Bueno mi idea era subirlo hasta el final, pero cierta señorita no posee mucha paciencia y como es a la cual va dedicada la historia, le doy el gusto e.e, solo porque soy extremadamente buena (?

Gracias a todos por leer!


Capitulo 3

La habían buscado por horas, sin embargo no había rastros de la salvadora del joven príncipe. El joven Inuyasha estaba desesperado, debía encontrarla sin importarle como. Cuando recupero su conciencia, decidió aquella mañana acercarse a la orilla. Tal vez al regresar al lugar en donde ella lo había dejado, encontraría alguna pista para encontrarla.

Camino sin rumbo hasta las afueras del puerto, un lugar poco frecuentado por los habitantes del pueblo. Allí se quedó mirando el mar, aquel gigantesco monstruo que por poco le quita la vida.

Su mente divagaba cuando sus pies sintieron algo en la arena, se recargo para recoger aquel objeto. Era un peculiar collar, al parecer echo con corales rosados, no parecía de la clase de joyería habitual que usaría una mujer, lo observo detenidamente sin duda era de aquella chica que lo había rescatado, lo guardo en su bolsillo y siguió con su caminata.

En ese instante levanto su vista hacia delante, pudo divisar una sombra a lo lejos. No podía saber exactamente q era, pero sin duda era algo que había arrastrado la marea. Dio unos pasos en aquella dirección, al acercarse comprobó que era una persona, mas precisamente una mujer.

A gran velocidad se acerco hasta esta, se encontraba desnuda e inconsciente. Se quitó su camisa para cubrirla y la envolvió con esta. La tomo entre sus brazos y pudo observar que era una joven de mas o menos su misma edad, era realmente preciosa, su belleza lo cautivo inmediatamente cual canto de sirena.

- ¿Será posible que sea ella?- Se preguntó al verla tan cerca del lugar donde lo habían encontrado. Era imposible no cuestionarse si había sido quien le había salvado la vida.

Inmediatamente la cargo aun desmayada entre sus brazos, dispuesto a llevarla al palacio. Quizás solo era otra victima del hundimiento del buque.


- ¿Dónde esta mi hijo?- pregunto el rey angustiado cuando se le informo que había abandonado el palacio en la mañana.

- Nos dijo que iría a caminar por la orilla…- respondió uno de los sirvientes.

Pero ya era entrado el mediodía y no había noticias del joven. El rey se dirigió al balcón que daba hacia la entrada del palacio, esperando ver desde allí cuando su hijo regresase. Y luego de unas horas de incertidumbre lo vio entrar, ¿Qué era lo que traía en brazos?, o mejor dicho ¿Quién era?

Al verlo pasar por la entrada, el rey se dirigió hasta allí para preguntarle a su hijo quien era la jovencita que traía entre sus brazos.

- Hijo mío… ¿Qué…

- La encontré en la orilla, creo que es la mujer que me salvo la vida.

- ¿Estas seguro?

- Aun no pero le preguntare cuando despierte…

Y sin decir una palabra se adentró en el palacio, ordenó a sus sirvientes prepararle una habitación a aquella muchacha. Una vez allí la recostó sobre la cama y se sentó a su lado esperando que despierte. Sin lugar a duda tenia que saber quien era y de donde venia.

Pasaron un par de horas en las que pudo apreciarla dormir pacíficamente, realmente era una joven muy hermosa, sus facciones estaban bien marcadas y tenia un largo cabello negro. La joven entrecerró sus ojos y comenzó a moverse, el la observaba intrigado, necesitaba hablar con ella.

La muchacha abrió los ojos e inmediatamente lanzó un grito desgarrador que pudo oírse en todo el palacio, se cubrió su cuerpo semi desnudo con las sabanas de la cama y se arrinconó en una esquina de esta.

- Tra… tranquila no voy a hacerte daño- exclamó el joven al verla terriblemente asustada.

- "…"- ella no respondió simplemente se quedo observándolo, hasta que se tranquilizo y se sintió inmensamente feliz al ver quien era la persona que la había llevado hasta aquel lugar.

- Te encontré en la orilla y estabas desmayada por eso te traje hasta aquí…- se explico el para que no creyese que era un depravado, solo hasta entonces descubrió en la incomoda situación en la q se puso con ella.

- Ya veo…- respondió algo mas calmada, le sorprendió escuchar lo aguda q era su voz fuera del agua

- Dime… ¿Cuál es tu nombre?

- Kikyo…. - respondió con timidez

- Es un hermoso nombre…- pensó para si – Muy bien Kikyo, ¿tienes idea de cómo llegaste hasta la orilla?

- Si claro nade a la superficie desde mi ciudad subterránea luego de desear tener piernas humanas- se dijo a si misma antes de responder- No, no lo sé. Aun no me ha dicho su nombre…

- Claro, lo había olvidado, es Inuyasha y puedes llamarme así si lo deseas…

- Pues claro, ¿De que otra forma te llamaría?- pensó sin saber que aquel joven era un principe.


- ¿Como que Kikyo esta desaparecida?- cuestionó el rey cuando llego a sus oídos la noticia de que su hija no aparecía. – Búsquenla inmediatamente, no descansen hasta encontrarla- ordenó a sus guardias con furia.

