Muejejejeje ya te hice sufrir demasiado, aca te dejo el final ewe


Capitulo 5

Final

Sentía el viento rozar su cara y como sus cabellos también lo hacían mientras caía al vacío. Debajo del acantilado un grupo de rocas se hallaba completamente listo para amortiguar duramente su caída y causarle la muerte. Pero no tuvo esa suerte, su cuerpo cayo en el único espacio con agua de aquella zona. Inmediatamente una ola de gran tamaño golpeó el acantilado arrastrándola hasta el fondo del mar.

Una luz iluminó por completo sus extremidades, ella había roto la promesa al confesarle la verdad por lo tanto volvía a ser una sirena. Al abrir los ojos esperaba encontrarse con la muerte cara a cara, pero lo que encontró fue mucho peor…

Naraku se encontraba allí esperándola con una sonrisa malévola en su rostro.

- ¿Estas lista para convertirte en mi mujer?

- Jamás seré tu mujer…- dijo con despreció

- ¿Es que acaso prefieres convertirte en otro de los corales resecos que adornan mi entrada?

- Antes que pasar una eternidad a tu lado, lo prefiero…

- Ya verás lo que te espera chiquilla…. me suplicarás que te deje convertirte en mi esposa…

La tomo fuertemente del brazo y la arrastró hasta su hogar en el exilio. Ella lloraba desconsoladamente, sus lágrimas no eran visibles ya que se mezclaban con el agua de mar. En su corazón había un gran pesar, pero no se arrepentían, al menos su amado tendría la oportunidad de rehacer su vida y ser feliz. Ella había fallado en su intento de encontrar la muerte para liberar su alma, pero se lo merecía se había arriesgado demasiado y estaba pagando por ello, era mas que consciente de eso.


Inuyasha se quedó perplejo mirando el borde del acantilado. No podía creer lo que acababa de ver, frente a sus ojos su amada se había suicidado. Y lo que era aun peor, por un malentendido. Se acerco temblorosamente al borde para mirar al vacío por el cual hacia algunos segundos Kikyo había saltado.

El vértigo se apoderó de el en ese instante, un escalofrío recorrió su espalda al ver la enorme altura en la que se encontraba. Divisó en el fondo una enorme formación rocosa y su corazón se estrujo con solo verlo. Era prácticamente imposible que se salvase desde aquella distancia. Se sintió desfallecer y abatido se dejo caer en el piso, por primera vez en su vida llorando pesadamente por lo que acababa de ver.

- Maldición, la perdí…- balbuceaba entre sollozos.- ¡Maldición… maldición! ¿Cómo pude ser tan imbécil?

Seguía insultándose a si mismo y golpeando fuertemente el suelo para descargar toda la ira contenida que sentía en aquel momento. El rey lo divisó a la distancia y se acercó hasta aquel lugar. Al llegar no entendía muy bien que había pasado, solo se limito a poner una mano sobre su hombro.

- Tranquilo hijo… todo se arreglara – dijo con la intención de animarlo

- Dudo que eso pase padre. La perdí para siempre…

- ¿De que hablas hijo? Fue solo un malentendido…

- No padre, usted es el que no entiende…. Se arrojó por el acantilado frente a mis propios ojos…

- No puede ser – respondió el rey incrédulo, no podía creer que la muchacha alegre de hacia unos días se hubiese quitado la vida. No sabia como reaccionar ni como calmar a su hijo, se limitó simplemente a abrazarlo y contener su doloroso llanto.

Con gran dificultas y prácticamente cargándolo a rastras el rey metió al príncipe en el carruaje para llevarlo al palacio. No le haría bien permanecer en aquel lugar. Al llegar descendió del carruaje y se adentro al palacio prácticamente corriendo.

Se dirigió sin pensarlo a la habitación que Kikyo había ocupado los días anteriores. Se tiro en aquella cama solo para volver a sentir su perfume impregnado en las sabanas. Y dolorosamente se hecho a llorar allí.

