Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.


Por siempre Obsesión

Chapter 11: Resolución

Edward despertó en un lugar totalmente desconocido. Le dolía la cabeza, y se encontraba encadenado a firmes grilletes sostenidos en la pared de la húmeda y antigua celda en la que se hallaba. Era bastante estrecha, mohosa y lúgubre. Una pequeña ventana en lo alto denotaba que era de noche. Sus sentidos le indicaron que se encontraba en una casa grande y muy vieja, quizá de algún antepasado de los dueños. Intentó moverse, pero su cuerpo estaba entumecido. Se sentía cansado y hambriento y no tenía ni la más remota idea de que día era y cuánto tiempo llevaba ahí encerrado. Escuchó unos pasos y fingió dormir, poniendo su mente en blanco. Esperó pacientemente hasta que su instinto le indicó que se volvía a encontrar solo. La presencia había durado unos pocos minutos, demostrando ser un enemigo.

Se retorció y buscó con la mirada la manera de poder escapar, pero no demoró en darse cuenta de que eso era imposible. No podía seguir fingiendo. Tarde o temprano lo despertarían, por las buenas o por las malas, y sabía perfectamente que si se encontraba en un lugar como ése, su secuestrador sería de todo menos simpático.


—¿Se ha sabido algo?

—Aún no. Relájate, ya lo encontraremos.

—¿Qué me relaje? ¡¿Te has vuelto loco, Maes? ¡Por mi culpa se lo llevaron, era mi deber protegerlo! ¡Ahora está en manos de ese grupo de psicópatas!

—Uno de los miembros del concejo viene en camino a brindarte una mano. —inquirió agotado. Sabía que tendría que soportar la furia de Roy hasta que encontraran sano y salvo al rubio— Si no te calmas, no podremos hallarlo; la paciencia es una virtud.

—¿Me estás pidiendo paciencia? Dime Maes, si fuera tu mujer, ¿tú tendrías paciencia?

El castaño suspiró. Claro que no. Pero lo que Roy no entendía era que con su mente fría y tranquila sería más fácil proseguir con la búsqueda.

—No, pero haría lo que fuera para encontrarla. Sabes que cuentas conmigo, pronto estará a salvo, te lo aseguro.

Roy Mustang sólo asintió en silencio. Se sentía muy culpable por no haber podido proteger a su pequeño rubio. No quería fallarle de nuevo, si lo perdía, sería el fin de su existencia. No quería ni pensar en eso, su vida inmortal no tendría sentido si perdía su razón de serlo. Al único ser que amaba en ese mundo era Edward, lo hallaría a como diera lugar.

Se escucharon pasos provenientes del pasillo, un grupo de hombres con semblante serio se acercaban a ellos. El concejo había llegado.


Un baldazo de agua helada lo atravesó como agujas asesinas. Edward se despertó sobresaltado, dolorido y tiritando de frío. Una risa espantosamente cruel resonó en la celda.

—¿Ya estás despierto, pequeño?

Esa voz tenebrosa le dio escalofríos. Levantó su vista hacia su atacante.

Un sujeto de edad indefinida lo miraba con una sonrisa pérfida en su rostro. Era flacucho, con un atuendo muy singular y un pelo largo y verdoso. Sus ojos cínicos de un anormal color violeta brillaban destilando veneno y bastante locura. Sus enormes colmillos blancos refulgían a la luz de la luna que se colaba por la pequeña ventana de la celda.

Edward contuvo un gemido, pero no el temblor de su cuerpo al sentir esa horrible y asfixiante presencia sobre sí. El feroz sujeto amplió más su sonrisa al percibir el miedo en el más joven, mientras pensaba en lo mucho que se iban a divertir en el transcurso de las horas. Recién caía la noche, era el comienzo de la tortura del pequeño.


—¿Dónde está?

—Lejos, probablemente en las afueras de Central, quizá en una de sus tantas guaridas. Cuando esté más cerca podré sentirlo mejor. Aún es muy indefinido.

