El caso de los que no sabían que se amaban
Acto I
Síntesis: Louis y Moran refunfuñaban mientras contemplaban al príncipe William y a Sherlock, su pareja, bailar.
—Tal vez su felicidad no les incomodaría tanto si se permitieran a ustedes mismos amar como aman esos dos —interrumpió Bond.
—Como si tuviéramos tiempo para salir a buscar el amor… —respondió Moran, desestimándolo con un gesto.
—No creo que deban ir a buscar muy lejos, realmente.
o
Un fic en el que Louis descubre que es capaz de enamorarse.
Advertencias: AU de realeza de cuatro capítulos más un epílogo de la pareja MoranxLouis. Se menciona el SherlockxWilliam. Se insinúa un posible MoranxBond. Contiene lemon. Se recomienda leerlo como continuación del fic "El caso del romance clandestino".
Dedicado a Kioky y a Kawaii.
Las fuertes luces del salón no dejaban lugar a dudas. Sherlock Holmes, miembro de una familia de constructores que se había enriquecido recientemente, estaba tomando de la cintura a nada más y nada menos que el príncipe heredero, William Moriarty. La sonrisa que este portaba —los desconocidos la considerarían dulce, pero sus allegados sabían que la palabra que mejor la describía era "pícara"— hacía evidente que de algún modo aquel gesto disruptivo era consentido.
El resto de los presentes difícilmente podría quitarle los ojos de encima a semejante par. No solo por los particulares roles sociales que cumplían, ni tampoco por la despampanante belleza que derrochaban, sino, sobre todo, porque eran la única pareja de varones que se atrevía a bailar en aquella fiesta.
Algunos los contemplaban con envidia, otros admirados y un último grupo con rencor. Sin embargo, había dos miradas fijas en ellos que eran muy distintas: llenas de amor y ansias de protección, hasta el extremo de convertirse en preocupación y, quizá, celos.
Se trataba de Louis Moriarty, el hermano menor de William, quien había renunciado a su puesto como heredero real, y el coronel Sebastian Moran, el leal guardaespaldas del príncipe. Tenían expresiones adustas y seguían a los bailarines desde un lugar apartado pero estratégico, junto a una enorme columna de mármol. Compartían un cigarro, que fumaban despacio y sin prestarle mucha atención.
—Es de no creer que hace solo tres meses esto estaba prohibido… —murmuró Moran.
—Ese Holmes se ha tomado sus atribuciones demasiado rápido —indicó Louis, mordiéndose la yema del pulgar.
Aunque confiaba en el criterio de su hermano y estaba conforme con los resultados políticos que aquella aventura les había traído, no podía evitar que el resquemor contra el amante que había escogido siguiera picándole en la punta de la lengua. Holmes le parecía un atrevido, su lenguaje era poco formal y constantemente tenía sus manos encima de William, con las más absurdas excusas. Para él, el príncipe era la persona más importante, la más sagrada, e imaginar que ese hombre podía hacerle algo indecente… lo enervaba completamente.
—Alguien debería enseñarle que en esta clase de danza los cuerpos deben mantener la distancia de un brazo —coincidió Moran, enfurruñado.
—Tal vez su felicidad no les incomodaría tanto si se permitieran a ustedes mismos amar como aman esos dos.
Louis y Moran se voltearon hacia el desconocido que los interpelaba con aquella ligereza. Era un joven rubio, de excepcional atractivo, a quien le jugueteaba en los labios una sonrisa tan impertinente como la que Holmes solía portar.
—Como si tuviéramos tiempo para salir a buscar el amor… —respondió Moran, desestimándolo con un gesto.
—No creo que deban ir a buscar muy lejos, realmente.
Si bien no pudo comprender por qué, aquellas palabras calaron hasta lo más profundo de Louis, incomodándolo y haciéndole sonrojar. Le urgía interrumpir esa conversación fuera de lugar sobre temas en los que nunca pensaba.
—¿Y quién eres tú? —le espetó, con el ceño fruncido.
El muchacho hizo una leve reverencia, aunque algo en su expresión todavía le transmitía la sensación de que estaba saltándose alguna regla y que se regocijaba en ello.
—Mi nombre es James Bond y tengo el gusto de informarles que nos encontraremos a menudo de ahora en más.
—¿Y eso por qué?
—El príncipe William en persona me ha contratado como guardaespaldas.
—El príncipe ya tiene un guardaespaldas y soy yo —terció Moran, cada vez más disgustado.
—No me contrató para él mismo… sino para su prometido, el señor Holmes. Al parecer, desde que han hecho público su vínculo, el pobre hombre ha sido perseguido por la prensa hasta los sitios más recónditos. Y, como sabrán, Holmes aprecia su intimidad y Su Majestad también estaba preocupado por la cuestión. Así que me ha llamado para que lidie con los reporteros por él y esa clase de cosas. ¿O acaso usted, Moran, habría preferido que le delegaran esta tarea y lo apartaran del príncipe?
