TSUKIAKARI NI JINSEI
(Vidas a la Luz de la Luna)
-por Jinsei no Maboroshi-
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Fecha de publicación: 26 de agosto de 2006 - Corrección: Ogawa Saya
Hyde comenzaba a sentir la gran maravilla de los primeros éxitos. El disco DUNE había sido de importancia suficiente como para comenzar a tener los primeros nombramientos. Empezaban a salir en TV, y las entrevistas se hacían asiduas.
Tetsu en ese tiempo, sólo se preocupaba por el trabajo. Pensaba en los acordes, en la perfección de las notas, en la combinación y contraste de éstas con la voz de Hyde. Buscaba un estilo marcado en el grupo. Había propuesto, para salir del anonimato, aquella extravagancia del maquillaje, y el jugar con las formas andróginas de los cuatro. Y, efectivamente, como lo había pronosticado, aquellos detalles comenzaron a hacer resaltar al grupo, y ser tomados musicalmente. Hyde estaba fascinado con la composición de Sakura. El arte de componer música de forma repentina, casi súbita.
Las veces que pasaban juntos intentando componer, Sakura sólo esperaba que de un momento a otro, la inspiración sucumbiera a su mente. Y era de aquella extraña forma que las mayorías de las veces Hyde observaba con asombro el surgimiento de las notas en aquellos pentagramas que el hombre de mirada lúgubre escribía en esos accesos de misticismo. Hyde, lentamente, comenzaba a comprender la forma de Sakura. En el primer encuentro, lo había hallado muy ególatra, muy soberbio, hasta quizás imponente. Hyde, que en aquellos años, como en los posteriores, buscaba su libertad como máxima expresión del arte, había considerado aquella actitud como un impedimento para tal desarrollo.
Sin embargo, con el tiempo, empezó a conocer a Sakura y a admirarle. Éste, con su manera seductora lo encandilaba con su poesía, con sus palabras, con su música. Compartían un lazo de amistad muy íntimo. La admiración de Hyde sobrepasaba el sentimiento de simpatía, y mansamente generaba esa necesidad. Una necesidad que Sakura había creado en él a través de palabras, de pequeños detalles, de pequeños gestos. Una necesidad de sí mismo. Sakura se le presentaba como la máxima imagen de la libertad. Aquella desfachatez, aquel mirar soberbio, temible, aquella sensualidad que se imponía, que jugaba con su víctima antes de atacarla. Era toda una actitud que destruía las normas a tal punto de parecerle la única expresión de la libertad. Sakura lo convencía remisamente de ello. Y sin darse cuenta, sin percatarse, un día Sakura le había besado, y Hyde, sin poder más que seguir aquella libertad, seguir con el impulso de los deseos, respondió con calidez aquel gesto. Era el principio del fin.
Creía en todo el mundo de libertad que se le abría ante Sakura. Creía en sus palabras, en sus actos, en sus detalles. Le creía con asombrosa ingenuidad, le observaba con entrega, le daba su esencia sólo por aquella ilusión de vida, de emancipación, de existencia sin cadenas y de un sentimiento que extrañamente pronunciaba como amor.
Porque Sakura, a través de esas imágenes, había insuflado un paradójico concepto del amor que Hyde había aceptado, como todas sus palabras. Un amor secreto, oculto, que no debía ser visto, porque la libertad dependía de ello.
Toda aquella admiración, aquellas palabras dadas al aquel entonces inocente Hyde, habían generado el estado anímico que Sakura había esperado. En aquel departamento lejano de la ciudad, donde antes vivía el vocalista, Sakura lo había sometido a sus deseos.
Lo que había comenzado con tiernos besos, con palabras de amor falsas, se transformaba lentamente en desesperada necesidad carnal. Sakura le mordía el cuello, haciéndole sangrar.
-¡Basta! ¡Basta! ¡Sakura, me duele! -había gritado en aquella oportunidad.
-Ya no te dolerá -su voz insensata era dominada por la lujuria. El baterista, con la fuerza que tantos años de aquel instrumento le había generado, sujetaba a Hyde contra la pared, sin posibilidad de escapatoria. Arrancando todo el exceso de ropa, había penetrado sin cuidados el cuerpo principiante de Hyde.
-¡AAAAHHH!
Hyde se sujetaba a aquel cuello, llorando, mientras sentía cómo lo obligaba a subir y bajar apoyándolo sobre la pared, sintiendo el desgarro, sintiendo el dolor, tensionando todo su cuerpo, creando más dolor en aquella situación que las palabras de Sakura le habían vendido como placentera.
-¡Ahh! ¡Basta! ¡Basta! ¡Sakura…! ¡Aaaaaahhhh! ¡Me duele! ¡Basta! -le pedía con súplica, pero el ímpetu de Sakura lo despedazaba más profundamente.
Aquel día, en busca del perdón, de la dependencia de Hyde hacia su persona, Sakura le había llenado de frases tiernas, de palabras de amor ilusorias, que le aseguraban que, sólo en las primeras veces, aquella sensación de dolor era la más dura de vencer. Que el tiempo le mostraría el verdadero placer. Y Hyde, inocente, iluso, había creído en ellas.
Esperó por años aquel placer, aquel sentir, aquella libertad... pero sólo hallaba dolor, abandono y dependencia. Una dependencia absurda, porque aunque comenzaba a notar el maltrato, aunque advertía el único interés que Sakura tenía en él, él siempre buscaba mentirse, buscaba creer que todo pasaría, que todo se transformaría en bellas sensaciones, y que todo lo que Sakura le decía se transformaba en verdad. Porque en realidad, comenzaba a amar a Sakura, o al menos, eso era lo único que creía.
Lo esperaba en su departamento, creyendo que ese día las cosas cambiarían, pero siempre era lo mismo. A veces lo cargaba con posesión, y lo arrojaba con fuerza en la cama. Sin siquiera insinuarle, abría groseramente sus piernas, y procedía a saciarse sin percatarse en absoluto del dolor, del sufrimiento, y de la soledad que día tras día carcomía el espíritu de Hyde. Porque Hyde lo amaba, o al menos eso creía. Porque Hyde lo necesitaba, o al menos eso creía. Porque, en definitiva, Hyde tenía miedo. Miedo a nunca más ser aceptado por nadie, miedo a la soledad, al dolor, al sufrimiento que la libertad le podía generar. Paradójicamente, huía de dichos sentimientos a través de la compañía de Sakura, logrando con ello encontrarlos en la mayor expresión de crueldad en la que eran expuestos. Todas las noches, tomando sus caderas con maltrato, halándolo a su propio deseo, y Hyde gritando que se detuviera... todas las noches lo mismo. Noches enteras de sexo brutal, de sexo violento, de violaciones sucesivas, de gritos desesperados para que la situación se interrumpiera en el tiempo, de lloros ahogados rogando que esa vez fuera la última, sintiendo en cada vez aquella ingrata forma de amor, comprendiendo toda la mentira, razonando al dolor, rebajándose ante el agresor con la resignación, lamentando al destino, perdiendo cada vez más plumas de sus alas.
Los años le mostraron que Sakura no se saciaba con él, y que atacaba a más jóvenes. Y de igual forma, con aquella enfermiza metodología, los sometía a la dependencia que les generaba. Por alguna extraña razón, ellos, como Hyde, necesitaban a Sakura.
-¡Ah! ¡Sakura! ¡Sakura…! ¡Basta…! -gritaba entre gemidos cortados por el martirio, por la brutal penetración, con aquel sentimiento de odio incipiente al verse a sí mismo usado de forma tan repulsiva. Y aún cuando en aquellas situaciones parecía que finalmente esa noche iba a ser la última, el enfermizo método de Sakura activaba su veneno, y entre su deseo, entre aquella lujuria visceral solía susurrar al oído de Hyde bellas palabras de ilusión.
-¡Hyde, te amo…!
Y Hyde sucumbía a aquella idea de libertad, a aquella idea de amor, a aquella idea de cariño que la tiranía de Sakura había hecho germinar en su mente, y con aquellas palabras, esperaba la noche siguiente, creyendo que sería mejor.
El tiempo seguía pasando, y Hyde se resistía cada vez más. Ya no sólo las palabras, sino los golpes, las ataduras, se combinaban en esa insana relación. La necesidad de Hyde por Sakura, el dolor, la soledad.
Cada vez que lo poseía de esa forma, cada vez que lo rasgaba, que lloraba por el dolor, que sentía cómo en su frenesí Sakura mordía su cuello en un intento inútil de simular besos tiernos, Hyde reconocía la verdad.