—No podemos perder tiempo, partamos ahora, es imprescindible que lo encontremos antes del amanecer.

—¿Estás seguro, Mustang?

—No voy a dejar a Edward en manos de ese lunático.

Unos pasos más lejanos, Ling observaba el debate entre Hakuro, uno de los miembros más poderosos del concejo, y Roy Mustang, cuyo semblante demostraba toda la pesadilla que estaba viviendo.

Shuichi se acercó junto con Russell para observar la misma escena.

—¿Y bien? ¿Saben dónde está?

—Aún no, según ese anciano está lejos, secuestrado por uno de los homúnculos sobrevivientes a la masacre de dos noches atrás.

—¿Cuántos quedan? —preguntó ansioso el rubio. No se animaba a imaginarse el destino de Edward.

—Sólo tres. Envy, Gluttony y Pride. Los demás fueron asesinados en la invasión.

Todos temían el desenlace, sin embargo, Shuichi habló con la voz mas calma que pudo reunir.

—Eso significa que secuestraron a Edward como venganza, planean hacerlo sufrir por la muerte de sus hermanos. ¿Cómo saben si Edward a estas alturas está vivo?

—Roy lo sabría —repuso Ling tranquilo— Su conexión con Edward le permite saber si el rubio se encuentra o no en este mundo, así como si está sufriendo. Deben querer mantenerlo con vida, quizá hayan elaborado algún macabro plan para asesinarlo cuando vaya a por él.

—Eso le deja poco tiempo. Ahora veo por qué se ve así.

Los tres giraron para mirar críticamente al demacrado moreno repartiendo instrucciones a los que participarían en la búsqueda.

De pronto, una mueca deformó el rostro pálido de Mustang. Sus rodillas temblaron, y se aferró a la mesa para mantenerse en pie. Sus ojos estaban desorbitados por el terror, y una solitaria lágrima rodó por su mejilla.

—Ya empezó —susurró Ling aterrado.

Los otros dos miraban petrificados el sufrimiento que recorría al moreno, incapaces de siquiera respirar, rezando internamente para que Edward fuera fuerte y aguantara.

—Lo encontraremos, Roy.

Maes lo sostenía con patente angustia en sus ojos. Mustang sudaba frío y se retorcía como una serpiente, su respiración era errática y su rostro estaba transfigurado de dolor.

Pronto todo acabó, y un veloz moreno se incorporó para alistarse y abandonar la mansión.

—¡Nos vamos ya mismo!

Maes deseaba en su fuero interno que no volvieran a torturar al rubio hasta que ellos llegaran, y rogaba que no fuera demasiado tarde.


Edward respiraba con dificultad, estaba empapado en sudor, y le dolían todas sus articulaciones. Sentía punzadas de dolor en diferentes partes del cuerpo, así como el entumecimiento de sus extremidades por encontrarse encadenado.

La paliza que había recibido lo dejó extenuado. Vio retirarse al homúnculo mientras poco a poco caía en la inconsciencia.

No mucho después, sintió un nuevo baldazo de agua helada, lo que ocasionó que despertara de su letargo. Su cuerpo aún dolía, pero no tanto como antes. Una paliza de tal magnitud, habría matado a un humano. Pero él era un vampiro, y su regeneración era maravillosa. Pero estaba hambriento y no tenía entrenamiento alguno, hechos que quedarían expuestos de un momento a otro ante ese despreciable ser que parecía fascinado con torturarlo.

—¿Qué pasa pequeño, ya se te fue el ímpetu de lucha?

—Claro que no, maldita palmera. Sólo me preguntaba dónde estaban tus hermanitos. Oh, perdón. Seguramente nunca regresaron a casa, lo que te deja dos opciones: te abandonaron o fueron aniquilados en la mansión. Yo en lo personal me inclinaría por la segunda opción, pero nunca se sabe.