El hombre apretó los dientes y chasqueó la lengua, pero miró hacia otro sitio como si no valiera la pena responder. Bond, entones, continuó por su cuenta.
—La agenda de esos dos es bastante apretada, además, así que creo que les vendrá bien si en algunas actividades cuentan con dos guardias que les cuiden las espaldas. La gente los adora y constantemente solicitan citas en la casa real con cualquier pretexto solo para verlos.
—Eso no ocurriría si no se pasearan desfachatadamente por todas partes —comentó Louis, casi para sí mismo.
—¿Cuál sería el valor de que las leyes aprueben su pasión si aún continuara siendo censurada por su amado hermanito? Es una alegría, sin embargo, que no sea el caso y que usted, señor Moriarty, esté tan feliz por ellos como ellos mismos.
—Por supuesto, les deseo lo mejor al príncipe y a su prometido.
Realizar esa declaración a todas luces falsa lo perturbó. ¿Así era como se sentiría William, como si toda su lucha por los derechos de las personas a amar sin importar su género se fuera al tacho frente a la rigidez de Louis? ¿Le decepcionaría su reacción frente a su modo de estar enamorado?
Estas preguntas —y la conversación entera, a decir verdad— lo afectaron de tal modo que más tarde, cuando había caído la noche y se encontraba solo en su habitación, continuó reflexionando sobre ellas.
¿Qué era, en realidad, lo que lo atormentaba tanto de la presencia de Holmes? Antes de que se introdujera en sus vidas, Louis era la persona que más tiempo pasaba con William. Lo llevaba consigo a todos los eventos públicos y solía decir que su momento favorito del día era cuando le preparaba el té y lo bebían juntos en el jardín de rosas del palacio. Pero ahora… ¿cuándo iba a tener tiempo el príncipe para esas boberías? A sus infinitas y acostumbradas responsabilidades había sumado la construcción de una pareja formal. Eso llevaba tiempo y esfuerzo, Louis podía entenderlo. Lo que no entendía era… ¿qué debía hacer él con el tiempo y el esfuerzo que antes le dedicaba solo a William?
Desde que eran pequeños, William había sido para él su sol. Admiraba su inteligencia y su entrega, su capacidad de siempre tener en cuenta a los demás y encontrar modos de cuidarlos que ni ellos mismos soñarían. Lo seguía adonde fuera y le obedecía ciegamente. Cuando pergeñaron el plan del incendio y el rescate falso de Albert para ser aceptados como parte de la casa real, ni por un momento dudó en hacerse daño con una brasa directamente en la cara: si eso colaboraba con los objetivos de William, entonces sin dudas valía la pena.
Por eso, para él, ninguna otra persona ocupaba un lugar especial en su vida. Su hermano llenaba todos los espacios. ¿Cómo habría él de enamorarse, de poner su corazón en otras manos que no fueran las suyas? Le parecía una tarea imposible.
Sin embargo… ¿acaso había dejado de ser importante para William cuando este se enamoró de ese tipejo insolente? Pensó en las sonrisas que le dedicaba cuando se encontraban, sus palabras gentiles en todo momento, el modo tan afectuoso en que lo miraba mientras caminaban uno al lado del otro hasta el despacho de Albert, donde a menudo se reunían a revisar las acciones del Parlamento. No… William aún le tenía la estima que le tenía desde la infancia. Louis tenía lugar en su corazón, a pesar de lo expansivo que estaba resultando ser Holmes.
Entonces… ¿adónde lo llevaría ese carril de pensamiento?
"Tal vez su felicidad no les incomodaría tanto si se permitieran a ustedes mismos amar como aman esos dos", había dicho Bond, "no creo que deban ir a buscar muy lejos, realmente". ¿Qué había querido decir con aquello? Si se permitiera amar… ¿era él mismo quien se había cercenado esa posibilidad o era que no había existido en lo absoluto? Pero Bond había dicho luego aquel acertijo sobre la búsqueda y las distancias… ¿estaba insinuando que esa persona que podría ser especial para él ya existía y andaba dando vueltas en su entorno cercano?
Tantas preguntas comenzaban a hacerle daño. Para serenarse, se sentó en su escritorio junto a una enorme ventana por la que entraba la luz de las estrellas. Extrajo de un cajón un cuaderno de tapas rojas con dibujos dorados: su rincón privado de fantasías y dudas. Con esfuerzo, intentó resumir toda esa locura en una sola oración. Tomó la pluma y escribió:
"¿Soy capaz de enamorarme?".
Esa noche, le resultó especialmente complejo conciliar el sueño.
Notas:
Este es mi segundo fic de Moriarty the Patriot, ¡me encantaría saber qué les está pareciendo! Tendrá cinco capítulos y actualizaré cada lunes. Creo que no hay mucho material de esta pareja, así que espero que a quienes les gusta lleguen hasta aquí 3
