Detrás de un gran amor... hay una gran historia
DISCLAIMER: Ni la mayor parte de las líneas aquí escritas, ni los personajes de MSLN me pertenecen sino a sus respectivos autores.
Capitulo 7: ¿Acaso necesito un porqué?
— Estoy prometida para casarme —
Al oírla, Fate bajó la vista y se sintió súbitamente débil. Conque era eso. Eso era lo que tenía que decirle.
— Enhorabuena —dijo, preguntándose si sonaría convincente—. ¿Cuándo es el gran día? —
—En tres semanas a partir del sábado. Chrono quería que la boda se celebrara en noviembre —
— ¿Chrono? —
— Chrono Harlaown, mi prometido.
Fate asintió sin sorpresa. Los Harlaown, era una de las familias más poderosas e influyentes del Estado. Habían amasado una fortuna cultivando algodón. La muerte de su padre había pasado inadvertida, pero la del viejo Clyde Harlaown había acaparado los titulares de los periódicos.
—He oído hablar de ellos. Su padre tenía una empresa importante. ¿Chrono ha tomado el relevo? —
Nanoha negó con la cabeza.
—No. Es abogado. Tiene su estudio en el centro —
—Con ese apellido, debe de tener mucha clientela —
—Sí. Trabaja mucho —
Le pareció oír algo raro en su tono, y la siguiente pregunta surgió espontáneamente:
— ¿Te trata bien? —
Nanoha no respondió de inmediato, como si fuera la primera vez que pensaba en ello, hasta que por fin dijo:
—Sí. Es un buen hombre, Fate. Te caería bien — Su voz sonaba distante, o al menos eso le pareció a Fate. Se preguntó si sería realmente así, o si su imaginación le estaría jugando una mala pasada.
— ¿Cómo está tu padre? —preguntó Nanoha.
Fate dio un par de pasos más antes de responder.
— Zest murió a principios de este año, poco después de mi regreso —
—Lo lamento —dijo la cobriza en voz baja, sabiendo cuánto lo quería Fate.
La rubia asintió y las dos caminaron en silencio durante unos instantes. Al llegar a lo alto de la colina, se detuvieron. El roble había quedado lejos y el sol brillaba detrás de él con un resplandor naranja.
Mientras miraba en esa dirección, Nanoha sintió los ojos de Fate fijos en ella.
— Ese roble guarda muchos recuerdos, Nanoha — Ella sonrió.
— Lo sé. Me fijé en él al llegar. ¿Recuerdas el día que pasamos a su sombra? —
—Sí —respondió Fate sin añadir nada más —
— ¿Piensas en ello alguna vez? —
—A veces. Sobre todo cuando trabajo por los alrededores. Ahora el árbol está en mis tierras —
— ¿Las compraste? —
—No podía soportar la idea de que lo convirtieran en armarios de cocina — Nanoha rió quedamente, sintiéndose extrañamente complacida por la noticia.
— ¿Todavía lees poesía? —
Fate asintió con un gesto.
—Sí. Nunca dejé de hacerlo. Supongo que lo llevo en la sangre —
— ¿Sabes que eres la única persona poeta que he conocido? —
—Yo no soy poeta. Leo poesía, pero jamás he podido escribir un solo verso. Y no porque no lo haya intentado —
—Aun así, eres una poetisa, Fate Testarossa. —Su voz se suavizó. — Muchas veces pienso en eso. Fue la primera vez que alguien me leyó poesía. En realidad, fue la única vez —
Ese comentario les hizo recordar, volver atrás en el tiempo, mientras regresaban lentamente a la casa, dando un rodeo por un camino que pasaba cerca del embarcadero. Mientras el Sol seguía su curso descendente, tiñendo el cielo de naranja, Fate preguntó:
— ¿Cuánto tiempo te quedas? —
—No lo sé. No mucho. Quizás hasta mañana o pasado mañana. —
— ¿Tu novio está en el pueblo por cuestiones de trabajo? — Nanoha sacudió la cabeza.
—No. Está en Raleigh — Fate arqueó las cejas.
— ¿Sabe que estás aquí? —
Ella volvió a sacudir la cabeza y respondió despacio.
