TSUKIAKARI NI JINSEI

(Vidas a la Luz de la Luna)

-por Jinsei no Maboroshi-

página XI

Fecha de publicación: 2 de septiembre de 2006 - Corrección: Ogawa Saya


Al finalizar aquella jornada compartida con el grupo, luego de almorzar y pasar toda la tarde entre chistes, comentarios y juegos macabros entre Hyde y Ken, que sólo incomodaban de sobremanera tanto a Tetsu como a Yukihiro, el día se había acabado.

Tetsu y Hyde regresaron temprano al departamento. Tetsu sabía que debía dormir temprano y descansar para el inicio de su tour nacional.

Ingresaron al departamento. Hyde fue hasta la habitación y cambió sus ropas por el pijama, mientras que Tetsu comenzaba a preparar lo que sería la cena de aquel día. Hyde se había acercado a la mesa con un gesto de sorpresa y molestia.

-¡Tetchan! ¿Qué haces?

-¿Qué crees? -le dijo irónico-. ¡Nuestra comida! Tengo que cenar temprano...

-¡Deja, que yo lo quiero hacer! -acotó, acercándose a Tetsu y quitándole los elementos de cocina.

-¿Qué? -lo miró con curiosidad. Era extraña esa actitud de Hyde. Ya era extraño desde el día anterior, con aquella no menos asombrosa idea de visitar a los amigos.

-Déjame cocinarte. Por última vez... -susurró.

-¿Mn? -lo miró con seriedad, con sorpresa.

-Te vas a ir de tour por muchos meses, ¿no? -Tetsu lo miró en silencio, tratando de reconocer el significado. Un significado irrelevante. Así lo había entendido. ¿O así era como deseaba entenderlo?-. Déjame hacerte esta cena. Por muchos meses no vamos a tener tiempo ni de llamarnos. Tú sabes... ve al baño y dúchate -le dijo sonriendo, ameno, hasta en cierto grado complaciente en la justa medida.

Tetsu observó por unos segundos cómo la sensualidad de Hyde emanaba incluso en aquel simple cocinar. Dejó de pensar en ello, y se dirigió al baño, relajándose con el agua caliente de la ducha, aseando su cuerpo, y notando con cierta evasión una extraña sensación de despedida.

Cenaron en el sillón, mirando por televisión cosas irrelevantes. Tetsu observaba de soslayo a Hyde, a cada instante, a cada movimiento. Una sensación incómoda lo inquietaba, y desconocía la causa exacta. Hyde notó aquel mirar evasivo, y fijo su vista en él.

-¿Qué ocurre, Tetchan? ¿Está fea la comida?

-No. Claro que no... -comentó con vergüenza, con algo de timidez al ser descubierto en aquel accionar que consideraba tan discreto.

La cena finalmente acabó, y Tetsu fue a la habitación, dejando a Hyde solo en el salón, mirando la TV.

Su rostro había cambiando, y sentado con sus pies sobre la mesa, su mano apoyada sobre su sien, miraba sin interés la pantalla. La idea en la mente le carcomía el espíritu. Pero era necesario. Pensar en lo correcto. Pensar en lo correcto. ¿Qué era pensar en lo correcto?

Súbitamente Hyde recordó aquella bella escena, en ese mismo cuarto donde ahora dormía tan placidamente su amigo. Recordó cómo Tetsu lo había acariciado con temor, con dedos temblorosos, al haberle mostrado aquella pulsera. Había recordado con tanto placer aquel beso. El primer beso correspondido por su amigo. El primer beso de pureza extrema. Lo correcto. ¿Qué era lo correcto?

Hyde miraba la pantalla sin ver.

Lo correcto.

Evocó lo vivido a la tarde, hacía horas. Sonrió con una extraña melancolía, con una envidia lejana. Envidiaba a Ken. Envidiaba a Yukihiro. Envidiaba aquella paz que ambos habían adquirido. Esa misma paz que él sentía, pero que, en el fondo, una voz suave, algo ronca le susurraba con reproche, con clemencia, con misericordia las mismas palabras, el mismo miedo que él sentía desde tiempos lejanos. 'No lo alejes de mí'.

Aparecía ante él la imagen de una joven. Lo correcto.

Tetsu y su inocencia, su virtud, su belleza innata. Tan impoluto, tan puro, tan ingenuo.

Golpeó con fuerza su puño contra el respaldo, apretando los dientes de impotencia.

Lo correcto.

Aquella pulsera, aquel amor hacia Kaori, y ese regalo, le hacían pensar que Tetsu sólo vivía de imágenes. Lo correcto. ¿Qué era lo correcto?

¿Era correcto que Tetsu le amara? ¿Era correcto que vivieran esa sensación extraña? ¿Era correcto que Hyde se mintiera a sí mismo? ¿Que tal vez, mimetizado por Tetsu, mirara sólo lo que deseaba ver? ¿Si sólo deseaba ver que Tetsu le amaba, si sólo tenía aquella imagen de él? ¿Si todo lo que habían vivido era sólo un producto de mentiras? Lo correcto. Lo correcto era despertar a la realidad. Despertar de alguna forma.

-¡Mierda! -susurró con rabia. Susurró con espanto. El dolor, el miedo y la culpa ensombrecieron su mirar.

¿Era correcto que Tetsu cayera en su oscuridad? ¿En una oscuridad que no le correspondía?

Lo correcto. Haría lo correcto. Lo que él pensaba correcto. Lo únicamente correcto. Lo que Tetsu nunca consideraría correcto. Era eso lo correcto.

Se levantó confuso, y apagó el TV. Silenciosamente fue hasta la habitación y se sentó en la vera de la cama, para observar a Tetsu. Era inocente, era ingenuo, era impoluto. Hyde no debía mancharlo. Hyde no debía oscurecerlo.

No pudo contener su ímpetu, y se recostó sobre Tetsu, besándolo son desesperación. Invadió su boca con locura, con frenesí, aún con aquel cuerpo dormido que no reaccionaba.

Tetsu despertó de su sueño liviano, sintiendo aquel cuerpo sobre el suyo, que, de manera extraña le besaba con temor, con miedo, con desesperación. Una extraña desesperación. Se asustó. Abrió sus ojos, y separó aquel beso. Lo contemplo con duda.

-¿Hyde ocurre algo malo? ¿Qué pasa?

-Te amo -le dijo con un sentimiento desbordante. Con un tono profuso, imaginando que aquellas palabras eran el agua que rebalsaba incontenible de su interior. Su respiración estaba levemente acelerada, mientras lo miraba con intensidad.

-Yo también, Hyde, te amo, por eso deseo saber qué ocurre -el presentimiento de Tetsu oprimía su pecho.

-Nada -susurró con sensualidad, mirando con un suave tono de lujuria a Tetsu, mientras asomaba un poco de su lengua sobre la comisura de su labio. Era extremadamente provocativo. Extremadamente experimentado.

-Extremadamente vivo -susurró saliendo de sus pensamientos.

Hyde le sonrió, y se acercó a su cuello, besándolo con devoción, con cariño pero con el extraño gusto de la despedida.

Tetsu se sintió incómodo, pero prefirió dejar de lado aquella insensata idea. Prefirió colocar sus pensamientos en un tema que lo alejara de aquellas dudas, mientras sentía con placer cómo su amante le desvestía lentamente, con besos, con caricias.

