By Annie-ly-chan
Hola ^^ Aquí estoy de nuevo. Muchas Gracias por seguirme leyendo y AliceSaguiz MUCHAS GRACIAS por el review que alegría que te siga gustando ~_^
Ya había dejado este fic algo descuidado u_u Lo siento. Haré lo posible para que no vuelva a pasar :P
***Nota: Saga y Kanon así como cualquier otro Santo o personaje de Saint Seiya que aparezca aquí NO me pertenece, tristemente pertenecen al buen Señor Kuru-sensei. No hago nada con fines de lucro, mi objetivo es poder entretener a mis musas, y mi aspiración es tener algún día aunque sea uno de estos gemelos, o uno muy parecido ^^u***
El Santuario estaba tranquilo. Iba a ser una noche sin muchos contratiempos. Una ronda sencilla para el Santo de Géminis. Sólo esperaba que dejar a sus alumnos solos en el templo no fuera algo de lo que se arrepentiría más tarde. Un sonido alertó sus sentidos, no podía distinguir ningún cosmo atacante y eso lo alertó aún más.
—¡Jared! ¿Cómo has estado?
—Darius no deberías introducirte así al Santuario. Casi te mando a volar en otra dimensión.
—¡Oh! Eso hubiese sido divertido, quizá la próxima vez.
—¿Qué te trae por aquí? Escuche que tenías algo así como una misión especial.
—Algo así…
—¿Qué sucede amigo? Sabes que si quieres hablar… aún debe ser duro para ti el asunto de Kaylah…
Darius sonrió a medias.
—Sólo cuando la recuerdo.
—Ósea cada segundo.
—Más o menos. —Suspiró. —Pero es otra razón la que me trajo aquí hoy a buscar tu consejo.
—¿De qué se trata?
Das buscó entre sus ropas y sacó una pequeña fotografía. La admiró un segundo y luego se la pasó al de la tercera casa.
—¡Wow! Nunca me dijiste que tenías hijos.
—¿Qué?
—Tienen tus ojos, y el de la derecha tiene ese gesto tuyo cuando sonríe.
—E-esos son los hijos de Missy.
—¿La hermana de Kaylah?
—No pueden ser míos… —Murmuró.
—Darius… yo ahm… lo siento… Tal vez me estoy haciendo ideas… tú sabes, es tarde… ni siquiera hay buena iluminación aquí…
El de plata observaba cada detalle de la foto. Él siempre había pensado que eran idénticos a su madre… y a su tía. Esos cabellos alborotados y azules, esa sonrisa tan encantadora a la que era difícil negarle algo, cómo Saga fruncía el ceño cuando se molestaba, o aquel puchero que Kanon hacía al llorar.
—Voy a entrenarlos. —Soltó de pronto.
Jared volteó a verlo sorprendido, luego miró la foto que su amigo aún sostenía.
—¿Qué edad tienen?
—Tres… cumplirán cuatro en unos meses.
—Son muy pequeños.
—Yo también lo creía pero tienen un increíble cosmo. Demasiado poderoso como para controlarlo sin entrenamiento.
—Aun así, es muy pronto para que ellos…
—Su cosmo ya responde a cambios bruscos de su estado de ánimo. Ya percibieron esa "extraña energía" en sus cuerpos y el menor ha estado practicando como canalizarla en sus manos. Ahora que han visto esa posibilidad Saga lo intentará también. Correrán mucho riesgo sino intervengo.
—No hablas en serio… Eso querría decir que ellos…
—No estoy seguro de muchas cosas en este momento, pero su Excelencia cree que podrían ser tus sucesores…
Jared dio un audible suspiro.
—Por supuesto. Géminis siempre escoge gemelos. Vaya y yo que pensé que uno de mis aprendices podría aspirar a portar mi armadura. Supongo que aún pueden ser unos buenos Santos de Plata.
—¿Qué hago? Es decir…
—Te entiendo Das, uno no se pone a pensar en estas cosas cuando son huérfanos… pero en este caso…
—Que Athena me perdone pero no quiero que tengan este destino. ¿Por qué ellos, Jared?
—No lo sé amigo.
.c-o-c-o-c-o.
Era increíble que la luz de la cocina aún estuviese encendida. Missy aún debía estar levantada. Malas noticias dado que los niños estaban por despertarse para iniciar su entrenamiento.
