TSUKIAKARI NI JINSEI

(Vidas a la Luz de la Luna)

-por Jinsei no Maboroshi-

página XII

Fecha de publicación: 16 de septiembre de 2006 - Corrección: Ogawa Saya


Ken ingresó en el departamento, con el rostro cansado y el ánimo aquietado. Encontró a Yukihiro fumando, con su soda típica en la mano, mirando televisión entre pentagramas y bollos de hojas esparcidos por el suelo. Lo observó con curiosidad. Yukihiro había cambiado tanto en aquellos detalles. El baterista lo miró con una sonrisa.

-¡Vaya! ¡Llegas temprano! -comentó mirando a su amigo de arriba hacia abajo-. ¡Luces como la misma mierda! ¿Qué ha pasado?

-Naaaaaaaaa -Ken se acercó al sillón, y se arrojó con su último esfuerzo. Puso sus pies sobre la pequeña mesa, y miró con cansancio a Yukihiro-. Creo que hoy estuvimos haciendo un casting de 250 personas. Todos tocando la batería... ¡rayos! ¡Se me parte la cabeza! -comentó cerrando sus ojos.

-¡Ah! Ya veo. Aún no consigues reemplazo -fumó tranquilamente su cigarrillo, y, dejándolo apoyado sobre el cenicero, encendió otro, ofreciéndoselo a Ken. Éste aceptó con agotamiento aquel regalo. Un cigarrillo para mejorar su estado. Miró la mesa con aquellas hojas esparcidas.

-¿Y qué ocurre aquí? -preguntó con calma-. Es raro verte en este desorden, Yukki.

-Pues sí. Es que tengo que hacer música inmediatamente.

-¿Mn? ¿Por qué?

-Porque a mi bajista y guitarrista los contrataron las Puffy.

-¿Las Puffy? ¿Pero qué mierda? ¿Se van a ir con esas dos gritonas?

-¡Ja, ja, ja! No dirías lo mismo si vieras el contrato -sonrió divertido por el comentario de su amante.

-¡En fin! -Ken miró el techo, y se concentró en la pantalla de la TV-. ¿Y se supone que estás viendo programas de música para robar ideas? -le comentó con tono chistoso.

-¡Algo así! -respondió traveseando aquel mismo juego.

Ambos sonrieron, fijando la vista en la pantalla, que presentaban a varios artistas invitados. Desde SMAP hasta Hyde.

-¡Ey! ¡Yukki! ¡Está Hyde!

-Sí. Mira qué cansado se ve -comentó al notar la palidez de su amigo, con las ojeras profundas. Creyó que la ausencia de Tetsu tenía sus efectos sobre el cuerpo del cantante.

-Y aquí, ¡finalmente tenemos a Haido-sama! -presentó la conductora con una gran sonrisa, haciendo que el estudio se llenara de histéricos gritos de fans-. ¡Bienvenido!

-¡Ah! ¡Gracias! -Hyde inclinó levemente su cabeza ante la cámara en gesto de agradecimiento, y sonrió con suave gesto.

-Y dinos, Hyde, ¿qué es de tu vida?

-Bueno, estoy terminando mis nuevas producciones. Un par de singles.

-¡Ah! Cierto, ¿es verdad que vas a hacer un cover de los Beatles?

-Sí. ¡El conocido Lucy! Resulta muy bella la poesía de la canción, y me hace sentir muy bien el vocalizarla.

-¿Tal vez alguna significación más allá del arte? -comentó astutamente la presentadora.

-Ja ja ja. Tal vez.

-¡Pues dinos! ¿Quién es la chica que sonríe de tan mística forma, con ojos de calidoscopio? -comentó aludiendo a la letra conocida de aquella canción.

-No lo creerían -respondió con una triste mirada, que se deslizó hasta el suelo.

Ken levantó una ceja y miró a Yukihiro.

Ken: Está jugando, ¿no?