Llorando, comprendía el verdadero significado de aquellas invasiones desquiciadas a su interior, de aquellas manos-garras que lo apretaban, que lo avergonzaban, que lo humillaban.
Lentamente despertaba de toda aquella ilusión, alimentado por el odio a sí mismo, a Sakura, a aquella relación que lo ahogaba.
Sakura gemía en su oído obscenidades, confundía nombres, y a veces, susurraba en el éxtasis lo poco especial que era aquello, que todo sólo valía la pena por su deseo satisfecho. Hyde era dañado en su más profunda autoestima. En su más insondable soledad comenzaba a iniciarse el hueco devorador de su espíritu. Esa grieta que con el tiempo, lo sumirían en el caos absoluto.
Aquella noche iba a ser la última. Se lo había prometido a sí mismo.
Sakura había llegado a su cuarto. Comenzaba a desvestirse, sabiendo que Hyde lo esperaba en la cama, como siempre. Pero aquella vez, sólo encontró a un hombre sentado en una silla, mirándolo con odio.
-¿Ah? ¿Vas a hacer el juego difícil? -le había dicho con perversidad al encontrar a un Hyde decisivo en el cuarto.
-¡Basta! ¡Ya no me tocarás! ¡Vete de aquí! -había dicho con voz ronca. Sakura, riendo ante tal amenaza, se acercó a Hyde con fuerte decisión.
Hyde lo intentó detener, pero nuevamente su intento era desesperado e inútil. Ante la resistencia de Hyde por evitar a toda costa otra violación más, Sakura golpeó con toda su fuerza el rostro de Hyde, dejándolo semi-consciente. Era la primera vez que golpeaba su rostro. Siempre había apreciado esa tez, y nunca la había percutido con nada. Pero Hyde estaba demasiado inquieto, y él estaba presuroso de poseerlo como animal.
Cargándolo a la cama, lo arrojó sobre ella sin cuidado, y lo dio vuelta. Desgarró toda aquella ropa, con sus manos, como si fueran garras. Hyde en su inconciencia lograba percibir cómo ese ser tomaba lo único que le quedaba, lo único... su decisión de ser libre. Sus alas.
Sakura lo apretaba contra la cama, con rudeza, clavando sus uñas en la espalda tersa de Hyde que mostraba aquel inocente tatuaje. Un tatuaje ingenuo, sin lugar a dudas.
-¿Sabes? Esas alas son mías. No me gusta que quieras volar. ¡Yo te las arrancaré! –le había susurrado a su oído con perversión, con malignidad, mientras lo penetraba con rudeza, con desesperación propia, con necesidad de auto-satisfacción, halándole del cabello, y movido por el placer, clavaba sus dedos en una de aquellas alas, lastimando la piel. Hyde sólo gritaba ahogado ante aquellos desgarradores movimientos que le lastimaban. Lastimaban su carne, su alma... que desgarraban sus alas, que las arrancaban...-. ¡Yo te amo, Hyde! Y por eso, no puedo permitir que te vayas. Yo tendré tus alas. Sólo yo...
-¡Ya no te amo! ¡Detente! ¡Ahhh! ¡Déjame! ¡Para! ¡Ahhh! ¡Me duele! ¡Siempre me duele! ¡Basta! -gritaba soportando aquellas punzadas, diciendo las palabras con aliento entrecortado por el desgarro interno. Una vez más despedazaba su cuerpo-. ¡Te odio! ¡Te odio!
Pero ante aquellas palabras, Sakura, desbordado en furia al ver que había perdido esa necesidad, al ver que aquella presa se le revelaba, abrió más las piernas de Hyde, y clavando sus manos en la cadera de éste, lo poseyó con la furia del volcán.
Hyde sólo lloraba, gritaba, sólo deseaba que aquella tortura se detuviera para siempre, que ese ser se alejara de él, que alguien lo hubiera notado en todo ese tiempo y le ayudara. Sólo se sujetaba con fuerza a las sábanas, soportando con sus últimas energías aquellas embestidas groseras, sintiendo con asco esas garras, sintiendo que todo lo que aquellas manos componían eran sólo ilusiones, mentiras que vendía a sus víctimas, falsedades que todos creían, y en las que él, había caído tan ingenuamente. Reconocía su suciedad, y el tizne de Sakura, descubría el dolor, la ofensa, y la bajeza. Sentía cómo toda la verdad se exponía ante él, mostrándole con horror lo que había perdido.
Llorando desgarradamente, mientras su tirano terminaba de dar las últimas embestidas encolerizadas, se percataba que nunca más en su vida volvería a confiar, a creer, y nunca más amaría. Nunca haría aquello. Y lloraba, porque sabía que desistía a algo que nunca había sentido. Renunciaba a ello.
Gritaba con repugnancia el nombre de Sakura, aullaba su odio, al reconocer que ese ser le había arrebatado la inocencia, la ingenuidad, y que aquellas alas ya no existían. Ya no iban a existir. ¿Alguna vez existieron?
Finalmente Sakura dejaba su cuerpo, sintiendo con nauseabunda sensación los restos de aquella enfermiza embestida final en su interior.
Sakura tenía pensado regresar a la noche siguiente, pero ante aquella imagen, Hyde, dañado, con cansancio, con dolor, con vergüenza, tuvo el valor suficiente para mirarle a los ojos con todo el odio acumulado por tantos años, y con una voz profunda, ronca y determinista, le había ordenado:
-¡Olvídate de mi! ¡Te odio!
Sakura simplemente había levantado una ceja, y con una sonrisa perfecta, con una sonrisa demoníaca, lo había observado. Hyde ya no tenía lo que deseaba. Ya no tenía esa ternura, esa inocencia. Había perdido aquello, por lo único que le agradaba estar con él. Por ver ese brillo en lo ojos de ese joven ante cada palabra, y cómo creía en sus discursos. Eso ya lo había perdido. Ya no tenía sentido.
-¡Bien! Finalmente, tengo tus alas.
Hyde lo observó con sorpresa, con odio, con impotencia. Había arrebatado de él lo que deseaba proteger a toda costa, pero lo había perdido.
Sakura cerró la puerta, desapareciendo tras ella, y nunca más la volvió a cruzar.
A los pocos días, Sakura salió del grupo por un escándalo de drogas que nunca nadie supo con certeza qué había ocurrido. Por su parte, Hyde continuó con L'Arc~En~Ciel, pero para ese entonces, su condena a estar siempre sobre la tierra, a ser sólo un ángel caído, sin inocencia, sin ingenuidad, había sido sentenciada. Lentamente se transformaba en un demonio que se perdía en su propia oscuridad.
-¡No! ¡No! -repetía Tetsu incrédulo, abrazando con fuerza impotente el cuerpo de Hyde que escondía su rostro en el pecho desnudo de Tetsu. El líder del grupo estaba atónito. Su voz apenas era un hilo. Aquel relato lo había espantado, y disparó más fuerte que nunca un gran sentimiento de culpa-. ¡Mierda! ¡Cómo nunca lo vi! -se decía con impotencia.
-No te culpes, Tetchan... ya pasó... -explicaba sin despegar su rostro del cálido lugar que generaba el pecho de Tetsu, secando en él las lágrimas del recuerdo.
-Todos habíamos creído que aquel golpe en tu rostro y cuerpo había sido una pelea decisiva entre ustedes dos. Nunca una violencia de esa forma... ¡mierda! ¡Perdóname! ¡Hyde! ¡Perdóname! -Tetsu se había inclinado sobre Hyde, cubriéndolo, intentando inútilmente protegerlo del pasado-. ¿Por qué no lo hablaste cuando comenzó todo? Cuando aparecieron los primeros maltratos, ¡Hyde!
-Tetsu... ¡no te pongas así! -le sosegaba con una voz calmada. Aquella narración, aquel desahogo que tenía pendiente desde hacía años, le había dado finalmente una gran paz. La vergüenza, el asco a sí mismo, había evitado contarle los detalles a Tetsu, pero sabía que si los hubiera dicho, Tetsu era capaz de ir en busca de Sakura y matarle en ese mismo momento. Solamente había comentado en un breve relato, la tortura, la necesidad, las vejaciones y los golpes que había recibido. Ningún detalle. No tenía caso, pues eran pasado. Notaba la desesperación de la que era presa su impoluto amante. La locura de la impotencia. Y aquella ingenuidad, aquellas alas propias del bajista que tanto le fascinaban.
