Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.


Por siempre Obsesión

Chapter 10: Ataque

La hermosa mujer de cabellos negros gemía sonoramente bajo las caricias de Mustang. Sus labios de color rojo oscuro pronunciaban el nombre del moreno constantemente, mientras su esbelto cuerpo se movía al compás de las embestidas que recibía. Con un último grito acabó y luego un suspiro satisfecho escapó de sus pulmones. A su lado, el hombre de ojos oscuros como la noche respiraba algo agitado, con el semblante serio, y su vista fija en el techo. La mujer sabía que estaba pensando en alguien más. Siempre lo hacía. Las descargas que ella recibía en su cuerpo, eran producto de ansiedad, frustración y ramalazos de culpa acumulada en el moreno, ocasionadas seguramente de manera inconsciente por aquella persona que era el motivo de su existencia. De todas formas, no se sentía para nada mal. El sujeto era muy bueno en la cama, es algo que extrañaría. Pero sólo un poco. Matarlo no le costaría en lo más mínimo, es más, lo esperaba con ansias, quería tenerlo pura y exclusivamente a su disposición para ver como el brillo de sus ojos desaparecía bajo sus uñas.

—¿Estás bien, Solaris?

—¿Por qué lo dices?

—Te noto un poco ausente.

—Mira quién habla de ausentismo. Sólo estaba pensando. —sonrió satisfecha al ver el fugaz semblante de culpa del hombre.

—Sí, yo también.

Con pereza, Mustang se estiró para luego incorporarse y dirigirse al baño. Ese día le esperaba entrenamiento con el rubio. Se sentía ansioso, lo extrañaba mucho durante el día.

Solaris lo observó marcharse, con una sonrisa muy diferente adornando su rostro. Unos golpecitos en la puerta, y otra mujer de cabellos castaños ingresó en la habitación.

—¿Estás lista, Solaris?

—Sabes que sí.

—Entonces, me complace anunciarte que esta noche es el momento adecuado.

—No sabes cuánto me alegra oírlo.

—Lo sé.


Edward aún no salía de su estado de shock cuando entró en su habitación. Se negaba a creer en lo que había visto, pero si algo estaba claro, era que no podía engañarse: sus ojos no mentían. Aún demasiado aturdido como para procesar tal información, tomó un pequeño cuaderno de apuntes que tenía guardado en un cajón, y garrapateó unas simples líneas. Si de algo estaba seguro era que no quería saber nada de Mustang, mucho menos hablarle o sentir su presencia. Salió de su cuarto y deslizó el pequeño papel por debajo de la puerta de la habitación del bastardo —si, ya volvía a ser el bastardo— y se encaminó al altillo para refugiarse con Marcoh.

El lugar estaba tal y como lo había dejado hacía unos momentos, y su nuevo maestro se encontraba en un sofá desvencijado leyendo un pequeño libro a la luz de una vela.

—No creo que el tiempo haya pasado tan rápido, pequeño. ¿Qué te trae por aquí?

Como si se tratase de una película, las escenas transcurridas a lo largo del día, tan rápidas y tan lentas a la vez, desfilaron por la mente de Edward, que le ocasionaron un mareo que lo hizo sentarse en el sofá frente a Marcoh. Y como si todo hubiese encajado, Edward rompió a llorar.

Marcoh se levantó para sentarse a su lado y abrazarlo con fuerza. Desde que había entrado, sabía que algo no andaba bien con el pequeño. No necesitaba ser adivino para saber que todo estaba relacionado con una persona en particular.

Lo dejó desahogarse todo lo que quiso, y suavemente le pidió que le relatara lo sucedido, para luego en su fuera interno arrepentirse. ¿Cómo le explicaba al joven —aún con conciencia humana— que lo que había visto era algo absolutamente normal? Y lo peor era ¿Cómo explicárselo sin que el rubio se enojara con él también?

Suspiró sonoramente y sacó un pañuelo de su bolsillo para secar las lágrimas del deprimido joven que aún sollozaba en silencio a su lado.

—Shhh, ya pasó. Déjame contarte una historia.

Y así fue como en el transcurso de las horas Marcoh le fue contando al pequeño todas las leyendas y rumores que involucraban a los vampiros; algunas ciertas, otras disparatadas, pero con el único fin de entretener y despejar la mente atormentada del rubio, que poco a poco iba cediendo y ahora mostraba de vez en cuando una diminuta sonrisa en su triste rostro.

—También hay un rumor que dice que los vampiros se pueden convertir en humanos.

Edward abrió los ojos con sorpresa.

—¿Mediante el uso de alquimia? —preguntó asombrado. Cuando era humano, Edward tenía la costumbre de estudiar todo lo relacionado a la materia, hasta iba a tomar un examen para medir su nivel de conocimiento en el tema…pero luego conoció a Roy…y mejor no recordar esos tiempos.