Yukihiro: Mm... no lo sé -miraba con asombro el televisor.

Ken: ¿Está hablando de Tetsu?

Yukihiro: No lo sé. Pero tengo una sensación extraña -comentó con el ceño fruncido, mirando con curiosidad la pantalla. Regresaron a aquella entrevista.

-Pero con esa declaración necesitamos saber quién es la afortunada.

-Bueno. Yo la traje.

-¿Qué? ¿Es verdad? -gritó entusiasta la conductora.

-Sí.

Ken: ¿Qué dijo?

Yukihiro: ¿A qué está jugando? -ambos fruncieron el ceño, no creyendo lo que se avecinaba.

-¡Uy! ¡Tus fans la matarán! -comentó sonriendo, escuchando la chirriante ovación que se había elevado en la tribuna ante aquel comentario.

-Lo que sucede es que estuvimos un tiempo separados, y la verdad, yo deseaba regresar con ella. Creo que lo que puedo hacer para convencerla es anunciarlo aquí.

-¿Por qué necesariamente aquí?

-Porque... aquí la conocí -sonrió con tristeza, y movió su mano hacia un costado, haciendo un gesto a la joven chica que salía de entre los técnicos y camarógrafos.

Yukihrio: ¿¡Are! ¿Queeeeeeeee? ¡Esto es una broma! ¡No puede ser! -Ken tragó con dificultad, y dejó caer la consumida colilla del cigarro desde su boca.

Apareció Megumi con aquella tímida sonrisa, sentándose al lado de Hyde.

-¿¡Ara ara! ¡No lo puedo creer! -comentó la conductora sorprendida.

-¡Pues es verdad! Aquí está la joven de mis canciones -la miró a los ojos, y ella sonrió con timidez-. ¿Aceptarías casarte conmigo?

Súbitamente todo el estudio se enmudeció. La misma presentadora observó con sorpresa a Hyde. El Hyde conocido por todos como el gran espíritu sediento de libertad, sin ataduras, endemoniado espectro de la rebeldía, aparecía en ese instante, en la más romántica y más demostrativa acción de amor hacia aquella joven. Megumi lo observó con atónita expresión, no creyendo que él se atrevería a aquella formulación alguna vez en su vida.

Las fans se detuvieron en el tiempo. El silencio se perpetuó en el instante.

Ken: ¡Mierda! ¿Dijo lo que escuché?

Yukihiro: ¿Pero qué demonios le pasa? -observaba atónito la pantalla.

Megumi parpadeó un par de veces, y regresando a aquella realidad, aceptó con un delicado 'sí', que reverberó en el silencio.

-¡Hora hora! ¡Felicitaciones a la nueva pareja! -gritó la conductora, animada. Lentamente todo el ambiente regresó a su inicial estado.

La conversación se extendió un poco más, y despidieron a Hyde con la canción Evergreen. Megumi lo observaba con alegría profunda, con aquel orgullo perdido. Interpretaba que había ganado la batalla.

El programa concluyó.

Yukihiro parpadeaba boquiabierto, y Ken miraba fijamente la pantalla con una ceja levantada. Aquella noticia los había tomado por sorpresa.

Ken: Debe ser una broma. Debe serlo -comentó negando con su cabeza.

Yukihiro: ¡Mierda! -bajó su vista hasta el suelo, y frunció el ceño, intentando pensar en el hecho ocurrido, en la causa de aquel comportamiento extraño-. ¡Mierda! ¿Dónde está Tetchan? -comentó con amarga voz.

Ken: ¿No está de tour? -Yukihiro lo miró sorprendido, recordando el dato explicado por Ken.

Yukihiro: ¡Pobre! -acotó con cierta melancolía-. ¿Y cuándo regresa?

Ken: Quién sabe. Tú lo conoces. Siempre dice una fecha, pero aparece mucho antes, para evitar los conflictos con entrevistadores, fans o toda esa clase de cosas.

