Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.
Por siempre Obsesión
Chapter 7: Desesperado
Habían pasado dos semanas del "incidente" con Roy, y éste todavía no aparecía por ningún lado. Estaba más que claro que estaba esquivándolo hábilmente para evitar otra confrontación, pero Edward aún tenía sus serias dudas y un montón de interrogantes atravesándole la mente. Durante ese período exprimió su cerebro como una naranja, pero por más vueltas que se empeñaba en darle al asunto, no obtenía respuesta algunas, sino más bien el doble de hipótesis y confusiones.
Cada vez que preguntaba por Roy a los vampiros que siempre andaban cerca de él recibía una negativa, una respuesta tajante, o una evasiva. Estaba harto, pero también bastante temeroso. No quería admitirlo, pero en las noches que se enteró que Mustang salía para atender algunos negocios en el mundo humano, una inmensa sensación de inseguridad lo invadía, oprimiéndole fuertemente el pecho. Estaba asustado de lo que pudiera pasarle. Temía que alguno de aquellos sujetos que no sentían aprecio alguno por él tomaran revancha o decidieran darle algún susto, a pesar de las claras advertencias y amenazas de Roy cuando lo convirtió. Intentaba convencerse en vano de que nadie atentaría contra el joven amante de Roy Mustang. No era que lo fuera, pero eso nadie lo sabía. ¿O si?
Es por esos motivos y la soledad cada vez más presente, que se acercaba a su nuevo grupo de amigos, ignorantes de todo el despliegue de sentimientos del joven rubio.
Edward prefería pasar sus ratos conversando amenamente con Ling, ya que le resultaba placentero disfrutar de una charla en la que tuvieran más de un tema en común. Sin embargo, cuando se acercaba el amanecer y estaba prácticamente seguro de que Roy ya se hallaba en la mansión, su búsqueda resultaba un total fracaso, ya que su maestro —como le decían algunos convertidos a sus creadores— se negaba a dejarse ver.
—No tienes ni idea por todo lo que tuve que pasar, ni todo lo que tuve que hacer para lograr estar contigo, y para salvarte. No hables de lo que no sabes.
Por más vueltas que le diera no podía encontrarle sentido a sus palabras. Le costó mucho ponerse en la piel de Roy, sin embargo, le resultaba imposible hacerse una idea de si el pelinegro había sufrido o no, ya que de haberlo hecho, decidió que su sufrimiento no sería nada comparado al de él cuando se enteró de que su pareja era un vampiro y luego su posterior transformación. También decidió que Roy había sido egoísta, pero no quería decirlo en voz alta, porque en el fondo no estaba del todo seguro y quería tener la oportunidad de volver a hablar con él.
Por otro lado, su tiempo se estaba extinguiendo. Sabía según los libros que había leído, que no faltaba mucho para que los síntomas de su poder sobrenatural se hiciesen notar. Ling también se lo había dicho. Transcurridos unos seis meses del nacimiento como un ser oscuro, es cuando el verdadero entrenamiento debe comenzar en los nuevos vampiros para lograr el dominio y autocontrol del poder oculto dentro de ellos.
En ese asunto, Edward estaba aterrado. No había presentado síntoma alguno, ni tampoco había entrenado lo mínimo como para ser capaz se sobrellevar ese poder si es que algún día se le aparecía. Con ese tiempo agotándose, y Roy aún sin dignarse a enfrentarse a él, tuvo que tomar una acción inmediata para lograr su atención. Escribió unos escasos y simples renglones en un trozo de papel y lo deslizó por debajo de la puerta de la habitación del pelinegro. No sabía si solía entrar en ella, pero era la única manera discreta de intentar localizarlo.
No tuvo noticias de Roy esa noche. Ni la siguiente. A la tercera, el joven Shuichi se acercó a él y a Ling para informarles que aunque no fuera del todo seguro, su poder radicaba en que podía curar personas y vampiros con solo tocarlas. Sería un duro entrenamiento, pero lo lograría y con su poder podría ayudar a quien lo necesitara. Luego, sintiéndose realizado, se fue corriendo ante el llamado de su creador. Ese anuncio terminó por romper algo dentro del rubio. Por primera vez desde que había decidido triunfar como vampiro, se sentía totalmente desdichado y solo. Su abatimiento no pasó desapercibido por Ling, quien lo acompañó a su habitación aconsejándole que descansara un poco.
En la soledad de su refugio, Edward se permitió soltar unas solitarias lágrimas, que pronto dieron paso a un suave sollozo. No recordaba cuándo había sido la última vez que había llorado, pero no le importaba, se sentía demasiado deprimido como para evitarlo. En el transcurso de los minutos, cuando el amanecer se acercaba, Edward se fue quedando dormido, y mientras perdía la conciencia notó como un extraño y confortable calor se apoderaba de su cuerpo.
Roy miró a su pequeño dormir. Se veía tan frágil e indefenso, que le costó un enorme esfuerzo el evitar abrazarlo y acurrucarse junto a él en la cama. Debía mantener la compostura. Sabía que si se dejaba llevar sería su perdición. El enojo que lo había acompañado durante todas esas semanas se esfumó por completo. Había olvidado el pequeño detalle que el tiempo para los humanos y para los vampiros era diferente. Mientras que para él estar lejos del rubio por dos semanas era bastante molesto y doloroso pero absolutamente soportable, no era así para el joven que en ese momento dormía plácidamente a su lado, ajeno a sus pensamientos.