—No. Le dije que iba a comprar antigüedades. No entendería mi presencia aquí. —
La respuesta sorprendió ligeramente a Fate. Una cosa era que fuera a visitarla, y otra muy distinta que ocultara la verdad a su novio.
— No necesitabas venir hasta aquí para decirme que estabas prometida. Podrías haber escrito o telefoneado —
— Lo sé. Pero tenía que decírtelo personalmente. —
— ¿Por qué? —
Nanoha titubeó.
—No lo sé... —dijo arrastrando las palabras, y su forma de decirlo hizo que Fate le creyera.
Dieron varios pasos en silencio, mientras la grava del camino crujía bajo sus pies. Por fin Fate preguntó:
— ¿Lo amas, Nanoha? —
Ella respondió mecánicamente:
—Sí, lo amo —
La confirmación le dolió, pero una vez más Fate creyó notar algo extraño en su tono, como si estuviera intentando convencerse a sí misma. Se detuvo y le apoyó las manos en los hombros, obligando a la cobriza a mirarla. Mientras Fate hablaba, la luz mortecina del Sol se reflejó en los ojos de Nanoha.
— Nanoha, si eres feliz y lo amas, no voy a impedirte que vuelvas con él. Pero si no estás totalmente segura, no lo hagas. En esta clase de asuntos, no se puede ir con medias tintas —
Ella se apresuró, quizá demasiado, a responder.
— He tomado la mejor decisión, Fate —
La rubia la miró fijamente durante un segundo, sin saber si creerle o no. Luego asintió y las dos comenzaron a andar otra vez. Después de un momento, Fate dijo:
— No te estoy facilitando las cosas, ¿verdad? — Nanoha esbozó una sonrisa.
— No te preocupes. No te culpo —
— De todos modos lo lamento —
— No lo hagas. No hay razón para lamentarse. Soy yo quien debería disculparse. Tal vez debí escribirte — Fate sacudió la cabeza.
— Si quieres que te sea franca, me alegro de que hayas venido. A pesar de todo. Es maravilloso volver a verte —
—Gracias, Fate —
— ¿Crees que sería posible volver a empezar? — Nanoha la miró con curiosidad.
— Eres la mejor amiga que he tenido. Me gustaría que continuáramos siendo amigas, aunque estés prometida y aunque sólo vayas a quedarte un par de días. ¿Qué te parece si volvemos a conocernos? —
Nanoha pensó, pensó en la conveniencia de quedarse o marcharse, y decidió que, puesto que Fate estaba al tanto de su compromiso, todo iría bien. O por lo menos no iría mal. Sonrió vagamente y asintió.
— Me gusta la idea —
— Muy bien. ¿Qué tal si cenamos juntas? Conozco un sitio donde hacen el mejor cangrejo del pueblo —
— Suena bien. ¿Dónde está? —
— En mi casa. He tenido trampas puestas durante toda la semana, y hace un par de días vi que había atrapado un par de ejemplares excelentes. ¿Te importa? —
— No. Me parece muy bien — Fate sonrió y señaló con el pulgar por encima de su hombro.
— Genial. Están en el embarcadero. Vuelvo en dos minutos —
Nanoha la miró alejarse y notó que el nerviosismo que la había invadido al hablar de su compromiso comenzaba a desvanecerse. Cerró los ojos, se pasó las manos por el pelo y dejó que la brisa le refrescara las mejillas. Respiró hondo y contuvo el aire un momento, relajando los músculos de los hombros mientras exhalaba. Finalmente abrió los ojos y admiró la belleza que la rodeaba.
Siempre había amado los atardeceres como aquel, cuando los vientos del sur llevan consigo el tenue aroma de las hojas de otoño. La fascinaban los árboles, el susurro de sus hojas en la brisa. Oírlo la ayudó a relajarse aún más. Un momento después, se volvió hacia Fate y la miró como si no la conociera. ¡Cielos, tenía un aspecto excelente!, incluso después de tantos años.
Observó cómo recogía una soga tendida sobre el agua. Comenzó a tirar de la jaula que estaba en el fondo. La sujetó sobre el río durante unos instantes y la sacudió, dejando escapar la mayor parte del agua. Tras apoyar la trampa en el embarcadero, la abrió y comenzó a sacar los cangrejos uno a uno, metiéndolos en un balde.
