Holaaaaaa bueno aqui esta la última parte de este pequeño fic espero q lo disfruten y ¡Feliz dia del amor y la amistad! (por atrasado XD), que se la hayan pasado super bien:

Un poco de cursilería… me mata, pero es lo ideal para la época… y lo que debió pasar ese hombre tan loco para al fin confesar su amor.

Parte 5.

Kasumi se encontraba leyendo el libro que hacía algunas semanas el médico le había prestado, se trataba de una interesante novela de corte romántico. La dulce señorita Tendo se veía tan concentrada en su lectura que por un momento no notó la presencia del buen galeno, quien la miraba entre extasiado y un tanto loco por tenerla ahí con él. "Tranquilo, por favor, tú puedes hacerlo bien" se reprendió Tofú por enésima ocasión para no salir con sus típicas incoherencias en cuanto la chica lo miró con su ternura habitual.

Disculpe usted, doctor Tofú, no lo oí llegar — le dijo con su acostumbrada y bella sonrisa, dejando el libro sobre la mesita de noche.

Discúlpame tú a mí por interrumpirte… te traje la medicina y algo ligero para cenar — le respondió también sonriendo, aunque con expresión de tonto, pues el conservar la cordura le costaba bastante trabajo.

Muchas gracias, me apena causarle tantas molestias — la tierna mirada de Kasumi se hizo más profunda —. Y usted, ¿no va a cenar? — le preguntó con curiosidad al ver que únicamente llevaba una bandeja.

Eee… Tal vez… un poco más tarde — él se apenó de más al verse reflejado en sus bonitos ojos, poniéndose un poco nervioso y aguantando las ganas de salir corriendo —. Tú no debes preocuparte por ese detalle, pues la atención a mis pacientes es lo primero.

Se acercó y colocó cuidadosamente el servicio en la mesilla especial, dándole también la pastilla que debía tomar y el vaso con agua. Ella le sonrió una vez más… tal vez de forma entre tímida y coqueta.

¿Y por qué no cena aquí conmigo? — le dijo muy suavemente, empleando un tono más cariñoso —. Nunca me ha gustado estar sola mucho tiempo — y se tomó la pastilla sin dejar de mirarlo tiernamente.

El pobre Tofú sintió un golpe de calor recorriendo su cuerpo y sus mejillas enrojecieron por un segundo. "¿Qué… hago ahora?" se preguntó, pues no estaba seguro de que sería lo correcto; nunca le había pasado por la mente la idea de estar a solas con la hermosa muchacha… menos de noche y cuando ella sólo viste una bata coqueta y bonita, y lo miraba así de tierna.

No hay cuidado si no se puede… — dijo Kasumi sonriendo otro poco, percatándose de que el médico se había avergonzado —, sé que usted tiene otros pendientes que atender y no quiero incomodarlo.

No… no hay problema… — tartamudeó el galeno por respuesta — ¿cómo crees? Será un gusto para mí acompañarte — y sonrío una vez más como tonto, tratando de aparentar calma —. Permíteme un momento, por favor, y regreso con mi platillo.

Salió del cuarto y, en cuanto cerró la puerta, corrió precipitadamente hacia la cocina. Ya allí, suspiró profundamente y se limpió un poco el sudor con una servilleta.

¿Pero qué clase de hombre eres, Tofú? — se dijo muy duramente, mirándose en el dorso de una cuchara —. Tienes la oportunidad de tu vida, y estás dejando que se te escurra entre las manos. ¡Pórtate ya como lo que eres y habla de una buena vez! Lo peor que podría pasar es que… bueno, eso — terminó casi sonando abatido, más, si no se daba la oportunidad, nunca estaría seguro de nada.

Llevó un servicio para acompañarla y, antes de ir nuevamente a la habitación, entró un momento al consultorio.

Dime una cosa, "Betty" querida — miró al esqueleto —, ¿te parece que luzco bien?... ¿Y qué fue lo que Nabiki me dijo? ¿Tú te acuerdas?... Creo que lo olvidé.

Si "Betty" tuviera ojos… tal vez los pondría en blanco y le brotaría una gotita anime para representar su incredulidad. Desde su postura parecía verlo, con expresión de resignación ante su indecisión y distracción. Tofú volvió donde Kasumi y entró sonriente, tratando de aparentar que no se sentía nervioso. La muchacha no había querido comer aun, como si estuviera aguardando por él, y cantaba en tono bajo una bonita canción, recostada sobre las almohadas y sin la sábana para taparse. Y es que no era para menos… en las tibias noches de la cercanía del verano no daban ganas de cubrirse mucho, así que lucía una vez más sus piernas formaditas, de la cual la izquierda todavía se veía inflamada. "Por favor… compórtate como médico" se reprendió el joven una vez más, y sacudió un poco la cabeza para no dejarse dominar por la demencia que quería desbordarse.

