Mi querida Caro espero estes contenta con la historia y que sea de tu agrado. n.n
Capitulo 2
La joven sirena regreso al palacio muy asustada, su corazón aun latía a gran velocidad. Estaba feliz, no lo negaba era la primera vez que una sirena se encontraba tan cerca de un humano. Pero aun así se preguntaba si el había llegado a verla…
Trato de volver a conciliar el sueño, pero le resulto imposible tenía la imagen del rostro de aquel apuesto muchacho grabada en su cabeza. Le había salvado la vida, se sentía muy feliz por ello, pero algo hizo que su corazón se entristeciera. El muchacho era un humano y ella una sirena, sus mundos eran totalmente distintos y de esa forma nunca podrían estar juntos.
- ¿existirá alguna forma de volverlo a ver?- se preguntó a si misma sin dejar de pensar en aquel príncipe.
En las profundidades del mar, el temible Naraku observaba victorioso desde su escondite como aquel buque había sido hundido. Inmediatamente mando a sus anguilas sirvientes a buscar su codiciado premio.
Una vez rodeado de los valiosos objetos se sintió perversamente a gusto. Solo una cosa podría hacerlo completamente feliz. Conseguir el amor de la más hermosa de las hijas del rey, Kikyo.
La observaba día y noche por medio de un gran espejo que le permitía observar lo que deseara, ese espejo funcionaba fundiendo el oro y vertiéndolo sobre este. Por eso para mantener el control de todo lo que ocurría en el océano, necesitaba tan valioso material.
Sabía muy bien cuanto le gustaba a aquella joven salir a la superficie y observar a los humanos. Así como también recolectar objetos de esos y averiguar su uso.
Era tan hermosa, libre y vivaz que solo le bastaba con verla para sentirse feliz. Pero un evento bastante desagradable para el había ocurrido hacia apenas unos instantes.
El temible monstruo pudo observar como aquel joven y apuesto príncipe fue salvado por su hermosa y amada sirena. Los celos lo invadían, ¿cómo se había atrevido ella, una sirena, a establecer contacto con un humano? ¿Porque deseaba tanto aprender sobre ellos?
Le aterraba la sola idea de que su preciosa sirena se hubiese enamorado de aquel muchacho. La duda lo torturaba, por lo que se dispuso a averiguarlo…
El reino al cual el príncipe Inuyasha pertenecía, había quedado consternado por la catástrofe ocurrida aquella mañana. Principalmente porque no lo encontraban entre los sobrevivientes del hundimiento del navío.
El rey se encontraba muy preocupado, su único hijo estaba desaparecido. Todos los habitantes del reino habían salido en su búsqueda. Luego de varias horas buscando en la orilla, vieron una silueta acercarse.
Caminaba con dificultad y estaba terriblemente desorientado, ya cuando la distancia se hizo mas corta pudieron reconocerlo, era el príncipe quien estaba terriblemente golpeado.
- ¡Hijo mío!- exclamo el rey acercándose a gran velocidad al muchacho para ayudarlo a caminar.
-¿Padre?, ¿Dónde estoy?
- En las afueras del reino, ¿Cómo llegaste hasta aquí?
- Ella… ella me salvo la vida, una muchacha que estaba conmigo en la orilla.
- Pero hijo eso es imposible, nadie llega hasta esta parte de la playa. Quizás lo hayas imaginado…
- No padre, estoy seguro de que ella era real, me canto para despertarme la oí…
- Esta bien hijo, ahora regresemos al palacio…
-No tengo que encontrarla, quizás ella también estaba perdida…- dijo mientras se soltaba de su padre para regresar a la playa a buscar a aquella joven.
- Hijo detente, no te preocupes por ella, enviaremos gente a buscarla.
- De acuerdo, pero tienen que encontrarla, le debo mi vida.
- La buscaremos hijo, tranquilízate…
El rey designo a un grupo de personas a buscar a la misteriosa salvadora del príncipe. La buscaron hasta caída la noche pero no encontraron ningún rastro de esta, a decir verdad ni siquiera sabían como era y mucho menos si era real.
Regresaron al palacio sin noticias de la joven misteriosa, para tristeza del príncipe. El estaba seguro de que había alguien con el, no la había inventado era real. Se dispuso que iba a encontrarla sin importar lo mucho que le costase.
Kikyo se encontraba en las afueras del reino observándolo pacíficamente a la distancia, ya era de noche y debía regresar al palacio, pero aun no deseaba hacerlo. Todavía estaba pesando en lo que había ocurrido aquella mañana, aquellos sucesos la habían inquietado bastante.
Una extraña sensación la invadía, se sentía observada, no estaba del todo segura. Pero pronto descubrió que no estaba equivocada.
Una gran nube de tinta se produjo cerca de donde esta se encontraba y dentro de esta Naraku hizo su entrada.
- Hola Kikyo, ¿como te encuentras hoy?- la saludo con un tinte malvado en su voz.
- Naraku, ¿que haces aquí?, sabes perfectamente que has sido exiliado por mi padre del reino y que no puedes regresar…
- Ah, si el exilio. Se vive mejor de lo que crees…
- ¿Por qué hundiste la embarcación esta mañana?