Nanoha fue a su encuentro, escuchando el canto de los grillos, y recordó una lección de la infancia. Contó el número de sonidos en un minuto y restó veintitrés. Diecinueve grados, pensó mientras sonreía para sí. No sabía si su cálculo era exacto, pero parecía bastante aproximado.
Mientras caminaba, miró alrededor y pensó que casi había olvidado el frescor y la belleza de esos parajes. Por encima de su hombro vio la casa a lo lejos. Fate había dejado un par de luces encendidas y parecía la única vivienda en los alrededores. Por lo menos la única con electricidad. Allí, lejos de la ciudad, todo era posible. Miles de casas de campo todavía carecían del lujo de la iluminación eléctrica.
Subió al embarcadero, que crujió bajo sus pies. El sonido le recordó al de un patito de goma, aunque con el orificio del sonido oxidado. Fate alzó la vista, le hizo un guiño y continuó examinando los cangrejos, comprobando que tuvieran el tamaño adecuado. Nanoha se acercó a la mecedora que había sobre el embarcadero y la tocó, pasando la mano por el respaldo. Imaginó a Fate sentada allí, pescando, leyendo, pensando. La silla estaba vieja, castigada por la intemperie, con la madera áspera. Se preguntó cuánto tiempo pasaría allí sola y especuló sobre lo que pensaría en esos momentos.
— Era la mecedora de Zest —le informó Fate sin levantar la vista, y Nanoha asintió.
Había murciélagos en el cielo y las ranas se habían sumado al concierto nocturno de los grillos. Cruzó el embarcadero con la sensación de que una etapa de su vida llegaba a su fin. Un impulso irresistible la había llevado hasta allí y, por primera vez en tres semanas, la ansiedad había desaparecido. Necesitaba que Fate supiera lo de su compromiso, que lo comprendiera y lo aceptara —ahora estaba segura de ello—, y pensando en él, recordó algo que habían compartido en su verano juntas.
Se paseó por el embarcadero con la cabeza gacha, buscando una talla... hasta que la encontró. Fate ama a Nanoha dentro de un corazón. Tallado en el embarcadero pocos días antes que ella se marchara.
Una brisa suave rompió la quietud y le hizo sentir frío, obligándola a cruzar los brazos. Permaneció allí de pie, mirando alternativamente la talla y luego el río, hasta que oyó que Fate se acercaba. Le habló, consciente de su proximidad, de su calor.
— Esto es tan tranquilo... —dijo con voz soñadora —
— Lo sé. Vengo aquí a menudo, sólo para estar cerca del agua. Me relaja —
— Yo también lo haría en tu lugar —
—Bueno, vámonos. Los mosquitos se están ensañando, y estoy muerta de hambre —
El cielo se había teñido de negro. Fate comenzó a andar hacia la casa, con Nanoha a su lado. Mientras caminaban en silencio, la mente de la cobriza comenzó a vagar, y se sintió confusa. Se preguntó qué pensaría Fate de su presencia allí, aunque no estaba muy segura de lo que pensaba ella misma.
Al cabo de unos minutos, cuando llegaron a la casa, Arf la saludó metiendo su hocico húmedo en el lugar menos indicado. Fate la ahuyentó y la perra se marchó con el rabo entre las patas. Luego señaló el coche.
— ¿Has dejado algo allí que vayas a necesitar? —
— No. Ya saqué mis cosas antes. —Su voz sonó extraña a sus propios oídos, como si hubiera vuelto atrás en el tiempo.
—Bien —dijo Fate, llegó al porche trasero y comenzó a subir los peldaños.
Dejó el balde junto a la puerta, y guió a Nanoha adentro, hacia la cocina. Estaba inmediatamente a la derecha, una habitación amplia con olor a madera. Los armarios y el piso eran de roble, y las grandes ventanas daban al este, para que entrara la luz del amanecer. La reforma estaba hecha con gusto, sin recargar la decoración, un error bastante común en la restauración de las casas antiguas.
