Disclaimer: los personajes y la historia no me pertenecen. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de TouchofPixieDust, yo sólo traduzco.
Querido bebé
Querida Hikari:
Eres mi querido y dulce ángel, y siempre te querré.
Las cosas van a cambiar pronto. Sé que va a ser difícil, confía en mí, lo sé. Así que voy a necesitar que seas valiente y comprensiva.
Y que recuerdes siempre cuánto te queremos. Eso no cambiará nunca.
Tu devota mamá
Kagome metió el diario en su mochila y esperó a que Hikari terminara de hacer dibujos con Shippo antes de acercarse a su compañero. Aunque lo que estaba a punto de decirle iba a afectarles a todos, él se merecía ser el primero en saberlo.
—Inuyasha… —Le tocó la manga para que apartara la vista de los niños y la mirara a ella—… tenemos que hablar.
De repente, tuvo toda su atención.
—Yo no fui —protestó Inuyasha—. ¡Fue idea de Miroku!
—No, no es eso. Quería decirte alg… —se detuvo a media palabra y sus ojos se entrecerraron con sospecha—. ¿Que no hiciste qué?
—¿Hablar de qué?
Le empezó un tic en el ojo izquierdo. Kagome se debatió entre insistirle para descubrir en qué líos andaban metidos Miroku y él, o continuar y tener la charla que había planeado. Si le estaba echando la culpa a Miroku, seguro que no la iba a poner muy contenta, y no quería tener esta charla mientras le hablaba a un agujero en el suelo donde lo habría SENTADO.
Con gran esfuerzo, la miko consiguió hacer a un lado su curiosidad y sonreírle a su marido. La forma en que su compañero se encogió le hizo sospechar que su sonrisa no era tan alegre como pensaba.
—Yo… eh… ¡oigo que están pidiendo ayuda! —mintió claramente el hanyou entre dientes… y colmillos—. Iré a ver si va todo bien y vuelvo enseguida.
Iba a darle una paliza a su hermano por enseñarle a su compañero ese truco en particular. Inuyasha debía de haber visto a su hermano engañando a su madre con eso demasiadas veces. Y la cuestión era que era imposible pillarle mintiendo. Además, si su hermano le había enseñado bien, técnicamente NO estaría mintiendo si oía hasta una mariquita pidiendo ayuda. O la petición de ayuda podría haber sido suya.
—Buenos días, Kagome —dijo Sango mientras volvía a cubrir con una tela a su hijo pequeño, Kichiro. Toutoi, ligeramente mayor que Hikari, todavía permanecía cerca de su madre. El pequeño rara vez se alejaba de su madre, a diferencia de sus hermanas. Suki era… de espíritu independiente y su gemela rara vez se le quedaba atrás. Pobre Yuki. Kagome se preguntó si la niña estaría siempre disculpándose por su hermana y arreglando lo que iba dejando.
Kagome casi explotaba con las preguntas para Sango sobre cómo manejaba las cosas con sus propios hijos, pero consiguió morderse la lengua. Después de todo, necesitaba hablar primero con Inuyasha. Si podía encontrarlo.
—¿TÚ sabes qué han estado tramando Inuyasha y Miroku? —preguntó Kagome.
Como era de esperarse, Sango se quedó paralizada y la rodeó un aura de peligrosidad.
—Explícate.
El embarazo NO convertía a Sango en un alma dulce y tierna. En tal caso, la volvía más feroz. Sango puso a Kichiro en brazos de Kagome, separó a Toutoi de su falda y le dijo que se quedara con la tía Kagome, luego salió furiosamente con un gruñido que rivalizaría con el de cualquier demonio perro.
Habría sentido pena por Miroku si no hubiera arruinado todos sus planes.
—¿Mamá?
Kagome bajó la mirada hacia un par de ojos azul-grisáceos, eran prácticamente el doble de su tamaño normal. El arma más poderosa de Hikari… ojos de cachorrito.
Con un suspiro, Kagome se sentó en el suelo. No había fallo, cada vez que cogía a Kichiro en brazos, Hikari tenía una repentina necesidad de sentarse en el regazo de su madre y de que la abrazara. Era fácil olvidar que Hikari todavía era demasiado pequeña. Su vocabulario estaba muy lejos de ser el de su edad, y la sangre de su padre hacía que correteara con la velocidad y la agilidad de niños que la doblaban en edad. Ella también era de espíritu independiente.
—¿Va todo bien, cariño?
—Te quiero, mami.
—Yo también te quiero, Hikari.
