Aclaración: Los personajes de esta historia que aparecen en los libros de Harry Potter no me pertenecen, el resto son fruto de mi imaginación.

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Capítulo 7

En el comedor de Durmstrang, los alumnos de Hogwarts permanecían en pie sin saber hacia donde dirigirse mientras los estudiantes que allí había les observaban con gran detenimiento y sin perder de vista en ningún momento cualquier movimiento que pudieran hacer.

Unos minutos más tarde, uno de los alumnos recién llegados, un muchacho rubio recorrió con su mirada todas las mesas que allí había hasta detener sus ojos en una mesa de tres plazas que permanecía completamente vacía. Hizo una señal a dos de sus compañeros y los tres marcharon directamente a ocupar aquella mesa.

Apenas cinco metros les separaban de su objetivo cuando siete jóvenes estudiantes de último año se apresuraron a levantarse de sus asientos y a formar una muralla frente a ellos para impedir que accediera a la mesa a donde se dirigían.

-Elegid otros asientos –dijo uno de los alumnos de Durmstrang-, esta mesa ya está ocupada.

-Yo no veo a nadie –contestó el joven rubio en un tono suficiente y altanero-, está libre y podemos sentarnos en ella.

-No, no podéis –volvió a insistir

-¿Acaso sabes con quien estás hablando? –un gesto de asco y repugnancia inundó el rostro del muchacho rubio.

-Eso no tiene ni la más mínima importancia –el tono de voz del estudiante de Durmstrang iba subiendo poco a poco, estaba más que claro que aquel muchacho le estaba agotando la paciencia.

-¡Estúpido insolente! ¿Cómo te atreves...?

-¡Malfoy! –gritó otro de los alumnos recién llegados al mismo tiempo que marchaba directamente hacia él.

-¿Quién te ha llamado, Diggory? –el tono del rubio menguó un tanto, el estudiante que se acercaba a él, además de ser mayor, era prefecto, podría traerle problemas.

-Deja ya de crear problemas –fue la respuesta que el joven prefecto dio a aquel rubio arrogante-, ya bastantes tenemos ahora por todo lo que ha ocurrido

-¿Y quien te crees que eres para decirme lo que tengo que hacer?

-Precisamente un prefecto que te puede poner detención por dar problemas y quitarte puntos para tu casa –La pose que tenía el adolescente mayor no presagiaba nada bueno para el menor rubio.

-¿Algún problema, Cedric? –preguntó otro alumno

-Lo de siembre, Oliver –la expresión de Cedric Diggory no había variado en absoluto-, aquí Malfoy ha empezado a dar problemas.

-Yo no he hecho nada –el tono del muchacho rubio cada vez era más alto-, sólo quiero sentarme en esa mesa –terminó señalando la mesa de tres plazas vacía.

-Esa mesa ya está ocupada –gritó esta vez el alumno de Durmstrang

-Yo no veo a nadie –insistió el joven rubio al mismo tiempo que sus dos compañeros mayores empezaban a perder la paciencia mirando alternativamente la mesa vacía, a Malfoy y a los alumnos de Durmstrang

-Es la mesa de Víktor, Yuri y Sendhar –contestó otro de los alumnos de Durstrang

-¿Y quienes son esos que no están aquí? –insistió el alumno llamado Malfoy

-¡No están porque precisamente Sendhar es el alumno al que habéis atacado nada más llegar a este colegio!

Los dos alumnos mayores de Hogwarts palidecieron intensamente. El ataque a aquel muchacho había sido un tremendo error que seguro que les traería más de un problema y lo que menos les interesaba ahora es crearse más problemas todavía.

-Malfoy –la voz de Cedric Diggory era áspera y amenazante- ¡Haz el maldito favor de sentarte en otra mesa!

A regañadientes, aunque mostrando una mayor palidez de la suya normal, el joven rubio, junto con sus dos compañeros buscaron asiento en otras mesas. No es que le importara mucho lo que habían dicho aquellos estúpidos alumnos a los que ya tenía pensado darles una buena paliza en un duelo (de sueños también se vive), pero recordaba muy bien lo pálido que se había puesto el jefe de su casa con todo lo sucedido, y si a algo realmente temía Draco Malfoy era a Severus Snape, su jefe de casa.

