Lalalala me vas a odiar :D Te voy a hacer esperar para el final ewe.
Capitulo 4
Pasaron algunos días, para el príncipe ya se había vuelto una costumbre pasar todas las mañanas por el cuarto de Kikyo para acompañarla al comedor y desayunar juntos. El rey se sentía muy feliz, al parecer su hijo se había olvidado de su obsesionada búsqueda de su rescatadora y comenzaba a centrarse más en aquella jovencita que había aparecido en el palacio.
Al parecer Inuyasha estaba bastante interesado en aquella muchacha, pasaba el día entero en su compañía recorriendo el mercado del reino y mostrándole varios lugares. El rey estaba deseoso de que su hijo se casase pronto y al parecer había aparecido la mujer indicada para ello.
Y a decir verdad todos los habitantes del reino estaban entusiasmados con la llegada de aquella bella y misteriosa mujer. Era muy dulce y amable con todos, estaba lista para ser una princesa, aunque técnicamente ya lo era.
- No puede ser, aquel maldito si comienza a sentir algo por ella…- dijo –Naraku con desagrado observando por medio de su laguna de oro fundido en la cual proyectaba lo que desease ver. – No puedo permitirlo, no voy a rendirme tan fácilmente Kikyo… serás mía por las buenas o por las malas….
Llamo a una de sus anguilas y sobre ella realizó un conjuro, utilizando parte de la sangre de Kikyo. Creo a partir de ello una mujer muy similar a Kikyo, con ella los separaría y provocaría que la joven sirena no pudiese cumplir su trato. De esa forma se vería obligada a pertenecerle para toda la eternidad.
- Tu nombre será Kagome…y tu misión será enamorar a este hombre y separarlo de esta mujer…- le indico señalándolos en la imagen que se proyectaba en su fuente de oro liquido.
- Como usted ordene mi amo…- respondió la muchacha sin parecer del todo consiente de lo que decía.
Adorno a la joven con un femenino vestido blanco y la llevó hasta la superficie. Pero antes de dejarla cumplir su labor le agregó una nueva virtud, una melodiosa y bella voz de sirena.
- Solo cántale y el creerá que fuiste tu quien lo salvó…
Luego de eso se retiró dejando a la muchacha caminando por la bahía.
Un nuevo día comenzaba, el quinto desde que había sido convertida en humana. Kikyo se despertó alegremente, se vistió con un hermoso vestido color coral y esperó al príncipe que todas las mañanas pasaba a buscarla por su habitación. El no se hizo esperar, golpeó la puerta para indicarle que había llegado y la escolto hasta la sala.
Aquella tarde, Inuyasha tenía planeado un picnic en la playa. Ya estaba mas que convencido de que sentía algo por aquella joven, así que estaba dispuesto a pedirle que se quede a vivir con el en el palacio. Tal vez con suerte y con el tiempo, ella también se enamoraría de el y podrían casarse. Entonces notó que hacia ya varios días que no pensaba en la mujer que lo había salvado.
-Tal vez tenían razón y era solo mi imaginación…- pensó para si. O talvez si era ella, pero esta no recordaba que lo había salvado. – Después de todo ni siquiera recuerda como llegó a la bahía…- concluyó.
Tomaron una cesta cargada con comida, platos y demás para luego emprender la caminata que culminaría con el picnic. Como hacia ya varios días, el joven se encargó de enseñarle los mejores paisajes que el reino ofrecía, su intención era clara, quería impresionarla tanto para incitar en ella el deseo de permanecer para siempre en el reino.
- ¿Te agrada el reino?- preguntó tímidamente.
- Es precioso… - respondió ella alegremente.
- Te gustaría quedarte… digamos ¿para siempre?
- ¿A que te refieres? – preguntó ella sorprendida pero terriblemente emocionada.
- Quiero que te quedes en el reino a vivir, conmigo…
- Inuyasha tu…
- Yo… deseo que te quedes a mi lado-le susurró tomándola del rostro acercándolo al suyo.