Hikari la miró pensativamente. Luego torció la boca y entrecerró un ojo mientras intentaba pensar en algo más que decir. Momentos después, empezó a ponerse nerviosa. Estar sentada sin hacer nada no era una de las cosas favoritas de la pequeña. Era casi gracioso que se autoimpusiera su más odiado castigo (estar sentada sin hacer nada en un sitio) por celos.
—¿Quieres saludar a Kichiro?
—No.
—A él le gustas, ¿sabes?
Hikari se encogió de hombros. Ella solo estaba interesada en el bebé cuando Sango o Miroku lo tenían en brazos. Se preguntó cómo había hecho Sango para que sus hijos no sintieran que el nuevo bebé era un intruso. Suki se ponía tan protectora con el bebé, que parecía su perro guardián (aunque eso no lo diría en alto) y Yuki actuaba como si fuera su propia muñeca. Pero Toutoi… raramente le hacía caso al bebé. ¿Cómo lo manejaba Sango?
—¡Ban!
Y así, Hikari pasó de ser un bebé adorable, a ser un cachorro juguetón correteando por el campo para perseguir a su compañero de juegos favorito. Shippo abandonó sus dibujos para protegerla cuando los hermanos de Ban empezaron a asomar las cabezas por entre los arbustos. Kagome observó a Hikari, que salió disparada hacia un lado y luego hacia el otro, confundiendo al hermano mayor y haciendo que tropezara. Sonrió. Parecía ser que la pequeña estaba aprendiendo a usar su tamaño y agilidad (y las lecciones de cómo ser astuta de su hermano mayor) en su beneficio. Las citas de juegos seguramente se volverían más interesantes a medida que los niños crecieran.
—No deberíamos animar a esos sacos de pulgas sarnosos a que jueguen con Hikari.
—Inuyasha… —Nada como demonios lobo para sacar de su escondite a su compañero—… sé amable.
—¡Mira! ¡Acaba de rasparse el codo! Pulgosos…
Kagome se rio, no pudo evitarlo.
—¿No sería gracioso que ambos tuvieran afición por los lobos como compañeros de juegos?
—Eso no es gracioso. —Ladeó la cabeza—. ¿Ambos? A Shippo le importan un comino esos lobos apestosos.
Kagome respiró hondo, luego giró el rostro hacia su compañero. ¿No había estado ensayando lo que iba a decir tan pronto estuvo segura? Después de que el nervioso hanyou casi destruyera la casa de su madre con su impaciencia la última vez que pensaron que era positivo, decidieron que sería mejor averiguarlo primero y LUEGO decírselo.
Expulsó el aliento y se tocó el vientre.
—Inuyasha…
Antes de que pudiera decir otra palabra, la rodeó con sus brazos. Su corazón estaba latiendo con tanta fuerza y tan rápido, que podía sentirlo a través de su ropa. Estaba temblando.
—Kagome… Estás… ¿Estamos…?
Ella volvió a reírse, abrazándolo con fuerza.
—Sí, mi amor, vamos a tener otro bebé.
—¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Kagome e Inuyasha dieron un paso atrás para separarse. Bajaron la mirada hacia los furiosos ojos de su hija. La furia se convirtió en un corazón roto y la niña salió corriendo.
ooOOooOOooOOooOOooOOoo
ooOOooOOooOOooOOooOOoo
Inuyasha agradecía que Shippo hubiera salido detrás de Hikari para cuidarla. Él se había llevado a Kagome para celebrar las buenas noticias, luego partió para tener una charla con su pequeña.
Un bebé.
Iban a tener otro bebé…
Estaba fuera de sí de la alegría.
Y del terror.
El nacimiento de Hikari no había sido fácil para Kagome. ¿Sobreviviría a otro bebé? No había querido que volviera a pasar por un parto. No había querido volver a asumir la posibilidad de perderla. Él era feliz con un hijo. Hikari era la luz de su vida, nunca había querido más.
Pero otro bebé… dos hijos. Su familia.
Keh, ¡y nadie creyó que pudiera tener ni siquiera uno!
¿El bebé sería otra niña? ¿A Hikari le gustaría tener una hermana pequeña? A Suki y a Yuki parecía gustarles jugar juntas. A lo mejor se convertían en las mejores amigas. Una hija…
¿O el bebé sería un niño? A Kagome parecía gustarle tener un hermano pequeño. Él apenas podía arreglárselas siendo padre de una niña… ¿cómo iba a enseñarle a su hijo a convertirse en un buen hombre? Un hijo…
Por favor, rezó, por favor, que estén bien. Por favor deja que Kagome y el bebé sobrevivan.
