By Annie-ly-chan

¡Hola!

Me he demorado un poco, pero sigo en pie con este proyecto, MUCHAS GRACIAS por el apoyo, en especial para los que la han agregado a sus alertas, pero también para los lectores anónimos que están por ahí. Espero siga siendo de tu agrado. ^u^

***Nota: Saga y Kanon así como cualquier otro personaje de Saint Seiya que aparezca aquí NO me pertenece. No hago nada con fines de lucro, mi objetivo es entretener a mis musas y nada más ^^u***


El santo los miró de reojo como si de un par de insectos se tratasen. Esos ojos eran impenetrables, pero algo les decía que no era buena idea encarar a un hombre que bien podría ser lo más cercano a un Dios. El reflejo de bajar la mirada hacia sus pies fue casi inmediato. No se percataron que no eran sólo sus miradas las que curioseaban ante tal acontecimiento.

—Si no ponen atención, se lo perderán. —Advirtió Darius, obteniendo así su atención nuevamente.

Los gemelos habían olvidado la pelea, que parecía seguir en pausa. Los contrincantes sólo estaban de pie frente al otro, al parecer, la presencia del dorado los había paralizado tanto como a ellos.

Entonces, el más joven de los aprendices asintió levemente, casi imperceptible; como si así consintiera a que la pelea continuase. Segundos después el intercambio de golpes había continuado, con la diferencia que parecía que renovadas energías inundaban sus cuerpos. Ninguno de los dos cedía, aunque era obvio que el mayor tenía la ventaja; sólo esperaba un descuido de su compañero para derrotarlo. El descuido llegó y el pequeño cayó al piso con tal fuerza que la tierra bajo él se hundió con un seco sonido. Sin embargo, no fue el final de la pelea; el menor se levantó con dificultad, escupió un poco de sangre, y su fúrica mirada buscó la del otro chico.

—¡No te detengas! Se supone que estamos peleando en serio. No necesito que me tengas consideración, maldita sea. —Dejó que su cosmo estallara junto con sus palabras. Inmediatamente un leve halo rojizo lo envolvió.

—Va a usar su cosmo. —Gritó Kanon emocionado.

—Zelig, Aetos. El entrenamiento terminó.

Todos los presentes se giraron en dirección al dorado, que se abría paso para colocarse entre sus alumnos.

—Señor Jared…

—No tiene caso que continúen… vayan a la fuente de Athena. Seguiremos mañana con el entrenamiento.

—No es necesario. —Dijo el menor, arrastrando las palabras.

—Es una orden Aetos.

La multitud empezó a disolverse entre susurros y comentarios. El espectáculo había terminado.

—No lo entiendo, Darius. ¿Por qué detuvo la pelea?

—Darius de Cefeo.

Los niños corrieron a resguardarse tras de Darius, al sentir la voz a sus espaldas.

—Jared de Géminis.

—Así que esos son tus aprendices… no son más que un par de críos… A ver tú, acércate. —Señaló a Kanon.

El gemelo menor cuestiono al de Plata con la mirada, pero este solo sonrió; por lo que accedió a atender la indicación del de Oro, no sin antes tomar la mano de su hermano para que lo acompañase.

—No recuerdo haberte dicho que también te acercaras.

—Es m-mi hermano. —Murmuró como si eso justificase todo.

—Así que hermanos, ¿y los hermanos tienen nombre?

—Yo soy Saga, él es Kanon.

—Interesante… sabes Kanon, creo haber escuchado que cuestionabas las órdenes que le di a mis discípulos.

—Yo… s-sólo quería… saber por qué… detuvo la pelea.

—Zelig ya había ganado.

—Pero el otro chico iba a usar su cosmo, él pudo…

—Crear un gran desastre de haberlo dejado continuar. Esos chiquillos son igualmente fuertes, su cosmo es increíblemente similar… ¿sabes cuál es la diferencia que señala al ganador?

Kanon negó tímidamente ante la gélida mirada del Santo.

—Control. —Susurró. —Cuando tus impulsos te dominan pones en riesgo a ti mismo y a los que te rodean… —Volteó a su alrededor, observando como su encuentro con los visitantes provocaba un nuevo interés. —Odio los mirones qué tal si nos vamos a un lugar más tranquilo.

—Hoy es su cumpleaños, les prometí algo especial. —Habló Darius.

—Así que los protege el signo de los Dioscuros.

—¿Los Dioscuros?

—¿Qué es eso?

—¿Darius no les ha contado sobre su signo guardián?

Los niños negaron con la cabeza.

—Muy bien, en ese caso.

El de Géminis hizo un ademán con la mano y a su lado apareció lo que parecía un túnel.

—¡Wow!

—Adelante, después de ustedes.

Nuevamente preguntaron por la confirmación de su maestro antes de dar un paso en el interior de aquel portal, cuya entrada desapareció en cuanto el Santo Dorado se unió con ellos.

Los gemelos miraban a todas direcciones. Al parecer se encontraban en medio de la nada. Solo una inmensa oscuridad, en donde la única fuente de luz era la armadura de Jared.

