Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, son de su respectiva autora Hiromu Arakawa.
Por siempre Obsesión
chapter 13: El poder del sol
—¡Aarghh! ¡No puedo más! ¡Mierda!
El fuego invadía la estrecha cápsula mientras que el ser que se hallaba en su interior ardía completamente en llamas. De repente, la puerta del pequeño lugar se abrió para dejar paso a una manta húmeda y confortante. Los enormes brazos que la sujetaban lo ayudaron a cubrirse con ella, mientras lo empujaba hacia el foso lleno de agua.
Pocos minutos después, un joven tambaleante salía del agua, aturdido y cansado.
—¿Dio resultado?
—No.
La escueta respuesta lo hizo enfadar aunque ya sabía que nada había cambiado en él. Se acercó para tomar la toalla que en ese momento le estaba tendiendo el mayor para secarse y luego dejarse caer del cansancio en el sofá más cercano. El agotamiento lo hacía adormecer.
—¿Y bien?
—Nada.
Maes Hughes suspiró larga y sonoramente. A un mes de la desaparición de Edward y su rastro ya casi estaba extinto.
Contempló con un dejo de tristeza a Roy, quien daba órdenes a diestra y siniestra a lo lejos. Era la quinta vez que revisaban esa vieja casona abandonada, buscando cualquier indicio por más mínimo que fuera sobre el paradero del rubio.
Como era de esperarse, la pista se perdía en el arroyo. Habían rastrillado todas las zonas más cercanas, pero no habían encontrado absolutamente nada acerca del joven desaparecido.. Como si el agua se lo hubiese tragado.
Maes pensó que en el lugar del pequeño él también habría hecho lo mismo, ya que esa era la manera más fácil de despistar a los perseguidores.
Estaba seguro de que a Edward no le interesaba volver. Habían acabado con todos los homúnculos, y no había señales de que alguien además de ellos buscara al rubio. Sin duda se había dado a la fuga para nunca volver.
A Roy le costaba ponerse en los zapatos de su aprendiz, ya que desde la transformación de Edward la relación entre ellos nunca volvió a ser la misma. En las últimas semanas la distancia se había mantenido, a pesar de que entrenaban juntos durante el día. Maes sospechaba que Marcoh tenía algo que ver con aquello, pero no tenía pruebas para demostrarlo, ni quería ocasionar la muerte del viejo doctor a manos de un embravecido Mustang.
Por momentos el moreno sentía una leve angustia y un extraño dolor en todo su cuerpo, como si unas llamas invisibles lo arrasaran por completo. Irónico tratándose de un vampiro que puede manipular las propiedades ignífugas a su conveniencia.
Desde ese entonces, a Maes lo invadía un extraño sentimiento de ansiedad. Los dolores de su amigo coincidían con la desaparición de Edward, quien se suponía se hallaba a kilómetros de distancia. Eso lo hizo pensar en muchas cosas.
Los vampiros con un vínculo entre sí pueden percibirse mutuamente si se hallan relativamente cerca, o a unos diez kilómetros de separación aproximadamente. En caso de encontrarse aún más lejos, lo que podían percibir eran las sensaciones mas poderosas.
Si era tal y como pensaba, Edward para ese entonces se hallaba muy lejos de ellos, pero Roy podía percibir dolor. Eso lo llenaba de un temor que no recordaba haber sentido nunca. Temor de que algo le pasara a su amigo.
¿Qué es lo que estaría haciendo Edward con él mismo para que Roy sufriera así?
—Aún no logro comprender cómo funciona esto.
—Para empezar, no uses tanto la lógica, ya que si lo hacemos, desde un principio deberíamos aclarar que los vampiros no existen, que sería algo ilógico e imposible.
Edward frunció el ceño.
—No es lógico, pero existen. Y con el correr del tiempo, sus poderes despiertan y se vuelven más fuertes. Si el vampiro tiene muchos años, sus poderes mentales son impresionantes. Dígame, ¿usted es mayor que Marcoh?
—Por muchos años. Yo conocí a Marcoh al poco tiempo de que fue convertido injustamente.
Edward abrió los ojos como platos. No hacía falta ser un genio de las matemáticas para darse cuenta de que el doctor Knox vivió largas generaciones, épocas totalmente desconocidas para él y para los humanos.
—¿Cómo era la época de antes? —preguntó curioso.
—Diferente, pero a la vez igual.
—¿Qué es lo que quieres decir con eso?
—Si quieres saberlo mi estimado joven, ¿por qué no te quedas así como estás y lo ves con tus propios ojos?
Edward pegó un brinco ante la sugerencia.
—¡Claro que no! ¡Me niego ver a mis seres queridos muertos mientras que yo sigo joven, sano y fuerte! ¡Jamás me importaría tanto mi alrededor como para abandonarlos a ellos!
—Quieres mucho a tu hermano ¿no es así?
—¿Cómo sabes que tengo un hermano? —inquirió suspicaz.
Knox suspiró.
—A decir verdad, pensé que eras un poco mas listo, Edward. Ni siquiera tengo que concentrarme o realizar esfuerzo alguno para leer tu mente y tus recuerdos.