Los alumnos mayores de Hogwarts se miraron al mismo tiempo que negaban con la cabeza. Ese muchacho no tenía remedio.

-Vamos a nuestros asientos –dijo Cedric

-Sí, será lo más sensato. Me pregunto por qué habrán decidido enviar también alumnos de tercer año. La enseñanza en Durmstrang no es como la nuestra, es oscura y mucho más intensa. No sé si podrán desenvolverse bien.

-Supongo que el director sabrá lo que se hace, solo espero que el incidente con ese estudiante se haya resuelto bien o de lo contrario tendremos problemas.

-Tienes razón, no hay más que mirar las caras de todos los de aquí. Hasta que ese muchacho entre como si nada hubiera pasado estaremos en terreno peligroso.

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Sendhar, acompañado por Víktor, Yuri y Colster, se había encaminado directamente a su dormitorio para cambiarse de ropa, quería dar tiempo a su madre para que pudiera hablar tranquilamente con sus profesores y entrar en el comedor cuando todo estuviera tranquilo.

-Estoy deseando ver como se ha solucionado todo ese embrollo –dijo a sus amigos-, aunque me habría gustado poder encargarme personalmente de alguno de esos.

-Creo que mejor ha sido así –le contestó Víktor-. Estaban todos mucho más impactados al verte tendido en el suelo y sin moverte

-Claro que sin moverme ¿Has intentado alguna vez librarte de un abrazo de Colster? –le preguntó Sendhar mirando de forma divertida al vampiro adulto, que tenía que hacer verdaderos esfuerzos para poder mantener un rostros serio- Te aseguro que es imposible. No conozco a nadie del clan que pueda librarse de uno de sus abrazos cuando su intención es que el otro no se mueva.

-La reina sí que puede –le respondió el vampiro adulto ya con una visible sonrisa en su rostro-, y tú cuando seas lo suficientemente mayor.

-Colster, la fuerza de mamá no tiene igual. Es normal que pueda con uno de tus abrazos.

-Venga –Yuri se había levantado del asiento que ocupaba y miró fijamente a su amigo más joven-. Termina de cambiarte de ropa, que no sé vosotros, pero yo tengo hambre y quiero comer bien por si más tarde se hace alguna demostración y puedo colarme en ella. Tengo unas ganas de enfrentarme a uno de esos ingleses que no os lo podéis ni imaginar.

-Sí –Víktor se levantó también de su asiento- había un grupo que vestían de verde que nos dirigían unas miradas de desagrado que no podían con ellas.

-Y yo tengo ganas de desquitarme –Sendhar ya estaba completamente vestido- Vamos amigos //Seth, vamos amiga, debemos ir con los demás//.

-//Voy, deja que me enrolle en ti por fuera de tus ropas, eso les pondrá más nerviosos//

-//¿Más de lo que deben estar ya?//

-//Un poco más no les hará daño//

Riendo levemente a su amiga, Sendhar permitió que la enorme cobra real se enrollara alrededor de su cintura y pecho para dejar su cabeza apoyada en el hombro de su joven amigo, posición desde la que podía controlarlo todo y dar algún susto a quien se lo mereciera.

Yuri al mismo tiempo que se dirigía hacia la puerta, delante de sus dos amigos, levantó su varita en forma de estar apuntando a algún enemigo invisible.

-¡Alumnos de Hogwarts, temblad, que las Joyas de Durmstrang al ataque van!

Sendhar y Víktor se miraron el uno al otro y no pudieron resistirse y comenzaron a reír a carcajada limpia.

-Yuri –Sendhar intentaba hablar entre carcajada y carcajada-, que el que ha recibido un golpe en la cabeza he sido yo,

-¿Es que nadie te ha hablado de las lesiones por simpatía? –Yuri terminó riendo junto con dos compañeros.

