Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.
Por siempre Obsesión
Chapter 5: Primera caza
Se había pasado toda la semana encerrado tanto en sí mismo, que había logrado captar la atención de Mustang, quien preocupado no lo dejaba de observar para definir qué es lo que pasaba con el rubio. Sin embargo, pese a las breves excusas del más joven, se negaba a apartarse de su lado, hasta obtener una respuesta contundente y que lo dejara satisfecho. Harto de esa incómoda situación, Edward optó por cortar por lo sano, y cuando lo tuvo cara a cara, con una simple pero amenazante explicación, parecía que había logrado al fin hacer que el moreno desistiera de perseguirlo como si fuese su sombra.
Caminó por los ya más que conocidos pasillos, para internarse en la biblioteca y terminar por fin el último libro que hablaba de aquel mundo oscuro que todavía se le hacía tan irreal, tan ficticio como las cualidades y poderes misteriosos que reflejaba el volumen.
Unas tres horas después, se hallaba en su enorme habitación —conjunta a la de Roy por supuesto, para protegerlo según él— cavilando sobre todo lo que había leído a lo largo de esa sorprendente semana. Aunque algunas cosas aún permanecían un poco confusas, suponía que era sólo cuestión de aclararlas con pequeños libros auxiliares, nada preocupante. Pero a pesar de todo, no podía dejar de rondar en su cabeza el pensamiento de que los vampiros eran seres muy poderosos. Quizá más de lo que se imaginaba, y en el fondo temía preguntarle algo indebido a su creador, ya que no quería revelarle hasta donde había llegado su investigación personal sobre los seres sobrenaturales.
El sol se coló por la ventana de su habitación, interfiriendo así con el hilo de sus pensamientos, y brindándole una iluminación que parecía burlarse de la situación en la que se encontraba. Reprimiendo un bostezo, se acercó a la ventana, todavía tan sorprendido como la primera vez en la que Roy le había contado que la mansión disponía de ventanas con vidrios especiales, en la que el sol podía atravesarlas, levemente, pero lo suficiente para brindar algo de luz y calor sin hacer daño alguno al vampiro que se encontrara detrás del mismo. Un descubrimiento impresionante al parecer de Edward, ya que disfrutaba mucho del sol cuando era humano, y que su nueva condición no le permitiera acceder a un poco de luz lo había entristecido de sobremanera.
El cansancio se hacía tan latente que no tuvo más remedio que volver a la cama y acostarse a dormir, acto todavía demasiado humano al parecer de Roy, quién le había dicho que cuando pasara el tiempo ya iba a dormir menos, hasta llegar al punto de que no volvería a dormir jamás, como todos los seres que en esos momentos deambulaban por la mansión. Con éste último pensamiento, se rindió al mundo de los sueños, esperando por la caída del sol para volver a despertar nuevamente.
—¿Cómo va su investigación? ¿Aún lo tienes vigilado?
—Si, por lo que pude percibir cada vez está más cerca del significado de lo que es ser uno de nosotros. Ahora es sólo cuestión de tiempo para que lo acepte.
—Aun así yo que tú lo mantendría bien vigilado, como hasta ahora.
—Obviamente Maes, a pesar del tiempo que lleva convertido aún está inestable emocionalmente. Paciencia, hermano.
—¿Tú podrás ser paciente, Roy?
—Si lo he sido hasta ahora, no veo el problema de seguir esperando un poco más.
Con esa última frase suspendida en el ambiente, el hombre de ojos negros tan profundos como la noche sonrió débilmente hacia su compañero, mientras bebía con parsimonia su vaso del mejor whisky.
Edward despertó con hambre. Sabía que era hora de comer algo, o beber, sería la manera de expresarlo mejor; pero no podía más que enojarse al recordarlo y suspirar con frustración.
Su creador —así es como lo denominaban los libros a aquellos que crean vampiros— le había ofrecido salir de caza con él, empezando por pequeños animales, para ir aprendiendo. El rubio se había negado rotundamente, por lo que Roy se veía obligado a pesar del tiempo transcurrido, a darle de beber de su propia sangre.
Todavía se sentía un poco inseguro sobre todo a lo que sangre se refiriere, y no quería inmiscuirse más en ello, pero al pasar las horas se dio cuenta de que Roy no le daría su copa diaria, por lo que tendría que salir de su escondite si quería alimentarse y no terminar desmayado.
Si de algo estaba seguro, es que odiaba lo que era. En lo que se había convertido. Sin embargo, a pesar de que nada le habría pasado de no haber conocido a su ex pareja, ya no era un consuelo ni una excusa viable. Bien o mal, estaba vivo. O bueno, algo así. Muerto pero revivido como otra cosa. Esto no quería decir que perdonaba a Roy de buenas a primeras, pero ya no podía ocultarse más y era momento de descubrir los límites de lo que se había convertido. Era hora de aprender a sobrevivir dentro de ese oscuro mundo. De dejar la tristeza y el enojo atrás, para aprender a desenvolverse en ese nuevo entorno, y sacarle provecho al máximo. Si, esa es la meta. Un plan sencillo, pero que llevaría tiempo. Tiempo del que disponía eternamente. Una vez logrado su objetivo, ya lograría cometer su venganza contra Mustang, importándole muy poco si era un pecado capital el atentar contra la vida del creador; el cumpliría con su venganza, y luego buscaría a su hermano. El resto lo dejaría para después.
