Parejas: Hikaru&Lantis, Umi&Ascot, Fuu&Ferio.

Disclaimer: Nada me pertenece. Los uso con fines de diversión y entretenimiento.

Comentarios al final.

•••: Cambios de escena, tiempo, depende.

Reencuentro

By P. Black

Caldina las halagó una vez más sobre sus vestimentas, les estaba dando algunas instrucciones sobre lo que harían cuando la puerta de la Sala se abrió; rápidamente la bailarina las cubrió con una ilusión haciéndolas desaparecer, como si fueran parte del decorado y las chicas ahogaron una risita.

- Clef, Presea, Caldina, Lafarga, enano –dijo seriamente un muchacho con alrededor de 22 años, cabello verde sujetado en una coleta baja, una cicatriz en una mejilla y unos ojos dorados como el sol. Fuu sonrió al reconocer esa voz y sus ojos brillaron al mirarlo.

- Ferio –Clef inclinó la cabeza.

- Príncipe –Lafarga hizo también una reverencia.

- Hola niño –Caldina le sonrió divertida, conociendo el fastidio que le producía al muchacho-. ¡Pequeño! –le dijo a Ascot y lo abrazó.

- Uhm... C-Caldina... Me sofocas –la bailarina se rió y se alejó del muchacho.

- ¡Ascot! –El pequeño ojidorado buscó los brazos del muchacho quien le abrazó.

- Pequeño revoltoso –le dijo Ascot al niño luego de dejarlo en el piso-, ¿te has portado bien? –El chiquillo asintió contento.

- ¿Tuvieron buen viaje, Ferio? –Presea se acercó al muchacho y lo abrazó maternalmente.

- Claro, Presea –dijo el Príncipe devolviendo el abrazo, pero igual de serio-, ahora solamente deseo descansar –dijo tirándose en el trono.

Detrás del príncipe entró el Espadachín Mágico, Lantis, quien seguía aparentando alrededor de 24 años, maduro y serio. La vestimenta negra que lo caracterizaba aún no la cambiaba y la armadura por obvias razones era la misma, junto con la delgada coronilla que le adornaba la frente haciéndolo parecer un príncipe. Hikaru siempre lo consideró así, un hombre con porte regio y un aura tan misteriosa que invitaba a conocerlo y al mismo tiempo que a veces la hacía temblar de miedo. Pero sus ojos, azules tan oscuros que parecían negros le demostraban a la guerrera mágica que Lantis sufría de una soledad y tristeza inimaginables.

- ¿Novedades? –Clef cuestionó intentando ganar tiempo.

- Las princesas de Chizeta, Tarta y Tatra, querían saber si les era posible pasar unas semanas en nuestras tierras –comentó Ascot-. Cordialmente las he invitado yo mismo.

- Me parece bien –dijo Ferio y Clef asintió-. En Fahren las cosas están bien, la princesa Aska ha tomado más en serio su papel como regidora de su país y está creando alianzas con los otros planetas. Me pidió algunos consejos sobre el área diplomática. ¿Lantis?

- Autozam está en recuperación, les ha costado mucho trabajo, pero lo están logrando –la voz de Lantis hizo que el corazón de Hikaru saltara en su pecho. Umi le sujetó las manos y le sonrió.

- Y aquí, ¿alguna novedad? –habló de nuevo el príncipe Ferio.

- Uhm, pues… –Caldina dudó un momento-, es que..., yo..., ah... ¿no van a cenar? Nosotros..., uhm... –la mujer de ojos color turquesa pidió auxilio a Presea, Clef o a su marido.

- ¡Tenemos una sodpdesa! –Se escuchó gritar al pequeño Prius mientras se bajaba de los brazos de Ascot.

- ¡Prius! –Caldina lo vio salir corriendo a carcajadas de la Sala del Trono y perderse por uno de los pasillos. Exhaló el aire, algo frustrada.

- ¿Perdón? –Dijo Ferio algo extrañado.

- ¿Qué sucede, Maestro?

Ascot se extrañó de aquello, Clef era el único callado y compuesto en aquel castillo, además de Lantis. Pero ver a Caldina, Lafarga y Presea siéndolo le causaba mala espina. Y además, estaba el hecho de que Prius había hablado sobre sorpresas. ¿De qué se trataba todo?

