Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.
Por siempre Obsesión
Chapter 4: Descubriendo
Aún no terminaba de acostumbrarse a esa enorme y lujosa mansión, sin embargo, sabiéndose conocedor de algunos lugares deshabitados y pasadizos secretos, caminó con confianza por ese corredor solitario, que sin duda lo llevaría a una de las tantas bibliotecas que había en el lugar. Ingresó sin más preámbulos, y se encaminó a la sección que en esa última semana lo había cautivado sobre el nuevo tema que lo involucraba desde hacía ya tres meses, los que se le hicieron mas pasajeros al descubrir que en ese lugar había libros por doquier. Aún así no pudo evitar sentir que esos tres meses realmente fueron eternos.
Bufó cuando pensó en esa última palabra, y arrojó sin cuidado alguno el libro que había estado leyendo esos últimos días sobre la vieja y desvencijada mesa.
—¿Dónde quedó ese amor incondicional por los libros? —dijo una divertida voz a sus espaldas—
Si bien aún era imposible que aprendiera a detectar si alguien estaba cerca de él, pudo distinguir que su inquietud y mal humor se debía a la presencia de esa persona en particular.
—Se fue el día en que me convertí en un monstruo al que no le importa nada —la respuesta salió más como un gruñido, sin embargo supo que había conseguido el efecto deseado—. Mejor expresado, desde que me convirtieron.
Sonrió para sus adentros al escuchar el suspiro cansado del hombre que comenzó a caminar lentamente hacia él. Giró levemente el rostro para encararlo. Alzó una ceja retadoramente, pero sólo obtuvo una mirada tan cansada como el suspiro anterior.
—Si te molesta mi presencia, sólo dímelo y me marcharé enseguida.
—Claro que me molesta, ¿acaso no se nota? —escupió con ironía—. Estás mal acostumbrándote a esto; que sea capaz de tolerarte un poco cuando estamos en una misma habitación no significa que te quiera a mi lado. Desaparécete por donde viniste.
Y así fue, Roy se marchó tan sigilosamente como había entrado.
—Siéntate.
El aludido así lo hizo.
—No voy a disculparme por lo que hice, ya que no me arrepiento, y considero que esta es la mejor solución que pude conseguir, aunque te parezca injusta.
—Te encanta decidir sobre los demás, ¿no es así? Ya que lo haces, la próxima vez que vaya al baño te pediré permiso, no sea cosa que tomes represalias después.
—No es gracioso Edward, te estoy hablando en serio.
—Y yo también maldito idiota. Ahora, si ya terminaste con tu aburrido sermón, si me disculpas, voy a irme a mi habitación. —detuvo su intento de amague a levantarse cuando una mirada colérica y autoritaria se posó sobre él—
—Te dije que te sentaras, y ahí te vas a quedar hasta que te diga que puedas marcharte.
El rubio maldijo por lo bajo y lo miró con odio esperando ansioso que terminara para largarse de ahí. Todavía seguía un poco sorprendido sobre su propia actitud. Había estado enfurecido quién sabe por cuantas semanas, exigiendo ver a Roy para estrangularlo, sin embargo, una vez que su deseo fue concedido ahora lo único que quería era huir. En el fondo temía que una vez enfrente de esa persona, también debía enfrentarse al hecho irremediable de lo que se había transformado. Y a pesar del tiempo transcurrido, aún no se sentía preparado ni por asomo para asimilarlo.
—Como te decía, no me arrepiento absolutamente de nada, y aun así me gustaría con el tiempo retomar lo que dejamos atrás. Cambios habrá, eso no se puede negar, pero yo quiero seguir adelante, y ayudarte a ti para que progreses y puedas vivir de ahora en adelante con tus nuevas facultades y debilidades. Quiero estar a tu lado para que conozcas este nuevo mundo, y que te amoldes a él, para poder disfrutar de esta nueva vida.
