Disclaimer: los personajes y la historia no me pertenecen. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de TouchofPixieDust, yo sólo traduzco.

Aventuras con niñera

Querida Hikari:

Dejarte con una niñera es una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida. Y eso incluye mis exámenes finales de Matemáticas del instituto. ¡Y esos me provocaron pesadillas!

Me siento culpable por dejarte. Tengo miedo de que pase algo cuando ni tu padre ni yo estamos ahí para protegerte. Me vuelvo paranoica por si me pierdo un momento importante de tu vida. La lista de sentimientos de culpa, miedo y paranoia es larga, pero ya captas la idea.

Mi valiente pequeña… No te olvides de que incluso aunque tengamos que dejarte durante cortos periodos de tiempo, siempre estarás en nuestros pensamientos y en nuestros corazones.

Tu cariñosa mamá

—No estoy segura de esto, Inuyasha…

—Estará bien.

—Nos llamará llorando.

—El libro dice que es normal.

Kagome dio un pisotón airadamente.

—¡Ooooooh! ¡Te dije que ignoraras ese libro! ¡Hikari es especial y ningún libro tiene un capítulo sobre cómo criar a una niñita como ella!

—El libro dice…

—¡Inuyashaaaaaa!

Inuyasha suspiró y puso las manos en sus hombros.

—Tenemos que acostumbrarla a que esté sola. Pronto empezará a ir al colegio y preferiría que se acostumbrara a ello poco a poco a que de repente se sienta como si estuviera abandonada y sola en el mundo. Tú eras la que quería que fuera al colegio. Yo fui el que dijo que tú eras lo suficientemente inteligente como para enseñarle cualquier cosa que necesitara saber.

Kagome cerró la boca y ahogó su siguiente queja. Su marido rara vez hablaba de ello, pero su propia niñez lo atormentaba. Suspiró. Tendría que darle un respiro con lo del libro. Después de todo, ¿a quién tenía él para buscar consejo sobre cómo ser un buen padre? Al menos ella podía hacerle preguntas a su madre y pedirle consejo.

—Estás siendo sospechosamente maduro con este tema —refunfuñó.

Inuyasha suspiró, la cogió de la mano y empezó a caminar hacia el pozo. Hikari ya corría en aquella dirección con Shippo. El zorrito ya estaba proyectando su ilusión para ocultar su cola y sus orejas, haciendo que Hikari hiciera un puchero.

—Tu madre ya lleva tres meses entrevistando niñeras.

—¿Tres meses? —Kagome estaba tan impresionada, que tropezó con sus propios pies. Inuyasha la estabilizó, luego dejó su mano en su espalda baja mientras continuaban caminando. Probablemente por si volvía a tropezar, pero ella no iba a ser la que se quejara—. ¿En serio?

—Le di nuestra lista de requisitos para niñeras. Dijo que la añadiría a la suya.

—¿Mamá hizo una lista? —Era bastante sorprendente. En algún lugar al fondo de su mente siempre había supuesto que su madre haría de niñera cuando lo necesitaran. Pero había empezado a trabajar y no siempre iba a estar disponible.

Él asintió.

—Es dura.

Kagome parpadeó. ¿INUYASHA pensaba que la lista de su MADRE era dura? ¿En serio?

—¿Cuándo comparasteis las listas?

—¿Qué vez?

Vale, ahora sentía curiosidad.

—La primera.

—Mientras estabas vomitando en el baño.

—Eh…

—Ya sabes, la primera vez que fuimos a visitarla después de que descubriéramos que íbamos a tener un bebé.

Volvió a parpadear. Esta vez sus pies dejaron de moverse.

—¿Comparasteis listas de niñeras cuando todavía estaba embarazada?

Esta vez fue él el que pareció sorprendido, y ligeramente insultado.

—Por supuesto. Yo empecé a hacer MI lista el día que me lo dijiste.

Perpleja por el arrebato protector de su marido, Kagome lo siguió mientras él cogía en brazos a su hija y a ella le daba la mano, y los cuatro saltaron dentro del pozo. Hikari chilló para que la bajaran tan pronto el hanyou salió de un salto del pozo en la época de Kagome. Shippo y ella hicieron una «carrera» hasta la casa. Shippo hizo una adorable falsa carrera que conmovía a Kagome cada vez que veía que la usaba.

Todavía radiante de sentimientos cálidos y confusos por su considerado marido, Kagome casi no notó el desconocido par de zapatos al otro lado de la puerta. Parecía que la niñera ya estaba allí. Extrañamente, Kagome se sintió muy nerviosa. Esta persona era alguien al que le iba a confiar el ser más importante del mundo. Alguien al que le iba a confiar la felicidad, la salud y la seguridad de su única hija. Aunque había contribuido a la lista de niñeras (a una de ellas, al menos), no estaba segura de que cumpliera todos los requisitos. Es triste, pero casi tenía ganas de poner las manos sobre el libro de Inuyasha para ver qué decían los expertos.