El rubio se sonrojó ante tan obvia respuesta.
—L-lo siento. No estoy pensando con claridad.
—Lo sé, será mejor que por hoy descanses. Mañana en la mañana seguiremos.
Edward asintió en acuerdo y silenciosamente se dirigió a su habitación improvisada.
—¿Qué QUE? ¿Qué fue lo que me has dicho?
—B-bueno, yo sólo…
—¡Basta ya, Roy Mustang! —gritó un irritado Maes—. Deja ir al pobre chico.
El joven aterrado contra la pared no necesitó que se lo repitieran, salió disparado una vez que escuchó pronunciar la última palabra de Maes.
—Esto tiene que parar. Simplemente no puedes andar incinerando a todos aquellos que no tienen culpa alguna de la situación.
—Son unos incompetentes —soltó frustrado Mustang.
—Insisto. No es la culpa de ellos, Edward cubrió bien su rastro.
El moreno que ya comenzaba a mostrar cansancio en su postura, se irguió como un resorte y enfrentó a Maes con una renaciente furia.
—¡No te permito que saques conclusiones apresuradas sobre él! —escupió venenoso. Estaba harto de las insinuaciones.
—¡Oh, por el amor de…! ¿Quieres terminar con esto de una puta vez? ¿Acaso su desaparición tanto te ha cegado, al punto de volverte estúpido?
—¡No me llames estúpido! Ni se te ocurra decirlo de nuevo, Maes…—siseó furioso. Su tono bajo era aún más peligroso que sus gritos.
—Madura de una buena vez Roy. Estás tan obsesionado con Edward que no ves más allá de tus narices. Es obvio que jamás lo vas a encontrar con esa inútil determinación. ¿A dónde se fue mi frío y calculador amigo?
Mustang se permitió cerrar levemente los ojos y suspirar, en clara señal de resignación.
—Te escucho.
Hughes aprovechó su momentánea tranquilidad.
—Antes de que Edward desapareciera, pudimos descubrir que se había acercado a Marcoh. Para empezar, preguntarle amablemente a él si sabe algo sería un buen paso. Segundo, sus amigos también lo conocen bastante bien, no estaría de más preguntarles sobre la noche de la batalla, cuando Envy se llevó a Edward. Y tercero, deberías usar a los vampiros con mayor poder de persuasión para sonsacar a los aldeanos de los pueblos cercanos para comprobar si alguien ha visto a un joven perdido. Creo firmemente que todo esto sería un muy buen comienzo.
Roy se maldijo mentalmente por ser tan cerrado e idiota. Realmente se sentía así y aunque no lo dijera en voz alta, Maes tenía razón al insultarlo. Posiblemente las respuestas siempre estuvieron frente a él, pero su obsesión por recuperar a su amado rubio no le permitió nunca ver a su alrededor, a la gente que lo estaba ayudando en silencio, como su mejor amigo.
—Lo siento Maes.
El susodicho sólo le restó importancia con un gesto de su mano. No era momento de ponerse tan sentimental.
—Sólo recuerda ser amable y no incinerar a ninguno de la mansión si su respuesta no es la que buscas.
—Lo sé —contestó tristemente mientras se giraba sobre sus talones para marcharse de la habitación.
—Sólo espero que esto no termine mal —susurró Maes a la habitación ya vacía.
Era el tercer intento, el tercer fracaso.
—Será mejor que descanses un rato, después de que lo hagas veremos si podemos continuar, de lo contrario empezaremos mañana más temprano. He comprobado que los rayos del amanecer nos pueden servir.
Edward gruñó como única respuesta mientras se secaba con una toalla que le había prestado Knox.
Aún todo le parecía tan imposible como la primera vez que lo había oído, pero tenía esperanza de que ese plan fuera a funcionar. Era su única salida, no quería seguir siendo un ser inmortal y pasar sus días viendo como su hermano menor envejecía y moría, mientras que él no podría hacer nada para evitarlo.
Recordaba con exactitud las palabras que le había dicho Knox luego de su declaración.
—¿Para qué me necesitas con tanta urgencia, jovencito?
—Porque quiero saber si es cierto que usted posee el poder de convertir un vampiro en humano.
Knox lo miró incrédulo por un par de segundos.
—Y parece que nada de lo que te diga te va a hacer cambiar de opinión. —declaró certero.
—Así es.
—¿Y si fuera aún a costa de tu propia vida lo harías? De más esta decirte que no hay seguridad de que funcione, nunca he tenido un experimento concluyente, ni siquiera varios vampiros que se hayan ofrecido a la prueba.
—No me importa. Debería haber muerto en aquel callejón, pero no fue así. Sólo quiero volver las cosas a su curso natural.
—¿Acaso quieres morir?
—No. Quiero seguir mi vida como si nunca hubiese conocido al monstruo que me creó.
—Tu amante. El que nunca te contó sobre su naturaleza. Mustang.
Edward se sorprendió por la mención de su creador, pero en el fondo pudo descubrir que no le importaba lo que pensaba Knox al respecto, ni cuanto sabía sobre el mundo vampiro. Sólo quería volver a ser humano y nada más.