-¿Crees que lo sepan? -comentó tendido en la cama, sintiendo cómo era despojado de su ropa.

-Claro, Tetchan. Desde mucho antes que nosotros... -susurró divertido.

Hyde comprendía que aquella pregunta no era más que una leve duda de su amante. Una duda. Debía hacer lo correcto.

Hyde se despojó de sus ropas con rapidez, y se arrodilló sobre la cadera de Tetsu. Se inclinó sobre él, acariciando su pecho, sintiendo cómo su amante delineaba sus contornos. Eran poesía. Eran estética, eran belleza, que armonizaba de sublime forma con la tenue iluminación de la luna. La misma testigo de siempre. La única.

-¡Me encanta cuando haces eso! -susurró Hyde, comenzando a gemir, a suspirar, a temblar al sentir aquel tenue roce por su figura, rozando su piel con la suave mano de Tetsu, su cintura, sus costillas, sus pectorales. Acariciando con temor, con pasión, con timidez. Como si fuera la primera vez. Y eso era lo que tanto le encantaba de Tetsu. Con él, siempre era la primera vez. Siempre era nuevo el toque, con aquella pureza, con aquel temor del desconocimiento. Es que Hyde sabía que él era un enigma que hechizaba a Tetsu, como así también Tetsu era su tierra prometida, su tierra de inocencia. Donde la pureza de todos se reúne tras la perdida del dueño.

-¿Qué cosa? -le preguntó curioso, deleitándose con los besos de su amante por su pecho, con sus gemidos tenues, con sus suspiros, con aquel enigma que nunca lo abandonaba, con aquella etérea iluminación mística. Y es que Hyde era la joya misteriosa a ser descubierta, sin lograrlo nunca.

-¡Todo…! ¡Ah! ...Tetchan... ¡tu inocencia, tu pureza! -le susurró, incorporándose, entrelazando las manos con las de Tetsu, y acomodando sus rodillas separadas sobre el punto de ingreso al paraíso.

Tetsu sintió cómo se acercaba, cómo Hyde se dejaba penetrar lentamente, sumiendo a ambos en un gran delirio de sensaciones que lentamente acercaban sus cuerpos más y más.

Sentado por completo sobre Tetsu, Hyde gemía y suspiraba ante cada intento de movimiento. Tetsu se deshizo de aquel contacto de sus manos, y se incorporó con lentitud, haciendo gemir placenteramente a Hyde, sintiendo a Tetsu tan dentro suyo, tan hecho carne, tan hecho espíritu.

Tetsu abrazó el torso de Hyde, y comenzó a besar su pecho, mientras movía levemente su cadera, acompañado por el subir y bajar que Hyde comenzaba a realizar, mientras lo abrazaba con desesperación, mientras hundía su rostro en la curva del cuello de Tetsu, besándolo en momentos, gimiendo su nombre en otros. Hyde sentía tan placenteramente aquellas sensaciones tan novedosas. Y es que nunca se acostumbraría. Años de maltrato nunca le habían mostrado lo bello y simple que podía ser el hacer el amor. Un momento donde se evidenciaba lo más instintivo del hombre y afloraba su naturaleza, y sus sentimientos por el otro. Y Tetsu nunca cambiaba. Tetsu nunca dejaba su placer primar sobre el de él.

Los movimientos se aceleraban, y Hyde ya no podía controlar sus muslos, que se movimentaban rápidamente, acompañándose por Tetsu, que le abrazaba la cintura, que le besaba, que le mostraba su pureza, que lo rodeaba con aquella inocencia.

Era tan simple. Era tan bello, era tan esencial.

-¡Ah! ¡Ah! ¡Tetchan…! ¡Hazlo! ¡Hazlo como si fuera la última vez! ¡Hazlo! -le susurraba con súplica, con temor, con aquella extraña decisión de hacer lo correcto.

-Mmm... Hyde... ¿qué dices? Mm, ¡ah…! -el placer lo sumía en la inconsciencia, llevado por el susurró gimiente de su amante que lo enloquecía.

-¡Hazme el amor como nunca lo has hecho! -le susurró desesperado, aferrándose con fuerza a la espalda de Tetsu, sintiendo las últimas estocadas violentas llenas de placer.

Tetsu por extraño impulso, lo sujetó con mayor fuerza, como nunca antes lo había sujetado, mientras ayudaba al movimiento, susurrándole al oído palabras bellas, entrecortadas, suspiros, lo besaba, lo amaba, lo abrazaba, con temor, con cariño, con pasión, como un desesperado, como un necesitado, como un niño.

El clímax finalmente había llegado, haciendo por primera vez gritar a Hyde el nombre de su amante con placer, llevando su cabeza hacia atrás, sintiendo cómo ese final atravesaba su columna, lo marcaba en toda la espalda, erizaba su piel desde las profundidades del placer, y que incluso, aquella fuerte sensación habría hecho nacer repentinamente alas verdaderas de su espalda, si eso hubiera sido posible a un simple humano como él. A un simple demonio de las oscuridades, a un ángel caído en miseria.

Por su parte, Tetsu había llegado al clímax presionando a Hyde, abrazándolo con horror a perderlo, con extraña sensación de que volaría. Se abrazó fuertemente al sentir su propio nombre gritado, y con susto, con miedo, con pasión, incrustó su rostro en el pecho de Hyde, haciendo más fuerte la opresión, sintiendo cómo toda la piel de su amante se erizaba, y cómo su propia piel reaccionaba ante aquella sutileza. Sentía con desesperación que las alas de Hyde renacidas lo elevarían a un paraíso a donde él no pudiera llegar. Y rodeó con más temor ese cuerpo que lentamente se aflojaba.

Ambos comenzaron a sentir el fin de aquella intensa sensación, y se dejaron caer sobre la cama, Hyde sobre Tetsu, sin separarse, sin perder en ningún instante el contacto de sus pieles, de sus cuerpos, de sus almas. Con aquella extraña sensación de despedida, apreciaban debían abrazarse como nunca lo habían hecho, debían permanecer unidos de aquella simple forma.

Lentamente regresando a la realidad, perdiendo la locura de la pasión, fundiéndose en un bienestar por sobre todo el cuerpo, ambos comenzaron a reaccionar de la misma forma en que siempre lo hacían, con el agradecimiento en silencio.

Hyde, recostado sobre el pecho de Tetsu, le besaba suavemente, con sutileza, con labios de mariposa, en un toque simple y fugaz. Acariciaba la mejilla de Tetsu, mientras éste solo lo observaba y mimaba toda la espalda de Hyde, delineando los contornos, acariciando con más delicadeza aquel tatuaje sobre sus omóplatos. Lo miraba con un rasgo de tristeza, con un leve temor, con aquella sensación de la perdida irreversible, si aún ni siquiera habían comenzado.