No fue difícil encontrar a Hikari. Se limitó a seguir el sonido de sus lloriqueos, un sonido que le partía el alma.
—Hola, corazón.
Hikari se encogió en una bolita todavía más pequeña cerca del pie de un árbol.
—Venga, cariño. —Se agachó y extendió los brazos. Como siempre, su corazón entró en calor cuando su pequeña corrió a sus brazos y se aferró a él. Saltó a la rama que sobresalía de un árbol y se puso cómodo—. Grandes noticias… ¿eh?
Ella se sorbió los mocos y asintió.
—Vas a ser hermana mayor. —Le acarició la cabeza suavemente—. Pero siempre serás mi pequeñina.
—¿Lo seré?
—Siempre. —Sus orejas se irguieron al sentirse inspirado—. ¿Quieres hacer una excursión a casa de tu abuela?
No tuvo que preguntarlo dos veces. La casa de la abuela significaba galletas con pepitas de chocolate y leche con sabor a fresa. En un abrir y cerrar de ojos, estaban en el viejo salón de Kagome. Souta dio un grito de sorpresa, haciendo volar un cuenco de palomitas de maíz.
—¡Tío Soda!
—¡Hola, mocosa!
Souta se sacudió las palomitas de sus pantalones, cogió en brazos a su sobrina y giró con ella en el aire.
—¿Os vais a quedar a cenar? —Cuando Inuyasha asintió, Souta se lanzó a un debate sobre los nuevos videojuegos que le tenía que enseñar.
—Dentro de un rato, niño. Vamos al desván.
—¡Claro! Le diré a mamá que estáis aquí. ¿Va a venir Kagome?
—Feh.
—¿No le dijiste que veníais? ¡Oh, tío! ¡No puedo esperar a que llegue aquí! ¡Esto va a ser genial!
Inuyasha puso los ojos en blanco y cogió a Hikari de la mano.
—Cuando tu madre y yo éramos más jóvenes, antes de que nacieras, antes de que ella y yo fuéramos compañeros, ella solía ir al instituto. Y no mucho antes de que lo terminara, tuvo un trabajo sobre la familia. De algún modo, era un trabajo sobre ti.
Hikari tenía los ojos abiertos como platos.
—¿Yo?
—Síp. —Abrió la puerta del desván y puso a Hikari en las escaleras para que subiera delante de él. Su nariz lo condujo a las cajas que le pertenecían a Kagome—. Tuvo un bebé falso que tenía que llevar a todas partes. Tenía que fingir que era su bebé de verdad. Luego tuvo que hacer muchas cosas que se suponía que tenían que enseñarle a ser buena madre. Llevábamos un diario… digo, ella llevaba un diario. Y así fue como se nos ocurrió la idea de llevar un diario para que lo leyeras cuando fueras mayor.
Abrió la caja, Hikari asomó la cabeza con curiosidad, y encontró la carpeta del viejo trabajo.
—Llevamos a este bebé falso a tiendas para ver cuánto costaban los bebés. La llevamos a sitios a los que llevaríamos un día a nuestro propio bebé. A ti. —La puso en su regazo, empezó a enseñarle los diferentes lugares a los que habían llevado a la muñeca y le leyó fragmentos del diario que había escrito Kagome. Saltándose las partes en las que acusaba a su profesora de intentar volverla loca, por supuesto.
Después de que recogieran, volvieron abajo, donde estaba Kagome esperándoles en el salón. Souta se decepcionó profundamente cuando no hubo discusión. Kagome simplemente les sonrió a su marido y a su bebé, y dio unas palmaditas al sitio que estaba a su lado para que Hikari se sentara.
—Traje tu diario —le dijo a Hikari—. Tu padre y yo hemos estado escribiendo en él desde el primer día que supimos que existías dentro de mí. ¿Quieres que te lo lea?
Hikari asintió mientras se acurrucaba al lado de su madre. Inuyasha se sentó al otro lado y le alborotó el pelo.
—Querido bebé, te quiero. No estaba muy segura de cómo empezar la primera carta que te escribo. Así que me imaginé que primero debería decirte lo más importante. Te quiero muchísimo. Y no importa lo que pase en la vida, siempre tendrás el amor de tu madre. —Besó a Hikari en la cabeza—. Siempre te querré, Hikari. No importa lo que pase. Y nada ni nadie puede cambiar cuánto te quiero. Y el bebé también te querrá. Vas a ser su hermana mayor, al igual que Shippo es tu hermano mayor.
