban con desconcierto a su líder opaco. Sólo fingía haber regresado a su imponencia, y Hyde, sólo aparentaba que se recuperaba lentamente.
Ken: ¡Mierda! ¿Es que no hay salida? -preguntó impotente.
Yukihiro: Yo me canso de esta situación -Ken lo miró con un poco de sorpresa-. No sé cómo ellos no. ¿Ninguno piensa hacer algo? Si no lo hacen, lo haré yo.
Ken: ¡Uuuuy! ¡Menudo Yukki he creado! -comentó con una sonrisa torcida-. ¿Qué piensas hacer? -Yukihiro le miró con una sonrisa de costado, y elevando su rostro un poco, pronunció con un rasgo de elegancia:
Yukihiro: Ka - o – ri.
Ken: ¿Eh? -lo miró parpadeando, no comprendiendo la relación.
Yukihiro: Si se van a matar, que lo hagan de una vez -acotó con seriedad. Ken levantó una ceja con temor de aquella actitud. Durante ese tiempo, Yukihiro había mostrado de lo que era capaz por ayudar, inclusive, adquiriendo actitudes nunca antes siquiera sospechadas en él. Ken se sorprendía de las facetas tan ocultas de su amigo. Un verdadero secreto a ser descubierto. A ser siempre y único cada vez.
En poco tiempo, Yukihiro había logrado investigar en las agendas de Tetsu, a escondidas, el teléfono de Kaori en Nagoya. Debía hablar con ella, para descubrir lo que pasaba, lo que pensaba ella, pues la actitud de haber dejado a Tetsu no era más que intrigante, tanto para Ken como Yukihiro.
-Ah. ¿Hola? ¿La señorita Mochida, Kaori?
-Ajá. Habla ella. ¿Quién es?
-Soy Awaji Yukihiro, el baterista amigo de Tetsu...
-¡Ah! Sí. Te he visto un par de veces. ¿Ocurre algo malo? ¿Le pasó algo malo a Tetsu? ¿A su amigo? -preguntó con un tono de preocupación.
-No. Nada malo. Nada aún.
-¿Aún?
-La situación sigue igual. Y me preguntaba, si no te molestaría decirme por qué te fuiste de Tokyo… -su voz había ido disminuyendo a medida que preguntaba aquello. Sabía que no debía entrometerse, pero esperaba que Kaori fuera comprensiva-. Perdona que lo pregunte... Pero… Es que... Ya te digo... Los dos son mis amigos, y quiero ayudarles…
-Quieres la verdad, ¿no? -su voz se había vuelto ruda. La imagen de Hyde aparecía en su mente, y cómo le insultaba en el departamento. También recordó aquel golpe en su rostro, y la forma en que el cantante la había mirado antes de que ella saliera de su vivienda.
-Por favor.
-Porque no soporto a Tetsu.
-¿Qué?
-No. No lo soporto.
-La relación… ¿Se rompió? -pregunto incrédulo.
-Creo que sí. Y, dime: ¿Él esta en su departamento?
-Eh… Yo…
-Está viviendo con el vocalista, ¿cierto?
-Eh... eh... Sí… -comentó confuso.
Kaori cortó el teléfono con impotencia. Ella tenía que hacer algo. Ese joven la había llamado para buscar un punto final a la situación de Tetsu y Hyde. Ella tenía que hacer algo. Tenía que hacer lo que debió de haber hecho ese mismo día en que había aceptado vivir con él. Abrió un cajón que se hallaba en el mueble del teléfono, y extrajo una bolsa de terciopelo negra. Regresaría a Tokyo sólo por esa vez. Sólo para eso.
-¿Y? -comentó Ken que se asomaba de la cocina con expresión seria.
-¡No tengo idea! -suspiró con resignación.
-Vamos, Yukki, ¿¡qué te dijo!
-Que lo dejó por qué no lo soportaba...
-¿Qué?
-Sí. Me había preguntado antes si quería la verdad...
-¿No soportaba a Tetchan? -se preguntó nuevamente Ken.
-Es raro. Lo sé.
-Es mentira.
-¿Tú crees?
-Yukki, ella se miente. Cuando dice la verdad, sólo miente.
-Cuando miente, ¿dice la verdad?
-No lo sé -le sonrió a Yukihiro divertido por el juego de palabras.
-¡Ah! -suspiró con pesadez-. No hemos descubierto nada.
