Detrás de un gran amor... hay una gran historia

DISCLAIMER: Ni la mayor parte de las líneas aquí escritas, ni los personajes de MSLN me pertenecen sino a sus respectivos autores.


Capitulo 8: ¿Y si hubiese sido diferente?


— Cuando llegué estabas sentada aquí, ¿verdad? —

Fate respondió mientras se acomodaba en la mecedora:

— Sí. Me siento aquí todas las noches. Se ha convertido en un hábito —

— Ya veo por qué —comentó Nanoha mirando alrededor— ¿Y a qué te dedicas ahora? —

— En realidad, ahora no hago nada más que ocuparme de la casa. Este trabajo satisface todas mis necesidades creativas —

— ¿Cómo puedes...? Bueno, quiero decir... —

— Genya Nakajima —

— ¿Qué? — Fate sonrió.

— Mi antiguo jefe en el norte. Se llamaba Genya Nakajima. Poco antes que me alistara me ofreció una participación en el negocio, y murió antes que yo volviera a casa. Cuando regresé, su abogado me dio un cheque lo bastante sustancioso como para comprar esta casa y repararla —

Nanoha rió quedamente.

— Siempre decías que encontrarías la manera de hacerlo — Las dos guardaron silencio unos minutos, recordando otra vez. Nanoha bebió un sorbo de té.

— ¿Recuerdas que la primera vez que me hablaste de este lugar entramos aquí a escondidas? — Fate asintió y ella continuó:

— Aquella noche llegué a casa muy tarde, y mis padres se pusieron furiosos. Todavía puedo ver a mi padre de pie en medio del salón, fumando un cigarrillo, y a mi madre sentada en el sofá, mirando al vacío. Cualquiera hubiera dicho que acababa de morir un pariente cercano. Fue entonces cuando mi madre se dio cuenta de lo nuestro y de que íbamos en serio, así que tuvo una larga charla conmigo. Me dijo: "Estoy segura de que piensas que no entiendo lo que te pasa, pero lo entiendo. Sin embargo, nuestro destino se rige por lo que somos, y no por lo que queremos". Recuerdo que me sentí muy ofendida —

— Al día siguiente me lo contaste. También yo me sentí ofendida. Tus padres me caían bien, y no sabía que yo no les gustara.

— No es que no les gustaras. Sencillamente, no les parecía que dos chicas tuvieran una relación —

— No hay mucha diferencia —

Su voz sonó triste, y Nanoha comprendió que tenía razones para apenarse. Miró las estrellas y se pasó una mano por el pelo, apartando los mechones que habían caído sobre su cara.

— Lo sé. Siempre lo supe. Quizá por eso, cuando hablo con mi madre, siempre tengo la impresión de que hay un abismo entre las dos —

— ¿Y qué piensas ahora? —

— Lo mismo que entonces. Que se equivocaron, que no era justo. Es horrible aprender que la posición social es más importante que los sentimientos. — Fate sonrió con ternura, pero no respondió— No he dejado de pensar en ti desde aquel verano —añadió Nanoha.

— ¿De veras? —

— ¿Por qué lo dudas? — Nanoha parecía sinceramente sorprendida.

— Nunca contestaste a mis cartas —

— ¿Me escribiste? —

— Docenas de cartas. Te escribí durante dos años y nunca recibí contestación — Nanoha sacudió la cabeza y bajó la vista.

— No lo sabía... —dijo por fin en voz baja, y Fate supo que la madre de Nanoha había interceptado la correspondencia, haciendo desaparecer las cartas sin que su hija lo supiera. Siempre lo había sospechado, y ahora notó que Nanoha acababa de llegar a la misma conclusión.

— Mi madre no debió hacer eso, Fate, y lo lamento. Pero procura entenderla. Cuando me alejé de ti, seguramente creyó que me resultaría más fácil olvidar. Nunca comprendió lo que sentía por ti y, francamente, dudo de que alguna vez haya querido a mi padre como yo te quise a ti. A su manera, sólo intentaba protegerme, y probablemente pensó que esconder tus cartas era la mejor forma de hacerlo —

— No tenía derecho a tomar esa decisión —señaló en voz baja.