Kasumi… siento haberte hecho esperar — dijo al entrar, fingiendo no haber visto nada, aunque el tono de su piel se veía algo enrojecido —. Tuve que guardar algunas cosas, y asegurarme de que "Betty" estuviera descansando.

Ella volteó para verlo, dedicándole una tierna mirada y una de sus más lindas sonrisa. ¡Qué chica tan bella y encantadora!... por eso el hombre pierde la cabeza cada vez que pasa a su lado; y tan inocente a pesar de todo… muchas mujeres a su edad tal vez ya habrían tenido tres o cuatro "novios", y Kasumi aun se conservaba sólo para aquel que mereciera su amor y su corazón.

Esperaba por usted, doctor Tofú — le dijo con amabilidad, levantándose con cuidado para sentarse en la cama —. Y me da gusto que "Betty" se encuentre bien de salud, así podemos cenar y platicar un poco.

Y bueno… — él se sentó cerca de ella, pero guardando un poco la distancia para no perder toda la serenidad —, ¿de qué te gustaría platicar?

Primeramente de lo bien que cocina usted — observó ella con dulzura —. Creo que mi comida no sabe tan bien como ésta.

Kasumi, me… halagas — dijo Tofú un tanto apenado de que una buena mujer, en todo, magnificara sus… sándwiches de jamón de pavo —. Tú cocinas de forma exquisita… siempre es un gusto para mí saborear tus platillos — le dijo con sinceridad.

Me alegra saber que le agrada lo que preparo — confirmó muy sonriente la muchacha, cuya expresión se hizo un mohín de felicidad —. A veces siento que me falta variedad.

Platicaron algunas cuantas cosas sobre la carrera de Tofú, saboreando el sándwich de jamón con queso panela y fresco germinado de soya, y bebiendo un reconfortante té calientito… a pesar del calor, los japoneses lo prefieren así. Para el doctor era agradable poder hablar con Kasumi de forma coherente… porque la gran parte de las veces se ha comportado como idiota al verla llegar a la clínica, y nunca cruzó con ella una palabra con sentido. Kasumi consideró muy interesante todo lo que Tofú había realizado para consolidarse como buen médico, y los esfuerzos que realizó para instalarse en Nerima y tener su propio sanatorio.

Doctor Tofú, usted si que ha trabajado mucho — observó la muchacha con ternura y amabilidad, mirándolo tan fijamente con respeto y admiración —, y eso esta muy bien… no cualquiera procura el bienestar de los demás. Pero… — dudó un poquito y desvió la vista algo avergonzada por lo que iba a decir —, creo que un buen hombre como usted ya debería tener una esposa… se lo merece por ser tan amable.

Por enésima ocasión, el aludido sintió un enrojecer sus mejillas mientras un agradable calorcito interno le recorría la espalda. Eso era algo que su madre y algunas personas más le habían dicho, que a sus veintitantos años era más que indispensable para un hombre tener una mujer a su lado, que atienda varios aspectos de su vida… sobre todo un joven tan ocupado como él. Y Tofú nunca lo consideró necesario e importante hasta que su corazón palpitó locamente por Kasumi. Pero el valor y la cordura le han faltado, por ello no se lo ha pedido. La hermosa señorita Tendo reúne muchas virtudes en una dama: es dulce, tierna, cariñosa, comprensiva, no se enoja con facilidad, buena ama de casa, de linda presencia… nadie dudaría ni tantito que ella tiene todo para ser la esposa ideal de cualquier caballero.

Kasumi… — dijo un tanto nervioso y mirándola fijamente, tratando de no perder la concentración en la plática y volver a actuar como demente — es que yo… no he pensado en eso todavía.

Doctor… yo estoy segura de que muchas muchachas del lugar suspiran por su persona — le sonrió nuevamente al mirarlo, en tanto le parpadeaba un poco —. Usted es un hombre guapo y educado… ¿acaso nadie se lo ha dicho?

El galeno sintió esos deseos de correr como loco desquiciado y gritar de felicidad porque la linda joven lo estaba halagando, como si nada de sus tonterías habituales lo hicieran menos ante ella. "Serénate" se dijo internamente, y controló sus ganas de tomarla en brazos y llevársela con él al fin del mundo para vivir su demencia.