Tetsu había comenzado a realizar trabajos duros en sus propias producciones de tetsu69 abandonadas por la salud de Hyde. Llegaba muy de noche al departamento de Hyde y se levantaba temprano. Dedicaba medio día al grupo y el resto, a sus trabajos personales. Hyde había dejado de escribir sus canciones y sus composiciones. A pesar que Tetsu estaba cerca, sentía que moría. Sentía que la opresión lo destruía y ello no le permitía crear. El sentimiento cada vez más contenido se mostraba insoportable.
Estaba arrojado sobre el sillón, esperando que Tetsu llegara. Inconscientemente había comenzado a preocuparse por la salud de su amigo tan responsable y obsesivo en todo. Tetsu tenía grandes ojeras, y un caminar cansado. El trabajo estresante lo estaba perjudicando. A veces llegaba y simplemente se arrojaba al sillón, a lo que se había transformado su propia cama. Hyde nunca más había sugerido nuevamente que descansara en la litera. Podía notar aquel rechazo. Podía notar que Tetsu siempre se mantendría a cierta distancia, quizás inconsciente de la situación, pero que percibía. Tal vez la veía con claridad, pero como era su vicio, se mentía en creerla sólo imaginación. Tetsu era así, y Hyde simplemente se había resignado a ello. Era lo único que le restaba en su vacía vida.
Era lo único que le dejaba seguir viviendo un poco más. Esas manos cálidas que se posaban ocasionalmente en las suyas, y le daban esa paz, esa tranquilidad.
Pero allí estaba, esperando a ese ser, para obligarle a comer, y obligarle a dormir en su cama, para que finalmente su cuerpo descansara. Lo haría, aún si él tenía que dormir en el suelo. La preocupación por Tetsu lentamente lo consumía. Lo consumía en aquel rechazo silenciado, y en aquel imposible que nunca más habría alimentado nuevamente, luego de haber visto esa mancha roja en su cuello.
El estridente sonido de la puerta, lo sacó de sus cavilaciones. Observó el ocaso por la ventana, reconociendo la imposibilidad de que el que lo visitara fuera Tetsu. En definitiva, Tetsu entraba sin permiso. Abrió la puerta con curiosidad, y observó atónito. Una ola de temor lo paralizó. Una honda sensación de desesperación cerró su garganta. Había venido para llevárselo para siempre. Sus labios se separaron sin decir palabra alguna.
-¡Hyde! Veo que no has cambiado mucho -Kaori estaba frente a la puerta, mirándolo con cierto rencor, con cierta superioridad.
-Qué... Qué quieres… Tetsu no está…
-No. No me interesa.
-¿Eh?
-Ja, ¿sorprendido?
-Un poco -Hyde no mostraba soberbia, no mostraba absolutamente nada diferente del temor. Ella había notado aquel terror, y se había compadecido del joven. Había pensado que se disputarían nuevamente una pelea verbal aún más agresiva que la anterior, pero aquel temor de niño en noche de tormenta, hizo que se apiadara de su espíritu, y le hablara con tranquilidad.
-Hyde... Sólo vine… Para darte esto -extendió su mano hacia el joven, mostrando una bolsa de terciopelo negro. Hyde desconfió de aquello. ¿Acaso sería un veneno? ¿Acaso sería un arma? ¿Seria un elemento para que él pusiera punto final a aquello? Hyde no se molestó. No aceptó aquel regalo, y sin soberbia, abatido, miró el suelo, y comentó con voz temblorosa:
-Estoy evitando pensar en matarme... -Kaori lo observó con leve sorpresa. Aquella respuesta no le significaba nada especial-. Por favor, no me tientes.
-¿Ah? ¿Estás pensando que esto es un medio para que te mates? -le preguntó reconociendo aquella triste mirada en Hyde. El vocalista levantó sus ojos y los clavó en los de ella-. Ja. ¡Tonto! -le dijo con una sonrisa amarga. Hyde parpadeó varias veces, sin comprender aquella amistosa actitud-. Tanto en ésta como en la otra vez vine a evitar eso… -el vocalista la observó con tristeza, y ella esfumó su sonrisa-. ¡Anda! ¡Tómalo!
-¿Qué es? -aceptó aquella misteriosa bolsa, que al tomarla en sus propias manos, hizo un suave sonido metálico.