— Lo sé —

— ¿Crees que si hubieras recibido mis cartas habría cambiado algo? —

— Desde luego. Siempre tuve interés por saber qué había sido de tu vida —

— Me refería a nosotras. ¿Crees que habríamos seguido adelante con nuestra relación? —

— No lo sé, Fate, y tú tampoco puedes saberlo. Ya no somos las mismas. Hemos madurado, hemos cambiado. Las dos. —Hizo una pausa y miró hacia el río. Luego prosiguió:

— Pero sí, creo que habríamos seguido. Al menos, me gusta pensar que sí —

Fate asintió, bajó la vista, y por fin preguntó sin mirarla:

— ¿Cómo es Chrono? —

Nanoha vaciló; no esperaba esa pregunta. La alusión a su prometido le produjo un ligero sentimiento de culpa, y por un momento no supo qué responder. Tomó la taza, bebió otro sorbo de té, y oyó el lejano golpeteo de un pájaro carpintero. Finalmente respondió en voz baja:

— Chrono es atractivo, encantador y próspero. La mayoría de mis amigas están muertas de envidia. Creen que es perfecto, y en cierto modo lo es. Es amable conmigo, me hace reír, y a su manera, me quiere. —Hizo una pequeña pausa para ordenar sus pensamientos. — Sin embargo, creo que en nuestra relación siempre habrá una carencia —

Ella misma se sorprendió de su respuesta, aunque supo que decía la verdad. También supo por la expresión de Fate que había confirmado sus sospechas.

— ¿Por qué? —

Nanoha esbozó una sonrisa y se encogió de hombros. Cuando respondió, su voz fue apenas un susurro:

—Supongo que todavía añoro la clase de amor que sentimos aquel verano —

Fate pensó largo rato en esa respuesta, repasando mentalmente las relaciones que había tenido desde que se habían separado.

— ¿Y qué me dices de ti? — Preguntó Nanoha— ¿Alguna vez has pensado en nosotras? —

— Todo el tiempo. Todavía lo hago —

— ¿Sales con alguien? —

— No — respondió sacudiendo la cabeza.

Las dos parecieron pensar en ello, esforzándose en vano por apartar ese tema de su mente. Fate apuró el resto de la cerveza y se sorprendió de haberla acabado tan rápidamente.

— Voy a calentar el agua. ¿Te traigo algo? —

Nanoha negó con la cabeza. Fate entró en la cocina, puso los cangrejos en la rejilla de la cacerola y el pan en el horno. Mezcló un poco de harina y maicena, rebozó las verduras y echó un poco de aceite en la sartén. Antes de regresar al porche, bajó el fuego, programó un reloj de cocina y sacó otra cerveza de la heladera. Mientras hacía todo eso, pensó en Nanoha, en el amor que faltaba en la vida de ambas.

Nanoha también pensaba. En Fate, en sí misma, en un montón de cosas. Por un momento deseó no estar prometida, pero enseguida se reprendió a sí misma. No era a Fate a quien amaba, sino al recuerdo de lo que habían sido. Además, era normal que se sintiera así. Su primer amor verdadero, la única persona con quien se había acostado... ¿cómo iba a olvidarla?

Sin embargo, ¿era normal que sintiera un hormigueo cada vez que ella se le acercaba? ¿Era normal que le confesara cosas que jamás le diría a nadie más? ¿Era normal que hubiera ido a visitarla tres semanas antes de su boda?

— No — susurró para sí mientras contemplaba el cielo de la noche — Nada de esto es normal.

En ese momento reapareció Fate, y Nanoha le sonrió, contenta de que hubiera vuelto a rescatarla de sus pensamientos.

— Tardará unos minutos — dijo la rubia mientras volvía a sentarse.

—Está bien. Todavía no tengo hambre —

Entonces la miró, y Nanoha reparó en la ternura de sus ojos.