Su padre no sabía que hacer, la joven Kagome aún seguía en el palacio, por lo que la envió hacia donde estaba su hijo para que intentase consolarlo. Al llegar allí entro por la puerta y se sentó en la cama a su lado.

- Todo fue tu culpa… - le dijo con desprecio

- ¿De que hablas?

- Tu no me salvaste, ¡ella lo hizo! Me mentiste…. ¿Tienes idea de lo que acabas de causar?- le dijo tomándola violentamente de los hombros para sacudirla.

- Yo…. Yo nunca quise, el me obligo…

- ¿Quien? ¿Quién te obligó a hacer esto?

- El demonio…. Naraku – y tras decir lo ultimo se desvaneció el conjuro, volviendo el cuerpo de aquella joven a lo que en realidad era, un anguila que se retorcía al estar fuera del agua.

El príncipe la soltó incrédulo y dejo caer al animal marino sobre la alfombra. No podía creer lo que veía, hacia unos momentos ese bicho era una muchacha común y corriente.

- ¿Naraku has dicho?- susurró incrédulo. El demonio Naraku no era más que un mito para asustar a los jóvenes que nadaban cerca de las profundidades, jamás había creído en aquella historia.

Tomó el collar de corales rosados del piso y recapitulo sus memorias alrededor de este. Sorpresivamente la reacción que Kikyo había tenido al verlo cobrara sentido para el. Entonces entendió que ella siempre supo quien era. ¿Pero por que no le había dicho la verdad cuando le preguntó? ¿Por qué no le dijo que había sido ella su salvadora?

- ¿Por qué? ¿Por qué no me dijiste?- se cuestionaba inútilmente.

Se quedó mirando aquel extraño collar. Aun le resultaba una pieza no convencional. Esos corales solo se podían obtener de las regiones mas profundas del océano. ¿Cómo había obtenido ella algo así? De repente un descubrimiento surgió ante sus ojos, el mar, todo había tenido que ver con el desde el principio.

Allí el fue rescatado, allí el la encontró a ella, y para finalizar de allí provenía el collar que tenia entre sus manos. La respuesta a todas sus dudas tenía que estar en ese lugar. Sin pensarlo dos veces se levantó de la cama para dirigirse hacia allí, necesitaba saber que había pasado en realidad.


En las profundidades del mar, dentro de sus regiones más recónditas el hogar de Naraku en el exilio tenía lugar. Al llegar allí la arrastró a ella hacia uno de los muros y la esposo a este con unas cadenas.

- ¿Estas cómoda mi querida? Pasaras un tiempo aquí hasta que recapacites sobre lo que hiciste hace un rato…

Ella no contesto, se limitó a desviarle la mirada y centrarse en otro punto del lugar. Al sentirse completamente ignorado se dispuso a retirarse, no sin antes decirle con sumo desprecio – No saldrás de aquí hasta que recapacites…


La pequeña Kaede pudo observar desde la distancia como su hermana era raptada por aquel despreciable ser. Sin dudarlo dos veces se decidió, iría a decirle la verdad a su padre. Al dirigirse con este le confesó la verdad, aunque para su sorpresa este ya la sabía.

- Estoy al tanto de la situación mi niña…

- Pero padre… debe haber algo que podamos hacer

- Me temo que no, tu hermana hizo un pacto con ese ser y ni siquiera yo puedo romperlo…

- Pero padre no la podemos dejar a Kikyo en sus manos… tiene que haber una forma de liberarla

- Solo la muerte de Naraku será capaz de hacer eso

- ¿Y que estamos esperando padre?

- Yo no puedo hacerlo… cuando lo envié al exilio realice un pacto con el, en el cual me comprometía a no matarlo si el no volvía a poner un tentáculo en el reino….