- Bueno, pues, que queríamos comentarles algo sobre... –Lafarga rodó los ojos ante el nerviosismo de su esposa y puso la mano en su hombro.

- Las Guerreras Mágicas –dijo el Guardia Real impaciente-. Hace más de cinco años que todo terminó y no hablan sobre el tema. Pero más importante necesitamos hablarles sobre ellas.

- Es algo que no les incumbe –Ferio frunció el ceño y se mostró férreo, tajante.

- Ferio, no pueden seguir así... –Presea quiso acercarse.

- No insistas, Presea –dijo el muchacho con la mirada dolida-. Esto a veces es mucho más fuerte que yo –dijo lastimero-, si hablo de ella, me voy a volver loco por no tenerla. Lo mejor es olvidar.

En su ilusión, las chicas se removían inquietas en sus lugares no sabían cuánto dolor habían causado en ellos. Y el problema radicaba en que no podían hacer mucho en aquella situación; si bien, querían sorprenderlos con su llegada, pero no sabían que aquello se iba a salir de las manos de todos. Umi estuvo a punto de soltar gritos de protesta cuando sus amigas le habían cubierto la boca, negando con la cabeza para tratar de escuchar un poco más.

Cada una se sentía mal, como dolidas; al escuchar a Ferio hablar de aquella manera, Fuu moría de ganas de golpearlo para que reaccionara, ese no era el Ferio que ella había conocido en el Bosque del Silencio, no era el chico optimista y valiente del que se había enamorado tan perdidamente. La Guerrera del Viento caminó hacia su amado príncipe y se detuvo justo a su lado, deseaba con todas sus fuerzas alargar la mano y tocarlo, gritarle que estaba ahí y que él la abrazara.

El Príncipe dio un respingo al percibir el aroma y la presencia de la guerrera. Esa presencia dulce y fresca como el viento, negó alejando aquellas ilusiones de su mente, se estaba engañando si creía que ellas volverían. Había sido así los últimos años, siempre esperando su regreso, porque tenía fe eso era lo que más tenía. Y su fe se acrecentaba con el conocimiento de que su preciosa gema se había ido con ella. ¡Dioses, cómo la extrañaba! Le hacía mucha falta. Sus ojos verdes y su preciosa cara. ¡Solamente deseaba verla una vez más! Lentamente negó con la cabeza. No, no podía ser verdad.

La Guerrera del Agua también emprendió sus pasos hacia su amigo hechicero y se detuvo frente a él admirando sus ojos color esmeralda que de repente parecían brillar con reconocimiento, como si la sintiera. Ascot ya no era un niño, estaba igual de alto que la última vez, pero sus facciones eran más maduras, toda su aura le decían que aquel muchachito que amaba a sus monstruos era ahora un adulto. Umi se deleitó con la idea de que el muchachito malcriado era ahora todo un hombre responsable y que a sus ojos no le era desagradable. Sintió la imperiosa necesidad de saber que se sentiría estar tan enamorada como Fuu y Hikaru lo estaban.

El Maestro de las Bestias se sobresaltó cuando un calor inusual tocó su mano, era algo irreal, pero en esta tierra de Voluntades todo era posible, ¿no? Durante años aceptó el hecho de que la Guerrera del Agua solo tenía ojos para su Maestro Clef, pero él estaba feliz de sentir todo aquello por ella, por lo que siguió cultivando ese sentimiento de amor. Desgraciadamente todas habían desaparecido y en lugar de olvidar, como decía Ferio, Umi se metía cada vez más en su corazón. Sonrió un poco al tener una visión bastante clara de la chica frente a él, con el cabello más corto y los ojos brillantes, vestida con ropas de Céfiro, confeccionadas especialmente por Caldina. Preciosa. Cayó en cuenta de algo que antes no podría percibir, su querida amiga bailarina tenía su abanico ilusionista en las manos y reconoció de inmediato aquella sorpresa de la que el pequeño enano había hablado. Miró a Caldina significativamente y ella le guiñó.

- ¿Es de verdad? -Lafarga asintió.

- ¿De verdad, qué cosa? –Ferio los miró también, tratando de entender.

- Príncipe, a veces eres demasiado denso –confesó Presea.