Akane me lo dice muchas veces, Kasumi — Tofú se carcajeó levemente con vergüenza y quiso fingir que no era nada del otro mundo —, y algunas de mis pacientes mayores, pero ninguna señorita más… hasta hoy.

Oiga doctor, se me hace que es mucha su modestia — dijo ella amablemente —. Sé que hay muchas doncellas que lo admiran.

Y… ¿conoces a alguna? — preguntó el aludido con curiosidad.

"Me parece que puedo agarrarme de esto" pensó internamente y se le acercó un poco más, mirándola con interés, aunque no demasiado cerca para no asustarla o parecer querer seducirla… porque ese no es su estilo. Le pareció que era hora de aplicar algo de lo que Nabiki le había dicho… tal vez funcionara. Aunque, en realidad, no recordaba ninguna de las indicaciones que la segunda de las Tendo le había confiado.

Por supuesto que sí — continuó la muchacha sin perder la serenidad, sin dejar de verlo de forma cariñosa —. Está la hija de mi vecina de enfrente, la del puesto de frutas en el mercado, la que vende pan, la hija del principal del barrio… — y esta vez le sonrió con un poco de picardía —. ¿A usted le parecen pocas?

Mmm… cuatro… — aparentó meditar un poco, apoyando el mentón entre los dedos de su mano derecha —, creo que es un buen número para empezar con mis prospectas.

Kasumi se carcajeó un poco, de forma cantarina y despreocupada.

¡Ay, doctor Tofú! — le dijo ella en tono alegre, con expresión divertida —, ¿no que no había pensado en mujeres?

Bueno, bueno, por ahora olvidémonos de mi vida y veamos… — él le correspondió con amabilidad y cortesía, para posteriormente desviar la vista de su lindo rostro y fijarla… en sus torneadas piernas —. Mmm… me parece que esa inflamación no ha cedido del todo. ¿Te duele todavía, Kasumi? — le dijo al tomar delicadamente la extremidad inflamada, cerrando un poco los ojos para no perder la cabeza de más, de una nueva y desconocida forma.

Es algo que no se había permitido sentir, porque no se había dado la oportunidad. Se había hundido tanto en sus estudios y el trabajo, que sus "más bajos instintos" de hombre se podría decir los tenía bien ocultos; sólo con ella perdía el sentido, pero no de una forma normal para un varón de su edad, pues se comportaba más como un niño pequeño por las tonterías que cometía. En ese momento volvió a percibir ese calorcito que había estado concibiendo desde que la muchacha llegó ahí en brazos de su padre, como su paciente, y tuvo que tocarla de forma profesional y verla más detalladamente. Antes, al perder la razón, no había notado lo bonitas que son sus piernas ni la suavidad de su piel. Ahora debe comportarse como doctor y curar su dolencia.

Un poco — contestó Kasumi haciendo un pequeño y tierno mohín de dolor en cuanto el galeno presionó un poco el músculo.

Entonces… — meditó Tofú reprimiéndose una vez más, empleando el tono profesional que utiliza con sus pacientes —, creo que será conveniente un masaje en agua fría.

¿Me lo dará, doctor Tofú? — dijo la chica en un susurro, mirándolo con mucha ternura y, tal vez, con un brillo especial en las pupilas —. Usted tiene buena mano… yo nunca he sabido masajear como es debido, y hasta podría lastimarme más.

En ese instante consideró que lo más conveniente sería meter su cabeza en el agua fría porque, por primera vez en su vida, al voltear a verla nuevamente, la imaginación lo traicionó, y se vio con ella tomando un buen baño en la tina mientras le lavaba cariñosamente el lindo cuerpecito. "¡Por Dios, Tofú, en que diablos piensas!" se sonrojó apenadísimo y volvió a sacudir un poco la cabeza para no dejarse llevar por esos pensamientos tan vulgares. Una señorita decente no merece que se quiera abusar así de ella… especialmente la inocente Kasumi.

Doctor… ¿sucede algo? — preguntó la joven con preocupación al notarlo tan nervioso.

No, Kasumi, descuida… sólo estaba deliberando cual será la mejor forma de masajearte sin… mojarte demasiado — trató de excusarse con una sonrisa boba, aunque en realidad era cierto también, porque tendría que acomodarla bien y colocarse de forma tal que el masaje fuera correcto y efectivo —. Lo mejor es que vaya a ponerle agua a la tina… no tardo.

Se levantó cuidadosamente, dejando la pierna de la muchacha con mucha delicadeza. Ella le sonrió otra vez, como siempre le sonríe.