-Es un regalo que Tetsu me hizo en mi cumpleaños. Yo lo creí en su momento. Es un obsequio que según él mismo dijo, la había comprado sólo pensando en mí.
-¿Y para qué me la das? -le preguntó con algo de molestia ante aquella actitud soberbia de la joven.
-¡Quédatelo! Míralo y saca tus propias conclusiones -se disponía a irse, pero antes de ello, se giró levemente, y mirando por encima de su hombro a Hyde le dijo en un tono tierno de súplica-: Por favor... No lo alejes de mí...
La joven se dio media vuelta, y se fue. Hyde había observado aquella sensual joven irse con un caminar triste. La curiosidad le inquietaba. Cerró la puerta, y se sentó en el sillón. Dejó esa bolsa sobre la pequeña mesa, confuso. ¿Debería abrirla? ¿Por qué le estaba regalando algo que Tetsu había comprado para ella? ¿Qué significaba todo ello? Desesperadamente abrió la bolsa, y dejó caer sobre la mesa esa pulsera. Un extraño símil a brazalete, con serpientes y calaveras colgantes, con una principal, que tenía ojos rubís, incrustados, de rojo sangre.
Hyde sintió que la respiración se le detenía. ¿Qué era eso? ¿Qué significaba eso? ¿Tetsu había comprado esa pulsera para ella? ¿Para Kaori? No podía encontrar en esa alhaja nada que coincidiera con ella. ¿Qué significaba? ¿Qué representaba? Su simbología estaba por fuera de su comprensión, o simplemente, los rechazos, las miradas negadas, se contrastaban con aquella pulsera, y no hacían más que prohibirle a ver lo que debía ver.
Estaba confundido. Más vacío, más oscuridad, más incomprensión.
Guardó esa pulsera en el bolsillo del pantalón y salió del departamento. Iría a los suburbios. A aquellos bares, a regresar una vez más a la bebida, a tomar vodka, a tomar para olvidar, para intentar esclarecerse. Ya no sabía nada. Ya no comprendía nada.
Tetsu regresó a media noche, y encontró el departamento vacío. Tenía un extraño temor. Revisó la habitación de Hyde intentando hallar algo que le diera una idea, pero no encontró nada. Sólo había descubierto una bolsa de terciopelo negro sobre la mesa pequeña del salón, vacía. ¿Acaso allí escondía algún arma, algún elemento que él nunca había visto? Por una extraña razón, Tetsu creyó reconocer de algún lado esa bolsa, y el hecho de pensar que la hubiera visto en esa oportunidad en que había ordenado el departamento de Hyde tras el conflicto con Megumi y la hubiera pasado por alto, provocó que la culpa lo cubriera en completitud. Rápidamente tomó aquella bolsa y abrió la puerta del departamento, hallando a un Hyde ebrio, que lo miraba con una ceja levantada, con un gesto de molestia.
-¡Mierda! ¡Llegaste antes! -dijo con reprobación el tiznado joven, que ingresaba al salón sosteniéndose de las paredes. Tetsu le ayudó a sujetarse y lo llevó hasta la habitación. Se sentó a su costado, lo miró con pena. Con culpa, con aquellas sensaciones que no dejaban de azotarlo.
-¡Hyyyyyyyyde! ¿Qué has hecho? -comentó dolido por el estado del amigo.
-Ya no lo aguanto más, Tetchan.
-¿Qué?
-Esta sensación… Vacío, soledad, represión, recuerdos, palabras llevadas por el viento, odiadas por la sangre… Y mis alas… -Comenzó a llorar, sujetándose a la almohada. Tetsu no comprendía todo aquello. Los símbolos. ¿Cómo decodificar todo eso? ¿A qué cosa Hyde llamaba alas? ¿A qué cosa él llamaba recuerdos? Una vez más, Tetsu sintió que no podía alcanzarle, que no podría ayudarle. Lentamente apoyó su mano en la espalda de Hyde, y corriéndolo con lentitud, terminó acercando al joven a su regazo. Hyde se abrazaba a él. Buscaba que todo se aclarara, necesitaba que al menos, por esa noche, no lo desdeñara...
-Hyde, si tan sólo me dijeras qué es lo que más te duele...
-Tu rechazo… -le susurró con miedo, sin pensar, mientras se sujetaba fuertemente a la espalda de aquel amigo. Tetsu abrió sus ojos y sintió su corazón detenerse.