Riendo alegremente, los tres amigos, seguidos de un muy divertido Colster, salieron de su habitación y se encaminaron hacia el comedor del colegio mientras seguían hablando muy animadamente sobre sus planes para dar una muy buena lección a sus visitantes.

Al llegar a las escaleras interrumpieron todo tipo de conversación y sus rostros se tornaron serios ante la posibilidad de que alguno de sus visitantes todavía estuvieran en el hall, aunque esa seriedad se evaporó momentáneamente al ver que sus profesores y los visitantes ingleses ya no estaban allí y en el lugar solo permanecían Alen y Namarie y su grupo de vampiros que sonrieron ampliamente al verle aparecer sano y con un peligroso brillo en sus verdes ojos.

-Me alegra ver que estés bien –saludó con amplia sonrisa la milenaria vampiro

-Ya sabes, tengo la cabeza muy dura –respondió Sendhar mientras la abrazaba con gran cariño.

-Vamos, es hora de que vayáis al comedor. La reina hace unos instantes que ha marchado y creo que allí dentro –dijo señalando la puerta del comedor- bastante tensión se siente en el ambiente.

-Sí –afirmó Alen-, según pudimos escuchar, uno de los estudiantes ingleses intentaba ocupar vuestra mesa sí o sí, varios de vuestros compañeros lo impidieron y dos voces desconocidas le llamaron la atención, Malfoy le llamaron.

-Ya nos ocuparemos de él –Yuri tenía una malévola sonrisa en su rostro.

Los tres vampiros adultos volvieron a transformar sus caras en máscaras inexpresivas salvo por el brillante amarillo que lucían sus ojos y que alertaba a los demás del peligro que corrían si alguien osara agredir al joven vampiros.

Caminando a pasos firmes, los tres amigos en su acostumbrado orden de ir de un lugar a otro y los tres vampiros adultos a apenas un par de metros detrás de ellos, hicieron que las puertas del comedor se abrieran de par en par y se dirigieron directamente hacia su mesa. Frente a ella seis alumnos del colegio la guardaban.

Una sincera sonrisa apareció en el rostro de los estudiantes de Durmstrang y de sus profesores al mismo tiempo que los visitantes los miraban con una mezcla de incertidumbre y temor. La visión de una enorme serpiente enrollada en el cuerpo del joven estudiante había motivado que los alumnos visitantes comenzaran a cruzar entre ellos verdaderas miradas de temor. Temor por la posible reacción de aquel muchacho por haber sido agredido y mucho más temor todavía por el hecho de que este joven poseía como mascota la serpiente más venenosa que se conocía.

Sendhar notó todas estas reacciones y sonrió internamente, deseaba con todas sus fuerzas desquitarse de todo lo que le había sucedido. Su mente también captó las miradas que dos aurores ingleses le dirigían. Eran miradas que no reflejaban temor alguno, reflejaban dolor, arrepentimiento, tristeza, esperanza, aquellos debían ser los aurores de los que le habló su madre.

Sentándose en la mesa, la comida apareció de manera instantánea, los visitantes se sorprendieron al ver que a él no le había aparecido ningún plato, solo una enorme copa llena de un extraño y oscuro líquido.

Los vampiros adultos no perdían de vista a ninguno de los recién llegados, incluso el resto del grupo de Namarie se había desperdigado por todo el comedor y vigilaban a todos los presentes.

De una de las mesas, un profesor inglés completamente vestido de negro se levantó y salió de la enorme estancia con la finalidad de encontrar los servicios sin percatarse de que unos peligrosos ojos amarillos se habían posado en su figura y su propietaria había comenzado a salir también de aquella estancia.

Sendhar se percató de todos los movimientos de Namarie y giró su mirada hacia Alen que únicamente se limitó a asentir levemente con su cabeza. El joven vampiro no dijo ni una sola palabra pero su vista no se alejaba de la puerta de entrada a la espera de que aquel profesor regresara de nuevo.