Yukihiro: Sí. Puede inclusive, haber llegado hoy mismo.

Ken y Yukihiro se miraron con una leve sensación de miedo, de sorpresa. No sabían las consecuencias que aquello acarrearía al grupo.


.

-¿Sí? -la joven muchacha abrió la puerta, mirando con rostro neutro a la figura que se mostraba tras ella. Lo observó unos segundos, y quedó profundamente enmudecida.

-Megumi... -Hyde había susurrado con triste voz ante aquella puerta.

La joven abrió por completo la misma, y se paró frente a él, cuestionándolo con la mirada. No comprendía qué hacía el joven allí. ¿Qué buscaba? ¿Qué quería? ¿Acaso lo suyo ya no había acabado en la más dolorosa demostración de vacuidad?

-¿Qué quieres? -le preguntó con voz queda, no esperando nada, no sintiendo nada. Sólo el orgullo perdido, sólo la tristeza de haber amado sin nunca haber sido retribuida.

-¿Puedo pasar? -preguntó evasivo.

-No.

-Entonces... -se detuvo un instante, y miró fijamente los ojos de Megumi, tomando aire-: Perdóname.

-¿Mm? -levantó una ceja sin entender.

-Megumi. Perdóname. Perdona lo que hice en el pasado. El tiempo me ha cambiado...

-¿Realmente? -le preguntó con un titilante sentimiento de orgullo que parecía resurgir entre la frustración.

-Quiero recomponer todo lo hecho. Quiero recuperar el pasado. Quiero vivir todo el tiempo perdido. Toma -le entregó un pequeño sobre-. Si haces lo que dice la carta, lo entenderé como un sí.

Hyde se retiró de aquella puerta, sumiéndose en la oscuridad de aquel largo pasillo iluminado tenuemente. Megumi cerró con dolor la portilla, y observó con detenimiento el sobre cerrando que sostenía su mano. Lo abrió. Lo leyó. Y lloró.

Aún sabiendo que todo era una mentira, aún sabiendo que Hyde era sólo una imagen, su orgullo lo amaba, e incluso su corazón, que tenía las cicatrices del pasado. Aún ante aquel dolor, ante la ilusión, ante la idea de que era quimera, ella aceptó. Aceptó finalmente. ¿Qué sentido tenía pasar la vida en soledad? Ella también lo sentía. Sentía esa soledad agobiante, y si su Hyde la había elegido a ella, era porque resultaba ser la mejor opción. Una opción entre tantas que Megumi desconocía. ¿Cuáles eran las otras opciones? ¿Cuáles?

Releyó la carta escrita por puño tembloroso de Hyde. Una carta, con palabras de mentiras, con verdades ahogadas, con un sentimiento de soledad inconmensurable.

"Megumi:

Mañana por la tarde estoy invitado al Utaban. Me gustaría que fueras allí. Te presentaré ante todos. No te ocultaré más. Quiero regresar el tiempo hacia atrás. Sólo acéptame. Déjame hacer lo correcto.

Hyde."

La tiró al cesto de basura, y se fue a dormir. Mañana debía verse bien. Debía hacerlo.


Finalmente había llegado al departamento de Hyde. Estaba agotado por aquel extenuante tour por todo Japón. Llevaba sus dos maletas, que dejó con cansancio, al costado del sillón del salón.

Miró el reloj sobre el mueble, que marcaba las 18 hs. Se dirigió al baño y abrió las canilla para preparar su tan ansiado momento de relajación. Fue hasta la habitación, y extrajo del armario un poco de ropa cómoda. Miró la cama con curiosidad. Había pensado que Hyde estaba allí. Quizás una imagen perdida. Quizás, una idea extraña.

Aquella noche que había pasado con él había sentido con tanto dolor esa inexplicable impresión de despedida.

Miró dentro del armario antes de cerrarlo. Parecía que había espacio en demasía. ¿Por qué?