Kagome e Inuyasha asomaron las cabezas por la esquina para echarle un vistazo a la niñera que había pasado por el largo y aparentemente agotador proceso de tres meses de entrevista. Hikari no fue tan tímida. Ella soltó una risita, luego corrió hacia su abuela y se lanzó a sus brazos. Shippo, sin embargo, se quedó detrás de ella mirando con sospecha a la chica que estaba sentada nerviosamente en el sofá.

Cuando la chica los vio, se levantó de un salto de su sitio y les hizo una reverencia. Era una chica guapa, tenía el pelo corto y un aire de determinación.

—Mi nombre es Akane Tendo. Es un placer conocerles. Gracias por confiar su hija a mi cuidado.

Inuyasha, que parecía haber sobrellevado todo sin dificultad, se encontraba repentinamente contrario a la idea de dejar a su hija. Miró a la chica con sospecha.

—Ha pasado las pruebas —le aseguró la madre de ella—. Incluso la de entrenamiento de artes marciales.

¿Entrenamiento de artes marciales?

—¡Oh, por favor, déjenme intentarlo! —dijo Akane—. Mi prometido y yo estamos pensando en tener hijos algún día. —A Kagome no se le pasó por alto el hecho de que Akane desvió los ojos muy ligeramente a la izquierda… al parecer, el prometido no sabía que estaban pensando en tener hijos algún día…—. ¡Y yo he estudiado varios manuales sobre cuidado de niños! Tengo un extenso entrenamiento en artes marciales, he asistido y aprobado las clases de primeros auxilios de nuestro amigo de la familia, el Dr. Tofu, tengo todos los números de emergencias programados en marcación rápida en mi teléfono y tengo mi currículum, mi lista de referencias y mis antecedentes penales.

Kagome contempló la carpeta de información de aspecto muy profesional que Akane le presentaba. Luego observó que su madre comprobaba algo más en su sujetapapeles.

—Tengo tres propuestas de excursiones para cuando estén fuera. —Kagome cogió los tres brillantes trípticos a color que le daba la chica. Se preguntó si Akane había pensado en hacerlo ella misma, o si su madre le había hecho hacerlo.

Los titulares de los folletos eran:

Comer okonomiyaki en el restaurante de Ukyo.

Cuentos en la biblioteca a la una.

Juegos en el parque.

Cada actividad tenía un párrafo que explicaba qué iban a hacer de camino a y de vuelta de la actividad, y por qué había elegido cada actividad. También había una sección con toda su información de contacto, referencias, entrenamiento y certificados. Quienquiera que fuera esta chica, estaba claro que estaba preparada.

—¡Puedo hacerlo! ¡No fallaré!

Kagome bajó la mirada hacia su hija, que estaba estudiando a la desconocida. La pequeña alzó la mirada hacia ella y de repente Kagome no pudo soportar dejar a su hija. No. Olvídalo. Nada de niñeras. Ni de broma. Simplemente no podía hacerlo. Se arrodilló, cogió a su hija y la abrazó con fuerza.

—Todo bien —murmuró su hija mientras le daba palmaditas consoladoramente la mejilla—. Mamá estar bien.

Tragando el nudo de su garganta, Kagome aflojó su agarre y asintió. No podía hablar. A Hikari la habían preparado para tener una niñera. Debía ser atenta y respetuosa, pero si la niñera hacía algo que la pusiera triste o le hiciera daño, tendría que decírselo a papi para que pudiera resolver el problema. Kagome no había estado de acuerdo en aquella parte, pero aparentemente su hija había hecho un pacto con su marido. Kagome se preocupó por lo que pudiera significar exactamente «resolver el problema».

Akane le hizo una reverencia a Hikari.

—Me esforzaré al máximo para que hoy sea divertido.

—Me gusta.

Y así, Hikari contrató a Akane Tendo para que fuera su niñera.

ooOOooOOooOOooOOooOOoo

ooOOooOOooOOooOOooOOoo

—¿Cómo se incendia un fogón haciendo una tostada?

—Shhhh, Inuyasha —lo silenció Kagome.

Inuyasha se ocultó más en las sombras mientras su compañera y él vigilaban a la niñera. De verdad que habían querido ir al cine y luego a cenar juntos a algún sitio, pero tras asomarse a la ventana después de que él hubiera captado el olor de una tostada quemada, decidieron que a lo mejor debían quedarse por allí solo unos minutos.