—Sígueme. —soltó repentinamente el mayor—. Voy a mostrarte el laboratorio principal.
Salieron de la sala por una puerta que se hallaba en un rincón de la misma, atravesando un extenso túnel, para luego subir unas cortas escaleras. Edward supuso que la enorme sala de laboratorio se encontraba sobre el lugar en donde habían conversado, pero aun así por debajo del suelo, para no levantar sospechas.
Llegaron a un salón amplio y en forma circular, cuyo techo era de vidrio, excepto por un recorte en forma de circunferencia en el centro del mismo en la que no había nada. Sin embargo, sobre el vidrio se podía apreciar una extraña compuerta de puro metal. Era un techo que se abría por el medio en dos partes para contemplar el cielo a través del vidrio.
—No entiendo. ¿No estamos bajo tierra?
—Que no te confunda el techo, Edward. El extenso pasillo nos alejó enormemente de mi otro laboratorio. Este lugar se encuentra muy apartado, bajo tierra si, pero el techo corredizo puede mostrarte el cielo. Desde la superficie donde se encuentra el pueblo lo que verías sería la tierra moverse.
—De todas formas no entiendo muy bien cómo es que funciona este lugar.
—Es más sencillo de lo que parece, déjame explicarlo:
»Una vez que la compuerta del techo se abre en dos deslizándose hacia los extremos, se puede ver el vidrio a la perfección. Pero como notarás, en el centro no hay nada, ya que se halla recortado.
Se acercó a un interruptor y lo presionó a modo de demostración.
—¡Pero ahora está por amanecer! —exclamó temeroso el joven.
—Los vidrios son especiales, la luz del sol no nos hará daño. ¿En la mansión nunca viste este tipo de vidrios?
—Si, en las ventanas —contestó Edward fascinado mientras observaba el desplazamiento del techo de metal.
El techo del lugar no era muy alto, a pesar de que la sala era bastante amplia, lo que extrañó al joven. Iba a preguntarle al respecto a Knox, pero se detuvo cuando una mano se alzó para que lo escuchara.
—Ahora, presta atención.
»Observa el centro. Como he mencionado, no hay ningún vidrio que lo cubra, en esa circunferencia perfecta entran los rayos solares naturalmente. Eso es lo principal en nuestra prueba. El calor del sol. La energía de esta estrella, que nos puede matar, también nos puede salvar.
Edward miraba atento al centro del lugar. Los primeros rayos de sol se filtraban por el laboratorio, sin hacerles daño alguno, pero el centro estaba descubierto. Los rayos se veían más brillantes al estar libres del vidrio especial y formaban un círculo perfecto en el centro. En ese momento se dio cuenta que no iluminaban el suelo, ya que en éste había una especie de hoyo.
Knox volvió a cerrar las compuertas de metal y le hizo una seña al rubio para que lo siguiera.
En efecto, en el centro de la habitación había un pequeño pozo, pero el agua sólo le llegaría hasta las rodillas, mientras que justo en el centro de ese pozo había una pequeña porción de cemento, como si se tratase de una tarima. Una idea un poco peculiar se iba formando en la mente de Edward. Que el centro esto, que el centro aquello. Todo muy centrado.
—¿Cómo funciona?
—Sencillo: te paras en el cemento que sobresale del pequeño pozo rodeado de agua, activo el tubo —o cápsula, como prefieras— de metal que rodeará al pozo contigo dentro, y luego abriré la compuerta del techo. El resultado: las llamas te abrasarán y te devolverán la vida.
El rubio lo miró dudoso.
—¿Sólo eso? ¿Así de simple?
—Para ti, si. Aunque te vas a llevar la parte dolorosa. Por mi lado debo calcular las horas exactas en las que tengo que abrir la compuerta para dejar pasar los rayos.
—¿Para qué sirve el agua de este pseudo-pozo?
—Para que las llamas no te maten cuando tu cuerpo ya no resista, debido a que te encotrarás literalmente prendido fuego y encerrado en un tubo de metal casi tan alto como el techo. Deberás arrojarte a uno de los lados, aunque el agua te llegue hasta las rodillas te causará un poco de alivio mientras cierro el techo de ese tubo gigante de metal que te rodea, ya que perdería demasiado tiempo al cerrar el techo entero del laboratorio.
—¿Y luego?
—Buena pregunta. El sol debería poder darte vida de nuevo, sería un equivalente al electroshock para un humano, sólo que a ti no te dejaría secuela alguna. El asunto es que aún no he determinado el tiempo exacto al que debes exponerte. Sólo determiné las horas propicias para el experimento.
—Entonces pruebe conmigo —contestó resuelto—. Yo aguantaré hasta que demos con el tiempo exacto, para que pueda volver a ser humano.
—De acuerdo, te prepararé un dormitorio para que descanses ahí. Dentro de exactamente una hora ya podremos comenzar.
Edward asintió complacido.
Espero que les haya gustado el capi, perdón por la demora en actualizar.
Saludos!
