Parejas: Hikaru&Lantis, Umi&Ascot, Fuu&Ferio.

Disclaimer: Nada me pertenece. Los uso con fines de diversión y entretenimiento.

φφφφφ: Cambio de tiempo.

•••: Cambio de escena, pero durante el mismo día.

Llegada

By P. Black

Durante los siguientes días, Ferio, Ascot y Lantis se ausentaban en conjunto con las chicas hacia los parajes de Céfiro, mostrándole a las Guerreras que su mundo estaba más bello que de costumbre.

Todos en el castillo habían notado el cambio radical que habían sufrido aquellos hombres que tenían de vuelta a la mujer que amaban. Ferio había vuelto a ser hablador y chistoso; Ascot entrenaba su magia aún con mayor entusiasmo que antes; y Lantis, bueno, su rostro había adquirido un semblante mucho más relajado y se le veía sonreír más a menudo. El pequeño Prius tenía con quien jugar, puesto que Hikaru había recuperado su habitual energía; Umi se había acercado mucho a Caldina, extasiada por el embarazo de la bailarina y haciéndole prometer que tan pronto como estuviera recuperada le enseñaría a bailar; Fuu, por otro lado, se quedaba mucho tiempo conversando con Clef sobre algunos libros que el mismo Mago le había mostrado a la Guerrera.

Esa tarde en particular, Umi estaba muy emocionada debido a que Tarta y Tatra estaba por llegar a Céfiro. Ferio le había encomendado que se encargara totalmente de la recepción de las princesas, ya que ella había sido quien iniciara las relaciones con Chizeta. Sin embargo, estaba llegando a niveles insospechados, lo cual ya estaba poniendo de mal humor a quienes estaban ayudando.

- ¿Están listos los vestuarios para la recepción? –Una de las chicas que trabajaba en el palacio asintió-, ¿y los alimentos, los adornos, la música? –La muchacha miró a Umi asustada y luego pidió a Ascot que la calmara.

- Umi... –le llamó.

- ¿Karu, estás segura que no te irás por ahí con Lantis? –Hikaru negó riendo, mientras ayudaba a conjurar fuego para los candelabros que Umi había rogado por utilizar.

- Uuumi –entonó el joven mago, de nuevo.

- Fuu dile a Ferio que deje de jugar como si tuviera 6 años. ¡Debe estar presentable para la noche! –Exclamó la ojiazul-: Todo debe estar perfecto, cada cosa en su lugar y ca...

- ¡UMI! –Ascot la abrazó desde la espalda, rodeando su cintura y cubriendo su boca con su mano.

Dijo unas palabras para conjurar al águila con cuerpo de humano, subió con ella en brazos y se la llevó hacia el exterior del palacio ante las miradas de agradecimiento de Hikaru y Fuu. Cuando estuvieron lo suficientemente alto, Ascot le pidió a su amigo dirigirse a la isla flotante donde el joven mago la hizo descender y luego el águila-humanoide desapareció.

- ¿Qué te sucede? –Dijo ella-: ¡Tarta y Tatra no tardan en llegar!

- Umi, necesitas calmarte –Ascot la sujetó de los brazos haciendo algo de presión-. Tienes a medio palacio desquiciado con todas tus órdenes. Tú ni siquiera has disfrutado de la realización de la recepción –la chica suspiró cansinamente, y el joven comenzó a frotar sus brazos lentamente-: Todo está saliendo excelente, cariño, ya no te preocupes.

- De acuerdo –la Guerrera del Agua dejó salir el aire que retenía lentamente y consideró seriamente las palabras del muchacho. Le había gustado la manera que él la llamó, Ascot era muy tímido pero parecía ser otro cuando estaba solo con ella.

- Así me gusta, ahora ven aquí –Ascot la invitó a sentarse.

Observaron durante mucho rato el vasto mundo de Céfiro, el enorme océano que se extendía por debajo de ellos, las nubes que parecían jugar junto a ellos y las aves de repente revoloteaban por ahí. Umi se había acomodado en el pasto quedándose dormida después de unas horas de conversación y tranquilidad.

Temiendo que ella despertara Ascot le acarició la mejilla muy lentamente sintiendo la piel de porcelana de la chica en la yema de sus dedos. Era indescriptible lo que sentía por ella, a pesar del tiempo y del espacio la amaba aún más que cuando lo descubrió. Ansiaba conquistar el corazón de la dama del Agua, y para eso se había propuesto tener paciencia y cuidar de ella lo mejor que pudiera.