— ¿Puedo echar un vistazo? —
—Sí. Adelante. Hice las compras hace un rato y todavía tengo que poner las cosas en su sitio —
Sus ojos se encontraron durante un segundo, y aunque Nanoha se dio vuelta, supo que la rubia la seguía con la mirada mientras salía de la habitación. Volvió a embargarla una extraña emoción.
Dedicó los minutos siguientes a recorrer la casa, a pasearse por las habitaciones y admirar su belleza. Cuando terminó, le costaba recordar lo deteriorado que había estado el lugar. Bajó la escalera, giró hacia la cocina y vio el perfil de Fate. Por un fugaz instante, volvió a verla como si tuviera diecisiete años, y se detuvo un momento antes de entrar. Maldita sea, contrólate, se dijo. Recuerda que ahora estás prometida.
Fate estaba de pie junto al mármol de la cocina, silbando con aire despreocupado. Las puertas de dos armarios estaban abiertas de par en par y había unas cuantas bolsas de compras vacías en el suelo. Le sonrió y guardó varias latas en un armario. Nanoha se detuvo a unos metros de ella y se apoyó en el mármol, cruzando las piernas. Sacudió la cabeza, maravillada por la magnitud del trabajo realizado por Fate en la casa.
— Es increíble, Fate. ¿Cuánto tiempo duró la reforma? — La rubia levantó la vista de la última bolsa que quedaba por vaciar.
— Casi un año —
— ¿Lo hiciste todo sola? —
— No —respondió con una risita— Cuando era adolescente, pensé que lo haría, y empecé con esa idea. Pero era demasiado. Habría tardado años, así que contraté a algunas personas... en realidad, a un montón de personas. Pero así y todo, trabajé mucho, y casi nunca terminaba hasta medianoche —
— ¿Por qué te esforzaste tanto? —
Por los fantasmas, hubiera querido decir, pero no lo hizo.
— No lo sé. Supongo que quería terminar de una vez. ¿Quieres beber algo antes de que empiece a preparar la cena? —
— ¿Qué tienes? —
—No gran cosa. Cerveza, té, café —
—Un té me parece bien —
Fate recogió las bolsas de las compras y las guardó, luego entró en una pequeña habitación trasera pegada a la cocina y regresó con una caja de té. Sacó un par de saquitos, los dejó junto a la cocina, y llenó la tetera. Después de ponerla sobre la hornalla, encendió un fósforo, y Nanoha oyó el sonido de las llamas al cobrar vida.
— Estará listo en un minuto —aseguró la rubia—. Esta cocina es bastante rápida —
— Muy bien —
Cuando la tetera silbó, Fate sirvió un par de tazas y le pasó una a Nanoha. Esta sonrió y bebió un sorbo, luego señaló la ventana con la barbilla.
— Apuesto a que la cocina queda preciosa a la luz de la mañana —
— Así es. Precisamente por eso hice instalar ventanas más grandes de este lado de la casa. También en las habitaciones del primer piso. —
— Estoy segura de que tus invitados te lo agradecerán. A menos que les guste dormir hasta tarde, desde luego —
—En realidad, todavía no he invitado a nadie a pasar la noche. Desde que murió Zest, no tengo a quien invitar —
Por su tono, Nanoha supo que sólo intentaba entablar conversación. Sin embargo, por alguna razón, sus palabras la hicieron sentir... sola. Fate pareció advertir sus sentimientos, pero cambió de tema sin darle tiempo a pensar.
— Voy a dejar los cangrejos unos minutos en adobo antes de cocinarlos al vapor —dijo, dejando la taza sobre la mesada. Abrió un armario y sacó una cacerola grande con tapa y una rejilla para cocinar al vapor. La llevó a la pileta, la llenó hasta la mitad de agua y la puso sobre la cocina.
— ¿Te doy una mano? —
Fate volvió la cabeza y respondió por encima del hombro.
— Bueno. ¿Por qué no cortas algunas verduras para freír? Hay muchas en la heladera. Allí encontrarás un bol —
Señaló el armario más cercano a la pileta. Nanoha bebió otro sorbo de té, dejó la taza en la mesada y sacó el bol. Lo llevó a la heladera, en cuyo estante inferior encontró quingombó, zapallitos, cebollas y zanahorias.