- Yo también lo deseo…
La distancia entre ellos se hacia cada vez mas corta, podían sentir sus respiraciones rozar sus mejillas. Cuando sus labios estaban a punto de rozarse, una fuerte bocina de barco que arribaba al puerto se oyó a la distancia, arruinando el momento ya que ambos se exaltaron mucho al oírlo. Los jóvenes se encontraban terriblemente avergonzandos, el color de sus rostros daba fe de ello.
Para eludir el reciente suceso, comenzaron el picnic y se dispusieron a almorzar sin emitir palabra alguna. Kikyo estaba mas que emocionada, su mas grande deseo estaba a punto de hacerse realidad, solo bastaba con que el dijese las palabras mágicas… "te amo".
Luego de terminar el picnic se sentaron en la orilla a observar las olas del mar. El joven se sentía un poco inquieto, pero algo lo sacó de su mundo de pensamientos. Oyó una voz a la distancia, que era apenas audible, pero que estaba seguro era el canto de una mujer. Esa voz se le hacía mas que familiar, pero no quería abandonar a Kikyo allí, pero tampoco podía ir a investigar con ella a su lado.
- Espérame aquí..
- ¿A donde vas? – preguntó algo preocupada al notar un cambio repentino en su actitud.
- Necesito….necesito confirmar algo…tu solo espérame aquí ¿de acuerdo? Prometo que no me tardaré- le dijo sonriendo para calmar la impaciencia que avecinaba a su acompañante.
- Esta bien… aquí te espero- le dijo correspondiendo le la sonrisa. Pero algo dentro de ella le decía que no debía dejarlo ir.
Y así lo vio irse, poco a poco su imagen se perdía en la distancia. Trató de alejar cualquier pensamiento infeliz, los cuales la acechaban desde el mismísimo segundo en el que el decidió marcharse.
Allí lo espero, tal y como había prometido. Sentada en la arena en el mismo lugar en el que habían pasado gran parte de la tarde. El cielo se oscureció y el príncipe aun no daba señales de su regreso.
- ¿A donde te has ido mi querido príncipe?… mi amado Inuyasha… -susurró dejando escapar una lagrima que rodó por su mejilla para terminar en la arena.
El sol salía lentamente por el horizonte, iluminando con sus sutiles rayos todo a su alrededor. Un débil pero luminoso rayo iluminó el rostro de cierta joven que había pasado la noche durmiendo en la playa. Abrió pesadamente sus ojos para corroborar que seguía en aquel lugar y que no había ninguna señal de que Inuyasha hubiese ido a buscarla.
Tomó la cesta y guardó todo lo que había usado el día anterior, incluyendo el mantel que le sirvió de cama durante la noche. Luego se dispuso a regresar al palacio, ya que si no se sabía nada sobre el príncipe tenía que dar algún tipo de alerta.
Al llegar pudo notar que había un gran alboroto en la puerta del palacio, logró hacerse paso y entrar en este, los guardias ya la conocían por lo que no dudaron en dejarla pasar. Al entrar se encontró con el rey el cual la saludo amablemente.
- Finalmente celebraremos una boda aquí- dijo con alegría
- ¿Una boda?, ¿de quien su majestad?-preguntó extrañada
- De mi hijo claramente, ¿Qué aun no te lo ha dicho?
- No, aun no- respondió sorprendida sin entender del todo que ocurría, su corazón comenzó a palpitar rápidamente.
- Que esperas niña, ve a buscarlo… - la animó el rey.
Inmediatamente se dirigió al balcón en donde el hombre le había dicho que se encontraba. Esperaba encontrarlo a el, arrodillado listo para pedirle matrimonio, pero lo que vio le rompió completamente el corazón. El si se encontraba allí, pero no estaba solo… una muchacha lo acompañaba. La cual era sorprendente y sospechosamente parecida a ella.
El siguiente detalle del cual se percató la dejó atónita, aquella muchacha llevaba puesto el collar de su madre. -¿Cómo pudo entregárselo a ella?- se preguntó. Y se limitó a observarlos detrás de la columna.
- Cántame una vez mas… - le suplicó el joven a su acompañante.
Aquella intrusa comenzó a cantarle con una melodiosa voz de sirena, la cual Kikyo no tardó en reconocer, era su propia voz en el cuerpo de esa chica. Ahora entendía todo, eso no había sido una casualidad, estaba apunto de retirarse cuando alguien exclamo su nombre…
- ¡Kikyo!, espera… - le dijo Inuyasha tomándola del brazo.
