Segundo drabble protagonizado por el pobre e incomprendido Vernon Dursley. Todos los reviews son bien recibidos ;)
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, yo sólo juego con ellos.
Vernon Dursley.
Vernon Dursley se dirigía a su nuevo trabajo con la cabeza llena de pensamientos, que difícilmente podrían ser considerados alegres. Para empezar ahora no se llamaba Vernon. No, ahora era conocido como Bernard Smith. Y ese nuevo "él" no conducía un coche con el que despertar la envidia de sus vecinos, por el contrario, se veía obligado a conducir un simple y vulgar vehículo con el que, se suponía, no llamaba la atención. Bufó con desagrado; coche del montón, apellido del montón… ¿A qué más iba a tener que renunciar?
Desde que encontraron al chico en la entrada de su casa, la vida de Vernon no había seguido el perfecto patrón que hubiese debido. Durante el curso, era fácil fingir que Harry y la magia no existían y Vernon siempre mantuvo la esperanza de que una vez el chico terminase sus clases, desaparecería y los Dursley podrían retomar su perfecta vida. El problema llegó cuando aquel mundo lleno de anormales chocó frontalmente con el suyo y se vio obligado a convivir con dos especímenes de la peor calaña; dos magos.
Recordó con desagrado la tarde del día anterior. Ese vago llamado Dedalus –o algo por el estilo –había expuesto su plan; para explicar su constante presencia en la casa de los Dursley, él y Hestia se harían pasar por el hermano y la cuñada de Vernon y, aunque habían asegurado que su presencia no supondría un cambio en la vida diaria de la familia, Vernon no pudo evitar que un escalofrío le recorriera la espalda y las manos le comenzasen a sudar de manera espantosa. Iba a tener que fingir que ese y él eran parientes, la gente los relacionaría ¡Era horrible!
Estas ideas aún rondaban su mente cuando entró en la oficina. ‹‹Por lo menos aquí estaré a salvo de ese par de locos››pensó.Puso rumbo a la que ahora era su mesa, intentando demostrar a todos los presentes que él era mejor que ellos, pero una voz a sus espaldas hizo que fracasase estrepitosamente
—¡Bernie, hermanito! —exclamó ese ridículo mago—. ¡Cuánto has tardado! —prosiguió Dedalus.
‹‹¿Qué demonios hace este impresentable aquí? Espera… ¿Bernie? ¿Pero que se ha creído este…?››. Los pensamientos corrían por la mente de Vernon a una velocidad a la que no estaba acostumbrado. Ese… hombreno paraba de hablar y –para gran consternación de Vernon-, se acerco a palmear su espalda con cariño.
—Vamos hombre. No pensarías que iba a dejarte sin vigilar ¿Verdad?
Sí, por un breve y maravilloso instante había pensado justo eso. Suspiró con resignación. Por primera vez en su vida, Vernon deseó que su sobrino terminase bien y rápido lo que fuese que estuviese haciendo. Quería recuperar su vida.