Fate se puso a su lado frente a la puerta abierta y ella se movió para hacerle sitio. Aspiró su olor —característico, agradable, familiar— y sintió el roce de su brazo contra el suyo mientras se inclinaba para sacar algo del interior de la heladera. Fate sacó una cerveza y un frasco de salsa picante y regresó junto a la cocina.
Abrió la cerveza y la vertió en el agua de la olla, añadió un poco de salsa picante y algunas especias. Después de remover el líquido para asegurarse de que las especias se disolvieran, fue a buscar los cangrejos a la puerta trasera.
Antes de volver a entrar, se detuvo un momento y observó a Nanoha, que estaba cortando las zanahorias. Entonces volvió a preguntarse por qué habría ido a verla, sobre todo ahora que estaba prometida. Su visita no parecía tener sentido. Pero, por otra parte, Nanoha siempre había sido imprevisible. Sonrió para sí, recordando cómo era en el pasado. Vehemente, espontánea, apasionada, tal como ella imaginaba a la mayoría de los artistas. Y sin lugar a dudas la cobriza lo era. Un talento artístico como el de Nanoha era un don del cielo. Recordó que había visto muchos cuadros en los museos de Nueva York, y que su obra no tenía nada que envidiarles.
Aquel verano, Nanoha le había regalado un cuadro antes de marcharse. Estaba colgado en el living-room, encima de la chimenea. Ella había dicho que era un retrato de sus sueños, y a Fate le parecía extremadamente sensual. Cuando lo miraba, cosa que hacía a menudo por las noches, veía deseo en los colores y las líneas, y si se concentraba, podía imaginar lo que ella había pensado al hacer cada trazo.
Un perro ladró a lo lejos y Fate se dio cuenta de que hacía largo rato que tenía la puerta abierta. La cerró rápidamente y volvió a la cocina. Mientras entraba, se preguntó si Nanoha habría reparado en su larga ausencia.
— ¿Qué tal? —preguntó al ver que casi había terminado.
— Bien. Esto está casi listo. ¿Hay algo más para cenar? —
— Había pensado en acompañar la comida con un poco de pan casero —
— ¿Casero? —
— Sí, hecho por una de mis vecinas —respondió mientras ponía el balde en la pileta de la cocina.
Abrió la canilla y comenzó a lavar los cangrejos uno a uno. Los sujetaba debajo del chorro de agua, y luego los dejaba caminar por la pileta mientras enjuagaba el siguiente. Nanoha tomó su taza de té y se acercó a mirar.
— ¿No tienes miedo de que te pellizquen cuando los sujetas? —
— No. Hay que agarrarlos así—dijo haciendo una demostración, y Nanoha sonrió.
— Olvidaba que has hecho esto toda tu vida —
— New Bern es un pueblo pequeño, pero aquí aprendes cosas que valen la pena —
Nanoha se apoyó contra la mesada, muy cerca de la rubia, y terminó la taza de té.
Cuando los cangrejos estuvieron listos, Fate los echó en la cacerola. Mientras se lavaba las manos, se volvió y le preguntó:
— ¿Quieres que nos sentemos un rato en el porche? Voy a dejarlos media hora en remojo —
—Muy bien —respondió Nanoha.
Se secó las manos y salieron juntas al porche trasero. Fate encendió la luz y se sentó en la mecedora más vieja, ofreciendo la más nueva a su acompañante. Cuando vio que su taza estaba vacía, volvió dentro y reapareció poco después con otra taza de té para Nanoha y una cerveza para ella. Extendió la taza, la cobriza la tomó y bebió un par de sorbos antes de dejarla sobre la mesita, a un lado de las sillas.
Notas del autor: Hola, hola toy en estado zombie -.- pero no importa! Logre editar el cap. See see ya se aun no hay NanoFate pero pronto lo habrá ZzZzZz (quiero una cama -.-).
En el próximo capítulo Fate conocerá el motivo por el cual Nanoha nunca respondió a sus cartas, ¿Sera el destino el que se empeña en separarlas? Esperen esto y más mañana, a la misma hora y en el mismo canal XD nos vemos.