Separó el abrazo, y apoyó su cabeza en las piernas de Tetsu, utilizando los muslos de almohada, con el rostro fijo en los ojos de Tetsu. Lo observó con una gran armonía, y tomó las manos del bajista entre las suyas. Notaba esa pureza. La pureza de Tetsu. Sus manos limpias, suaves, temerosas a dañar. Acercó una a su mejilla, y la frotó sobre su tez con fineza, gozando con placer aquella calidez. Eran tan simples sus manos. Tan buenas. Tan diferentes.
Tetsu lo miraba con miedo, con dolor ajeno. Sus ojos le mostraban que el bajista había sufrido esa noticia como si aquellas violaciones hubieran sido acometidas en su propio cuerpo. Hyde lo observaba con una sonrisa de serenidad.
-¿Por qué no hablaste al comienzo? ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué esperaste tanto tiempo?
-Porque creía que amaba... y luego de la pelea, iba a ser demasiado vergonzoso -Tetsu sintió un escalofrío ante aquella frase, que inconscientemente había traído a su mente la imagen de Kaori y aquella última noche con ella. Alejó esa idea, y se concentró en los ojos de Hyde. Éstos parecían brillar tan volátiles con el resplandor lunar reflejándose en ellos. Era tan místico. El enigma resuelto. Tetsu descubrió al final, el gran misterio de Hyde, el dolor, la soledad, aquellas actitudes. Todo tenía sentido. Aquella imagen que se había forjado para sobrevivir, esa sensualidad que tenía, producto de la supervivencia a aquel dolor, aquella oscuridad profunda... Tetsu suspiró reconociendo la verdad en las palabras de Hyde. Ya era pasado. Ya nada podía hacer.
Allí, arrojado sobre sus piernas, estaba Hyde. El que consideraba autosuficiente, el que parecía demasiado soberbio, el que forjó esa imagen, sólo para protegerse, sólo para no caer nunca más en el amor. En aquella falsa idea del amor. Ahora entendía por qué no resistía las caricias, por qué no permitía el contacto. Su cuerpo se negaba a regresar a aquella época, se negaba a repetir lo mismo, se negaba a pensar en todo aquel dolor, aunque en realidad, estuviera con otra persona... Tetsu dejó que Hyde se adueñara de su mano, y la besara. Tal vez, lentamente, comprendía toda aquella simbología. Percibía por qué Hyde deseaba tanto que compartiera la cama con él, con un simple contacto cálido. Se percataba del por qué parecía un rito aquella mística fascinación por las manos del bajista, por el contacto cálido, por sentirlas cercas, pero no lo suficiente como para recordar el pasado. Todos sus gestos adquirían significación. Y Tetsu suspiró aliviado.
Hyde mansamente se incorporaba, besando el brazo de Tetsu, continuando con su pecho, con su cuello, y acabar por sus labios, en tiernos movimientos, en suaves contactos, con tanta delicadeza. Tetsu no podía creer que Hyde tuviera esos movimientos, habiendo vivido tanto la violencia. Tal vez, no era más que un pedido secreto de que lo trataran a él de igual forma. Tal vez.
-¡Te ayudaré! ¡Hyde!
-¡Perdóname! -le susurraba en el oído, mientras recostaba a Tetsu sobre la cama, dejándolo a su merced-. Perdóname, pero creo que nunca podré...
-Sí. Sí lo harás. Aprenderé a amarte como deseas -Tetsu besaba con sutileza el cuello de Hyde, sin dejar que sus dientes rozaran su piel. Debía recordar todo lo que lo tensionaba, todo aquello que no le permitía disfrutar del momento.
-¿Aprender? No... no puedes… -le comentaba, sumiéndose en el placer incipiente, en las caricias que le estimulaban, reaccionando a los besos de Tetsu.
-¡Permíteme... sólo permíteme! -le suplicaba, mientras acariciaba su espalda, bajando por su cintura, intentando una vez más deshacerse de aquellas barreras.
Parecía que Tetsu comenzaba a liberarlo del miedo, de la soledad. Tal vez ese día sería el gran día de la liberación...
Tetsu acarició el muslo de Hyde, y en un intento de acercar su cuerpo al suyo, lo sostuvo por un instante. Aquello detuvo inmediatamente a Hyde, que se sentó sobre el estómago de Tetsu, con el ceño fruncido, con la desagradable sensación del pasado.
Tetsu sufría al ver cómo la mente de Hyde le hacía esas jugadas tan duras. Eran difíciles para él, eran más arduas para Hyde.
-¡Perdóname! ¡Tetchan... no puedo... no puedo... intento! ¡Pero no puedo! -comenzó a decir con una voz que se agitaba lentamente.
-¡Shhh! -Tetsu tomó las manos de Hyde y las colocó en su pecho-. Vamos a hacer esto juntos, cuando tú puedas. No cuando yo quiera, ¿sí? -Tetsu le había sonreído de aquella única forma. Con ese mirar infantil, con esa cara de ingenuidad. Hyde amaba aquel rostro. Amaba a ese hombre. Tan diferente.
-¡Vaya! ¡Me encanta cuando haces eso! -Tetsu lo miró con curiosidad y parpadeó. Hyde se calmó, y simplemente se recostó a su lado. Pasó un brazo sobre el pecho de Tetsu, y éste aceptó aquel tierno contacto. Un roce que necesitaba Hyde, en busca de protección, en busca de fuerza.
-Bueno. Mejor vamos a dormir que el concierto me ha cansado mucho. ¿A ti?
-También.
Ambos se durmieron en aquel tierno abrazo.
Finalizada la gira por toda Asia, el grupo había regresado con ciertos cambios. Transformaciones que los habían agotados. Por ello Tetsu había decidido dar un descanso al grupo antes de regresar a un nuevo disco. Era bueno que cada uno tomara por tiempo indeterminado su descanso, y pudieran trabajar en sus propias producciones.
De esa forma hicieron. Tetsu continuó viviendo en el departamento de Hyde, ahora más decidido que nunca, ya que había descubierto su secreto, y comenzaba a entender toda aquella simbología, aquel código que lentamente se le revelaba, y que traducía a la perfección a Hyde. Por pedido de Hyde había guardado el secreto. El pasado lo condenaba a Sakura y a él. No quería regresar en el tiempo a aquellas épocas. Sólo deseaba olvidar. Aunque Tetsu había estado en bastante desacuerdo con la idea, finalmente había aceptado. Las cosas debían hacerse como Hyde quería y no como él deseaba. Esos eran los términos para la recuperación del cantante.
Tanto Tetsu como Hyde trabajaban en sus propias producciones independientes, no sin tener la opinión del amigo. De igual forma, Yukihiro y Ken hacían sus propias creaciones. Ken había regresado a los SOAP y ahora ya no eran 3 sino 4 los integrantes, haciendo dúo de guitarras con el que era su reemplazante en las épocas de ausencia.
A pesar de las altas horas en la noche, Ken siempre regresaba a Yukihiro, con la piel limpia, con la piel sin aromas más que el suyo. A Yukihiro le costaba creer en ese gran cambio que había experimentado Ken. Del terriblemente viciado lujurioso, había adquirido una fidelidad súbita. Se sorprendía de esa actitud. Y muchas veces la cuestionaba en su propio silencio.
Como siempre, Ken retornaba en la madrugada de las grabaciones, de las reuniones para componer con su grupo o de alguna fiesta privada, y antes de ingresar a la cama, se bañaba. No quería que su amante se perturbara por el aroma que las insistentes mujeres dejaban en su ropa, pero ya no más en su piel.
Aquella noche había salido del baño, secando con una toalla el pelo, frotándolo enérgicamente. Yukihiro no estaba dormido, como era costumbre, sino sentado en la cama, mirando en la oscuridad iluminada por la luz del cuarto de baño. Ken había notado sorprendido el estado de lejanía de su amante.
-¡Eh! ¿Yukki? ¿Estás bien?
-¿Eh? -regresó súbitamente, parpadeando, mirando con asombro a Ken-. ¿Ya te bañaste?
-Sí... Yukki, ¿qué pasa? ¿Otra vez con tus dudas? -Ken le preguntaba con dolor, con miedo. Odiaba su pasado cuando veía la incapacidad que tenía de darle seguridad a su amante.
-No... -decía con temor. Ken, reconoció en la negativa una afirmación y lo miró con detenimiento.
-¡Pregunta! ¡Pregunta! ¡Hazlo, si eso te ayuda! ¡No quiero que dudes! No quiero que esto se eche a perder… ¿no sabes que cuando uno de los dos comienza a dudar, empieza a atrapar al otro, y lo que antes era libertad, se vuelve angustia y condena? -Yukihiro lo miró con espanto. Reconoció en aquellas palabras la experiencia del matrimonio que Ken tenía en su historial.
