Detrás de un gran amor... hay una gran historia

DISCLAIMER: Ni la mayor parte de las líneas aquí escritas, ni los personajes de MSLN me pertenecen sino a sus respectivos autores.


Capitulo 12: Cisnes y tormentas


Estaban en medio de un pequeño lago, alimentado por las aguas del río. No era grande — quizá cien metros de ancho — pero a Nanoha la sorprendió que, apenas unos segundos antes, estuviera completamente oculto a la vista.

Era espectacular. Estaban literalmente rodeadas por cisnes y patos salvajes. Miles de aves. Algunos nadaban tan apiñados que no dejaban ver el agua. Desde lejos, los grupos de cisnes parecían témpanos de hielo.

— ¡Oh, Fate! — Dijo finalmente en voz baja — ¡es precioso! —

Contemplaron la escena en silencio durante largo rato. Fate señaló un grupo de crías recién salidas del cascarón que seguían a una bandada de gansos junto a la orilla, esforzándose por alcanzarla.

Mientras la canoa surcaba el agua, el aire se llenó de graznidos y gorjeos. La mayoría de las aves se mostraba totalmente indiferente a su presencia. Las únicas que se fijaban en ellas eran las que se veían obligadas a moverse al paso de la canoa. Nanoha extendió una mano y tocó a los cisnes más cercanos, sintiendo cómo las plumas se erizaban bajo sus dedos.

Fate le pasó la bolsa de pan y ella arrojó las migas al agua, favoreciendo a las crías, y rió al verlas nadar en círculos, buscando la comida.

Siguieron en el mismo sitio hasta que oyeron el primer trueno — lejano pero potente — y entonces las dos comprendieron que era hora de regresar.

Fate giró la canoa hacia la corriente, remando con más fuerza. Nanoha seguía fascinada por la escena que acababa de contemplar.

— ¿Qué hacen aquí, Fate? —

— No tengo la menor idea. Sé que los cisnes del norte migran al lago Mattamuskeet todos los inviernos, pero parece que esta vez han venido hacia aquí. Ignoro por qué. Puede que tenga que ver con las nevadas tempranas. O quizá equivocaron el rumbo. De cualquier modo, sabrán volver —

— ¿No se quedarán? —

— Lo dudo. Actúan por instinto, y este no es su sitio. Es posible que algunos gansos pasen el invierno aquí, pero los cisnes volverán a Mattamuskeet —

Fate remaba con energía, mientras los nubarrones se cernían sobre sus cabezas. Comenzó a llover, una llovizna fina al principio, luego más fuerte. Un relámpago... una pausa... y otro y un trueno. Esta vez más cercano, quizá a nueve o diez kilómetros de distancia. A medida que la lluvia arreciaba, Fate comenzó a remar con más fuerza, contrayendo los músculos con cada movimiento.

Las gotas eran más gruesas. Caían... Caían empujadas por el viento... gruesas y punzantes.

Fate remaba... jugando una carrera con las nubes... y sin embargo mojándose... maldiciéndose a sí misma... perdiendo la batalla contra la madre naturaleza.

Ahora la lluvia era constante, y Nanoha la contempló caer en diagonal desde el cielo, intentando desafiar a la fuerza de gravedad mientras avanzaba con los vientos del oeste y silbaba entre los árboles. El cielo se oscureció un poco más, y las nubes descargaron grandes gotas. Gotas de tempestad.

Nanoha disfrutaba con la lluvia, y echó la cabeza hacia atrás para que le mojara la cara. Sabía que en un par de minutos la pechera de su vestido estaría empapada, pero no le importó. ¿Lo habría notado Fate? Suponía que sí.

Se pasó las manos por el cabello húmedo. Era una sensación maravillosa; ella se sentía de maravilla, el mundo era una maravilla. A pesar del ruido de la lluvia, oyó la respiración agitada de Fate y aquel sonido la excitó sexualmente, como no se había excitado en muchos años.

Una nube se descargó directamente encima de ellas y la lluvia arreció. Nunca había visto llover con tanta fuerza. Nanoha miró hacia arriba y rió, abandonando cualquier intento por protegerse, tranquilizando a Fate. Hasta ese momento, Fate no sabía cómo se sentía. Aunque habían ido allí por decisión de la cobriza, dudaba de que Nanoha sospechase que iba a desatarse una tormenta tan fuerte.