El efecto fue el deseado. El homúnculo ardía en furia, sus ojos se veían como los de un animal salvaje, y su brazo derecho se transformó en un látigo.

La nueva retahíla de golpes había llegado.

La casa se encontraba en estado derruido, a simple vista abandonada. Con un inmenso jardín sin mantener, en el medio de un bosque, alejada de toda sociedad, nadie podría imaginarse que en ese lugar se estaba llevando a cabo un acto de tortura, cuyos seres sobrenaturales que se encontraban en el interior, poseían dotes inconcebibles para cualquier humano.

Justo cuando Edward estaba por saludar a la dulce inconsciencia, los latigazos cesaron. Su cuerpo empezó a regenerarse, pero muy lentamente. Un nuevo baldazo, y una risa siniestra.

—¿Se te acabaron los insultos pequeño?

—Nada de lo que me hagas me importa, monstruo.

—Monstruo, ¿yo? No, no, no ¿Acaso no te enseñaron a ser mas cortés, Ed? —preguntó con fingida inocencia.

Envy volvió su brazo a la normalidad, y con un puchero como si se tratase un niño, se acercó a él.

—Veo que aún no has aprendido nada. No te preocupes, te voy a dar una clase gratis.

Su cercanía produjo arcadas en Edward, que hacía un enorme esfuerzo por alejarse del homúnculo.

Envy sonreía divertido, y se acercó más a él, tomándolo de los cabellos para levantarlo a su altura, todo lo que le permitían las cadenas. Disfrutó graciosamente el alarido de dolor que emitió el rubio al sentir sus cabellos jalados, y lo miró fijamente.

"Es hora de divertirnos, ¿no te parece?"

Edward abrió los ojos con horror. La frase desfiló por su mente sin ser pronunciada por el de ojos violáceos.

Ahogó un grito sorprendido cuando sintió una desagradable intrusión en su cerebro, viendo como ese monstruo accedía fácil y libremente por todos los rincones de su mente, sus pensamientos, sus deseos. En unos pocos minutos sabría todo de él. Si pensó que era imposible que le hiciera daño alguno, estaba muy equivocado.

Cuando terminó, Envy lo soltó bruscamente y se carcajeó alegre al ver a Edward caer con un golpe seco, arrancándole quejidos de dolor.

—Parece ser que aprecias mucho a Mustang, pequeño. Pero no te preocupes, ya me encargaré de él cuando acabe contigo. ¿Sabes? Hay otro tema que me parece muy divertido explorar.

Edward quería huir de ese lugar, bien lejos. Pero sabía que le era imposible, aunque fuera soltado de sus cadenas. Su cuerpo no le respondía por el cansancio, y se sentía cada vez más débil. Nuevamente dejaron caer sobre él un balde de agua helada, para despabilarlo. Sabía que era su fin, que Envy lo iba a torturar hasta la muerte. Pero era aún peor saber que esa tortura le iba a importar mucho, opuesto a lo que antes pensaba. Ahora el monstruo conocía todo sobre él, sus secretos, miedos e inseguridades. No tardaría en aprovecharse de todo aquello y acabar con su cordura.


—Roy, ¿estás bien? —preguntó un preocupado Maes, al ver el terrible aspecto de su amigo, que minuto a minuto empeoraba.

—No nos queda mucho tiempo, debemos seguir.

El castaño asintió y tomó el brazo de su compañero para ayudarlo. No faltaba mucho según Hakuro, pero notaba cómo Roy se iba debilitando, lo que significaba que Edward debía estar cada vez peor.


—¡¿Q-qué estás haciendo? ¡Maldito monstruo, déjame en paz!

—Shhh relájate Ed, sólo estoy dándote todo el cariño que tu desalmado novio no te dio.

—¡El desalmado eres tú, maldita basura! ¡Te dije que me dejes en paz! ¡Suéltame!

