Light no pudo encontrar a Ryuzaki por ninguna parte, sólo había una zona del edificio que no era vigilada por cámaras. Se dirigió al helipuerto. L estaba ahí, de pie bajo una tormenta.

–Ryuzaki ¿qué haces?

El otro fingió que no lo escuchaba.

–Ryuzaki ¿qué haces?

Repitió Light pero no tuvo más remedio que salir a mojarse junto con él.

–Sabes Light–kun, esta conversación ya la tuvimos antes.

–No te angusties.

Yagami fue a él con la confianza de haberse hecho el amor y lo tomó en sus brazos.

–Ahora eres Kira.

–¿Cómo puedes saber eso?– Esa reacción de Light no era la que Elle se esperaba.

–Por la forma en que me miras.

– No seas tonto – Light buscó su boca pero L lo rechazó.

–Sólo Light puede besarme y por desgracia ya no está aquí.

– ¡Demonios Ryuzaki! ¿Cómo voy a ayudarte a detener a Kira si me tratas así?

– Al tratar de manipularme con caricias te pusiste en evidencia, el verdadero Light no era así.

Elle se zafó y se dirigió de vuelta al edificio. Light lo siguió.

–Te equivocas Ryuzaki, juro que te equivocas.

Unos momentos después se estaban secando y de repente L se inclinó para secar los pies de Light, su némesis no dijo ni una sola palabra.

–Terminé.

L se levantó. Oyó que Light lo llamaba a sus espaldas.

–Te amo Elle.

– Lo sé. Adiós Kira sama.


El 5 de Noviembre de 2004, L, el mejor detective del mundo se derrumbó. Tan solo para caer en sus brazos, y sin embargo su caída había sido anunciada desde el mismo momento en que ambos hombres se miraron. Uno de los dos debía morir, uno de los dos debía cometer un error que lo pusiera a merced del otro. L le había entregado todo.

Light lo recibió y sintió que ese momento coronaba todo cuanto había hecho en su vida. Había estado tentado de ser él mismo quien escribiera su nombre en la Death Note.

"Elle Lawliet".

Saboreó cada letra. En cuanto se quitaron las esposas había corrido al baño para decir su nombre mil veces.

–Elle Lawliet. Elle Lawliet. Elle Lawliet. Elle Lawliet. Elle Lawliet. Elle Lawliet. Elle Lawliet. Elle Lawliet.

Lo dijo hasta hartarse, hasta que no significara nada. Deseó ser él quien escribiera su nombre en la Death Note para llenar sus manos con aquella sangre. Para sacrificar al amado de Light en el altar de Kira. Se detuvo, no quería que tuviera razón.

–No tengo doble personalidad, soy uno solo, una sola persona, un solo dios.

No podía permitirse admitir algo así porque entonces su dormida conciencia le escupiría que uno de los dos era dios y el otro el demonio. Los dos en uno, y para ejercer la justicia más brutal y absoluta no podía dividirse así.

Tuvo que dejar que Rem lo hiciera para que el asqueroso Shinigami desapareciera junto con sus otros dos enemigos.

Sonrió satisfecho al verlo cerrar los ojos, sabiendo que eso lo martirizaría inclusive en el más allá.

–¡No!– pensó.

–¡No!– un eco en su mente que se hacía eco por salir. Su boca se movió contra su voluntad.

–¡NO!– apretó el cuerpo sin vida contra si, aullando como un loco.

–¡Light!– su padre lo llamaba mientras la razón lo abandonaba.

Light sintió una fuerte opresión en el pecho y todo se volvió negrura, se le estaba rompiendo el corazón de dolor. ¡Le estaba dando un infarto! Peleó por respirar, por no desmayarse, por no morirse junto con él pero una parte de su ser deseaba exactamente eso. Morirse juntos.

–Mientras tengamos esto – pensó en la cadena que por mucho tiempo llevaron – moriremos juntos – se dio cuenta de que la cadena no había desaparecido. Se habían atado amándose y cumplían su palabra. Sólo Kira sobreviviría.

FIN