Era hora de ponerse en marcha.
Había dejado de prestarle atención a la novela que sostenía en sus manos desde el momento en que se percató de una nueva presencia en el salón, había levantado la vista y compuesto una máscara de serenidad para cubrir su asombro, al encontrar la mirada de unos ojos dorados que lo contemplaban fijamente, esperando una reacción.
—¿Podemos hablar? —miró a su alrededor constatando que aquellos que se encontraban más cerca lo miraban con atención y curiosidad, generando un ambiente tenso e incómodo—. Pero en otro lugar, más privado.
Roy solo asintió y con un gesto de su mano hizo que lo siguiera por los silenciosos pasillos, hasta llegar a otro salón mucho más pequeño, cerca de las habitaciones, que parecía camuflado para miradas indiscretas. Lo hizo entrar y tomar asiento en un cómodo sofá, aún con su máscara de tranquilidad en su rostro, pero internamente sorprendido y hasta ansioso por lo que el rubio le iba a decir.
—¿Por qué no me dejaste la copa?
Sabiendo que eso generaría una nueva discusión, mas sin importarle en absoluto, contestó sinceramente:
—Porque ya es tiempo de que avances al próximo nivel, Edward. Es momento de que consigas por ti mismo lo que necesitas para estar bien.
Pero todo lo contrario a lo que esperaba, el rubio lo sorprendió una vez más, de tal manera que esta vez no pudo recomponer su fachada tranquila, haciendo que su mirada se tornara asombrada por sus palabras.
—Está bien. Dime que tengo que hacer. Enséñame.
Escrutó la figura del menor en busca de algún pensamiento o actitud que le pareciera sospechosa, pero sólo encontró honestidad con esa respuesta. Asintió levemente, y lo citó en la puerta de entrada de la mansión a los quince minutos, tiempo suficiente para que el rubio cambiara sus ropas por unas más cómodas.
Una vez fuera del terreno, cuando el silencio incómodo hizo acto de presencia, Roy se giró sobre sus talones para darle una breve y concisa explicación a Edward, que lo miraba expectante y algo nervioso.
—Empezaremos con animales, tal y como lo había mencionado antes. A partir de ahora, no eres más un humano, sino un ser tan mortal al que todos los que sientan tu presencia querrán huir por sus vidas. Por eso es que te enseñaré a ser sigiloso y precavido, ágil y dinámico para que ninguna presa se te escape. Y empezaremos a partir de este momento.
Las burbujas de jabón flotaban por todo el caluroso baño, dando una vista de ensueño a quien lo encontrase de esa manera. El joven que en ese momento se encontraba en el centro de la inmensa bañera, disfrutando del calor tan confortante que sólo un baño de esas características puede brindar, suspiró satisfecho y relajó sus músculos.
"Podría haber sido peor" pensó con optimismo. Al fin y al cabo, se había alimentado relativamente bien. Un ciervo y un par de felinos salvajes, eso hacía una suma bastante importante, todo un logro según sus expectativas. Mas tratándose de alguien que no había pisado nunca un bosque. Aunque en el fondo intuía que Roy había esperado que cazara algo un poco más grande. Pero cuando vio el tamaño y la mirada desafiante de la pantera, se asustó y se puso nervioso. Aún no asimilaba el hecho de que él no tenía nada que temer, tal y como le había dicho su creador. Y demostrado también, cuando aniquiló al enorme felino sin el más mínimo esfuerzo, lo que sirvió para recuperar un poco su confianza. Pero no habían podido encontrar más animales de ese tamaño, por lo que tuvieron que conformarse con presas más pequeñas. Al final de la jornada, y faltando pocas horas para el amanecer, Roy le había susurrado suavemente que lo había hecho bastante bien, y que a la noche siguiente sería mejor, que la práctica lo convertiría en alguien muy capaz de defenderse y cazar por sí mismo.
Bastante animado luego del extenso baño, salió del mismo —que se encontraba incorporado en su habitación— para dirigirse a la cama y dormir unas cuantas horas, cuando algo llamó su atención. Se acercó a la mesita de luz que estaba a un costado de la cama, para contemplar como una copa, más pequeña que la que conocía, se encontraba como portadora de sangre, una que sabía muy bien a quién le pertenecía. La tomó entre sus manos y la bebió de un tirón. Definitivamente, la sangre de un vampiro no podía compararse con la de los animales. Supuso que Roy se había dado cuenta de que no se había saciado del todo, y decidió darle algo así como un premio. Algo que agradeció internamente ya que aún tenía bastante hambre.
Dejó la copa en la mesita, se acostó y se durmió con una sonrisa en los labios. Bien, había dado el primer paso. El primer paso para su libertad.
Espero que les haya gustado, nos vemos en el próximo capi.
Saludos!