-¿Por qué regresas siempre?
-¿Qué? -lo miró con asombro. Sabía que su amante preguntaba exactamente el por qué aún no cambiaba de compañía nocturna-. Yukki. ¡No existe otro cielo donde me acepten! -le sonrió con aquella boba expresión. La voz del niño que no hace más que repetir lo evidente. Yukihiro le sonrió. Al ver que con ello había distendido la situación, Ken adquirió una seriedad que Yukihiro notó-. Yukki. El secreto sólo hace que te sientas peor. ¿Estás seguro de que quieres mantener esto oculto?
-Tengo miedo... -suspiró con conflicto Yukki.
-Es un año. Un experimento no dura un año -tomó su mano entre las suyas-. Piénsalo. Yo no tengo problema. ¡Mejor si no dices nada! ¡Sigo con mi reputación de conquistador! ¡Pero ya veo que eso a ti te sienta mal! -comentó chistoso. Yukihiro le pegó en la cabeza con su mano liviana, sin fuerza. Un reproche cariñoso.
-¡No cambias! ¡Lo pensaré! -dijo con voz interesante, y se acostó en la cama.
-No lo pienses ahora... yo quiero pensar contigo otro tipo de cosas... -le susurró con picardía, mientras acariciaba la espalda de Yukihiro.
Y éste, en su silencio, le mostró a Ken la aceptación de tal idea. Una vez más el cielo único en cada vez.
Tetsu lanzó en menos de un mes un disco nuevo de su producción Tetsu69. Tendría que viajar a diversas provincias de Japón, pero hasta entonces, se quedaría descansando en el departamento de Hyde.
Al fin volvía a ver un poco de aquel Hyde de los años antiguos. Aunque a partir de aquella confesión, reparó que toda esa imagen de Hyde que él tenía en el pasado, no era más que una ilusión, otra más de las que tanto se mentía. Aquel alegre y rebelde Hyde no era más que sólo el superviviente de aquella traumática relación con Sakura.
Tetsu estaba preparando comida casera. La cocción de los alimentos le daba el periodo suficiente para remontarse en el tiempo y volver a presenciar a Hyde en el pasado. Una y otra vez, recordaba situaciones, palabras, elementos propios de Hyde que se redefinían en el mismo pasado, una vez conocido el presente. Era extraña la sensación que le generaba. Una idea de entelequia, de imposibilidad de comprender la realidad de las cosas lo comenzaba a agobiar. ¿Acaso era imposible para todo humano comprender en la totalidad a otro? ¿Era posible siquiera que uno mismo se comprendiera en su realidad, se reconociera a sí mismo objetivamente? ¿O todo era sugestión, todo era ilusión, mentiras que uno buscaba creer desesperadamente, para no afrontar la realidad?
Tetsu suspiraba en la soledad de aquel cuarto, escuchando el hervir de los alimentos. El ocaso inundaba en colores dorados aquel pequeño salón y la contigua cocina.
Pero independientemente de todo aquel pasado por analizar, sentía que Hyde había renacido. Un nuevo Hyde, renovado, vivo, con un progresivo avance de esencia. Ya no tan vacío, ya no tan oscuro, y aunque sabía que aquello nunca lo dejaría, él sobreviviría.
Miró sus manos con tranquilidad, y recordó las veces en que Hyde suplicaba con su silencio, con sus gestos, que le permitiera compartir esa calidez. Sus manos no tenían nada de peculiar. Eran delgadas, pequeñas, y hasta en cierto grado algo ásperas para su gusto, aunque Hyde siempre dijera lo contrario. Pero Hyde veía todo a través de su dolor. Y cualquier cosa era más suave que el sufrimiento.
Suspiró una vez más.
Elevarse. Elevarse con las alas de la inocencia, con las alas de la ingenuidad, a los estados más puro de la condición humana.
Había comprendido el significado de aquellas alas. Por qué las había grabado en la espalda, y por qué, desesperado, las había buscado arrojándose al vacío en aquella oportunidad.
Suspiró una vez más. ¿Y él? ¿Y Kaori?
Recordó a Kaori, y su complacencia, su dolencia, su devoción, su culpa. Las alas de Kaori, con gotas de sangre.
Sintió cómo ella se había percatado de todo lo que sucedía. Ella se había enterado de todo, y seguramente, le había dado a Hyde aquella pulsera. En esa noche que Kaori le había obligado a ver a Hyde por un extraño temor infundando, ella misma le había ofrecido a Tetsu esa alhaja, para que se la obsequiara al sombrío vocalista. Tetsu no había visto el gesto, o no quería verlo. Ella le devolvía el regalo, para hacerle chocar contra su propia idea, su propia imagen. Para que él recapacitara, de una vez por todas, que él había comprando esa joya sólo para Hyde. Y que sólo la inconsciente forma de no querer ver era lo que le había tergiversado la situación, ofreciéndosela a ella.
¡Cuánto sufría Kaori! Y Tetsu se culpaba. Ella también tenía derecho a ser feliz, o al menos, a esa idea simple de felicidad que todo humano podía tener. El simple pasar con otro. El simple compartir. El amar aquellas pureza, aquella esencia. Pero ella no lo tenía. ¿Lo iría a tener algún día? Suspiró una vez más.
-¡Vaya! ¡Cuánto suspiro! -comentó Hyde, ingresando a la cocina, que había sentido dos de las tantas exhalaciones que había hecho su amigo-. ¿Tienes mal de amores y no me has contado? -bromista Hyde ingresaba a la cocina, con un paso nuevo, con un andar animado. El andar rebelde de hacía años, el desenfado, la insolencia, y todos aquellos gestos de soberbia, de grandeza que parecía tener, que se fusionaban con una extraña timidez que surgía de algún costado. Tetsu le sonrió.
-¡Vaya! ¡Temprano! ¿Cómo te ha ido en la grabación?
-¡Ah! Bien, ¡pero estoy cansado! -comentó robándole a Tetsu una galleta sin sal que iba a comer-. ¡Y muy hambriento! -le guiñó el ojo.
Tetsu le sonrió con aquel gesto de reproche, que generaba el pequeño hoyuelo en su mejilla derecha.
Hyde era el mismo de siempre, de aquel siempre antes de su gran crisis, antes de la separación del grupo. Era lo que nunca debió dejar de haber sido. Tetsu en el fondo, sentía que, al fin, la culpa no le ahogaba, porque gracias a él Hyde se había salvado. Gracias a que justo a tiempo había abierto sus ojos, gracias a Yukihiro, a Ken y a Kaori, y las determinantes palabras de Hyde. Sentía que, finalmente, un Tetsu natural surgía de su ser. Un Tetsu sin tapujos, sin culpas, sin nada más que esa simple esencia de ser.
Hyde había regresado a hacer sus propias producciones. Había tenido un gran éxito y los videos no debían hacerse esperar. Aquel día era el último de una larga semana de fotos y grabaciones. Tetsu había escuchado la última producción de su amigo, y había sentido con alivio que su creación no se ahogaba en aquella oscuridad, sino que invitaba a la reflexión, a la sincera contemplación de la realidad. Una realidad dura, pero que por algún instante, existía una esperanza vaga. Había considerado aquel trabajo, el mejor realizado por su vocalista preferido.
Tetsu terminó la cena rápidamente, y comieron en silencio, en el salón, viendo con tranquilidad la televisión. Era paz, era serenidad. Sólo compartir un rato ameno. Sólo sentir la compañía del otro. Esa era parte de aquella extraña felicidad a la que se podía acceder. A la que según Yukihiro, ningún humano podía lograr más allá de ella.
Pensó en Yukihiro, y dejó de contemplar la pantalla, para sumirse en lejanos recuerdos, en lejanas y sutiles confesiones de aquel amigo. ¿Cómo estaría llevando aquella tristeza? ¿Cómo?
-¡Tetchan! ¿Qué ocurre? ¿Te deprime el TV? -comentó con una sonrisa.
-¿Eh? -miró fijamente a su amigo, y luego al TV-. No, no. No es nada.
-¡Vamos! ¡Ahora eres tú el que se va a deprimir y se va a matar, y realmente te digo, que no tengo ni ganas, ni tiempo, ni energía para hacer todo lo que hiciste! –respondió tomando con los palillos más de aquella sopa caliente. Tetsu lo miró con simpatía. Una sutileza. Un agradecimiento oculto. Así era Hyde, el de antes, el de ahora, el de siempre.
