Esta es una historia creada por una admiradora sin fines de lucro. Yugioh pertenece a Kazuki Takahashi. Por favor, apoyen los lanzamientos oficiales.
Agradezco a AtemFan18, EFIMEROS, Chiyo Asakura, MIRAIDY R y naory yamanaka por su reviewer, y a todos aquellos que se han detenido a leer.
Despiértame.
Capítulo 3
Yugi abrió sus ojos lentamente. Su estómago reclamaba comida, y el olor a mantequilla y pan tostado que llegaba hasta su habitación, no hacía más que incrementar su apetito. Se levantó rápidamente, sin preguntarse como había llegado a la cama, y se dirigió directamente a la cocina. Encontró la mesa dispuesta para dos personas. Te, tostadas, mantequilla y fruta en cubos esperaban a los comensales. De inmediato se sirvió algo y comenzó a comer.
Un par de bocados después se detuvo en seco. ¿quién podría haber preparado esos alimentos, estaría soñando aún? giró por completo y se encontró con una figura que lo miraba, con una sonrisa complacida desde la puerta que daba al cuarto de lavado.
- Mou hitori no boku- Yugi lo abrazó fuertemente, escondiendo la cabeza en el pecho de su otro yo, tratando inútilmente de esconder las lágrimas.
Atem lo abrazó de regreso, acariciando suavemente su cabello; tratándole de transmitir todo su cariño con ese abrazo. Unos minutos después, se separó lentamente -tienes que terminar de desayunar, aibou- le dijo antes de empujarlo suavemente de regreso a la mesa.
Comieron en silencio, eran demasiadas las preguntas que tenían el uno para el otro, pero no querían arruinar el momento. El mayor solo comió un poco de fruta y te, mientras que Yugi devoró todo lo que tenía enfrente; hacía un par de días que no comía apropiadamente.
Mientras tomaba el último sorbo de té Yugi se decidió a hablar, pero antes de poder hacerlo, fue interrumpido por Atemu -¿Hace cuanto que no tomas un baño, aibou?- Yugi se sonrojó completamente, alcanzaba a percibir el olor a sudor que su cuerpo despedía. Atem lo condujo al cuarto de baño, llenó la tina con agua tibia y luego se retiró para darle privacidad.
Yugi se sumergió en la tina, el agua tibia acariciaba dulcemente su piel. Cerró los ojos fuertemente, tratando de evitar que las lágrimas escaparan, pero era imposible. Era grande su felicidad por ver al faraón, pero igual de grande era su miedo a perderlo nuevamente.
Atem ordenó la cocina tras el desayuno, y se sentó en la sala a mirar una revista mientras esperaba que Yugi saliera del baño. Había aprendido un poco de escritura japonesa gracias a su compañero, pero la mayoría de los símbolos le eran desconocidos. Se sobresaltó ligeramente cuando escuchó la voz de Yugi detrás de él.
-¿Cómo llegaste aquí? ¿Por qué estás aquí y cuando piensas irte?- la voz de Yugi se quebró en la última frase -mi abuelito murió, mis amigos se fueron, y mamá me abandonó; así que si piensas marcharte hazlo ahora antes de que...
No pudo continuar. Atem lo envolvió en un abrazo casi desesperado -mientras Ra me lo permita, no voy a separarme de ti.
Horas más tarde, el faraón arropaba a Yugi en su cama. Habían pasado todo el día hablando. Su compañero le había cuestionado largamente acerca de su regreso. Era evidente su temor a ser abandonado nuevamente, y después de escuchar la narración de los últimos años pudo entender el porqué de la actitud de Yugi.
Atem acarició con cuidado el cabello de Yugi y rogó a Ra que le permitiera estar el mayor tiempo posible con él; al menos hasta que se recuperara totalmente. Caminó lentamente para no despertarle, pero al llegar a la puerta la voz de Yugi le detuvo.
-No te vayas, por favor- parecía que el chico iba romper a llorar en cualquier momento –Quédate esta noche conmigo- el mayor asintió y se acostó a su lado. Yugi de inmediato se acurruco en el pecho del faraón y cerró los ojos quedándose profundamente dormido.
