By Annie-ly-chan
Hola, hola ^^ Aquí estoy de nuevo dando lata con esta actualización :P Muchas Gracias por seguirme leyendo y por si dejaron review, MUCHAs MUCHAS GRACIAS ~_^
Alice-SagiiZ: Me alegra que te siga gustando. n_n Y a mí también se me hace que es Saga el que rompe cosas, pero quién sabe :P jejeje
Sofhi: Que alegría no haberte decepcionado, y que hayas disfrutado el fic. ^_^ A mí también me encantan los chibi gemelos como podrás notar, y más al imaginar la relación tan cercana que debieron tener antes que las circunstancias en el Santuario la deteriorara.
***Nota: Saga y Kanon así como cualquier otro Santo o personaje de Saint Seiya que aparezca aquí NO me pertenece, es triste pero pertenecen al buen Señor Kurumada-sensei. No hago nada con fines de lucro, mi objetivo es poder entretener a mis musas, y mi aspiración es tener un par de gemelos así ^^u***
—Cuando te fuiste me enojé mucho.
—Estábamos muy tristes. Y Saga aún no descubría que no era mentira lo de los anillos. —Interrumpió Kanon.
Darius enarcó una ceja.
—Escuchamos a mamá decirle cosas a tía Rachel, cosas feas… sobre ti. Yo sé que sólo estaba enojada como nosotros porque te habías ido… pero lo que dijo… me hizo sentir más enojado.
—Y más triste… —Completó Kanon.
—No quise que el jarrón con las tontas flores que le dio a mamá su nuevo novio, se rompiera.
"¿Nuevo novio?" Esas palabras no le habían gustado a Darius ni un poco, pero se limitó a seguir escuchando a los gemelos.
—Yo tampoco. El jarrón era lindo.
—Y a mamá le gustaba mucho.
—No sabemos quién de los dos lo hizo.
—Tal vez fuimos los dos.
—Los dos tuvimos la misma sensación.
—Mamá se sorprendió, pero no dijo nada. No creo que pensara que fuimos nosotros.
—Luego corrimos al jardín. Nos dio algo de miedo.
—Ya veo.
Darius deliberó sus siguientes palabras un segundo. Su Excelencia tenía razón, ellos necesitaban un maestro antes de que las cosas se les salieran de control. Pero eran tan jóvenes y no podría llevárselos del lado de su madre…
Los gemelos lo miraban desconcertados, no sabían si su silencio se debía a que se había molestado con ellos o algo así.
Darius les sonrió al ver sus caritas de preocupación.
—Me parece que el cosmo de ambos es muy poderoso. Les voy a enseñar a controlarlo para que ya no pasen accidentes, ¿qué dicen?
—¿Crees que podríamos ser Santos? —Dijeron ambos al mismo tiempo.
—Aún no puedo saberlo… ¿A ustedes les gustaría ser Santos de Athena?
—¡Claro que sí! —Volvieron a decir al unísono.
—Sería grandioso tener tanto poder. —Sonrió Kanon.
—Ser un Héroe... —Se perdió Saga en sus pensamientos.
—Es más que eso niños…
—¿Qué hacemos para ser aprendices? —Interrumpió Kanon.
—Entender que esto no es un juego. —Su voz se volvió sumamente grave. —Deberán dar todo de sí, entrenar duramente todos los días, seguir las órdenes de sus superiores sin replicar, hacer sacrificios, muchos sacrificios, y sobre todo estar dispuestos a morir en cualquier momento para llevar a cabo su objetivo, dejando a Athena guiar su espíritu.
Darius miraba a los pequeños duramente, probablemente había exagerado, después de todo tenían sólo 3 años. Sin embargo no quería que ellos pensaran que las cosas iban a ser fáciles. En su interior quería persuadirlos, que le dijeran que querían seguir siendo lo que eran, niños, y que la dichosa Athena no les interesaba en absoluto.
Saga y Kanon miraban a Darius atentamente con los ojos vidriosos. Darius los había asustado, jamás les había hablado así. El tono de su voz era aterrador.
Morir. Su madre les había hablado de la muerte. Esa noche habían tenido pesadillas pensando en su propia muerte. Pero ahora que sabían que tenían la posibilidad de ser algo tan "grande" como un Santo de Athena, no habría nada que los persuadiera de rendirse tan fácil. Harían lo que fuese necesario.
Kanon buscó la mano de Saga para darse valor, y éste la recibió gustoso, apretándola con fuerza.