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Severus Snape sentía como todo su cuerpo se estremecía. Tenía un pésimo presentimiento y no estaba nada tranquilo, aunque exteriormente absolutamente nada podía apreciarse en su frío e inexpresivo rostro.

Las órdenes que Dumbledore le había dado le habían llenado de absoluto terror, estaba más que convencido, que su vida no iba a durar mucho más. Se imaginaba a sí mismo siendo atacado de la misma manera que aquel idota de auror y le había costado controlar su respiración para no delatar sus miedos.

En los servicios se había apoyado en uno de los lavamanos y aprovechó para mojarse la cara y la nuca con agua helada.

Dando un pesado suspiro de resignación salió al pasillo para dirigirse nuevamente al comedor e intentar controlar a sus alumnos, lo último que necesitaba era que sus slytherins hicieran algún sarcástico comentario de los suyos. En otras circunstancias incluso se habría divertirlo de verlo, pero en esos momentos sería lo peor que podría pasarle.

Apenas había dado veinte pasos por el pasillo cuando se quedó completamente petrificado. Hacia él venía la mujer vampiro que había demostrado que era uno de los elementos importantes de su grupo. Caminaba hacia él como si su aparición en aquel lugar fuera casual, pero el severo profesor se había percatado que con cada paso que daba, aquella vampiro se dirigía directamente hacia él.

Era solo uno de ellos, su mente pensaba furiosamente, a lo mejor dando todo de sí podría librarse de ella y añadiendo el movimiento al pensamiento su mano corrió rápidamente hacia el bolsillo de la túnica donde guardaba su varita. Casi grita de alegría al notarla entre sus dedos cuando, sin saber cómo, la vampiro ya le estaba agarrando el brazo y arrojando su varita lejos de él para luego abrazarlo con fuerza y aprisionarlo contra la pared.

El hombre intentó luchar con todo su cuerpo para librarse de aquel agarre, intentó con todas sus fuerzas mover sus brazos, pero le fue imposible a causa de la enorme fuerza de la vampiro. Intentó desesperadamente dar patadas, pero se había visto inclinado hacia un lado y sus piernas no alcanzaban ni siquiera a rozar el cuerpo de su atacante. En su lucha notó como la cabeza de la vampiro obligaba a inclinar la suya propia y apenas sintió un ligero pinchazo en su cuello en donde los afilados colmillos de la mujer habían taladrado su arteria.

Sintió como poco a poco las fuerzas le abandonaban a medida que la sangre abandonaba su cuerpo y el sopor le invadía. Sintió como caía en la oscuridad eterna sin fuerza alguna para seguir luchando cuando un dulzón líquido inundó su boca y como una fuerza mayor a la suya le instaba a beber ese líquido que poco a poco le empezó a saber a gloria.

Namarie contemplaba al hombre beber su sangre. Su fría mirada se había tornado tierna y cariñosa mientras contemplaba como los cambios del hombre se estaban formando a medida que bebía de ella. Cuando supo que ya era suficiente, apartó su muñeca de la boca del hombre y, tras cerrar su herida, comenzó a acariciar tiernamente su cabeza.

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Faltaba poco para que la comida terminara. Sus profesores habían anunciado que las clases de esa tarde se compartirían con los alumnos de Hogwarts y todos ansiaban ver cómo se podían desarrollar con la asistencia de sus visitantes.

Ya estaban a punto de levantarse de la mesa cuando las puertas del comedor se abrieron y el profesor de Hogwarts que antes había marchado volvía ahora a tomar su asiento en la mesa.

Sendhar elevó su mirada y sus verdes ojos se clavaron en los negros del profesor para después sonreírle amigablemente en un gesto de bienvenida al clan. Asintió cuando su gesto fue correspondido con una leve inclinación de cabeza del hombre.

Al terminar la comida todos se levantaron de sus asientos y salieron del comedor para dirigirse a sus correspondientes clases. En el hall Yuri y Víktor se despidieron de Sendhar deseándole suerte en la clase que le correspondía ahora, Artes Oscuras.

