NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE IGINIO STRAFFI, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

¡Hola! uff, si, ha pasado muuuuucho tiempo desde que subí el capítulo anterior. No he tenido precisamente mucho tiempo libre y, para colmo, nada de inspiración. Veía los capítulos por MegaUpload que, gracias a . ya no existe y en YouTube no están completos T-T Además, perdí por completo el hilo de la historia y no sabía que más poner. En fin, ¡Aquí traigo un nuevo chap! xD

Comentarios:

Whahabk: Se entendería el fic pero con menos drama. Fue más que nada para enfatizar la tortura que ellas vivieron y el miedo que le tienen a los especialistas. Lo más importante, sin embargo, es la aparición de Andra. Me agradó tu recomendación, la agregaré al final del capítulo. Muchas gracias :)

winxzafir: eh, bueno, solo puedo responder a una de tus preguntas y es la segunda: Si, Andra está vinculada con esos hombres. Todo se irá revelando más adelante. Me encanta la emoción con la que escribes el comentario :)

Maii-UchihaLove07: No te apures, te entiendo a la perfección porque me pasa los mismo con los maestros. Y si, entre tanto drama irán escenas de diferentes parejas. Trataré de desarrollar bien cada una pero me enfocaré en Musa/Riven porque es mi favorita :)

panchiwinx: no me molesta que pongas lo mismo en tus comentarios, mientras la historia te siga gustando para mí será más que suficiente.

RoseMarie1314: claro que la seguiré.


Capitulo 6.

Intuición.

Eran alrededor de las cinco de la mañana. El cielo oscuro empezaba a tornarse de un color violeta, indicando que el amanecer estaba cerca. Fuente Roja, la gran academia donde entrenaban a los especialistas, los mejores guerreros de la Dimensión Mágica, empezaba ya sus labores.

Estudiantes de los últimos grados estaban formados en la explanada usando ropa deportiva, calentando para dar inicio a los trotes de diez kilómetros matutinos a los que Codatorta los sometía. Usualmente no hacían mucho ruido, pero esa mañana estaban quejándose más que de costumbre porque en vez de diez, correrían quince kilómetros.

Helia estaba sentado bajo la sombra de un árbol, escuchando todo lo que decían, hasta los castigos. Quizá intervenir hubiera sido buena idea, pero no tenía humor para eso. No pudo dormir en toda la noche y trataba de despejar la mente meditando, sin éxito cabe destacar.

Cerraba los ojos y lo primero que le venía a la mente era la imagen de Flora, pero no la sonriente hada de la naturaleza de la que se enamoró profundamente. Los ojos de su chica estaban ensombrecidos por el miedo, lo miraba aterrada, como esperando que en cualquier momento le hiciera daño.

No podía resistirlo. Ver en lo que se había convertido era en extremo doloroso. Quería ayudarla, de verdad. Intentaba acercársele, decirle dulces palabras y hacerle recordar todos esos momentos románticos que vivieron en el pasado. Hacerle ver que podía confiar en él para todo, y que no debía tenerle miedo.

Era espantoso dar un paso hacia tu novia y verla retroceder asustada. Flora recientemente había tenido conversaciones con él, cortas pero buenas, sin embargo, no le decía sus miedos ni sus pesadillas. Faragonda les había informado que todas las winx se despertaban a media noche por sus horribles sueños, pero ni a Sarahí les decían completamente lo que le atormentaba el subconsciente.

Ellas no se dejaban ayudar, y ahí recaía la mayor parte de su desesperación. De haber sido por él, había cogido a Flora y llevado a lo más lejano, en la naturaleza. Si se despegaba del mundo internándose en lo que más amaba quizá hubiera sana mejor su mente. Pero no le dejaban, ni le dejarían, con razones muy buenas. Ellas estaban siendo vigiladas por entes malignos, salir de Alfea significaba entregárselas en bandeja de plata a esos desalmados que las habían secuestrado.

Cuando volvieron a la cueva para ver quiénes osaron tratarlas de esa manera inhumana, la hallaron destruida. Esos cobardes se habían marchado sin dejar rastro, pero el aura maligna asechaba todo el bosque. Sus aparatos no eran capaces de localizar el origen de esos poderes, pero sabían que si retrocedían era gracias a la muralla mágica que Fragonda alzó en Alfea.

Helia terminó sus meditaciones, porque estaba seguro de que no podría relajarse como en otras ocasiones. Los problemas que vivía en esos momentos eran demasiado grandes, más que ninguno otro en su vida. No sabía cómo sobrellevarlo y le estaba matando la angustia.

Caminó lento hacia su alcoba. No le sorprendió encontrarla vacía. Inmediatamente fue al baño y tomó una relajante ducha, dejando que el agua caliente fuera calmando su cuerpo y mente. Al vestirse, subió al comedor, donde encontró a sus demás amigos.