-Yo no te rechazo... Hyde...
-Sí lo haces... No me quieres entender, no me quieres ver...
-No digas eso. ¡Yo quiero ayudarte! -decía en aquel abrazo, intentando aferrarse mutuamente.
-No. No lo quieres. ¡Me evitas, no me miras, no quieres verme! -gritaba ahogando su lloro en el pecho de Tetsu. Sentía cómo sus fuerzas lo abandonaban, y aquel dolor emergía desnudo, rasgando toda su piel-. No me ves. No me ves. Quieres ayudarme, ¡mintiéndote! ¡Mierda! ¡No me confundas! No me dañes así… -gritó en un intento profundo de hacer desaparecer el dolor, el temor, el miedo, y más calmado susurró con tono triste-: Sólo dime la verdad...
-¿De qué?
-Tetsu… Yo… -Hyde se elevó hasta quedar frente al rostro de Tetsu. Lo miraba con súplica, lo observaba con ruego-... te quiero... -y lentamente se acercó a los labios de Tetsu, contemplándolo fijamente, pidiendo en cada segundo el permiso necesario, creyendo recibirlo. Cerró sus ojos, y advirtió como Tetsu cerraba los suyos, sintiendo el suave contacto de sus labios secos, y lentamente, en danza mística, sus lenguas se buscaron con timidez. Hyde elevó sus brazos hasta el cuello de Tetsu, y gimió con suavidad.
Fue en ese momento que Tetsu abrió sus ojos y vio a Hyde a su frente, besándole en trance, con un rostro de placer. Confundió la imagen de Kaori. Y una sola frase estalló en su mente en un grito chirriante: "amo a Kaori".
Y sin poder controlarse, empujó a Hyde con fuerza, haciéndolo caer al suelo. Hyde despertó de aquella hipnosis al sentir el golpe en el suelo. Abrió sus ojos, brillantes, tristes, y con lentitud, se sentó en la alfombra, no comprendiendo lo que sucedía. Lo miró con pena infinita, con ofuscación. ¿Si le había dado el tiempo necesario para haber evitado el contacto? ¿Si Tetsu observaba como se acercaba? ¿Si Tetsu había respondido su beso con aquella inocencia, con aquella pureza que tanto disfrutaba Hyde? Lo miró infinitamente vacío, frunciendo su entrecejo con el rostro de la incomprensión, del dolor.
Tetsu observó aquel rostro, aquel cuerpo tirado sobre el suelo, iluminado tan bellamente por la luna. ¿Cómo Hyde podía quererle? No podía, no quería ver eso. Y fue cuando las palabras de Hyde, de Yukihiro, de Ken, de Kaori se fusionaron en un solo eco en su mente: "mira lo que debes mirar'. Y regresó su vista al rostro de Hyde. Advirtió toda la desesperanza que sus ojos transparentaban, y sintió culpa. No quería sentir culpa por Hyde, no quería más culpa. Estaba cansado de la culpa. Llevó sus manos a la cabeza y apoyó su frente en las rodillas, sentado en la vera de la cama. Quería ocultarse de la mirada de Hyde. Hyde estaba ebrio, eso era. En su propio silencio quería creerlo.
-¡Estás ebrio! ¡Estás ebrio! ¡No puedes quererme! ¡Yo amo a Kaori! ¡Yo la amo! ¡Ella me ama! ¡No me culpes! ¡No me culpes! ¡Detén esto! ¡Basta! ¡Sólo quiero ayudarte, pero no me hagas sentir más culpa! -gritaba con desesperación, con lágrimas en los ojos, ahogadas en su propio encogimiento. Hyde había destensionado su rostro, y eliminado toda aquella sensación ante las palabras acongojadas de su amigo. Arrodillado, se acercó hasta los pies de Tetsu, y apoyó sus manos en las rodillas de él. Pudo sentir las manos frías de Hyde sobre la piel de sus articulaciones. Lentamente salió de aquella posición fetal, y miró a Hyde a los ojos.
-Perdóname... Sólo por esta vez... Duerme conmigo...
-No. No. ¡Hyde! ¡Estás ebrio! -le decía con espantado.
-No. Sólo duerme a mi lado. Sólo eso.