Un fuerte golpe en su cabeza lo hizo marear mas no le importó y no paró de gritar y retorcerse al sentir las asquerosas manos del homúnculo recorriendo su cuerpo. Sus fríos dedos serpenteaban por su abdomen, desabrochando su chaqueta y quitándosela hábilmente. Pronto sus pantalones corrieron el mismo destino, sin que Edward pudiera evitarlo.

—¡No! ¡Por favor! ¡Déjame, déjame! ¡Te lo suplico, déjame!

Sus gritos poco a poco se fueron apagando, su voz sonaba rota. Envy hacía caso omiso a sus súplicas. Ahora el rubio lloraba, mientras que susurraba el ruego que seguía siendo ignorado.

—R-Roy…por f-favor…ayúdame….

Sabía que era inútil pelear, pero en un último esfuerzo, juntó todas sus energías para patear al homúnculo, quien no se lo esperaba y soltó un gruñido molesto, mientras se encargaba de volver a su posición original y estrechar las cadenas del rubio.

—Él no vendrá a buscarte, jovencito. ¿Crees acaso que se tomará la molestia en preocuparse por ti?

—C-cuando t-te encuentre…—susurró con voz temblorosa.

—Cuando me encuentre, tú ya estarás convertido en un cadáver putrefacto, pequeño.

Y sin previo aviso, arrancó la ropa interior del joven, y acto seguido, ingresó dos dedos en el ano del rubio, haciéndolo sobresaltar y pronunciar un desgarrador grito.

Se retorcía intentado evitar su destino, aunque sabía que eso sólo aumentaba el dolor y le generaba mas daño, pero ya no le importaba. Las lágrimas caían sin control alguno, y la risotada de Envy le indicaba que la estaba pasando de maravillas.

—¿Qué pasa Ed? ¿No te gusta? Quizá si hago un cambio te agrade más.

Para espanto de Edward, el vampiro empezó a brillar, cambiando su forma, hasta quedar frente a él un Roy Mustang con semblante fiero y amenazador.

—¡N-No!

Envy había hecho gala de su poder, que en otro momento y en otras circunstancias al rubio le habría parecido fascinante, ahora sólo lo veía con patente horror. Un tercer dedo se insertó en su parte baja, y una nueva punzada de dolor atravesó el cuerpo de Edward.

Y su mente se alejó de ese lugar, trasladándolo a un tiempo en donde era feliz, donde estaba enamorado por primera vez de alguien.

¿Por qué demonios tengo que ir yo también, Al? ¡No es justo!

Deja de quejarte hermano. Sabes que de no haber denunciado los hechos en el cuartel general, no tendríamos a Winry sana y salva.

Edward sabía que su hermano tenía razón, pero eso no significaba que tenían la obligación de asistir a una ridícula fiesta de fin de año en un lujoso salón aristocrático, rodeado de personas falsas y despreciables. Y aún peor, rodeado de militares.

El general Hakuro es un buen hombre. Gracias a él y su apoyo, Winry está a salvo. Ella aún está muy conmocionada con lo que pasó, me gustaría que tú me acompañaras en su lugar.

Pero..

Te prometo que si se vuelve todo aburrido, nos volveremos temprano.

Edward suspiró resignado. No podía decirle que no a Al. De todas formas, no hacía mal clima y en casa se iba a aburrir también. No perdía nada con intentarlo.

Está bien.

Y ya cuando estaba completamente convencido de que esa fiesta era literalmente una mierda, y lo asqueaba el ver esas horrendas mujeres aristócratas pavonearse y lucirse ridículamente ante todos, fue cuando lo vio.

Un hombre de pelo negro al igual que sus ojos. Su porte era aristócrata, como el de todos en esa fiesta, pero había algo en él que lo cautivó cuando lo vio ingresar al lugar. Su mirada chocó unos escasos segundos con la del hombre, y la apartó levemente sonrojado. Desde entonces empezó un pequeño juego de persecución y miradas sugerentes. Edward estaba encantado, aunque ni muerto lo admitiría. ¿Y por qué no divertirse? Al fin y al cabo era una fiesta. No se había dado cuenta de que Alphonse lo estaba observando.