Al cabo de un par de minutos llegaron al embarcadero y Fate acercó la canoa lo suficiente para que Nanoha pudiera bajar. La ayudó a levantarse, saltó y arrastró la embarcación sobre la orilla para que el agua no se la llevara. La amarró al embarcadero por precaución, sabiendo que unos minutos más bajo la lluvia no la afectarían.

Mientras ataba la canoa, miró a Nanoha y contuvo la respiración. Estaba increíblemente hermosa, mirándola con serenidad bajo la lluvia. No intentaba protegerse ni taparse, y vio el contorno de sus pechos a través de la tela del vestido ceñido a su cuerpo. El agua de lluvia no era fría, pero de todos modos notó sus pezones erectos y protuberantes, duros como pedruscos. Sintió un hormigueo en la entrepierna y se apresuró a volverse de espaldas, avergonzada, murmurando para sí, agradecida de que la lluvia ahogara cualquier sonido. Cuando terminó y se levantó, Nanoha la sorprendió tomándole la mano. A pesar del aguacero, no corrieron hacia la casa, y Fate fantaseó con pasar la noche con ella.

Nanoha pensaba en lo mismo. Sintió la calidez de sus manos y las imaginó tocando su cuerpo, acariciándola entera, recreándose en su piel. La sola idea la hizo respirar hondo; sintió un hormigueo en los pezones y un calor nuevo entre las piernas.

Entonces comprendió que algo había cambiado desde su llegada. Aunque no podía precisar el momento en que había comenzado — el día anterior después de la cena, aquella misma tarde en la canoa, acaso cuando vieron los cisnes o ahora, mientras caminaban tomados de la mano — supo que había vuelto a enamorarse de Fate Testarossa, o que quizá, sólo quizá, nunca había dejado de quererla.

Ninguna de las dos parecía incómoda cuando llegaron a la puerta de la casa, entraron y se detuvieron un momento en el vestíbulo, con la ropa chorreando.

— ¿Trajiste otra muda? — Nanoha negó con la cabeza, sumida aún en un torbellino de emociones, y preguntándose si su cara delataría sus sentimientos — Supongo que podré encontrar algo para que te cambies. Quizá te quede algo holgada, pero te hará entrar en calor —

— Cualquier cosa servirá — respondió Nanoha.

— Vuelvo en un segundo —

Fate se quitó las botas, corrió escaleras arriba y regresó un minuto después. Llevaba un par de pantalones de algodón y una blusa azul bajo un brazo, y unos vaqueros y una camisa de manga larga en el otro.

— Toma — dijo, entregándole los pantalones de algodón y la blusa — Puedes cambiarte arriba, en el dormitorio. Allí hay un baño, y te he dejado una toalla, por si quieres ducharte —

Nanoha le dio las gracias con una sonrisa y subió la escalera, sintiendo los ojos de Fate fijos en su espalda. Entró en la habitación, cerró la puerta, dejó el pantalón y la blusa sobre la cama y se desvistió. Una vez desnuda, sacó una percha del armario, colgó el vestido, su ropa interior y llevó la percha al baño para que la ropa no goteara sobre el suelo de madera. La idea de estar desnuda en la misma habitación donde dormía Fate le produjo una inconfesable excitación.

No quería ducharse después de haber estado bajo la lluvia. Sentía la piel suave, y esa sensación le recordó la forma en que vivía la gente en otros tiempos. Naturalmente, como Fate.

Se vistió con la ropa que la rubia le había dado y se miró al espejo. Los pantalones eran un tanto largos, pero se mantenían en su sitio. Dobló los bajos para que no rozaran el suelo. La blusa era otra historia, esta si le favorecía. Abrió un cajón de la cómoda, se puso unas medias, y volvió a entrar en el baño para buscar un cepillo.

Se cepilló el cabello sólo lo indispensable para desenredarlo, dejándolo caer sobre sus hombros. Se miró al espejo y deseó haber llevado consigo una hebilla o unas horquillas. También le hubiera venido bien un poco más de rímel, pero, ¿qué podía hacer al respecto? Sus pestañas todavía tenían restos del que se había puesto antes, y lo extendió como pudo con una manopla de ducha húmeda.