Tetsu ayudó a incorporar a Hyde y a recostarlo sobre la cama. Hyde se corrió lo suficiente para dejarle la mitad de la cama libre. Éste estaba inseguro. ¿Sería prudente? Hyde lo observaba con tristeza, con necesidad. ¿Era acaso verdad? ¿Hyde podía quererle? ¿Su comportamiento era debido a ello? Pero... ¿Desde cuándo?
Tetsu sólo se sacó la chaqueta, y se recostó en la cama, mirando a Hyde. Ambos estaban de costado, mirándose mutuamente, en silencio, rehuyendo miradas muy intensas, con un gran espacio en el medio de ambos. Tetsu quería saber.
-¿Desde cuándo? -le preguntó. Hyde lo miró con tristeza en los ojos...
-No te acordarás…
-¿De qué?
-¿Recuerdas aquel día en que me habías dicho que el grupo se separaría temporalmente? -Tetsu disparó los recuerdos de meses atrás en su mente, hasta alcanzar aquel día…
-Sí -dijo algo sorprendido. Hyde sonrió con tristeza.
-Esa era mi noticia -Tetsu lo miró con compasión. Había recordado aquel estado. Aquel entusiasmo, que Hyde gritaba con su personalidad asegurando que en sus nuevas canciones había una verdad. Una nueva y colosal verdad… Los ojos de Tetsu brillaron de manera celestial. La luz lunar le daba un halo de tristeza sublime.
-Perdóname... Perdóname por no haberlo visto nunca -Tetsu estiró con temor su mano hacia la mano de Hyde que estaba apoyada a la altura de su cuello. La calidez lo invadió con gusto.
-No te preocupes -le dijo con una sonrisa candorosa, una sonrisa de ternura excelsa. Aquella pureza de Tetsu le conmovía. Y Tetsu estaba maravillado por esa expresión nunca vista en Hyde, que la luz lunar aumentaba en belleza-. Sólo, no te mientas mañana... -le dijo observando la mano de Tetsu, que tomaba la suya, allí, en medio de la cama, y sus cuerpos tan alejados, sobre los bordes de la misma.
-¿Cómo? -le preguntó curioso.
-No creas que todo lo que dije lo hice por ebrio... No te mientas más, y mira la realidad, Tetchan.
Hyde cerró sus ojos, y lentamente cayó en el sueño profundo, sintiendo aquella calidez en su mano. Cuán bella. Cuán perfecta y simple podía ser la felicidad pasajera, tan fugaz. Ya mañana dejaría de sentirse así.
Tetsu lo observó con lastimera nostalgia. Y quedó dormido en medio de sus cavilaciones, en medio de aquella confesión. Aunque mañana despertara, Tetsu reconoció que no debería tomar aquellas palabras como nada diferente de lo que en realidad eran: sinceras palabras. Una franca confesión.
Suspiró, y quedó profundamente dormido.
Al día siguiente, ambos realizaron sus actividades extremadamente profesionales. Tetsu se había reunido con el grupo en un estudio cercano al que tenían, y habían pasado horas, realizando partes de los nuevos pv. A la tarde, estarían todos libres, y Tetsu se dedicaría a sus propias creaciones, en el estudio... Pero esa tarde ya no podía. Necesitaba una distracción. Necesitaba de un amigo que le ayudara, y recordó a Ken. 'Sólo tú podías ayudarle. Nosotros te ayudaremos a ti.' Fue hasta el departamento de Ken. Necesitaba hablar con él. Un buen amigo.
Golpeó varias veces, e intentó insistir inútilmente con el timbre, pero nada parecía vivir allí. Se extrañó ante ello. Parecía que Ken había cambiado de planes.
Decidió ir al departamento de Yukihiro, y poder confiar en él, aunque sabía de su propio dolor, dolor que hacía mucho tiempo no parecía notar en él. Tal vez, era más de lo que decía Hyde, de lo que le decían todos. Se mentía. Seguramente era eso. Tocó el timbre en el apartamento de Yukihiro y abrió la puerta un alto japonés que masticaba con delicadeza.
-¿Ken?
-¿Tetchan? ¿¡Qué haces por aquí! ¡Pensé que tenías trabajos solistas! -comentó con una gran sonrisa, hablando con la boca aún llena de comida-. Vamos, pasa.
Tetsu ingresó al departamento de Yukihiro, y encontró a éste comiendo unas galletas en el sofá del salón, rodeado de papeles, y con una guitarra en un sillón individual que parecía ser el que estaba ocupando Ken.
