Detrás de un gran amor... hay una gran historia
DISCLAIMER: Ni la mayor parte de las líneas aquí escritas, ni los personajes de MSLN me pertenecen sino a sus respectivos autores.
Capitulo 5: ¿Realidad o sueño?
Respiró hondo y volvió a ponerse de pie.
—Ahora o nunca —murmuró, tomó sus cosas y se dirigió a la puerta.
Se detuvo un instante antes de abrirla y bajar al vestíbulo. El gerente del hotel le sonrió al pasar, y sintió sus ojos clavados en su espalda mientras salía en dirección al coche. Se sentó al volante, se echó un último vistazo en el retrovisor, puso el coche en marcha y giró a la derecha por la calle principal.
No la sorprendió la claridad con que recordaba las calles del pueblo. Aunque hacía años que no iba por allí, era un sitio pequeño y resultaba fácil orientarse. Después de cruzar el río Trent por un anticuado puente levadizo, giró por un camino de grava e inició el último tramo del viaje.
El paisaje era hermoso, como siempre. A diferencia de la zona de Piedmont, donde se había criado, el terreno era llano, pero tenía el mismo suelo fértil, húmedo, ideal para el cultivo del algodón y el tabaco. Esos dos cultivos y la madera eran la principal fuente de riqueza de esa parte del Estado y mientras se alejaba del pueblo, admiró la belleza que en un pasado lejano había atraído a esa región a los primeros colonos.
Para ella, nada había cambiado. La luz del sol se filtraba entre las ramas de los robles y los nogales de tres metros de altura, iluminando los colores del otoño. A su izquierda, un río del color del acero giraba hacia la carretera y luego hacia el lado contrario, antes de morir en otro río más caudaloso, a un kilómetro y medio de allí.
El camino de grava también seguía un curso sinuoso entre fincas construidas antes de la guerra civil y Nanoha sabía que para algunos de los granjeros la vida no había cambiado desde la época de sus abuelos.
La inmutabilidad del paisaje desató un torrente de recuerdos. Nanoha sintió un nudo en el estómago al reconocer, uno a uno, los lugares que creía olvidados.
El sol se alzaba a la izquierda, sobre las copas de los árboles, y al torcer por una curva pasó junto a una vieja iglesia, abandonada desde hacía años, pero todavía en pie. Aquel verano la había explorado en busca de vestigios de la Guerra Civil, y al pasar junto a ella, los recuerdos de aquel día se hicieron más vivos, como si sólo hubieran pasado veinticuatro horas atrás.
Poco después avistó un majestuoso roble a orillas del río, y los recuerdos se intensificaron. Tenía el mismo aspecto de entonces: las ramas bajas y gruesas se extendían horizontalmente, paralelas al suelo, envueltas en un velo de musgo negro. Recordó un caluroso día de julio, cuando estaba sentada debajo de aquel árbol junto a alguien que la miraba con una pasión capaz de hacerle olvidar el resto del mundo, aquella mirada carmesí que la había atrapado desde entonces. Jamás en su vida pensó que fijaría su gusto en una chica pero se había enamorado por primera vez. Aquella rubia tenía dos años más que ella, y mientras conducía por la carretera en una especie de viaje en el tiempo, su imagen se volvió nítida otra vez.
Entonces había pensado que aparentaba más años de los que tenía. Su aspecto era el de una chica descomplicada, cabellos revueltos y ropa un poco holgada. Tenía las manos un tanto maltratadas, en sus brazos y piernas no se veía un ápice de flacidez debido a que le tocaba trabajar duro para ganarse la vida. Lo que más llamaba la atención de aquella joven eran sus hermosos ojos color rubí que parecían leer todos los pensamientos de Nanoha.
Era alta, fuerte, atractiva a su manera, tenía el cabello rubio y ojos que hipnotizaban, pero lo que mejor recordaba era su voz. Aquel día había leído para ella. Mientras estaba tendida en la hierba a la sombra del árbol, le había leído con una voz suave y fluida, casi musical. Era una voz de angel y cuando leía, parecía quedar suspendida en el aire.
Recordó que había cerrado los ojos, escuchando con atención, permitiendo que las palabras llegaran a su alma:
Me atrae, lisonjero, hacia la niebla, hacia el crepúsculo.
Me alejo como el viento, sacudo mis blancos rizos bajo el sol fugitivo...
Hojeaba libros viejos, con las puntas de las páginas gastadas y dobladas, libros que había leído centenares de veces. Después de leer un rato, hacía una pausa para charlar. Nanoha le confiaba sus deseos —sus esperanzas y aspiraciones para el devenir— la rubia le escuchaba con atención y prometía hacer todo lo posible para que sus sueños se hicieran realidad. Lo decía de tal forma que era imposible ponerlo en duda, y ya entonces sospechaba cuánto significaría aquella muchacha en su vida.
Ocasionalmente, cuando ella le interrogaba, la rubia hablaba de sí misma, o le explicaba por qué había elegido un poema en particular y qué pensamientos le inspiraba. Otras veces se limitaba a mirarla con su habitual intensidad.
Aquel día contemplaron la puesta de sol y cenaron bajo las estrellas. Se hacía tarde, y Nanoha sabía que sus padres se pondrían furiosos si descubrían dónde había estado. Pero en aquel momento no le importaba. Sólo podía pensar en lo especial que había sido el día, en lo especial que era esa chica. Unos minutos después, mientras la acompañaba a casa, la chica le dio la mano y su calidez la abrigó durante todo el camino.
Después de otra curva, finalmente vio la casa. Había cambiado radicalmente. Al aproximarse redujo la velocidad y giró por el largo camino de tierra, flanqueado de árboles, que la conduciría a su norte, al faro que la había convocado desde Raleigh. Condujo despacio, mirando la casa, y cuando la vio en el porche, con la vista fija en el coche, respiró hondo.
Llevaba ropas informales. Desde esa distancia, se le veía exactamente igual que entonces. Por un instante, con la luz del Sol a su espalda, su silueta pareció desdibujarse y fundirse con el paisaje.
El coche continuó avanzando lentamente y por fin se detuvo debajo de un roble que arrojaba su sombra sobre la parte delantera de la casa. Giró la llave del coche sin quitarle los ojos de encima, y el motor paró con un chasquido entrecortado.
La rubia salió del porche y se aproximó a ella, andando con aire despreocupado, pero se detuvo en seco al verla bajar del coche. Durante un largo instante no hicieron más que mirarse la una a la otra sin moverse.
Nanoha Takamachi, veintisiete años, prometida para casarse, una mujer de la alta sociedad en busca de respuestas, y Fate Testarossa, veintinueve años, una soñadora visitada por el fantasma que había llegado a dominar su vida.
Notas del autor: Yase, ya se, como me atrevo a dejarla ahí? XD bueno un poco de suspenso al asunto no viene mal, además ya mañana estará el siguiente cap así que deben tener pachencha u.u
Por otro lado, es bueno saber que no he recibido ninguna amenaza por lo de Carim (por lo menos las locas que trabajan conmigo lo tomaron bien XD). Había pensado en Signum pero ¬¬ no me gusto la idea de que fuera camarera por eso la mate durante la guerra así no tengo el cargo de conciencia por no haberle dado un papel más afín a su personalidad.
TTˆTT Bardiche pensé que no te había gustado la historia, eres cruel. (Bueno al menos tu review llego, tarde pero lo hizo XD).
De nuevo gracias a todos los que siguen la historia y espero que la sigan disfrutando ˆˆ nos vemos pronto.