-¿Por qué me dijiste eso? -le preguntó a Hyde, quien dejó de besar su pecho, y apoyando su mentón en el esternón de Tetsu, lo miró con una sonrisa suave, bella, etérea, que aumentaba el misticismo con la iluminación lunar, sin nunca dejar de acariciar con delicia el rostro de Tetsu. Era una imagen que deseaba conservar por la eternidad. El rostro de Tetsu después de hacer el amor, un rostro iluminado, alegre, como de niño ilusionado. Parecía que la vida se concentraba en su mirada que irradiaba con más fuerza que nunca toda aquella pureza impoluta que contenía en su interior. Era su tesoro. Un tesoro con el cual debía hacer lo correcto.

-¿Decir que?

-Que te amara como nunca lo hice... Hyde, ¿que está ocurriendo? Estás guardando momentos... parece una despedida, y me asustas -aquel mirar vivo, se tornó más brilloso, y la tristeza le otorgó una imagen de inocente niño perdido que Hyde no pudo resistir y acercándose al rostro de Tetsu, lo besó con ternura en los labios, con suavidad, con suma tranquilidad.

-Es que vas a estar mucho tiempo lejos... ¡y quiero tener algo con qué entretenerme mientras tanto! -le guiñó un ojo con una sonrisa pícara.

Sin embargo, Tetsu sólo creyó en sus palabras, porque sabía que no se lo diría. Sabía que por más que lo indagara, Hyde no hablaría. Y sin embargo, Hyde sabía que aquello era sólo una excusa. Pero lo valía. Lo valía, para hacer lo correcto.

-¡Hyde! No sé qué te ocurre... pero, por lo que más quieras, no me dejes... -le susurró, abrazándolo, apretándolo contra su cuerpo, sintiendo el calor de sus pieles en mutuo contacto, el placer y el bienestar que recorría sus espíritus.

-Nunca te dejaré, Tetsu.

-Vuelas. Ya vuelas. Y te alejas. Y no me llevarás contigo...

-¿Qué dices? -le comentó girando su rostro para ver a un Tetsu con una mirada rayando la congoja.

-Siento que volarás, y me dejarás aquí, en este infierno.

-Tetchan... -lo miró con una sonrisa sincera, y le besó con profunda pasión-. Mis alas son tuyas. Siempre estarás en mi interior. Siempre -le dijo con tono alegre, con una nostalgia futura.

Y con un suave respirar, se quedaron dormidos. Tetsu se levantaría en la mañana, y partiría hacia su tour. Un tour de varios meses.

Una semana antes de que Hyde hubiera propuesto el reencuentro grupal en el departamento de Yukihiro, Tetsu había estado muy ocupado preparando los últimos detalles del tour que iría iniciar. Por su parte Hyde, en sus propias actividades, tampoco resultaba tener mucho tiempo para descansar.

Aquella tarde, agotado por las grabaciones de sus singles, había decidido retirarse antes. Había llegado agotado al departamento. Tomando una cerveza del refrigerador, y prendiendo un cigarrillo, se había dejado caer sobre el sillón, sumido en el silencio de aquel lugar. Observaba una vez más, como su departamento había cambiado. El desorden de siempre, había sido arrebatado por ese obsesivo japonés de rostro infantil, y lo había dejado como un lugar tan cálidamente habitable. Lo observaba con cariño, reconociendo en cada adorno, en cada rincón, el toque de Tetsu.

Sentía que nunca en su vida había adquirido tanta simpleza. Nunca la sencillez le hubiera podido ocasionar aquella sensación de tan agradable bienestar. ¿Y eso era la felicidad? Sí. Seguramente, la única que el humano podía alcanzar. Un simple bienestar, que para su cansada alma, dolida, violentada, resultaba un respiro del más puro e inocente aire. Fumó con satisfacción su cigarrillo, y miró el techo, sin nunca dejar de esbozar aquella sonrisa. Se sentía tan bien. ¿Duraría siempre?

Hyde se levantó con desdén, molesto por la interrupción de su descanso y del tranquilo descubrimiento que había realizado. Se acercó a la puerta, y la abrió suavemente, quedando sorprendido ante la imagen tras de ella.

Levantó una ceja atónito, y sintió por un instante que el suelo se movía.

Allí estaba la joven, mirándolo con esa grave seriedad, con ese porte soberbio.

-¿Ka... Ka... Kaori? -la divisaba, sintiendo que una onda lo devastaba.

Tragó con dificultad.

-Hyde... -su mirada se ablandó al sentir aquella extraña sensación que mostraba en su rostro el vocalista-. Hyde... -su voz comenzó a temblar-. Tet... -susurró cortado el nombre, porque la congoja la había ahogado.

-Tetchan no está... -acotó con un tono grave, recuperado del impacto de su presencia.

-Lo sé.

-¿Hn…? -la miró con sorpresa.

-¡Lo amo… lo amo! ¡Hyde…! -Kaori comenzó a llorar, y Hyde sólo la observó parpadeando ante aquella insólita actitud, tan distinta de las dos veces en que se habían enfrentado. Kaori secó sus lágrimas con el dorso de su mano, bajando su vista. Y allí la vio, en la muñeca de aquel joven. Su pulsera. ¿De ella? ¿O tal vez era realmente la pulsera de él? Pues había sido comprada pensando en él. Lo sabía. Pero ella amaba a Tetsu. ¿Qué podía hacer? -veo que te queda muy bien-. Le dijo con voz entrecortada. Hyde observó su muñeca, y con gesto apenado miró hacia un costado.

-Kaori… yo… no sé…

-Deja. Sólo vine para hablarte…

-¿Qué?

-Sólo vine para pedirte, para implorarte... -Kaori se arrodilló ante él, y, elevando su rostro para observarlo, le sujetó de las muñecas-. ¡Por favor! ¡No lo alejes de mí! ¡Lo amo! ¡Lo necesito! ¡No me alejes de él! -le suplicaba llorando. Hyde sintió una punzada en su pecho. Aquella mujer era sólo la devota más fiel que nunca Tetsu podría hallar en el mundo. Era su fiel amor. Era la mujer que daría su propia existencia, su propia independencia, su vida por él. Aquella súplica era la última instancia a la que un ser humano accedía. La humillación. Y sin embargo, allí estaba ella, pidiéndole a él, que le dejara disfrutar algunas migajas de aquel hombre, de aquel humano. Y la comprendió, porque en un pasado tiempo, él había estado en aquella misma situación. Conocía la sensación y la locura que podía generar. Se arrodilló delante de ella, y se deshizo de sus manos. La miró con sinceridad a los ojos.

-¿Qué puedo hacer? Él es quien tiene que decidir… y creo que ha decidido… lo lamento... yo no sé qué puedo hacer... -Hyde sentía el dolor de la joven. El rechazo, la limosna pedida con clemencia, la marginalidad, la soledad. Kaori estaba en la fina línea de la muerte y de la vida. Y lo sabía. Ella le había cedido a Tetsu, se lo había entregado, al obsequiarle la llave que haría razonar finalmente a Tetsu. Sí. Ella había ido a ese mismo departamento, y con esa fe que sólo la fiel devota tiene, había dado a Hyde aquella bolsa de terciopelo negro con la verdad del corazón de Tetsu. Sólo para que finalmente fuera feliz.

-No lo alejes de mí. ¡No lo hagas! ¡Lo quise olvidar! ¡Lo intenté! ¡Pero no puedo! ¡No puedo! ¡Lo amo…! ¡Y sé que él te ama! ¡Y tú a él! ¡Pero no quiero quedar fuera! ¡No quiero que tú te lleves todo! ¡Déjame algo! ¡Necesito algo de Tetsu! ¡Tú sabes que es único! ¡Tú lo sabes! -le decía en un llanto incontenible, en un dolor tan profundo

.