- ¿Qué quieres? –le preguntó con un enorme pesar en sus ojos…
- La encontré Kikyo, ella era real. La mujer que me salvo del hundimiento…- le dijo emocionado – ven quiero que la conozcas…
- Pero si no fue ella quien te salvó, yo lo hice...- pensó para si -No de verdad preferiría que no….
- Vamos es solo un momento – le dijo tomándola del brazo y prácticamente arrastrándola hacia el balcón. Pero ella logró soltarse de su amarre y corrió de aquel lugar. – ¡Kikyo espera!- la llamó, pero era inútil ella ya había desaparecido por los pasillos del palacio.
Una gran pena la invadía, solo quería salir de allí y desaparecer de la faz de la tierra. Por un instante deseo jamás haber pedido ser humana. Se dirigió a la playa, una vez en la orilla se adentró en el mar.
- ¡Naraku, muéstrate!- grito con furia – ¡Naraku, se que puedes oírme!
- ¿Me llamabas mi bella dama?- le respondió surgiendo de las profundidades del mar.
- ¿Qué has hecho? ¿Quien es esa mujer?
- No se de que hablas…
- ¡No mientas, tu la enviaste! Es igual a mí y tiene mi voz al cantar…
- Ah, no se te escapa nada…
- Me traicionaste, maldito…
- No, yo no te traicioné. Solo la envié para probarte tu error…después de todo si ella lo cautivó solo con decirle que fue su salvadora, quiere decir que no cumpliste bien tu misión…
- Lo planeaste desde el principio, ¿no es así?
- Si que eres astuta… pero esa audacia te hubiese servido seis días atrás, antes de formalizar un pacto conmigo. Esta noche se cumple la semana mi querida y dudo mucho que consigas que aquel hombre se enamore de ti en un día. – le susurró al oído- te recomiendo que vayas haciéndote a la idea de que pasaras conmigo toda la eternidad…
Y sin decir una sola palabra desapareció hundiéndose en el mar. Ella regresó a la orilla terriblemente asustada y completamente mojada. El la había engañado, desde un principio, las cláusulas que le habían puesto no solo era para el no la reconociese, sino para que otra pudiese hacerse pasar por ella. E Inuyasha había caído en la trampa.
Se sentó en la arena y apoyó su cabeza en sus rodillas hundiéndose en un llanto sin comparación. Podía sentir como su corazón se partía en mil pedazos. No solo habia perdido el amor de su añorado príncipe, sino que además había perdido su propia libertad.
- ¡Hermana!... – escuchó una voz que la llamaba - ¡Hermana ven aquí rápido!
Al levantar la vista pudo observar a su pequeña hermana Kaede que la llamaba oculta detrás de unas rocas. Se dirigió a ella y la abrazó.
- Hermana, papa ha estado muy preocupado buscándote. Todos en el reino te han estado buscando
- Ay Kaede, cometí el error más grande de mi vida…
- ¿Que sucedió hermana?
- Ya no importa Kaede, solo recuerda que te quiero mucho y que siempre te querré, ¿lo sabes?
- Claro que si hermana ¿Pero… por que te despides?- le preguntó sin poder evitar las lagrimas en sus ojos.
- Kaede, esta probablemente sea la ultima vez que nos vemos, lo lamento… en verdad lo lamento…- abrazó fuertemente a su hermana para luego dejarla ir- Adiós…. Kaede…
Inuyasha había pasado todo el día buscándola pero aun no encontraba señales de ella. Estaba seguro de que ella había mal interpretado la situación. En cuanto la vio salir corriendo, la siguió pero la perdió de vista a la distancia.
- Mi amor no es lo que tu crees… - susurró
Inicio flash back
Al dejarla sentada en la orilla, se dirigió hacia la dirección de la cual provenía la melodiosa voz de una mujer. Camino varios metros hasta divisar en la distancia la figura de una mujer que se encontraba caminando por la playa. Al encontrarse frente a ella notó que tenia un gran parecido con Kikyo.