- Entonces tenemos que hacer que el rompa su pacto, así tu podrás matarlo

- Es imposible, el lo sabe y no volverá a acercase al reino

- No perdemos nada con intentarlo…

Pero al ver a su padre profundamente triste y sumido en el hecho de haber perdido a su hija, Kaede se retiró. Tenía que encontrar una forma de salvar a su hermana. Lo ultima opción que tenía era recurrir a aquel joven por el cual su hermana se había convertido en humana. Nadó hasta la orilla y rogó por que aquel muchacho se encontrase allí. Y ciertamente no se equivoco.


Inuyasha llegó a la playa sin saber del todo que hacia allí. Comenzó a correr por la orilla sin saber del todo el por que simplemente se decidió a hacerlo. Antes de darse cuenta se encontraba en la zona rocosa debajo de los acantilados, donde en teoría debería haber caído Kikyo.

- ¿Qué rayos estoy pensando? Seguro ya se la llevó la marea… - pensó para si.

- Oye tu- escuchó la voz de una niña que lo llamaba

- ¿Quien eres? ¿Qué haces metida tan en lo profundo del mar?

- Tu conoces a mi hermana ¿no?

- ¿Tu hermana?

- Si, mi hermana. Se que tu la conoces se llama Kikyo…

- ¿Kikyo? – preguntó incrédulo, - Pero tu hermana… se arrojo por este acantilado esta misma mañana…

- Si lo sé… veras mi hermana no es digamos… como tu… y yo tampoco.

- ¿A que te refieres?

Y si responderle la niña se adentro en el mar no sin antes enseñarle al joven su aun corta pero bella cola de sirena.

-¿Pero que rayos…? – dijo incrédulo, pero ha decir verdad luego de ver como aquella muchacha se convertía en un anguila frente a sus ojos, eso le parecía lo mas razonable hasta el momento.

Inmediatamente se adentro al mar para seguir a aquella niña. Y efectivamente bajo el agua y viendo su cuerpo completo, corroboró que era una sirena y por lo tanto si era hermana de Kikyo, ella también lo era. La siguió hasta más profundo, pero pronto se quedo sin aire y se vio obligado a subir a la superficie. Kaede que comprendió la situación subió con el.

- Tienes que decirme que le paso a tu hermana, por favor…

- Mi hermana deseo ser humana para poder conocerte…

- ¿Qué cosa?

- Lo que oyes, pero fue engañada… y ahora perdió su libertad por ese deseo…

- ¿Pero como pudo sobrevivir? Yo la vi saltar y si era humana…

- Al confesarte quien era se rompía el hechizo y volvía a ser sirena, ella cayo al agua y sobrevivió – le explicó ya que ella fue testigo a la distancia.

- Ya veo, ¿y donde esta ahora?

- En las profundidades, en el territorio de Naraku. Pero tu siendo humano jamás podrías llegar hasta allí, pero mi padre tampoco no puede hacer mucho por ella…

- Solo dime que tengo que hacer, y yo la rescataré…

- Necesitas poder respirar bajo el agua… toma esto – le dijo arrancándose una escama – Ponla debajo de tu lengua y no la escupas.

- De acuerdo- le respondió siguiendo las indicaciones. Al instante de hacerlo pudo sentir como a los costados de su cuello se abrían unas especies de branquias.

Finalmente comprendía como funcionaba, luego de haber dudado. Una vez listo siguió a la pequeña hacia donde se encontraba Kikyo. Tenia que rescatarla a como de lugar.


- ¿Es que no piensas comer nada?- le preguntó con desprecio al ver como la joven sirena se negaba a que el la alimente. – Si serás dura sirena….

Ella simplemente lo ignoraba mirando hacia otro lado. Ya nada le importaba, ni siquiera comer ni sobrevivir, para ella ya no tenia sentido vivir.

- Bien como quieras… - le dijo para luego retirarse.

Kikyo permanecía encadenada con los brazos sobre su cabeza, se recostó en uno de estos para simplemente limitarse a no pensar. Ya no quería pensar en nada, pero no lo conseguía.

