NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE IGINIO STRAFFI Y SOLO ME DIVIERTO AL ESCRIBIR SIN GANAR UN MÍSERO CENTAVO POR ESTO.
¡hOLA! Bueno, como se habrán dado cuenta e iniciado clases y las tareas, maestros y proyectos me han tenido muy ocupada. De aquí en adelante, hasta Abril (donde tendré un respiro) mis actualizaciones se verán seriamente afectadas. NO dejaré ninguna historia. Esta menos. Pero sean pacientes por favor :)
Comentarios:
RoseMarie1314: estoy en las mismas que tú, apenas sepa algo se los diré, no te apures. Por el momento, puedo decirte que hay algunos episodios en español en YouTube pero no todos.
panchiwinx: gracias. Aclarando tus dudas. No, no tengo ninguna fecha específica. Cuando tengo tiempo prendo la lap, me pongo a escribir y voy terminando el capítulo de uno hasta cinco días. Lo subo cuando está listo, pero a veces no tengo tiempo y por eso demoro xD Tampoco, siempre subo de uno en uno.
S-ReikiSaotome-T: bueno, ya ves, si me gusta algo mucho escribo sobre eso :) Musa y Riven con geniales, en eso concuerdo completamente contigo. Y pues, ya irás viendo que fue lo que les ocurrió.
Whahabk: ¿Doble Filo? ¡Uf! esa fue de las primeras que subí en Fanfic hace... ¿Un año y medio? casi dos. Entonces escribía peor xD Muchas gracias por opinar que escribo bien, y me alegro que te gusten mis fics.
michel95: gracias por recordarme el humor ¡Algo hacia falta! procuraré tener eso más en cuenta para los próxims episodios.
Camily Rose: como te habrás dado cuenta la escuela si me ha afectado, pero bueno, me las arreglaré. Gracias.
Tinteii: escucharé las canciones y veré cómo puedo acoplarlas al fic, lo más seguro es que me sirvan. Los comics de verdad que cambian todo, te hacen adentrarte un poco más a los personajes. Fue a raíz de éstos que me gustó la pareja Musa/Riven :)
ADVERTENCIA: Este capítulo tiene una escena de tortura muy fuerte. Abstenerse los que sean demasiado sensibles o menores de edad, por favor.
Enjoy!
Capitulo 5.
Pesadillas.
Musa estaba sentada al lado de la ventana viendo la puesta del sol. Pensaba en el día anterior, cuando mantuvo esa corta, concisa, pero tierna charla con Riven. Había un no sé qué en su mirada, en la expresión de sus ojos que le atraía de sobre manera para con él. Era una sensación intensa, las ganas de cogerle la mano y consolarle diciéndole que todo saldría bien…
¡Un momento! ¿No se supone que ella era la enferma? ¿Qué él debería decirle eso a ella? Solo que, ver sus ojos… leía en ellos desconsuelo y dolor. Sabía que se esforzaba por no demostrarlo. Y fallaba a veces en ello.
Sintió que se ruborizaba, es decir, no era común que tuviera esos pensamientos. Máximo hacia un hombre que no conocía. Se abrazó a sí misma, escondiendo la cara en sus rodillas mientras trataba de despejar su mente. No pasaron ni diez minutos cuando una mano se posó sobre su hombro, en un gesto amable, que la hizo estremecerse.
—Hey Musa—habló Layla—¿Estas bien?
—¿Eh? Sí.
—No pareces estar de tan buen humor.
—Solo estoy pensativa.
No dijo nada más, ni pudo. Sarahí entró en esos momentos a la enfermería, y caminó hacia su catre que era donde dormía.
—Es la hora de dormir chicas.—les dijo—Espero que descansen.
—Sí.
Una por una fueron recostándose. Después, las luces se apagaron. Hubo un extraño escalofrío en cada una de ellas, por los miedos y los pensamientos negativos, que cedieron cuando recordaron que Sarahí estaba con ellas.
Ya con todas dormidas, una sombra se movió sigilosa por el castillo. Buscaba específicamente a las chicas Winx. Se removió de un lugar al otro, pasando por las salas, recámaras, salones de clase, el comedor… cuando llego a la enfermería penetró en la sala. La sombra adquirió la forma de una mujer.