—No, no tiene nada que ver con eso. Tiene que ver con algo mucho más sencillo. —Marcoh se acercó a la ventana e hizo un gesto con su mano— Tiene que ver más bien con esto.

El rubio miró sin entender hacia afuera. Hasta que comprendió lo que el mayor le señalaba: el sol. La fuente de toda energía. Capaz de destruir a un vampiro. ¿Quién dice que no es capaz de devolverle la vida? Una hipótesis que luego dio paso a una teoría se iba formando en su cabeza.

—¿Ha funcionado?

—Quién sabe. Muchos han muerto en el intento, por eso es considerado un tema tabú para los vampiros. Al principio creían que se trataba de suicidios en masa, pero luego de que colocaran a cubierto a algunos sobrevivientes, descubrieron ese rumor. También se dice que hay un científico vampiro llamado Knox que investiga este asunto.

—¿En dónde vive? —preguntó Edward con ilusión. Sus ojos brillaban, pero por un motivo muy lejano a la tristeza que lo aquejaba horas atrás.

—No te hagas ilusiones de que esto sea real, Edward. No creo que a Mustang le guste escuchar esto.

—¿Y a quién mierda le importa ese bastardo? Si fuera tan fuerte como tú, lo haría pedazos.

—Escúchame bien, Edward: sé que Mustang no es de los mejores vampiros que conozco, pero en el fondo es bueno y noble. Podrá ser aristócrata y conservador, pero su corazón es sincero, a pesar de que no lo aparenta. Si dice que está interesado en ti, debe ser cierto.

—¡¿Cómo puedes decir eso de él? ¡¿Acaso lo conoces? —vociferó el rubio. No cabía en sí de su furia.

—No me he cruzado mucho con él por estar aquí encerrado. Pero cuando lo hice en su momento, descubrí que tan noble puede ser. Él es terco, ambicioso, y sí, puede resultarte pesado. Pero es bueno, créeme. Lo que tú no sabes es porque no tienes experiencia como vampiro, cuando pasen los años te darás cuenta de que lo que viste durante el día es absolutamente normal.

—¿Qué se supone que significa eso? —Su enojo ahora era mitigado por la curiosidad.

—Ya sabes que los vampiros son sádicos y pasionales por naturaleza. Tener sexo es sólo una necesidad fisiológica, no hay nada de amor en ese acto. Los vampiros consideran más importante el gesto de un abrazo o de un beso. Muchas de sus frustraciones se expresan en el sexo, pero su cariño y amor pasa por otras demostraciones.

Edward se quedó en silencio procesando las palabras del profesor. Tenía sentido, Roy lo había besado una sola vez desde que había sido transformado, y aún recordaba la sensación de ese momento; pero aún se sentía demasiado vulnerable y herido para aceptarlo. No lo perdonaría fácilmente si Mustang se dignara a brindarle alguna explicación al respecto. Pero ya se sentía un poco mejor, hablar con Marcoh era muy confortante.

Se había quedado tan sumergido en sus pensamientos, que no notó el nerviosismo que se apoderó de su compañero. Despertó de su letargo cuando escuchó que paseaba intranquilo por toda la habitación.


—Maes, ¿Has visto a Edward?

—Sí, lo vi caminando por los pasillos hoy más temprano, seguramente ahora debe estar investigando la mansión. Se le está haciendo costumbre últimamente. —despegó la vista del grueso volumen que leía para observar a un preocupado moreno. —¿Te sientes bien? ¿Acaso te has vuelto a pelear con él?

—No —contestó ansioso, omitiendo la primer pregunta. —Sólo me pregunto dónde está. Llevo horas buscándolo sin resultado alguno, lo que me parece raro. Esta noche me dejó una nota diciendo que no quería entrenar, que necesitaba tiempo para estar solo. Me dejó bastante sorprendido y confundido.

—Quizá Marcoh tenga algo que ver.

—¿Marcoh? ¿Se aloja en este lugar?

—Sí, desde hace mucho tiempo. El otro día vi a Edward explorar el altillo. Creo que ahí es donde se oculta, porque no lo vi salir hasta que anocheció.

—¿Crees que prefiera pasar su tiempo con él? —su tono había sonado un poco angustiado.

—Probablemente, pero ya se le pasará. Conoces al pequeño, sabes que es muy curioso. También parece que perdió el hábito de dormir de día, ya que precisamente su reunión con Marcoh se llevó a cabo cuando el sol estaba en lo alto.

—¿En serio? Dudo que pierda el tiempo, de seguro aprovechará para leer más libros. ¿Sabes que parte de la mansión recorrió hoy aparte de visitar a Marcoh?