Hyde la tomó de los hombros, y le ayudó a incorporarse, permitiéndole el ingreso a su departamento. La sentó en el sillón, y le llevó un vaso de agua. Se colocó sobre la pequeña mesa, y la observó. Vio cómo sus manos temblaban, cómo la desesperación la consumía. Tenía ojeras, y una palidez enfermiza. Era tan deplorable. Era un reflejo. El pasado invertido. Y Hyde se sorprendió ante aquella realidad. ¿Cómo hablar sin herir?

Cómo hablar y ayudarle, de igual forma que ella lo había hecho con él. A pesar de lo frustrante del primer encuentro, de la rivalidad oculta, él sentía un profundo agradecimiento hacia esa joven. Porque sabía lo que había hecho, por qué lo había hecho, y las consecuencias que le acarreaba a ella, y aún así, lo había hecho convencida.

-Kaori. Yo no sé qué decirte. No sé qué puedo hacer. ¿Qué quieres? -le preguntó, siendo recatado en sus palabras, tratando con delicadeza la situación.

-A Tetsu. Estar a su lado. Es injusto que esté contigo... -le comentó sin rencor, simplemente con resignación.

-¿Por qué?

-Porque lo ahogarás -miró a un costado, observando un par de CD sobre un mueble. Allí estaba el CD de tetsu69. Sonrió con amargura-. Es lindo. Escribe lindas canciones. Como tú -su congoja regresaba nuevamente-. ¿Por qué sobro? -se preguntço con dolor, en voz alta. Hyde notaba aquella soledad que la embargaba. Estaba perdida. No sabía lo que deseaba, ni cómo obtenerlo.

-¡Rayos! ¡Kaori! ¿Qué puedo hacer? ¿Qué quieres? Yo no creo que pueda...

-¡No sé! ¡No sé qué hago aquí! -su lloro se inició, la desolación la oscurecía-. ¡No sé qué quiero contigo! No sé qué hacer. ¡Sólo quiero a Tetsu! ¡Y no sé cómo obtenerlo! ¿Cómo obtener el amor de alguien? ¿Cómo? -lo miró con ojos devastados por el dolor, por el lloro, por la revelación de ser un ser que amaba sin correspondencia.

-… -Hyde la observó con sus ojos abiertos, negando con su cabeza, luchando por encontrar una salida a aquello.

-¿Por qué sobro? ¿Por qué debo amarlo así? ¿Por qué me enamore de él? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué es tan difícil dejar las cosas atrás? Por qué... -miró nuevamente la muñeca de Hyde con aquella pulsera-. ¡Por qué la compró! Sólo para demostrarme lo irreversible.

-¡Kaori! ¡Por favor! No te castigues así... el amor es doloroso...

-¿Y tú lo dices? -lo miró con una sonrisa amarga, no creyendo en esas palabras. Después de todo, él tenía a Tetsu.

-Sí. Lo digo. Tengo mi pasado -Kaori bajó su mirada hasta el suelo. Un secreto profundo, un enigma. Lo que siempre Tetsu le comentaba sobre aquel vocalista.

-¡Perdona! No sé a qué vine... -se levantó y se dirigió a la puerta. Recuperando su compostura, secando aquellas lágrimas una vez más. Hyde la siguió hasta la salida, y la observó con recelo-. ¡Hyde! ¿Cómo se hace?

-¿Qué?

-¿Cómo se tiene el valor para morir? -Hyde levantó una ceja, con una expresión de susto.

-¿Qué insinúas?

-¡No puedo! ¿Entiendes? ¡Tú has estado en este estado antes! Pero tú tenías solución. Yo no la tengo. ¡Yo sobro! ¡Sobro de cualquier forma…! Tú finalmente lo alejaste de mí… ¡Tanto…! ¡Es injusto…! Yo lo amo más que tú. Más puramente que tú, más totalmente que tú... es injusto...

-Sólo espera -sus palabras salieron de su boca sin pensar. Un extraño trance se había apoderado de él. El pasado lo agolpaba en su mente, trayéndole secretos olvidados, dolores sumidos en las profundidades del más allá, desesperaciones pretéritas, anhelos ilusorios... todo se reflejaba en aquel pequeño rostro angelical de la joven. Ella era pura. Hyde lo veía finalmente. Ella era su devota, su más fiel devota. Tetsu era su dios, al que amaba por sobre cualquier barrera, al que amaría incluso a través de la muerte. Hyde era apenas un ángel demonio sin alas a su lado. Su egoísmo primando por sobre todo. Triste existencia. Triste humanidad. Injusta vida. Hyde suspiró. Pensar lo correcto. Una vez más el bello recuerdo de aquel momento se le presentaba, pero ya sin aquel dulce sabor en su boca. Sólo resoba en su mente el pensar lo correcto. Pensar lo correcto. Lo correcto. Hyde la miró con dolor, con tristeza oscura, con aquel mirar cuando ya no sentía vida en su alma. Kaori se asustó al reconocer aquel contemplar en el pasado, en aquel primer encuentro-. Sólo espera el fin del tour.

Kaori lo miró con intriga. Lo miró sintiendo aquel dolor profundo. Pero no habló. Sólo lo examinó un instante más, y se giró, saliendo del lugar. Hyde le daba tiempo, le entregaba la intriga. Una simple causa por la que vivir un poco más. El pasado se repetía, pero a través de un espejo.

Hyde cerró la puerta, y se apoyó contra ella. Sólo resonaba en su mente la misma palabra. Lo correcto.


Una noche más de pasión. Una noche donde el paraíso se confundía con la placentera sensación de ser único cada vez.

Yukihiro y Ken descansaban en la cama, luego de haber despedido a sus amigos, tras aquella nostálgica jornada.

Ken acariciaba con sus pulgares la espalda de Yukihiro, y éste sólo reposaba su rostro sobre el pecho de Ken. Con aquel bienestar que tanta paz le daba.

-¿Yukki? ¿Estás bien? -le preguntó con suave voz.

-Sí… ¿por qué?

-¡Me has matado! -comentó con ese tono bromista que tanto conocía Yukihiro.

-¡Claro! ¿El conquistador se está volviendo viejo?

-¡Oye…! -sonrió. Le agradaba tanto ver a ese Yukihiro sarcástico. Tan sólo para él. Se sumieron en el silencio un instante, sintiendo sus cuerpos cansados, pero a gusto. Yukihiro se incorporó levemente, y apoyó el mentón sobre sus brazos cruzados, apoyados en el pecho de Ken. Lo miraba con una suave sonrisa.

-¿Viste a Hyde? -le preguntó divertido a Ken.

-¡Sí! ¡Es astuto! ¡Es un zorro! ¡Ja! ¡Él lo sabía desde mucho antes! -Yukihiro se sonrojó un poco, y aquella timidez hizo sonreír a Ken.

-¡No! ¡No hablo de eso…! Su actitud... ha mejorado tanto. Me alegra.

-Sí. Es verdad. Se lo veía tan parecido al antiguo Hyde.