Conjuró a uno de sus amigos para regresar a Palacio y llegó con ella en brazos, donde encontró a los demás aún con sus ropas de diario dando los últimos retoques respecto a cada cosa. Lantis observaba a Hikaru calladamente desde un rincón del pasillo, ataviado con ropa de diario sin armadura y ayudando con quehaceres de palacio, Ascot vio en los ojos azules del Espadachín que aquel se moría de ganas por abrazarla. Mientras tanto, Ferio y Fuu reían de forma divertida ante alguna cosa sin sentido que el joven Príncipe hacía o decía, claro sin descuidar sus trabajos.

- ¿Se quedó dormida? –Hikaru que llevaba un pañuelo en la cabeza y la ropa que traía estaba algo más sucia de lo normal, se acercó.

- Sí –asintió él.

- Me imagino que tanta presión por los preparativos la dejaron exhausta –Fuu comentó, intentando limpiar una mancha de polvo que tenía en su nariz, logrando ensuciarla más. Ferio sonrió ante aquello.

- ¿La llevarías a su habitación, Ascot? –Hikaru lo miró con media sonrisa en el rostro porque sabía que al muchacho no habría que pedírselo ni dos veces.

- No te preocupes –Ascot hizo una inclinación de cabeza-: No tardará en despertar así que más vale que la lleve pronto. Nos vemos más tarde chicas.

La llevó hasta su habitación donde la depositó en su cama con suavidad y se quedó observándola unos minutos hasta que la misma chica fue quien comenzó a abrir los ojos, perezosa. Primero se acostumbró a estar despierta y a la débil luz que había en su habitación hasta que finalmente enfocó su vista.

- ¿Ascot? –El muchacho se sentó por un lado de la cama.

- Buenos días. Te quedaste dormida hace rato y preferí traerte –le contestó a la Guerrera-: Creo que es hora de darte un baño y arreglarte, Tarta y Tatra no tardan en llegar.

- ¿Está todo bien para la recepción? –Ascot se detuvo en la puerta de la habitación.

- Tú no te preocupes, las chicas ya terminaron –le dijo él sonriente y acariciándole la cabeza-. Ahora, deja de preguntarme cosas y date una ducha, vendré por ti en un par de horas.

Umi se quedó más tranquila cuando Ascot salió de la habitación. Se quedó un rato más tirada en la cama, espabilando el sueño que aún tenía. Unos minutos más tarde, se dispuso a sacar de su armario el traje que mandó hacer para la ocasión. Era una falda blanca con cinturón azul, y una blusa de cuello redondo y manga corta que le cubría todo el torso, también de color azul. La ropa era muy similar a lo que había vestido la primera vez que estuvo en la nave de Chizeta, pero había hecho algunos ajustes en él puesto que a ella no le gustaba mostrar demasiada piel. Se metió a la ducha, permitiendo que el agua la cubriera por completo y se quedó allí durante unos minutos.

•••

Fuu y Hikaru eran escoltadas por Ferio y Lantis, respectivamente. Las chicas estaban algo moribundas por todo el trabajo que habían hecho. Sin embargo, también se encontraban contentas porque por fin había terminado su quehacer.

- Estoy muerta –Hikaru dejó caer los hombros en señal de cansancio.

- Umi nos machacó con su organización de la recepción –Fuu sonrió para su amiga-, pero admitámoslo, la adoramos.

- ¡Por supuesto! –Exclamó Hikaru contenta de nuevo y se colgó del brazo de Fuu, logrando que Ferio y ella se soltaran.

- ¡Eh! –Exclamó el muchacho ante la acción de la pelirroja. Lantis dejó entrever una sonrisilla, ya que sabía los motivos de la joven mujer.

- Si no te molesta, Ferio, quiero a mi amiga un rato –Ferio la miró ceñudo, mientras la muchacha le enseñaba la lengua-. Antes de ti, siempre era yo, déjamela.

- ¡Pero han sido cinco años! –Reclamó el muchacho y jaló a su novia.

- Chicos... –Fuu sintió un jalón más de parte de su amiga.

- Y tendrás mil años más si quieres, Ferio –le dijo Hikaru sonriendo inocentemente-, quiero a mi amiga.