Por último Hikaru se colocó frente a Lantis y alcanzó su mejilla, tibia y algo áspera por los viajes; sus ojos azules mostraban soledad y ansiaba verlos revivir y brillar con calidez, justo como cuando ella le había dicho que lo amaba al final de la 2da Gran Guerra y le había respondido que él sentía lo mismo por ella. La pelirroja anhelaba ver los cambios que podría provocar en él al amarle cada vez más, deseaba con todas sus fuerzas estar con él y compartir tantas cosas.

- Lantis… -susurró quedamente.

El caballero se sobresaltó, su pose autoritaria y dura se desmoronó. Acercó su mano a su mejilla, asustado de sentir aquel dulce aroma y la hermosa voz, pero no podía ser cierto no quería creerlo aún. Ella..., ¿ella? Volteó con su Maestro Clef quien sonrió y asintió al mismo tiempo. Los tres jóvenes se dieron cuenta de algo extraño, la bailarina fijaba sus ojos en ciertos puntos que para ellos estaban vacíos y eso les estaba causando un conflicto. ¿Qué veía? Entonces sus ojos turquesa se llenaron de lágrimas mientras Lafarga la abrazaba de manera protectora.

El estoico Lantis comenzó a inquietarse cuando entendió lo que sucedía, o al menos una parte de lo que sucedía.

- Ellas... –susurró Lantis, encontrando su voz-, ¿está...?

- ¿Ellas? –Ferio se molestó aún más, podía sentir la presencia de la mujer que amaba alrededor de él, el calor de un cuerpo que estaba a su lado pero que al mismo tiempo no lo estaba, no podía estarlo-: Basta, Clef, ¿q-quiénes? –suplicó.

- Están aquí –dijo de pronto Ascot, sobresaltado por su propia declaración. Conocía la paz y autoridad que Umi transmitía, el calor de su mano se lo decía y las lágrimas de Caldina se lo confirmaban. Solamente alguien como ella podía crear ilusiones sobre las personas y aquella anterior visión de Umi era nueva, reciente.

- Caldina –dijo Clef-, por favor.

La bailarina de Chizeta, quitó la ilusión con un movimiento de su abanico y frente a los ojos de aquellos se materializaron tres jovencitas. De las tres, solamente Umi no lloraba sino que su bello rostro se iluminaba con una sonrisa que le presentaba a su amigo; Fuu y Hikaru no podían parar sus lágrimas. Los tres hombres, que parecían imperturbables comenzaron a desmoronarse frente a sus mujeres; los cuerpos temblaban ante la sola idea de que fuera una mentira y al mismo tiempo vibraban con una emoción tan incomprensible y encantadora que los intoxicaba. ¿Eran ellas? ¿De verdad eran ellas? Ferio fue el primero que reaccionó, alargó la mano hacia la chica quien se mordió el labio ahogando el sollozo. Sintió sus dedos rozar su mejilla y los ojos dorados del príncipe también se anegaron de lágrimas.

- Fuu... –susurró.

- Ferio... –dijo la chica y se dejó acariciar las mejillas, igual que ella sujetaba sus manos para sentirlo cerca.

- Estás aquí –el príncipe le sonrió-, volviste. ¡Volviste!

No soportaron los 20 o 30 centímetros que estaban separados, se estrecharon en un abrazo tan lleno de amor y ternura, sintiéndose las personas más felices en todo el bendito universo porque estaban juntos, de nuevo. Ferio la rodeó con tanta fuerza, sintiendo cada parte del cuerpo de la Guerrera en el suyo, temiendo que aquella mujer fuera a evaporarse. Cinco años eran demasiado tiempo como para no quererla sentir así. Ambos se rieron cuando el Príncipe la cargó y comenzó a dar vueltas, demasiado contento para ocultarlo.

- ¡Eres tú! –Gritó contento, notando sus mejillas húmedas.

- ¡Soy yo! –respondió ella cuando la dejó en el suelo y de repente, sin pensarlo él la besó.

No quería pasar un minuto más sin saber lo que se sentían sus labios, la desesperación lo hizo no pensar y simplemente lanzarse a la aventura de probarlos. Acariciaba sus mejillas de la manera más tierna y amable que podía, buscando contacto. Los demás presentes se sintieron un poco abrumados por tanto amor que se desprendían y dejaron a los enamorados en su propio mundo, en la privacidad que Caldina podía permitirles con sus ilusiones.