-Y Tetsu también. Finalmente parece que ellos solucionaron todos los 'no sé qué hacer' -Yukihiro comentó con inocencia, y Ken lo miró con picardía.

-¡Ahora saben muy bien qué hacer!

-¡Ken! -Yukihiro desvió la mirada.

-¿Te los imaginas? ¡Yo creo que Hyde controla la situación!

-¡Basta, Ken! -su sonrojado se intensificaba.

-A Tetsu lo veo más sometido… ¿te imaginas con Hyde? Con lo agresivo que es diariamente, creo que él haría...

-¡BASTA! ¡Déjalos en paz! ¡Rayos! ¡Tu perversidad no tiene límites! ¡Sólo te falta invitarlos a la cama! -le comentó con un leve grado de molestia. Ken lo miró sabiendo que aquello sólo era una apariencia, una forma peculiar de su amante.

-Y si tú los aceptas... yo con gusto... -Yukihiro abrió sus ojos, y lo miró con reprobación.

-¡KEN!

-¡Bueno, bueno! ¡Me quedo contigo solamente! -le dijo con fingida decepción.

-¡KEN!

-¡Ja ja ja! ¡Te amo cuando te pones así! -le dijo riendo a carcajadas, abrazándolo con fuerza. Yukihiro aceptó aquellas bromas con una sonrisa. Después de todo, era Ken. Su Ken. Aflojando el abrazo, Ken miró a Yukihiro con gesto serio, y éste lo observó con curiosidad-. Cambiando de tema... mañana quiero empezar a implementar las modificaciones que hiciste en las letras para SOAP, ¿quieres acompañarme? Sería bueno que tú estuvieras allí.

-¿No puedes hacerlo tú solo? -le sonrió con ironía-. ¿Tanto me necesitas?

-¡Ahhh! ¡Yukki! Ya no se te da por el temor, ¿ne? Ahora sí te sientes importante, ¿no? A final de cuentas, era bueno haberlo dicho, ¿lo ves? -Yukihiro refregó su mejilla en el pecho de Ken, divertido por aquella sensación causada en su amante.

-De acuerdo iré... pero...

-¿Pero?

-Dime que no va a estar Sakura... -le comentó con súbita seriedad.

-¡Vamos Yukki! ¿Te atemoriza un tipo como Sakura?

-No. Es algo que no entiendes... hay algo realmente repulsivo en él que no lo soporto.

-¿Su perfume? Sí. Es un perfume francés que usa, y es muy fuerte. Demasiado dulce, ¿no?

-¡Ken! -le dijo con desdén, no pudiendo comprender cómo ese japonés tan perverso y sagaz con los dobles sentidos de las cosas, se sumía en tonterías de esa magnitud-. ¡No lo digo por su perfume!

-¡Ya, ya! Pero no te preocupes. Vamos a estar los tres. No te dejaré sólo, si eso te hace sentir mejor...

-No del todo... pero... Bueno, iré,

Ken cerró sus ojos, y sintió que Yukihiro se estiraba sobre la mesa de luz, para hacer algo. No le dio importancia. Luego sintió cómo el rostro de su amante se acomodaba en su cuello, no muy convencido por aquella decisión tomada. Rápidamente quedaron dormidos.


Titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi,

titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi,

titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi, titi

-¡Aaaaahhhh! ¡Mierda! ¡Yukki! -despertó molesto sintiendo cómo Yukihiro se frotaba los ojos, saliendo de su sueño.

-¿Qué pasa? -preguntó soñoliento.

-¡Apaga ese maldito despertador! -su tono de voz era frustrante.

-Ken, ¡hay que levantarse!

-Naaaaa... ¡déjame un rato…! -susurró con decepción al sentir cómo Yukihiro salía de la cama, alejando de él su cálido cuerpo.

-¡Vamoooos! Me has pedido que vaya contigo al estudio de SOAP. ¡Ahora atente a las consecuencias!

-¡Rayos! -comentó con cierto disgusto, sentándose sobre la cama, estirando sus brazos. Parpadeaba, y terminaba de desperezarse mientras observaba a Yukihiro vestirse. Una suave sonrisa se dibujó en su rostro, al ver a aquel callado joven colocarse los pantalones, y sentándose sobre la cama, comenzar a ponerse las medias. Se levantó luego, acercándose al armario, y abriéndolo, extrajo una camisa negra ancha, con la que cubría aquella fina y marcada espalda. Su musculatura era mucho más visible que la de Ken. Abrochó su camisa y se giró para ver a su amante, el cual sonreía con aquel embobamiento, sin siquiera haberse movido del lugar.

-¡Ken! ¿Qué esperas? ¿Aún no te vistes? -notó aquella sonrisa y lo miró con curiosidad, acercándose a la cama, y sentándose en la orilla-. ¿Y a qué se debe esa cara? -comentó gracioso. Ken lo miraba con satisfacción, con aquel indescriptible sentimiento de haber hecho lo correcto. De haber elegido bien. Lo miraba por completo, desde sus manos, hasta su cabello. Yukihiro. Su Yukihiro-. ¡Rayos! ¡Mirándome así me das miedo! ¿Qué perversión tendrás en mente? -preguntó con una sonrisa torcida.

Ken tomó las manos de Yukihiro, y se acercó a él, besándole con lentitud. Yukihiro no pudo evitar aquel increíblemente esencial beso, y gimió deleitándose con esa sensación de simpleza. Una vez más. Una vez más sentía la sensación de aquella vez cuando se había ofrecido a Ken como simple experimento, y éste lo había besado. El primer beso de ellos. Nuevamente esa emoción lo abrumó. Un beso con ternura, con agradecimiento, con un ruego secreto de eternidad, con una súplica de nunca acabar. Ken lo besaba con absoluto agradecimiento. Yukihiro. El que lo había sacado de las profundidades de la soledad, del vacío. El mismo con el que amanecía cada día, con el que dormía cada noche, con el que compartía los candores de la vida diaria, con el que aprendía a sentir. Con el que aprendía a aprender. El mismo que siendo tanto, había aceptado tan poco: un simple hombre perdido en la inmensidad. El mismo que estaba besando en ese momento. El mismo, único, siempre, cada vez.

-Gracias -le susurró embelesado, separando lentamente el contacto, sintiendo la respiración de ambos con la sensación del bienestar. Yukihiro le sonrió. Comprendió todo lo que sucedía con aquel beso. Entendía a Ken, a su Ken.

-No servirán esas tretas conmigo. ¡A levantarse! -dijo con tono gracioso, alzándose de la cama, y acariciando la nariz de Ken con sensualidad. Ken rió abiertamente. El Yukihiro que sólo se mostraba para él. Su Yukihiro. El único cada vez.

Ken se vistió con pereza, y se dirigió a la cocina, sin peinarse, sin despertarse por completo. Allí lo esperaba su amante con un suculento desayuno, con un buen café negro, con esa simple sonrisa diaria.

Desayunaron sin más mediaciones, y recogieron las partituras esparcidas por todo el salón. Ken tomó su guitarra del sillón preferido, y se fueron hacia los estudios de SOAP.

Allí lo esperaban Ein y Sakura tocando el esbozo de canciones.