- Hikaru... –le llamó la muchacha de nuevo.

- Pelirroja, suéltala –le dijo el muchacho mirándola fulminantemente.

- Suéltala tú primero –respondió ella, enseñándole la lengua.

- ¡Basta! –Fuu se soltó de ambos dejándolos caer al suelo-. Parecen infantes –dijo ella frotándose los brazos mientras Lantis ayudaba a su chica a levantarse, dejando entrever una sonrisa de burla.

- No te burles –Hikaru entrecerró los ojos.

- Princesa, creo que es hora de empezar a prepararnos para la llegada de Chizeta –apuntó Lantis sujetando a Hikaru de las manos-: Estoy seguro que Umi querrá que estén junto a ella.

- E-eh, sí... –asintió sonrojándose un poco ante su cariño-. Nos veremos en un par de horas -miró a Ferio y le enseñó la lengua para después alejarse caminando con Lantis detrás de ella.

- No cambiará nunca, ¿cierto? –Cuestionó el muchacho rascándose la cabeza.

- No –Fuu se rió suavemente-. Vamos, nosotros también necesitamos una ducha.

Ambos se tomaron de la mano y caminaron pausadamente hacia la habitación Verde que le correspondía a la chica. Durante el camino casi no se dijeron nada, solamente mantenían el agarre de sus manos con fuerza y seguridad. Ferio suspiró suavemente, ansiando poder pedirle que se quedara con él por toda la eternidad, que lo aceptara más que como su pareja, que pudiera acercarse a ella como mujer. Ya no eran unos niños, él tenía 22 y ella tenía 20, y la deseaba. La deseaba desesperadamente, pero por sobre todas las cosas también la amaba. Más que a nada en el mundo.

- Fuu –la llamó fuera de su habitación, ella volteó.

- ¿Sí?

- Te amo –le dijo el príncipe y la besó nuevamente.

Horas más tarde todos en el Palacio estaban dándose los últimos arreglos. Clef y Presea estaban ya en el salón del Trono, mientras los demás iban por sus respectivas parejas. Ferio llegó hasta la habitación de la chica y tocó a la puerta suavemente, Fuu lo dejó pasar. La chica vestía una falda blanca larga hasta los tobillos, con un cinturón grueso que caía por sus caderas de color dorado, sandalias de cintillas por sus piernas del mismo tono y una blusa de cuello ovalado de color verde que descubría sus hombros. Ferio la abrazó por la espalda y besó uno de sus hombros.

- Como siempre, preciosa –la chica sonrió en el espejo hacia él-. ¿Estás lista?

- Vamos –asintió la muchacha, colocándose el último pendiente y dejándose llevar por el chico.

En otra habitación, Lantis estaba sentado en la cama de Hikaru esperando por ella. La chica salió por fin, enfundada en una falda blanca que le llegaba cuatro dedos arriba de la rodilla, cinturón negro que caía por un lado de su cadera y la blusa de mangas cortas de color rojo sangre que dejaba ver su estómago plano.

- Que sensual –pensó el Espadachín al prestar atención a la muchacha. Hikaru se sintió observada minuciosamente y entonces se sonrojó ante los ojos abrasadores que el muchacho ponía sobre ella.

- ¿T-te parece muy provocativo? –Tartamudeó la joven Guerrera, cubriendo con sus brazos su estómago. De pronto sintió las grandes manos de Lantis sujetarla por la espalda y acercarla a su cuerpo, obligándola a colocar sus manos sobre el pecho del hombre.

- Me parece perfecto –murmuró y su aliento rozó las mejillas de Hikaru-: ¿Vamos?

Ella asintió débilmente, aún embriagada del aliento de Lantis, se dejó guiar por sus manos firmemente sujetas a su cintura y espalda hasta la Sala del Trono donde se encontraron con las otras dos parejas: Umi, quien iba del brazo del joven Ascot, y Fuu, quien era sostenida por Ferio desde su cintura.

Las tres parejas sonrieron y entraron a la Sala del Trono, donde Guru Clef y Presea, vestidos elegantemente las esperaban. Justo después uno de los guardias del Palacio entró avisando que las princesas acababan de llegar y que se dirigían hacia acá. Unos minutos después, las puertas fueron abiertas de nuevo y un séquito de guardias de Chizeta entró, seguidas de Tarta y Tatra, vestidas con sus vestimentas típicas.