Ahí estaba, había soltado el discurso. A medida que iba pronunciando las palabras el escalofrío que recorría a Edward se fue transformando en un leve temblor, que fue aumentando de grado junto con la sorpresa, confusión, asombro y odio de maneras iguales. No podía creer lo que escuchaba. A pesar de todo lo que hizo —de lo cual no estaba para nada arrepentido— el maldito bastardo quería permanecer a su lado como su entrenador personal, y para peor, ¡todavía como su amante! ¿En qué momento el mundo se había vuelto así de loco? Intentó controlar sus temblores respirando profundamente y contando mentalmente hasta diez, pero el dolor y la furia no se lo permitían.
—Te has vuelto loco. ¡¿Quién en su sano juicio aceptaría algo del asesino que lo convirtió en un monstruo? —pegó un salto del sillón en donde estaba sentado como si hubiese sido impulsado por un resorte, y a grandes zancadas se acercó hasta la puerta—. Inténtalo si quieres, pero de mí no obtendrás nada. ¿Entendiste? ¡Nada! Todo fue una puta mentira, y jamás podré perdonarte de algo como esto, si lo creías, estás muy equivocado. Me arruinaste la vida, ahora yo voy a hacer miserable la tuya —sentenció colérico—
Roy sólo observó con su ya característico semblante de pura calma, cómo el rubio azotaba la puerta después de las últimas palabras que dejó flotando en la habitación, y en la mente del pelinegro.
Suspiró. Definitivamente no iba a ser nada fácil reconquistarlo. Se lo había dicho Maes, pero él ya lo sabía de antemano. Edward tenía un carácter algo complicado, difícil de manejar, terco como una mula. Pero aún y todo lo acontecido seguía sintiéndose tan atraído por él como la primera vez. Sus sentimientos eran reales, y con paciencia, se los transmitiría, cuidaría de él, y lo reconquistaría. Esa era su nueva meta. Y la lograría. Como sea.
Edward se despertó sobresaltado. Se había quedado nuevamente dormido en la biblioteca, y esta vez soñando con aquel lejano encuentro de unos pocos meses atrás con el moreno, desde el cual no habían vuelto a tener una plática más larga que esa, siendo la única que en realidad habían tenido, ya que el rubio seguía resentido con Mustang, y no daría su brazo a torcer fácilmente.
De todas maneras tenía que admitir que era bastante persistente. Nunca lo dejaba solo, siempre velaba por su salud, respondía si tenía alguna pregunta, y aparecía cuando alguna pesadilla lo invadía mientras dormía. Si, era persistente. Pero él lo era mucho más, y no sucumbiría a esas miradas heridas cuando él lo insultaba a bocajarro o destilaba veneno en cada una de sus palabras, tampoco caería en su amabilidad y siempre encantadora sonrisa cuando se acercaba a él. Seguiría ignorándolo como siempre, y listo para atacar cuando fuera necesario.
Mientras tanto, aprender de la vida de esos seres que despreciaba y en lo que se había convertido era algo importante a conseguir. Si bien aborrecía todo lo concerniente a los vampiros, ahora él mismo siendo uno, no podía negar más ese hecho y debía adaptarse. Las bibliotecas de la mansión en la que se encontraba eran muy buenas, con muchos libros antiguos, de todas partes del mundo, de todos los temas que él conocía, y más también. Hasta aquellos temas de los que no sabía que existían. Lo bueno de la situación, es que los libros de una u otra forma siempre estaban relacionados con el vampirismo. Su historia, mitos, leyendas, qué fue cierto y qué no, y un sinfín de cosas más.
Tomó otro volumen mucho más pesado y lo hojeó con sumo interés. Iba a volver al principio para leerlo bien y comenzar a interiorizarse de su contenido, cuando el título de un capítulo llamó su atención.
"Clasificación y dones de los vampiros"
Algo intrigado y confuso, se apresuró en buscar el índice para leer con detenimiento lo que contenía ese libro. Sus ojos se fueron abriendo con más interés a medida que iba pasando los títulos.
Decidido, lo abrió en el primer capítulo y comenzó a leer.
Cuatro horas más tarde, un asombrado Edward cerraba el libro tratando de asimilar todo lo que había estado leyendo hasta hacía pocos momentos.