Muchas gracias, doctor — le dijo con el mismo tono dulce y amable —. Lo espero.

Tofú se dirigió al baño que se encontraba cerca de la habitación, para llenar la tina con agua, tratando de calmarse, y aspiró un poco de aire.

Debería darte vergüenza pensar así de Kasumi — se regañó con dureza, mirándose en el pequeño espejo que se encontraba colgado sobre el lavabo, apuntándose con un dedo acusador —. Ella no te ha dado motivos, y no se merece…

Suspiró levemente y tocó la temperatura del líquido en cuanto la bañera estuvo repleta… estaba lo suficientemente fría para zambullirse y bajarse el calor. Desistió de ello, recordando el motivo real por el que la llenó, y volvió por la muchacha aparentando estar tranquilo, aunque su yo interno quería salir a flote para expresar su demencia.

Bueno, Kasumi — dijo al entrar, sonriéndole una vez más con expresión de tonto —, vas a sentirla muy fría, pero es necesario para bajar la inflamación.

Usted es el doctor, yo confió en que es lo correcto — contestó ella con ternura y amabilidad, sin dejar de mirarlo como acostumbra.

Pero antes… permíteme y discúlpame… — Tofú se quitó la chaqueta y se quedó únicamente en camiseta interior, sonrojándose un instante por atreverse a hacer lo que hizo en frente de la joven —. No vaya a mojarme también, y necesito estar libre para sobarte adecuadamente.

Dejó la prenda a un lado de la cama y tomó a la chica con cuidado entre sus brazos. Era tan fácil cargarla, pues él es bastante fuerte por su profesión de quiropráctico. La doncella aparentaba tanta calma en tanto que el pobre caballero sentía que de un momento a otro perdería la cabeza, pero era necesario concentrarse y ser un buen médico.

Aunque… internamente Kasumi también sintió un calorcito en la espalda al ver el fuerte torso de Tofú y sentirse una vez más en esos brazos marcados por el ejercicio. La muchacha tampoco se había dado la oportunidad de nada… la promesa de cuidar a su padre y el hecho de no haberse permitido conocer a más hombres de su edad la tenían encerrada en su mundo. Con el joven médico era distinto, y ella se sentía feliz a su lado. Ya en el baño, Tofú la sentó cuidadosamente al borde de la tina, que era bastante ancho para ese propósito pues, en una clínica de rehabilitación, es usual darles masajes a los pacientes empleando agua fría.

Kasumi… — le dijo un tanto avergonzado por lo que iba a pedirle —, ¿podrías tú… levantarte la bata una vez más? — trató de disimular el nerviosismo sonriendo tontamente por enésima ocasión —. Esto es para no mojarla, y metes la pierna hinchada en la tina… vas a sentir muy fría el agua, como te dije hace un momento.

No se preocupe, doctor — le contestó con amabilidad y, obedientemente, subió delicadamente la prenda un poco más arriba de medio muslo, sin dejar de sonreírle cariñosamente; posteriormente metió la extremidad en el agua —. Sí que esta fría — dijo un tanto temblorosa al contacto con el líquido.

"Por favor… debes calmarte y poner tus sentidos en orden… el señor Tendo no me disculparía si llego a agraviar a Kasumi" pensó el galeno una vez más en cuanto ella levantó la bata, dejando al descubierto por enésima ocasión sus bellas piernas, cuya piel reaccionó al contacto con el agua… ya saben como se pone la piel al sentir frío. Él sentía el mismo escalofrío, pero por otro motivo porque, al parecer, el comportamiento real de un hombre adulto con hormonas alborotadas, el cual siempre se había mantenido en el fondo de su inconsciencia, pugnaba por salir a flote por fin ante la exhibición de la suave piel de la muchacha. En cuanto antes metiera sus brazos en el agua fría mejor… así no perdería la cabeza para hacer algo indebido.

Bien, ahora voy a proceder con el masaje — habló de forma profesional y le dio la espalda, agachándose cuidadosamente y metiendo los brazos al agua. El frío líquido lo hizo sentirse mejor, para concentrarse en lo importante de ese momento.

Le sobó la pierna con cuidado y firmeza, como debe ser para no lastimarla más y a la vez el masaje fuera efectivo. Kasumi hacía de cuando en cuando pequeños gestos de dolor que poco a poco remitían, se sentía aliviada. Se dio tiempo para admirar el torso del joven doctor, y sintió un poco de pena al imaginarse algo que tampoco se había permitido imaginar… bañarse juntos en la tina y enjabonarle amorosamente la espalda al hombre. Casi lo mismo que pensó Tofú un poco antes.