Era de cabello largo, color negro, que caía reluciente por su espalda hasta sus rodillas. El vestido color morado oscuro realzaba sus ojos violeta. Miró hacia las chica con una sonrisa y se colocó en medio de la sala. Junto ambas manos para formar una esfera de energía completamente negra, que después se dividió en seis.
Las seis esferas pequeñas sobrevolaron la sala y se fusionaron de una en una con las Winx. Inmediatamente tras eso, éstas comenzaron a sudar grueso. Se removían nerviosas entre sueños, como si tuvieran pesadillas. No despertaron ni gritaron, pero definitivamente esa noche cambiaría todo.
La fresca brisa movía sus cabellos, Musa podía ver que los árboles se movían al compás del viento. El sol estaba cubierto por nubes que pintaban de blanco el cielo, esponjadas, con unas hermosas y onduladas formas.
Bajo el árbol no solo estaba ella. A un metro de distancia, una mujer le sonreía. Tenía el negro cabello recogido en un moño extrañamente familiar, enmarcando dos mechones aquel rostro compuesto de exquisitas facciones. Ojos pequeños pero brillantes la veían, eran de color azul. Y su boquita sonrojada mostraba una enorme sonrisa, muy maternal.
—¿Quién eres?—le preguntó, estirando una mano para agarrarla. La mujer pareció querer devolverle el gesto, alzando su brazo.
—Mi amor—le susurró—Sé valiente cariño, ahora más que nunca…
Musa la miró extrañada. La mujer entonces le dedicó la sonrisa más llena de amor que jamás hubiera visto y, tras eso, se apartó. La mujer dejó caer ambos brazos en los costados de su cuerpo, sin dejar de verla en el proceso. Hubo un viento fuerte que azotó su rostro, haciendo que los árboles se doblaran y sus hojas desaparecieron, arrancadas por el aire.
El viento la fue alejando de la mujer. Musa abrió los ojos para ver cómo ella se iba desapareciendo a la distancia, la delgada silueta comenzando a difuminarse hasta no quedar nada de ella.
—No ¡NO!—gritó, espantada. Por alguna razón sabía que, estando con ella, no tenía nada que temer. Pero ver a la mujer partir fue como sentir su corazón romperse… una sensación tremendamente familiar.
"Como si la hubiera vivido antes" pensó para sí.
Cerró los ojos porque el viento era demasiado fuerte como para mantenerlos abiertos. Sentía que tarde o temprano su cuerpo saldría volando. Se inclino, aferrándose al suelo como si su vida dependiera de ello. Sus piernas comenzaron a flotar mientras sus brazos rodeaban una enorme roca para no integrarse al aire.
—¡Ayuda!—gritaba, sin que su voz pudiera ser escuchada.
Muerta de miedo, el viento finalmente cesó. Al abrir los ojos encontró todo oscuro. El hermoso prado ahora seco, árboles delgados y sin hojas, grises, sin vida. El cielo oscurecido, sin rastro de sol. Y una espesa neblina acompañando las tinieblas.
Quería salir, irse, alejarse de todo eso. Pero apenas y se movió un poco unas manos de piedra salieron del suelo, sujetando sus pies para tumbarla. En el suelo, ella no podía librarse, forcejaba sin éxito.
Vio a una persona pasar cerca de ahí. No tardó mucho en reconocerla, era la misma Sarahí, solo que ahora llevaba un vestido más largo y la miraba burlonamente.
—¡Sarahí, ayúdame!—estiró su mano para alcanzarla.
La psicóloga dio la media vuelta riendo y se marchó.
—¡No!
Sintió su piel erizarse, el cuerpo temblarle hasta casi convulsionar y sus ojos dilatarse cuando escuchó el peor de todos los ruidos: era una risa, clara, siniestra, con dejo de maldad, y tremendamente familiar. Era el dueño de esa risa quien tanto la espantaba. Supo entonces que estaba en medio de una pesadilla pero ¿cómo salir?
Apareció el verdugo. Las túnicas oscuras se pegaban a su escultural cuerpo, la máscara negra que cubría su rostro solamente dejaba escapar esa espectral risa. Musa tembló más y más mientras el verdugo, luciendo un brillante látigo en sus manos, daba cortos pasos hacia ella.
—¡Aléjate, déjame!
Él sonrió más. Alzó su brazo, haciendo un gesto con la mano. Entonces aparecieron otras manos rocosas que sujetaron a Musa por sus brazos. La movieron, de forma que le diera la espalda el verdugo. Para ese punto lloraba, forcejaba y chillaba.
