Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Prólogo
Me sentí un jodido héroe cuando a mis veintidós años me enlisté en el ejército sin saber lo que ocurriría. Quise probar suerte como soldado perteneciente al ARMY y defender mi país y llenar de orgullo a mis padres. Sí, según yo, esos eran mis jodidos planes de vida.
Parecían perfectos, ¿no?
Y lo hubieran sido. Pero como era un estúpido calenturiento de mierda, no usé forro y terminé embarazando a mi primera novia, Rosalie Hale.
No quise desertar. Porque también era un pendejo aferrado. Le prometí a mi novia que volvería y ella prometió esperarme. ¡Qué pendejada más grande!
Pasé los primeros seis meses en California para mi entrenamiento. No estuve presente en el nacimiento de Bree, pero la conocí a través de fotos y un borroso vídeo.
La amé desde ese momento. Pero cuando al fin pude conocerla en persona y sus pequeños dedos se aferraron a mi meñique supe que sería su jodido esclavo.
La vida no fue fácil desde que me convertí en padre; tuve que esforzarme más y cada decisión que debía elegir, siempre era pensando en el bienestar para mi niña. De ese modo seguí en el ejército y viajé a Afganistán donde radiqué por varios años, combatiendo.
Pronto Rose se volvió un recuerdo. De aquellas promesas que nos hicimos y que juramos cumplir, no quedó nada. Los años fueron pasando y me aferré a los campos de guerra y las armas largas.
Seguí viajando por medio oriente.
Para ese punto Rose y yo habíamos tomado la decisión de ser padres de Bree, convirtiéndonos en buenos amigos. Con el paso del tiempo comprendí que mi enamoramiento adolescente desapareció cuando me llegó la invitación a su boda con Emmett McCarty y, tomé la decisión de asistir para verla feliz al lado del que había elegido como compañero de vida, ellos formaron una familia y convirtieron a mi hija en hermana mayor de dos mellizos que ahora tenían diecisiete años.
Por mí parte. Después de años de pertenecer al ejército y ser Sargento mayor de mando, me retiré. Necesitaba descansar y cambiar mis planes de vida, también tomé terapia y tuve varias cirugías para poder recuperar mi sentido auditivo.
Acababa de comprar una casa en el barrio más tranquilo de Seattle e inauguré mi propia barbería. Escuchaba jazz por las mañanas con el volumen más alto porque mi audición seguía fallando.
Hoy, a mis cuarenta y dos años me sentía feliz.
Las distintas parejas que estuvieron en mi vida no fueron más que cuerpos de desahogo que al darse cuenta que no pasaría nada más que tiempo compartido conmigo se daban por vencidas y se alejaban sin decir mucho. Aunque tendría que mencionar a Charlotte mi última relación intermitente, ella era una mujer preciosa, inteligente y muy reflexiva. Era mi amante con la que llevaba más tiempo, porque dos años juntos era demasiado, ¿no?
Charlotte buscaba algo más que compartir una cama, había mencionado más de dos veces que deseaba tener un hijo porque estaba por cumplir treinta y ocho años y su matriz se lo exigía a gritos, convertidos en calambres menstruales. Ese había sido nuestro punto de quiebre, ella exigía mucho y aún no me sentía preparado para aceptar tal propuesta.
Tal vez, y solo tal vez, hubiese podido reflexionar su petición si mi hermosa hija no hubiera llegado junto a su mejor amiga para vivir conmigo. Bree con sus veinte años, había decidido cambiar de universidad y venir a radicar a la ciudad. Le habíamos dado elegir dónde vivir y ella había insistido en quedarse conmigo.
Con lo que no contaba, es que al conocer a su encantadora amiga, convertida en toda una hermosa y desinhibida mujer, mis rodillas se volverían débiles, despertando un incontrolable deseo por querer probar sus labios.
― Señor Cullen… ―su melódica voz me paralizó.
Bella estaba frente a mí con una mueca divertida, sostenía un vaso con leche mientras continuaba apoyada del refrigerador, su pijama o intento de ello, era demasiado revelador para mi autocontrol.
― Desde hace rato me está mirando con la boca abierta ―explicó con una sonrisa.
Con un parpadeó salí de mi estupor volviendo a mi postura.
― Nada que ver, niña. Estoy acostumbrado a ver más poca ropa que esa que vistes.
Ella relamió sus carnosos labios y fue imposible no fijar mi vista en ello.
Salí casi corriendo, asustado como la mierda al sentir una puta erección. ¿Desde cuándo me había vuelto un asqueroso pervertido?
Por Dios. Podría ser mi hija.
Eché suficiente agua helada en mi cara y me miré en el espejo: mi pelo era corto y tenía algunas hebras blancas y también tenía malditas lineas de expresión marcadas alrededor de mis ojos.
― Puta madre… ―dejé un puñetazo.
Me estaba haciendo viejo.
Suspiré resignado.
Mi nombre es Edward Cullen. Un ex militar de cuarenta y dos años deseando tener una vida tranquila y sin sobresaltos hasta que apareció en la puerta de mi casa Bella Swan, la mejor amiga de mi hija.
Una jovencita divertida y espontánea que ha hecho mis ilusiones y rodillas tambalear.
¿Cuánto tiempo podré resistir en caer en tentación?
Esta historia lleva años guardada en mis archivos. No pensaba sacarla, pero tengo una hermana que me hizo publicarla y Li, mi mejor amiga me hizo portada y summary. Así que, aquí estoy en otra nueva aventura, porque realmente no entiendo razones. Recuerdo que no es muy larga, quizás 10 capítulos. Haremos esto, estoy a nada de terminar Bandolero y Días sin sol, así terminadas me concentrare en esta y Bubbles. ¿Se quieren unir a este viaje?
Gracias totales por leer🍎