—¿Qué es esto?

—Es uno de mis sitios favoritos. Los guardianes de géminis tenemos facilidad en el manejo de portales a otros mundos. Este mundo me sirve para estudiar las estrellas.

Como si sus palabras las hubiesen invocado, todo el rededor se llenó miles y miles de galaxias.

—Qué hermoso.

—Sí.

—¿Saben qué es una constelación?

—Son las que protegen a los Santos.

—Y les otorgan su poder para que se una con sus propios cosmos.

—Jajaja, sí, sí, es verdad. Aunque buscaba una respuesta más simple. Una constelación es un conjunto de estrellas que nos cuenta historias. Historias sobre héroes o hazañas valerosas. Como bien dijeron cada Santo que existe en la orden de Athena, tiene una constelación que lo protege. Pero de las 88, hay 12 constelaciones que forman lo que se conoce como el Zodiaco, y su importancia es colosal con respecto de las otras, porque se encargarán de dar una protección extra a cada Santo nacido bajo su signo, que lo amerite; y sus elegidos serán los más poderosos de toda la élite.

—Habla de los Santos Dorados.

—Así es. Yo soy el Santo de Géminis. Ésta es mi constelación guardiana. —Dio un par de pasos hacia el frente señalando un grupo de estrellas. —Y al nacer en este día, también es la suya.

—¿Géminis nos protege?

—Sin duda.

—Pero aún no sabemos si lograremos convertirnos en Santos…

—¿Lo dudan?

—Darius dice que no todos los aprendices se convierten en Santos…

—¿Y qué les dice su corazón? —Los niños sólo intercambiaron miradas. —Párense uno frente al otro. Cierren sus ojos. Bien, ahora extiendan sus manos.

Los gemelos obedecieron las órdenes del Dorado sin protestar. Sintieron un extraño calor en sus manos que los hizo fruncir el ceño, pero no se atrevieron a abrir los ojos sin la indicación para hacerlo.

—¿Qué perciben? Pongan atención con todos sus sentidos. Dejen que el corazón les hable. —Los pequeños sonrieron al mismo tiempo. —¿La escuchan? —Ambos asintieron. —Abran los ojos.

Los dos obedecieron. En sus manitas se encontraba, rodeado de un halo de energía, el casco de la Cloth de Géminis.

—Pero si es…

—Las Cloths tienen su propia energía. Y su propia alma. Lo que escucharon, fue a ella hablando a sus corazones… Entonces, ¿ustedes creen que lograran convertirse en Santos de Athena?

—Ella dijo, que todo estaría bien… —Comenzó Saga.

—Sí, y seremos los mejores. —Interrumpió Kanon emocionado.

—Parece que son dignos herederos de los Dioscuros.

—¿Nos podría contar sobre los Dioscuros?

—Supongo que soy el más indicado, como el descendiente de Cástor… —Se aclaró la garganta y echó un vistazo a los niños antes de continuar. —Hace mucho tiempo, existieron unos hermanos gemelos llamados Cástor y Polideuco, el primero era amable, intrépido, y carismático, el segundo vigoroso, fuerte, temido, ambos respetados por la gente; aunque por encima de esto, Polideuco tenía un don mayor, había sido elegido por Zeus para ser inmortal. Los hermanos eran muy diferentes entre ellos, sin embargo ambos se tenían un inmenso amor que los hacía tan unidos que se decía eran una sola alma en dos cuerpos. Su amor podía romper cualquier barrera y derrotar cualquier enemigo. Pero entonces, algo terrible sucedió, en un enfrentamiento Cástor fue gravemente herido y murió. Polideuco estaba destrozado y fue a rogarle a Zeus por la vida de su hermano, incluso si eso significara dar su propia vida e inmortalidad para traerlo de vuelta del Hades. Zeus no quería que su elegido muriera, así que decidió que los gemelos se turnarían la inmortalidad, desde entonces se les llama Dioscuros; y para que siempre estuvieran juntos, Zeus los elevo al cielo y formó la constelación de Géminis.

—¿Y usted es descendiente de Cástor?

—Bueno, todos los elegidos para portar a Géminis somos descendentes de los Dioscuros.

—¿Pero eso no lo haría descendiente de Polideuco?

Jared les sonrió.

—Al final no importa, recuerden que era la misma alma.

—Niños odio interrumpir, pero será mejor que nos vayamos. Su madre ya debe estarnos esperando.

—¿Tan pronto? —Protestó Kanon.

—Darius, antes de que te vayas necesito hablar contigo un momento.

—Por supuesto. Niños no se muevan de ahí. No tardaré.

Las estrellas y la oscuridad comenzaron a desvanecerse en su alrededor, para ser remplazadas rápidamente por la luz y el calor del Coliseo. Los gemelos miraban a su alrededor como si despertasen de un sueño. Una parte de ellos no estaba segura si en realidad sólo se había tratado de eso.

