Cúrame.
Ranma 1/2 no me pertenece, es propiedad de Rumiko Takahashi, por lo tanto, también es suya esta historia, la idea de este fanfiction nació de una escena de la película "Un Ángel Enamorado" y solamente el capítulo uno de esta historia se inspira en esa parte específica de la película que ya mencioné, sin duda alguna sé que ustedes sabrán a qué escena me refiero, me pregunté: ¿Qué pasaría si Akane Tendo se dedicara a la medicina?, ¿Qué pasaría si existiera un Universo Alterno donde nuestra amada pareja convergiera en ese mundo? De ahí en adelante la historia es producto de la enferma, infame y viperina mente de Maya Shapiro (Su servidora) y en colaboración con Azari Calloway, buscando solamente entretener a los posibles lectores de esta historia que se realiza con el mayor de los respetos a una serie que marcó la infancia de muchos, o al menos la mía sí, y que siempre deseamos tuviera como final a Ranma y Akane juntos, como una pareja y que con esto, nuestra alma descansara, esperando poder traer a la lectura y en la medida de lo posible las personalidades de los personajes de la serie original, espero no defraudar a nadie y sobre todo espero con fe que la historia guste y sea buena. Sin más, me dejo de babosadas y los invito a leer y dejar sus comentarios.
Suya siempre, Maya Shapiro.
Capítulo uno. "Doctora Corazón".
Corría a una velocidad excelente, las calles de Nerima comenzaban a ser iluminadas por los primeros rayos matinales del sol, un día normal en el cual ella se sentía tranquila, aunque sabía que ya era hora de regresar a casa para darse un baño, vestirse y seguir concentrada. Tenía una cirugía que realizar, había regresado seis meses antes a Japón y con sus veintinueve años era toda una joven promesa en medicina, no era muy conocida localmente, lo que pensó que sería un obstáculo para ingresar como doctora en el Hospital de Nerima, pero, para su grata sorpresa no fue así, la comunidad internacional sí sabía de ella, y se había hecho a pulso y con un tremendo esfuerzo de un nombre, su nombre, y hoy, simplemente, estaba ahí.
Cruzó la puerta de entrada del Hospital Regional de Nerima a paso seguro y se dirigió al quirófano, con su hermosa sonrisa saludó a todo su equipo de cirugía con amabilidad, y después del protocolo estaba ante ella su paciente, una mujer, de aproximadamente cincuenta años, esperando a ser sometida a una cirugía a corazón abierto y visiblemente muy nerviosa. Ella se acercó y con una sonrisa que derretiría al mismo invierno le dijo a la paciente:
—Buenos días señora Miyamoto, soy Akane Tendo y seré la encargada de realizar su cirugía hoy, ¿Cómo se siente? —.
—Bu... Buenos días doctora Tendo, me, siento como si me fueran a operar del corazón, tengo miedo—.
—Tranquila señora Miyamoto— sonrió— le prometo que todo saldrá bien. Tocó la mano suavemente de su paciente y esta dio un salto de sorpresa por el gesto de Akane, de repente, la ansiada tranquilidad llegó con el precioso semblante de la doctora de ojos color chocolate.
—Bien. Anestesia por favor doctor— Dijo, dirigiéndose al doctor que tenía frente a ella y que vigilaba un curioso cilindro de gas.
— Y desde este momento prepárense todos por favor, vamos a comenzar—.
Cuatro horas después, la cirugía casi terminaba con éxito, pero Akane Tendo no tenía idea de que una pequeña eventualidad cambiaría su vida para siempre.
—Casi terminamos señores, ánimo, enfermera por favor, lectura de signos—.
—Se encuentra estable doctora Tendo—.
—Gracias Kodachi—Contestó Akane— Bien equipo, el momento de la verdad, veamos si el corazón se reactiva de manera correcta—.
Todo el equipo se veía nervioso, contenían la respiración con preocupación, todas esas horas se resumían a que una máquina revelara los latidos del paciente, una vida dependía de ello. Por lo que les parecía una eternidad pasaron tortuosos segundos en los cuales el órgano vital no respondía al momento de su reacomodo al cuerpo humano. Ante esto Akane Tendo comenzó el proceso de reanimación inmediata y el quirófano completo empezó a correr nervioso de un lado a otro buscando agujas, líquidos, y sólo se escuchaban las órdenes de Akane.
—500 miligramos de adrenalina, ahora, ¡Vamos, vamos equipo! — Ordenaba Akane, guardando la calma.
—¡No reacciona Akane! —.