Timmy estaba tecleando quién sabe qué cosas y en qué idioma tecnológico en su ordenador portátil, los demás, charlaban y comían de las bandejas enfrente de sí. Helia no tenía hambre, con las porciones que le quitara a sus camaradas estaba más que bien. Así, se les acercó y tomó asiento al lado de Brandon.

—¡Hey, Helia!—saludó éste—¿Dónde te habías metido? Te desapareciste toda la mañana.

—Solo meditaba—acercó una mano hacia la bandeja de Brandon, agarrando de un movimiento rápido una rebanada de pan que sin demora se llevó a la boca—Ya sabes, para calmar la mente.

—¡Oye, es mi comida!—alejó la bandeja.

—¿No puedes compartirle un poco a tus amigos?

—Vale, cálmense—intervino Sky—¿No tienen algo mejor que hacer o charlar?

—¿Y qué tanto hace Timmy ahora?—preguntó.

Sky se encogió de hombros.

—Sólo él se entiende.

El susodicho se acomodó las gafas como si nada hubiese pasado, claramente ignoraba que hablaban de él. En la esquina de la mesa, Riven y Nabu charlaban sin prestarles nada de atención, ocasionando una intervención por parte de Helia.

Ya que Brandon y Sky habían protegido su comida, y el chico empezaba a sentir algo de hambre, fue deslizándose lentamente. Viendo sus intenciones, Brandon se apartó lo suficiente para que la peligrosa mano de Helia descendiera rápida sobre el plato de pan y cogiera tres rebanadas en un micro segundo. Para cuando Riven había volteado, Helia estaba bien sentado deleitándose con uno de los panes y los otros dos en su mano.

—Oye tú ¿Por qué agarrar mi comida sin siquiera avisar?

—¿Yo? ¡Pero si me la has regalado!

Riven frunció el ceño.

—Anda Riven, fue una broma—dijo Nabu.

—Ya lo sé… Helia, al menos pide a la próxima. No me molesta compartir—y le dirigió una mirada directa a Brandon.

Éste se encogió un poco, devolviéndole una cara algo molesta.

—Habla por ti.

—Chicos…—apenas Sky abrió su boca, Timmy los interrumpió.

—Creo que encontré algo.—susurró—Pero no es la gran cosa… en fin. Las chicas nos esperan. Faragonda me habló y dice que podemos visitarlas.

No necesitaron más palabras. Los especialistas desaparecieron para arreglarse y estuvieron listos en menos de quince minutos. Abordaron su nave con la ilusión de encontrar en Alfea un grupo de fuertes y lindas hadas. Sabían no sería el caso.

Alfea, protegida por el mágico escudo de Faragonda, era el mismo castillo encantado de antes. Su embrujante hechizo recaía no solo en la estética forma de su arquitectura, si no en los misterios que iba encerrando. El grupo de jóvenes inmediatamente se fue hacia la enfermería, buscando a sus novias.

Quizá la pareja que mejor se llevaba, pese a las circunstancias, eran Layla y Nabu. El moreno inmediatamente se fue hacia la princesa de Andros esbozando una gran sonrisa a modo de saludo.

—Princesa—le dijo—¿Cómo ha estado?

Layla lo miró, de una manera extraña. Después bajó el rostro, estirando un mechón de rizado cabello en sus manos.

—Algo bien… no se van las pesadillas.

Ella en el catre dándole espacio, animado, Nabu tomo asiento cerca de ella y cogió su mano. Layla estaba renuente, pero al fin, lo miró a los ojos.

—Ya verás que las cosas irán mejorando.

—¿Tú crees?—su voz sonaba esperanzada.

—No lo creo. Lo sé.

En esos momentos le dieron unas ganas inmensas de abrazarla, y besar sus carnosos labios. Pero se contuvo, eso no sería ni por asomo adecuado.

Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando un viento cruzó la enfermería en segundos, saliendo por la ventana. No era un aire normal y tenía dejos de un poder extraño, muy distinto del de las hadas. Tampoco correspondía al de una hechicera o una bruja, o un mago. Y parecía ser oscuro.

Miró hacia la ventana, como lo esperaba, no encontró ni vio nada. Pero no por eso dejó esos pensamientos de lado. Su sexto sentido nunca se equivocaba.

—¿Todo bien?—preguntó Layla, realmente preocupada por él.

—¿Eh?—verdad, aún estaba en Alfea y no quería preocupar a sus olvidadizas hadas—No, nada. Es que soy a veces un poco distraído.

Layla no se lo creyó del todo, pero no hizo más preguntas. Después de todo, él estaba en su derecho de guardar secretos.

A dos catres de distancia pasaba algo relativamente familiar con una delgada castaña de ojos verdes y un atlético chico de cabellos largos. Helia sostenía en sus manos un trozo de papel enrollado, tendiéndoselo a Flora. Ella, con sus manos temblorosas, agarraba el pergamino y lo desenrollaba.