- Bienvenidas, princesas, espero hayan tenido un buen viaje –Ascot se acercó a las recién llegadas y las saludó de una reverencia.

- Muchas gracias, joven Ascot –Tatra le sonrió al muchacho y luego dirigió su vista por los demás presentes-: Es un gusto ser recibidas por Céfiro.

- Es un honor para nosotros recibirlas –una voz se hizo paso entre los presentes y las princesas la rastrearon hasta dar con la Guerrera Mágica del Agua.

- ¡Umi! –Gritó la menor de las princesas, Tarta se abalanzó sobre la muchacha-. Nos dijeron que se habían ido –dijo sonriente.

- Tarta, compostura hermanita –la mayor se acercó a la Guerrera Mágica y la saludó más calmadamente-. Lamento que mi hermanita siga con esas costumbres.

- No te preocupes, Tatra –dijo la muchacha riendo-. Recordarás a mis amigas, Hikaru Shidou y Fuu Hououji, la Guerrera Mágica del Fuego y de Aire, respectivamente.

- ¡Por supuesto! Es un gusto para nosotros otra vez, guerreras –Tatra hizo una reverencia, que ellas respondieron de la misma manera.

- ¡Pero cuéntanos! –Exclamó Tarta alegremente-. ¡Cómo llegaron hasta aquí!

- Primero, vamos a sentarnos –pidió Clef y de inmediato todos se colocaron en sus lugares.

Las muchachas parecían felices de sentarse y conversar largo y tendido, hablaron de mil y una cosa; algo relacionado con las escuelas, hermanos, y familias. También hubo uno que otro cuchicheo sobre hombres y risitas misteriosas que sacaban de quicio a más de uno. Después de la comida de bienvenida, las princesas regresaron a su fuerte, Bravada, donde descansaron después de tan largo viaje. Los demás fueron cada uno a retomar sus actividades, entrenar, estudiar o leer.

φφφφφ

Había pasado cerca de diez días más, entre salidas a conocer Céfiro y sus alrededores con las princesas hasta horas de lectura en la biblioteca. Esa mañana, Hikaru, Umi y Fuu estaban en el jardín principal con varios niños a su alrededor, entre ellos Prius quien estaba sentado sobre las piernas de la pelirroja escuchando a Fuu contar alguna historia, mientras que Umi cuidaba de una pequeña de tan sólo 3 años. Tarta y Tatra la escuchaban con atención puesto que era una historia que ninguna conocía.

En medio de la historia, Lafarga llegó corriendo al jardín con el rostro desencajado buscando a las Guerreras. Sabía de antemano que Hikaru estudiaba para sanador, o algo similar y Caldina había rogado por ellas ya que aparentemente había entrado en labor.

- Lafarga –dijo Hikaru levantando la vista-, ¿estás bien?

- Caldina... –respiró hondamente tomando aire-, está en labor. Necesitamos un sanador.

- ¡E-en serio! –Gritó Umi y se acercó a Hikaru-: ¡Karu, vamos! –le dijo confidente.

- P-pero –la chica no estaba muy segura de querer ser la partera de Caldina.

- Vamos, Hikaru –le dijo Fuu apoyándola-, eres practicante de medicina y sabes muchas cosas.

La pelirroja asintió y pidió al espadachín que la llevara con Caldina. En el camino iba pensando en las cosas que había estudiado y aprendido durante su estancia en el hospital. Sus amigas la seguían de cerca, respondiendo las preguntas de las princesas y de Prius, el primogénito de Lafarga y Caldina. Clef, Ferio, Lantis y Ascot estaban ya en las puertas de la habitación, esperándolas. Al entrar, Hikaru se transformó por completo, hizo aparecer tres batas blancas, entregándosela a sus amigas, también conjuró ciertos artefactos extraños para los cefirianos. Después, comenzó a dar órdenes: mantas, agua tibia, cuchillos esterilizados (de lo cual se encargó Fuu) y alguna hierba para calmar a la ilusionista.

- ¡Aaargh! –Gritó Caldina desde su posición-: ¡Ya no aguanto!

- Calma, Caldina –dijo Hikaru tranquilamente-, aún faltan unos minutos. ¿Quieres que Lafarga se quede? –la mujer de cabello rosado asintió dolorida.