- Inuyasha… como me gustaría verte una vez mas… - susurró tristemente.

Y casi como si lo hubiese invocado el se apareció ante sus ojos. Ella simplemente lo miro atónita, no podía creer lo que estaba viendo. Y no estaba solo, estaba con su hermana. Inuyasha intentó romper las cadenas pero no podía, Kaede encontró entre los escombros un barrote y se lo dio a el para que rompiese las cadenas con este. Luego de golpear varias veces logro liberarla. La cargo entre sus brazos y se alegró tanto de que estuviese viva, aun como sirena seguía siendo igual de hermosa.

- Viniste por mi… - le dijo feliz rodeando su cuello con sus delicados brazos para abrazarlo.

El no le pudo contestar, asintió y le dedico una sonrisa. A el no le importaba que fuese una sirena, simplemente quería saber que estaba bien y que estaba viva. Escucharon un temblor, Naraku se estaba acercando, y sin dudarlo se dispusieron a abandonar el lugar. Nadaron fuera de allí, pero no sabían que hacer ni a donde ir.

-Vamos al reino – dijo Kaede

- ¿Estas loca? Si vamos nos seguirá…

- Esa es la idea hermana, confía en mí…

- Kaede… ¡espera!

Pero antes de siquiera notarlo la pequeña ya se había alejado, dirigiéndose sin dudar al reino. Y los dos jóvenes la siguieron, al parecer sabia lo que hacia.

Naraku golpeó furioso la barrera de coral sobre la cual había encadenado a Kikyo, al ver que se escapo montó en cólera. Se dirigió a su pileta de oro para ver hacia donde se dirigían. Y sin dudarlo dos veces los siguió, si ella llegaba al reino se metería en problemas con Poseidón, era mas que consciente de ello.


- Ya falta poco – indico Kaede al grupo.

- ¿Qué estas planeando?

- Ya lo veras, espera aquí voy a traer a papa…

- Espera Kaede aquí nos va a atrapar…

- Confía en mi, esperen justo aquí – le dijo tomándola del brazo y dejándola en un lugar en específico.

Y luego de eso se escabullo en el reino, dejándolos solos. Se miraron a los ojos, ella se sentía terriblemente avergonzada, el había descubierto la verdad y no por ella.

- Lo lamento… no quise engañarte. Pero de verdad deseaba conocerte y ser humana siempre fue uno de mis grandes sueños. Tu solo fuiste el motivo que me impulso a desearlo…

El no le podía responder, pero simplemente se acercó a ella y la tomo de la cintura para acercarla a el, ambos se fundieron en un abrazo. Le acaricio dulcemente la cabeza para indicarle que no estaba enojado con ella. Pero no se contendría mucho tiempo mas, quería besarla, la tomó del rostro para hacerlo cuando una enorme nube de tinta los rodeo.

- ¿Quien te crees que eres mocos para llevarte a mi sirena?- dijo Naraku que había aprovechado su falta de visión para tomarla a Kikyo por el cuello y alejarla de el. Pero no solo la alejo, tenia una filosa navaja completamente de oro apoyada sobre el cuello de esta. Inuyasha no sabia que hacer simplemente se quedo mirando, si hacia algún movimiento ese despreciable ser la mataría.

- ¡Maldición!- gritó Naraku al sentir un fuerte golpe en su nuca, era Kaede quien lo había golpeado, permitiendo a Kikyo liberarse de sus garras.

-¡Naden! – les indicó y ambos respondieron.

- No… tu no te vas a ningún lado- dijo tomando a Kikyo por su cola. Pero esta siguió nadando con fuerza, Inuyasha la tomo del brazo la ayudó a seguir nadando.

Pero antes de que Naraku se diera por vencido, soltó la cola de Kikyo cayendo al suelo. Un brillo inusual comenzó a salir de sus tentáculos.