Empezó a observar las ropas, y sólo encontró las suyas. No había nada de Hyde. Lo cerró bruscamente, y miró hacia el escritorio. A un costado había tres maletas. Eran de Hyde.

Sonrió con calma, suspirando aliviado. Tal vez comenzaba a ocurrir lo que le acontecía hacía tanto tiempo. Comenzaba a ver lo que sus temores internos les hacía ver. Había sentido en ese segundo que Hyde había desaparecido de la vida, que había sucumbido ante la muerte. Una idea de despedida le amargó el gusto en la boca nuevamente.

Negó con su cabeza una vez más. Estaba imaginando cosas, estaba comenzando a ver nuevamente lo que deseaba ver. Se dirigió al baño y finalmente se relajó.

Tras ello, comió un poco, y se arrojó sobre la cama. Aún sentía el perfume de Hyde en ella. Un perfume celestial.

Hundió frotando su rostro en aquella almohada. Tras una noche como aquélla, la plenitud era lo suficientemente grande como para aceptar la muerte sin dudas. Sonrió con amargura, nuevamente el sentimiento de despedida lo ahogó.

Intentó dormir, pero no podía.

Se levantó cansado de la cama, y se sentó en el salón. Quería esperar a Hyde, quería verlo nuevamente, quería sentirlo. Quería notar cómo sus alas habían crecido.

Prendió el TV y el canal mostró lo que tanto anhelaba. Sonrió con devoción ante aquella imagen de un sonriente Hyde siendo entrevistado por la presentadora. Suspiró aliviado. Hyde estaba allí, en ese lugar, no estaba perdido ni alejado. Simplemente trabajando con toda su pasión, como siempre lo había hecho, y como nunca dejó de hacer.

-Y dinos, Hyde, ¿qué es de tu vida?

-Bueno, estoy terminando mis nuevas producciones. Un par de singles.

-¡Ah! Cierto, ¿es verdad que vas a hacer un cover de los Beatles?

-Sí. ¡El conocido Lucy! Resulta muy bella la poesía de la canción, y me hace sentir muy bien el vocalizarla.

-¿Tal vez alguna significación más allá del arte? -comentó astutamente la conductora.

-Ja ja ja. Tal vez.

-¡Pues dinos! ¿Quién es la chica que sonríe de tan mística forma, con ojos de calidoscopio? -comentó aludiendo a la letra conocida de aquella canción.

-No lo creerían.

Tetsu miró curioso aquella extraña actitud de Hyde. ¿Acaso sería una alusión a él? Sonrió divertido. Recordó como Hyde se hechizaba por su sonrisa, por su mirar, por su actuar. 'Me encanta cuando haces eso'.

Aquella dulce y suave voz reverberaba quedamente en su pensamiento, acompañado por la imagen de su amante en la pantalla.

-Pero con esa declaración necesitamos saber quién es la afortunada.

-Bueno. Yo la traje.

-¿Qué? ¿Es verdad?

-Sí.

Tetsu frunció el entrecejo. ¿Qué significaba aquello?

-¡Uy! ¡Tus fans la matarán!

-Lo que sucede es que estuvimos un tiempo separados, y la verdad, yo deseaba regresar con ella. Creo que lo que puedo hacer para convencerla es anunciarlo aquí.

-¿Por qué necesariamente aquí?

-Porque... aquí la conocí.

Tetsu abrió sus ojos, y separó sus labios levemente, sorprendido. Sintió una punzada en su interior, un dolor profundo. El amargo gusto de la despedida corroía su alma. Fue cuando apareció aquella joven y se sentó al lado de Hyde. Hyde la observaba con tristeza. Lo veía en sus ojos.

Aquello no podría ser más que un juego, un truco, una representación teatral. Tetsu miró atónito.

-¿¡Ara ara! ¡No lo puedo creer!

-¡Pues es verdad! Aquí está la joven de mis canciones -la miró a los ojos, y ella sonrió con timidez-. ¿Aceptarías casarte conmigo?