—¡Desfibrilador! ¡Vamos vamos!, carga a trescientos, ¡Despejen! .
—Nada Doctora—.
Akane escuchó ese horrible sonido, un pitido continuo que ella siempre ligaría a la muerte. Tratando de olvidar el miedo, decidió lo que debía hacer, lo que todos los años de preparación en la universidad y hospitales le habían enseñado, había estado en situaciones más complicadas, más peligrosas.
—¡De nuevo! Carga a trescientos, ¡Ahora! —.
—¡La perdemos, la perdemos Doctora! —.
—¡No, no la perdemos! Tranquilos todos, vamos a abrirla de nuevo —.
Todos se movieron a una tremenda Velocidad, con nerviosismo, expectantes a la preciosa Doctora que se mantenía tranquila y hacía uso de un envidiable liderazgo.
—¡Apaguen esa máquina por favor! — Solicitó Akane, el pitido cesó al instante y la calma empezaba a llegar poco a poco al quirófano, Akane abrió a su paciente de nuevo.
—¡Fórceps! Muy bien gracias, háganse hacia atrás, necesito espacio —.
Y el mundo se redujo hacia esa mesa en la que se encontraban Akane y un corazón que quería abandonar la vida, lo tomó entre sus manos y comenzó un intenso masaje para reanimarlo.
—Vamos, señora Miyamoto, —Pensó— No se rinda, no ahora—.
Los minutos seguían su curso, el tic tac del reloj de la sala era enloquecedor, pero no para ella, jamás, ella no se desconcentraba ni inmutaba con nada, siempre se dominaba, con más esfuerzo del que nadie imaginaba y aún y cuando todos a su alrededor la miraban angustiados y esperando cualquier orden, rogando que en su pericia pudiera regresarla al mundo, ella estaba tranquila, quería convencerse de que lo lograría, que todo estaría bien y que tenía todo bajo control, de repente, el silencio y los pensamientos de sus compañeros fueron interrumpidos por una estridente risa caótica que inundó la sala e hizo que a todos los presentes se les erizara la piel.
—Jajaja, irremediablemente morirá Akane, ya déjala, ¡No puedes revivirla! jajaja—.
A exepción de Akane, todos los integrantes del equipo voltearon a verla con reproche y enojo y ahí estaba, Kodachi Kuno "La enfermera psicópata", como todos los que trabajaban en el hospital siempre la llamaban a sus espaldas, y que de no ser porque su padre era el director de ese lugar no tendría trabajo, no era noticia que nadie la soportaba y los doctores eran obligados a integrarla a sus cirugías solo por ser su hija. Akane respiró hondo, conteniendo su ira asesina y sin mirarla le dijo:
—Para ti, soy la doctora Tendo, además de que no tengo tiempo para estupideces, y menos viniendo de alguien como tú Kodachi, —Akane ahora sí la miró y como si la enfermera solo representara un estorbo terminó— Así que largo de mi quirófano, ahora, ¿Qué esperas? ¡Lárgate! —.
Kodachi estaba estupefacta, —¿Qué ha dicho? —Pensó— Ella, la hija del director estaba siendo echada por un incipiente médico salida de quién sabe dónde, pero esto no se quedaría así, no, ni en sueños, le cobraría caro la humillación que Akane le había hecho pasar y mal disimulando su furia simplemente dio media vuelta apretando los puños y salió de ahí, dirigiéndose en seguida a la oficina de su padre.
El espasmo proveniente de un vibrante corazón entre sus manos le devolvió la esperanza a Akane, sin soltarlo y tratando aquel corazón como el mayor tesoro del mundo, solicitó.
—¡La máquina de signos, enciéndanla ahora por favor! —.
—¡Listo doctora! —.
Ese pitido ininterrumpido regresó, todos contuvieron el aliento, segundos después el pitido se interrumpía de manera rítmica, el aliento regresó a todo el quirófano, miró a sus compañeros que le sonreían orgullosos.
—¡Bien hecho doctora! Incluido lo de la enfermera— Afirmó su anestesiólogo guiñándole un ojo—.
—Gracias— Le contestó y dirigiéndose a sus compañeros les dijo con alegría— Y muchas gracias a todos, ¿Les parece si terminamos de una vez y vamos a comer?, Yo invito—. Todos asintieron, su paciente estaba viva y, sin embargo, un velo de preocupación se posaba en su mente, se sentía intranquila y sin saberlo, ella tenía razón.
Notas de la autora: Muchas gracias por leer este primer capítulo, es por y para ustedes.