Akane había extinguido el fuego como si hubiera extinguido fuegos en cocinas durante toda su vida.

—¿Y si vamos un poco antes al restaurante de Ukyo? —sugirió ella mientras volvía a colocar el extintor—. Dejaré una nota explicando el ligero cambio de horario. —Miró a su alrededor e hizo una mueca—. Puede que sea mejor que limpiemos primero…

Puede que no supiera cocinar, pero sabía limpiar rápido. Lo convirtió en un juego para Hikari y Shippo. A los niños pareció gustarles el «juego» de pasarle el trapo a la mesa mientras Akane revoloteaba por la cocina limpiando y ordenando las cosas. Kagome e Inuyasha gimieron cuando se acabó el hechizo de Shippo sin que él lo notase. Akane, sin embargo, lo notó. La chica simplemente se encogió de hombros y siguió limpiando.

Los niños estuvieron rápidamente abrigados y saliendo por la puerta. Akane los llevó alrededor de la casa, asegurándose de que estaban todas las puertas cerradas. Cuando empezaron a andar por la acera, Kagome e Inuyasha los siguieron silenciosamente desde los tejados. Sí, habían estado deseando pasar tiempo a solas… pero seguir un poco más a la chica no haría ningún daño. Solo para asegurarse.

Oh, oh…

Inuyasha gruñó. Se les acercaban tres jóvenes. Akane siguió andando, pero Hikari gruñía y los fulminaba con la mirada. Hikari se agarró a Akane de forma protectora. Inuyasha no podía sentir ningún miedo de ninguna de las chicas. De hecho, el ambiente parecía haber cambiado alrededor de Hikari… un claro signo de que la pequeña estaba a punto de entrar en forma demoníaca (a pesar de ser una adorable forma demoníaca). Tendría que hablar con Shippo sobre tener más cuidado con los desconocidos cuando estaban en público. El zorrito todavía estaba demasiado encantado y emocionado con este nuevo mundo, y estaba demasiado ocupado mirando a su alrededor como para notar el peligro.

Cuando se detuvieron para bloquearles el paso, exigiendo dinero, Inuyasha bajó a Kagome de su espalda antes de flexionar sus garras amenazadoramente. Había sido buena idea seguirla.

—¡Hikari, cariño, mira ahí! ¡Hay un cachorrito muy mono! —Tan pronto como Hikari giró la cabeza (pero no sus orejas… buena chica, siempre alerta), Akane, de algún modo, le dio una patada tan fuerte al hombre, que voló literalmente por el aire. Inuyasha soltó un silbido. Era impresionante. El puñetazo que recibió el otro chico le hizo estrellarse contra una pared de ladrillos, dejándolo inconsciente. El tercero simplemente huyó como un cobarde.

—Me gusta —dijo Inuyasha. Sintió que su compañera suspiraba a su lado.

Los siguieron hasta el restaurante de Ukyo, donde comieron okonomiyaki. Kagome pidió algo para llevar con su «móvil» mágico cuando el olor se volvió tan delicioso que se les hizo la boca agua. Los siguieron hasta la biblioteca, donde observaron los cuentos desde la ventana. Incluso los siguieron cuando Akane cogió a Hikari en brazos y la llevó corriendo con el Dr. Tofu después de que la pequeña tropezara y se raspara la rodilla cuando jugaban en el parque.

Ahí fue cuando Kagome afirmó que a ella también le gustaba la chica.

Incluso los siguieron hasta casa después de que se detuvieran a comer helado (Inuyasha había entrado a por dos cucuruchos del delicioso manjar para él y su compañera mientras Kagome continuaba siguiéndolos a distancia), solo para asegurarse de que llegaran a casa a salvo. Una vez estuvieron dentro y la puerta estuvo firmemente cerrada (después de que Akane hubiera revisado toda la casa para ver si había intrusos), Inuyasha y Kagome soltaron un suspiro de alivio. Él vio a Hikari riendo y saludándoles desde la ventana. No habían engañado para nada a la pequeña.

—¿Lista para irnos? —le preguntó Inuyasha a su compañera.

Kagome se avergonzó al mirar su dispositivo de control del tiempo.

—Mm… en realidad… se supone que tenemos que volver aquí en menos de veinte minutos.

—Oh… —¿Cuándo había pasado el tiempo?

—Supongo que podemos volver temprano a casa…

Vale, el día no había ido exactamente según lo planeado. Pero al menos tenía casi veinte minutos a solas con su hermosa compañera. Y no iba a desperdiciar ni un solo momento.

—O podríamos llegar un poco tarde…

Lo hiciste bien, cachorra.

Papi