-No. Sólo pensaba en Yukki.
-¿Por qué? ¿Le sucedió algo?
-No. Claro que no. Pero me preguntaba cómo llevará su melancolía.
-¡Ah! ¡Nostalgia de grupo! ¡A ti, Tetchan, se te da la depresión por los más raros lugares! -continuaba molestando a su amigo-. ¿Extrañas a Yukki? ¿Y por qué no lo invitamos? ¡Oh! ¡No, mejor aún! ¡Qué tal una buena cena sorpresa en su departamento, y de paso husmeamos qué anda cocinando! -comentó con mirada pícara.
-¿Cocinando?
-Vamos, Tetchan... desde hace bastante tiempo que Yukki está más sonriente que de costumbre, ¿no lo crees?
-Es sólo imagen, el realmente está mal.
-¿Mal? A ver… ¿por qué?
-No puedo decírselo a nadie, pero créeme, que es una dura situación -Hyde levantó una ceja, observándolo con descreimiento.
-Ni modo. Mañana lo visitaremos. Tú empiezas tu tour pasado mañana, y yo tengo libre. ¡Vamos a molestarle! Y también invitamos a Ken. El siempre tendrá tiempo para el grupo.
-¿Lo crees correcto?
-Claro que sí…
-¿Pero no es algo descortés ir sin invitación y sin avisar y…?
-¡Aaayyy! ¡Ya, ya! ¡Mamá! ¡No me retes! Deja esa cosa protocolar, Tetchan. ¡Es nuestro amigo! ¡Qué importa lo que piense! -sonrió divertido.
Tetsu lo observó con una sonrisa torcida, aquella que marcaba su hoyuelo. Hyde se fascinaba con ese gesto.
-¡Me encanta cuando haces eso! -Tetsu parpadeó un par de veces, y levantó una ceja.
-No lo entiendo. Siempre dices eso cuando hago cosas diferentes... ¡me vas a tener que explicar qué es lo que hago…! -comentó curioso, comiendo sus fideos.
-Ja ja ja...
Hyde se había arrojado a la cama, boca abajo, descansando todos los músculos. Escuchaba en la cocina el sonido de los platos que Tetsu limpiaba. Desde que había ingresado a su departamento, éste se había tornado en un lugar tan agradable. La limpieza, el orden y la pulcritud invadían cada rincón. Hasta sus cristales azules, estaban ordenados prolijamente sobre su escritorio. Aquellos cristales que se habían vuelto tan cálidos nuevamente.
-¡Rayos! ¡Parece mi mamá! -comentó en un suspiro al dejar de escuchar el sonido de la vajilla, aliviado de aquel desesperante ruido.
-¿¡Quién parece tu mamá! -le dijo Tetsu en voz alta, ingresando al cuarto, simulando reproche por aquel comentario.
-¡Ya! ¡Cállate…! -acotó con cierta pesadez pero con suave voz.
Tetsu observó el caído cuerpo de Hyde sobre la cama, y apagó la luz. La habitación se iluminó con la pequeña luna que nacía en la lejanía. Lentamente se sentó sobre Hyde, y comenzó a masajear su espalda, su cuello y los omóplatos. Estaba contracturado por todo el trabajo.
-¿Qué haces? -le preguntó con placer, al sentir aquellas manos trabajando tan bien su musculatura.
-¿No es obvio? -replicó chistoso.
-Es molesto con la camisa... ¡sácala…! -le sugirió, apoyando su mentón en los brazos que flexionaba sobre su rostro.
Tetsu comenzó a sacar lentamente la camisa, tratando siempre de recordar todos los movimientos incorrectos para evitarlos. Desde aquella confesión, Tetsu había aprendido a través de intentos miles de veces frustrados, todas las acciones que a Hyde le generaban pánico súbito. Aún así, nunca podía controlar la situación por completo.
-Está bien, sácala sin cuidado -le había dicho Hyde, al sentir aquel miedo de Tetsu por despertar sus pasados fantasmas. Tetsu tomó la camisa con mayor naturalidad, y se la quitó.
Con tranquilidad, empezó a masajear cada músculo, cada fibra de Hyde. Una musculatura apenas marcada, carente de esfuerzos físicos importantes. Los dedos de Tetsu eliminaban todo el cansancio del día. Hyde se sentía tan bien, tan confiado, tan entregado a Tetsu. Al único que le permitía mirarle sin defensas, al único que se entregaba sin temor a ser dañado, porque podía ver la inocencia y la ingenuidad de Tetsu, una pureza única. Hyde podía sentir cómo su amigo se preocupaba a cada momento de no realizar movimientos incorrectos o bruscos, de no presionar más de la cuenta, de no hacer nada que le despertara pasados torturantes. Era tan diferente. Tan distinto a aquel recuerdo fantasmal. La tristeza embargaba el corazón de Hyde cuando sentía aquella diferencia tan marcada, aquella pureza, esas manos tan limpias, y aún así, eran opacadas y confundidas con dolores pretéritos. Le rabiaba tanto confundir a Tetsu con ese tirano. Si no eran similares, si eran tan distintos, ¿por qué no podía?
-Son lindas... -comentó Tetsu masajeando la espalda, alejando a Hyde de sus reflexiones.
-¿Qué cosa?
-¡Tus alas! -le susurró acercándose a su oído, continuando los masajes-. ¿Sabes? Tus alas...
-¡NO…! ¡No lo digas! -Tetsu separó sus manos de la piel de Hyde ante aquella negativa, creyendo que había hecho un mal movimiento. ¿Ahora su error había sido las palabras?
-Pero…
-No... no lo digas... ¡serán las mismas palabras! -susurró Hyde, tranquilo, pidiéndole a Tetsu que continuara con el masaje. No le había narrado aquella última vez a Tetsu, no había develado ningún detalle más allá del infierno diario que representaba estar cerca de Sakura. No quería explicarle pormenores. Lo había detenido sólo para contener esa frase. Porque tal vez, Tetsu pediría que aquellas alas le fueran arrancadas, para permanecer a su lado. Las mismas palabras, quizás con otro tono, pero las mismas palabras al fin. Temía que Tetsu en el fondo, fuera más de lo mismo, y se transformara con el tiempo en un pasado oscuro. No quería que dijera esas palabras...
-¿Serán…? -preguntó apenado. A Tetsu le dolió aquella idea, aquella sensación de ser siempre comparado con el pasado de Hyde. Tal vez, Hyde, en el fondo, lo creía como Sakura.
-Lo serán... no quiero escucharlas... -apenas se escuchó un hilo de voz.
-Pero... ¿y si son diferentes? -le preguntó con cierto temor.
-¿Diferentes? -Hyde recapacitó. ¿Por qué Tetsu debía decir las mismas palabras? ¿Por qué el amor era posesivo? ¿Por qué el amor era agresivo? ¿Por qué el amor sofocaba?. Quizás, el concepto de amor que Hyde tenía era incorrecto. ¿Y si era diferente? Tetsu lo era en todo, ¿no podría serlo en las palabras también? Hyde había bajado la guardia, y Tetsu, sin interrumpir el masaje, se acercó a su oído y pronunció su opinión:
-Tus alas son bellas. Te llevan lejos de mí... ¿por qué no me llevas contigo? Ayúdame a volar... enséñame, para acompañarte...
Hyde se tensó pasmado, y Tetsu, abrió sus ojos incrédulo.
-¿Habían sido las mismas palabras? Tetsu se horrorizó. Aquella reacción de Hyde sólo mostraba que él era igual que ese tirano. Tetsu se paralizó. ¿Qué había hecho? ¿Había clavado la estaca en lo más profundo y sensible de Hyde? ¿Había arrasado con tanto tiempo de dedicación?
Hyde lentamente se giró sobre la cama y lo miró con rostro serio. Tetsu estaba entelerido. Rápidamente se bajó del cuerpo de Hyde, y se sentó en la cama, con un gesto de clemencia.
-Perdona... perdona... lo lamento, Hyde... yo... yo pensé que…
-¿Qué dijiste?
-Lo que escuchaste… yo…
-¿Son tus palabras? ¿Tu verdadero sentir?
-Claro. Pero veo que era lo mismo que las palabras de él… ¿no?
-¿Sabes qué me había dicho? -le sonrió, tranquilizándolo.
-... -Tetsu lo miró con suplicio, rogando que se detuviera, que no se hiriera él ni se hiriera a sí mismo. Tetsu no quería escuchar.