Oiga, doctor Tofú — dijo un poco tímida, sin intención real de distraerlo — ¿puedo hacerle una pregunta?

Lo que gustes — él le contestó sin dejar de masajear la extremidad.

¿A usted le parece que soy bonita? — le cuestionó en un murmullo, sus mejillas se encendieron por una fracción de segundo.

Tofú se detuvo un poco y volteó a verla sin soltarle la pierna… para él es la mujer más hermosa que ha visto en su vida, y no dudaba que otros pensaran lo mismo. Sentada ahí, con su aire de ternura e inocencia, y vistiendo esa coqueta bata, no podría dejar de admirarla. Toda ella es perfecta.

Kasumi… eres… muy bella — le dijo en tono un tanto soñador, mirándola con mucho amor, como tal vez no la había visto, porque siempre huía de ella como un demente. Indirectamente delató sus sentimientos a través de esa mirada y esas palabras. Volvió a sobarla para fingir —. No lo dudes, por favor.

Esas acciones hicieron que el corazón de la doncella brincara de gusto en su pecho. El joven doctor la consideraba bella, a pesar de no ser nada del otro mundo en su opinión personal; así que se animó a decirle algo más, algo que también guardaba en su interior desde hacía un buen tiempo.

Que amable es usted… — su rubor se intensificó por un segundo más, y decidió guardar silencio por un minuto antes de decir otra cosa, concentrando su mirada en la espalda del galeno —. Oh, por cierto — volvió a hablar como recordando la plática anterior, en el mismo tono amable y despreocupado —, déjeme decirle que hay otra mujer que lo considera digno de admirarse… me había olvidado de ella.

¿Ah, sí? — preguntó el médico sin querer perder la concentración de su labor —. Entonces son cinco damitas… — mencionó como quien no quiere la cosa, sin imaginar lo siguiente.

Sí… — respondió la muchacha, y desvió un poco la vista de su espalda —. Esa mujer soy yo.

Nada pudo sorprenderlo más que hasta se fue de boca al agua fría, lo que lo hizo reaccionar un poco. Salió presuroso del líquido, sin importarle sus gafas, las cuales se le cayeron dentro de la bañera.

¡De verdad está bien fría! — dijo escurriendo agua, bañando un poco a la joven.

Perdone, doctor Tofú, no pretendía ofenderlo — dijo Kasumi, un tanto apenada al ver la respuesta del caballero.

No, no, no… — ya no le importó mojarla de más y volteó a verla, olvidando por completo la extremidad de la muchacha, dejándola dentro del agua —. Kasumi… yo… — y le tomó las manos sin hacerle caso a los temblores por el frío que le había dado —… quiero… decirte que… — tartamudeaba también por la variedad de sensaciones que sentía.

Ella le había dicho algo que nunca pensó que le diría: que lo encontraba atractivo y digno de admirar… aun por encima de su total falta de cordura para cuando se apersonaba frente a él. Tenía que tomarse de esas palabras y hablar lo que hace mucho tiempo quería decirle, y siempre lo había guardado en su pecho.

Doctor… esta tiritando — le dijo Kasumi, mirándolo amorosa y preocupada, sin soltarle las manos.

Sí… — musitó —… pero no te fijes en eso.

Pero… no vaya usted a pescar un resfriado — insistió la joven —. Eso si es para preocuparse, porque así ya no podría atender a sus pacientes.

Descuida, Kasumi… sé curarme, pero lo importante es… — el médico controló su temblor, ya que sintió ese agradable calorcito una vez más al tener las pequeñas y lindas manos de ella entre las suyas.

En ese momento… la que empezó a estremecerse fue la muchacha, pues tenía la pierna aun dentro del agua y la ropa un poco mojada, adherida a su bonita figura.

Ahora me dio frío a mi — dijo temblorosa, soltando una breve risita.

Oh, lo siento — él se levantó presuroso para traer una toalla, sacarla suavemente del agua y envolverla con ella, levantándola una vez más cuidadosamente entre sus brazos, con ganas de darle otro tipo de calor… su hombre oculto se lo indicaba —. No era mi intención empaparte — se disculpó bastante apenado —. Y tú padre no me perdonaría si te da un resfriado estando a mi cuidado.

Pierda cuidado, doctor Tofú — la joven se acurrucó un poco en la musculatura del pecho del galeno.

La llevó a la cama y la acostó con suavidad, reprimiendo a ese hombre interno que le indicaba hacer otro acto… no caería tan bajo, primero darle formalidad a las cosas.

