Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.
Por siempre Obsesión
Chapter 8: Al fin solo
¡Cómo lo detestaba! ¿Quién se creía que era ese imbécil? Que estuviera un poco —sí, solo un poco— preocupado por su ausencia en las semanas anteriores, no le daba el derecho de creerse que la situación volvía a ser como antes de ser convertido.
¡Claro que no! Aún le guardaba mucho rencor por la desgracia que le tocó vivir, y no tenía la mínima intención de retomar una relación que se dio por concluida aquella horrible noche en la que los atacaron. Y él lo sabía. Sin embargo parecía ignorar el hecho de que Edward estuviese tan enojado, y proseguía cada noche a perseguirlo con esa melosa voz que usaba en ciertas situaciones cuando aún eran una pareja. O esas miraditas provocativas otrora aduladoras y que ahora sólo lograban irritarlo. Roy tenía el firme propósito de continuar con lo que habían dejado, como si su transformación sólo fuese un simple asunto ya resuelto y eso lo ponía colérico de solo pensarlo.
Borrón y cuenta nueva. Si, como no, antes se encargaría de dejarle bien en claro que sus objetivos eran otros.
Habiendo pasado casi una semana de aquella desafortunada noche de vulnerabilidad —que nunca se volvería a permitir— Edward se prometió que no cedería de su posición y que nunca caería de nuevo en las tretas de Mustang.
Bendita biblioteca. Buscó como un poseso hasta que logró finalmente encontrar lo que le interesaba. La información le había resultado útil. Parecía ser que los vampiros no sólo podían seducir a los humanos para que caigan en sus redes, sino que también podían conquistar de esa manera a los de su misma especie, sobre todo aquellos con algo en común. Algo en común como la sangre. Edward había sido creado por Roy, lo que hacía que su vínculo sea más estrecho y a su vez más difícil de evadir cuando alguno se le diera por conquistar al otro. O reconquistar en el caso del moreno. Tenía las cartas a favor, ya que inevitablemente la atracción seguía presente en el rubio tal y como el día que lo había conocido. La conversión sólo logró que se intensificara cualquier tipo de emoción que entre ellos circulara, siendo Roy capaz de utilizar todos sus encantos para volver a atraerlo.
Si bien una pequeña parte de Edward lo disfrutaba y lo sentía halagador, otra ardía de furia de sólo pensar en estar con alguien tan egoísta que fuera capaz de convertirlo por sus propios caprichos.
Mientras se desataban fuertes luchas internas en la mente del rubio, también llegaban fragmentos de aquella ya algo lejana conversación en la que Roy parecía bastante herido por su reproche, y hasta algo culpable. Si bien no sabía lo que había pasado en el callejón donde se selló su destino, seguía sin querer saberlo. No quería encontrarse con algo que no pudiera soportar.
Escuchó como alguien ingresaba sigilosamente a la biblioteca. Las cazas nocturnas y su pequeño entrenamiento personal le permitió con los días adquirir más agudeza en el oído. Consultó su reloj: las tres de la mañana. No necesitó pensar mucho para averiguar de quién se trataba, una suave fragancia le llenó la nariz, y pocos segundos después, aparecía Mustang, con esa sonrisita tan característica de él, y tan molesta ahora para el rubio.
—¿Qué demonios quieres ahora? Estoy ocupado por si no te has dado cuenta.
—Lo sé, pero quería tener una pequeña conversación de ser posible. Me dijiste que comenzarías a entrenar, pero por lo que veo te has arrepentido.
—¡Eso fue hasta que me besaste! ¡Claro que me he arrepentido! ¿Quién demonios te crees que eres? No soy tu juguete, y no quiero volver a tener nada contigo. ¿Es tan complicado de entender?
—No de hecho, sin embargo me temo que es imposible. Mis intenciones nunca han cambiado.
—Otra vez con eso. Entonces, ¿debo suponer que esto es lo que en realidad deseabas desde un principio?
Sabía que había metido el dedo en la llaga. Pero no le importaba en absoluto, estaba furioso.
Roy endureció su mirada, su cuerpo en postura defensiva, sus hombros rectos y la mandíbula apretada.
—Te dije que no habláramos de eso —siseó tajante.
—¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo? Por una vez me gustaría que me respondieras.
—No se puede tener respuesta a todo, Edward —cortó abruptamente y se giró sobre sus talones, dispuesto a desaparecer por donde había entrado.
—¡Espera! —Edward se levantó y alcanzó a Mustang en la puerta de salida de la biblioteca. Sí que era rápido—. Te había dicho que quería entrenar.
Roy volteó a mirarlo cuando oyó su nombre, su mirada cuando se posó sobre el rubio seguía siendo bastante dura, pero su tensión había disminuido levemente.
—¿Entonces?
—Pero no lo voy a hacer.
—¿Por qué?
—Porque quiero respuestas.
Roy suspiró irritado y las facciones de su rostro volvieron a tensarse.
—Hasta que no hablemos de esa noche, no pienso entrenar —continuó el joven, ya más seguro de haber captado su total atención—. Me gustaría realmente saber lo que pasó, pero eso no significa que todo volverá a ser como antes, independientemente de la historia que haya detrás. —dijo a pesar de estar aterrado.