-Me dijo que iba a arrancar mis alas, para tenerme cerca -los ojos de Hyde brillaron centellantes-. Tus palabras son tan diferentes…
Tetsu lo miró con alivio, y le retribuyó la sonrisa, una sonrisa especial. Una sonrisa de alivio, de mezcla de confusión y tristeza contenida, pero una sonrisa de bienestar, de tranquilidad al final de cuentas. Una sonrisa que le marcaba tan suavemente aquel hoyuelo, que la luna pálida de la noche realzaba con la sombra que producía en él. Hyde lo miró, y sentándose cerca de Tetsu, besó el hoyuelo.
-Me encanta cuando haces eso. Cuando sonríes y ese pequeño pocito aparece en tu mejilla -le susurró.
-En occidente, dicen que es el producto del beso de un ángel -le murmuró perdido en su rostro de paz. Hyde lo miró sin esfumar su sonrisa, con un leve grado de sorpresa. Era tan diferente.
-Eres tan distinto. Tetchan... te amo...
Tetsu lo observó sorprendido. ¿Amar? ¿Desde cuándo Hyde había vuelto a amar? Hyde lo rodeó con sus brazos, y lo recostó sobre sí. Era momento de aceptar. Era momento de mostrarle a Tetsu que en realidad tanto su mente como su cuerpo reconocían en él el antípoda de aquel tirano.
Tetsu lentamente comenzó a besarlo, con cuidado, recordando todos los movimientos a los que se había limitado. Trataba de nunca sujetar a Hyde, nunca mostrarse posesivo... pero le era incómodo. A veces se detenía, suspirando, reconociendo sus propias limitaciones, al aceptar aquellas condiciones. Sufría por no poder mostrarse como deseaba. No quería más mentiras en su vida, no más imágenes. No más ilusiones concebidas como realidad. Sólo deseaba ser natural, pero no podía por Hyde. Porque Hyde necesitaba que no lo fuera.
Hyde lentamente ingresaba en el trance de entrega, pero reconocía los conflictos de Tetsu. Estaba decidido. Tetsu era diferente, y no podía pensar que aquellos movimientos fueran la sombra de aquel pasado. No permitiría que más momentos especiales fueran empañados por aquella violencia.
-Tetchan... ¡ah…! No te detengas, no te limites... haz el amor como lo harías tú...
-Pero... ¡Hyde! -preguntó con duda.
-Sólo hazlo tú. Tú eres diferente. Hazlo conmigo. Tú y yo -le susurró con voz placentera
Tetsu aceptó aquel reto. Besó lentamente el cuello de Hyde, excitándolo. Acariciando sus contornos, sus líneas. Pasando sus manos por debajo de la cintura, en un gesto que en un principio Hyde creyó sentir el pasado, tensionándose, pero no debía detenerse.
Debía vencer todo aquello, porque Tetsu era diferente.
Ante aquella contracción Tetsu se inmovilizó, sin necesidad de esperar orden alguna. Hyde sentía a cada segundo cuán diferente, cuán distinto era. No podía confundir, no podía hacerle sentir a Tetsu que lo equiparaba con aquella macabra sombra.
-Sigue, Tetchan. No te detengas, aunque te lo pida. No lo hagas... -le susurró, aferrándose a la espalda.
Tetsu continuó. Ser como él era. Ser en esencia. Abrazando de aquella forma, Tetsu se recogió un momento sobre el abdomen de Hyde. Simulaba un niño, un joven con temor, un joven con dedicación. Besaba el cuerpo completo de Hyde con pasión. Lentamente aflojaba aquel abrazo, y liberadas sus manos, bajaba la ropa interior de Hyde, mientras le besaba el cuello, rozando sus dientes, sin morder. Sólo sensaciones. Hyde luchaba contra el pasado y la locura. Y Tetsu lo sabía.
Quedamente, Hyde desvestía a su amante, sintiendo cómo éste también lo despojaba de sus últimas protecciones. Sólo la piel, sólo el espíritu.
Tetsu lo miró a los ojos.
-¿Puedo volar contigo? -su tono infantil, su mirada pura, aquella sonrisa tan amena, tan inocente. Era tan diferente.
Sin contestar, Hyde rodeó la cintura de Tetsu con sus piernas, y dejó sus miedos.
Tetsu era delicado, era suave, era cuidadoso. Era tan incomparable. Sus movimientos atentos a cualquier gemido inesperado de Hyde, a cualquier tensión molesta. Ante cualquier señal, se detenía, aún a pesar de la locura que lo embargaba.
Se contenía para darle seguridad. Y es que era tan diferente. Hyde no podía creer aquellos detalles. Tetsu tenía sus propias alas.
-¡Ah! Tetchan... ¡hazlo sin miedo…! ¡Así, así…! ¡Hn…! -su rostro mostraba el placer de su cuerpo. Era la primera vez que el ingreso era tan dulce, tan locamente excitante. Hyde gemía el nombre de su amante, susurraba sus sentimientos, presa de aquella sensación nunca antes sentida. Era tan simple. No era magia, no era especial, no era más que simple. Era inocencia, era compartir, era esa delicadeza de preocupación.
-¡Hyde…! ¿Estás bien…? ¡Ah…! ¡Dime…! Hn, hn... ¡si te lastimo…! -susurraba conteniendo su instinto.
-¡Hazlo, hazlo…! ¡Me siento tan bien…! Ah...
Los movimientos se acrecentaban en intensidad, acompañado por la cadera de Hyde. Abrazaba a Tetsu con tranquilidad, con placer. Tetsu no había dejado un solo instante de hablarle, de decirle con aquella cortada respiración que él estaba allí, que le amaba, y que no lo olvidaría. No se alejaría.
Hyde notaba en aquella voz, en aquel mensaje, la muestra más clara de entrega. Su amante buscaba desesperadamente diferenciarse de aquel pasado. Y lo hacía. Porque era tan diferente.
En el límite de la pasión, Hyde pedía con altos gemidos que no se detuviera, que aquella situación se mantuviera eternamente, pero como todo... finalizaba, dejando por primera vez en su vida la agradable sensación de haber hecho el amor. Era su primera vez. La primera vez para su alma.
Tetsu se acostó a su lado, y lo abrazó con ternura, con dedicación, con una leve preocupación. ¿Cómo se sentiría?
-Hyde… ¿cómo estás…? -preguntó, acariciando el cabello de su amante, que había posado su rostro en el pecho de Tetsu. Giró su cabeza levemente, y abrió aquellos ojos que parecían diminutos. Estaban tan brillosos, tan llenos de tranquilidad, reavivados. Tetsu le sonrió ante aquella mirada. Se veía tan bien.
-Maravilloso. Eres tan especial, Tetchan -le dijo reacomodando su rostro, apoyando sus labios sobre aquella piel blanca. Tetsu continuaba acariciando el cabello de su amante, dejando que ambos ingresaran en las más profundas zonas del sueño. Pero antes de aquello, Hyde le susurró unas palabras más, que hicieron que sus labios rozaran de forma tan suave su piel, generando un escalofrío. ¿O era producto de las palabras?-: Tetchan. Tú tienes alas propias.
.
Hyde y Tetsu esperaban delante de la puerta del departamento de Ken. Tetsu llevaba la comida a medio preparar en su auto, pero querían ir por Ken. Una reunión privada de L'Arc~En~Ciel. Era revivir aquellos momentos propios del grupo en esas cantinas alejadas de las avenidas, para sumirse en los secretos de amigos que compartían.
-¿Será que no está? -preguntó Tetchan, mirando el timbre con intenciones de volver a tocarlo.
-No lo creo. Debería al menos, habernos dicho, ¿no? ¡Y no lo toques! Es horripilante escuchar tu forma de tocar el timbre -Hyde hizo un gesto de disgusto. Tetsu tenía el defecto de la impaciencia, y cuando no era atendido inmediatamente, solía mantener apretado el timbre por minutos, si era necesario, para atormentar al habitante con él, y obligarle a detener aquel chirrido interminable, apurando de esa forma la apertura de la puerta. Hyde sabía a la perfección de aquella treta a la que se había sometido por años. Tetsu comprendió aquellas palabras, y le sonrió divertido.
De repente, el sonido de la puerta los distrajo. Delante de ellos apareció un hombre obeso, con anteojos, y de un vestir refinado. Ambos lo miraron sorprendido.
-¿Sí? Buenos días. ¿A quién buscan? -les había preguntado. Tetsu miró a aquel hombre y habló.
-Disculpe, ¿está Ken?
-¿Ken? ¿Qué Ken?