Kaede observo la situación a la distancia, ella sabia que debía decirle a su padre, pero le prometió a su hermana no decir una palabra. El rey había designado a un grupo de guardias para rastrear toda la ciudad si era necesario, tenia que encontrar a su hija.

Un extraño presentimiento acechaba al rey, sabía que su hija era muy hermosa y por lo tanto varios hombres la deseaban. Pero en especial alguien a quien ya se había encargado de mantener lejos de su hija enviándolo al exilio. Algo le decía que solo allí encontraría una respuesta del paradero de su hija.

Se dirigió hacia las afueras del reino, a un lugar muy alejado donde solo se hallaban restos de navíos hundidos y demás esqueletos de animales marinos. En ese inhóspito rincón del mar habitaba el temible Naraku, el ser mas despreciable en el reino. Había sido exiliado hacia años de este luego de practicar extraños maleficios sobre las doncellas del lugar.

- Oh ¿a que debo semejante visita real?- pregunto sorprendido el octópodo

- Sabes que no estaría aquí por propia voluntad… - respondió con desprecio,- Quiero saber donde esta mi hija…

- Ah, la bella Kikyo…. Oí que desapareció, que lastima…

- ¿Qué sabes sobre ella maldito?- le grito tomándolo del cuello,- Dime ahora mismo donde se encuentra….

- Tranquilo… ¿estas seguro de que quieres saber donde esta?, bien déjame mostrarte…

Acto seguido vertió oro fundido sobre una especie de pileta, en ella comenzó a visualizarse una imagen. El rey horrorizado vio a su hija, caminando por un jardín alegremente con piernas humanas acompañada por el joven príncipe.

- ¿Como?... ¿Qué le hiciste maldito?

- Yo solo le ofrecí lo que ella deseaba…. Y ella accedió gustosa al trato que hicimos.

- ¿Trato? ¿Qué trato le ofreciste?

- Ella tiene que enamorar a ese joven en menos de una semana… o su alma me pertenecerá y estará obligada a vivir conmigo aquí en el exilio…

-Maldito, la engañaste…

- No me culpes a mí, tu hija accedió mas que satisfecha. Y no la engañe ella es consiente a lo que se enfrenta. Además nuestro pacto esta sellado con su sangre…. Y ni siquiera tu el poderoso Poseidón puede romperlo...- le dijo mostrándole el pequeño frasco en el que guardaba la sangre de la joven sirena. El rey solo pudo observar aquel objeto con sorpresa y algo de angustia.

- Solo me queda confiar en ella… -Y sin emitir respuesta, el rey se retiro del lugar.

Ya que como bien le había dicho aquel despreciable ser, el pacto de sangre que habían realizado no podía romperse, ni siquiera el podría, aún con sus grandes poderes.


Luego de aclarar la situación anterior, el príncipe le brindo a la muchacha misteriosa algo de ropa para que pudiese vestirse, aun le intrigaba mucho su origen. La invito a dar un paseo por los jardines del palacio, a la cual ella accedió gustosa. Se sentía tranquila ya que si estaba con el en su palacio y empezaban a conocerse, tal vez llegara a enamorarlo. -¿Qué podría salir mal?- pensó para si.

- Y bien entonces dime, ¿Cómo llegaste hasta la bahia?...

- No lo se, no lo recuerdo…

- ¿Viajabas en el barco que tocaba puerto en el reino?

- No, no viajaba allí…

- ¿Entonces como llegaste?

- No lo se, ya le dije que no lo recuerdo…

- Perdida de memoria ¿eh?

- Eso creo….

- Oye, ¿tienes idea de que es esto?- le preguntó sacando el pequeño collar de coral color rosa que había encontrado en la mañana.

- El collar de mi madre…- pensó para si, e inmediatamente en una reacción inconsciente llevo su mano a su cuello. Sin duda se le había caído cuando lo había rescatado, pero recién en ese momento percató de ello.- Bueno parece un collar de coral…- respondió con naturalidad.

- Eres muy astuta...- dijo irónico- ...eso ya lo se. Pero quiero saber si sabes a quien le pertenece…

- No tengo idea…

- ¿Estas segura?- le preguntó desconfiado al notar su reacción inicial al verlo. – Estoy seguro de que pertenece a la mujer que me salvo del hundimiento del navío…

- Ya veo, ¿la estas buscando?

- Si, le debo mi vida a esa mujer- volteó a verla a los ojos- Dime…. ¿Fuiste tu aquella mujer?

Ella simplemente lo miró sorprendido, no sabia que decirle. Si contestaba que si el trato se rompía y volvía a ser una sirena. Pero si decía que no el seguiría buscando inútilmente a su rescatadora, a la cual tenía delante de sus ojos sin saberlo.

- No….- respondió finalmente.- No lo se, pero no lo creo… - sabia que con lo ultimo podría darle un sutil indicio de que si había sido ella, pero el no lo comprendió a tiempo.

- Que lastima, me hubiese gustado que fueses tú….- dijo algo melancólico.

- Si, es una lastima- respondió con tristeza al notar que el no descifró su mensaje oculto...


Bueno hasta aca te lo dejo porque soy super mala ewe Ahora pórtate bien y te subo hasta el final.