Al separarse de sus amigos, Sendhar se vio rodeado por el poderoso trío de vampiros adultos que lo escoltaron hasta su correspondiente aula, impidiendo de esa manera que cualquier otro estudiante que no fueran sus compañeros habituales se acercaran al él. Cuando entró en el aula, el joven vampiro se encontró frente a frente con su profesor.

Se trataba de un hombre más bien bajo, de amargada apariencia y sin un solo pelo en su cabeza, que parecía brillar como una bola de billar. Era un hombre muy retraído que apenas alternaba con el resto de plantel de profesores del colegio, pero que vigilaba y guardaba que nada les ocurriera a sus alumnos. Como el resto de profesores, sentía un gran afecto por el joven vampiro.

-¿Estás bien, Sendhar? –los saltones ojos pardos del profesor se fijaron en los verdes de su alumno, una verdadera preocupación se reflejaba en ellos.

-Sí, profesor Gorsky. Estoy perfectamente

-Me alegra comprobarlo –una muy rara sonrisa apareció en el rostro del profesor-. Ocupa tu lugar acostumbrado, tengo la impresión que la clase va a estar muy entretenida.

-Sí, señor.

Los alumnos recién llegados miraron al hombre con claras muestras de temor. Dimitri Gorsky no tenía una apariencia imponente o que deslumbrara con su sola presencia, pero algo en su expresión hacía que todo aquel que lo contemplara sintiera que el miedo empezaba a recorrer sus venas.

Los tres vampiros adultos se situaron al fondo del aula con sus miradas pendientes de todo lo que sucedía a su alrededor. Junto con los alumnos de Hogwarts, Severus Snape hizo su aparición.

-Bienvenidos todos a la clase de Artes Oscuras –comenzó el profesor después de que todos los alumnos habían tomado asiento-. En esta clase aprenderemos las características de las maldiciones y los hechizos oscuros, formas de conseguirlos y su forma de actuar ¿Alguna pregunta? –Dimitri Gorsky miraba a los alumnos ingleses ya que sabía que de sus alumnos no tenía ninguna duda- Bien, viendo que nadie tiene dudas comenzaremos por estudiar una de las maldiciones imperdonables, la maldición cruciatus. Como todos sabrán, la maldición cruciatus la suelen utilizar aquellas personas leales a magos oscuros para torturar a sus víctimas. Para lanzar esta maldición se debe apuntar fijamente la varita hacia la víctima seleccionada y gritar fuerte y claro la palabra que la invoca "crucio". Usted, señorita... –dijo señalando a una alumna inglesa, una muchacha con largo cabello castaño muy desordenado

-Hermione Granger –contestó la muchacha.

-Señorita Granger, ¿me podría decir cual es la forma que tiene la maldición cruciatus?

-No, señor –respondió muy decidida

-¿Puede decirme al menos sus efectos?

-Es una maldición imperdonable muy oscura que no debe ser enseñada a nadie y me niego rotundamente a aprenderla

-¿Usted se niega a aprender las maldiciones?

-Sí, señor, incluso afirmo que esta clase no debería existir.

-Si eso es lo que piensa, dígame ¿cómo piensa protegerse y contrarrestar la maldición si no aprende sus fundamentos?

-Puedo hacer un fuerte escudo para repelerla

-Bien, un escudo ¿qué tipo de escudo?

-Un protego con mucha potencia.

Los alumnos de Durmstrang empezaron a lanzar pequeñas risitas.

-Señor Sendhar ¿puede explicarnos la forma de la maldición cruciatus?

-Sí, señor. La maldición cruciatus la forman infinidad de microscópicas agujas que, una vez lanzada parecen un simple rayo de luz. Las afiladas agujas penetran en el cuerpo de la víctima causando el dolor.

-¿Un protego es útil contra la maldición?

-No, señor. Literalmente no le hace ni cosquillas.

-Señorita Granger, acompáñeme, haremos que defienda su "magnífica" afirmación

Muy erguida y con la cabeza muy alta la estudiante se acercó al profesor que señaló un jarrón de cristal que estaba sobre su mesa.