Edward no era un humano, pero aún tenía todas sus características debido a su intempestiva transformación. Una oleada de culpa sacudió al mayor, sabiéndose responsable de la confusión constante sufrida por el joven durante ese tiempo en que se mantuvo alejado de él.
Maes, quien siempre vigilaba al rubio por si acaso, le pasó esa mañana un informe detallado del estado de ánimo del rubio. Roy de buena fuente se enteró que esos días la ansiedad lo había carcomido y la soledad en parte lo había asustado. La gota que rebalsó el vaso fue el enterarse que no estaba a la altura de las circunstancias a diferencia de otros creados al mismo tiempo que él y quizá nunca tendría ningún poder que lo distinguiera del resto. Parecía ser que ese hecho alarmaba de sobremanera al joven.
Las horas habían transcurrido lentamente para Roy, pero el anochecer ya se acercaba y vio complacido como Edward empezaba a removerse en su cama, estirándose y al fin despertando. Se acercó más a él.
—Buenas noches.
En otras circunstancias el sobresalto del rubio le habría parecido gracioso.
—R-Roy..hola.
—¿Cómo te encuentras? Recibí tu nota y vine en cuanto pude.
—¿De qué estás hablando? Llevo semanas buscándote —bufó el rubio—. Creí que te habías marchado o algo así.
—Claro que no, te dije que jamás me alejaría de ti. ¿Puedo saber por qué es que me buscabas?
El leve rubor que recorrió las mejillas de Edward a Roy se le antojó adorable. Tenía tantas ganas de abrazarlo. Ni que decir de besarlo.
—Yo…solo quería saber…
Era más que evidente que no sabía que responder ahora que se encontraba frente a Mustang, por lo que dijo lo primero que se le cruzó por la mente:
—Quería saber cuándo es que vas a entrenarme. Quiero decir, tu eres un hombre ocupado, pero me preguntaba si podías tener tiempo para enseñarme a defenderme, quizá así pueda tener algún poder útil para ayudarte, entonces…
Roy miraba divertido el incesable balbuceo de Edward. Sabía lo que le quería decir, y también lo que le asustaba —cortesía de Maes— y ver al pequeño que no tenía ni idea como darle a entender lo que quería, pudo más que él. Soltó una sonora carcajada, que hizo respingar al rubio frente a él.
—Cálmate Edward. Todo a su tiempo, no debes asustarte por eso.
—¡¿Y quién está asustado? Deja de decir tonterías Mustang, yo sólo…—paró en seco ante el enorme abrazo en el que se vio envuelto—. ¿Qué estás haciendo?
—¿Tú que crees? Te estoy abrazando.
El moreno se separó un poco para encararlo con mirada seria, pero con un deje de ternura adornando sus orbes negras como la noche.
—Ya relájate. Me encargaré de que aprendas todo lo que quieras. Y no debes preocuparte por nada más.
—¿Y qué hay de el poder ese que puede aparecer algún día?
—Eso tampoco debe preocuparte. No es algo estricto, no siempre pasa en el tiempo estipulado, y es normal que en ti no aparezca nada raro, ya que tú aún no has entrenado siquiera para ser un vampiro común y corriente. Tiempo al tiempo, Edward.
—¿Y si una vez que entrene tampoco me aparece?
—Entonces no aparecerá. O quizá sí, algún día. No importa que no tengas un poder, muchos no lo tienen y no pasa nada.
Edward suspiró aliviado. En la expresión serena de su rostro, Roy pudo apreciar que lo había convencido, y que ya no tenía nada que temer. Decidió cambiar de tema.
—¿Me extrañaste?
—¿Qué? Por supuesto que no.
—Yo se que sí.
—Y si crees que lo sabes, ¿Para qué preguntas?
—Quiero oírlo decir de tus labios.
—¡Ya te dije que no!
Edward intentó separarse, más por el hecho de llevarle la contraria que por otra cosa, aunque en el fondo intuía que Roy ya sabía de sobras como se había sentido todo ese tiempo. Y parecía ser que no estaba en sus planes soltarlo así porque sí.
Roy miró al rubio a los ojos para evitar que se escapara. Y como en un sueño bajo un dulce hechizo, Edward no pudo escapar de su agarre, ni mucho menos desvincular su mirada de la oscura que lo invitaba a acercarse más. Su cerebro pareció dejar de funcionar. Una nebulosa rodeó su cuerpo que se sentía extrañamente bien, y le resultó imposible evitar el inminente beso que recibió a continuación.
Unos minutos después, Roy salía de la habitación de Edward con una inocultable sonrisa en su rostro. Maes desconcertado, se acercó a él.
—¿Qué fue lo que hiciste ahora?
—Nada.
Y caminó rumbo a su habitación, contigua a la del rubio.
Obviamente, Maes no le creyó en lo más mínimo.
Mientras tanto, en la habitación de Edward, éste buscaba desesperadamente poder lograr asfixiarse con la almohada.
Espero que les haya gustado y me dejen sus comentarios, nos vemos en el siguiente capi.
Saludos!