-Sí.

Tetsu sintió el silencio perpetuado, dejando sólo el sonido de su propio latir bombeando en su cerebro. Sentía el palpitar, el mutismo y la soledad en la que caía. Reconoció aquella pregunta como si una espada lo atravesara, destrozando su corazón.

Su rostro se tensaba, se aflojaba. Se contraía por momentos, conteniendo el lloro, conteniendo el brillo que aparecía en su mirar, el ardor en su garganta, el vacío en su estómago. Tragaba con dolor, el conjunto de recuerdos apareció en su mente, apareció Hyde en su limite, arrojándose por el balcón, rechazándolo, buscando su mano, besándolo, amándolo, gritándole, confesándole aquel doloroso pasado. Las memorias se agolparon en su mente, y Tetsu no pudo contener las lágrimas, rompiendo a llorar.

Hyde no podía hacerle aquello. Hyde no podía haber cambiado de esa forma en su ausencia. Recordó cada palabra, en cada recuerdo, en cada momento, atesorado en su más resguardado interior.

"Eres tan distinto. Tetchan... te amo..."

Las primeras palabras que había susurrado, la primera vez que sintió aquel impacto, aquel dolor, cubierto de culpa e inestabilidad.

"Tú tienes alas propias."

¿Qué significado representaba? La inocencia que Tetsu reconocía en sí mismo era sólo sencillez de espíritu. No creía poseer alas como las de Hyde. No podía volar con ellas, como él lo hacía, como lo estaba haciendo, como lo haría hasta la eternidad.

"Déjame cocinarte. Por última vez..."

El recuerdo de esa última noche lo abordó con violencia. Aquellas palabras tomaban el verdadero significado. Una vez más Tetsu se había mentido, había creído no escuchar, no entender, pero en el fondo, la inquietud que le desbordaba, le alertaba con terrorífica sensación.

"Te amo."

Las palabras de Hyde en cada momento íntimo, en cada instante de placer, con su voz tierna, susurrando, gimiendo, sosteniéndose con el cuerpo de Tetsu, pidiendo por nunca terminar.

"¡Me encanta cuando haces eso!"

Tetsu lloró, llevó sus manos a su rostro, y se recogió en sí mismo, de costado, sobre la cama, sobre aquella vacía cama, que emanaba tan cálidamente el frío recuerdo del pasado.

"¡Tetchan…! ¡Hazlo! ¡Hazlo como si fuera la última vez! ¡Hazlo!"

Las sensaciones lo atacaban nuevamente, con el punzón del recuerdo. Lo agobiaban, lo desgarraban. Aquella fuerte sensación, aquella última vez, aquella vez tan perfecta que si la misma muerte los hubiera arrebatado, no les hubiera importado. Todo el instante mágico, etéreamente iluminado por la luna. El recuerdo. El triste, y frío recuerdo que mostraba la vacía cama en la cual lloraba.

"Nunca te dejaré, Tetsu."

-¡Mentira! ¡Mentira! -gritó atacado una vez más por la remembranza-. ¡Lo planeabas! ¡Lo planeaste todo este tiempo! -gritaba sujetando con violencia las sábanas, comprimiendo el rostro en el dolor profundo de la desesperación.

"Mis alas son tuyas. Siempre estarás en mi interior. Siempre."

Lloró.

Lloró impotente. ¿Qué había fallado? ¿Qué había ocurrido? ¿Por qué lo abandonaba de esa forma? ¿Qué pasó?

Las preguntas lo condenaban en el silencio que no respondía. Golpeaba con ira el colchón, haciendo que éste despidiera con mayor intensidad ese perfume que tanto amaba y que comenzaba a alejarse.

¿Por qué Hyde había planeado algo de forma tan atroz? ¿Por qué? ¿Qué había ocurrido?