Los dos jóvenes observaron a los que recién llegaban, y Sakura miró sorprendido la compañía de Ken. El tierno Yukihiro. Sonrió con satisfacción.

Ken volvió a presentar a Yukihiro al grupo, siendo amenamente saludado por Ein, y extrañamente mirado por Sakura.

Sakura: ¡Qué bueno verte por aquí! ¡Me encanta verte Yukki! -le dijo con sensual voz.

Yukihiro: ¡Mi nombre es Awaji! -comentó con un grado de descortesía.

No soportaba a Sakura. Se estaba arrepintiendo de haber aceptado la propuesta de Ken.

Sakura: ¿Awaji? ¡Pero si es tan formal! ¡Y tú eres tan tierno! ¡Muy protocolar para ti. ¡Yukichan! -comentó juguetonamente, mientras se acercaba a él, mirándole intensamente. Yukihiro dio un paso hacia atrás, chocando con su hombro a Ken, quien miraba con reproche a Sakura.

Ken: ¡Vamos, Sakura! ¡Deja de molestar a Yukki! ¿No ves que caes muy mal con esa actitud?

Sakura: Vaaaa... no me interesa si caigo mal a todo el mundo. ¡Mientras que me acepte este joven lindo! -sonrió mirando a Yukihiro, quien frunció el ceño con molestia.

Yukihiro: ¡Lindo tu puto padre! -Ken lo miró sorprendido. Pocas veces veía a un Yukihiro agresivo.

Ein: ¡Bueno! ¡Bueno! ¡Perdona, Yukihiro! -Ein se interpuso entre Sakura y Yukihiro con una sonrisa amena-. ¡Perdona a este imbécil! ¡Tiene ese humor insoportable! Pero no es mal tipo, créeme. ¿Por qué no vamos a hacer lo nuestro? -preguntó mirando a Ken.

Ken: Sí, mejor. Por cierto, Yukihiro está aquí porque le pedí consejo para algunas notas. Podemos discutirlo los cuatro...

Ein: Genial. ¡Ya la inspiración se nos ha cortado! -le comentó con simpleza a Yukihiro, quien lo miró con una sonrisa. Aquel extranjero era amigable. Quizás similar a Tetsu: mediador y pacifista.

Pasaron la mitad del día en el estudio, haciendo partícipe a Yukihiro en las modificaciones de las canciones.

La tarde ya caía cuando finalizaron con la tarea. La intervención de Yukihiro había facilitado el trance de inspiración, y en contra de lo que imaginaban, habían obtenido los resultados producto de largas semanas de intenso trabajo en un solo y arduo día. La tenacidad de Yukihiro había contagiado al trío de vagos.

Ken: ¡Vamos a tomar unas cervezas! -comentó entusiasmado, al finalizar los ensayos.

Ein: ¡Siiiii! ¡Cerveza alemana!

Yukihiro: Prefiero la asahi -sonrió al extranjero.

Ein: ¿En serio? ¡Es tan suave! Ni modo. Los japoneses tienen un paladar muy sensible, ¿no? -le comentó a Ken.

Ken: No. ¡Es que la cerveza que tú tomas es un asco! ¡Nada tiene que ver con nuestros paladares! -comentó con tono irónico. Yukihiro sonrió. Ken era el mismo siempre. Estuviera donde estuviera.

Ein: ¡Ey! ¡Saku! ¿Vienes?

Sakura: ¡Ah! Mejor no. Tengo que hacer unos arreglos para la canción pendiente del otro día. ¿Recuerdas?

Ein: ¡Ah! Sí. ¿Pero, estás seguro?

Sakura: ¡Claro! ¡Créeme que me gustaría pasar el rato con el joven Awaji! -le sonrió con sensualidad. Yukihiro simplemente se giró, dirigiéndose a la salida. Ken y Ein lo miraron con curiosidad.

Ein: Tu amigo es algo sensible a los chistes, ¿no?

Ken: Pues sí. A Yukki le molesta ser el blanco de la broma...

Ein: ¡Es un buen chico! –sonrió.

Ken: Sí. Un muy buen amigo... por cierto, ¿donde está Sasuke? ¿No tenía que estar para preparar el dúo de guitarra?

Ein: ¡Ja! ¿Y me lo preguntas? ¿No lo conoces? ¡Es un vago! No se levanta hasta la tarde y trabaja de noche. Sakura se quedará con él para mejorar las canciones pendientes.

Ken: ¡Rayos! ¡No trabaja nunca!

Ein: ¡Pero es buen guitarrista! ¡Es un buen reemplazo cuando tú estas en el otro grupo! -comentó con un leve gesto de clemencia. Ken lo miró no muy convencido, pero sabía que era verdad. Sasuke era un gran intérprete, con la misma técnica de Ken. Era su reemplazo y su dúo de excelencia indiscutible.

Ken: Vamos por las cervezas... -Ken creyó que Yukihiro había salido, y los esperaba en la puerta. Atravesaron los enredados pasillos del estudio hasta lograr salir del lugar.

Sin embargo, Yukihiro no estaba.

Ein: ¿Se habrá perdido? -preguntó al no ver a aquel callado japonés.

Ken: ¡Seguro! ¡Hasta el diablo se pierde en este laberinto! -comentó prendiendo un cigarrillo-. Esperemos un rato. ¡Ya saldrá!


Yukihiro vagaba por los pasillos del estudio que resultaban extremadamente laberínticos. Un pasillo podía desembocar a otros ya transitados previamente del que provenía, y aún así, la sensación de avanzar era indudable. Caminaba sin dirección, creyendo que se aproximaba a la salida. Luego de unos 10 minutos llegó al estudio del que había partido. Con frustración miró de nuevo el lugar. No había nadie. Tenía que salir de allí por sus propios medios, sin poder preguntar a algún guía.

Miraba la puerta de entrada del estudio, cuando sintió un aliento cálido sobre su cuello, y con un susurro ronco habló a su oído:

-¿Yukichan, perdido? -Yukihiro se tensionó súbitamente, experimentando aquella repulsión del primer encuentro con aquel ser. Se giró rápidamente, y se alejó de la puerta, de la cercanía de aquel ser.

-¿Dónde está la salida? -le preguntó con temor en los ojos y actitud imponente.

-¿Salida? ¿Hacia dónde?

-¿Eh?

-¿Hacia la seguridad, hacia el amor, hacia el deseo?

-¡Hacia fuera! -comentó cortante, elevando su voz con nerviosismo.

-Ja ja ja... ¡me haces recordar a Hyde! -comentó caminando hacia Yukihiro, acorralándolo contra la pared.

-¡No soy él!

-Y lo sé. Por eso -Sakura lentamente se acercó al rostro de Yukihiro. Éste lo detuvo, colocando sus brazos, intentando empujarlo hacia atrás, pero Sakura tomó sus muñecas, y las apoyó a los costados, contra la pared, hasta que finalmente lo besó contra toda resistencia. Yukihiro movió su cabeza con horror sin poder deshacerse de aquel sentimiento de repulsión. Asqueado de tal acción, giró sus manos rápidamente, y torciendo las muñecas de Sakura, lo empujó haciéndolo caer al suelo. Sakura lo observó con una mirada siniestra. Yukihiro era lo que necesitaba. Era un joven más, al que una vez conquistado, cualquier palabra proveniente de su visceral boca seria creída. Era un joven lleno de pureza, de inocencia, un joven al que las bellas palabras le hacían brillar con intensidad aquel triste mirar. Era una nueva presa. Debía consumir aquel elixir-. Igual que Hyde. Rechazando, pero disfrutando -acotó finalmente.

