By Annie-ly-chan
¡Hola, hola!
Primero que nada mil disculpas, el colegio se ha robado todo mi tiempo ultimamente y me ha sido muy difícil actualizar. Sin embargo sigo viva y prometo seguir con mis fics hasta el fin, por lo mientras dejo un capítulo más de esta historia esperando sea de su agrado. Y AliceSaguiz MUCHAS GRACIAS por todo el apoyo y reviews, espero siga siendo de tu agrado. ^u^
***Nota: Saga y Kanon así como cualquier otro personaje de Saint Seiya que aparezca aquí NO me pertenece. No hago nada con fines de lucro, mi objetivo es poder entretener a mis musas para que pueda estudiar, y mi aspiración es tener algún día aunque sea uno de estos gemelos, o uno muy parecido ^^u***
No tardaron en llegar al lugar que Darius había escogido para su entrenamiento. Aún estaba oscuro, pero el chocar de las olas con la arena y ese aire salado, daba la sensación de estar en un lugar mágico.
Los niños se encontraban de pie frente a su ahora maestro, quietos como soldaditos, esperando sus órdenes.
El Santo de Plata meditó lo que iba a decir antes de dirigirse a los gemelos. Sacó dos pequeños bultos de una mochila que traía cargando, y le arrojó uno a cada uno.
—Desde ahora y durante el entrenamiento usaran esa ropa. Pueden comenzar a cambiarse mientras les explicó en lo que consistirá nuestra rutina diaria.
—¿Aquí? —Preguntó Saga extendiendo lo que parecía un pantalón.
Das frunció el ceño como toda respuesta.
—La tela fue creada por el Gran Patriarca, el mayor y más poderoso de todos los Santos.
—Se siente rara. —Interrumpió Kanon.
—Como notaron es más pesada que su ropa normal, esto es para fortalecer sus músculos, también es más resistente para ofrecerles cierta protección durante los entrenamientos… Las muñequeras y tobilleras deberán usarlas cuando estén en casa, así seguirán entrenando sin que su madre sospeche.
Los pequeños examinaron su nueva vestimenta, no era muy cómoda pero les lucía bastante bien. Ambos se sonrieron cómplices de sus pensamientos.
—A partir de hoy. —Continuó el de Plata. —Iniciaremos una rutina de entrenamiento muy meticulosa. Les explicaré el itinerario. Pongan atención que no lo volveré a repetir.
Los gemelos volvieron a adoptar su posición militar.
—Desde las 4 haremos los que ahora serán sus "ejercicios matutinos". Va a ser difícil y no quiero quejas. —Los miró intimidante. —A las 7 los regresaré a casa para evitar ser descubiertos. Pueden hacer lo que sea su voluntad de ahí hasta 10 que es cuando pasaré por ustedes para llevarlos de "paseo". Entonces, estudiaremos.
—¿Estudiaremos?
—Así es. En principio, les enseñaré el alfabeto griego y su romanización para que puedan leer y escribir. Algo de historia, mitología, entre otras cosas.
Darius rió al ver la cara del menor de los gemelos.
—Los Santos deben ser tan cultos como poderosos… A las 12 tomaran una siesta de una hora.
—¿Siesta? ¿Cómo los bebés? —Se quejó Saga.
—Descansar también es esencial en un entrenamiento. Y después de unos días darán gracias a Zeus por esa hora de descanso.
Los niños pusieron cara de pánico.
—Tomaremos nuestros alimentos después de la siesta. Y de ahí hasta las 5 entrenaremos principalmente resistencia física, y algo de defensa personal. Luego regresaremos a casa, donde nuevamente pueden usar su tiempo como gusten pero los quiero bañados y en la cama a las 8… Algo que decir. —Incitó al ver la cara de contrariedad de los niños.
—¿Y cuándo aprenderemos a pelear? —Dijo Kanon.
—¿Para qué quieres saber eso?, si con esos cuerpos tan enclenques no durarían ni un segundo frente a un oponente. Lo principal ahora es hacerlos fuertes, para lo demás ya habrá tiempo.
—¿Y el cosmo?
—Lo mismo, Saga. Recuerdas cómo estaba tu hermano de cansado ayer, y todo lo que tardó en recuperarse. Necesito fortalecerlos para que eso no pase.
Los dos torcieron la boca en desacuerdo pero ninguno dijo nada más.
—Pues si eso es todo comencemos. Empezaran a trotar por la orilla del mar a lo largo de toda la playa, y no pararan hasta que lo ordene. ¡Vamos qué esperan! —Subió el tono de voz.
.c-o-c-o-c-o.
Saga sentía que sus piernas no podían dar ni un paso más. Miró a Kanon a su lado que parecía estar en las mismas condiciones, su marcha era lenta y torpe como la suya; y eso lo distrajo lo suficiente como para no ver la enorme roca con la que tropezó, cayendo inevitablemente.
—¡Buaaaaahhh!
El menor de los gemelos paró en seco al escuchar a su hermano, no supo qué hacer sino hasta que notó que Darius tomaba a Saga en brazos. Entonces corrió hacia donde el mayor depositaba a su par en la arena para revisarlo.
—Bien, déjame ver ese brazo.
—No. Nooo… ¡Dueleeeeee! ¡Buaaaaaahhh!
—Saga, sino me dejas revisarte no puedo ayudarte.
—¡Nooo, no quieroooo!
—Bien, suficiente.
Das levantó a Saga con cuidado de no lastimarlo más, y le asestó dos nalgadas antes de regresarlo a su asiento sobre la arena.
Saga se quedó mudo de la impresión. Le había dolido hasta el alma y sentía sus lágrimas saliendo a toda prisa por sus ojos. Pero a la vez no lograba asimilar lo que acaba de pasar.