—¡No! ¡Déjame, no!
Él ni le hizo caso. Se le acercó peligrosamente y se puso a un metro de ella, acortó la distancia, acariciando suavemente su espalda. Entonces, de la nada, le rasgó la blusa. La prenda rota cayó al suelo dejando su pecho y espalda desnudos. Musa siguió llorando de miedo e impotencia. Las manos del verdugo se movieron entonces a sus pechos, apretándolos dolorosamente ¡Cómo tenía ganas de matar al infeliz!
No pudo pensar más. Apenas la tocó, la soltó. Unos cuantos pasos resonaron, aumentando su ansiedad. Y lo sintió. La delgada vara golpearle la espalda, penetrando y desgarrando su piel. El ardor se esparció, mientras sentía que la sangre caía a chorros por sus piernas hasta caer al suelo. Le siguió otro, que dejó escapar un agudo grito de dolor, que le desgarró la garganta.
Uno más. Y otro. Perdió la cuenta. Tenía la espalda al rojo vivo, hinchada, tan adolorida que comenzaba a desmayarse. Fue cuando las manos de piedra la movieron de nuevo, estirando su lastimada piel para causarle otro dolor. La pusieron en una posición que podía ver de frente a su verdugo.
La visión se le tornó borrosa. Fue cuando el hombro levantó una mano hacia su propia cara. Musa miró asombrada y espantada cuando se comenzó a quitar la mascara, revelando al causante de todas sus desgracias. El impacto fue tal, que quiso morirse en ese momento. Ahí, parado enfrente de ella y sosteniendo orgulloso un látigo ensangrentado, estaba Riven.
—No…
Susurró por lo bajo.
Riven dio un paso hacia ella y alzó de nuevo al látigo.
—Hay que acabar lo empezado.—musitó.
Cerró los ojos, esperando su final. El corazón le dolía de sobre manera, aún más que sus heridas físicas. El único hombre en quien había confiado resultaba ser el causante de todo aquel martirio vivido. De repente, la muerte se tornó una solución magnífica.
No pudo sentir nada más porque, así como había aparecido, Riven se fue. Pero empujado por una fuerza. Una luz clara y dorada que apareció en el cielo, envolviendo la silueta de una mujer. Ésta descendió, ahuyentando las tinieblas y lanzándole a Riven un poderoso rayo que lo mandó lejos, desapareciendo en el horizonte.
La mujer la miró preocupada y con lágrimas en los ojos. Tenía su negro cabello suelto, ondeando por el viento, de una longitud tal que le llegaba hasta las rodillas. Sus ojos color violeta demostraban tristeza profunda y angustia. Se le acerco y fue directamente hacia su espalda.
Posó con ternura ambas pones sobre su piel, expandiendo una energía calorífica muy gratificante que comenzó a sanarla. La desgarrada piel cicatrizo y pronto, en menos de dos minutos, no tenía ninguna herida en su cuerpo. Musa estaba gradecida y más cuando las piedras que la apresaban desaparecieron, atrapándola esa mujer desconocida en el aire antes de que se golpeara.
La mujer fue recostándola, y después le dijo:
—No te apures, no te hará más daño—y acarició tiernamente su mejilla—Pronto nos reuniremos y volverás a ser feliz. No creas nada de lo que te digan, cariño, por favor. ¿No me recuerdas?
—N..N-no.
—Shhh—la consoló—Es natural. Lo irás haciendo.
—¿Quién eres? ¿Por qué me has ayudado?
—Me llamo Andra, te ayudo porque es mi deber. Cálmate, por ahora estarás bien.
—Gracias—musitó, realmente agradecida.
Andra le sonrió y, cuando estaba finalmente en paz, sintió que alguien la llamaba.
—¿Musa?—abrió los ojos, descubriendo que era de día.
Sarahí la miraba con una extraña sonrisa complaciente. En un principio Musa le devolvió el gesto, pero después, frunció el ceño. Recordó cuando la vio con los ojos burlones, sonrisa petulante, mientras le pedía ayuda sin que ella se dignase a darla. Sacudió la cabeza "Eso fue un sueño" pensó, aunque no pudo eliminar aquel desprecio por la impresión.
—¿Estás bien?—pregunto la angustiada mujer—Te removías inquieta.
—Sí, no se apure.
—Tuviste una pesadilla ¿No es así?
