¡Cuarto y penúltimo drabble sobre la convivencia entre los Dursley y sus sufridos guardaespaldas!

Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a J.K. Rowling.


Dedalus Diggle.


Dedalus Diggle era, lo que podía llamarse, un mago de pura cepa. No es que tuviese nada en contra de los muggles –de haberlo tenido no se hubiese prestado voluntario para esta misión –pero el no haber convivido nunca con ellos, ni haberse mostrado demasiado interesado en las clases de Estudios Muggles, complicaban sobremanera su proceso de adaptación.

Lo primero de todo fue escoger una nueva identidad y tras mucho discutir tuvo que renunciar a los nombres que le gustaban –tales como Theophilus u Oswald –por uno mucho más aburrido como Robert. Siempre se había considerado una persona conciliadora, aún a pesar de sus rarezas y como parecía que iba a darle una especie de ataque a la mujer, creyó que lo mejor era ceder en ese punto. Pero las cosas no se quedaron ahí.

Después de haber sido obligado a adoptar el nombre de Robert Smith, hubo de dejar de lado las túnicas y demás complementos de la moda mágica que pudiesen resultar chocantes para los muggles del vecindario. Tuvo la suerte de contar con las enseñanzas del chico de los Dursley, quien le explicó que lo más útil era esa prenda llamada vaqueros. El mago los veía por todas partes, en diferentes cuerpos e identidades, así que se decidió a probarlos cuando antes.

Los odió desde el primer día, eran incómodos y le apretaban partes de su cuerpo que nunca antes había notado. No entendía como los muggles podían pasar el día entero enfundados en esas cosas. Se los puso un día tras otro, intentando acostumbrarse a esa nueva sensación, pero no lograba dejar de pensar en la comodidad de sus túnicas.

Hasta que la vio. Vio aquella prenda suave y cómoda –seguro que también calentita –y decidido, salió a hacerse con una. No habló con nadie de ello, quería que fuese una sorpresa, que al día siguiente todos lo mirasen con asombro y envidia.

Sin embargo, las cosas no salen siempre como uno ha previsto y aquel día no fue la excepción. Cuando Dedalus bajó, cómodo y elegante, como nunca antes en su vida, Petunia Dursley chilló y se tapó los ojos, horrorizada. Sorprendido por la reacción, el mago buscó con la mirada a Hestia y la encontró muerta de risa al lado del chico Dursley, quien también reía sin parar.

Cuando fueron capaces de parar, Dudley fue a tranquilizar a su madre, mientras Hestia se acercó a Dedalus y con toda la delicadeza del mundo le dijo:

—Dedalus, esa prendaque llevas, se llama bata y deberías saber dos cosas sobre ella —Hestia sonrió—. Primero, los muggles la usan, sólo para andar por casa y segundo… Sería interesante que usases ropa interior cuando la llevases puesta.

Ante las afirmaciones de su compañera, Dedalus Diggle bufó con desagrado. Al parecer, la búsqueda de la prenda muggle ideal aún no había concluido.