— Me alegro de que hayas venido, Nanoha — declaró.

— Yo también me alegro. Aunque estuve a punto de cambiar de idea —

— ¿Por qué viniste? —

Por una necesidad irresistible, hubiera querido decir, pero no lo hizo.

— Para verte, para averiguar qué había sido de ti. Para saber cómo estabas — Fate se preguntó si eso era todo, pero no insistió. Cambió de tema.

— ¿Todavía pintas? Hace rato que quería preguntártelo — Nanoha negó con la cabeza.

— Ya no —

Fate pareció muy sorprendida.

— ¿Por qué no? Tienes tanto talento... —

— No lo sé... —

— Claro que lo sabes. Si has abandonado, seguro que tienes algún motivo — Estaba en lo cierto. Tenía un motivo.

— Es una larga historia —

— Tengo toda la noche — repuso Fate.

— ¿De verdad pensabas que tenía talento? —preguntó Nanoha en voz baja.

— Ven —dijo la rubia extendiendo la mano— Quiero enseñarte algo —

Nanoha se levantó y la siguió a la puerta del living-room. Fate se detuvo frente a la chimenea y señaló el cuadro colgado encima de la repisa. Nanoha dejó escapar una pequeña exclamación de asombro, sorprendida de no haber reparado antes en el cuadro, y más sorprendida aún de verlo allí.

— ¿Lo has conservado? —

— Claro que lo conservé. Es espléndido. — Nanoha la miró con escepticismo y Fate se explicó:

— Cuando lo miro me siento viva. A veces tengo que levantarme para tocarlo. Es tan real... las formas, las sombras, los colores. Es increíble, Nanoha... puedo pasarme horas contemplándolo —

— Hablas en serio —dijo la cobriza, asombrada.

— Nunca he hablado tan en serio. —Nanoha no respondió. — ¿Acaso no te lo ha dicho nadie más? —

— Mi profesor de pintura —dijo por fin— Pero supongo que no le creí —

Fate sabía que tenía algo más que decir. Nanoha apartó la vista antes de continuar:

— He dibujado y pintado desde que era una criatura. Supongo que después de un tiempo empecé a pensar que lo hacía bien. También me gustaba. Recuerdo cómo pinté este cuadro aquel verano, añadiendo algo nuevo cada día, modificándolo a medida que nuestra relación cambiaba. No sé con qué idea lo empecé ni qué pretendía representar, pero el resultado está a la vista. Recuerdo que después, cuando volví a casa, no podía parar de pintar. Creo que era una forma de aliviar el dolor que sentía. En la universidad acabé especializándome en arte porque sentía que tenía que hacerlo. Pasaba horas a solas en el estudio y disfrutaba de cada minuto. Me encantaba la sensación de libertad que experimentaba al pintar, la satisfacción de producir algo hermoso. Poco antes de graduarme, mi profesor, que también era crítico del diario local, me dijo que tenía mucho talento. Sugirió que debía probar suerte en el mundo del arte. Pero no le hice caso — Hizo una pequeña pausa para ordenar sus pensamientos. —A mis padres no les pareció bien que alguien como yo se ganara la vida pintando. Después de un tiempo, dejé de hacerlo. Hace años que no toco un pincel.

Miró fijamente el cuadro.

— ¿Crees que volverás a pintar? —

— No sé si podría hacerlo. Ha pasado mucho tiempo —

— Todavía puedes, Nanoha. Estoy segura. Tu talento viene de tu interior, del corazón, no de los dedos. El don que tienes no desaparecerá nunca. Mucha gente sueña con poseerlo. Eres una verdadera artista, Nanoha —

Las palabras de Fate sonaban tan sinceras que Nanoha supo que no las había pronunciado por simple cortesía. Era evidente que creía en su capacidad, y eso significaba mucho para ella, más de lo que esperaba. Pero entonces sucedió otra cosa, algo aún más conmovedor.