Umi se colgó del brazo de Ascot quien al notarla tan cerca se ruborizó a lo cual la Guerrera Mágica de Ceres sonrió ante la reacción del muchacho. Estaba contenta de reencontrarse con su amigo, pero ella no quería llorar quería estar sonriente para él. Ascot la admiró un momento, recorriendo cada centímetro de su rostro mientras la chica sonreía maravillosamente y entonces cruzaron miradas. Umi volvió a sonreírle.

- ¿Te da gusto verme? –Preguntó inocente.

- Por supuesto, Umi –la voz sonó un poco más grave y la chica se estremeció un poco-: Estás..., diferente –dijo el muchacho ruborizado-, mucho más..., bonita.

- Gracias –eso causó un ligero sonrojo en las mejillas de la chica, quien luego se vio envuelta en los brazos de él-: ¡Ascot! –Y se refugió en el abrazo, intentando evitar las lágrimas. Cosa no obtenida.

- Te he extrañado –susurró el muchacho en su oído. Y esa fue toda la prueba de la Guerrera del Agua para sollozar, repitiendo "Yo también", una y otra vez.

Cuando Hikaru se presentó frente a Lantis, había visto duda en sus ojos como si no creyera que ella se encontraba ahí. Sonrió débilmente y retiró la mano de su mejilla, esperando que él reaccionara, que la abrazara o la desapareciera debajo de la capa de su armadura. Pero también sabía que Lantis requería algo más de tiempo que el resto de sus amigos puesto que no era muy expresivo.

- Hikaru –murmuró el hombre, mirándola fijamente.

- Lantis –las lágrimas parecían haber dejado de caer.

Tenía las mejillas sonrosadas, la estilizada nariz pequeña y colorada, y sus delicados labios que se mordía de manera dudosa, esperándole. El Caballero Mágico se quedó observándola por unos minutos que fueron casi eternos para ella, encontrando en la joven mujer cada facción que recordaba y también marcas nuevas. Sus ojos de color rubí brillaban con intensidad y era indescriptible lo que Lantis sentía al verla ahí de nuevo; notó con agrado que había crecido unos centímetros, pero seguía siendo más bajita que él y que su cuerpo, ahora de mujer, era totalmente perfecto, que el cabello antes en una trenza ahora lo llevaba recogido de otra manera pero que toda su presencia seguía siendo la misma.

- E-estás aquí –logró decirle y alargó la mano a su mejilla, tocándola de forma suave-: ¿Cómo? –Hikaru le sonrió un poco y ella también unió su mano a la de él, buscando el calor de él.

- Mucha fe –dijo entrecortadamente.

Entonces Lantis fue consciente de las miradas que le dirigían todos y no podía o más bien no quería tener tantos ojos sobre su persona, quería estar a solas con ella y poder decirle todo lo que quería a la chica. Ante la sorpresa de los demás murmuró un par de palabras y luego de cubrir a Hikaru con su capa, desaparecieron.

- ¡Lantis! –Gritó Caldina-. ¡No es justo! –Los demás, ajenos a Umi y Fuu, se echaron a reír.

•••

Ambos se encontraban de repente en la fuente del jardín del castillo, ella debajo de su capa parpadeó un par de veces hasta acostumbrarse al lugar; luego echó una mirada a aquel lugar, donde él le había entregado el medallón que la protegería más adelante. Percibía la magia del hombre rodearla, era una sensación de calidez muy diferente a la magia propia y entonces lo miró una vez más solamente para darse cuenta que el Caballero tenía los ojos cerrados concentrado en respirar y sentirla a ella.

Abrió los ojos, anhelando verla, cosa que obtuvo sin reparos. Ella le sonrió tímidamente, aún envuelta en su capa, con ambas manos apoyadas en su pecho ataviado con la armadura. Sin decirse nada, él la tomó de la mano y la condujo para sentarse en la orilla de la fuente.

- Pensé que jamás volvería –sus ojos del color del zafiro se fijaron en ella cuando empezó a hablar-. Rayearth y los Dioses nos permitieron volver –sintió las manos del Caballero acariciarle una de sus mejillas y ella sonrió, encantada.

- ¿A qué precio? –Cuestionó él, preocupado.

- Aún no lo sabemos en realidad.

Se quedaron en silencio un rato, lanzándose miradas profundas como si no necesitaran de palabras para disfrutar de la compañía del otro. La guerrera del Fuego comenzó a jugar con algunas aves que sobrevolaban el jardín mientras que Lantis la observaba absorto; cada movimiento era más delicado que antes, toda ella se veía más femenina y adulta, pero su sonrisa y su mirada eran exactamente como la recordaba, infantil y alegre.

