Aquí va mi tercer intento (y recalco lo de intento) de un drabble humorístico. Gracias a todos los que lo habéis leído :)
Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling, yo sólo juego con ellos.
Petunia Dursley.
Pamela Smith, anteriormente conocida como Petunia Dursley, era una mujer feliz, mucho más de lo que se atrevía a confesar. Le gustaba esa nueva vida en la que todo parecía empezar de cero; escoger una nueva personalidad, decorar un nuevo hogar, vivir en un nuevo ambiente y sobre todo elegir un nuevo nombre. Tenía que reconocer que lo último había entusiasmado especialmente; no hizo falta pensárselo dos veces, ni fingir desconcierto, escogió Pamela sin dudar.
Cuando era una niña, su juego favorito había sido interpretar a diferentes personajes y Pamela siempre había sido su preferida. Estaba convencida de que la elegancia y sonoridad del nombre, le otorgaban una distinción de la que normalmente carecía; bajo el nombre de Petunia se sentía cohibida, asustada; sin embargo, cuando era Pamela se sentía capaz de comerse el mundo, era una mujer fuerte y admirable. A pesar de que los años habían pasado, podía decirse que en lo referente a este aspecto habían sido en balde. A sus cuarenta años, seguía disfrutando de interpretar ese rol, tanto como a los doce.
A pesar de todas las ventajas que conllevaba ser Pamela Smith, la Petunia de su interior se rebelaba contra el hecho de que le hubiesen quitado su razón de ser: los cotilleos. Los magos lo habían dejado muy claro desde el principio, nada de relacionarse con nadie más allá de lo estrictamente necesario. No debían inmiscuirse en los asuntos de las personas que vivían a su alrededor para evitar filtraciones de información tan innecesarias como peligrosas.
Aunque al principio, Petunia lo había tomado como una parte del juego, con el paso del tiempo se dio cuenta de lo mucho que los echaba de menos. Pasaba horas y horas en la más absoluta soledad –en realidad, Hestia Jones solía estar en la casa, pero ni loca la hubiese contado como compañía –y generalmente, gustaba de observar los comportamientos de sus vecinos. Gracias a esta afición,había descubierto que la mujer pelirroja se teñía con frecuencia, que la perfecta ama de casa del número 12 compraba sus famosos pasteles caseros y que el caballero del número 15 no sólo engañaba a su mujer sino que, además, usaba tupé.
Tantos descubrimientos y nadie con quien compartirlos, pensó con desagrado. Petunia frunció los labios en una mueca infantil. Era injusto.