Por qué sucedió, nunca lo sabría, pero en ese preciso momento Nanoha sintió que comenzaba a cerrarse el abismo que ella misma había creado en su interior para separar el dolor del placer. Y entonces sospechó, aunque sólo vagamente, que esa sensación era mucho más trascendente de lo que se habría atrevido a admitir.

Sin embargo, en aquel momento no era totalmente consciente de lo que pasaba y se volvió a mirar a Fate. Extendió una mano y acarició la de ella, temerosa, dulcemente, asombrada de que después de tantos años la rubia todavía supiera exactamente lo que necesitaba oír.

Cuando sus ojos se encontraron, Nanoha volvió a pensar que estaba ante una mujer muy especial. Y por un fugaz instante, por una levísima pizca de tiempo que flotó en el aire como las luciérnagas en un cielo de verano, se preguntó si había vuelto a enamorarse de ella.

Sonó la alarma del reloj de cocina, un pequeño ring, y Fate se marchó, rompiendo el encanto del momento, curiosamente afectada por lo que acababa de ocurrir entre ellas. Los ojos de Nanoha le habían hablado, susurrándole algo que ansiaba desesperadamente oír, y sin embargo, no podía acallar la voz que sonaba dentro de su cabeza, la voz de esa misma mujer hablándole de su amor por aquel hombre.

Mientras entraba en la cocina y sacaba el pan del horno, maldijo mentalmente al reloj. Se quemó los dedos, dejó caer el pan sobre la mesada y vio que la sartén estaba lista. Echó las verduras y oyó el chisporroteo. Luego, murmurando para sí, sacó la manteca de la heladera, untó un poco en el pan y derritió otro poco para los cangrejos.

Nanoha, que la había seguido a la cocina, se aclaró la garganta.

— ¿Pongo la mesa? —

Fate usó el cuchillo de la manteca para señalar.

— Muy bien. Los platos están allí. Los cubiertos y las servilletas, allí. Saca muchas servilletas. Las necesitaremos para no ensuciarnos — No podía mirarla mientras hablaba. Temía comprender que su impresión sobre lo que acababa de ocurrir era equivocada. No quería que se tratara de un error.

Nanoha pensaba en lo mismo, y la emoción la embargó. Mientras juntaba todo lo necesario para la mesa —platos, manteles individuales, sal y pimienta — se repetía mentalmente las palabras de Fate.

Cuando terminó de poner la mesa, la rubia le pasó el pan y sus dedos se rozaron fugazmente. Fate concentró su atención en la sartén y removió las verduras. Levantó la tapa de la cacerola, comprobó que a los cangrejos les faltaba un minuto y los dejó un poco más. Ya más dueña de sí, inició una conversación trivial, despreocupada.

— ¿Alguna vez comiste cangrejo? —

— Un par de veces. Pero sólo en ensalada —

Fate rió.

— Entonces prepárate para la aventura. Discúlpame un momento —

Subió la escalera y regresó un minuto después con una camisa de color azul marino.

— Póntela. No quiero que te ensucies el vestido —

Nanoha se puso la camisa y aspiró su fragancia... Era el olor de Fate, natural, perfectamente identificable.

— No te preocupes —dijo Fate al ver su expresión— Está limpia.

Nanoha rió.

— Ya lo sé. Me recuerda a nuestra primera cita formal. Aquella noche me diste tu chaqueta, ¿te acuerdas? —

Fate asintió.

— Sí, me acuerdo. Yuuno y Shari salieron con nosotros. Yuuno estuvo dándome codazos todo el camino hasta tu casa para que te tomara de la mano —

— Pero no le hiciste caso —

— No —respondió la rubia sacudiendo la cabeza.

— ¿Por qué? —

— No lo sé. Quizá por timidez, o por miedo. En ese momento no me pareció apropiado —

— Ahora que lo pienso, eras bastante tímida, ¿no es cierto? —

— Prefiero el calificativo de prudente — repuso Fate con un guiño, y Nanoha sonrió.