Paseó su mirada por el rostro de la chica deteniéndose súbitamente en sus labios recordando aquel día en que Nova le robara un beso y la fuerza que Hikaru desprendiera en batalla. Se sintió halagado, lleno de algo cálido y especial por la pequeña Guerrera y durante toda la batalla Hikaru fue la única que siempre rondó por su mente. Quería verla feliz, quitar de su rostro toda tristeza o angustia, comprendiendo al final que la amaba. Aún la amaba.

- Una moneda por tus pensamientos –la voz de Hikaru lo regresó a la realidad.

- Pienso en ti... –le confesó-, te amo –eso logró que la joven mujer se sonrojara y se pusiera nerviosa, no esperaba aquello de su parte aún.

- Lantis... –murmuró antes de echarse a sus brazos; a él le encantaba como su nombre sonaba en su boca y en su voz-, te eché tanto de menos.

Se puso de pie jalándola con él y sin nada más que decir, el Espadachín Mágico la sujetó con mayor fuerza, manteniéndola pegada a su pecho, envolviendo su menudo cuerpo en sus brazos. Lantis fue plenamente consciente de que ella era la única mujer con la cual podría ser así de cariñoso y amable, la quería con él para siempre, no quería pasar otra vez por aquella tortura de encontrarla para perderla de nuevo.

Hikaru se sintió en las nubes cuando él le correspondió su abrazo de manera tierna y posesiva como si no fuera a dejarla escapar por ningún motivo. Su corazón latía fuertemente y estaba casi segura de que podía sentir el corazón de Lantis latiendo contra su pecho de la misma manera. Sonrió contenta porque sabía que desde hacía cinco años jamás lo había dejado de amar un solo segundo.

•••

Ferio y Fuu también habían salido de la Sala del Trono ante las miradas contentas de los demás presentes, las cuales fueron ignoradas por el muchacho. La llevó por el castillo hacia rumbos desconocidos siempre tomados de las manos conversando de cualquier cosa, principalmente de ella y sus últimos años en la Tierra. Le contó al príncipe que ella y sus amigas habían entrado a la misma universidad y cada una estaba estudiando una carrera.

Fuu estaba estudiando Ciencias, explotando un poco más su área de Investigación; Umi, estudiaba Derecho, por consecuencia de su padre; mientras que Hikaru había logrado entrar en Medicina con una beca. Finalmente, Ferio la llevó por los jardines exteriores del palacio y se detuvieron bajo un árbol frondoso, sentándose a su sombra.

- ¿Te gusta lo que haces, Fuu? –Preguntó de repente el muchacho-, ¿allá en Mundo Místico?

- No puedo quejarme –la joven se encogió de hombros-, cuando regresamos de la segunda batalla todo se volvió normal y aunque en un principio eso queríamos la verdad es que después de Céfiro todo era aburrido.

- ¿Y las demás, son felices en lo que hacen?

- Es gracioso, pero al principio no queríamos vernos –respondió Fuu ante el asombro del Príncipe-, más bien no podíamos vernos porque nos recordaba constantemente lo que dejamos aquí. Cada quien se ocupó de sus asuntos, durante algunos meses hasta que Hikaru no lo soportó más y nos llamó para vernos. Desde entonces no nos hemos separado un solo instante.

- Ahora ya estás aquí –Ferio besó el dorso de su mano y luego la acomodó entre sus piernas para abrazarla por la espalda-, conmigo.

- Contigo...

Se miraron unos cuantos segundos profundamente sintiendo la respiración del otro en sus rostros, colándose en sus bocas. El Príncipe Ferio descansó su frente en la de ella sin despegar su vista de la suya, no habían sido conscientes de lo mucho que se añoraban hasta justo en ese momento, donde compartían espacio y tiempo. El viento sopló suavemente entre ellos, el tiempo corrió por encima de ellos. Y ellos ni siquiera lo notaron.

•••

Ascot y Umi se quedaron en la Sala del Trono que se había quedado solo después de un rato. Después de haberse abrazado y de que ella dejara de sollozar, tuvieron tiempo de sobra para platicarse todo lo que quisieron. El joven Maestro de las Bestias había conjurado un par de sillas y sin alejarse mucho de ella, dejó que hablara largo y tendido. Umi era consciente del cariño y la devoción que Ascot le profesaba en sus miradas y en cómo cuidaba cada pequeño detalle a su alrededor.