-Nuestro amigo…
-Aquí no vive ningún Ken. Debe ser el anterior propietario. Ya hace 6 meses que me he mudado. ¿Hace cuánto que no ven a su amigo?
-¿Un mes? -Tetsu le preguntó a Hyde, quien afirmó con el rostro sorprendido.
-Mmm... pues, estimados señores, disculpen, pero aquí no vive nadie con ese nombre. Tal vez su amigo les jugó una broma. Si me disculpan, tengo cosas que hacer.
-No, disculpe a nosotros la molestia. Gracias.
-Adiós.
El hombre cerró la puerta, y Hyde miró con una ceja levantada a Tetsu, quien parpadeaba sin entender.
-Nunca nos dijo nada... -Tetsu comentó con voz dolida.
-No te aflijas. ¡Yo creo que algo se tiene escondido ese rufián! -susurró con una sonrisa torcida.
-¿Dónde estará viviendo? ¡O tal vez se mudó de prefectura…! ¡Ah, rayos! ¡No nos dijo nada!
-Mmmm... no te preocupes antes de tiempo, Tetchan... yo creo que si vamos a lo de Yukki la casualidad nos ayudará... -comentó con un tono misterioso. Tetsu lo observó con sorpresa. ¿Acaso sabía algo que él no?
11hs.
Riiiiiiiiin
Yukihiro despertó levemente con aquel sonido estridente. Abrió sus ojos con lentitud, y suspiró molesto. Sentía el calor de la piel de Ken debajo de su cuerpo, como era ya costumbre. Las manos de éste le rodeaban, apoyadas en su espalda. Ken quedaba dormido acariciando apenas con sus pulgares aquella piel tersa. Y Yukihiro aceptaba con tanta delicia aquel gesto tan simple y amable.
-¡Ya! ¡Tetchan! ¡No seas impaciente! A lo mejor lo hemos despertado.
-¿Despertado? ¡Naaaa! Yukki es responsable, no es como tú... él se levanta temprano -discutían en la puerta, mientras aguardaban la apertura.
-¡Rayos…! Ken, Keeeeen -susurró con soñolencia. Acarició la cintura de Ken, buscando despertarle. Éste reaccionaba lentamente.
-¡Mierda! ¡Maten al cretino que está molestando! -suspiró con profunda decepción. Yukihiro le sonrió, y se deshizo de su abrazo, sentándose en la cama, y comenzando a vestirse.
-Vamos, Ken. Levántate.
-No. No me quiero levantar... ¡déjame estar un rato más! -comentó con haraganería, y se giró hacia el lado de Yukihiro, abrazando su cintura-. ¡Vamos, quédate! Deja al imbécil ese… que piense que no hay nadie.
Yukihiro hizo una expresión de desidia ante aquel desesperante sonido, y miró a Ken.
-¡Ve, ve! No le permitas tocar una vez más... ¡o te juro que lo mato! ¡Parece Tetchan! -dijo Ken molesto, frunciendo su nariz.
-¿Tetchan? -le preguntó curioso, poniéndose una camisa negra.
-Cada vez que iba a despertarme a mi departamento estaba 10 minutos presionando el maldito timbre, exasperando a cualquiera... ¡ve rápido…!
Yukihiro rió por aquel dato. Tetsu nunca había ido a despertarle a él, porque no tenía inconvenientes en madrugar, aunque con Ken había cambiado un poco las cosas.
Rápidamente se incorporó y salió de la habitación.
Abrió la puerta, terminando de bostezar, y frotarse un ojo con pereza.
Tetsu: ¡Buen día! ¡Yukki! ¡Oye! ¡Nunca creí que tu durmieras hasta tarde!
Hyde: ¡Rayos, deja de reprocharle la vida a Yukki también! ¡No te alcanza conmigo! -le reprendió con suavidad. Yukihiro les sonrió. Hacía tiempo que no los veía, y era bueno observar a Hyde en ese estado de rebeldía innata, como a ese Tetsu sonriente, predispuesto a todo, preocupado por todos.
Yukihiro: ¡Vaya! ¡Qué sorpresa! ¡Amigos! ¡Pasen! ¿Qué les trae por aquí? -les invitó.
Tetsu: A Hyde se le ocurrió la idea de una comida en grupo. Tú sabes, regresar a ser el grupo tranquilo de los comienzos... ¡ah! ¡Y traje esto para comer! -le dio a Yukihiro unas bolsas, que éste llevó a la cocina.
Pasaron al salón donde encontraron un gran desorden. Papeles y libros por doquier, sobre los sillones, la pequeña mesa, e incluso partituras sobre el televisor. Un par de guitarras apoyadas contra la pared, y una muy conocida por los tres se hallaba sobre un sillón individual. Hyde la miró con una sonrisa de satisfacción. Había acertado.
Tetsu: ¡Vaya! ¡Yukki! ¡Si tú eras más ordenado! ¿Qué ha pasado?
Yukihiro: ¡Sólo producciones, sólo eso! -comentó con cierta vergüenza.
Hyde lo miró con socarronería.
Hyde: ¡Yukki! ¿Dónde está Ken? Esa es su guitarra, ¿no? ¿Qué hace aquí? -Yukihiro lo miró con un leve sonrosado en las mejillas.
Ken: ¡Ja! ¡Hyde! ¿Celoso? -comentó Ken con socarronería estirando sus brazos en el aire, bostezando con gran pereza, saliendo de la puerta de la habitación. Ya se había levantado y puesto una musculosa junto con un pantalón liviano. ¿Acaso era el pijama? Parecía ropa demasiado informal, hasta en cierto punto hogareña.
Hyde: ¡Vaya! ¡Qué te dije, Tetchan! -explicó con soberbia a su compañero que vio incrédulo a Ken.
Tetchan: Pues sí. Una casualidad.
Ken se acercó al respaldo del sillón, y apoyó sus codos en él con curiosidad, reclinándose. Estaba completamente despeinado, y con rostro soñoliento aún.
Ken: ¿De qué hablan?
Tetsu: Fuimos a buscarte a tu departamento... hace seis meses que dejaste el lugar… ¿qué ocurrió? ¿Por qué no nos dijiste nada? -comentó con un grado de pena. ¿Acaso Ken no confiaba en él? Fue cuando Hyde rió fuertemente, haciendo que los tres miraran confusos al joven preguntando por la causa del chiste.
Hyde: ¡Tetchan! ¡Ya te dije! Ken tiene algo escondido. Apuesto que esos rasguños que siempre veíamos en su cuerpo no eran más que la evidencia de que se ha estabilizado el gran conquistador -comentó con soberbia, y miró a Tetsu-. Seguramente está viviendo con su amante -contempló con perversa mirada a Ken, esperando que éste aceptara aquel reto tan provocativo. Ken lo observó con curiosidad, pero rápidamente esbozó una sonrisa pícara.
Ken: ¡Ay! ¡Ay! ¡Cómo ha crecido nuestro lindo Hyde!-comentó con madura voz. Ken había notado finalmente que el secreto había sido develado, al menos para Hyde-. Pues sí...
Tetsu: ¿Cómo? ¿Y no nos has contado?
Hyde: Vamos, cuenta, ¿cómo es? -invitó a hablar a Ken, cruzando sus piernas en un movimiento de pura sensualidad, y dejando sus labios levemente separados. Yukihiro observó aquella actitud con alegría. La personalidad de Hyde había sido recuperada. Aquella sensualidad innata, aquellos modismos vulgares combinados con gestos de la mayor fineza, demostraban con absoluta convicción que Hyde estaba recuperado. Ya no era esa sombra triste, sino un hombre con pasado. Un hombre con futuro, viviendo su presente.
Ken: ¿Y qué quieres que te cuente? ¿Eh?
Tetsu: ¡Rayos! ¿Pero cuándo? ¿Cuándo fuiste a vivir con ella? -preguntó preocupado.
Ken lo miró con un parpadear de sorpresa. Tetsu era ingenuo. Realmente lo era.
Yukihiro sólo miraba el suelo, con un poco de reserva. Le dejaría a Ken todo el camino libre. Sólo Ken determinaría aquello.
Ken: ¿Cuándo? Mmmm... creo que hace más de un año... -comentó mirando el techo, haciendo memoria, y dejando que Tetsu creyera cosas que nadie había dicho, como siempre era su costumbre.
Tetsu: Eso explica por qué nunca te encontraba en tu departamento, ¿verdad? -Ken sonrió divertido-. Pero... pero... ¿y cómo la conociste?
Hyde: Seguro en un burdel, ¿no? -susurró, continuando con aquel juego, sólo para ver aquella inocencia en Tetsu.