Las verduras y los cangrejos estuvieron listos prácticamente al mismo tiempo.

— Ten cuidado, queman —dijo Fate mientras le pasaba las fuentes y se sentaban a la pequeña mesa de madera, frente a frente.

Nanoha se dio cuenta de que había dejado la taza de té sobre la mesada y se levantó a buscarla. Fate sirvió el pan y la verdura en los platos y añadió un cangrejo para cada una. La cobriza se quedó mirando el suyo fijamente durante unos instantes.

— Parece un bicho —

— Pero un bicho bueno — señaló Fate — Deja que te enseñe cómo se come —

Hizo una rápida demostración, separando la carne y poniéndola en el plato de Nanoha, como si fuera algo muy sencillo.

En el primer y el segundo intento, Nanoha apretó demasiado las patas y en consecuencia tuvo que separar el caparazón con las manos para sacar la carne. Al principio se sintió torpe, preocupada de que la rubia se fijara en sus errores, pero luego se reprendió a sí misma por su inseguridad. A Fate esas cosas la tenían sin cuidado. Siempre había sido así.

— ¿Y qué es de la vida de Yuuno y Shari? — preguntó.

Fate tardó un segundo en responder.

— Yuuno murió en la guerra. Su destructor fue torpedeado en el cuarenta y uno. En cuanto a Shari, después de lo ocurrido, dejo el pueblo y desde entonces no sé nada de ella —

— Lo siento. Sé que eran buenos amigos tuyos —

— Lo eran — repuso Fate con la voz cambiada, ligeramente más grave — Últimamente pienso mucho en ellos. Recuerdo, sobre todo, la última vez que los vi. Poco antes de alistarme, volví a casa para despedirme y nos encontramos por casualidad. Se habían casado. El era banquero, igual que su padre y ella se dedicaba al hogar. Durante la semana siguiente pasamos mucho tiempo juntos. A veces pienso que convencí a Yuuno para que se alistara. Creo que si no le hubiera dicho que iba a enrolarme, él no lo habría hecho —

— No es justo que te culpes — protestó Nanoha, lamentando haber sacado el tema.

— Tienes razón. Los echo de menos; eso es todo —

— A mí también me caían simpáticos. Me hacían reír —

— Eso siempre les salía bien — Nanoha la miró con picardía.

— Sabes que durante el verano Yuuno dijo que estaba enamorado de mí —

— Lo sé. Me lo contó —

— ¿De veras? ¿Qué te dijo? —

Fate se encogió de hombros.

— Lo normal. Que tendría que ahuyentarte a escobazos. Que lo perseguías constantemente. Esa clase de comentarios —

Nanoha rió suavemente.

— ¿Y tú le creíste? —

— Claro — respondió —. ¿Por qué no iba a creerle? —

— Ustedes eran un caso — comentó la cobriza, extendiendo la mano por encima de la mesa para darle una palmada en el brazo. Luego continuó:

— Cuéntame todo lo que has hecho desde la última vez que nos vimos —

Comenzaron a intercambiar experiencias, a recuperar el tiempo perdido. Fate le habló de su decisión de marcharse de New Bern, de su trabajo en el astillero y, más tarde, en la chatarrería de Nueva Jersey. Aludió con afecto a Genya Nakajima, y mencionó brevemente la guerra, aunque le ahorró los detalles. Luego recordó a Zest y confesó cuánto le echaba de menos.

Nanoha habló de la universidad, de los tiempos en que todavía pintaba, y de su trabajo como voluntaria en un hospital. La puso al día en todo lo referente a su familia y a las asociaciones benéficas para las que trabajaba.

Ninguna de las dos dijo nada de sus relaciones sentimentales en esos años. Ni siquiera hablaron de Chrono, y aunque ambas repararon en la omisión, no hicieron ningún comentario al respecto.