Darius miró dubitativo la casa, con precaución entró por la puerta trasera. No estaba seguro de si era buena idea, pero entonces la vio.
***Flashback***
—Hola Kay, ¿interrumpo algo?
Darius había entrado por la puerta trasera de la cocina haciéndola saltar.
—Eres un tonto, me asustaste. Pero me alegra que estés aquí. Missy me dijo que querías hablar conmigo y a decir verdad, yo también.
—Ok, empieza.
—No, mejor tú.
—No es algo sencillo, Kay…
—Sólo escúpelo Das.
—Creo… que… me estoy enamorando de tu hermana.
—¿Missy?
—¿Tienes otra hermana?
—Es sólo que no pensé…
—No sé qué pasó. Pero me siento bien a su lado. Aún no he hablado con ella porque quería hablar contigo primero. Lo nuestro fue muy valioso para mi Kay. Y me dolió mucho que me terminaras pero creo que, al igual que tú, debo seguir y... No lo haré sin tu consentimiento. Digo, es tu hermana, después de todo.
—No sé qué decir… bueno, por supuesto… No me molesta…. —Dio un fuerte suspiro. —No pudiste encontrar mejor chica. —Sonrió tristemente.
—Eres la mejor. —La abrazó. —Debo irme, el Patriarca tiene otra misión para mí, pero volveré pronto.
Ella dejo escapar otro suspiro.
—¿Y tú qué querías decirme?
—¿Yo? Ehm… en realidad también es sobre Missy.
—¿Qué ocurre?
—Es que… es algo serio, Das…
—Escúpelo.
—Ella… pues… está embarazada.
—¿Qué?
—Acaba de enterarse y… está aterrada, esto cambia sus planes por completo… y pensamos que era mejor si nosotras… nos íbamos un tiempo, tú sabes a algún lugar tranquilo… mientras nace el bebé.
Darius tuvo que sentarse. Estaba conmocionado.
—¿El padre? —Logró articular en un susurro.
—Un patán. —Se encogió ella de hombros. —La dejó y huyó.
—Puedo buscarlo y…
—NO. No hace falta… Para que causar mayores problemas… Nosotras, estaremos bien. Nos las arreglaremos.
—También me tienen a mí.
—Gracias Das.
—Tal vez debería quedarme.
—No seas tonto, eres un Santo de Athena, tú Diosa siempre debe estar primero, o serías algo así como un traidor, ¿cierto?
Das sonrió a medias.
—Vete a cumplir tu misión, nos las arreglaremos. De verdad, no te preocupes.
—Prométeme que cualquier cosa llamarás al Santuario, Jared me dará el mensaje y en un santiamén estaré donde estén.
—Lo prometo.
—Hablo en serio.
—Yo también.
***Fin del Flaschback***
—Lindas flores.
—Darius… Me asustaste.
—Pasaba por aquí y vi la luz prendida.
—Ya es algo tarde, Das.
—Lo sé es sólo que me preguntaba… ¿Hay algo que deba saber? No bromeo, de verdad son lindas esas flores.
—No hagas cómo si no supieras nada. Odio eso.
—¿Preferías que te lo echara en cara?
—Tú no puedes amarme Das, no pretenderías que siguiera esperando algo que jamás pasará.
Darius exhaló con fastidio.
—Me alegra que seas feliz Missy. Pero en algo te equivocas, yo sí te amo.
—No como amaste a Kaylah.
Él bajó la mirada.
—Voy a seguir viniendo a ver a los chicos. No quiero romperles esa promesa.
—No sé si sea conveniente. Toda esta situación podría confundirlos.
—No los subestimes… pero si yo fuera tú no hablaría tan mal de mí cuando ellos estén cerca. Eso los pone triste.
—¿Qué?
Das meditó sus palabras un segundo.
—Si es tan difícil para ti. Lo entiendo. Pero tú se los explicarás mañana que no llegue para llevarlos a la playa.
Se encaminó a la salida.
—Si tú les fallas a esos niños…
—No lo haré.
—Ahora entiendo por qué se fueron a dormir tan pronto merendaron.
Darius sonrió.
—No los traigas a casa muy tarde.
Próximo capítulo: "—Están peleando como niñas. No, me retracto, ni las korees dan golpes tan débiles. ¡Más fuerza niños!"