Ken: Naaa... ¿qué te piensas que soy? -le dijo con un fingido honor ofendido-. No. Es muy especial, y nos encontramos de una forma igualmente especial.
Hyde: Ah, ¿sí? ¡Suena interesante! ¿Cómo se descubrieron? -preguntó provocativo. Ken lo miró comprendiendo en el terreno donde lo estaba llevando.
Ken: Por ahí. Tu sabes... el amor se encuentra en el lugar menos pensado... -Hyde lo miró sorprendido.
Hyde: ¡Hoooora! ¡Esas no son palabras típicas del Ken que yo conocía! ¡Cómo has cambiado!
Ken: ¡Y yo a ti ni te digo! -lo miró con complicidad.
Tetsu: Ken, pero... ¿se van a casar?
Ken: ¿Qué? ¡Ni loco! ¡Para qué arruinar las cosas! ¡Si así va sobre ruedas! Además, ya con casarse una vez es suficiente.
Hyde: Ja ja ja… oye, Ken, y dime… ¿cómo es?
Tetsu: Cierto, ¿cómo es? ¿Qué personalidad pudo haber calmado a un desalmado como tú? -susurró interesado, pero inmediatamente una chispa de culpa le atravesó el alma. Observó de soslayo a Yukihiro, que sólo miraba el suelo. Tetsu se apenó de preguntar, tal vez el relato dañaría más a su callado amigo.
Ken: ¿Cómo es? Pues es una persona especial. Nada símil a lo que yo he conocido en toda mi vida.
Hyde: Buen sexo, ¿eh? Tu espalda lo dice todo -comentó con picardía.
Yukihiro se sonrojó. Ya no gustaba de aquel juego entre esos dos. Siempre terminaban en aquel pasatiempo de respuestas audaces. Ambos eran unos desvergonzados.
Ken: Naaaaa... más allá de eso -afirmó en aquella evasión la pregunta, prendiendo un cigarrillo, y ofreciéndole uno a Hyde y otro a Yukihiro que aceptó sin mirarlo a los ojos. Estaba tan apenado.
Tetsu: Oye, ¿por qué nunca te vimos con ella, o al menos, no apareció nunca un rumor por TV? Ya sabes que nuestra vida es primera plana en esos momentos. ¿Por qué no nos la presentas?
Ken: Con gusto lo haría, pero tiene una timidez que no se aguanta. Vive tiñendo sus mejillas de rojo, y mirando hacia el suelo -Yukihiro notó con vergüenza aquella alusión tan evidente. Sólo pudo sonrojarse aún más.
Hyde: ¿Timidez? ¡Ja! ¿Y te hace eso en la espalda?
Ken: Ya les dije. Es muy especial.
Tetsu: ¡Quiero conocerla! -Ken rió abiertamente, juntó con Hyde.
Yukihiro miró a ambos con molestia, y Tetsu sólo observó todo con gran confusión.
Tetsu: ¿Qué pasa?
Hyde: Ja ja ja... ¡Tetchan! Eres un ingenuo! ¡Un completo y absoluto ingenuo!
Ken: Realmente yo creí que caería con tanta conversación, pero no... -comentó dirigiendo su mirada a Hyde, fumando con parsimonia.
Tetsu: ¡Ahhhh! ¡Ya entendí! -dijo esbozando una sonrisa, y viendo a Yukihiro que lo contemplaba con curiosidad-. ¡Esto es una broma, Ken! Tú no tienes esa relación, ¿verdad? -le preguntó a Hyde mirando con ojos de niño que intenta simular comprender el chiste picante, sin lograr hacerlo realmente.
Hyde lo miró un momento, y le pegó suavemente en la cabeza.
Hyde: ¡Eres un ingenuo! ¡No caes ni aún cuando te empujan! -lo tomó del brazo y rodearon la mesa del salón, quedando delante de Yukihiro, que los observó con curiosidad. Hyde tomó la mano del baterista, y sujetando sus dedos, rasguñó el dorso de la mano de Tetsu.
Tetsu: ¡Oye! ¡Hyde! ¿¡Qué haces! -le dijo molesto. Yukihiro comprendió al instante lo que Hyde intentaba. Seguía jugando con Tetsu.
Yukihiro: ¡Ya! Hyde. No juegues así con la inocencia de Tetchan... él nunca entenderá a menos que le digas... -comentó con seriedad, por piedad a su amigo entrañable.
Tetsu miró su mano rasguñada, miró a Ken, y luego a Hyde, quien movía su mano girando su muñeca, en un gesto similar al giro de una tuerca. Le exigía que relacionara las piezas. Tetsu de repente se sonrojó, y miró a Yukihiro que contemplaba el suelo con vergüenza.
Tetsu: ¡Aaaahhhhhh! ¡Finalmente…! Entonces, ¿Ken está viviendo aquí? ¡Yukki! ¿Por qué no me dijiste nada?
Yukihiro: Ya, ya, ya. ¡Comentarios otro día! ¡Festejen con el degenerado éste que yo voy a preparar la comida que trajo Tetchan! ¡No molesten con esas cosas! -se levantó con impaciencia, y se retiró. Tetsu miró a Ken, y éste vio a sus dos amigos con una sonrisa divertida.
Ken: ¡Ya ven! ¡Tiene una timidez con la que no puede luchar! ¡Ya saben cómo es!
Tetsu se sentó en el sillón, y observó las guitarras desparramadas por doquier. Todo el departamento de Yukihiro estaba lleno de elementos de Ken. Ahora comprendía todo. Y sonrió con felicidad. Yukihiro no había sufrido en vano. Y fue cuando recordó aquella charla en la cantina de blues. "Yo no quiero ser experimento de nadie."
Tetsu: Oye, Ken. ¿Tú realmente aceptaste a Yukihiro por simple experimentación? -le preguntó con un leve gesto de desagrado.
Hyde: ¿Qué? ¿No probaste con alguien primero? -intervino sorprendido al comprender que su antigua sugerencia no había sido corroborada previamente y se había lanzado a tal sensación con un ser como Yukihiro.
Ken: Pues no. Es que… no sé…
Hyde: ¿Te diste cuenta de lo que le podías haber hecho? -defendió al baterista. Tal vez, una necesidad de proteger lo que podía haber sido su propio reflejo en el pasado.
Ken: Sí, lo sé. Oye, ¡Hyde! ¡Tanto tiempo con Tetsu también te ha hecho ser muy bueno a la hora de reprochar como madre traicionada! ¿Ne? -le dijo con socarronería, intentando evadir aquel tema.
Hyde: ¡Ja! ¡Ni hables…! Por cierto, y ¿qué tal el toque de agresividad? -le guiñó un ojo.
Ken: Ja ja ja... ¿agresividad? ¿En Yukki? No. El no es agresivo en lo más mínimo.
Hyde: Al ver tu espalda no pienso eso.
Ken: Es su forma. Y no me molesta...
Hyde: ¡Vaya! Siempre te habías quejado de las uñas de las chicas…
Ken: Eso era otra cosa. Yukki es especial. Realmente.
Hyde: Debe tener su agresividad...
Ken: Pues no. Y es eso lo que más me agrada... -comentó con una gran sonrisa.
Hyde sonrió junto con Ken, comprendiendo a lo que se refería, pero Tetsu observó al guitarrista con seriedad. Ken se calló y preguntó con su mirada, fumando el cigarrillo, el por qué de la seriedad.
Tetsu: Ken. No dañarás a Yukki, ¿no? -le inquirió con temor-. No es que yo no confíe en ti. Eres buen amigo... pero…
Ken le sonrió ameno. La típica preocupación de Tetsu por todos los integrantes del grupo. Arrojó su cigarro al cenicero.
Ken: No te preocupes, Tetchan. Yukki es realmente importante, y lo cuido con mi vida -comentó sin dejar de esbozar aquella sonrisa de paz.
Hyde lo miró interpretándolo por completo.
Yukki: ¡Ya! ¡Par de señoritas vírgenes! ¡Vamos a comer y hablar de música, y dejen esas charlas para la hora del té, desvergonzadas! -gritó desde la cocina, ya sirviendo los alimentos. Ken sonrió con embobamiento.
Hyde: ¡Mierda! ¿Escuchaste eso, Tetchan? ¡Yukki se ha mimetizado demasiado con este pervertido! ¿Que clase de contestación es esa en Yukki? -comentó con asombro.
Los tres fueron a la cocina, a comer y conversar sobre las producciones, los proyectos, y el futuro de L'Arc~En~Ciel..
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