Te gusta, ¿no es así?

¡Claro que no, Al!

Pues a mi me parece que sí. No ha dejado de mirarte en toda la noche, y tú tampoco te has quedado atrás. —suprimió una risita al ver el potente sonrojo que se esparció por el rostro de su hermano—.

Eso no es cierto. Además es demasiado viejo. —miró a su lado para ver que en ese momento quién lo acompañaba hacía un enorme esfuerzo por no soltar una carcajada— ¡Ya deja de reírte, Alphonse Elric!

No le pasó por alto que su nombre haya sido mencionado completo, pero no pudo evitar sonreírle pícaramente.

No seas aguafiestas Ed. Sabes que te gusta, y sabes que yo sé que te gusta. Y también sé que no te molestan los hombres mayores, al contrario. ¿Cuál es el problema? Sólo ve y háblale.

Te he dicho que no.

Pero como si le hubiese leído el pensamiento a su hermano, el apuesto hombre de cabello negro cambió sutilmente su dirección para encaminarse hacia ellos.

Te deseo suerte. ¡Nos vemos!

Cuando quiso girar para encararlo, Alphonse había desaparecido. ¡Maldición! Ya hablaría con él cuando llegaran a casa.

Disculpa, ¿Me concederías esta pieza?

Los hermosos y dorados ojos de Edward se abrieron como platos cuando volteó para quedar frente a aquel hombre que se había pasado toda la noche observándolo.

C-claro, por qué no..

A lo lejos, el menor de los hermanos observaba a la pareja bailar con una sonrisa de oreja a oreja adornando su rostro.

Y Edward esa noche comprobó que se sentía completamente atraído por ese hombre. Cuando lo invitó a salir, pensó que una persona podía estallar de felicidad. Lo habían invitado a su primera cita. ¡Ese hombre era perfecto!

Un frío electrizante lo hizo volver a la realidad. Envy le había arrojado nuevamente un balde de agua, pero ahora también lo había electrocutado. El dolor era insoportable y sufría espasmos.

—Al fin despiertas enano. Llegué a pensar que no te gustaban mis caricias, pero nada mal para la primera vez, ¿no?

A pesar de la oscuridad, Envy sonrió satisfecho al ver el leve rubor en el rostro del pequeño.

—¡C-cállate maldito!

—No te preocupes, seré bueno.

Ante esas palabras, la mente de Edward hizo un click. Iba a ser violado. Violado por un monstruo. Él siempre había rechazado a Mustang porque su inseguridad no le permitía llegar a nada más que besos, caricias y la masturbación conjunta. El saber que no sería Roy quien lo poseyera, le dio una sensación de vértigo que le provocó naúseas. ¡De ninguna manera! ¡Jamás iba a permitir que otra persona que no fuera Roy lo tocara!

Haciendo acopio de todas sus fuerzas, apartó a Envy de una patada y se giró para enfrentarlo. ¡Cómo lo odiaba! Lo observó fijamente, sintiendo que los engranajes de su cerebro actuaban sin parar.

El hombre de pelo verde empezó a aullar de dolor ante la insistente mirada del rubio.

—¡D-duele! ¡Maldita sea!

Aferró su cabeza con las manos, pero el dolor no mitigaba, por el contrario, aumentaba. Sentía que su cerebro ardía y estallaría en cualquier momento.

—¡Suéltame! —gritó Edward— ¡Suéltame y me detendré!

Envy no le hacía el menor caso, por lo que el joven redujo el potencial de su odio, llevándose así parte del sufrimiento del homúnculo. Pero éste no planeaba soltarlo, y Edward leyó sus pensamientos.

Colérico, aumentó la presión en el cráneo del sujeto de pelo verdoso, hasta que de su boca, ojos y orejas brotó con fluidez mucha sangre, mientras que los gritos y exclamaciones de martirio no cesaban.