Cuando terminó, volvió a mirarse al espejo, se vio bonita a pesar de todo, y regresó a la planta baja.

Fate estaba en el living-room, de cuclillas frente a la chimenea, avivando el fuego. No la oyó entrar y Nanoha la miró en silencio. La rubia también se había cambiado de ropa y tenía buen aspecto con sus sensuales curvas, el pelo cayendo sobre su espalda y los vaqueros ceñidos. Atizaba el fuego, moviendo los leños más grandes y añadiendo ramitas pequeñas. Nanoha se apoyó sobre el marco de la puerta y siguió mirándola. En pocos minutos, el fuego ardió con llamas grandes y constantes. Fate se volvió para acomodar los leños que quedaban y la vio por el rabillo del ojo. Se volvió rápidamente hacia ella.

Nanoha estaba hermosa incluso con su ropa. Tras mirarla un segundo, desvió la vista con timidez, y volvió a acomodar los troncos.

— No te oí entrar — dijo, tratando de imprimir naturalidad a su voz.

— Lo sé. No esperaba que lo hicieras —

Nanoha supo cómo se había sentido al mirarla, y le causó cierta gracia.

— ¿Cuánto hace que estás ahí? —

— Un par de minutos —

Fate se limpió las manos en los pantalones y señaló hacia la cocina.

— ¿Por qué no haces un poco de té? Puse el agua a calentar mientras estabas arriba —

Quería hablar de trivialidades, de cualquier cosa que le permitiera mantener la mente clara. Demonios, estaba tan bonita...

Nanoha reflexionó un momento, reparó en la forma en que la miraba, y sus instintos más primitivos volvieron a apoderarse de ella.

— ¿Tienes algo más fuerte, o es demasiado pronto para una copa? —

Fate sonrió.

— Tengo whisky en la alacena. ¿Te parece bien? —

— Espléndido —

Caminó hacia la puerta, se pasó una mano por el pelo húmedo y desapareció en la cocina.

Se oyó un trueno ensordecedor y cayó otro chaparrón. Nanoha oyó la lluvia en el tejado, el chisporroteo de la leña mientras las llamas temblorosas iluminaban la habitación. Miró por la ventana y vio cómo el cielo gris se aclaraba apenas por un segundo. Al cabo de un instante, oyó otro trueno. Esta vez más cercano.

Tomó una manta del sofá y se sentó sobre la alfombra, frente al fuego. Cruzó las piernas, se envolvió con la manta en la posición más cómoda posible, y contempló las llamas danzarinas. Fate volvió, la miró y se sentó junto a ella. Apoyó dos vasos en el suelo y sirvió el whisky. Fuera, el cielo se oscureció aún más.

Otro trueno, esta vez más fuerte. La tormenta rugía con furia, los vientos formaban torbellinos con el agua.

— Es una señora tormenta — comentó Fate mirando las hileras de gotas que caían verticalmente sobre los vidrios de las ventanas.

Nanoha y ella estaban muy cerca, aunque no se tocaban. Fate vio cómo el pecho de la joven se levantaba ligeramente con cada inspiración y volvió a fantasear con el contacto de su cuerpo, pero luchó contra aquellos pensamientos.

— Me gusta — aseguró ella bebiendo un sorbo de whisky — Siempre me han gustado las tormentas eléctricas. Incluso cuando era pequeña —

— ¿Por qué? — preguntó la rubia por decir algo, por mantener la calma.

— No sé. Siempre me han parecido románticas —

Guardó silencio un momento, y Fate miró el reflejo de las llamas en sus ojos azules. Luego Nanoha dijo:

— ¿Recuerdas que pocas noches antes que me marchara, nos sentamos juntas a mirar una tormenta? —

— Claro que lo recuerdo —

— Cuando volví a casa, no podía dejar de pensar en ese día. Me obsesionaba el aspecto que tenías aquella noche. Siempre te recordé así —

— ¿He cambiado mucho? —

Nanoha bebió otro sorbo de whisky y sintió el calor del líquido en la garganta. Cuando respondió, le rozó las manos.