Jadeó sin miramientos cuando descubrió un precioso retrato de ella misma, hecho con tinta china. Había recreado las ondulaciones de su cabello como si fueran las olas del mar, y colocado cierto brillo en sus ojos que hacían como soles. Las líneas de su rostro, además de acentuar una perfecta sonrisa, simulaban con la debida atención un paisaje conformado por un árbol frondoso y flores, pocas, a su alrededor. En la esquina superior estaban escritas unas líneas, que leyó con el corazón en la mano.

Si pudiera quitar la pena que ciega tus ojos, aunque eso me costara la vida o mi alma entera, sin dudarlo un segundo sería capaz de entregarlo para que mi corazón, roto, vuelva a latir enamorado de la más hermosa flor injustamente corrompida.

—Tú… ¿Tú lo escribiste?

—Así es.

Una lejana voz en su mente evocó versos parecidos.

La lejanía no puede compararse con tu presencia que, divina, puede dar paso a la agonía de extrañarte y recordar de ti la belleza infinita. Así pues, tárdate, que además de contar los segundos contaré tus cualidades.

Flora llevó una mano hacia su cabeza, le punzaba ligeramente. Preocupado, Helia se le acercó para colocar una mano sobre su hombro de la manera más tierna posible, evitando que ella lo rechazara. En su lugar, la delgadita mano de Flora apretó la de Helia como si fuera su apoyo.

—Escribes muchos poema ¿Verdad?

—Usualmente, cuando estoy inspirado.

Y ella simplemente sabía que era verdad.

—Tienes mucho talento—le dijo—No lo abandones…

Sentía algo extraño en su pecho. Como una luz que nacía en alguna parte de su cuerpo y le susurraba, quedo, que confiara en él. Que todo iba a salir bien. Pero la duda volvió a su mente y calló esa voz, haciendo que mirara a Helia con extrañeza. Él no dijo nada, consciente de que seguro ella no pasaba por su mejor momento.

Guiada por una rara confianza y curiosidad, Flora agarró la libreta que Helia sosenía en sus manos. Miró de nuevo ese dibujo y, después, cambió la hoja. Helia estaba a punto de replicar, sus dibujos siempre habían sido algo muy privado para él. Pero Flora siempre fue la excepción a toda regla suya y, aunque sin memoria, no podía simplemente decirle "no".

Se acomodó a su lado y vio cada expresión en su moreno rostro. El hada de las flores contemplaba hermosos dibujos de diversas plantas y animales hermosos, con más versos dedicados a la vida y al amor. Ella no sabía que Helia los había hecho pensando en ella y en sus poderes, en las mil maravillas que podía hacer con su magia. Y, a pesar de eso, muy en su interior, Flora sabía que esos dibujos eran para ella.

Se detuvo particularmente en uno. Era una hermosa rosa con el tallo más esbelto que hubiese visto, pétalos entreabiertos y de líneas tan certeras que, de no ser por la falta de color, se vería igual a una rosa en movimiento. El verso escrito en esa hoja decía:

La naturaleza, perfecta y bella, queda corta y escasa de luz a comparación de tus ojos.

Había unos borrones, por lo que pensó, seguramente había más.

Cerró la libreta y se la tendió.

—Son hermosos.

—No más que tú—respondió Helia—Y sabes que digo la verdad.

No pudo evitar sonrojarse. Y bajar un poco la mirada.

Al pasar las horas, ellos tuvieron que volver a Fuente Roja. Pero Nabu venía de un humor muy extraño.

—Cálmate—le decía Riven—Ni parece que acabas de ver a Layla.

—Es que sentí una extraña energía en Alfea.

Todos se pararon y le vieron fijo.

—¿Una energía?—repitió Sky—Eso es imposible. Alfea está protegida por un muro mágico.

—Aun así, había energía maligna en la enfermería.—decía con convicción—Mis presentimientos nunca mienten.

—La próxima visita que hagamos llevaré un equipo especial—dijo Timmy—En estos momentos ninguna idea es descabellada.

Todos estuvieron de acuerdo.


Este capítulo se enfoco en Helia/Flora, me gusta esa pareja porque me parece la más romántica y algo cursi. No puedo decirles nada porque, como Helia, me encanta dibujar xD Y como se habrán dado cuenta, las cosas entre los especialistas se vuelven un poco tensas... ¿Es algo de qué preocuparse? lo verán más adelante. Nabu es el más perspicaz de todos porque es el más sensible hacia los poderes mágicos (no olviden que él es un mago)

AVISO: Para los menores de 18 años que fueron bueno e hicieron caso a mi advertencia en el capítulo anterior y no lo leyeron (mi mente quiere creer que fueron muchos) les digo. Las Winx tuvieron pesadillas muy gráficas donde sus propios novios las torturan y, después, son salvadas por una mujer llamada Andra que dice ser su protectora. Como respondí en algunos comentarios, Andra está vinculada con los hombres que secuestraron a las winx, para que sepan de qué bando es.

En fin, eso es todo por ahora. Ruego tener el tiempo de actualizar pronto.

Chao!

PD: ¿Reviews?