Morir para amar, amar para morir

IV


– Decidí cruzar la línea Ryuzaki ¿y tú?

– Llámame Elle.


Ciertamente, Lawliet no sabía que se proponía Light. Lo tocaba a cada momento, le robaba los dulces, acaparaba su atención. Y se mostraba sumamente impaciente porque cayera la noche y los demás miembros del cuartel los dejaran a solas.

– ¿Qué hay con Misa? – quiso saber Elle, a pesar de que el tiempo se le escurría entre los dedos.

– No la quiero, nunca he querido a nadie hasta ahora– estaban sentados frente a la computadora.

– ¿Por qué haces esto Light?

– ¿No quieres que me porte así?

– No soy una especie de novia a la que puedas manipular – Light se levantó y abrazó a L por la espalda, toscamente como solían tratarse.

– Cuando tratas de acorralarme así quisiera caerte a golpes.

– Adelante, pero sabes que me cobraré todos – en vez de ello Light lo giró y lo besó, cayeron de la silla y rodaron por el suelo sin ceder terreno, pues hasta en sus caricias debían competir.

– Encuentro que esto te silencia más rápido.

Elle estaba muy confundido. Su mente se obnubilaba conforme Light lo estrechaba contra su cuerpo. ¿Por qué? ¿Por qué le hacía eso? Ni siquiera en sus más descabelladas deducciones podría haber previsto que se enamoraría de Kira. No. De Light. La otra cara de la moneda.

Reaccionó al sentir las manos de Light contra la piel desnuda de su pecho. Se había perdido en divagaciones y sensaciones.

–Light–kun ¿qué estás haciendo?

El castaño lo miró, se quedaron en silencio observándose. Light podía ver su reflejo en los ojos de Elle. ¿Qué estaba haciendo? De verdad no lo sabía. No lo sabía. Una parte suya le decía que estaba mal, que jugaban algo muy peligroso y que de ninguna manera iban a salir ilesos de ello.

Atajó ese pensamiento desolador para posar sus labios sobre los de Ryuzaki pausadamente. Había descubierto que besarse lo confortaba, pues se trataba de besos muy diferentes a los que había dado antes, intensos, demandantes. Estar con L, con el mejor detective del mundo sabiendo que en cualquier momento volvería a ser Kira y lo mataría era atemorizante pero a la vez muy excitante; una montaña rusa de emociones.

Besar a L, mirar a L, tocar a L requería de toda su concentración, de toda su mente y sus sentidos. No podía darse el lujo de perderlo o de permitirle retroceder ahora que habían avanzado tanto.

Tan apasionados. Tan estúpidos. Tan… humanos.

Logró quitarle la camisa blanca, rompiéndola para zafarla de la cadena. La pálida piel bajo la tela lo tomó por sorpresa, era muy blanca pero no de una forma nívea e inmaculada, sino enfermiza. Light sintió que se estremecía involuntariamente, moría por marcar esa piel a mordidas, a besos, quería darle algo de color, algo de calor.

Elle sonrió súbitamente de una manera casi inocente. Se había percatado del sonrojo que cubría a Light, y apenas le había mostrado un poco de piel desnuda. Yagami clavó los ojos en él como si tratara de hipnotizarlo, de obligarlo a estar quieto y someter su razón, para que no huyera. Luego, con movimientos parsimoniosos abrió cada botón de su camisa y se la quitó. Cuando se lo proponía Light era muy sensual. No. Ryuzaki sabía que se equivocaba. Había tanta belleza en Light que siempre era sensual.

La tensión entre ellos aumentaba proporcionalmente, aguantaron oyendo sus respiraciones.

–No sé como podría vivir ya sin ti – dijo de pronto Light y alzó una mano haciendo sonar las esposas. –Nunca me quites esto.

Elle rió de buena gana, sujetó la cadena que los unía y tiró de ella atrayendo a su amigo hacía si.

–No sé que decir.

Era verdad. L nunca se había visto en a necesidad de corresponder a nadie con amor y sin embargo sabía que si fallaba, que si no lograba amar en ese momento le costaría la vida.

Light lo besó diferente, más profundo, más rápido, voraz. Le arrancaba el aliento con su beso. Sintió las manos de Yagami en el borde de sus pantalones, sabía para donde iban, no quería ir ahí pero tampoco se le daba la gana detenerse. No iba a permitir a su amante superarlo, abrió la ropa de Light a tirones sorprendiéndolo. Se enzarzaron en una batalla por desnudar al otro lo más rápido posible.

–Si dices algo arruinarás todo–. Le advirtió Light.

–Me parece prudente guardar silencio durante este…– Ryuzaki se quedó sin palabras cuando Light deslizó su boca sobre su cuello. –Light–kun – alcanzó a decir.

Light marcó cada centímetro de piel a besos. El cuello, el pecho, el vientre, a espalda. Ryuzaki estaba en el cielo, en medio del más delicioso éxtasis.

–¡Detente!

Rogó cuando sintió la lengua de Light deslizarse sobre su cadera. Ryuzaki gritó cuando Light se deslizó entre sus piernas.

Su cabeza se desfasó de su cuerpo, puro instinto, puro placer. Apartó a Light de si mismo para adorarlo, para besarlo, para entregarle su vida, para morderlo, para hacerlo suyo.

Despertaron en su habitación abrazados. L se había acordado de recoger su ropa la cual estaba tirada en el suelo a sus pies.

–¿Qué hora es?

Ryuzaki nunca había dormido tan profundamente en toda su vida. Light miró el reloj que nunca se quitaba.

– Las seis.

Los demás no tardarían en llegar, tenían que alistarse pero antes de eso. Antes de volver a la fría rutina que era su mundo se estrecharon más fuerte, sabían que nunca volverían a estar tan unidos como en aquel precioso instante.

Esa noche Ryuzaki, Elle Lawliet, L conoció a Rem. Habían acorralado a Higuchi. Su sobresalto no tuvo límites. Tuvo la Death Note en sus manos y supo entonces en que preciso momento había perdido a Light. Como era de esperarse Light tomó la libreta para ver a Rem. Sabiendo todo lo que sabían era ilógico de su parte ponerse a especular más sobre el caso.

–No te preocupes Elle–. Le dijo Light al tiempo que tomaba su mano. –No dejare que mueras.

Poco después Higuchi estaba muerto y L sería el siguiente.


Conitnuará...