Detrás de un gran amor... hay una gran historia

DISCLAIMER: Ni la mayor parte de las líneas aquí escritas, ni los personajes de MSLN me pertenecen sino a sus respectivos autores.


Capitulo 6: El reencuentro


Ninguna de las dos se movió mientras se contemplaban. Fate no había dicho nada, sus músculos parecían paralizados, y por un momento Nanoha pensó que no la había reconocido. Se sintió súbitamente culpable por aparecer de ese modo, sin avisar, y el sentimiento de culpa dificultó aún más las cosas. Había pensado que resultaría más sencillo, que sabría qué decir. Pero no fue así. Las únicas palabras que se le ocurrían parecían inapropiadas, insuficientes.

Evocó el verano que habían pasado juntas y, mientras la miraba, reparó en lo poco que había cambiado desde su último encuentro. Pensó que tenía buen aspecto. La camisa un poco pegada a su torso y con los primeros botones sin abrochar, metida en los viejos vaqueros desteñidos, dejaba entrever el inicio de sus pechos, una larga cabellera rubia caía sobre sus hombros y llegaba casi hasta sus estrechas caderas, un vientre plano y curvas pronunciadas además de su estatura la hacían una mujer realmente hermosa. También estaba algo bronceada, como si hubiera trabajado al sol todo el verano, y aunque su cabello parecía algo más claro de lo que recordaba, tenía el mismo aspecto que la última vez que lo había visto.

Cuando por fin se sintió en condiciones de hablar, respiró hondo y sonrió.

—Hola, Fate. Me alegro de volver a verte —

Sus palabras sobresaltaron a la chica de ojos carmesí que solo la miró con asombro. Luego, después de sacudir ligeramente la cabeza, esbozó una sonrisa lenta.

—Yo también me alegro... —balbuceó—. Eres tú, ¿verdad? No puedo creerlo... —

Nanoha oyó la emoción en su voz y, sorprendentemente, todo pareció encajar: su presencia allí, su necesidad de verla. Sintió una extraña emoción, una emoción profunda y antigua, que le produjo un mareo momentáneo.

Se esforzó por mantener el control. No esperaba, no quería, sentirse de aquel modo. Estaba prometida. No había ido allí para revivir viejos sentimientos... aunque...

La emoción la embargó y por un instante volvió a tener quince años. Sintió lo que no había sentido en mucho tiempo, como si sus sueños aún pudieran hacerse realidad. Como si por fin hubiera vuelto a casa.

Sin mediar otra palabra, se acercaron, Fate la rodeó con sus brazos y la estrechó contra su cuerpo como si eso fuera lo más natural del mundo. Se abrazaron con fuerza, dando visos de realidad a la situación, dejando que los doce años de separación se disolvieran en la luz mortecina del crepúsculo.

Permanecieron largo rato así, hasta que Nanoha retrocedió para mirarla. A tan corta distancia, vio los cambios que no había notado anteriormente. Ahora era toda una mujer, tenía un aire distinto. Parecía menos inocente, más suspicaz, y sin embargo, la forma en que la abrazaba demostraba cuánto la había echado de menos desde la última vez que se habían visto.

Los ojos de Nanoha se llenaron de lágrimas, y por fin ella y Fate se separaron.

Dejó escapar una risita queda y nerviosa mientras se secaba las lágrimas.

— ¿Estás bien? —preguntó Fate, con otras mil preguntas en la cara.

—Lo siento. No quería llorar... —

—No te preocupes —respondió la rubia con una sonrisa— Todavía no puedo creer que estés aquí. ¿Cómo me has encontrado? —

Nanoha retrocedió, esforzándose por recuperar la compostura y secándose las últimas lágrimas.

—Hace dos semanas leí un artículo sobre la casa en el diario de Raleigh y supe que debía venir a verte — La sonrisa de Fate se ensanchó.

—Me alegro de que lo hicieras. —Retrocedió unos pasos—. ¡Bueno! Tienes un aspecto fantástico. Estás incluso más hermosa que hace años.

Nanoha se ruborizó. Igual que doce años antes.

—Gracias. Tú también estás muy bien —Y era verdad, no cabía duda. Los años habían sido bondadosos con Fate.

— ¿Qué ha sido de tu vida? ¿Qué haces aquí? — Sus preguntas la devolvieron al presente, le hicieron tomar conciencia de lo que podría suceder si no tuviera cuidado. No dejes que la situación se te escape de las manos, se dijo, y cuando por fin habló, lo hizo en voz baja:

—Fate, antes que te hagas una idea equivocada, quiero que sepas que quería verte otra vez, pero que también hay algo más. —Hizo una breve pausa. —Tenía otra razón para venir aquí. Debo decirte algo.

— ¿Qué? —

La cobriza apartó la vista y tardó en responder, sorprendida de su incapacidad para contestar de inmediato.

En el silencio, Fate sintió un nudo de miedo en el estómago. Lo que fuera que tuviera que decirle era malo.

—No sé cómo decirlo. Pensé que podría hacerlo, pero ahora no estoy segura... —

De repente, el agudo chillido de un mapache sacudió el aire, y Arf salió del porche, ladrando con furia. Las dos se volvieron y Nanoha se alegró de la distracción.