-Voy a lanzar la maldición sobre este jarrón, usted se encargará de protegerlo

-Sí, señor –contestó la joven al mismo tiempo que apuntaba con decisión su varita.

-CRUCIO

-Protego

La maldición lanzada por el profesor atravesó limpiamente el escudo que creó la estudiante de Hogwarts y el jarrón de cristal estalló en pequeños trocitos.

-Ya veo lo bien que usted aprende a protegerse de una maldición. Vuelva a su asiento.

Pálida y furiosa porque no había podido defender su afirmación la joven estudiante volvió a su asiento cruzando un instante su mirada con la de Severus Snape quien parecía lanzarle puñales con los ojos.

-Señoritas y señores de Hogwarts –continuó el profesor-, a pesar de lo que puedan estar aprendiendo y que su compañera tan maravillosamente nos ha demostrado, para defenderse adecuadamente de las artes oscuras hay que aprender a usarlas. Señor Sendhar, acérquese por favor.

El joven vampiro se levantó de su asiento y se acercó al centro del aula en donde otro jarrón de cristal había aparecido. Esta vez todos vieron como el profesor se situaba en una posición diferente a la que tenía, volviendo a apuntar con su varita el jarrón de cristal

-CRUCIO –volvió a lanzar la maldición.

-¡Esmaltum reflectio! –fue el hechizo que Sendhar lanzó al jarrón.

Dimitri Gorsky se tiró al suelo. La maldición que había lanzado había rebotado en el jarrón y volvía hacia él, pasando por encima de su cabeza y estrellándose contra el fuerte muro de piedra del aula.

Todos los visitantes de Hogwarts se habían quedado de piedra, incluido el profesor Snape, era la primera vez que veían un escudo capaz de anular la maldición imperdonable.

-Gracias, señor Sendhar, puede volver a su sitio. Señorita Granger –dijo después mirando a la joven estudiante- como puede comprobar, sus afirmaciones son nulas, el señor Sendhar no habría podido seleccionar una buena protección si no hubiera sabido cuales eran las cualidades y la forma de la maldición y, en vista de que usted es una persona muy cerrada de ideas, me niego rotundamente a enseñárselo. Espero que la próxima vez no presuma tanto de sus aptitudes sin comprobar que realmente son válidas. La clase ha terminado. Pueden salir.

Los alumnos de Hogwarts se levantaron de sus asientos y comenzaron a salir del aula. Un muchacho pelirrojo se acercó a Hermione Granger.

-No te preocupes Hermione, seguro que hay truco, no hay nada que esquive una cruciatus. Con razón los aurores atacaron a ese tipo. Seguro que es un mortífago.

El muchacho que había hablado cerró su boca de inmediato al encontrarse rodeado de estudiantes apuntándole con sus respectivas varitas.

-¡Señor Weasley! –tronó la voz de Severus Snape- ¿Se puede saber que tiene usted por cabeza? ¿Cómo se le ocurre lanzar una acusación tan grave como la que ha lanzado? –Los negros ojos del profesor lanzaban chispas hacia el alumno que había palidecido intensamente- ¡Cincuenta puntos menos para su casa y detención durante un mes! Personalmente me cargaré de informar a su familia sobre su magnífico papel en la escuela y en las visitas de representación

Severus Snape iba a continuar con su ataque frontal al inconsciente alumno cuando sintió una fuerte quemazón en su brazo izquierdo. Con un gesto despectivo hizo que sus alumnos se alejaran para luego fijar su vista en Namarie quien, junto con Sendhar, Alen y Colster, corrió a su lado.

La vampiro levantó ligeramente la manga de la túnica del hombre y puso su mano sobre la marca que en él había y enviando su fuerza para bloquear el dolor del hombre que la miró con gesto agradecido.

-Severus, ten mucho cuidado –dijo al mismo tiempo que acariciaba su cabello.

-Estate en contacto permanente con nosotros –fue Alen el que habló-, si algo va mal iremos a por ti. Repito el ruego de Namarie, ten mucho cuidado.