Hikari se mordió el labio inferior con sus dientes.
—¿También podemos hacerle un diario al bebé?
Vas a ser la mejor hermana mayor que el mundo haya conocido, cachorra. Simplemente lo sé.
Papi
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ooOOooOOooOOooOOooOOoo
Hikari no estaba segura de lo que pensaba de un nuevo bebé. ¿Y si mamá y papá querían al nuevo bebé y no a ella? ¿Y si Shippo ya no quería ser su hermano mayor? ¿Y si quería ser el hermano mayor del nuevo bebé? ¿Se olvidarían de ella?
Suki dijo que los bebés no daban más que problemas. Gritaban, lloraban, olían mal y te mantenían despierta toda la noche. Hikari no creía que quisiera tener algo así en casa. Pero Yuki dijo que eran dulces y adorables. Suspiro. Pero lo dulce y lo adorable no parecía compensar todo el ruido y el olor. Toutoi ni hablaba de tener un hermano pequeño. Toutoi, dijo Suki, actuaba como un bebé porque lo había reemplazado un nuevo bebé.
Ban dijo que odiaba tener tantos hermanos. Dijo que eran unos mandones. Pero esos eran hermanos mayores, no pequeños. Su hermano pequeño, dijo, era un pesado. ¿Una hermana pequeña sería tan pesada como el hermano pequeño de Ban?
Su papi siempre se peleaba con su hermano. Pero mami quería a su hermano, aunque se burlaran el uno del otro.
Pero a Hikari no le gustaba que se burlaran de ella. Y no quería pelear. ¡Y no quería tener un bebé llorón y oloroso en su casa que fuera un pesado! ¡No quería que la reemplazaran! ¡Odiaba al bebé! Deseaba que su mami y su papi lo devolvieran. ¡Ella no quería uno!
—Hola.
Hikari ni siquiera supo que estaba llorando hasta que Shippo empezó a frotarle la cara con la manga de su camiseta. No le había preguntado a Shippo. No estaba segura de querer hacerlo. Después de todo… ELLA era una hermana pequeña para él. ¿Y si no la quería? ¿Y si nunca la había querido? ¿Y si le gustaba más su nueva hermana pequeña? ¿O y si era un hermano pequeño y ya no quería volver a jugar con ELLA?
—¡Eso es una locura! —dijo Shippo con voz horrorizada—. Yo te quería más que a nada en el mundo entero, Hikari. —Sonrió—. No sabías que estabas hablando en alto, ¿no?
—Pero soy… soy una pesada…
Shippo pensó en ello un momento.
—A veces. Pero yo también lo soy. A veces. Es lo que hacen los hermanos… molestarse entre ellos. Eso no significa que no nos queramos. —La sostuvo a la distancia de un brazo y la miró directamente a los ojos—. No sé si sabes esto o no… pero soy un zorro.
Hikari soltó una risita y miró su cola peluda.
Él respiró hondo.
—Y tengo orejas de zorro. Tú… —dijo mientras le movía una de sus orejas—, tienes orejas de perro. También las tiene papá. Y mamá tiene orejas completamente humanas. —Hikari fijó su mirada en él—. Mamá y papá me adoptaron. Yo tenía una familia antes de ellos, antes de ti. Ya no están. Yo estaba solo y tenía miedo. Luego mamá, papá y yo nos convertimos en una familia. Cuando me dijeron que iban a tener un bebé, esa eres tú, pensé que era lo más maravilloso del mundo entero. Te quise desde ese mismo momento. Sabía que tenía que cuidarte. Que enseñarte. Y que protegerte. Tú eres MI hermana pequeña. MI familia. Y eso es lo más importante, lo más maravilloso y lo más asombroso del mundo.
—Pero… el bebé…
Shippo abrazó a Hikari.
—Tú siempre serás mi hermanita. Tú y yo seremos un equipo genial de hermanos mayores y cuidaremos de NUESTRO nuevo hermanito.
—O hermanita.
—O hermanita —concordó—. ¡Seremos el equipo Shikari!
—¡Equipo Hippo!
—¿Qué? ¿No? Equipo Shiphik. —Shippo sacó un nuevo diario—. Bueno… ¿estás lista para hacer la primera entrada?
—¿Juntos?
—¡Juntos!
Querido bebé:
Mami y papi dijeron que yo podía ser la primera en decirte hola. Soy Hikari. Soy tu hermana mayor. Shippo es nuestro hermano mayor. Me está ayudando a escribir.
Te voy a querer.
Y tú me vas a obedecer.
Hermana