— ¿Es tuyo? —preguntó.

Fate asintió, sintiendo la tensión en el estómago.

—En realidad es una hembra. Se llama Arf. Y sí, es mía. —Las dos miraron cómo Arf sacudía la cabeza, se estiraba y caminaba en dirección a los ruidos. Los ojos de Nanoha se agrandaron ligeramente al verla cojear.

— ¿Qué le pasó en la pata? —preguntó haciendo tiempo.

—Hace unos meses la atropelló un coche. El veterinario me llamó para ofrecérmela porque su dueño ya no la quería. Cuando vi lo que le había pasado, no pude dejarla librada a su suerte —

—Siempre has sido bondadosa —dijo ojiazul, tratando de relajarse.

Hizo una pausa y miró más allá de Fate, hacia la casa.

—Has hecho un excelente trabajo de restauración. Ha quedado perfecta, tal como imaginé que quedaría algún día —

Fate volvió la cabeza en la misma dirección mientras especulaba sobre el motivo de aquellos comentarios triviales, sobre la noticia que Nanoha se resistía a darle.

—Gracias, eres muy amable. Sin embargo, ha sido difícil. No sé si volvería a hacerlo —

—Claro que volverías a hacerlo —repuso la cobriza. Conocía muy bien los sentimientos de Fate hacia aquella casa. En realidad, conocía muy bien sus sentimientos hacia todo... o al menos así había sido mucho tiempo atrás.

Con ese pensamiento tomó conciencia de cuántas cosas habían cambiado desde entonces. Ahora eran un par de extrañas. Bastaba con mirarla para convencerse de ello. Solo con verla comprendía que doce años eran mucho tiempo.

Demasiado.

— ¿Qué pasa, Nanoha? —Se volvió hacia ella, obligándola a sostener su mirada, pero Nanoha siguió mirando fijamente la casa.

—Me comporto como una tonta, ¿verdad? —preguntó, esforzándose por sonreír.

— ¿A qué te refieres? —

—A todo esto. Al hecho de aparecer de la nada, sin saber siquiera qué decir. Debes de creer que estoy loca—

—No estás loca —repuso Fate con ternura. Le buscó la mano y Nanoha permitió que la estrechara mientras seguían de pie, una junto a la otra. Finalmente, la de ojos rubí añadió:

—Aunque ignoro la razón, veo que ésta es una situación difícil para ti. ¿Por qué no damos un paseo? —

— ¿Como en los viejos tiempos?

— ¿Por qué no? Creo que nos hará bien a las dos —Nanoha vaciló un momento y miró hacia la puerta principal de la casa.

— ¿Tienes que avisar a alguien? — Fate negó con la cabeza.

—No, no hay nadie más. Sólo Arf y yo. —

A pesar de su pregunta, Nanoha ya sospechaba que no había nadie más, y en el fondo no sabía qué sentir al respecto. Sin embargo, la certeza hizo que lo que tenía que decir resultara aún más difícil. La existencia de otra persona le habría facilitado las cosas.

Caminaron hacia el río y giraron por un camino cercano a la orilla. Nanoha le soltó la mano, sorprendiendo a la rubia, y caminó a una distancia prudencial, como si quisiera evitar cualquier roce accidental.

Fate solo la miró. Seguía siendo preciosa, con su abundante cabellera y sus ojos tiernos, y se movía con tanta gracia que casi parecía que flotara. Había visto mujeres hermosas, mujeres que llamaban la atención, pero en su opinión siempre carecían de los atributos que ella encontraba más deseables. Atributos como inteligencia, seguridad, fortaleza de espíritu, pasión. Atributos que habían inspirado la grandeza de muchos hombres, atributos que ella deseaba para sí.

Nanoha tenía esos atributos, Fate lo sabía, y ahora, mientras caminaban lado a lado, los adivinó una vez más, ocultos bajo la superficie. "Un poema viviente" eran las palabras que siempre acudían a su mente cuando intentaba describir a la mujer que era dueña de su corazón.

— ¿Cuánto hace que estás aquí? —preguntó Nanoha mientras ascendían por una cuesta cubierta de hierba.

— Desde diciembre del año pasado. Trabajé un tiempo en el norte y pasé los últimos tres años en Europa —

La cobriza le dirigió una mirada inquisitiva.

— ¿En la guerra? —Fate asintió y Nanoha prosiguió: —Supuse que habrías ido. Celebro que hayas regresado sana y salva —

— Yo también —respondió Fate.

— ¿Te alegras de haber vuelto a casa? —

— Sí. Mis raíces están aquí. Aquí es donde debo estar —Hizo una pausa— Pero, ¿qué me dices de ti? —preguntó en voz baja, sospechando lo peor.

Nanoha tardó en responder. Después de unos segundos que parecieron eternos para la rubia por fin se atrevió a decirlo.

— Estoy prometida para casarme —

Notas del autor: Bueno aquí está el tan esperado reencuentro. Tal vez deje un sabor agridulce pero bueno, aun falta mucho por contar. Gracias por sus preciados reviews ˆˆ me complace saber que también les gusta la historia. Pido disculpas por anticipado sino alcanzo a actualizar mañana porque el trabajo me tiene un tanto ocupado, aunque tratare de hacerlo.

Hasta la próxima XD.