— En realidad, no. Al menos en las cosas que yo recuerdo. Has madurado, desde luego, y se nota que has vivido, pero aún conservas el mismo brillo en los ojos. Todavía lees poesía y navegas en el río. Y todavía tienes una dulzura que ni siquiera la guerra pudo robarte —

Fate pensó en sus palabras y sintió el contacto de su mano en la suya, su pulgar trazando círculos lentamente.

— Nanoha, antes me preguntaste qué era lo que recordaba mejor de aquel verano. ¿Qué recuerdas tú? —

Ella tardó unos minutos en contestar. Cuando lo hizo, su voz pareció llegar desde un lugar muy lejano.

— Recuerdo que hicimos el amor. Es el recuerdo más vivo. Tú fuiste la primera persona, y fue mucho más hermoso de lo que nunca hubiera llegado a soñar —

Fate bebió un trago de whisky, recordando, reviviendo los viejos sentimientos, pero de repente sacudió la cabeza. Las cosas ya eran demasiado difíciles tal como estaban. Nanoha prosiguió:

— Recuerdo que tenía tanto miedo que temblaba, pero al mismo tiempo estaba muy excitada. Me alegro de que fueras la primera. Me alegro de que compartiéramos aquella experiencia —

— Yo también —

— ¿Estabas tan asustada como yo? — Fate asintió en silencio, y ella premió su sinceridad con una sonrisa.

— Lo suponía. Siempre fuiste tímida, sobre todo al principio. Recuerdo que me preguntaste si tenía novio, y cuando te contesté que sí, prácticamente dejaste de hablarme —

— No quería interponerme entre ustedes —

— Pero al final lo hiciste, a pesar de tu aparente inocencia —señaló Nanoha con una sonrisa— Y me alegro —

— ¿Le contaste lo nuestro? —

— Sí, cuando volví a casa —

— ¿Te resultó difícil? —

— En absoluto. Yo estaba enamorada de ti —

Le apretó la mano, la soltó, y se acercó más. Enlazó un brazo en el de la rubia y apoyó la cabeza en su hombro. Fate aspiró su aroma, suave como el de la lluvia, cálido. Nanoha prosiguió:

— ¿Recuerdas que después del festival me acompañaste a casa? Te pregunté si querías verme otra vez. Tú asentiste con la cabeza y no dijiste una palabra. No parecías muy entusiasmada —

— Nunca había conocido a nadie como tú. No sabía qué decir. No pude evitarlo —

— Lo sé. No sabías ocultar tus sentimientos. Los ojos te delataban. Tenías los ojos más hermosos que había visto en mi vida — Hizo una pausa, levantó la cabeza del hombro de Fate y la miró directamente a los ojos. Cuando continuó, su voz era sólo un susurro:

— Creo que aquel verano te quise más de lo que he querido nunca a nadie —

Hubo otro relámpago, y en el silencio que precedió al trueno, sus ojos se encontraron, intentando borrar los doce años pasados. Las dos eran conscientes del cambio que habían experimentado desde el día anterior.

Cuando por fin resonó el trueno, Fate suspiró y apartó la vista, mirando hacia las ventanas.

— Ojalá hubieras leído las cartas que te mandé — dijo.

Nanoha permaneció callada un rato largo.

— No dependía sólo de ti, Fate. No te lo he dicho, pero yo también te escribí al menos una docena de cartas cuando llegué a casa. Sin embargo, nunca las envié —

— ¿Por qué? —preguntó Fate, sorprendida.

— Supongo que tenía miedo —

— ¿De qué? —

— De que nuestro amor no fuera tan auténtico como yo creía. De que me hubieras olvidado —

— Yo nunca hubiera hecho algo así. Es inconcebible —

—Ahora lo sé. Lo veo cuando te miro. Pero entonces era diferente. Había tantas cosas que no entendía, cosas que mi mente de adolescente era incapaz de desentrañar —

— ¿A qué te refieres? —

Nanoha hizo una pausa para ordenar sus ideas.