- Has violado tu juramento Naraku… - escuchó una grave voz que se lo decía y al voltearse pudo ver de quien se trataba. El mismísimo Poseidón estaba tras de si con su tridente listo para imponer justicia. – Pagarás por lo que intentaste hacerle a mi hija…

- Espera sabes que esto es una trampa, me obligaron a hacerlo…

- Así como tu obligaste a Kikyo a fallar en su pacto… - dijo sin sentir compasión.

Y sin sentir remordimiento alzo su tridente para luego clavárselo al maligno octópodo en su pecho. La sangre negra de este comenzó a teñir las aguas, pero el brillo del tridente hacía que se pudiese apreciar el espectáculo. Inuyasha no quiso quedarse atrás, tomo una vara de madera bastante puntiaguda y se la clavó en el cuello.

Aquel despreciable ser pagaría por lo que quiso hacerle a su amada. Y antes de que lo notasen su cuerpo estallo en cientos de pedazos de carne que cayeron por todo el lugar. Finalmente la pesadilla había terminado…


Kikyo acompaño a Inuyasha hasta la orilla, ahora que el sabia la verdad debía prometer no decir una sola palabra sobre la ciudad submarina y sobre la existencia de las sirenas. Hablaron un poco sobre lo sucedido, y ella le explicó realmente como habian sucedido las cosas. Ambos estaban sentados sobre la arena, ella sabia que debía despedirse pero aun no deseaba hacerlo. La hora de partir había llegado, el la cargó entre sus brazos y se metió con ella al mar. Las olas comenzaron a cubrirlos, cada vez más. El no quería soltarla.

- No quiero que te vayas…

- Yo tampoco quiero irme, pero así debe ser…

- ¿Nos volveremos a ver?

- Tal ves si te acercas a visitarme…

- Vendré todos los días si es necesario, Kikyo yo… - y antes de que el pudiera culminar la frase, ella junto sus labios para besarlo. – Te amo… -susurró luego de separar sus bocas.

- Y yo te amo a ti – le respondió con lagrimas en los ojos.

El poderoso Poseidón no pudo evitar perderse aquella escena, estaba conmovido, su hija de verdad amaba a aquel joven.

- Bueno, ¿soy el rey del mar o no soy el rey del mar? – Dijo acercándose a su hija- ¿De verdad amas a este joven Kikyo?

- Mas que a mi vida, por si no lo has notado…

- Solo tendremos un problema…

- ¿Que cosa?- preguntaron ambos al unísono.

- Te voy a echar muchísimo de menos mi adorada hija… - y tras decir eso poso sus manos sobre la cola de su hija, un brillo comenzó a salir de ella, para luego cesar y dejar al descubierto dos largas piernas humanas.

- Padre…- dijo Kikyo con lágrimas en los ojos - Muchas gracias…- lo abrazó dulcemente

Ella estaba nuevamente completamente desnuda, Inuyasha volvió a quitarse su camisa para cubrirla.

- Y tu muchachito- dijo dirigiéndose a Inuyasha – Mas vale que cuides a mi hija si deseas volver a navegar tranquilo…

- Le aseguro que lo haré…

Y tras haber cumplido su deseo, el rey regresó al fondo del mar.

- No lo puedo creer, ahora soy humana…

- No solo eres humana, ahora eres una princesa. MI princesa…

- ¿Te refieres…?

- Mañana mismo, te convertiré en mi esposa.

- ¿De verdad?, Ya nada volverá a separarnos ¿no?

- Absolutamente nada, mi amada sirena…

Y con la mayor ternura que tuvo la cargo entre sus brazos aun mojada y la beso. La llevaría al palacio para anunciarle al mundo las buenas noticias. A partir de aquel día no habría nada más que felicidad en sus vidas.

FIN


Bueno ha llegado a su fin, espero que te guste, le hice muchos cambios. si hay algo que no te gusto dímelo y lo cambio :3 Y a todos los otros lectores que hayan llegado hasta aqui, muchas gracias por leer.