Más tarde, Nanoha intentó recordar la última vez que ella y Chrono habían hablado de esa manera. Aunque él sabía escuchar, y rara vez discutía, no era particularmente locuaz. Al igual que el padre de Nanoha, no se sentía cómodo compartiendo sus pensamientos y sentimientos. Nanoha hacía todo lo posible para explicarle que necesitaba más intimidad, pero no conseguía cambiar las cosas. Ahora se daba cuenta de lo que había perdido.

A medida que anochecía, el cielo se oscurecía y la Luna se elevaba. Entonces, casi sin darse cuenta, comenzaron a recuperar la intimidad, la familiaridad que habían compartido en el pasado.

Terminaron de cenar, satisfechas del festín, pero menos locuaces que antes. Fate miró el reloj y comprobó que se hacía tarde. Ahora todas las estrellas eran visibles y el canto de los grillos comenzaba a apagarse. Había disfrutado de la conversación y se preguntó si habría hablado demasiado, qué pensaría Nanoha de su vida y si habría alguna posibilidad de que ese reencuentro cambiara las cosas.

Se levantó y volvió a llenar la tetera. Las dos llevaron los platos a la pileta y levantaron la mesa. Fate llenó dos tazas de agua caliente y puso un saquito de té en cada una.

— ¿Qué te parece si volvemos al porche? —preguntó mientras le pasaba una taza.

Nanoha aceptó y se dirigió hacia allí. Fate tomó una manta por si la cobriza tuviera frío, y pronto volvieron a sus sitios. Las mecedoras balanceándose, la manta sobre las piernas de Nanoha. Fate la miró por el rabillo del ojo. ¡Dios santo, es preciosa!, pensó. Y sufrió en silencio. Sufrió porque durante la cena había sucedido algo. Sencillamente, se había vuelto a enamorar. Lo supo en cuanto se sentó a su lado en el porche. Ya no estaba enamorada de un recuerdo, sino de una nueva Nanoha. Aunque, en realidad, nunca había dejado de quererla. Estaba destinada a amarla.

— Ha sido una noche muy especial — dijo Nanoha, con voz suave.

— Sí — convino Fate — Una noche maravillosa —

Miró las estrellas, las luces parpadeantes le recordaron que Nanoha se marcharía pronto, y se sintió vacía. No quería que esa noche terminara nunca. Pero, ¿cómo decírselo? ¿Qué podía decirle para convencerla de que se quedara? No lo sabía. Sin embargo, ya había decidido que no diría nada. Y entonces comprendió que había fracasado.

Las mecedoras se movían tranquila y rítmicamente. Otra vez murciélagos sobre el río. Polillas besando la luz del porche. Fate sabía que en ese mismo momento, en distintos sitios, muchas parejas hacían el amor.

— Háblame — pidió Nanoha con voz sensual. ¿O era un truco de su imaginación?

— ¿Qué puedo decir? —

— Háblame como lo hacías debajo del roble —

Fate obedeció. Recitó antiguos versos en honor a la noche. Whitman y Thomas porque amaba sus imágenes. Tennyson y Browning porque sus temas le parecían muy familiares. Nanoha apoyó la cabeza sobre el respaldo de la mecedora, cerró los ojos, y cuando la rubia hubo acabado, sintió que su emoción se había intensificado. No era sólo su voz o los poemas. Era todo. Un todo mayor a la suma de las partes. No intentó dividirlo, no quería hacerlo, porque no debía escuchar de ese modo. La poesía no debía ser objeto de análisis, pensó; debía inspirar sin motivo, emocionar sin intervención del entendimiento.

Gracias a Fate, había asistido a unas cuantas lecturas de poesía en el Departamento de Literatura Inglesa de la universidad. Había escuchado distintos poemas de diferentes bocas, pero pronto dejó de acudir, desilusionada porque nadie parecía trasmitir o poseer la inspiración que ella atribuía a los verdaderos amantes de la poesía.