No quería saberlo en realidad, pero no le quedaba mas remedio. No quería que el moreno se siguiera inmiscuyendo en su vida de esa manera tan molesta y asfixiante.
Roy volvió a suspirar. Si seguía así, en cualquier momento batiría record. Se preguntó cómo alguien tan viejo como él estaba interesado en alguien desde el vamos mucho menor, inmaduro, terco y caprichoso.
—Entonces, lamentablemente, no entrenarás —replicó cansinamente—. No tengo intenciones de hablar de aquella noche. Aunque no lo creas, mis sentimientos hacia ti siguen siendo legítimos, y aún me duele lo que pasó. Me gustaría que me lo preguntaras, y te lo contaría sin ninguna duda, cuando hayas superado el desmedido rencor que posees por todo y por todos.
—¡Rencor que tú ocasionaste! —acusó Edward indignado, con cada palabra que salía de la boca del moreno su enojo se iba multiplicando—. ¡Olvídalo! No entrenaré, y no me importa, haz lo que quieras, pero ya no te me acerques. Lamento que tus planes se vean truncados en este punto, pero te lo quiero dejar bien claro desde ahora: no tengo ningún interés romántico en ti. No quiero saber nada de ti, mi cariño ha disminuido considerablemente, la leve estima que te tengo se debe al vínculo sobrenatural que ahora compartimos, pero nada más.
—No es sólo eso —aclaró Mustang—. Hay muchas cosas que aún tienes que saber de nosotros, es muy pronto para que comprendas todo.
—Sea lo que sea, se terminó. Quiero hacer lo que se me plazca con mi vida, y tu deberías hacer lo mismo con la tuya.
—Yo no me rindo tan fácilmente, y lo sabes.
—Sí, pero no me importa. Lo nuestro se acabó. Te dije que hagas lo que quieras, pero de mí no esperes nada.
Se volvió hacia la mesa para seguir leyendo, o por lo menos fingir que leía mientras trataba de controlar su respiración y enterrar en lo más profundo de su ser ese agudo dolor que se le había instalado en el pecho momentos antes. Escuchó el clic de la puerta al ser cerrada, dejó el libro sobre la mesa y suspiró haciendo un enorme esfuerzo por no echarse a llorar. Se sentía miserable.
Tal y como había pedido, Mustang lo dejó en paz. Ya había pasado, ¿un mes? Y sólo se lo había cruzado en un par de ocasiones, sin intercambio de palabras, sólo ignorándose, a pesar de que la habitación contigua a la suya seguía siendo de Roy. Había momentos en que se preguntaba si las palabras se las llevaba el viento, y que sucedía con aquellas frases tiernas pronunciadas tiempo atrás, como la promesa de estar siempre a su lado. No se estaba quejando, pero a veces lo invadía una sensación de vacío y soledad inconmensurables, a tal punto que hasta se deprimía o se ponía de mal humor. Por suerte la sensación de inseguridad había desaparecido. No creía que alguien fuera a hacerle daño, por más que no le cayera bien, estaba seguro de que Roy mantenía la promesa de tomar represalias en caso de que sucediera algo como eso, además aunque se hubiese arrepentido de esa decisión, dudaba mucho que lo hubiese transformado sólo para después deshacerse de él, le parecía totalmente ridículo.
Sin embargo, una noche lo extrañó demasiado. Mientras abrazaba su almohada, aún recordaba los gritos de terror que había oído durante el día, cuando torturaron y asesinaron a un joven que había intentado acabar con su creador. Que irónico, hace unas cuantas semanas atrás a Edward le habían entrado las mismas ganas asesinas contra Mustang. Qué bueno que había desistido, porque el miedo que le dio ver los latigazos, golpes y menosprecios al pobre chico que había osado acabar con su maestro lo había calado muy profundo. Hasta se había puesto a llorar silenciosamente mientras veía el triste final del joven, cuando se abrió el techo de la sala para dejar entrar la luz del sol, que atravesó al muchacho reduciéndolo a cenizas, en un eterno y doloroso momento.
Su creador estaba enojado, pero también se podía ver un profundo sufrimiento detrás de sus transparentes ojos. Cómo si lo hubieran desgarrado. Se preguntó si a él le hubiese pasado lo mismo cómo sería la reacción de Roy, si se sentiría así de mal al verlo envuelto en llamas. Por suerte él era mucho más sensato, y no tenía naturaleza violenta o asesina.
Pero ese día aprendió que los vampiros a pesar de ser sádicos, tenían de antaño un fuerte sentido del honor y de la traición. No estaba bien visto el acometer contra un compañero, pero siempre era todo permisible si las acciones estaban justificadas. Pero cuando el intento de asesinato era contra el creador, —se lo merezca o no— era como atentar contra el simple hecho de existir; una ley tácita que existía desde que los vampiros aparecieron en el mundo, la peor de las ofensas y traiciones de ser quebrada.
Los gritos desgarradores de ese joven aún taladraban en la cabeza de Edward cuando se acostó a dormir después de ese terrible acto. Pero lo que no sabía era que pronto volvería a sentirse tan herido como cuando había despertado en ese oscuro mundo.
Espero que les haya gustado este nuevo capi, los reviews son siempre bienvenidos, muchas gracias por los comentarios.
Saludos.