El de Plata aprovechó el estado del niño para examinar su brazo.
—¡Aay! —Se quejó el gemelo mayor saliendo de su trance.
—Quiero que escuchen los dos con atención. —Dijo serio mientras transmitía un poco de cosmo a la herida. —Tal vez no les quedo claro, pero a partir de hoy son aprendices a Santos de Athena. No voy a tolerar que hagan tal drama, ni que interrumpan el entrenamiento por estas insignificancias. Las cosas se tornarán cada vez más duras y deberán estar dispuestos a afrontarlas. —Fijo su vista en Saga. —Si vas a seguir llorando esto se termina aquí y ahora. —Se levantó y cruzó de brazos. —Esto no es un juego, la mayoría de las cosas no van a ser agradables. Quiero que me digan de una vez si van a tomar esto en serio o lo olvidamos y nos vamos a casa.
Kanon miró a su hermano y luego a su maestro. Apretó los puños y dio la vuelta para continuar justo donde se había quedado.
Saga se levantó, frotó fuertemente sus ojos para secar sus lágrimas, le dedicó una tímida mirada a Darius y sin decir más, corrió para reunirse con su gemelo.
—¿Estás… bien?
—Sí.
—¿Todavía… te duele?
—Sólo el orgullo… Darius curó mi brazo...
—Jajajaja… sabía que el orgullo era ese algo que está en el trasero.
Saga rodó los ojos como toda contestación.
.c-o-c-o-c-o.
Las 12 del día, el momento perfecto para estar en la playa. Nada como una siesta en la sombra de una palmera con el arrullo de las olas golpeando la orilla. Excepto para dos aprendices a Santo. Habían pasado tres meses, sin duda la intensidad de los entrenamientos iba en aumento, pero sin importar lo cansados que pudieran estar, odiaban la hora de la siesta, simplemente los hacía sentir como bebés.
—Duérmanse de una vez, no quiero que estén cansados en la fiesta que les prepara su mamá.
—Pero no estamos cansados.
—Ni un poquito.
—Solo hoy.
—Que sea el regalo de cumpleaños de Saga.
—¿De Saga?
—Sí, porque yo quiero pedirte algo más.
—¿Y qué podría ser?
—Enséñanos a pelear, aunque sea enséñanos una técnica sencilla.
—Ya no somos en-clenques.
—Por favor, Das.
El Santo lo meditó por un momento. Intentaba no ver directamente a esos dos pares de ojitos suplicantes. Realmente era difícil negarse a esas caritas infantiles.
—Les propongo algo. Por hoy pueden saltarse la hora de la siesta, y en su lugar iremos a un lugar muy especial que les aseguro les gustará.
—¿A dónde?
—Mmm… creo que dejaré que sea una sorpresa, ¿qué dicen?
—Prometes que será especial.
—-¿Mejor que enseñarnos a pelear?
—Se los aseguro.
.c-o-c-o-c-o.
—¡Woow!
—¿Dónde estamos?
—Éste mis niños, es el coliseo. Algunos Santos traen aquí a sus aprendices a entrenar, pero sobretodo es el lugar donde grandes hombres han luchado por su armadura y por su honor. No hay lugar que haya sido testigo del ascenso de tantos guerreros legendarios como este sitio.
Los gemelos estaban atónitos, todo era increíble. Para donde voltearan aprendices eran puestos a prueba por sus maestros, demostraciones del poder del cosmo, de resistencia física, de fuerza, de valor. De pronto toda su atención fue captada por un espectáculo aún mejor: al parecer una batalla se estaba llevando a cabo. Sus pasos los guiaron casi instintivamente al tumulto que se había formado alrededor.
Los contendientes no tendrían más de 10 años y luchaban ferozmente. Sus cuerpos estaban maltrechos y sangre y lodo se mezclaban como si fuesen una sola en sus cuerpos. A veces era difícil seguir el ritmo de la pelea a causa de la velocidad, que hacía parecer que desaparecían de tanto en tanto. Sin embargo, las veces que eran visibles realizaban un perfecto baile coordinado de ataque y defensa. Ninguno de ellos se la dejaba fácil al otro. Estaban perfectamente conscientes de que cualquier error que cometieran podría llevar a su oponente a la victoria. Así que fue una verdadera pena cuando el más pequeño fue lanzado varios metros hasta prácticamente los pies de los espectadores; sólo para levantarse y ponerse en guardia nuevamente, sabiéndose en desventaja.
—Es verdad que Saga y tú ya no son tan enclenques, Kanon. —Habló Darius a su lado, retomando la atención de los gemelos. —Pero aún no es suficiente, no puedo enseñarles a pelear hasta que no sean capaces de recibir un ataque como ese y ponerse de pie nuevamente. Y para eso, aún les falta mucho.
Los pequeños hicieron una mueca y miraron al suelo.
—Están peleando como niñas. No, me retracto, ni las korees dan golpes tan débiles. ¡Más fuerza niños!
La voz parecía haber salido de la nada. Los aludidos se habían detenido y puesto en guardia, como esperando la orden de atacar. Mientras el resto de los presentes buscaban la fuente de aquella voz tan imponente.
Un halo dorado surgió de entre Darius y los gemelos, y de él apareció lo que parecía un Dios, ataviado en una vestimenta dorada. Entonces lo supieron, estaban frente a un Santo Dorado, su armadura era más hermosa de lo que jamás la hubieran podido soñar. Y además parecía vibrar produciendo un armonioso sonido, que por alguna razón, los llenaba de alegría.
Próximo capítulo: "—No lo hagan. Saga, Kanon, detenganse en este instante."
Hasta la proxima ^u^ saludos!