Pero mira nada más como te mojé, Kasumi. Creo que tendré que prestarte alguna de mis pijamas… aunque tal vez te queden algo grandes— dijo Tofú bastante avergonzado al reparar en lo que había sucedido, y algo enrojecido al notar como acentuaba la batita mojada el formadito cuerpo femenino de la doncella —. Pero, antes de que te cambies, voy a terminar de sobarte.

Doctor Tofú… — le dijo Kasumi, tomando suavemente sus manos en cuanto él se le acercó, dispuesto a continuar con lo que estaba haciendo… al parecer había olvidado lo último —, ¿no iba usted a decirme algo? — y lo miró tan dulce y profundamente, con esa bella sonrisa dibujada en sus labios, aun temblando un poquito por tener la tela mojada sobre su piel.

Tofú sintió que se le hacía un nudo en la garganta, con ganas de actuar una vez más como demente desquiciado y salir gritando por las calles a esa hora de la noche, sólo que, en vez de llevar a "Betty" a su espalda, quería correr con la linda Kasumi en sus brazos, y perderse de todo junto a ella.

La expresión de bobo perdido estaba saliendo a flote cuando la joven le tomó las manos una vez más, pero la controlo y recuperó la cordura. Era ahora o nunca… Kasumi lo esperaba, ya era la hora de sincerarse y hablar de todo.

Kasumi… yo… — también la miró como casi nunca la miraba, porque el valor le había faltado para verla de frente sin perder la razón — tengo que…

Tiene usted un color de ojos muy lindo — le dijo con tono amoroso sin soltarle las manos, admirándolo —, casi no los había visto bien tras sus gafas… lo escucho — le indicó sin dejar de mirarlo fijamente con tanta ternura.

Los tuyos son más hermosos — dijo en el mismo tono de ella y sin dejar de verla con expresión tierna —. Quiero pedirte que seas tú mi compañía… porque te amo — las palabras fluyeron fácilmente porque ya sentía confianza. A pesar de todas sus barbaridades y comportamiento infantil, la joven lo consideraba un buen hombre.

Doctor Tofú… — la muchacha se ruborizó un poco, sin desviar la mirada, y le apretó sus manos con suavidad — yo también lo amo.

Lentamente acortaron la poca distancia que los separaba, y se dieron un pequeño y tierno beso en los labios, muy pequeño pero de gran significado.

Tendrá que decirle a mi padre de lo nuestro — ella sonrió una vez más al volver a separarse un poco, con un tono cargado de felicidad, acariciándole el rostro con mucho cariño —. Así que lo invito a comer en cuanto me dé de alta. Él lo estima mucho y no dudo que aceptará nuestro compromiso.

Bueno mi dulce Kasumi… estaré encantado de ir a tu casa y saborear tus guisos — dijo Tofú, y retornó a su actitud profesional —. Pero ahora, como buena paciente, permíteme acabar tu tratamiento de hoy.

Después de cinco minutos más de masaje, la bella joven se durmió ya sin importarle la bata levemente mojada. El dolor de la pierna remitió gracias a la medicina y al masaje, y a las palabras que hacía algún tiempo deseaba escuchar. Su expresión reflejaba la felicidad de su corazón. El joven doctor salió de ahí sin ánimo de despertarla, admirándola dormir. Él también sentía que el corazón le saldría del pecho… ella aceptó su propuesta y sería su esposa… pasando por alto la falta de razón que le mostró infinidad de veces en su presencia. Ya se sentía liberado y feliz, ya podría ser todo un hombre a su lado. A pesar de eso…

¡"Betty" querida! — dijo con la loquera desbordada —. Kasumi y yo nos casaremos, ¿serás nuestra madrina? ¡Sabía que podía contar contigo!

Y bailó con el esqueleto hasta que casi lo saca volando por la ventana. La pobre "Betty", aun con el maltrato, tenía expresión de felicidad y resignación ante tan indigno trato a su "persona".

Quince días después…

Adelante, doctor Tofú, lo esperábamos — Akane le saludó muy sonriente al recibirlo en la puerta —. ¡Qué elegante se ve hoy!

Gracias, Akane, tú también te ves tan linda como siempre — contestó el aludido con su amabilidad característica —. Por cierto, "Betty" viene conmigo — agregó, llevando consigo un objeto de considerable tamaño.