-¿Qué? -no se fue, y se mantuvo quieto con el ceño fruncido, pensando que tal vez, podría extraer información de aquel misterioso y repulsivo ser-. ¿Qué pasó entre tú y Hyde? -le preguntó con curiosidad, sin permitir suavizar el gesto enojado de su rostro.

-¿No le preguntaste a él? -se incorporó, y nuevamente se acercó a Yukihiro, quien lo miraba con odio.

-No, no contesta. ¡No te acerques! -le exigió.

-Eso es lo mismo que decía, ¿pero sabes? ¡Él disfrutaba! Como lo harás tú... -Yukihiro lo miró con asombro. Por un instante regresó a su cuerpo el miedo y la sensación de desolación que sentía en presencia de ese hombre.

Sakura se volvía a acercar, pero esta vez, sujetando con más fuerza las manos de Yukihiro quien buscaba desligarse. Nuevamente fue besado. Yukihiro sintió miedo, sintió aquella repugnancia que emanaba de ese ser. Y recordó las palabras de Ken: "Unas jovencitas lo han hostigado por decir que las había violentado, lo mismo un joven adolescente.". El pavor tomó su cuerpo y se tensionó súbitamente, sintiendo cómo ese ser empujaba sus labios, queriendo ingresar, sin recibir contestación. Sin respuesta, acarició a Yukihiro íntimamente, y éste sintió cómo lo más instintivo de su ser emergía de él. Un extraño animal, un ser sin raciocinio lo impulsó en ese instante.

Con fuerza asombrosa, se deshizo de aquel agarre, y con el más profundo odio en sus ojos, atacó a Sakura.

Comprendió en ese instante el gran secreto de Hyde, el secreto de todos esos años, el misterio revelado. Sintió odio, deseo de venganza, deseo de acabar con ese destructor de almas. Un gran depredador que asesinaba lentamente, que arrebataba la pureza de sus víctimas, y las sumía en las profundidades de la vacuidad. Un destino infernal para pequeños ángeles inocentes.

Cerró su puño y con toda la impotencia de reconocer la contradicción de remediar el daño causado a tantas inocencias, golpeó con violencia el rostro de Sakura, y lo arrojó hacia un costado.

Caminó en dirección a la salida, pero antes de llegar, Sakura había vapuleado su espalda, Yukihiro cayó de rodillas, sintiendo ese golpe en el hígado, dejándole una sensación extraña de amargor y dolor. Sakura lo sujetó del cabello, sin piedad, y mirándolo desde aquella superioridad le dijo con actitud visceral:

-No eres el único que tiene fuerza -sonrió con perversidad-. Te gustará con violencia a ti también.

-¡Hijo de puta! ¡Vete al infierno! -le gritó con repulsión, y de inmediato se levantó, intentando herir a Sakura nuevamente, pero éste lo golpeó dos veces en el estómago, dejándole sin aire.

Yukihiro se resistía aún con dificultad para respirar. Sakura, molesto por su constante obstinación, golpeó nuevamente su rostro, dejándolo levemente inconsciente. Yukihiro no pudo evitar caer sobre la batería ante el ímpetu del puño, haciendo un estruendo metálico. Sakura se acercaba a él para hacer lo que había deseado desde el primer momento, mirándole con libido, sintiendo emerger de su interior esa necesidad animal, de igual forma que el depredador goza previamente con su víctima.

Lo acercó a su cuerpo, y Yukihiro, mirándolo con dolor, escuchó las perversas palabras:

-Eres tierno y serás mío, ¿lo sabes? -Yukihiro sólo gimió adolorido, asustado por aquel lóbrego ser que comenzaba a acariciarle tan repugnantemente.


Ein: Oye, creo que tu amigo se perdió demasiado. ¿Por qué no vamos a buscarlo, ne?

Ken: Sí. ¡Este Yukki! -comentó negando con la cabeza, mofándose.

Ein y Ken ingresaron nuevamente, y apenas dieron un par de pasos, escucharon un estruendoso sonido metálico provenir desde la lejanía de los pasillos.

Ein: ¡Mierda! ¿Qué pasa? ¿Se estarán peleando? -preguntó con duda.

Ken: ¡Mierda! -dijo con el ceño fruncido echando a correr.

Partieron rápidamente al estudio y entraron de súbito, observando la escena. Sakura había arrebatado la camisa negra de Yukihiro, y comenzaba a desabrochar el pantalón. Ken lo miró horrorizado. Yukihiro había tenido razón, lo había percibido más allá de la apariencia. Sakura era un pérfido.

Ein abrió sus ojos grandemente, y observó el hecho entelerido. Comprendió que aquellos escándalos sobre Sakura eran ciertos.

Ken corrió hacia Sakura, y lo sujetó de la solapa, empujándolo contra la pared, haciendo que recibiera todo el golpe en su espalda.

Ken: ¡Mierda! ¡Bastardo! ¡Hijo de puta! ¡Qué mierda estás haciendo!

Sakura: ¡Él quería! -comentó con una sonrisa perversa.

Ken: ¡Mentira! ¡Eres un cretino hijo de puta!

Sakura: Ese joven necesita de alguien con pasión como yo... es muy inocente aún -Sakura buscaba simular en toda aquella escena un esbozo de broma. Necesitaba que creyeran que todo era una broma, un chiste más, quizás no con mucha convicción.

Ken lo miró con rencor, con rabia, con el odio más acérrimo. No pudo contenerse, y comenzó a golpearlo en su delirio de aborrecimiento.

Yukihiro se sentó en el suelo, recuperándose del golpe y notó que el extranjero estaba a su lado, dándole una mano para incorporarse, viendo absorto cómo Ken golpeaba a Sakura.

Ken: ¡Mierda! ¡Era verdad! ¡Maltrataste a esas jovencitas! ¡Y a ese joven! ¡Mierda! ¡Te odio, Sakura! ¡Creí en ti! ¡Confiaba en ti! ¡Cómo pudiste! ¡No puedes hacer eso! ¡No puedes! ¡Hijo de puta mal parido!

Yukihiro: Basta, Ken -comentó mareado.

Ken se detuvo, y, dando un paso hacia atrás, vio como la figura golpeada de Sakura se resbalaba por la pared, y caía al suelo, cansado por los embates. Notó el golpe que Yukihiro seguramente le había propinado a su atacante en el rostro que ya tenía una coloración morada, y la inflamación que deformaban su faz.

Ken abandonó el doliente ser, y se dirigió hacia Yukihiro, quien se sostenía con ayuda de Ein, sujetándose el estómago.

Ken: ¡Yukki, perdón! ¡Perdón! ¡Creí que estabas afuera!

Yukihiro: Ya, Ken. No pasó nada. No hay nada que lamentar -le sonrió con suavidad, con una mueca de dolor ante tal gesto. Su rostro ya comenzaba a inflamarse.