Se hamacaron durante un rato, bebiendo té, calladas, absortas en sus pensamientos. La ansiedad que la había empujado allí había desaparecido, y se alegraba de ello, pero la preocupaban los sentimientos que la reemplazaban, la excitación que se filtraba por sus poros, arremolinándose como el polvo de oro en un cedazo. Podría haberse esforzado para negarla, para huir de ella, pero en el fondo sabía que no quería que parara. Hacía muchos años que no se sentía así. Chrono era incapaz de despertar esos sentimientos. Nunca lo había hecho y, probablemente, nunca lo haría. Quizá fuera por eso que nunca se había acostado con él. Chrono intentó convencerla muchas veces, recurriendo a todas las tácticas posibles, desde las flores hasta la culpa, pero ella respondía siempre con la misma excusa: que quería esperar a estar casada. Por lo general se lo tomaba bien, y Nanoha se preguntaba cómo se sentiría si se enterara de lo de Fate.

Pero había algo más que la impulsaba a esperar, y tenía que ver con el propio Chrono. Era un hombre enteramente dedicado a su profesión. El trabajo era lo primero; él no tenía tiempo para poemas, noches ociosas, veladas meciéndose en el porche. Nanoha sabía que debía su éxito a esa actitud, y hasta cierto punto lo respetaba por ello. Pero también sentía que no le daba lo suficiente. Quería algo más, algo distinto, otra cosa. Pasión y romance, quizá, tranquilas charlas a la luz de las velas, o algo tan sencillo como no sentirse constantemente desplazada a un segundo lugar.

La atención de Fate también saltaba de un pensamiento a otro. La rubia recordaría aquella noche como uno de los momentos más especiales de su vida. Mientras se mecía, rememoraba cada detalle una y otra vez. Todo lo que Nanoha había hecho le parecía excitante, apasionado. Ahora, estando sentada junto a ella, se preguntó si durante los años de separación Nanoha habría tenido los mismos sueños que ella. ¿Habría soñado que se abrazaban y se besaban bajo la tenue luz de la Luna? ¿O acaso habría llegado más lejos y soñado con sus cuerpos desnudos, separados durante tanto tiempo? Miró las estrellas y recordó las miles de noches vacías pasadas desde la última vez que se habían visto. Ese reencuentro hacía que los sentimientos emergieran a la superficie, y le resultaba imposible volver a enterrarlos. Supo que quería volver a hacerle el amor y que ella le correspondiera. Era lo que más deseaba en el mundo. Pero también era consciente de que no podía ser. Ahora estaba prometida.

Para Nanoha, el silencio de Fate era un indicio de que estaba pensando en ella, y eso la hizo feliz. No sabía a ciencia cierta cuáles eran sus pensamientos y, en realidad, tampoco le importaba. Le bastaba con saber que pensaba en ella. Recordó la conversación mantenida durante la cena y pensó en la soledad. Por alguna razón, no podía imaginar a Fate leyendo poemas a otra persona, ni siquiera compartiendo sus sueños con otra mujer. No era de esa clase de personas. O si lo era, ella se negaba a creerlo.

Dejó la taza de té sobre la mesa, se alisó el pelo con las manos y cerró los ojos.

— ¿Estás cansada? — preguntó Fate, saliendo por fin de su abstracción.

— Un poco. Debería irme dentro de unos minutos —

— Lo sé —dijo la rubia con un gesto de asentimiento y voz inexpresiva.

Nanoha no se levantó de inmediato. Tomó la taza y bebió el último sorbo de té, sintiendo cómo le calentaba la garganta. Observó la noche: la luna estaba más alta, el viento soplaba entre los árboles, la temperatura había bajado. Luego miró a Fate. Se preguntó si durante la guerra la habrían herido alguna vez. No había comentado nada al respecto y ella no se lo preguntó, sobre todo porque no quería imaginarla herida.

— Tengo que irme — dijo por fin, devolviéndole la manta.

Fate asintió y se puso en pie sin decir una palabra. Tomó la manta y las dos caminaron hacia el coche, haciendo crujir las hojas secas bajo sus pies. Cuando la rubia abrió la puerta, Nanoha comenzó a quitarse la camisa, pero Fate la detuvo.

