Esta es una historia creada por una admiradora sin fines de lucro. Yugioh pertenece a Kazuki Takahashi. Por favor, apoyen los lanzamientos oficiales.

Agradezco a AtemFan18 por su reviewer, y a todos aquellos que se han detenido a leer.

Despiértame.

Capítulo 2

Hacía tiempo que se sentía intranquilo. No podía decir con seguridad cuando había empezado a sentirse de esa manera, pero ya no podía soportarlo más.

Si bien, su vínculo con Yugi se había debilitado notablemente, todavía podía sentirlo algunas veces cuando una emoción fuerte invadía a su otro yo. Había sentido una profunda tristeza y soledad y después nada. Era como si su vínculo se hubiera roto por completo.

Temía por su compañero, que estuviera herido o enfermo. Y aunque confiaba en que sus amigos lo cuidarían si algo le pasaba, no podía tranquilizarse. Necesitaba verlo, asegurarse que estaba bien. Lo deseaba con toda su alma.

Vio una luz frente a si, como si una puerta se abriera. Sin dudarlo caminó hacia ella. Parecía que el deseo de su alma se había concedido.

Se vio en el lugar donde tuviera el último duelo con Yugi. El rompecabezas del milenio colgaba de su cuello y vestía sus tradicionales ropas de faraón. No podía sentir a Yugi, no sabía si era por tener un cuerpo propio o porque sus temores fueran reales.

Desesperadamente se puso a quitar piedra por piedra de las que bloqueaban la salida. Después de varias horas, exhausto y hambriento, un rayo de sol se filtró entre las piedras. El deseo de ver a su compañero le dio las fuerzas necesarias para abrirse camino hasta la superficie.

Su primera idea fue llamar a su otro yo, así que se apresuró a entrar a una tienda donde le facilitaron un teléfono, solo para percatarse que no conocía el número. Su siguiente idea fue encontrar a los Ishtar, así que después que la encargada le ayudara a encontrar su dirección en la guía, partió al hogar de los guardianes de tumbas.

Ishizu, Marik y Odion se habían mudado a una agradable casita a las afueras de El Cairo, y fue grande su sorpresa cuando encontraron al faraón afuera de su puerta. Después de una cena espléndida durante la cual Atem contó a sus amigos lo que había sucedido; Ishizu intentó llamar a casa de los Mutou, pero nadie contestaba. Después llamo a las casas de Tea, Joey y Tristán pero ninguno conservaba su domicilio anterior. Desesperado el faraón recurrió a Seto Kaiba. El CEO le contestó fríamente que no sabía nada de esos "patéticos perdedores" desde que Yugi se retirara -conservando su título- del duelo de monstruos. Eso había pasado un par de años atrás.

Atem deseaba partir pronto a Japón, algo grave debía haber sucedido para orillar a su compañero a dejar los duelos. ¿Y porque ninguno de sus amigos contestaba el teléfono? Los siguientes días, Marik lo ayudó a conseguir su pasaporte y papeles necesarios para viajar. Y así, con algo de dinero prestado por Ishizu, partió a Japón en busca de su otro yo.

El avión aterrizó en el aeropuerto de Domino, ya entrada la noche. Aunque estaba ansioso por ver a Yugi, no estaba seguro de encontrarlo en casa, por lo que decidió caminar. Afortunadamente no estaba demasiado lejos.

Era medianoche cuando se encontró afuera de la casa. Llamó un par de veces a la puerta, pero al no recibir respuesta alguna, se dirigió a la entrada trasera de la tienda, donde el abuelo tenía una llave extra oculta.

Al entrar, hizo una mueca de desagrado; un nauseabundo olor a basura y suciedad llenaba la casa. Latas semillenas de sopa instantánea inundaban la cocina, y encontró ropa y libros tirados por la estancia, al igual que un par de zapatos abandonados. Entró a la habitación de Yugi; jamás la había visto tan desordenada. Algo realmente malo debía haber sucedido.

Revisó la habitación de sus padres, esta estaba semivacía. Como si los padres de Yugi se hubieran mudado de casa. Luego entró a la habitación del abuelo, se encontraba impecable; y al pie de la cama, dormía Yugi.

Lo alzó en brazos para acomodarlo en la cama; al hacerlo noto que estaba alarmantemente delgado. Yugi nunca había sido un muchacho robusto, pero un joven de 19 años no podía ser tan ligero. Después de dejarlo suavemente en la cama, fue a la habitación del chico a buscar una pijama limpia para ponérsela cuidadosamente, procurando no despertarle.

Su compañero no parecía estar enfermo ni herido, aunque notaba que no había tomado un baño en días. Ya tendría tiempo de averiguar que había sucedido cuando este despertara. Mientras tanto, puso manos a la obra.

Saco la basura de la cocina y ordenó la estancia, abrió las ventanas para que el olor se disipara. Estaba seguro que el volver a ver su casa limpia, sería agradable para Yugi al despertar. Regresó a la habitación para recolectar la ropa que debía lavarse, cuando encontró la caja dorada en la mesa de noche. Con curiosidad la tomo entre sus manos, entendió entonces que Yugi se había aferrado a ella, como antes lo hubiera hecho con el rompecabezas del milenio. Sabía que estaba en el lugar correcto y agradeció a los dioses por permitirle ayudarlo.

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No se olviden de comentar. Los reviewers se agradecen y todas las sugerencias son tomadas en cuenta. Saludos!