La luna aparecía por el ventanal, silenciosa, quizás sonriente. Una historia más de dolor, una historia más, para el olvido. Su crueldad no tenía limites, sus ojos veían todo, para hacerlo desvanecer.

Tetsu lloró horas, gritó, golpeó con furia, con impotencia, preguntando al vacío el por qué de las cosas. El por qué no había visto aquello en los ojos de Hyde, por qué ante sus palabras, las había creído con tanta ingenuidad. Era un ingenuo. ¿Acaso Hyde había jugado un papel similar que Sakura? ¿Había hecho en Tetsu la maligna estrategia de quedarse con su inocencia, con su ingenuidad, sólo porque él carecía de ella?. Se recostó boca arriba sobre la cama, iluminado por la luna. El lloro y el desahogo habían calmado su espíritu. Miraba el techo, sumido en sus recuerdos, en sus preguntas, en ese frío vacío que sentía crecer en su interior.

¿Qué había fallado? ¿Qué había fallado?

El sonido de la puerta lo despertó de aquellas cavilaciones.

Unos pasos tranquilos se detuvieron en el salón. Probablemente sorprendido de las maletas que había dejado allí.

Suspiró con dolor. ¿A qué venía? Miró a un costado del escritorio. ¡Ah! Eran las maletas. Seguramente regresaba para ello.

Aquellos pasos recuperaron el caminar, y se detuvieron frente a la puerta de la habitación.

Hyde se quedó mirando con sorpresa, el estado de su amigo sobre la cama. La devastación. Nada diferente a ello. La luna iluminaba aquel rostro cansado, que miraba hacia Hyde con un brillo doloroso. La luna acentuaba la sensación de soledad.

Hyde respiró un instante. ¿Podía retroceder todo? ¿Podía detener la locura en ese momento? ¿Podía acabar con ese dolor tan agresivo que atacaba a Tetsu, que le consumía a él? Pensó en Kaori. Pensó en Megumi, pensó en Tetsu. Pensó en lo correcto.

Tragó con dificultad, y suspiró. Supo que Tetsu había visto aquel nefasto programa.

Tantos meses alejados, tantas noches en soledad, tantos suspiros de nostalgia, se aferraban al corazón de ambos, al ver al otro en tal cercanía, y aún así, tan lejos. ¿Qué podían hacer?

Hyde caminó lentamente, y se sentó a los pies de la cama, mirando la luna por la ventana. Tetsu lo observaba con fascinación, con un gran deseo de despertar de aquella pesadilla, de sentir la calidez de sus cuerpos, de sentirse tan sencillamente amenos. Pero algo había cambiado. Aquel deseo en ambos, debía ser reprimido, a favor de lo correcto.

La desgarrante sensación de tristeza atacaba el estómago de los dos. El sentir la respiración del otro en ese silencio tan frío, era tan cruel. Hyde necesitaba amarlo por última vez... pero ya lo había hecho. Ya no podía dar un paso atrás. Si lo daba... Tetsu se ahogaría.

-Tetchan... -suspiró con un hilo de voz. Tetsu sintió un escalofrío, y cerró sus ojos, frunciendo su ceño, con dolor. Las últimas palabras, la última vez, su último 'Tetchan'.

-Hyde, ¿por qué…? -le preguntó con temor.

-Es lo mejor.

-¿Por qué lo decidiste? ¿Por qué? Ya lo habías planeado de antes… ¿por qué?

-Basta, Tetchan. Nos daña a los dos -comentó con tristeza.

-¿Dañar? -Tetsu se sentó sobre la cama, y lo miró con impotencia-. ¿Dañar? ¡Eso es lo que tú estás haciendo! ¡No yo! ¡Yo no te daño! ¡Yo no me daño! ¡Yo no lo hago! -susurró con dolor.

-Es lo mejor, créeme.