Le contó sobre cada una de ellas, Hikaru como practicante de Medicina, Fuu como investigadora en Ciencias y ella como practicante para Derecho. Cada una tenía una vida, sin embargo, se había visto muy vacía al despedirse de todo este mundo hermoso que habían conocido hacía cinco años. Rieron y hablaron durante muchísimo tiempo.

- ¿Y..., el amor? –Ascot ocultó sus ojos en el flequillo.

- Sola como el último pepinillo del recipiente –el chico la miró confundido-, no me hagas caso –dijo ella riendo-. Ninguna de las tres ha tenido cabeza para eso –confesó-. Ya ves, Ferio recibió a Fuu justo como todas deseábamos que él la recibiera, -sonrió-, abrazándola y pregonando a los cuatro vientos que estaba contento por verla.

- ¿Y Hikaru? –Ascot tomó más confianza con ella.

- ¿Acaso no fue suficiente la manera en que Lantis hizo que desaparecieran? –El joven asintió y se rió-: Eso es amor –dijo algo melancólica-, ese amor que sobrepasa tiempos y espacios, y espera. Una vez creí sentir eso, pero..., supongo que no era verdadero amor –Umi esbozó una sonrisa.

- Llegará –dijo el chico-, algún día llegará ese amor que sobrepasa todo, Umi, ten fe.

- La tengo –dijo ella observándolo con aquella pizca de sabiduría que había en sus ojos-. ¿Vamos a buscar a las chicas?

Se encaminaron por los pasillos hacia el exterior, donde encontraron a Fuu y a Ferio sentados bajo el árbol, riendo. Umi vio con agrado como ambos se sonrojaban cuando ella se acercó. El joven Príncipe se levantó y ayudó a su acompañante para luego abrazar a Umi al igual que Ascot hacía con Fuu.

- ¿Saben dónde podrían estar Hikaru y Lantis? –Preguntó Ascot.

- En la fuente del jardín interior –rieron Umi y Fuu cuando entonaron la misma frase.

- ¡Pues qué esperamos! –dijo Ferio-, me gustaría ver a esa pelirroja desconsiderada.

Los cuatro caminaron de regreso al castillo y dirigieron sus pasos directamente al jardín interno. Ahí, encontraron a la pareja en la rama de un árbol, Lantis detrás de ella sujetándola por la cintura, mientras Hikaru descansaba su espalda en el pecho del chico con los ojos cerrados. Ninguno de los dos notó a sus amigos abajo del árbol, hasta que la ojiazul pegó tremendo grito.

- ¡Hey, par de tórtolos! –La pelirroja se removió, asustada, haciendo que ambos perdieran el equilibrio y cayeran al suelo-. ¡Dioses, Hikaru!

- ¡Lantis! –Ferio se acercó rápidamente a la pareja-. ¿Están bien?

- Auch... –gimió Hikaru y se incorporó un poco, notó que estaba sobre algo más o menos blando y que la sujetaba de la cintura una vez más. Abrió los ojos de golpe-: ¿Lantis, estás bien? –El chico abrió los ojos y sin emitir sonido alguno la miró.

- Sí, estoy bien –sonrió-, ¿y tú? –Hikaru asintió y luego fue consciente de que Ascot la ayudaba a levantarse y Ferio ayudaba a Lantis.

- ¡Oh, Karu, perdona! –Umi la abrazó-. Lo siento tanto, Lantis.

- No te preocupes, Umi, estamos bien –le contestó la pelirroja devolviendo el abrazo. Después miró a los dos muchachos que acompañaban a sus amigas-: ¡Ascot, Ferio! –Ascot le dio un breve abrazo.

- ¡Pelirroja! –Ferio abrazó fuertemente a la muchacha, quien devolvió el abrazo igual de contenta-: Me da tanto gusto verlas, chicas –dijo el príncipe cuando se separaron.

- ¡Hikaru, te ves más alta! –Entonó Ascot, divertido, cuando la vio de pie junto a Lantis.