Asintiendo el hombre miró a sus ahora compañeros de clan y marchó del colegio.

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El salón estaba levemente iluminado por antorchas que a duras penas eliminaban el lóbrego aspecto de aquella estancia.

Un, por llamarlo así, hombre estaba de pie frente a un suntuoso asiento de mármol negro, mirando a sus hombres al mismo tiempo que le informaban sobre sus avances en los diferentes encargos que les habían encomendado. El resultado del informe que le estaban dando claramente no era de su gusto ya que algunos mortífagos estaban siendo "gentilmente" tratados con la maldición cruciatus.

Uno de los mortífagos mantenía sus negros ojos fijos en la figura del hombre rubio que en esos momentos se estaba retorciendo en el suelo y gritando de dolor. En su mente aparecía constantemente la forma con la que el heredero del clan había convocado un escudo protector para la maldición que Voldemort estaba lanzando contra sus mortífagos.

-¡Severus! –tronó la voz del mago oscuro.

-¿Mi señor? –respondió adelantando un paso y poniéndose de rodillas al mismo tiempo que besaba la túnica del señor oscuro.

-Dame tu informe –exigió sin dejar de apuntarle con su varita, presto para darle una buena sesión de crucios.

-Mi señor –Severus tragó saliva, sabía lo que tenía que decir pero nada le libraba del remordimiento de informar sobre Sendhar-. He averiguado donde se encuentra el hijo de Rhijal, la reina de los vampiros.

Voldemort clavó su roja mirada en los negro ojos de su mortífago y una sádica sonrisa afeó más todavía su horrendo rostro.

-Continúa –su voz se había atenuado y había bajado su varita.

-Mi señor, cursa tercer año en Durmstrang. Estaba allí con una representación de estudiantes de Hogwarts. Los profesores lo tienen muy vigilado y oculto y anoche su madre vino a visitarle –mintió sobre ese detalle, no hacía falta que supiera que podían ir libremente bajo la luz del sol-. Un gran poder emana de su cuerpo.

-Muy bien, Severus. Buen trabajo, me has demostrado nuevamente tu valía. Vuelve a tu sitio –el hombre se levantó y volvió a su puesto entre el grupo de mortífagos- ¡Colagusano! ¡Bellatrix! –los dos mortífagos se acercaron a su señor y se arrodillaron frente a él- ¡Id a Durmstrang y traedme al hijo de Rhijal!

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Aquí tenéis el capítulo siete, que espero que os siga gustando.

Sé que he tardado mucho, pero estoy con el mismo problema de siempre, la falta de tiempo No me maldigáis mucho.

Muchísimas gracias a todos lo que leéis mis locuras y de manera muy especial a ESTRELLA DE KALEIDO STAR, taly, Leo, Karlita Ate, Kaito Seishiro, joanjy, RAC, D.Alatriste, Sami-Marauder girl, Aranel-Riddle, Anfitrite, alejandra, Harry18, Clawy, giosseppe, The angel of de dreams, anatripotter, jovas, Sauron13, janita, Dark Guy, darkcarolineriddle, sesshoumaru.forever, Lady Layil Black, Ginebra, chibi-hagane, sosaku, Cerberux, afuchar3, anita1989, Luna duSoleil, remmy-ro, Miss-Mandy-Scarmander, D.L.A. Pau Malfoy, Conny-hp, Hombre del Saco y Pamplinass por vuestros comentarios.

Si me he dejado a alguien, decídmelo, por favor.

Muchísimas gracias a las personas que se han ofrecido a ayudarme. La verdad es que yo necesitaba era alguien para comentar ideas. De todas formas, permitidme que si en algún momento me encuentro colapsada pueda acudir a alguno de vosotros para pedir consejo. Gracias

Millones de gracias Karlita Ate por escuchar mis locuras.

Mañana intentaré contestar todos los comentarios que me habéis puesto con dirección de correo electrónico o estén dados de alta en la página.

Un abrazo inmenso para todas y todos!

Cuidaros mucho. Os adoro!