Yukihiro: ¡Hola Tetchan! -le saludó con una gran sonrisa-. Ven, siéntate, está un poco desordenado, pero en fin... ¡Tú nos conoces! -sonrió con simpleza. Ken se acomodó nuevamente la guitarra en su regazo, y ofreció a Tetsu una galleta que rechazó con delicadeza.
Tetsu: ¿Qué hacen? Es raro verlos juntos… -comentó con una ironía oculta. Ken lo miró con picardía.
Ken: ¿¡Qué vamos a hacer sino tener sexo desenfrenado! ¡Yukki aprende rápido! ¡Justo estábamos esperando a unas niñas que son una belleza! ¿Quieres unirte? –comentó, sabiendo que tal argumento impactaría a Tetsu. Efectivamente, ese tono irónico le había costado caro, y bajó la vista con vergüenza. Yukihiro, continuando con la lectura del pentagrama, no se inmutó, y con gentileza, golpeó suavemente la cabeza de Ken.
Yukihiro: ¡Ya, deja al pobre de Tetchan! –reprobó, observando al líder con seriedad-. Sólo estoy dando una mano a las producciones de SOAP por pedido de éste -comentó moviendo en un gesto rápido y corto la cabeza, en señal del hombre que estaba a su lado, que reía de manera chistosa por aquel golpe sin fuerza.
Tetsu sonrió. Ambos extrañamente, se habían transformado en un par cómico. ¿Cuándo había pasado eso?
Suspiró con tristeza. Yukihiro lo miró con curiosidad, y dejó el pentagrama sobre la pequeña mesa.
Ken: ¿Tetchan? ¿Qué pasa? -Tetsu los miró con resignación. A eso había venido.
Tetsu: No sé qué hacer.
Yukihiro: ¿Alguna cosa realmente novedosa? -preguntó algo cansado de aquella respuesta autómata de Tetsu.
Ken: Pues empieza hablando.
Tetsu: Yukihiro… ¿A ti alguna vez te han dicho que te querían?
Yukihiro se incomodó. Ken miró a Tetsu con extrañeza. Ninguno sabía a qué se referían.
Yukihiro: Creo que sería mejor que le preguntaras a éste. ¡Ha tenido más gente que le dijera que le quería! -intentó evadir el tema.
Ken: ¡Oye! ¡Ni tanto! Apenas una… -comentó con seriedad. Tetsu lo miró con sorpresa.
Tetsu: ¿Tu ex esposa?
Yukihiro y Ken se miraron en silencio.
Ken: ¡Ah! Pues con esa dos... Pero… ¡Prefiero que sea una! -dijo recostándose sobre el sillón. Tetsu lo miró intrigado. Regresó a ver a Yukihiro que se mostraba perturbado con el tema. ¿Acaso algo había cambiado? ¿Cuándo?
Yukihiro: ¿Qué quieres saber?
Tetsu: Qué hacer.
Ken: ¡Si explicas mejor la situación creo que vamos a poder darte una mano, pero así, con esas preguntas extrañas, esas situaciones en abstracto me pones nervioso! Estoy comenzando a imaginar y créeme que no es bueno…
Tetsu: Anoche…
Ken: ¿Sí?
Tetsu: Hyde… Se emborrachó… Y me confesó… -dejó su frase incompleta, miraba el suelo con detenimiento.
Ken: ¿Qué? ¿Qué te confesó?
Tetsu: Que... Me quería…
Yukihiro: ¡Aja! Eso no es el problema, ¿verdad? -le preguntó sabiendo perfectamente dónde estaba.
Tetsu: No lo sé.
Yukihiro: Ahora el problema eres tú, ¿no? ¿Qué sientes tú? -le preguntó con calma. Ken reconoció aquel tono de Yukihiro. El tono del confidente, de aquel que con esa tranquilidad oprimía al hablante y no se detenía hasta sacar la verdad. Allí mismo, donde estaba sentado Tetsu, había sido él el que había sufrido ese mismo tono, y que agotado por una inútil resistencia, había dicho sus más profundos sentimientos. Era el momento de Yukihiro. Calló observando a su amante, y a su amigo, aprendiendo de ambas partes
Tetsu: ¿¡Qué insinúas, Yukki! -le preguntó sonrojado.