—Creo… no me acuerdo—no estaba segura del porqué, pero en esos momentos no tenía confianza absoluta en Sarahí.—Si de repente recuerdo, se lo diré.
—Bien.
Sarahí se puso de pie, yéndose hacia la salida. Apenas se veían a lo lejos el amanecer de un día nuevo, todo contemplado desde la ventana. Musa se puso de pie para abrirla de par en par, dejando que el fresco aire se colara golpeando su rostro, despejando su mente.
El repentino frío hizo estremecer a Layla, quien dormía justo al lado del ventanal. El hada sudaba, con una expresión de angustia en su rostro, cuando dio un salto inesperadamente rápido saliendo de su garganta un pequeño grito. Miró a Musa, sorprendida.
—¿Estás bien?—preguntó el hada de la música—Te notas un poco… alterada.
—Eh… sí. Es que… tuve una pesadilla.
Los ojos de Musa se abrieron con asombro mal disimulado. Inmediatamente dio dos pasos, casi saltos, hasta sentarse al lado de Layla. Una de sus blancas manitas fue posada dulcemente encima de su hombro, mientras la morena comenzaba a llorar de rabia y miedo. Se dieron un abrazo de mutua consolación, las dos derramando lágrimas hasta empaparse las playeras. Más calmadas, comenzaron a contarse las pesadillas.
No pudieron quedar más impresionadas cuando, al hablar, fueron descubriendo que habían soñado lo mismo en esencia. Algunas cosas se vieron modificadas, desde luego; pero la más significativa de esas fue que el verdugo de Layla no era Riven, si no Nabu.
Mientras más rato pasaba iban despertando las demás. Tenían extrañas sensaciones, y es que entre las seis había una confianza que nada podía igualar. No se conocían realmente, porque eran incapaces de recordarse; pero eso no impedía que arriesgaran su vida por la otra si eso era necesario. Y contar sobre sus pesadillas les resultó extrañamente sencillo, si eran las seis juntas, nada malo habría de pasar.
Se comprendían realmente bien, pasaban por la misma situación.
—¿Y viste a Andra en tu sueño?—inquirió Layla.
Flora bajó la cabeza.
—Sí, lo hice. Ella me salvó de Helia.
—Mmm…. ¿No les parece extraño que todos viéramos a la misma mujer salvándonos?
—¿Por qué debería ser extraño?—replicó Stella—Dijo que era nuestra protectora, quizá es verdad y por eso nos ayuda a todas.
—Pero si lo que ella dijo es verdad, entonces ¿Por qué estamos aquí?—cuestionó Tecna—No tiene lógica.
—A no ser que Alfea y sus hadas sean nuestros enemigos.
Miraron a Bloom con rostros llenos de asombro.
—Si son nuestros enemigos ya nos hubieran hecho daño.
—No si quisieran que confiáramos en ellos—seguía pensando el hada del dragón, cuyos ojos se habían oscurecido.
Algo se removió en el interior de las chicas. Fue como si una puerta desconocida se hubiese abierto de repente, y dejara salir de su interior un inmenso odio, resentimiento, ira; emociones negativas que empezaron a llenarlas.
Apenas lo sintieron, trataron de calmarse. Pero era muy tarde, el daño estaba hecho.
—Mejor vistámonos—sugirió Flora—Hay que estar listas para cuando Sarahí llegue.
—¿Cómo podemos confiar en Sarahí?
Layla se puso de pie.
—No estamos aún convencidas de lo que sucede, guardemos algo de tiempo para decidir qué hacer y, cuando estemos convencidas actuemos. Hasta ese momento, debemos comportarnos como si todo siguiera igual, no queremos sospechas ¿verdad?
La vieron comprendiéndola y asintieron al mismo tiempo.
ANTES QUE NADA: La escena de tortura de Musa es la misma que sufrieron todas pero con verdugos distintos. Algo parecido, peor PEOR sufrieron cuando estuvieron encarceladas. Puede que haya sido muy explícita, pero así me salió y censurarla no me pareció buena idea. ¿Por qué tuvieron esos sueños donde los chicos son malvados?
Exacto, por la visita nocturna que tuvieron. Imagino que ya irán viendo más o menos de que tratará el fic, porque las chicas enfrentarán una confusión muy grande que será bien aprovechada. No digo nada más porque les arruino todo xD
En fin, espero que me lean y me dejen lindos reviews!
chao!