— Quédatela — dijo — Quiero que la guardes.

Nanoha no preguntó por qué, pues ella también quería quedársela. La acomodó y se cruzó de brazos para protegerse del frío. En ese momento la asaltó el recuerdo de sí misma en el porche de su casa, después de un baile en el instituto, esperando un beso.

— Ha sido una noche maravillosa — manifestó Fate — Gracias por venir a verme —

— Yo también lo he pasado bien —respondió Nanoha.

Fate reunió coraje.

— ¿Te veré mañana? —

Una simple pregunta. Nanoha sabía cuál debía ser la respuesta, sobre todo si no quería complicarse la vida. Sólo tenía que decir "Creo que no sería conveniente", y todo acabaría allí y en ese momento. Pero guardó silencio durante unos segundos. El demonio de la indecisión se enfrentaba a ella, la provocaba, la desafiaba.

¿Por qué no responder? No lo sabía. Pero cuando la miró a los ojos, buscando la respuesta que necesitaba, vio a la mujer de la que una vez se había enamorado, y de repente todo se aclaró.

— Me gustaría —

Fate se sorprendió. No esperaba que contestara que sí. Hubiera querido tocarla, estrecharla en sus brazos, pero no lo hizo.

— ¿Estarás aquí a mediodía? —

— Seguro. ¿Qué planes tienes? —

— Ya lo verás — respondió — Te llevaré al sitio perfecto —

— ¿Estuve allí antes? —

— Sí, pero antes no era igual —

— ¿Dónde está? —

— Es una sorpresa —

— ¿Me gustará? —

— Te encantará —

Nanoha se volvió antes que Fate la besara. No sabía si lo intentaría, pero sabía que si lo hacía, le costaría detenerla. No podía afrontar esa situación en ese momento, con tantas cosas en la cabeza. Se sentó al volante y respiró aliviada. Fate cerró la puerta y la cobriza puso el coche en marcha. Mientras el motor se calentaba, bajó un poco la ventanilla.

— Hasta mañana — dijo con la luz de la Luna reflejada en los ojos.

Mientras daba marcha atrás, Fate la saludó con la mano. Nanoha giró en redondo y tomó el camino que conducía al pueblo.

La rubia se quedó mirando el coche hasta que el ruido del motor se apagó y las luces se desvanecieron detrás de los robles lejanos. Cuando Arf se acercó, se acuclilló para acariciarla, concentrándose en su cuello, rascándole los puntos de su anatomía que la perra ya no podía alcanzar. Después de un último vistazo al camino, regresaron al porche.

Volvió a sentarse en la mecedora, esta vez sola, y rememoró la velada reciente. Pensó en Nanoha. La revivió. Vio y oyó nuevamente todo lo ocurrido. Pasó las escenas en cámara lenta. No tenía ganas de tocar la guitarra ni de leer. No sabía qué sentía.

— Está prometida — murmuró por fin y se sumió en un silencio roto sólo por el ruido de la mecedora. La noche estaba tranquila, nada se movía, salvo Arf, que de vez en cuando se acercaba y la miraba como si preguntara "¿Te encuentras bien?".

Pasadas las doce, en algún momento de esa clara noche de octubre, los sentimientos se agolparon en el corazón de Fate y la embargó la nostalgia. Cualquiera que la hubiera visto entonces, habría observado que parecía una anciana, una mujer que había envejecido años en apenas un par de horas. Una mujer doblada sobre sí misma en la mecedora, con la cara oculta en las manos y lágrimas en los ojos. No podía detenerlas.

Notas del autor: Hola :D hoy actualice más temprano porque no estaré por la noche. Espero que el capitulo haya sido de su agrado, salió algo extenso XD. La verdad a mi no me gusto mucho porque no quería ver sufrir más a Fate pero bueno que se le hace. En cuanto a Shiro y Momoko, en esta historia sus personalidades difieren mucho de las originales.

Gracias por leer ˆˆ nos vemos en la próxima.