—Entendemos. —Dijo el mayor intentando que no se le quebrara la voz.
—Lo haremos. —Logró decir Kanon rogando porque las lágrimas no lo traicionaran.
Nuevamente en esté día Darius estaba completamente impresionado. No podía negarlo más tiempo.
Puso sus manos en las cabezas de sus "sobrinos" y revolvió sus cabellos con ternura para tranquilizarlos.
—En ese caso, desde el día de hoy yo seré su maestro y ustedes dos serán mis aprendices. —Los niños sonrieron triunfales. —Pero recuerden, una vez que han aceptado no pueden arrepentirse.
Como toda respuesta tuvo el asentimiento de los gemelos. Darius exhaló un audible suspiro.
—Bien, empezaremos el entrenamiento mañana. Hay que levantarse antes de que el sol salga. Así que hoy deberán dormirse temprano.
—Das, ¿y qué hay de mamá?
—Mmm… es cierto Saga. A su mamá no le va a agradar el asunto. Por el momento guardaremos el secreto. Y si hacen lo que les diga, no se dará cuenta.
—¿Das?
—¿Qué pasa Kanon?
—¿Podemos ver tu armadura?
—¿Huh? Ehm… Sí, supongo que está bien. Después de todo ya son aprendices. Debo llamarla pues está escondida, pero no demorará.
Darius se colocó unos pasos alejado de los gemelos, cerró sus ojos y encendió su cosmo. En unos segundos la caja de pandora apareció ante él. Un resplandor la inundó mientras se abría, dejando ver así una hermosa armadura azul de la que destacaban 2 cadenas. Casi de inmediato la armadura se separó para rodear el cuerpo de Darius.
—¡Wow! —Fue lo único que pudieron decir los de ojos turquesas.
Darius conocía ese brillo reflejado en los ojos de los niños ante él. No estaban sólo deslumbrados por la magnificencia de la armadura. Sabía que en sus infantiles mentes se veían así mismos en esa armadura, como todo Santo aspira desde la primera vez que se encuentra frente a uno de los Mantos Sagrados.
—Hermosa, ¿verdad? Ven estas cadenas, crean una defensa perfecta… Saga.
—Ah, ¿sí?
—Podrías recoger algunas piedras.
—¿Piedras?
—Sí, las más grandes que puedas cargar.
—S-sí, está bien.
Se puso de pie de un brinco e inició la tarea encomendada. En poco tiempo juntó un montículo de siete u ocho piedras.
—Con eso es suficiente. Ahora quiero que me las arrojes con todas tus fuerzas.
—¿Qué?
—Anda. Lo más fuerte que puedas.
Saga tomo una de las piedras. La examinó detenidamente. Por alguna razón estaba nervioso. Dudó un poco antes de tomar impulso y soltar la roca en dirección de Darius. Sin embargo ésta nunca llegó a su objetivo, parecía haber desaparecido en el aire.
—Imposible… —Murmuró Kanon.
—¿Qué hiciste?
—Absolutamente nada. Se los dije, estas cadenas crean una defensa perfecta.
—Pero yo no he visto que se muevan.
—Bueno Saga, eso es porque lo hacen muy rápido y sus ojos aún no están acostumbrados a esa velocidad. Pero no se preocupen, ya se acostumbraran. —Les sonrió. —Bien, última demostración. Saga, lánzame todas esas piedras una tras otra, lo más rápido que puedas.
—Sí.
Cada una de las piedras se disolvió en el aire igual que hiciera la primera. Y nuevamente no fueron capaces de ver nada más.
Un brillo plateado rodeó a Darius y la armadura se desprendió de su cuerpo para volver a la caja. En un santiamén, de la misma manera en que llegó, desapareció, cual estrella fugaz en el firmamento.
—Regresemos a la casa.
Tomó a Kanon en brazos y se lo acomodó sobre el izquierdo.
—Creo que ya puedo caminar, Das.
—No quiero arriesgarme. Utilizar de esa manera tu cosmo sin que tu cuerpo esté preparado es algo serio.
—No entiendo. —Interrumpió Saga.
—No te preocupes, ya habrá tiempo para explicarles todo. Por hoy ha sido suficiente.
El mayor de los gemelos lo miró confundido, pero al ver que no obtendría mayor respuesta del Santo, optó por aceptar la mano que le ofrecía Darius y emprender el regreso a la casa.
Próximo Capítulo: "—Tú no puedes amarme Das, no pretenderías que siguiera esperando algo que jamás pasará."
Hasta pronto ^^