-¿Para quién? ¿Para ti? -ambos se callaron en un instante, sorprendidos. La extraña sensación de deja vú los atacó en simultáneo. La misma historia en aquel estudio de grabación, la misma narración, pero con personajes invertidos-. ¿Tú qué sabes de lo que es bueno para mí? ¿Tú qué sabes? -la congoja avanzaba en su garganta.

-Tetchan, detente, por favor -su voz tembló por un instante.

-¡No! ¡Detente tú! ¿¡Por qué me haces esto! ¿En qué fallé? -le gritó sujetándole los hombros, desesperado, fijando su mirada en los ojos de Hyde, quien notaba aquel doliente brillo en Tetsu. El mismo brillo con que Hyde miraba a Sakura en aquel fantasmal recuerdo. Aún amando y siendo dolido.

-No eres tú, Tetchan... soy yo... -susurró, bajando su vista, evadiendo aquella mirada.

-¿Por qué lo haces? ¿Por qué? ¿¡Dónde está el problema!

-Soy yo. No te merezco... -Tetsu lo zarandeó con fuerza.

-¿Y quién eres tú para decidir eso? ¿Quién eres? ¿¡Por qué eliges por mí! ¿Por qué?

-Es la mejor decisión...

-¿Decisión? ¡Escúchate, Hyde! ¡Me estás abandonando por algo que no sé, por un error que no encuentro, por una estupidez de tu parte! Entiéndelo, ¡te merezca o no, te necesito! -le gritó con dolor, tomó el mentón de Hyde con su mano, elevándolo para observarlo a los ojos-. Te necesito, no elijas por mí. Soy yo quien te ama y te precisa. ¿Me dejarás sin alas? -Tetsu lo besó son temor, con desesperación, rogando que no se fuera de su vida, rogando que aquella despedida fuera ratificada, que nada de aquel dolor que los estaba destruyendo fuera real. Hyde respondió con igual desesperación ante aquel abrazo. Necesitaba hacerlo una vez más, una última vez más... pero ante él surgió aquella palabra, aquel comentario: "Pensar lo correcto." Y se detuvo. Tetsu lo miró con el brillo de sus ojos borrándole las pupilas. Hyde amaba aquella expresión, amaba ese hoyuelo, amaba esa pureza. Demasiado puro para morir en la oscuridad de su propia tristeza. Lo ahogaría.

-Tetchan, tú tienes alas propias -le sonrió con una sublime desolación.

-Dame una buena razón para aceptar esto. Para aceptar esta locura -comentó pausado, buscando dilatar el tiempo, para nunca llegar al final.

-Es hacer lo correcto -le suspiró, tomando con sus manos las de Tetsu, desligándose del abrazo tan ameno que habían realizado, y levantándose de la cama, para tomar las maletas que estaban a un costado del escritorio. Tetsu parpadeaba incrédulo.

-¿Lo correcto? ¿Y qué mierda se supone que es lo correcto? -le gritó indignado, con el ceño fruncido. Hyde giró delante de la puerta de aquella habitación, y lo miró con aflicción, con pena profunda.

-No dejarte ahogar. No dejarte condenar a una oscuridad eterna... -le comentó mirando con tristeza el suelo, y al elevar su mirar hacia Tetsu, le esbozó una sonrisa pura con ojos brillantes y melancólicos, una sonrisa que Tetsu atesoraría por toda la vida, la última sonrisa.

-¡Así me condenas! Por favor... no te vayas... ¡no me dejes…! -le gritó llorando, desesperado, ahogado en sus propias confusiones-. No te vayas, no lo hagas, Hyde, por favor. ¡No me abandones! -le gritaba, al sentir que Hyde había girado y sus lentos pasos retumbaban en dirección a la salida-. ¡No lo hagas, por favor! ¡Detén esta locura! ¡No me mates así! ¡No me dejes! ¡No tan estúpidamente! ¡Basura! -le gritó enfurecido. Pero ya era demasiado tarde. El picaporte se había cerrado definitivamente, para siempre.


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