Los demás hombres se quedaron fuera, mientras veían a las chicas ir venir dentro y fuera de la habitación. Tanto una como otra atendieron a todo lo que Hikaru les decía, a veces callaba analizando la situación para luego recordar lo que había visto y ponerlo en práctica. Este sería, uno de los tantos partos que había presenciado en los últimos meses de guardias.

Horas más tarde cuando el sol se puso Umi y Fuu salieron secándose el sudor de la frente y descansando su peso en la pared. Ascot, Ferio, Clef y Lantis se acercaron a ellas, el Príncipe acercándose a su amada sujetando una de sus manos y empezaron a lanzar preguntas a diestra y siniestra sobre el estado de la bailarina y de Hikaru, puesto que ella sería quien atendiera a Caldina.

- Tranquilos, chicos –rió Umi-, no quiero ni imaginar cuando ustedes sean los padres. Caldina y Sienna están en perfectas condiciones –resumió sonriendo cansada.

- ¿Y Hikaru? –Preguntó Lantis.

- Está muy bien –dijo Fuu-, no es el primer nacimiento que ve, aunque... Es el primero en el que ella es la responsable total.

- ¿Sienna? –Preguntó Ascot, después, con duda en el rostro. Umi asintió.

- Ese es el nombre de la bebita –respondió la ojiazul-, es una hermosa niña de cabellos rosados y ojos azules.

- ¡Qué alegría! –exclamó Tatra contenta, siempre tranquila.

- ¡Eres una escandalosa! –Regañó la menor, con fastidio.

- ¿Puedo ver a mi mamá? –Prius jaló de la falda de Umi y la miró con los ojos aguados en lágrimas.

- ¡Pero no llores, pequeño! –Respondió Fuu, tomándolo en brazos.

- Mi mamá gritaba mucho –dijo él recostando la cabeza en el hombro de la Guerrera del Aire.

- Tu madre nos envió por ti. Quiere que conozcas a tu hermanita –y haciendo señas a los demás entraron en la habitación.

Por la noche, dos de las guerreras se encontraban cuidando de Prius, mientras Caldina y Sienna descansaban, el pequeño hacía un montón de preguntas sobre su hermanita y también sobre su mamá. Lantis aprovechó para acercarse a ellas ya que desde el ocaso que no veía a la Guerrera de Fuego por ningún lado. Después de que todos pasaran a ver a Caldina y a la nueva miembro de la familia de Céfiro, había percibido que Hikaru se había escurrido de la habitación permitiendo que Presea, Umi y Fuu limpiaran y sacaran todo lo que se había utilizado en el parto. En ese momento no la había detenido porque sentía en ella un mar de emociones que necesitaba aclarar ella sola, por lo que no quiso inmiscuirse.

Preguntó por ella a sus amigas, pero ninguna supo; sin embargo Prius fue quien comentó haberla visto entrar en su habitación. Lantis agradeció al niño, mientras Fuu y Umi asentían para que él fuera a buscarla. El muchacho desapareció del jardín, transportándose hacia la zona donde estaban las habitaciones de las Guerreras. Llegó hasta su habitación, pero su sentido común le dijo que esperara antes de entrar. Percibió un suspiro dentro de la habitación.

Empujó la puerta con magia lentamente y divisó la figura de la joven encima de la cama, observando a través de la ventana circular que había, con las rodillas recogidas hasta el pecho. Se acercó a ella hasta sentarse detrás y dejar una de sus manos sobre su espalda. Hikaru relajó los hombros cuando lo sintió y durante unos minutos ninguno dijo nada.

- ¿Qué te pasa, princesa? –Lantis deslizó sus dedos por las hebras rojizas de su cabello-. ¿Hay algo que te moleste?

- No –dijo ella, negando y acomodándose hacia atrás, descansando su espalda en el cuerpo del Caballero-, atender el nacimiento de Sienna me llenó –siguió la joven-, fue maravilloso sentir que podía traer vida al mundo.

- ¿Por eso te escondes? –Hikaru sonrió ante la pregunta, además de sentir los brazos del hombre rodearla por la cintura.

- No –respondió ella-, me he vuelto pensativa.