Yukihiro: Absolutamente nada. Sólo trata de ver lo que sientes por él... Y asegúrate de que sea la verdad -no era tono insolente. Era consejero, era un tono ameno, que penetraba sin piedad a Tetsu. Éste miraba sus manos, buscando la respuesta. Las apretó en un momento.
Tetsu: ¡Amo a Kaori! ¡Sólo a ella! ¡No la puedo dejar!
Yukihiro: ¿No la puedes dejar?
Tetsu: Ella me ama.
Yukihiro: ¿Y tú?
Tetsu: Yo también.
Yukihiro: ¿Seguro?
Tetsu: ¡Seguro!
Yukihiro: ¿Y por Hyde?
Tetsu: Él… Él es... Mi amigo...
Yukihiro: ¿Y Kaori?
Tetsu: Ella también, pero ella me ama...
Yukihiro: ¿Y Hyde? -Ken notaba cómo Yukihiro enredaba a su interlocutor en un cruel laberinto donde acorralaba con las propias dudas al hablante, provocándole un choque directo con sus sentimientos.
Tetsu: Él me dijo que me quería... A lo mejor lo dijo en un tono que entendí mal -buscó terminar con aquello. Yukihiro reconoció un intento más de evasión, un intento de mentirse.
Yukihiro: ¿Quién es más especial en tu vida, Hyde o Kaori?
Tetsu: Kaori me ama...
Yukihiro: Deja tu culpa, deja de pensar que porque ella te ama, tú tienes que someterte. Deja de mentirte -Yukihiro lo miraba con tristeza, buscando la manera de hallar la solución, de enfrentar a su amigo contra la dicotomía-. ¿Hyde o Kaori?
Tetsu: Kaori me ama, no lo entiendes, ¡Yukki! ¡Ella me adora! Ella me complace en todo…
Yukihiro: ¿Y con eso te alcanza?
Tetsu: Claro que no. Yo no quiero que sea así... Pero yo nunca le pedí lo contrario… A pesar de que lo quería.
Yukihiro: ¿Lo contrario? ¿Aceptabas esa complacencia, aunque no querías?
Tetsu: Odio que siempre haga lo que yo deseo.
Yukihiro: Entonces, tú no amas a Kaori... -sentenció Yukihiro comprendiendo-. Sólo tienes culpa de amar en ella su complacencia. Porque en definitiva, aún sabiendo que ella es infeliz, aceptas eso. La amas sólo por eso... Y es eso, y no otra cosa, lo que te genera culpa -Yukihiro bajó su mirada. Tetsu lo observaba con desconcierto-. Por ello no puedes ver sin mentirte. Por eso prefieres creer que la amas y que odias la complacencia, aunque sea lo único que te gusta.
Tetsu lo miró con el rostro compungido. La verdad había sido desnudada frente a sí, por un amigo. Pero él sólo quería la mentira. Él sólo quería ser feliz, como debía serlo…
Tetsu: Eres cruel... -le susurró, sabiendo que sus palabras no tenían filo para Yukihiro.
Yukihiro: Tetchan. Deja de lastimarte. Mira con tus ojos, y observa la realidad. ¿Piensas vivir de mentiras?
Tetsu: Kaori me ama.
Yukihiro: Y Hyde también -Tetsu levantó su rostro con fuerza y miró a Yukihiro, que lo contemplaba con tranquilidad, con paz, acompañándole en la tristeza-. Aunque lo dijo con otras palabras. Lo expuso en su propio idioma.
Tetsu: Es inevitable, ¿no?
Yukihiro: ¿Qué cosa?
Tetsu: Sentirme culpable. Sea uno u otro, siempre es doloroso.
Yukihiro: Más doloroso sería para todos si es la elección equivocada. Si eliges con el sentimiento incorrecto.
Tetsu: ¡Mierda! ¡Me siento un estúpido! Me siento… Con ganas de arrojarme del balcón, ciertamente -Tetsu llevó sus manos a la cabeza y se recostó sobre el sillón, dejando caer su cráneo. Yukihiro lo miró con pena, pero no había otra forma.
Yukihiro: Tetsu. Sólo tú puedes elegir. Ahí no podemos ayudarte.
Tetsu suspiró con sonoridad, y se levantó del sillón, en silencio se dirigió a la puerta de salida, y antes de cerrarla, se volteó para verlos.
Tetsu: Gracias por el tiempo... -ambos sonrieron con tristeza.
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