- ¡Oye, niño, que tengo 20! –La mirada de Hikaru se tornó fulminante-: No iba ser una niña toda la vida. A diferencia de ustedes, nosotros crecemos por ley natural –apuntó la muchacha, mientras el joven mago y el príncipe reían por lo bajo. Entonces la Guerrera de Fuego sonrió con algo de nostalgia recordando a sus hermanos-: Son peor que mis hermanos –murmuró la chica rodando los ojos.

- ¿Hermanos? –Dijo de repente Ferio-, ¿tienes hermanos?

- Tres –dijo ella sentándose en el suelo y viendo que los demás hacían lo mismo-: Satorou tiene 26, Masaru 24 y Kakeru 22 –de pronto la mirada rubí de la muchacha se llenó de preocupación.

- ¿Sucede algo, Hikaru? –Lantis apoyó una de sus manos en la espalda de la mujer.

- Oh, no, me acabo de dar cuenta que mis hermanos pueden estar preocupados –respondió-, espero que Satorou sepa calmarlos –Ferio quiso preguntar sobre aquello, pero la misma pelirroja lo detuvo-: Le conté a mis hermanos sobre nuestro viaje a Céfiro.

- ¿En serio? –Cuestionó Ascot.

- Sí –dijo ella y sin preguntar acomodó su espalda en el brazo de Lantis-. Constantemente soñaba con Céfiro y estaba tan afligida que lloraba mucho.

- ¿Problemas? –Lantis la rodeó de forma protectora, acomodándola mejor contra sí.

- No, los tres creyeron en mí y me ayudaron mucho –Hikaru le sonrió tiernamente y luego rió-: Pero eso es historia, -contó divertida-, lo que sí puedo decir es que son sobre protectores conmigo porque soy la única mujer en casa, nuestros padres murieron cuando yo tenía diez años y Satorou tomó el control del Dojo de kendo como profesor y los demás ayudamos en todo lo que podemos.

Durante otro par de horas los seis se quedaron conversando bajo la sombra de aquel árbol hasta que les dio hambre suficiente para ponerse en pie y correr al comedor. Justo antes de salir, Hikaru fue detenida por la mano de Lantis quien la sujetaba fuertemente.

- Hikaru –la llamó el Caballero.

- ¿Sí? –Los ojos de la pelirroja brillaron cuando lo miró. Lantis la rodeó de nuevo por la cintura con uno de los brazos, mientras que su otra mano viajaba por su mejilla.

- Me alegra que hayas vuelto, princesa –susurró el Espadachín para luego dejar un beso muy suave y largo en su frente.

- A mí también, Lantis –sonrió ella ante el afecto.

Y juntos caminaron por el castillo antes de que Ferio se acabara la comida de la Sala del Trono.

¡Hola a todos mis lectores! En especial a aquellos que me dejaron review: Mere Mitsuky Taiyoukay, Xulder2012 y a "Yo" (quién no me dejó forma de localizarle jaja). Les agradezco sus palabras, no saben que es alimento para uno jajaja y no en sentido literal, es bonito cuando nos halagan.

Debo confesar que durante la semana terminé de leerme el manga de Magic Knight Rayearth y me gustó mucho más que el final del anime, es que… ¡se quedaron tantas cosas inconclusas! Como por ejemplo Hikaru/Lantis y demás, era simplemente horroroso no saber qué sucedió después. Con decir que hasta me dieron ganas de cambiar un poco el argumento de mi historia con tal de estar más alineada con el manga, pero me es imposible porque mi historia está pensada para el final del anime. Lo que sí quiero hacer es tratar de incorporar un poco lo que sucedió en el manga en mi historia para que me quede un mejor sabor de boca.

Espero les guste este capítulo, estuvo lleno de amor y de tantos sentimientos, creo que ha sido un buen trabajo. De hecho, aún cuando ya lo tenía terminado volví a revisarlo una y otra vez por si encontraba errores.

¡Ah! Olvidaba comentarles, estuve buscando información acerca de los nombres del manga y resulta que Lantis, Caldina, Clef, Ferio, entre otros, son nombres de automóviles japoneses por lo que me di a la tarea de buscar más modelos de autos para llevar la misma línea y poder asignar los nombres adecuados. Por tal motivo, habrán notado que el nombre IKKI (el hijo de Caldina y Lafarga) cambió por PRIUS (sí, como el Prius de Honda), de hecho ya hice el cambio en el capítulo 1 por si quieren verificar. De no ser así, avísenme para hacer los cambios.

¡Los quiero! ¡Ja-ne min'na!

P. Black