Cuando a la mañana siguiente Yugi despertó y se encontró solo en la cama, sintió que tenía un ataque de pánico. Llamó a Atem y al no recibir respuesta se levantó a buscarlo. Escuchó ruido proveniente del baño, llamó un par de veces a la puerta. No contestó. Abrió la puerta y se quedó petrificado. –Yugi- le llamó el faraón, entonces el reaccionó y cerró la puerta de inmediato disculpándose por su intromisión.
Unos minutos más tarde, el egipcio abrazó por la espalda a Yugi que se hallaba en la cocina, comiendo un tazón de cereal -¿Aibou, te encuentras bien?
Yugi asintió y luego recargó su cabeza en el brazo del faraón –Lo siento, es solo que tenía miedo de que todo hubiera sido un sueño.
Atem le dio un casto beso en la frente –Vamos, tienes que apresurarte o llegarás tarde a la universidad- dijo mientras lo soltaba para servirse algo de cereal también.
Yugi asintió y agregó después de tragar un bocado -¿Y qué harás mientras tanto?
-Podría atender la tienda de juegos
Los ojos del menor se iluminaron -¿En verdad harías eso?- Atem asintió –No tienes idea de lo mucho que eso significa para mí.
Cuando unas semanas mas tarde, el padre de Yugi llegó a casa, encontrando a este desconocido, extrañamente parecido a su hijo y que se encargaba de la tienda de juegos y de las labores domésticas, no supo si sentirse alegre o preocupado; y es que Atem y Yugi tenían una rutina bastante particular:
Por las mañanas Atem preparaba el desayuno para ambos, y mandaba a Yugi a la escuela con algo para almorzar. Mientras su hijo estaba en la universidad, el otro se dedicaba a las tareas del hogar y al medio día abría la tienda de juegos. Por las tardes, cuando Yugi regresaba, lo acompañaba en la tienda mientras hacía sus deberes. Por la noche, compartían la cena y la cama.
Un par de días después, interceptó a Yugi a la salida de clases, estaba decidido a pedirle que despidiera a su amigo. Se detuvieron en el camino por un helado y fue ahí donde abordó el tema. El tricolor comenzó a hablar con nostalgia, de la tristeza que le invadió con el abandono de su madre y del vacío que le generaban sus largas ausencias.
El señor Mutou estuvo a punto de derramar lágrimas al darse cuenta de lo desatendido que tenía a su hijo. Afortunadamente Yugi prosiguió –Pero ahora que Atem está en casa, no me siento tan solo- Solo pudo sonreír cuando vio la mirada de su hijo iluminarse al decirlo, que importaba que fuera extraño; mientras su pequeño fuera feliz, él no podía objetar nada.
Un par de meses después, cuando el padre de Yugi volvió a salir de viaje; tomó al faraón por el hombro y le dijo –Dejo todo en tus manos hijo- El se sonrojó, si bien el siempre se había sentido como un hermano mayor para Yugi, nunca imaginó que su padre pudiera aceptarlo como parte de su familia.
El tiempo corría, la graduación de Yugi se acercaba, y entre risas, duelos y más de un desastre en la cocina, la vida avanzaba en la residencia Mutou.
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Primero que nada: Feliz año (muy atrazado) a todos los lectores. En segundo lugar, una disculpa por la tardanza; entre viajes de trabajo, una reconciliación y buscar créditos hipotecarios, no había tenido oportunidad de sentarme a escribir apropiadamente.
Como podrán imaginar, solo le queda un último capítulo a esta historia. Tengo muy bien pensado el final para Yugi, pero el del faraón aún no, así que es probable que demore un par de semanas. Gracias a todos los que llegaron hasta aquí, y no olviden dejar sus comentarios.
P.D. Si les gusta Yu Yu Hakusho, pasen por mi perfil, estoy por publicar una nueva historia en esa sección donde todo girará alrededor del rock.