Kasumi no había comentado nada de lo que pasó, únicamente dijo que invitaría al doctor Tofú a comer como un agradecimiento por sus atenciones, algo que no era de extrañarse, porque la mayor de las Tendo es un pan de Dios con las personas, y el joven médico recibía de ella siempre un buen trato. Nadie sospechó nada raro porque la joven no lo aseguró, a pesar de que sus hermanas la bombardearon con preguntas sobre si el galeno le había siquiera insinuado algo. Suspiraron resignadas al comprobar que el buen doctor… seguiría escondiendo su amor. Ese día temprano, Ranma y Akane le llevaron un tazón con un guiso de desayuno y le hicieron extensiva la invitación para la hora de comer. Así que Tofú se presentó a la casa de los Tendo con un traje diferente al que acostumbra en la clínica y otro tipo de armazón… junto a la pobre "Betty", la cual lucía un moño en su calvo cráneo. A la muchacha le brotó una gotita anime para representar su incredulidad, al ver al pobre esqueleto arrastrado en su pedestal.

Muy buenas tardes a todos — Tofú saludó con cortesía a la familia reunida cuando entró al comedor acompañado por Akane —. Lamentó la tardanza… "Betty" no se apuraba, pues quería venir con sus mejores galas.

Todos estaban sentados a la mesa, y Kasumi había preparado un gran banquete. Hasta "P–chan" se encontraba ahí, saboreando un poco de arroz en un tazón.

Sea usted bienvenido, doctor Tofú — le dijo Soun en tono afable.

Doctor Tofú, es un verdadero honor que haya aceptado nuestra invitación — Kasumi le saludó tan sonriente como siempre, dedicándole una mirada cariñosa y una leve y cortés reverencia. La chica se había vestido un poco diferente también, luciendo uno de sus más bonitos kimonos —. Tome asiento, por favor. Y me da gusto que "Betty" venga con usted, es bueno que ella salga a pasear de vez en cuando.

A todos los demás les brotó su gota anime colectiva en tanto que Kasumi tomó del brazo al médico y lo llevó a su lugar, cerca de su padre y al lado suyo, "acomodando" a "Betty" junto a Happosai, quien le hizo una mueca de incredulidad al esqueleto. El rostro de Tofú reflejaba su demencia habitual con la cercanía de la mayor de las Tendo, pero aun así comió como se debe… tal vez una o dos cucharadas de arroz sobre su cabeza, y platicaron de algunas cuantas cosas, relativas al estado de salud de la muchacha y los sucesos del barrio.

Se ve que cinco días con ella lo pusieron peor — le dijo Ranma a Akane en un susurro, hablándole muy cerca del oído mientras le dirigía al médico una disimulada mirada escrutadora.

Así parece — dijo la chica en el mismo tono bajo, mirando entre triste y resignada al doctor Tofú, quien se encontraba sentado al lado de su hermana mayor, con expresión de idiota perdido —. Tal vez… esto no tiene remedio.

Después de comer, justo para la hora del té, Kasumi servía las tazas y las entregaba a todos los comensales, con una gran sonrisa como casi nunca, en tanto Tofú bebía el té sin aparente cambio en su loquera. Pero en un momento su rostro recobró la serenidad, y se dirigió al señor de la casa.

Usted dispense mi atrevimiento, señor Tendo — le dijo con seriedad, inclinándose respetuosamente por un segundo —, me he presentado en este día para pedirle de la manera más formal y atenta… — aspiró un poco y volteó a ver a Kasumi momentáneamente, como para darse valor. Ella lo miró también sin dejar de sonreírle.

A todos les extrañó ese cambio repentino de actitud, y parpadearon un tanto asombrados. Soun recobró la seriedad y lo miró escrutadoramente.

Continúe, doctor Tofú, lo escucho — habló con parquedad.

Oh, sí… perdón — volvió a dirigirse al señor de la casa —. He venido a pedirle que me acepte como el prometido de Kasumi… quiero que sea muy pronto mi esposa.

La familia abrió la bocota con sorpresa… tanto tiempo esperando un acto coherente de parte del joven médico hacia la dulce señorita Tendo, pensando que tal vez nunca llegara a mostrarse cuerdo frente a ella, y ahora, tan sólo quince días después de haberla tenido como paciente, se armaba de valor y hasta pedía la autorización del padre para desposarla.

La que conservaba la calma y la sonrisa era precisamente la aludida, porque Kasumi ya sabía de antemano que eso se tenía que dar así.

Doctor Tofú — dijo Soun seriamente, sin dejar de verlo de forma escrutadora —, ¿qué le ofrece usted a mi hija Kasumi?

Primeramente amor… yo amo a Kasumi de buena manera — contestó muy seguro, con una seguridad que sorprendió más a todos —. Y una buena vida, puedo afirmarle que nunca tendrá carencias… por algo tengo un trabajo estable.