— Cuando vi que no me escribías, no supe qué pensar. Recuerdo que hablé con mi mejor amiga de lo ocurrido durante el verano y ella me dijo que habías conseguido lo que querías y que no le sorprendía que no escribieras. Yo no podía creer que fueras de esa clase de personas, pero escuchar ese comentario y pensar en nuestras diferencias me hizo temer que tal vez tú significaras mucho más para mí que yo para ti... Luego, cuando esa idea todavía me daba vueltas en la cabeza, recibí noticias de Shari. Me dijo que te habías marchado de New Bern —

— Yuuno y Shari siempre supieron dónde estaba... —

Nanoha la detuvo, tapándole la boca con la mano.

— Lo sé, pero yo nunca pregunté. Supuse que te habías ido de New Bern para empezar una nueva vida sin mí. ¿Por qué, si no, no me habías escrito ni telefoneado ni visitado? — Fate apartó la vista sin responder y ella prosiguió:

— No lo entendía, y con el tiempo el dolor comenzó a aliviarse y pensé que me resultaría más fácil olvidarte. Eso creía entonces, pero después, cada vez que conocía a un chico, no podía evitar compararlo contigo. Entonces, cuando los sentimientos se intensificaban, te escribía otra carta. Pero nunca las envié por temor a lo que podría descubrir. Para entonces, tú ya habrías rehecho tu vida y temía que estuvieras enamorada de otra. Quería recordarnos tal como éramos en aquel verano. No quería renunciar a ese recuerdo —

Pronunció esas palabras con tanta dulzura e inocencia, que Fate hubiera querido besarla en cuanto terminó. Pero no lo hizo. Luchó con su deseo y lo reprimió, consciente de que era lo último que necesitaba Nanoha. Sin embargo, era tan maravilloso tenerla a su lado, tocándola...

—La última carta la escribí hace un par de años. Cuando conocí a Chrono, escribí a tu padre para preguntarle dónde estabas. Pero había pasado tanto tiempo, que ni siquiera sabía si él seguiría en el mismo sitio. Y teniendo en cuenta que había habido una guerra... —

Se interrumpió y permanecieron un momento calladas, absortas en sus pensamientos. Otro relámpago iluminó el cielo, y finalmente Fate rompió el silencio.

— Ojalá la hubieras enviado —

— ¿Por qué? —

— Porque me habría gustado saber de ti. Enterarme qué había sido de tu vida —

— Te habría decepcionado. Mi vida no es muy emocionante. Además, ya no soy como me recordabas —

— Eres mejor de como te recordaba, Nanoha —

— Y tú eres un encanto, Fate —

La rubia estuvo a punto de dejar las cosas así, sabiendo que si se reservaba sus pensamientos, le resultaría más fácil mantener el control, el mismo control que había mantenido en los últimos doce años. Pero otra emoción se había apoderado de ella en los últimos minutos, y se rindió a ella con la esperanza de que, de alguna manera, les permitiera recuperar lo vivido tanto tiempo atrás.

— No lo digo porque sea un encanto. Lo digo porque siempre te he querido y te sigo queriendo. Mucho más de lo que imaginas —

Un leño se partió, despidiendo chispas en la chimenea, y ambas advirtieron que las brasas se habían consumido casi por completo. El fuego necesitaba más leña, pero ninguna de las dos se movió.

Nanoha bebió otro sorbo de whisky y empezó a notar sus efectos. Pero no fue sólo el alcohol lo que la hizo estrecharse más contra el cuerpo de Fate y buscar su calor. Miró por la ventana y vio que las nubes estaban prácticamente negras.

— Deja que avive el fuego —dijo Fate, consciente de que necesitaba apartarse para pensar, y Nanoha la soltó.

Se acercó a la chimenea, retiró la pantalla protectora y añadió un par de leños. Acomodó la madera con el atizador, asegurándose de que los nuevos leños se encendieran con facilidad. Las llamas comenzaron a extenderse otra vez, y Fate regresó junto a Nanoha. La cobriza volvió a acurrucarse junto a ella, apoyó nuevamente la cabeza sobre su hombro y le acarició el abdomen en silencio. Fate se acercó más y le habló al oído.

— Esto me recuerda un tiempo lejano. Cuando éramos adolescentes —

Nanoha sonrió, pensando en lo mismo, y miraron el humo y el fuego, abrazadas.