—Hey, ¿qué hacen un par de bebés en este lugar? No saben que está prohibido para los habitantes de Rodorio poner un pie aquí sin permiso del Pontífice.

La voz provenía de un chico que lidereaba un grupo de aprendices, era infantil pero arrogante al mismo tiempo.

—¿Bebés?

—¿Rodorio?

—Para su fortuna, los dejaré ir, pero váyanse antes de que otro Santo con peor carácter los encuentre.

—No somos ningunos bebés. —Espetó Saga.

—Somos aprendices y nuestro maestro nos ha pedido que le esperemos en este lugar. —Completó Kanon.

Todos los presentes comenzaron a reír ante las palabras y seriedad de los pequeños.

—Así que aprendices, pero si no son más que bebés.

Saga frunció más el ceño como toda respuesta.

—Si lo que dicen es cierto, enanos, ¿por qué no los había visto aquí antes?

—No entrenamos aquí.

—Estamos de visita.

—Con que entrenan en un lugar especial, eh. ¿Y quién es su maestro, entonces?

—Darius de Cefeo. —Dijeron al unísono.

—¿Da-Darius de Cefeo?

—Eso no es posible, el Santo de Cefeo nunca ha aceptado aprendices. —Murmuró otro de los chicos que conformaban aquel particular grupo.

—Eso es porque es el Santo de Plata más poderoso.

—Se dice que su poder es comparable con el de los Santos de Oro.

—Creo que no mienten, Cyril. Me pareció verlos hace un rato acompañados también del Santo de Géminis.

—Ya, ya. —Acalló los murmullos que se hacían cada vez mayores. —Bien, supongamos un segundo que creo que dos bebés como ustedes están bajo la tutela del Señor Darius. Si eso es cierto, deben tener un cosmo que valga la pena. Así que probarlo no debería ser problema.

—¿Probarlo?

—¿Cómo?

—Jaja, me encantan estos niños. —Dijo acercándose al gemelo mayor y revolviendo sus cabellos. Éste sólo pudo dar manotazos para alejarlo. —Pues con un combate, por supuesto. Yanni encárgate.

—¿Q-qué? ¿Yo?

—Vamos, no te asustan los niñatos, ¿o sí?

—No es eso… es que… no quiero hacerles daño…

—Son aprendices, ¿no? —Los miró con picardía. Ninguno de los dos se movía —Ellos podrán arreglárselas con una peleíta amistosa, además dejaremos que peleen dos contra uno.

Yanni suspiró pesadamente y se puso en guardia. Los gemelos nerviosos lo imitaron, no estaban seguros de qué debían hacer o en qué se habían metido, pero era seguro que ya no podían dar marcha atrás.

Al ver que los pequeños no comenzarían el ataque, el mayor se decidió a ser el primero en lanzar un golpe. Kanon lo bloqueó cómo pudo con sus brazos, fue un mero instinto, pero lo suficientemente efectivo para darle la oportunidad a su hermano de intentar asestar un puñetazo. Lamentablemente sólo quedó en el intento, Yanni lo esquivó con facilidad y le propinó uno justo en la boca del estómago que lo dejó sin aire, para luego mandarlo a volar un par de metros de una patada. En un instante, el experimentado aprendiz se colocó a un lado del gemelo menor, tomándolo desprevenido cuando una nueva embestida lo envió al suelo junto con su igual.

Saga se levantó respirando con dificultad, mientras Kanon lo imitaba sintiendo algo de nauseas por el metálico sabor que la sangre provocaba en su boca. Intercambiaron miradas antes de que el gemelo mayor se adelantará, era descabellado pero podría funcionar, sólo necesitaba darle tiempo a Kanon para concentrar su cosmo.

Esta vez fue Saga el que comenzó el asalto, Yanni no parecía tener problemas, estaba a punto de arremeter contra el chiquillo pero notó el creciente cosmo del otro gemelo y eso no podía ser buena señal.

—No lo hagan. Saga, Kanon, deténganse en este instante.

Darius había aparecido en medio del campo de batalla. Se acercó a Saga y lo tomó del brazo.

Jared estaba justamente detrás de Kanon, lo había tomado del hombro y el susto había sido tal que su concentración se había marchado con su cosmo.

—Será mejor que se vayan a continuar con sus entrenamientos, apuesto que a sus maestros no les agradará que anden haraganeando. —El Santo Dorado se dirigió al grupo de aprendices que los miraban con cierto recelo. —También tú Yanni, gracias por la lección a los nuevos aprendices. Ahora largo, todos.

—Debemos irnos. —Dijo Das serio mirando detenidamente a Kanon, tenía el labio roto y la mejilla un tanto hinchada. —Por Athena, su madre va a matarme.

Los gemelos bajaron la mirada avergonzados, y Jared soltó un bufido al no poder aguantar más la risa.


Próximo capítulo: "—Se acabó Darius. No más paseos, ni entrenamientos, ni lo que sea que hagas con ellos. Saga y Kanon irán a la escuela y serán unos niños normales."

Saludos, nos vemos en la próxima. ^^