- ¿Tu eres…
- ¿Tu salvadora?- concluyó ella la frase- Así es soy yo…
- Ya veo, he estado buscándote ¿sabes?
- Si eso oí…
- ¿Oye sabes que es esto? – le dijo enseñándole el collar de corales rosados.
- Claro que si, es mi collar debió caérseme luego de rescatarte…
- Pues permíteme… - le dijo rodeándola para colocarle el collar.
- Gracias – dijo amablemente…
- Gracias a ti, por salvarme la vida… ¿Habrá alguna forma en que pueda retribuirte?
- Tu dime… ¿aun no te has casado?
- Aún no, pero mi corazón ya tiene dueña…
- Ya veo, pues puedes presentarme a tu padre, ¿no crees? Será un gran honor para mí conocer al rey.
- Claro, ya mismo te lo presentó.
Y tras terminar esa charla se dirigieron al palacio. Al presentarla a su padre, este no podía creer que su hijo no había imaginado todo. Pero luego la invitada de honor fue invitada a cenar y el príncipe no pudo liberarse de ese compromiso. Al terminar la cena le dijo a su padre que iba a casarse, que ya había encontrado a la mujer indicada para hacerlo. Y que era nada mas ni nada menos que la misma Kikyo, ella era la mujer a la que el había escogido.
Planeaba retribuirle a la joven Kagome el favor de haberle salvado la vida de alguna forma, pero no podía mentirse aun después de haberla encontrado, el ya se había enamorado de otra. Pero algo extraño sucedía, cada vez que aquella mujer cantaba, el se veía imposibilitado de apartarse de ella. Era como si fuese alguna clase de hechizo que lo mantenía hipnotizado y no lo dejaba irse.
Aquella mañana esperaba que Kikyo regresase al palacio para proponerle matrimonio. Pero los encontró en el balcón y el parecía obnubilado cuando la escuchaba cantar a aquella muchacha. Su intención era presentarlas, quería que compartiera con el la dicha de haber encontrado a su salvadora. Pero al parecer el tiempo no le jugó a favor y Kikyo ya se había formado una idea de aquella situación, una idea muy alejada de la realidad…
Fin Flash Back
Se dirigió a la bahía, sentía una corazonada que le decía que ella estaba allí. Y no se había equivocado. A la distancia pudo divisarla observando el mar desde el borde de un acantilado. Corrió hasta ella como si su vida dependiese de ello.
Al encontrarse frente a ella la llamó, pero esta no respondió. Parecía completamente ida en sus pensamientos. Se acercó hacia ella cuando esta se volteó.
- Inuyasha…- susurró.
- Kikyo necesito hablar contigo…
- No te preocupes, ya lo se todo… te casarás con esa mujer ¿no?
- Espera Kikyo no es lo que tú crees…
- No hay nada mas que aclarar Inuyasha, esta sea probablemente la última vez que nos veamos…
- ¿De que estas hablando?
- Solo quiero que seas feliz, ¿lo sabes? Deseaba poder ser yo la que te hiciera feliz, pero se ve que no va a poder ser posible… - dijo con lagrimas en sus ojos.
- Espera Kikyo no lo hagas… - le gritó al ver como sus pies se acercaban cada vez mas al borde del acantilado.
- Solo quiero que sepas una última cosa antes de que me marche… la que en verdad te salvo del hundimiento del navío… fui yo… - Y tras decir esto volteó hasta darle la espalda al joven y saltó desde el acantilado.
- ¡Nooooooooooooooooo!- se escuchó el gritó desgarrador de Inuyasha.
Ya nada le importaba, sabia que no iba a amarla en tan poco tiempo, pero se conformaba con que el supiese la verdad. Había perdido la apuesta, y antes de pasar el resto de su vida atada a Naraku, prefería la muerte…
Los rayos del sol comenzaban a salir, y con ellos el séptimo día hacia su aparición, el tiempo se estaba terminado para ella…
Muajajajaja *risa malvada*e-e te lo dejo aca y mañana en la noche te subo el ultimo capi (Que ya esta escrito y todo lo demás). Siii quiero que sufras un poco, soy muy cruel (? ewe. Pero te quiero, en el fondo XD aunque no me lo creas despues de esto jajajaja.