La cara de Soun Tendo parecía de piedra. Su hija mayor era su tesoro más preciado. No por despreciar a las menores, pero era la única que lo atendía bien, la única comprometida con él, porque se lo prometió a su madre y lo hacía siempre con amor, la que lo trataba con más cariño y respeto… sin embargo no podía tenerla esclavizada a su voluntad siempre y negarle la oportunidad de ser feliz con ese hombre, que hacía un buen tiempo mostraba perder el piso por ella, un buen partido en toda la extensión de la palabra; al notar como miraba al doctor, se podía adivinar que la joven sentía lo mismo por el médico. Aun así debía comprobarlo para no obligarla con algo sólo por no desacatar su palabra.

Kasumi — miró a su hija con el mismo gesto endurecido —, ¿estás dispuesta a unirte a él, aunque tal vez las cosas no siempre salgan bien?

Papá — la chica le dirigió una breve reverencia a su progenitor —, amo al doctor Tofú. Si tú me lo permites viviré con él donde sea, si no quieres… tal vez te desobedezca por primera vez.

El doctor y la muchacha se miraron con profundo amor, y después volvieron a ver al señor de la casa. Nadie más se había atrevido a hablar e interrumpir. Soun sonrió.

Tienen mi consentimiento — dijo ya en tono más considerado —. Sólo no me la quite tan pronto, doctor Tofú.

Gracias, señor Tendo — Tofú suspiró aliviado y feliz, pues no le gustaría tener que llevarse a Kasumi por sobre su padre —. No la voy a separar de usted aun… tal vez dentro de un año, para preparar todo con calma… pero Kasumi seguirá viniendo a verlos y atenderlos si así lo quiere.

¡Papacito! — la dulce joven se levantó y abrazó a su progenitor, besándolo tiernamente en la mejilla —. Nunca te dejaría solo.

¡Al fin! — dijeron los demás al unísono, soltando un sonoro suspiro y levantándose de sus "asientos".

¡Kasumi, felicidades! — sus hermanas la abrazaron con alegría.

¡Doctor Tofú, felicidades! — Ranma y Genma le palmearon la espalda, y "P-chan" chilló de gusto.

¡Kasumi linda! — Happosai pensaba abalanzarse sobre la chica, para darle uno de sus "cariñitos"… Tofú le aplicó un rapidísimo movimiento de presión que lo dejó inconsciente sobre la mesa.

Al pobre maestro Happosai — dijo sonriente el médico después de su "heroica" acción — le hace falta un masaje adecuado a su edad.

Los demás se rieron ruidosamente en tanto Kasumi abrazó cariñosamente por la cintura a su ya prometido y futuro esposo.

Doctor Tofú… — le dijo con amor — gracias.

Y le dio un beso tierno cerca de la comisura de los labios. Era mucho pedir que el hombre mantuviera la cordura. Nuevamente adquirió su expresión de tonto.

Kasumi… — dijo mirándola con sus gafas nubladas en cuanto la joven lo soltó suavemente.

La típica gotita anime hizo acto de presencia en la frente de los demás… hasta a "Betty" le brotaría. Desgraciadamente el esqueleto es quien paga los platos rotos ante los arranques de demencia de Tofú.

¡"Betty" querida — la levantó en sus hombros —, Kasumi y yo nos casaremos en este lindo lugar! ¿No te parece maravilloso? ¡Sabía que te gustaría!

Hay cosas que no van a cambiar — murmuraron Ranma y Akane con expresión resignada.

Y salió al jardín dando vueltas con la osamenta… hasta caer al estanque. Kasumi se carcajeó con una risa cantarina.

¡Ay, doctor Tofú — dijo al momento, sin dejar de reír alegremente —, sigue siendo muy gracioso!

Nota de la autora: Quedó larga esta última parte, pero era el clímax de la historia, me parece tan romántico que la tuviera de paciente, de otra forma no podría actuar con cordura sino realizando su trabajo. Tal vez descarado el OoC pero, como comenté, era necesario para hacer al hombre sincerarse y a la mujer darse cuenta de lo que él sentía por ella. Es un poco triste que Rumiko Takahashi no haya formalizado a esta pareja y nos haya dejado con ganas de verlos llegar al altar. Arigato por leer y sayonara de esta historia. Les reitero una vez más la invitación a mis fics principales para mis nuevos lectores. Yo y mis loqueras.

P.D. Vieran como sufrí para hacer las cursilerías de Tofú…