— Fate, aunque no me lo has preguntado, quiero que sepas una cosa —

— ¿Qué? —

— Nunca hubo otra persona — respondió con voz tierna — No sólo fuiste la primera, sino la única. Nunca me he acostado con alguien diferente de ti. No espero que me digas nada semejante, pero quería que lo supieras —

Fate apartó la vista en silencio. Nanoha siguió mirando el fuego, sintiendo que su pasión crecía. Acarició el abdomen plano de Fate por debajo de la camisa.

Recordó que una vez se habían abrazado de aquel modo, pensando que sería la última vez. Estaban sentadas sobre un dique construido para contener las aguas del río Neuse. Nanoha lloraba porque cabía la posibilidad de que no volvieran a verse y se preguntaba si alguna vez volvería a ser feliz. En lugar de responder, la rubia le había entregado una nota, que Nanoha leyó camino a casa. La había guardado, y de vez en cuando la releía, entera o por partes. Había leído un par de párrafos centenares de veces, y por alguna razón, ahora volvieron a su mente. Decía:

Nos duele tanto separarnos porque nuestras almas están unidas. Es probable que siempre lo hayan estado y que siempre lo estén. Quizá hayamos vivido mil vidas antes que esta y nos hayamos encontrado en cada una de ellas. Y hasta es posible que en cada ocasión nos hayamos separado por los mismos motivos. Eso significa que este adiós es a un tiempo un adiós de diez mil años y un preludio de lo que vendrá.

Cuando te miro, contemplo tu belleza y tu gracia y sé que han crecido con cada vida que has vivido. También sé que te he estado buscando durante todas mis vidas anteriores. No buscaba a alguien como tú, sino a ti, pues tu alma y la mía están destinadas a estar juntas. Y sin embargo, por razones que escapan a nuestro entendimiento, nos han obligado a despedirnos.

Me gustaría decirte que todo se arreglará entre nosotras, y te prometo hacer lo que esté en mis manos para que así sea. Pero si no volvemos a vernos y esta es una verdadera despedida, sé que nos reencontraremos en otra vida. Volveremos a encontrarnos, y aunque las estrellas hayan cambiado, no nos amaremos sólo por esa vez, sino por todas las veces anteriores.

¿Era posible? ¿Tendría razón? Nanoha nunca lo había descartado por completo, y se aferraba a su promesa por las dudas. Esa predicción la había ayudado a superar muchos momentos difíciles. Pero su presencia allí parecía poner en entredicho la teoría de que estaban predestinadas a vivir separadas. A menos que los astros hubieran cambiado desde su último encuentro.

Quizá lo hubieran hecho, pero Nanoha no quiso mirar. En cambio, se arrimó más a Fate y sintió su calor, el contacto de su piel, de su brazo rodeándole los hombros. Y su cuerpo comenzó a temblar de expectación, como el primer día que habían estado juntas.

¡Se sentía tan a gusto! Todo le parecía bien: el fuego, las copas, la tormenta... no había una situación más perfecta. Como por arte de magia, los años de separación perdieron importancia.

Fuera, un relámpago surcó el cielo. Las llamas danzaban sobre los leños al rojo blanco. La lluvia de octubre caía torrencialmente sobre las ventanas, sofocando cualquier otro sonido.

Por fin se rindieron a los sentimientos que habían reprimido durante los últimos doce años. Nanoha levantó la cabeza del hombro de Fate, la miró con ojos brumosos, y la rubia le besó los labios con ternura.

Notas del autor:Querían NanoFate? Ahí lo tienen jajajaja XD ya se, ya se, "Muerte a Shiro por dejarlo ahí" es que el cap ya estaba algo extenso XD por eso lo corte jajajajaja pero mi regalo de navidad para ustedes será eso que tanto han esperado, un capitulo donde nuestra parejita por fin estará junta! Disfrutando de todo lo que se perdieron esos doce años.

Es grato saber que la historia ha sido del agrado de muchos ˆˆ, gracias por comentar y por leer nos vemos en el próximo capítulo.

Por cierto, no sabia que se podían dejar review's anónimos :O y menos que tenia que habilitarlos :O gracias a una amiga de Bardach que fue la que me dijo, sino ni me doy por enterado XD bueno ya pueden dejar su opinión aquellos que no tienen cuenta, en verdad lamento ser tan despistado XD.