Ein: ¡No lo puedo creer! ¿Cómo Sakura fue capaz? -el joven extranjero estaba atónito. Le dolía la verdad, porque Sakura era su mejor amigo. Amigo de juegos nocturnos, amigo de cantina, amigo casi hermano. Pero todo aquello que parecían bromas, eran verdades, que nunca le había confiado. Sintió dolor, y traición.

Llamaron a la policía, la cual en poco tiempo se hizo presente en el lugar. A los tres le tomaron declaraciones. Sin embargo, Yukihiro había guardado el gran secreto develado. Sólo por Hyde.

Finalmente, tras unas horas en la estación policial, Ken y Yukihiro regresaron al departamento, tras haber dejado a Ein y Sakura en la estación policial. Sakura comenzaría a ser investigado profundamente a partir de aquella denuncia. Ein solamente estaba allí, atónito por aquella extraña sensación. La sensación de que nunca nadie puede conocer las profundidades de otro ser. Nadie nunca sabe quién es realmente el amigo y quién el enemigo. Nunca se sabe quién realmente es la persona que se supone, se conoce. Ni a través de los años, ni a través de las experiencias compartidas se logra descubrir realmente a los seres. Apenas uno mismo se logra reconocer con grandes vedas, ¿cómo se pretende tener pleno conocimiento de un ser ajeno?

Ken ingresó a la habitación ayudando a Yukihiro y lo sentó delicadamente sobre la cama. Le quitó la ropa con sutileza. Pudo ver aquellos hematomas formados en su estómago, y uno muy oscuro en la espalda, además del deformante golpe en su rostro.

Ken preparó unas bolsitas de hielo para su amante, y lo recostó sobre la cama, aplicándole cada una en el hematoma que se formaba lentamente.

Ken lo observaba en silencio, con culpa, con temor.

-¡Yukki, perdóname! Perdóname por no haberte creído, por no haberte dejado dudar -le comentó con tristeza. Yukihiro le sonrió haciendo un gesto de dolor ante el golpe de su rostro.

-Ya, no te preocupes. No pasó nada... -suspiró aliviado. Ken acarició el pecho desnudo de Yukihiro con su mano llena de culpa. Sentía que no había confiado lo suficiente en Yukihiro. Yukihiro tomó aquella mano, y la posó sobre su mejilla sana. No podía creer que su amante, que su Ken, fuera amigo de tal persona-. Ni aún 15 años permiten conocer con profundidad a un ser -suspiró. Ken lo miró con tristeza, y dejó caer sus ojos hasta el suelo. Sentía dolor por lo ocurrido, y traición, por haber defendido tantas veces a Sakura. Creyendo en su inocencia, descubría la verdad tan dura. No sabía quién era Sakura. Nunca lo había sabido.

-No lo puedo creer -murmuró con la vista empañada-. Era mi amigo, y lo ayudé tantas veces... ¡mierda! ¡Tantas veces lo defendí! -Yukihiro le sonrió.

-Ya, Ken. Ya. De ahora en más, pagará lo hecho.

-¡Voy a decirlo públicamente!

-¿Qué? -lo miró con sorpresa, observando el rostro compungido de su amante, con el ceño fruncido, con la impotencia emergiendo de su interior.

-Sí. ¡Se tiene que enterar todo Japón! No puede ser que un ser tan despreciable...

-¡No! ¡No lo hagas! -le comentó con preocupación. Ken lo miró y levantó una ceja, suavizando su rostro.

-¿Por qué?

-Por Hyde.

-¿Qué? -Ken lo miró con asombro. ¿Acaso aquello quería decir lo que creía?-. No... no puede ser... ¿tú crees que..?

-No lo creo. Lo sé.

-¡Yukki! ¿Estás seguro?

-Me lo dijo. Dijo que Hyde disfrutaba de aquello. Es un enfermo, que ha lastimado a Hyde por mucho tiempo... no creo que sea bueno mostrar esto más allá de lo que sea necesario. Por Hyde. Él está tan recuperado. El que Sakura reaparezca sólo hará aflorar todo aquel pasado. Y creo que... por algo Hyde lo ocultó tantos años... -Ken lo miró con dolor. Pudo recordar de inmediato aquel día en el pasado. Evocó aquel Hyde oscurecido que había aparecido con anteojos de sol en pleno día nublado. Aquel accesorio sólo cumplía la función de ocultar el gran hematoma en su rostro. Por el cuerpo tenía otros golpes. Todos habían creído que el día anterior finalmente la pelea había pasado los límites verbales, y se había traducido en violencia. Lo que nunca creyó Ken, es que fuera ese tipo de violencia: la más terrible. Comprendió aquellos golpes, entendió esas miradas duras de Hyde, y analizó por completo cómo el transcurrir de los años le afectaba lentamente. Lo trastornaba su pasado perpetuado en su memoria y en su cuerpo. Todo por causa de la depredación de Sakura. El que había sido su amigo. El que en realidad, no sabía quién era. Suspiró con dolor.

-¡Mierda! ¡Y Hyde nunca habló…! -golpeó el colchón con impotencia.

-Por eso. Tal vez no quiera. Y debemos respetarlo.

-¿Se lo diremos a Tetsu?

-¿Tú crees que él no lo sabe? -Ken lo miró con un leve gesto de sorpresa.

-¿Crees que sí?

-Solamente te lo pregunto. La verdad, no lo sé. Tetsu no habría bromeado con Sakura en Fukuoka de aquella forma si lo hubiera sabido, ¿no lo crees?

-Mmm... ¿y qué haremos?

-Tampoco lo sé.

-Yo creo... creo que es mejor dejar que ellos dos se arreglen. A final de cuentas, Hyde es quien debe elegir...

-Sí. Supongo.

Ken movió las bolsas de hielo sobre el cuerpo de Yukihiro, presionando un poco, para que el frío ingresara más rápidamente. El baterista sólo cerró sus ojos y sintió con leve dolor aquel delicado trato. Deslizó su mano hasta apoyarla sobre un muslo de Ken, y ambos quedaron en el silencio.


En pocas semanas, Sakura fue condenado. Los testimonios de varias jóvenes lo sancionaron a prisión. Ken estaba entristecido por aquello, al igual que Ein. Ambos habían defendido tantas veces a ese rufián, creyéndolo sólo imagen, creyendo que nunca sería más que escándalos publicitarios. Y ambos se habían equivocado. Una traición tan profunda, donde el traidor no se definía. Un traidor que no era del todo traidor, y traicionados que no resultaban ser tan ingenuos. A final de cuentas, ambos habían creído en esa imagen de Sakura. Aquella imagen de la misma imagen. Un holograma de aquella máscara de inocencia. Se había alimentado por años de la ingenuidad de tantas personas, que con ellas se cubría, y su espíritu gozaba de impunidad. Una imagen de la imagen, sólo eso. Desconocido absolutamente.

Yukihiro se recuperó tras un largo tiempo de aquellos golpes, y regresó a su propio grupo, realizando diversos eventos y conciertos. Ken y Ein comenzaron una búsqueda exhaustiva de bateristas, pero nada les convencían. Aún apenados por la pérdida de aquel amigo, o tal vez, aquel espectro de amigo, no podían ver con objetividad los talentos presentados. Nadie resultaba tan bueno como Sakura, a pesar de todo.


Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.