El joven vampiro fijó su mirada en un punto exacto de su cerebro, el cual podía ver a la perfección, y con un último deseo, reventó el cráneo del homúnculo, que cayó inerte al suelo, en un gran charco de sangre.

Su enojo aún no mermaba, y con un poder que sentía infinito recorrerle por todo el cuerpo, mentalmente llamó al siguiente homúnculo, uno gordito y tonto, que hipnotizado por las palabras del rubio, no demoró en desprenderlo de sus cadenas, para luego correr el mismo destino que su hermano.

El cansancio se hizo presente, y con mucho asco, Edward se acercó para beber un poco de la sangre de ambos homúnculos descabezados. El efecto fue inmediato, trayendo consigo una fortaleza que no creía posible. Roy tenía razón al decirle que beber la sangre de un vampiro cuya edad superara la franja de los cuatrocientos años de edad, era muy provechoso para los vampiros más jóvenes.

No tuvo mucho tiempo para seguir pensando en eso, pues una gran explosión hizo cimbrar la vieja casona en donde se hallaba.

Se concentró en cerrar su mente, acto ahora muy sencillo para él, y comprobó que había venido un grupo a rescatarlo.

Sin perder tiempo, ubicó su ropa en un rincón y se la colocó rápidamente. Salió presuroso de la celda hasta encontrar un viejo pasillo, por donde corrió todo lo que sus piernas le permitieron hasta la parte trasera de la casa, donde un altillo llamó su atención e ingresó decidido buscando una ventana por donde escapar.

Se concentró nuevamente, y pudo detectar que se había librado una lucha con el último homúnculo, mientras un vampiro estaba dentro del lugar buscándolo. Se dio cuenta de que se trataba de Roy, y aunque le alegrara saber que estaba bien, permaneció sigiloso y con su mente cerrada, mientras buscaba con rapidez una salida.

El altillo tenía una pequeña ventana, por lo que la utilizó sin dudarlo, arrojándose al suelo desde lo que parecía un tercer piso.

La adrenalina por todo lo vivido y su poder ahora despierto lo mantuvo resuelto a la hora de escapar. Corrió a la velocidad propia de un vampiro, siguiendo todos sus instintos, hasta encontrar un arroyo. Le era muy útil para perder el rastro de quienes lo buscaban, por lo que se decidió a nadar hasta llegar a un lugar seguro.

Ya casi lo lograba. Nadó y nadó hasta que llegó al este. Encontró en su camino un pequeño bosque, y aprovechó para alimentarse.

Mientras tomaba un descanso, evalúo sus opciones: regresar y continuar con su nueva vida, o ir en la búsqueda de una posible solución a esa nueva vida.

Se levantó resuelto del tronco del árbol donde se encontraba sentado, y corrió hasta encontrar señales de un camino, que lo condujeran al pueblo más cercano. Pronto amanecería, y necesitaba buscar urgentemente un refugio que le permitiera esconderse y pasar desapercibido.

Cuando halló el camino, sonrió satisfecho. Y cuando encontró un pequeño pueblo, su sonrisa se amplió mas. Ahora sólo era cuestión de buscar al doctor Knox.


Buenas! Primero quiero agradecer a todos los que me dejan reviews, sus comentarios me ponen muy contenta. No planeaba hacer este capi tan largo, pero así me quedó, espero que les haya gustado. Como verán, los homúnculos fueron importantes, pero no tanto como para mencionarlos a todos, ya que los más destacados fueron Lust y Envy. Amo mucho a Envy, es un personaje que creo fascinante, por lo que me costó escribir su cruel destino. Y aclaré un poco la relación de Roy y Ed antes de que éste último fuera convertido. Ya habrá más escenas de esta hermosa pareja.

Cambié el rating a M aunque no haya habido tantos momentos fuertes, aún así, en los próximos capítulos si va a haber.

En fin, nos vemos en el próximo capi.

Saludos!