—Los subsuelos. —al no escuchar respuesta, levantó nuevamente la mirada del tomo que leía, para contemplar a un Roy más pálido que la camisa que llevaba puesta. —¿Estás bien?

—¿Qué parte de los subsuelos? —Roy temblaba imperceptiblemente, cosa que extrañó más a su amigo. Intentando recordar, y cuando obtuvo en su mente la respuesta, sonrió alzando una ceja.

—¿Qué? ¿Acaso estabas nuevamente con Solaris?

El mutismo de Roy barrió con toda broma y duda que había al respecto: si Edward había estado paseando por los subsuelos, eso quería decir que lo más probable es que los haya visto. Y desde entonces no había aparecido, dejándole sólo una pequeña nota al moreno. Maes se preguntó si no sería hora de tener una charla con el joven para aclarar algunas cosas.

Pero su charla sería para después. En esos momentos escuchó una fuerte explosión en el ala oeste de la mansión, seguida por gritos lejanos, y pánico amenazante entre todos los que estaban a su alrededor.

—¿Qué está pasando? —preguntó Maes confundido.

—Deben ser algunos carroñeros un poco más listos de lo habitual. Da el aviso y asegura el resto de la mansión.

Maes asintió y con una última mirada de entendimiento, partió rumbo a dar la voz de alarma.


—¿Qué demonios fue eso?

—Espera, déjame concentrarme.

Ansioso, Edward se acercó a Marcoh para observarlo cerrar los ojos y concentrarse.

Tras unos minutos que al rubio le parecieron eternos, con un sobresalto Marcoh se giró para encararlo.

—Son carroñeros, pero de los peores.

La voz trémula y presurosa del profesor asustó al joven.

—¿Qué significa?

—Que los homúnculos están aquí, en la mansión. Seguramente lograron entrar por algún infiltrado en sus filas, son muy hábiles al respecto.

—¿Qué vamos a hacer? —preguntó Edward espantado.

—Escucha bien, Edward: Aún quedan un par de horas para que amanezca. Esta mansión es fuerte, pero no soportará este tipo de ataques. Los homúnculos saben manejarse, lo mejor es que huyas de aquí, ya no es seguro.

—¿Qué va a pasar con todos los demás?

—Esos seres buscan la muerte y el causar dolor a todo lo que tocan. Atacarán a los más débiles. Como tú. Evitarán el enfrentamiento directo con los más poderosos como Mustang, quienes intentarán detenerlos y liquidarlos. Habrá muchas bajas, ellos son siete, y en esta mansión hay pocos vampiros fuertes.

—¿Qué hay del concejo?

—Ellos hoy justo no están aquí. Por eso pienso que hay un infiltrado. Es hora de que te marches, lo más rápido que puedas, y no mires atrás.

Una explosión se escuchó mucho más cerca que antes. Edward corrió hacia la puerta para huir, pero una mano lo retuvo.

—Es en el este. Busca en las afueras, pregunta por el doctor Knox, él se lleva bien con los humanos.

Edward asintió y salió disparado de la habitación.


—Solaris, ¿Te encuentras bien?

La mujer con vestido negro ajustado asintió lentamente. Estaba llena de sangre, pero Roy no podía verle las heridas, aún estaba preocupado por Edward, quería encontrarlo cuanto antes y llevarlo a un lugar seguro.

Un dolor agudo se le instaló en el pecho, pero su habilidad de antaño le permitió alejarse de la siguiente estocada que iba directo a su cráneo.

—¡¿Qué demonios crees que haces Solaris?

La mujer que hasta ese momento estaba en sus brazos, se había incorporado y lo miraba cínicamente. Su enorme escote le permitió ver a Roy un tatuaje de una serpiente. Seguramente antes oculto con alquimia. Entonces comprendió. Y la comprensión se debió reflejar en su rostro, porque la terrible mujer amplió más su sonrisa.

—Soy Lust, Roycito. ¿Qué te pasa, cariño? ¿Tu gatito rubio se perdió? No te preocupes, mi hermano Envy lo encontrará y jugará con él.

El horror de Roy se multiplicó. Tenía que encontrar a Edward lo antes posible. Mientras pensaba frenéticamente en dónde hallarlo, las uñas de la hermosa mujer se transformaron en largas agujas, garras asesinas, dispuestas a atravesarlo todo.

Y Roy se preparó para el combate. Incineraría a esa mujer a como diera lugar, hasta dejarla reducida a polvo, y luego acabaría con todos sus demás despreciables hermanos.


Edward corría desesperado por los pasillos, encontró la habitación de Ling y la aporreó gritando su nombre.

Segundos más tarde, un asustado joven abría la puerta. Se trataba de Shuichi, lucía totalmente fuera de sí.

