Detrás de un gran amor... hay una gran historia
DISCLAIMER: Ni la mayor parte de las líneas aquí escritas, ni los personajes de MSLN me pertenecen sino a sus respectivos autores.
Capitulo 16: Una carta del pasado
Resultaba difícil conducir con los ojos nublados por las lágrimas, pero Nanoha siguió adelante, confiando en que su instinto la llevara de regreso al hotel. Había dejado la ventanilla abierta, con la esperanza de que el aire fresco le aclarara la cabeza, pero no parecía ayudar. No había nada capaz de ayudarla.
Estaba cansada y dudaba de que tuviera la energía necesaria para hablar con Chrono. ¿Qué le diría? Todavía no tenía la menor idea, pero esperaba que se le ocurriera algo cuando llegara el momento. Tenía que ocurrírsele algo.
Cuando cruzó el puente levadizo que conducía a la calle principal, ya había recuperado la compostura. No totalmente, pero lo suficiente para hablar con Chrono. Al menos, eso creía.
El tránsito era escaso, y mientras atravesaba New Bern, tuvo tiempo para observar a los desconocidos habitantes del pueblo enfrascados en sus ocupaciones cotidianas. En una estación de servicio, un mecánico examinaba el motor de un coche nuevo, bajo la atenta mirada del presunto propietario del vehículo.
Dos mujeres empujaban sendos cochecitos de niños, y charlaban mientras miraban vidrieras. Un hombre impecablemente vestido pasó por delante de una joyería, caminando rápidamente con un maletín en la mano.
Al doblar la esquina siguiente, vio a una joven descargando mercancías de un pequeño camión. Su postura, o quizá su forma de moverse, le recordó a Fate recogiendo los cangrejos en el borde del embarcadero.
Se detuvo frente a un semáforo y vio el hotel al final de la calle. Cuando la luz se puso verde, respiró hondo y condujo despacio hasta el estacionamiento que el hotel compartía con otros establecimientos. Al entrar, reconoció el coche de Chrono en primera fila. Aunque el lugar contiguo estaba desocupado, siguió adelante y eligió un sitio más apartado de la entrada.
Apagó el contacto y el motor paró de inmediato. Sacó de la guantera el cepillo para el pelo y el espejito de mano que había dejado encima de un mapa de Carolina del Norte. Al mirarse en el espejo, vio que todavía tenía los ojos enrojecidos e hinchados. Como el día anterior, después del chaparrón, lamentó no haber llevado consigo el estuche del maquillaje, aunque dudaba de que en ese momento le hubiera servido de algo. Probó a recogerse el pelo de un lado, luego de los dos, y finalmente se dio por vencida.
Tomó su bolso, lo abrió y leyó una vez más el artículo que la había llevado allí. Habían ocurrido tantas cosas desde entonces, que no podía creer que sólo hubieran pasado tres semanas. Jamás hubiera dicho que había llegado a New Bern apenas dos días antes. Tenía la impresión de que hacía siglos de su cena con Fate.
Los estorninos cantaban en los árboles. Las nubes comenzaban a despejarse y Nanoha vislumbró el azul del cielo, asomándose entre las manchas blancas. El Sol seguía oculto, pero reaparecería pronto.
Sería un día maravilloso. La clase de día que le hubiera gustado pasar con Fate y, al pensar en ella, recordó las cartas que le había entregado su madre.
Desató el paquete, y encontró la primera. Comenzó a abrirla, pero se detuvo porque podía imaginarse lo que diría. Palabras sencillas, sin duda; un recuento de las cosas realizadas, recuerdos del verano, quizás alguna pregunta. Al fin y al cabo, todavía esperaría una respuesta. Entonces buscó la última carta, la última del paquete. La carta de despedida. Aquella le interesaba más que las otras. ¿Cómo se había despedido? ¿Cómo lo habría hecho ella?
El sobre era delgado. Una página, dos, como mucho. Lo que quiera que hubiera escrito Fate, no era largo. Nanoha miró el reverso del sobre. No había nombre, sólo una dirección de Nueva Jersey. Contuvo el aliento y abrió la solapa del sobre con la uña.
Desplegó la carta y vio que tenía fecha de marzo de 1935.
Dos años y medio sin respuesta.
La imaginó sentada en su viejo escritorio, escribiendo la carta, quizá sabiendo que sería la última, y le pareció ver rastros de lágrimas en el papel. Aunque tal vez fueran imaginaciones suyas.
Alisó la hoja y comenzó a leer a la luz blanquecina del sol que se filtraba por la ventanilla.
Mí adorada Nanoha:
No me queda nada más que decir, salvo que anoche no pude dormir porque comprendí que todo había terminado entre nosotras. Es un sentimiento nuevo para mí, un sentimiento que nunca preví, pero al mirar atrás, pienso que no podía haber sido de otra manera.
Tú y yo éramos diferentes, procedíamos de mundos diferentes. Sin embargo, tú me enseñaste el valor del amor. Me enseñaste lo que significaba amar a alguien, y gracias a ello, me he convertido en una persona distinta. No quiero que nunca lo olvides.
No te guardo rencor por lo que ha pasado. Al contrario, estoy convencida de que nuestra relación fue auténtica, y me alegro de que nuestros caminos se hayan cruzado, aunque sólo fuera por un tiempo tan breve. Si en un futuro lejano volvemos a encontrarnos, cada una con una nueva vida, te sonreiré con alegría y recordaré el verano que pasamos bajo los árboles, aprendiendo la una de la otra y cultivando nuestro amor. Acaso tú sientas lo mismo, y aunque sólo sea por un fugaz instante, me devuelvas la sonrisa y saborees los recuerdos que siempre compartiremos.
Te quiero, Nanoha. Fate
Releyó la carta, esta vez más despacio, y antes de guardarla en el sobre, la leyó por tercera vez. Volvió a imaginar a Fate escribiéndola, y por un momento pensó en leer otra, pero comprendió que no podía demorarse más. Chrono la esperaba.
Al bajar del coche le flaquearon las piernas. Se detuvo, respiró hondo y comenzó a cruzar el estacionamiento, pensando que aún no sabía lo que iba a decirle.
Y no lo supo hasta que llegó a la entrada del hotel, abrió la puerta y vio a Chrono aguardándola en el vestíbulo.