- Ah, con que notaste que había sido obra mía, eres una joven astuta…
- ¿Por qué lo hiciste?, ¿tienes idea de a cuantas personas les quitaste la vida?
- Me importa poco, el contenido de ese navío era lo que me interesaba…
- ¿Hasta donde llegaras con tu avaricia?
- No lo se, ¿hasta donde llegarías tu con tu curiosidad por los humanos?
Esta ultima pregunta dejo a la joven completamente desconcertada, ¿Cómo sabia eso acerca de ella? ¿Acaso la había estado observando todo este tiempo?
- ¿Cómo sabes eso?- preguntó desconfiada.
- Mi querida Kikyo… - le dijo mientras corría su cabello apartándolo de su rostro.- Yo se absolutamente todo de ti, y sabes perfectamente cual es mi deseo…
- Nunca vamos a estar juntos... – sentencio ella con un tono seco.
- ¿Estas segura?, podrías tener una lujosa y buena vida a mi lado…
-No me interesa ya te lo dije… - le respondió ya molesta alejándose de el.
- Entonces, ¿qué es lo que deseas?, ¿acaso deseas convertirte en humana para volver a ver a ese joven que salvaste en la mañana?
El rostro de la sirena volvió a cambiar a una expresión de sorpresa mezclada con algo de miedo.
-Tú no podrías hacer algo así…
-Claro que puedo, solo pídemelo y te daré piernas humanas…
- ¿Que quieres a cambio?
- ¿Tengo que pedirte algo a cambio?- respondió riendo en un tono burlón.
- Dudo que me hagas un favor por nada Naraku, tu reputación te condena…
- Pues tienes razón, pero ¿sabes que? Simplemente voy a dejar que te equivoques. Desear ser humana no es más que un error Kikyo. Su vida es más cruel y ruin de lo que imaginas. Pero para probarte que estas errada en tus pensamientos, te lo concederé con una sola condición…
- ¿Qué condición?
- Te gusta aquel muchacho ¿verdad? Si consigues que el te ame pura y sinceramente dejaré que conserves tus piernas, sino lo hace, tomaré tu alma y estarás condenada a vivir el resto de tu vida conmigo.
Ella no estaba del todo segura de cerrar el trato, ¿acaso aquel joven seria capaz de amarla? No estaba del todo segura, pero si deseaba el amor de aquel muchacho, eso no lo negaba. Pero su deseo por volverlo a ver fue más fuerte que sus dudas sobre si sería capaz de enamorarlo.
- Acepto el trato.
- Espera, aun no termine de decirte las cláusulas… Para empezar no puedes decirle que fuiste su rescatadora o pierdes inmediatamente tus piernas, tampoco puede oírte cantar. Además tienes que lograr que se enamore de ti en menos de una semana…
-¿Solo una semana?, eso no es justo no es tiempo suficiente para que alguien se enamore…
-Nunca dije que mis tratos fuesen justos. ¿Qué me dices ahora? ¿Aceptas o no?
Luego de pensarlo nuevamente, Kikyo estaba segura de que lo lograría. No necesitaba decirle que fue su salvadora para que el la amase, ¿o si?
- Acepto – dijo firmemente estrechando la mano del monstruo.
En ese instante la joven sintió como si le estuviesen inyectando veneno, su cuerpo se estremecía por el dolor causado por este. Naraku tenia un pequeño frasco consigo, en ese apretón de manos logro quitarle algo de sangre a la sirena, la cual guardo en aquel objeto para formalizar el trato.
Una luz blanca comenzó a destellar desde la cola de la sirena, ella sintió como se dividía en dos largas y blancas piernas. La luz cesó, dejando al descubierto sus nuevas extremidades. No podía creerlo al fin era una humana como tanto había deseado.
Pero lo que Kikyo y Naraku no sabían, era que su secreto acuerdo había sido observado por la pequeña hermana de la sirena. Kaede se encontraba terriblemente asustada, su hermana era una humana ahora.
Una vez convertida en humana, el monstruo desapareció y la joven nado hasta la superficie, ya que ahora no podía respirar bajo el agua. La pequeña sirena la siguió hasta alli.
- Hermana, ¿Qué fue lo que hiciste?
- Kaede tu… ¿nos viste?
- ¿Por qué hiciste esto hermana?
- Kaede sabes que siempre fue mis más grande deseo…
- Pero… ¿ya no volveré a verte nunca?
- Por supuesto que si nos veremos de nuevo, tu tranquila- le dijo mientras acariciaba su rostro.- Escucha Kaede tienes que prometerme que no le diras una sola palabra a nuestro padre, ¿oiste?
- ¿Estas segura?
- Estoy segura…
- Esta bien, te prometo que no diré nada.
Luego de que su hermana lo prometiera se despidieron, la joven sirena nado hasta la orilla, esperando llegar lo más pronto posible. Pero no tenia idea de lo agotador que resultaba nadar para los humanos. solo por ese instante deseo tener nuevamente su cola.
Ya cuando se estaba acercando a la orilla se quedo sin fuerzas. Allí quedo tendida sobre la arena de la playa completamente desmayada y desnuda las olas del mar la empujaban constantemente, quizás alguien la encontraría e iría a su rescate…