Si lo que decía era verdad, entonces los vampiros eran sorprendentes. Seres a los que se debía respetar. Y temer también.
Un escalofrío le recorrió la columna cuando su mente enseguida le trajo un nombre. Roy. Él lo había convertido, lo que significaba que era poderoso, de alta jerarquía supuso según el libro, y con algún don en especial. Pero no podría saberlo con exactitud ya que tendría que preguntarle a él, porque la respuesta a una interrogante como esa no la iba a encontrar en ninguna biblioteca. Un poco abatido y también algo frustrado, se dio cuenta de que en el fondo eso era lo que Roy había querido. Que investigara, aprendiera, y aquellas dudas e inquietudes se las preguntara a él. De ahí su comportamiento amable y relativamente extrovertido cuando aparecía de vez en cuando por la biblioteca para preguntarle como estaba.
"Maldición. Hay cosas que sí tendré que preguntarle. Pero aún no lo voy a hacer. Primero voy a buscar información más precisa de todo esto, y luego averiguaré que es eso de la jerarquía, parece importante en este mundo de seres oscuros"
Interrumpió el hilo de sus pensamientos cuando recordó un comentario que le había dicho Roy unas semanas atrás a una de sus preguntas.
Estaba aburrido, llevaba horas recorriendo esa mansión, y estaba seguro que aún le quedaba mucho por ver y descubrir. Algunos lugares le fueron negados para que no se perdiera o porque simplemente no era necesario ya que sólo se trataban de habitaciones vacías.
Sabía que se encontraba en las afueras de ciudad Central, un poco al sur, donde había mucho terreno abandonado o comprado por gente adinerada y de buen perfil social.
La mansión estaba muy bien protegida, así como sus alrededores. Al principio le había restado importancia, pero luego fue tomando interés al ver las extrañas figuras que se movían por el lugar. Muchos vampiros vivían ahí al igual que Roy y él, todos diferentes pero a la vez igual de misteriosos. También se dio cuenta de que no podía llevarse bien con sus habitantes. No con algunos seguro. Descubrió que toda su negativa a pertenecer a ese lugar ofendía a muchos, los cuales supuso eran todos tan viejos como Mustang.
Se había asustado cuando ante el acercamiento del moreno en un intento de tomar su mano y el insulto que él le dedicó después por su atrevimiento —ya que seguía tan enojado como la primer noche en la que se había transformado—, uno de los vampiros presentes, el más cercano a su posición, aparecía de la nada frente a él mostrándole todos sus dientes y amenazándolo. Con solo una mirada y un susurro Roy lo había espantado, y luego a su vez dejado bien en claro que Edward no debía recibir daño alguno porque él mismo mataría al que se atreviera siquiera a pensarlo. Los que habían observado la trifulca asintieron, algunos temerosos y otros respetuosos, y luego se habían marchado.
—¿Eres su líder o algo así?
—No. Simplemente me respetan por quién soy.
Edward se había quedado muy confundido con esa escueta respuesta, pero no había exigido más explicaciones.
El susto de aquella vez aún perduraba, y si algo había aprendido ese día era que no debía insultar a Roy. Bueno, por lo menos no frente a los demás. En privado era otra cosa.
Aquella frase de Roy que en aquel entonces le había parecido algo ridícula e inentendible, ahora cobraba más sentido al saber algo de las jerarquías. Tomó otro libro que hablaba exclusivamente del tema, y se dispuso a leer, ansioso por encontrar más respuestas.
Cuando volvió a su habitación cansado y listo para echarse una buena siesta, una copa con sangre lo esperaba en la mesita de al lado de la cama. Como siempre. A pesar del asco que siempre sentía en momentos como ese, sonrió débilmente. Sí que era persistente ese Mustang.
Nuevo capi! Bueno, Ed de a poquito va aprendiendo más cosas del mundo que lo rodea. Espero que les haya gustado. Desde ya les agradezco a quienes leen esta historia y a quienes dejaron review. Espero recibir más ya que me dan ánimos para continuar^^
Nos vemos en el próximo capi.
Saludos!