Lantis descansó su boca sobre su cabeza e imperceptiblemente dejó un beso en ella, el corazón de Hikaru se derritió como un helado. ¡Él era tan bueno y misterioso! Levantó el rostro y acercó su mano hasta delinear el pómulo del hombre, lo sintió estremecerse y fue algo raro para ella puesto que él parecía ser de hierro. Inamovible.

- Yo te quiero de vuelta –susurró él. Fue algo muy espontáneo, no acostumbraba ser de esa manera, pero con Hikaru en el Palacio él cambiaba totalmente.

- Lantis... –el susurro de su nombre en los labios de la joven doctora le hizo soltar un suspiro muy pequeño. Adoraba como sonaba su nombre-. Soy muy escandalosa, ¿no lo crees? –Lantis le sonrió, haciéndola fundirse.

- Escandalosa o no –empezó él y sujetó su mano en su mejilla-, eres quien llena mi vida –besó su palma muy delicadamente.

Hikaru volvió a sorprenderse. Dioses, ese hombre la estaba haciendo sentir cosas que nunca antes ni en sus más locos sueños habría podido experimentar. El revuelo de su estómago, el corazón que se aceleraba en su pecho, el hormigueo que le recorría desde el lugar más recóndito hasta el más visible de su cuerpo. Sentía cada parte de su cuerpo respondiendo a esa pequeña y delicada caricia. ¿Qué estaba pasando con su control? Por supuesto que sabía todo lo que le pasaba, no era tonta y ya era una adulta; esa sensación de ansiedad y desesperación que se extendía como fuego por su cuerpo era deseo. Deseo puro.

- ¿Lantis?

- Dime, princesa

- ¿Puedes quedarte esta noche? –Él la abrazó con más fuerza.

- ¿Quieres que me quede? –Ella asintió-: Por supuesto, princesa –le respondió, contento. La joven mujer se separó un poco.

- Me cambiaré, no tardo.

Durante los siguientes minutos Hikaru se encerró en el cuarto que correspondía a un baño. Lantis, por su parte comenzó a desprenderse de la capa y la armadura incómoda que llevaba ese día; quedándose solamente con sus pantalones de ejercicio que siempre llevaba por debajo. La puerta del cuarto contiguo se abrió y él esperó que la joven saliera, vistiendo un hermoso camisón de color rojo pálido.

Hikaru se sonrojó ante la visión del hombre, con su espalda ancha y su cuerpo bien formado descubierto era como una invitación a tocarle. Se acercó a él despacio, alcanzando a acariciarle la piel ligeramente y él se estremeció ante el contacto. Su cuerpo parecía querer explotar ante la sensación de sus manos, lentamente sin querer asustarla dio media vuelta, permitiendo estar de frente. La sujetó de los hombros y los acarició con suavidad, cuidando de no perderse cada detalle. Ella se veía tan hermosa, con el cabello suelto cayendo sobre su espalda y esos ojos brillando de expectación.

- Vamos, es tarde –con calma la condujo a la cama, donde se acomodaron los dos sin dejar de mirarse un solo momento.

La cama era pequeña, cosa que los hizo acercarse aún más. Sus cuerpos se rozaban y se buscaban sin realmente saberlo. Lantis dejó que la chica se acomodara en su pecho, mientras ella escuchaba el sonido de su corazón agitado. El Caballero comenzó a pasar sus dedos delicadamente por las hebras de su cabello, arrullándola; le gustaba sentir la proximidad física de Hikaru, la forma en que el delicado cuerpo de la Guerrera se adaptaba a todos los espacios de su cuerpo. Le gustaba sentirla así, como si fuera suya.

Observó hacia abajo, notando que la Guerrera se había quedado dormida después de las caricias. Sonrió tiernamente y pasó algunos cabellos tras su oreja, tratando de alejar los pensamientos lascivos y deseosos de su cuerpo, se relajó también y comenzó a sentir el peso del cansancio sobre sus ojos.

- Buenas noches…, princesa –susurró antes de quedarse completamente dormido.

φφφφφ

¡Ohayo min'na!

Se preguntarán por qué la ausencia y la realidad es que se me olvidó por completo actualizar. Soy horrible jajaja, pero lo bueno es q estoy de vuelta. Les dejo este capítulo, que habla de la nueva vida, Sienna. No tiene mucho contenido importante, pero espero les guste.

Gracias a Mere Mitsuki Taiyoukai, Xulder2012 y a MirindaWhite por continuar conmigo.

¡Ja-ne, min'na!