Sin darle tiempo a preguntar, entró a la habitación.

—¿Dónde están todos?

Inmediatamente aparecieron Russell y Ling desde el otro extremo, con diversas armas en sus manos. Edward negó vehementemente con la cabeza y los reunió para hablarles.

—Tienen que irse, ninguno de nosotros es rival para ellos. Tomen esto, es un pequeño mapa de un pasadizo que los guiará fuera, donde podrán correr hasta ubicar la otra mansión para avisarle al concejo. Shuichi tomó el mapa y junto a los demás partió rumbo hacia la puerta, sin cuestionamiento alguno. Una nueva, fuerte y más cercana explosión, hizo temblar el lugar. Les llegaba un lejano olor a quemado.

—Debe de ser Mustang haciendo gala de su poder. —dijo Ling con total seguridad, Edward se paró en seco al escucharlo.

—Eso quiere decir que es cerca ¿no?

—Si, al final del pasillo lo encontrarás. ¿Estás seguro?

Por supuesto que no, pero no tenía ganas de irse sin verlo, quería saber si se trataba de él, y sobre todo si estaba bien. Antes de que Ling se diera vuelta para marcharse, lo tomó del brazo y le susurró al oído.

—Pase lo que pase, yo me iré al este a por el doctor Knox. De esa manera me encontrarás. De lo contrario pregúntale sobre mí al profesor Marcoh, que ha estado viviendo en el altillo. Buena suerte, Ling.

El susodicho con una última media sonrisa se marchó por el camino opuesto. Edward suspiró y fue en busca de Roy por el pasillo que le indicaron.

No le costó mucho encontrarlo, atravesó en el proceso un vestíbulo destrozado, para ingresar en una sala circular también destruida y chamuscada, donde los protagonistas estaban batiéndose a duelo.

Definitivamente era Roy, herido y lleno de sangre, pero vivo si es así como se decía. La otra no parecía estar mucho mejor. Edward notó con asombro que se trataba de la misma mujer que había visto horas antes. La infiltrada, sin lugar a dudas. Aprovechando su belleza y atributos, ese monstruo atacó por la parte más débil de todos los hombres. El odio que sentía en ese momento le recorrió toda la columna vertebral.

Ahora las palabras de Marcoh cobraban sentido. Parte del techo se derrumbaba, y el rubio hizo grandes esfuerzos para ponerse a cubierto, ya que se hallaba hipnotizado viendo la batalla.

Roy parecía exhausto, pero sacó provecho de todos los errores de su oponente, cuyas garras eran su única arma, y su piel ahora se regeneraba con más lentitud que antes. Extrañamente, el ser denominado homúnculo empezó a frotarse la cabeza, como si un dolor insoportable estuviera taladrando en su interior. Un grito agudo se escuchó cuando una de sus afiladas uñas fue quebrada, pero nada en comparación con las desgarradoras exclamaciones y sonidos ininteligibles que le siguieron debido al potente ataque de Mustang. La mujer literalmente ardía en llamas.

Y tal como Roy se lo había propuesto, la dejó reducida a cenizas.

Temblando, Edward corrió al lado del moreno para socorrerlo, ya que parecía al borde de la inconsciencia, sin embargo, a mitad del trayecto trastabilló y se fue de cara al suelo. Cuando quiso levantarse, un escombro cayó en su brazo derecho, haciéndolo gritar del dolor.

Roy pareció despertar, y se acercó velozmente a él.

—¿Qué estás haciendo en un lugar como éste? ¡Tendrías que haber escapado!

—L-lo sé. Perdón, sólo quería ayudar.

Una pequeña sonrisa se asomó por los labios de Mustang, para quedarse congelada cuando levantó la vista al escuchar un ruido cercano.

Edward salió propulsado como si una mano invisible lo hubiese empujado con fuerza, y cayó de espaldas contra la pared. Vio como del otro lado el moreno era cubierto por una gran cantidad de escombros que caían sobre él.

—N-no…¡Roy! —susurró sin aliento. No tenía fuerzas para moverse.

Una mano agarró los cabellos rubios de Edward y los jaló hacia arriba para quedar a la altura de unos ojos violetas.

—Vaya, vaya. ¿Pero qué es lo que me encontré? Parece ser la mascotita de Mustang.

Antes de caer en la inconsciencia, el joven sólo pudo ver unos largos cabellos de color verde.


¡Al fin nuevo capi! Perdón por la demora, tuve algunos problemas de tiempo este fin de semana, por lo que se me hizo imposible subir el capítulo antes. Espero que les haya gustado. Muchas gracias a todos los que me dejan reviews, me ponen muy contenta. Nos vemos en la próxima.

Saludos!